¿Puedes darme la oportunidad de descubrir por qué mi corazón está tan confuso? (CINDERELLA MAN)

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Cuándo Miho recibió una llamada de Seiya para invitarla a salir, ella ni siquiera dudó en decir que si, ni cuando le dijo que en diez minutos pasaba por ella. Miho creyó que era su noche de suerte, pues el chico se oía ansioso por que aceptara.

Pero su suerte acabó cuando salió de su departamento, y no fue el auto de Seiya el que estaba estacionado fuera, sino una lujosa camioneta gris. Al principio se asustó, y decidió volver a su departamento, pero cuando vio al castaño descender del vehículo, se relajo un poco. Sin embargo, su momento de relajación duró muy poco, porque cuando subió a la camioneta, se topó con los rostros totalmente serios de la Señorita Saori y un desconocido peliazul.

Y el trayecto no pudo ser de lo más incómodo. Nadie decia una sola palabra, todos estaban mas concentrados en mirar por la ventanilla que en cualquier otra cosa. Y Miho optó por hacer lo mismo.

Después de unos veinte minutos de sepulcral silencio, llegaron a su destino. Las alegres luces y el bullicio de una multitud no pasó desapercibido para Saori, que se preguntaba dónde la había traído Seiya, o más bien Saga, pues era él quien manejaba y el castaño le daba indicaciones de donde ir.

–Vamos, es por aquí–invitó el de ojos chocolate. Intentando caminar a la misma altura que la Kido, pero un "ligero" empujón le mandó al lado de Miho.

Seiya miró indignado a Saga, quién solo se limitó a encoger los hombros y decir:

–Eres muy lento... –

El castaño entendió el verdadero significado de las palabras de Saga, así que lo fulminó con la mirada e iba a responder, cuando la de cabellos lavanda se detuvo en seco en la entrada, admirando perpleja a su alrededor.

Saori solo veía luces multicolor por todas partes, pequeños puestos de lo que parecía ser comida y los rostros alegres de las personas que iban y venían; también se sorprendió por los enormes juegos mecánicos. Entonces, dirigió su mirada a la de Seiya.

–Es una feria–explicó a la pregunta muda de la chica.

–¿Es enserio? ¿Una feria?–inquirió incrédulo Saga, mofandose de la poca creatividad de Seiya para planear citas. ¿Realmente creía que Saori era tan poca cosa para traerla a un lugar como ése?

–Será divetido–habló por fin la de cabellos lavanda mirando a Seiya, quien asintió como respuesta. El peliazul del grupo apretó la mandíbula por puro enojo.

–Claro que lo será–, corroboró el de ojos chocolate. –¡Pero no nos divertiremos parados aquí, entremos!–exclamó con diversión mientras avanzaba unos metros.

Todo el grupo le siguió.

Dieron un vistazo a cada puesto de la feria. Desde los puestos de juegos hasta los de comida. Seiya veía con diversión la cara de horror de Saga cada vez que él le compraba a Saori golosinas y demás chatarra, pero el peliazul se tragaba sus comentarios al ver la fascinación de la ojiazul al comerlos. Siguieron caminando a los alrededores de la feria, ahora hacia la zona de los juegos mecánicos. Miho miró con ensoñación la montaña rusa, volteó el rostro hacia el grupo para proponer subir, cuando unos ojos verdes le miraron con advertencia: "si lo dices, te haré caer desde lo más alto", leyó claramente en ellos. Y la azabache decidió callar.

Siguieron caminando un poco más, buscando un juego que no fuera tan peligroso. Entonces Seiya propuso subir a los autos chocones, nadie objetó nada, salvo Saga, que murmuraba improperios por lo bajo. Y lo que al castaño le pareció una buena idea al principio, ahora le parecía molesto, pues el peliazul no paraba de estrellar su auto con él, alegando que Seiya se metía en su carril. Mientras Miho y Saori solo avanzaban en círculos, procurando no estar cerca de esos dos cafres.

Una vez acabado el juego, se dieron la tarea de buscar el siguiente, esta vez lo elegirían las chicas, por su propio bien. Sin embargo, era difícil encontrar uno donde Saga y Seiya no acabaran discutiendo por nimiedades.

