Disclaimer:Saint Seiya no me pertenece, son propiedad exclusiva de Masami Kurumada. Fanfic hecho sin fin de lucro.
Capítulo 4:Flores
Las flores pueden robar la atención de las personas por sus bellos colores, diseños y aromas. Pero... ¿pueden robar el corazón de una mujer? O... ¿Pueden sus espinas encarnarse en él haciendole daño?
Con pasos firmes y dedididos, sin perder la elegancia, se dirigía al único lugar donde podía encontrar a quién buscaba. En su mano izquierda, llevaba un ramo de flores de azafrán. Si fuera por él, hubiera comprado unas flores realmente costosas, pero a ella le gustaban esas; porqué le recordaban a su cabello.
Se detuvo en el pasillo, a pocos centímetros de la puerta, iba a tocar, cuando unas voces del otro lado de la puerta, lo alertaron. Torció los labios, apretó el ramo, estrujandolo, al reconocerlas. Tuvo unas ganas inmensas de partir la puerta en dos y usar el Another Dimension que vio en un programa de televisión, para sacar al "intruso" de la habitación.
Puso su mano en el pomo de la puerta y se debatió entre abrir o no. ¿Qué haría? No podía hacer algo estúpido o ella se enfadaría. ¿Entrar o no entrar?...
Del otro lado de la puerta...
–Todos han estado preguntando por ti–informó el chico, sentado en un sillón individual que había al fondo de la habitación.
–¿De verdad?–la voz de incredulidad no se hizo esperar ante tal información.
–¿Por qué dudas?–cuestionó el hombre.
–... –no supo que responder.
¿Qué le diría? ¿Qué todos la odiaban porque creían que era muy superficial? ¿Qué era sólo una niña rica que gustaba de martirizarlos?
–¿Crees que te detestan?–inquirió como si adivinara sus pensamientos. De nuevo, el silencio fue su respuesta. –Yo también lo creía...–su compañera lo miró, esperando a que continuara. –Pero sus constantes preguntas por ti, me dijeron lo contrario– completó ante la mirada confundida de la chica.
Saori siempre creyó que todo el mundo la detestaba por su condición. Ella era heredera universal del emporio Kido, y era normal que la gente pensara que ella era sólo una chiquilla rica del montón. Pero ella... ella no era así.
Seiya se percató del debate mental de la de cabellos lavanda. Le sorprendió mucho saber que, a ella le preocupaba la opinión que los demás tuvieran de ella. Todas las mañanas que ella llegaba al trabajo, saludaba a todo el que se encontrara en su camino pero, era como si ella pusiera una barrera invisible para que nadie se acercara. Ella era amable, si, pero su rostro siempre serio, alejaba a las personas. Tal vez, se sentían demasiado intimidados por su vacia mirada.
Sí, a él le parecía que su mirada era vacia y sin color. Y se preguntó ¿por qué ella le parecía tan irreal?
–¿Quieres comer algo?–preguntó la chica, sacandolo de sus pensamientos.
Él asintió como respuesta.
–Llamaré a alguien para que traiga algo– se puso de pie y se encaminó a la salida.
–Hey, ¿a dónde crees que vas?– espetó con reproche, levantándose del sillón y dándole alcance para detenerla.
Saori se giró para poder mirarlo.
–Los enfermos deberían estar en cama. Asi que ve a tu habitación y yo me encargo de lo demás– le regañó, sin darle oportunidad a réplica.
Saori hizo un mohín con sus labios, algo que le pareció divertido al moreno, esas expresiones no eran propias en ella. Y el chico se sorprendió al preguntarse, ¿que otras cosas desconocía de ella? Se asustó por esto y decidió salir de esa habitación antes de tener más pensamientos incoherentes.
Seiya abrió la puerta y al primer paso, un extraño sonido llamó su atención. Miró al suelo, y descubrió lo que había allí -más concretamente, debajo de su zapato-, un ramo de azafránes. Se inclinó a recogerlo. Una mata de cabellos lavanda de asomo detrás de su hombro, curiosa por la actitud del castaño.
–Azafránes–Saori a penas soltó un murmullo. Miró lo que Seiya sostenía entre sus manos.¿Quién dejaría esas flores tiradas? Estaban afuera de la puerta de su despacho, ¿serían para ella?
–Parece que alguien quería darte un obsequio– se giró y extendió el ramo para que Saori lo tomara.
Se quedó pensativa por unos instantes, analizando la situación. Eran azafránes, sólo había una persona que sabía de su gusto por ellas. Algo hizo click en su cabeza. –¡Saga!–exclamó con sorpresa.