–¡Hey, jóvenes, por aquí!–la voz de un hombre los hizo detenerse. –¿No les gustaría probar su fuerza?–preguntó, señalando el High striker que se encontraba a unos pasos atrás. –¡Oh! Tú pareces ser muy fuerte, ¿por qué no lo pruebas?–canturreó el regordete hombre, tocando los brazos de Saga.

Por toda respuesta, el ojijade rodó los ojos y ladeó el rostro, ignorando al hombre.

–Si él no quiere, lo haré yo–dijo el pelicastaño de pronto. –Seguro que soy más fuerte, ¿no es así, chicas?–y miró de soslayo a Saga, que al escuchar esto, se giró bruscamente a verlo.

–Tú... tú puedes, Seiya–animó tímidamente Saori, causando que el mayor del grupo se irritara.

Miho rodó los ojos con molestia. Parece que en vez de invitarla a salir, la hubieran invitado a ver una competencia.

–¡Excelente! Tome–el regordete hombre le extendió el mazo gigante a Seiya, quien estiró su brazo para tomarlo, cuando una mano se le adelantó y lo tomó.

–¡No bromees, niño!–le gruñó Saga, mientras balanceaba el mazo entre sus manos. –¡Sera mejor que te apartes antes de que te golpee con esto!–, se acercó con decisión hacia el juego, empuñó fuertemente el martillo entre sus manos y lo alzó lo más alto que pudo para dar mayor fuerza al golpe, e imaginando que era la cabeza de cierto castaño, dejó caer de un certero golpe el mazo.

Y lo hizo. El marcador dio la puntuación más alta.

–¡Maravilloso! Te lo dije, sabía que eras muy fuerte–exclamaba el dueño del juego mientras aplaudia insistentemente.

La azabache ensanchó los ojos sorprendida por la fuerza descomunal de Saga, aplaudiendo fuertemente; movimiento que paró al sentir la mirada del ojijade atravesandola. Sintió el sudor frío recorriendo su espalda.

–¿Q-qué pa...

–¿Dónde están Seiya y Saori?–interrogó, entrecerrando la mirada.

Miho arqueó una ceja sin comprender, miró a su alrededor, y entonces lo entendió.

Ni Seiya, ni la Señorita Saori estaban ahí.

–Mocoso infeliz...–, los ojos esmeralda de Saga chispeaban de rabia.

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Se detuvo a jalar un poco de aire, se encorvó un poco apoyando las manos en sus rodillas. Dio un jadeo más, y soltó una risita divertida. Se irguió y miró a su derecha.

Unos ojos azules le miraban fijamente. Saori no estaba en mejores condiciones que él. El flequillo se le había desordenado y sus mejillas estaban rojas por la repentina carrera.

–Bien..., final... finalmente podremos divertirnos–, dijo Seiya sofocado, esbozando una media sonrisa

Saori le miró con curiosidad. Mientras estaban esperando a ver como Saga golpeaba el High striker, sintió que alguien tiraba de su brazo; cuando volteó, unos ojos chocolate le miraban con complicidad. Ella entendió el mensaje y, sin esperar más, comezó a mover sus pies a toda prisa. Y ahora estaban ahí, alejados de sus compañeros. ¡Y no se sentía culpable!

–Entonces continuemos–, apoyó la pelilila, dando un enorme suspiro por el cansancio del anterior maratón.

Seiya asintió y, sin previo aviso, tomó una de las manos de la Kido, entrelazando sus dedos con los de ella. La sintió respingar por su acción, ladeó el rostro a la izquierda para que ella no viera su sonrisa socarrona.

–Hay demasiadas personas, podrías perderte–, mintió para tranquilizala.

Esta noche, Seiya estaba dispuesto a descubrir las emociones que Saori despertaba en él. Quería averiguar a dónde se había ido ese odio que le tenía a la Kido, quería saber por qué ya no pretendía herirla con sus despectivos comentarios, por qué ya no soportaba la entristecida mirada azul, quería averiguar el por qué le irritaba tanto Saga. Y sobre todo, quería saber por qué se sentía tan torpe al lado de ella, pero al mismo tiempo tan cómodo. Y la única manera de saberlo, era manteniendo cerca a la causante de todo ese embrollo.

Caminaron despacio entre la multitud de personas, se detenían cada vez que los ojos curiosos de Saori se clavaban en algo. Seiya, como buen caballero, se ofrecía a comprarle lo que ella eligiera pero la chica siempre se negaba.