Seiya entendió la situación. Ese sujeto, Saga, había comprado flores para Saori. Flores que no pudo entregarle, ¿por qué? ¿Era porque él había pasado la tarde con ella? ¿Por eso las dejó tiradas? Sin duda, ese hombre lo odiaba. Bueno, el sentimiento era recíproco, y le sacaría provecho. No podía molestar a la Kido porqué estaba enferma, y se veía vulnerable, eso le quitaba lo interesante. Así que su nueva víctima, seria Saga. Una sonrisa ladina se asomó en sus labios.
Sonrisa que desapareció, cuando prestó atención a la chica que tenía frente a sí.
Saori apretó el ramo de flores contra su pecho, mirandolas con tristeza. No es que nunca hubiera recibido algunas, es sólo que la persona que pretendió entregárselas, era alguien importante para ella. Eso las hacía especiales.
–Iré a la cocina–dijo presuroso, igual que su caminar. Lo único que quería era salir de ahí. Ver aquel obsequio de Saga y la cara melancólica de Saori, le hicieron tener un nudo en el estómago. Y no se atrevió a preguntarse el porqué, sentía que la respuesta le asustaría.
La mansión era enorme, caminó como si se tratara de un laberinto. Divisó a una mujer con uniforme cerca de las escaleras, y se acercó a ella.
–Oiga, Saori necesita alimentarse, ¿podría preparar algo de comida para ambos?– preguntó, directo y certero.
–Claro, ahora mismo lo hago–la mujer inclinó su cabeza, y se perdió entre los pasillos.
El pelicastaño intentó volver por donde vino y, al hacerlo, pasó por la elegante sala de la mansión. Se detuvo un momento, recorriendo con la mirada algo que llamó su atención. En una de las paredes, una Saori de aproximadamente 18 años; su rostro totalmente serio, a penas era adornado por una diminuta sonrisa. Se acercó más, para poder detallar la pintura. Miró su rostro, sus finas y delicadas facciones. Sin duda, se veía majestuosa, como una princesa, pensó.
Un par de voces irrumpieron en el silencio del lugar.
Parecian provenir de uno de los pasillos a su izquierda. Curioso, se acercó sigilosamente para no ser descubierto. Se pegó a la pared y asomó su cabeza, distinguiendo dos siluetas, que instantáneamente reconoció.
–¡No puede estar pasando!–la grave voz de Saga se escuchaba irritada. –¡¿Ese niño, al frente de la empresa?!–.
–Señor Saga, esa fue la voluntad del señor Kido. Ni siquiera yo se la razón para esa decisión– Tatsumi daba su explicación con evidente nerviosismo.
–Ella se había hecho cargo hasta ahora, ¿por qué cambiar eso?–cuestionó el peliazul.
Tatsumi no sabía que más decir, evidentemente, había cometido un error al contarle a Saga eso. Pero, cuando el joven vino a él preguntando el porqué de la visita de Seiya, simplemente le informó que era su deber como jefe. Y ahí estalló la bomba...
¿Qué haría?
Podía llegar hasta el fondo con sus revelaciones, pero eso solo enloquecería a Saga. Dudó, ¿callar o no callar?
–¡Es una locura!–exclamó exasperado. –No tiene experiencia, ¡va a llevarlos a la ruina!–, dijo colérico.
–Con sus conocimientos y la habilidad para la estrategia de la señorita, todo saldrá bien–dijo con esperanza el mayordomo. –Confiemos en ellos–.
–¡Hmp!–el bufido de Saga fue la única respuesta.
Seiya mantenía el seño fruncido desde el inicio de la conversación. ¿¡Qué se creía ese imbécil!? ¡¿Cómo podía juzgarlo sin saber nada de él?¡ Él, siempre había sido el mejor en su clase, se había quemado las pestañas estudiando para poder cumplir su parte del trato que hizo con el viejo infernal. Sí, era verdad, la teoría no era lo mismo que la práctica. Pero él de verdad estaba haciendo un estupendo trabajo en la empresa. ¡La misma Saori se lo había dicho!
Unos pasos en su dirección lo alertaron y tuvo que correr a la sala, fingido contemplar un jarrón que adornaba la estancia. Los pasos detuvieron su andar y una cabellera azul hizo acto de presencia, sintió una mirada penetrante en la nuca.
Se giró.
Encontrándose con unos ojos verdes que lo miraban con infinito odio. Seiya le sostuvo la mirada, ambos se contemplaban en absoluto silencio, estudiandose. Saga parecía que en cualquier momento iba a saltarle al moreno encima. El castaño por el contrario, estaba quieto, esperando cualquier movimiento de aquella bestia furiosa.