–¿Tienes hambre?–preguntó el castaño, algo debía aceptarle ella esta noche.

–Comimos hace poco–, río divertida, él se sonrojó ligeramente. –Estoy bien, gracias–volvió a negarse amablemente la bella joven.

Seiya suspiró con desgano.

–Entonces... ¿Hay algo que te gustaría hacer?– preguntó, rascándose la nuca con nerviosismo. Realmente ya no se le ocurría nada para hacer con la chica, tal vez, la idea de traerla a un lugar donde seguramente nunca hubiera ido fue mala. Ella no estaba acostumbrada a ese tipo de lugares. –Tal vez, te gustaría ir a la casa de espejos, es muy divertido. O tal vez,... a la montaña rusa o... tal vez, ya quieras ir a casa...–susurró lo último, como si no quisiera que ella eligiera eso. De repente, sintió un tirón en su mano derecha, se detuvo y giró el rostro solo para encontrar a la chica Kido mirando detenidamente algo a su derecha.

Parpadeó un par de veces, después sonrió divertido.

–La noria, ¿eh?–, murmuró, subiendo y bajando las cejas en un gesto travieso. –Bien, subamos–, accedió como si ella realmente se lo hubiera propuesto.

Saori le miró fijamente con un semblante serio.

–E-e-está bien, n-no es necesario. Solo me distraje, perdona–, se excusó la muchacha nerviosamente. Lo último que quería era que Seiya pensara que era muy infantil.

El castaño suspiró pesadamente rodando los ojos.

–Pero yo quiero subir–pronunció de pronto, negándole a Saori la oportunidad de huir. El moreno se dio la vuelta para quedar frente a ella, entonces pidió:–Sube conmigo–, y la miró profundamente, apretando suavemente el agarre de sus manos.

La de cabellos lilas se sonrojó por lo íntimo del contacto, y con las mejillas encendidas asintió lentamente.

Y sin darse cuenta, una amplia y brillante sonrisa se formó en los labios de Seiya.

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Pasó por quinta vez el dorso de la mano por su frente, quitando el sudor que el obligatorio trote le estaba provocando.

–¿Po...podría i-ir un poco más despacio?–preguntó una acalorada Miho.

Y de nuevo, no obtuvo respuesta.

–Oiga, de verdad estoy can...–

–No te pedí seguirme–le interrumpió la voz osca de Saga.

Miho frunció el ceño molesta. Ella no tenía la culpa de que aquellos dos hubieran huido, así que él no tenía por que desquitarse con ella.

–Seiya también desapareció, ¿sabe? No lo sigo por gusto– arremetió como si fuera lo más obvio del mundo. –Seguramente la Señorita Saori huyó por culpa de su mal humor...–murmuró por lo bajo. La azabache le vio apretar la mandíbula de puro enojo y maldecir por lo bajo; y estaba casi segura de que el peliazul le llamó "estúpida enana".

–Cállate y date prisa–, le siseó amenazante, acelerando el paso.

La azabache sonrió para sus adentros y dió un par de brincos para darle alcance a Saga.

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La pareja que se había dado a la fuga, estaba esperando su turno para subir a la noria. Solo faltaba que el juego diera su última vuelta para que ellos pudieran subir. Y en cuestión de minutos eso sucedió.

Se sentó cada uno frente al otro, de tal manera que podían mirarse perfectamente. La rueda comenzó a girar y Saori sintió un cosquilleo en su estómago por la emoción. Cuando era niña siempre quiso subir a una noria, pero su abuelo estaba muy ocupado para llevarla a una feria, y ella no quería ir en compañía de Tatsumi. Pero ahora estaba ahí, mirando hacia los lados para admirar las luces y lo pequeñas que se veían las personas a medida que ascendían. Y sobre todo, estaba en compañía de el chico que la hacía volver a sus años de adolescencia. No podía pedir más.

La mirada de Seiya estaba perdida entre las expresiones de la dama frente a él. Se veía hermosa con sus ojos azules brillando de emoción, las mejillas teñidas de rojo, mientras que el poco aire movía los mechones que se habían escapado rebeldes de su trenza. Hermosa, pensó él.

De pronto, sintió que los ojos de Saori estaban sobre los suyos. Y maldijo internamente por ser descuidado.