–¿Está todo bien?–la melodiosa voz de Saori cortó aquel tenso momento.
–Si, todo bien, ¿verdad?–contesto Seiya mirando a Saga, esperando que este cooperara.
Saga despegó lentamente la mirada del chico y por primera vez, reparó en el presencia de la de cabellos lavanda.
–Todo bien–corroboró, totalmente inexpresivo.
–¿Seguros? Me pareció que...–.
–Es tu imaginación. Ahora vayamos a comer, muero de hambre.–la interrumpió. Sólo quería safarse de esa incomoda situación.
–Cla-claro–dijo confundida por la actitud de esos dos.–Saga, ¿comes con nosotros?–preguntó con cautela, tanteando el terreno.
–Me parece que él iba de salida, ¿no es así?–inquirió con falsa inocencia el moreno, acercándose a Saori.
Saga le taladró con la mirada y como toda respuesta, caminó rumbo hacia la salida de la sala, bajo la confundida mirada de Saori y la burlona se Seiya.
–¿Qué...?– intentó preguntar, siendo interrumpida nuevamente.
–Nada, imaginaciones tuyas–contestó exasperado, dirigiendose a donde quiera que estuviera el comedor.–Vamos, guíame–pidió con una pequeña sonrisa.
Saori decidió olvidar el asunto por esta vez. Con una nueva sonrisa, se adelantó al pelicastaño y lo dirigió hacia el salón del comedor.
/ / / /
Golpeó su cabeza contra el volante por décima vez, sus manos presionaban el volante con rudeza, hasta que sus dedos se volvieron blancos.
¿Cómo pasó?
Era la pregunta que rondaba su cabeza. Al principio creyó que todo era una broma de Tatsumi, pero cuando pasaron los segundos y la cara del mayordomo demostró nerviosismo, supo que era verdad.
¿Por qué?
Él había estado planeando su estrategia durante años, había sido cuidadoso. Y ahora le salían con esto. Entonces, los ojos cerrados de Saga se abrieron de golpe, recordando algo sumamente importante.
¿Cómo iba a explicarle a Él la situación?
«Tengo que ir a verlo»
Levantó la cabeza y retomó la compostura. Encendió el auto y se puso en marcha hacia la carretera.
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Nuevamente estaba de regreso en el trabajo. Después de tomarse casi una semana de vacaciones forzadas. Pero... no fue tan malo enfermar después de todo. Desde el primer día que Seiya fue a verla, continuó visitandola cada día. Había logrado tener conversaciones normales con él, sin que la insultara y sin que la despreciara. Sin duda, eso fue un gran avance. Sonrió al recordar que una vez la había llamado por su nombre.
SAORI
La forma en la que lo pronunció le agrado mucho, como si saboreara cada sílaba de su nombre.
SAORI
Quería volver a escuchar su nombre pronunciado de esos labios.
SAO...
–¡Hey!–un grito la saco de sus alocados pensamientos.
Parpadeó un par de veces para poder enfocar bien su vista. Y sintió como toda su sangre se le arremolinó en las mejillas. Ahí estaba frente a ella, la causa de sus desvaríos.
–Eh... Eh... –intentó hablar, pero solo salían monosílabos. Seguro estaba quedando como una...
–¿Por qué esa cara de tonta?–preguntó el chico en tono burlón.
«¡Bingo! Ahí estaba el adjetivo que la definía», pensó la mujer.
Había tocado varias veces a la puerta sin obtener respuesta. Y lo que se le vino a la mente fue que a Saori le había ocurrido algo malo, así que decidió entrar a serciorarse y justo se topó con la cara de la chica sonriendo como una boba.
–¿Eh? ¡Oh, na-nada, estoy bien!–se excusó, agitando sus manos por encima de su cara. –¿Qué ocurre?–inquirió retomando su rostro serio.
Seiya arqueó una ceja ante sus cambios, primero a tonta, luego a avergonzada y por último a inexpresivo. Esa chica si que era extraña.
–Ah... Yo... Vi-vine a–balbuceaba intentando dar una razón. ¿A qué vino? Bueno, ni él mismo lo sabía. Sólo que cuando la vio llegar le dieron ganas de ir tras ella, pero no le diría eso, sonaba estúpido. Tras unos segundos de silencio, decidió decirle la verdad. –Sólo quería saber si estabas bi...–.
Su respuesta fue interrumpida por unos toquidos en la puerta.
–Adelante–dijo Saori.
La puerta se abrió lentamente, dando paso a un apuesto joven de cabellos rosas.
Caminó con elegancia hasta quedar a unos pasos del escritorio de la Kido, casi a la par de Seiya, haciendo una profunda reverencia.
–Señorita Kido, mi nombre es Scylla Io y traigo un presente para usted de parte de mi señor–pronunció sin levantar la mirada.
Acto seguido, otro hombre entró en la oficina cargando un arreglo floral de rosas de Lisianto, unas de color morado en los bordes de los pétalos y blanco en derredor y las otras rosas restantes, estaban apiladas en el centro en color totalmente morado. El hombre caminó hasta dejarlas en el escritorio de Saori, justo frente a ella.
La única fémina se quedó en silencio, contemplando las rosas. Su mirada era indescifrable, únicamente se limitaba a golpear suavemente sus dedos contra el escritorio, haciendo un sonido a penas perceptible. La insignia grabada en el pequeño broche en el saco del de cabellos rosas, le indicaron de parte de que "señor" venian.
–Llévatelas de regreso–ordenó sin ninguna emoción en su voz.
Seiya no se había movido de su lugar, estaba totalmente absorto en la escena frente a sus ojos.
–Señorita Kido, no puedo hacer eso–respondió el pelirosa. –El señor se molestará conmigo–advirtió.
–Puedes tirarlas por el camino–replicó la pelilila. –No las quiero aquí–puntualizó.
Ese tono de voz que ella estaba usando, le pareció tan familiar al castaño. Ahí estaba la niña mandona que él recordaba, la chiquilla que solía perseguirlo para jugar al caballito. Si, lo sabía, solo era cuestión de tiempo para que su verdadera personalidad saliera a flote. Él jamás se trago el cuento de la niña "amable" en que supuestamente se había convertido.
–Por favor, entiendame. El señor esta afuera del edificio esperándome en el auto, me descubrirá–intentó razonar con ella. ¿Por qué no podía aceptarlas y ya? Realmente le estaba poniendo las cosas difíciles.
–¿Y por qué no las trajo él mismo?–soltó de repente el castaño que, inmediatamente se mordió la lengua por bocón.
Todas las miradas de los presentes, ahora se posaron sobre él.
–Me disculpo por mi falta, tienes razón–concedió una nueva voz detrás de ellos. –Pero ya estoy aquí, Saori–dijo con voz aterciopelada.
Y Seiya por un momento agradeció que por segunda vez en el día, alguien interrumpiera para salvarlo. Pero todo su agradecimiento murió cuando se giró a verlo.
Recargado en el marco de la puerta, un alto y galante hombre de traje blanco miraba a la aludida con una enigmática sonrisa. Su cabello azul celeste hacía juego con sus ojos del mismo tono. Sea por donde sea que uno mirara, aquel sujeto era digno de ser llamado un adonis.
–Espero no estar siendo inoportuno, no me gusta molestarte–volvió a hablar, sin dejar de usar ese tono tan meloso.
«Ya lo estas haciendo», pensaba la heredera. Sin embargo, haciendo uso de los buenos modales que le enseñó su abuelo, se obligó a sonreir. –Realmente, este día está resultando ser muy difícil para mi, tal vez, en otro momento podamos hablar, Julián–respondió con tono cansino.
El hombre despegó su espalda del marco y se acercó lentamente hasta ella, qué aun permanecía sentada detrás del escritorio. Se posicionó frente a este y extendió su mano a la dama, que vaciló unos segundos en tomarla.
–Espero que mi regalo haya sido de tu agrado–murmuró y besó el dorso de su mano. Despegó sus labios y la miró a los ojos, aun sin soltar su mano. Era hermosa, todo en ella lo era. Desde sus exóticos cabellos hasta sus suaves manos. Acarició con su dedo pulgar la mano que sostenía, trazando pequeños círculos invisibles. El semblante de Saori seguía siendo totalmente carente de emociones. Al ver que la caricia no tenía efecto en ella, soltó su mano lentamente, como si doliera hacerlo. –Te visitaré pronto, querida– soltó con voz seductora.
Volvió sus pasos hacía la salida, siendo seguido por Io y el otro sujeto que llevó las rosas. El sonido de la puerta cerrándose indicó que se habían marchado.
El silencio era palpable en ese momento, Saori tenía la mirada clavada en las flores, mientras Seiya la tenía en el suelo. Ambos sumidos en sus propios pensamientos. La Kido estaba contrariada y avergonzada por lo que acababa de ocurrir; Seiya había sido testigo de todo, ¿qué pensaría él de ella ahora? La respuesta la horrorizó. Volteó a verlo, seguía parado mirando el suelo.