–¿Has descubierto algo sobre tu hermana?– la pregunta tomó por sorpresa al castaño. No imaginó que ella tocaría ese tema tan delicado en ese preciso instante.

–Hemos investigado mucho, pero hemos descubierto poco. Ahora mismo, mi investigador se encuentra en las cuidades aledañas buscandola con las pocas pistas que tenemos–. Le confesó con voz apagada, fingiendo prestar más atención a sus zapatos que a sus propias palabras. La situación de su hermana no era algo que le gustara hablar, y cada vez que lo hacía, sentía una pesadez en su alma. Como si estuviera cargando algo muy pesado. Sí, él lo sabía. Era el sentimiento de culpa, porque no había podido proteger a su única hermana, su amada hermana.

–Conozco gente que es muy buena trabajando en estos casos, ¿que te parecería reunirte con ellos?– propuso la ojiazul, interrumpiendo los oscuros pensamientos del moreno. Ella realmente quería ayudar a Seiya en todo lo que pudiera, quería compensar un poco el daño que su abuelo le había hecho al joven.

–En otras circunstancias, rechazaría tu oferta. Pero no estoy en condiciones de hacerlo. Realmente quiero encontrar a mi hermana cuanto antes–, le declaró serio. –¿Qué quieres a cambio? Daré o haré lo que sea.– y el castaño puso la misma cara de poker que hacía durante los negocios.

La de caballos lavanda abrió los ojos sorprendida por las palabras del chico.

–¿Qué estás diciendo?–inquirió molesta, crispando las cejas. –No estoy haciendo esto por algo a cambio. Solo trataba de ayudarte–, recriminó la chica, volteando la cara a un lado.

Seiya se sintió culpable por sus palabras. Tenía razón, Saori había cambiado totalmente. Ya no era esa niña rebelde y mimada que solía ser. La mujer que estaba frente a él ahora era amable y bondadosa.

–Saori– llamó, y ella no volteo a verlo. –Saori– intentó una vez más con el mismo resultado. –Lo siento. De verdad, lo siento mucho–.

La Kido se sorprendió al escuchar sus palabras, jamás pensó que Seiya se disculparia con ella por algo. ¿Acaso... ¿Podría ser que él no la odiara más? Pero el hilo de sus pensamientos fue cortado, pues al instante sintió como su mano derecha, que descansaba en su regazo, era envuelta por la mano fuerte y masculina de su castaño acompañante.

Ella le miró confundida.

–¿Podríamos... no discutir hoy?–, pidió el de ojos chocolate.

Saori no atinó a hacer otra cosa más que a asentir lentamente, embelesada en los ojos avellana de Seiya. Y de nuevo, sintió ese cosquilleo cuando él entrelazó sus dedos con los suyos. La joven heredera le vio desviar la mirada de ella hacía un lado. Y ella le imitó. Sus azules ojos discurrieron a su alrededor, y ahí se dio cuenta que estaban casi en la cima de la noria y al poco tiempo ésta se detuviera justo ahí.

–Me gusta estar así contigo– soltó de pronto el castaño, aún sin mirarla. Saori concentró toda su atención en él y, como si se hubiera percatado de eso, se volvió a mirarla. –La vista desde aquí es hermosa, ¿no crees?–, preguntó con una sonrisa amable.

Era cierto, hoy Seiya acababa de desenmarañar un poco de todo lo que había en su corazón. Acaba de darse cuenta de que le agradaba la compañía de la Kido mas de lo él habría imaginado; ese odio hacia ella, sin previo aviso, se volvió en afecto. Y de pronto, las palabras que había dicho esa noche en presencia de Saga, le golpearon de zopetón.

"¡Jamás podría dañar a alguien a quién quie..."

Entonces, él... ¿la quería? No estaba seguro de eso. De lo que sí estaba totalmente convencido, era de que Saori le gustaba mucho. Tal vez, más de lo que él le gustaría, pero no quería ahondar más en eso. Temía qué, si lo hacía, descubriría algo que aún no quería.

–Si, lo es– respondió ella, curvando levemente la comisura de sus labios rosas. –Siempre quise subir a una noria, pero mi abuelo no podía traerme a una feria por todo el trabajo que tenía. Sin embargo, hoy finalmente he podido hacerlo, muchas gracias, Seiya–, contó la Kido, para después sonreír ampliamente. Revelando sus blancos dientes y cerrando sus ojos.