–Lo lamento, esto no...–intentó explicar, pero fue cortada de inmediato.
–No es asunto mío–escupió de manera brusca. Y se sorprendió por haber respondido así. ¿Qué le pasaba? Se pasó una mano por sus rebeldes cabellos, desordenandolos aún más y soltó una pequeña risa sin alegría, –Estuviste ausente varios días, tienes mucho trabajo, ¿no?– preguntó señalando la montaña de papeles que estaban en el escritorio, aun lado de las rosas.
Saori dirigió la vista a donde él señalaba, y efectivamente, ahí había un montón de documentos que esperaban su atención. –Es cierto, tengo que ponerme a trabajar–masculló con desgano.
Su compañero la miró por última vez, girandose lentamente, habriendose camino hacía la puerta. La abrió y se quedó parado en el umbral, debatiéndose entre quedarse y salir; optó por la segunda, no tenía nada que hacer ahí. Cerró la puerta y se quedó estático, intentando descifrar la causa de su repentino malestar. Sí, sentía un fuerte nudo en el estómago, como si algo le escociera por dentro. ¿Podría ser que él estuviera celo...? Nah, imposible. Tal vez, es gastritis, se dijo. Y volvió a su oficina.
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Sus pasos hacían eco en el lugar, haciendo el ambiente lúgubre. Miró la ancha espalda del hombre que caminaba frente a él, un tipo musculoso, alto y rubio. El pasillo que atravesaban era extenso y largo, parecía no tener fin, y la poca iluminación no ayudaba en nada. Los pasos de su guía se detuvieron, obligadon a detener los propios, frente a la puerta que se detuvieron, había grabado dos rostros mirandose de frente, si bien recordaba, Él era amante de la mitología griega; así que esos debian ser los dioses gemelos del Sueño y la Muerte. El hombre rubio tocó dos veces la puerta, después de unos segundos, sin esperar respuesta, la abrió.
El hombre hizo un ademán con la mano, indicandole que entrara, y así lo hizo; una vez puso los pies dentro, la puerta se cerró dejandolo solo ahí. La estancia era a penas iluminada por una lámpara que estaba en el escritorio, miró hasta donde la oscuridad le permitió, y no vió a nadie ahí dentro. Se acercó al escritorio y se sentó en la silla frente a el. Las manos le sudaban y le temblaban ligeramente. Él no era un cobarde, pero no le agradaba estar en ese lugar tan espeluznante, era como estar en el infierno. Se frotó las manos en el pantalón para secarse el sudor.
–¿Tienes miedo, Saga?–preguntó burlón una voz a sus espaldas.
El aludido se sobresaltó al escuchar esa voz grave que parecía de ultratumba, se suponía que no había nadie más allí. El corazón le latía rápido, la boca se le secó y sus manos, antes sudorosas, se volvieron frías. Giró el cuello para mirar hacia atrás, pero no podía ver con la oscuridad del lugar.
–Todavía no era tiempo de vernos, ¿qué haces aquí?–cuestionó el misterioso hombre.
Saga tragó saliva, intentando normalizar su respiración. Cerró unos segundos los ojos antes de responder, –Ha sucedido un inconveniente, señor–respondió lo más natural que pudo.
El sonido de pasos acercándose fueron lo que los finos oídos del peliazul pudieron captar, se removió un poco en la silla. Los pasos se detuvieron a la mitad de la estancia, dejando distinguir la silueta de un hombre de cabellos ébano.
–Explícate–exigió sin rodeos, con voz grave.
Un escalofrío le recorrió por la espalda, sentía el corazón en la garganta. Justo allí, frente a él, la causa de todos sus sinsabores, pero era la vida que eligió vivir. Se aclaró la garganta para dar su explicación.
–Verá, mi señor Hades...–.
つづく (continuará)
:O ¿Qué les pareció? ¿Creen que es muy aburrido o qué?
Se que he tardado en actualizar, por eso este capítulo lo hice más largo. Por cierto, las flores de Lisianto tal vez no sean las apropiadas de un obsequio viniendo del heredero de la familia Solo, pero me gustaron y quise incluirlas.
Sslove: de nuevo gracias, espero que con cada capítulo me puedas seguir dejando un review, de verdad, me causa alegría que alguien opine sobre la historia, porque me motiva a seguirla. ¿Ingenua? Para nada, querida. Es bueno saber que mi guapo Saga tiene un hermano, ahí te dejo a Kanon, cuñada. Jojojo.
¡Hasta el siguiente capítulo!