Seiya no supo que le impacto más: la confesión de la chica o su enigmática sonrisa, o tal vez, las dos. Así que tardo unos segundos en reaccionar a lo que ella había dicho.

–N-no t-tienes que agradecer, po-podemos venir el próximo año también. ¡Ya sé! Lo haremos juntos cada año a partir de ahora.– contestó con dificultad y sin pensar.

–De acuerdo, volvamos juntos el siguiente año. ¿Es una promesa ahora, verdad?–, le preguntó ella, sin dejar de sonreír.

Seiya asintió, –Es una promesa–, aseguró. Y fue ahí dónde se dio cuenta de lo que habían provocado sus palabras, pero con ver sonreír a Saori, supo qué no había cometido un error.

Cuando menos se dieron cuenta, la vuelta en la noria había llegado a su fin y felizmente bajaron de ella. Para ellos dos, esa noche había marcado algo especial. Mientras que uno había descubierto sus sentimientos, otro había reforzado los suyos.

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Una copa vacía se estrelló contra la pared, los fragmentos de cristal se perdieron entre todos los objetos que estaban tirados y destrozados en el suelo. Sentado en un sofá individual, se encontraba el responsable del desastre en esa habitación. Un peliazul masajeandose el puente de la nariz, con una mirada feroz y con los pensamientos más oscuros.

Saga estaba furioso. Su plan era tan sencillo, tan malditamente sencillo, que se sentía tan imbécil porque un niñato le estaba arruinando sus planes. Si él fallaba, Hades simplemente lo eliminaría, y peor aún, no recuperaría aquello que había perdido. No, no podía permitir que eso sucediera; no podía darse el lujo de perder por lo que tanto había luchado. Tenía que actuar cuanto antes. ¿Pero... qué haría? ¿Qué haría para sacar a ese chiquillo de en medio? Tal vez, podría proponerle unas vacaciones a Saori fuera del país y así, sin Seiya cerca, él podría tomar control de la situación. O mejor aún, podía tenderle una trampa al mocoso y hacerlo quedar como un...

El sonido de unos pasos en el pasillo lo pusieron alerta, no tenía que ser adivino para saber a quién pertenecían. Se paró de golpe para dirigirse hacia la puerta y encarar a la persona. Pero cuando notó que los pasos se detenían justo detrás de su puerta, simplemente no pudo abrir. ¿Qué le diría cuando la viera? Ahora estaba sumamente molesto, si la veía lo único que se le ocurriría sería reclamarle, y eso arruinaría todo.

Al otro lado...

Tenía su mano hecha un puño suspendida en el aire. Había ido a buscarle a su habitación para poder hablar con él y explicar lo que había ocurrido esa noche. Saori no iba a disculparse, claro que no. No estaba arrepentida de haber huido con Seiya, esa noche se suponía qué iba a ser sólo para ellos dos, fue Saga quién se metió en sus planes. Pero aún así, no tenía el coraje suficiente para enfrentar la mirada esmeralda qué, seguramente, ardía en esos momentos. Además, estaba tan feliz esa noche, que no quería arruinar la magia que aún quedaba del momento.

Será mañana, se prometió así misma.

De vuelta a la habitación...

Saga oyó las pisadas alejarse. Se dejó deslizar de espaldas contra la puerta hasta quedar en el suelo, sintiéndose un poco aliviado por no caer en la que, probablemente, hubiera sido una gran discusión.

Y ahí, en el frío suelo, pudo ver lo destrozada que estaba su habitación, producto de su arranque de ira.

Monstruo

Se sentía como un jodido animal salvaje. Un animal que no pensaba más que en devorar todo lo que encontraba a su paso. Especialmente, aquello que se veía indefenso...

Saori


つづく (continuará)


Hola! Después de tantos meses de no dar señales, he vuelto con otro capítulo. Ya lo tenía escrito, solo me faltaba revisarlo, pero si aún así se me escapó algo, disculpen. Alguien muy amado por mi murió, así que me era muy difícil intentar hacer algo. En fin, gracias por la espera y disfruten la lectura.

Gracias, Sslove. Parece que mis asuntos han mejorado y me encuentro un poco mejor, así que aquí está la continuación.

Pd: hice el capítulo mas largo como compensación, amigos :-D

¡Hasta el siguiente capítulo!