Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer. —Plutarco
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Se detuvo frente a la puerta, miró hacia ambos lados del corredor para verificar que nadie le viera antes de girar el pomo y entrar a la habitación.
El olor a libros fue su recibimiento, caminó sin prisa por la enorme biblioteca, dándose el tiempo de mirar las estanterías hechas de madera de teca y el contraste que hacían con las blancas paredes. Detuvo sus pasos al llegar justo frente a su objetivo. En uno de los sillones individuales situados a mitad de la habitación, estaba una joven plácidamente dormida. Sin detenerse a pensar en nada más, metió la mano dentro de su gabardina negra, sacando su beretta, extendió su mano y puso la boca del arma en la sien de la dama.
Quiso verla respirar unos segundos más, aún con el dedo en el gatillo, quiso grabarse el sonido acompasado de su respiración. En sus piernas se encontraba un libro abierto qué –seguramente era muy aburrido–, leía antes de quedarse dormida durante la lectura. Detalló por última vez su blanca piel que en esos momentos se tornaba roja por la sombra que hacía el fuego de la chimenea justo en frente. La escuchó suspirar y apretar los párpados, seguramente estaba teniendo una pesadilla.
-No te preocupes, todo terminará ahora, Saori- dijo al tiempo que apretaba más el arma contra la sien de la chica.
-Abuelo...-murmuró la pelilila con voz rota.
Al escucharla, se sorprendió tanto qué alejó el arma unos centímetros de la muchacha. Justo en sus últimos momentos, estaba recordando a su abuelo. Bien, no importaba, muy pronto dejaría de extrañarlo y se reuniría con él.
-Saga...
Abrió los ojos de golpe, incorporándose en el acto. Se tocó la cara con ambas manos y notó que estaba sudando, su pecho subía y bajaba en agitación. Saga se sentó en la esquina de su cama, se inclinó para recargar sus codos en sus rodillas. Pasó las manos por su cara y cabello tirando de el.
«Ese sueño, otra vez»
En ese entonces, contaba con solo veintiún años de edad. Esa mañana había estado en la mansión de Hades, y el trato era el mismo que ahora, la empresa y fundación Graude. Y para obtener eso, necesitaba deshacerse de la futura y única heredera. En esos momentos, Saori era menor de edad y no podía tomar su puesto aún. Así qué, si ella desaparecía, todo cuanto Mitsumasa Kido poseía, pasaría a sus socios. Sin embargo, Saga no pudo matarla. Simplemente no podía. En cuanto Saori pronunció su nombre entre sollozos, todo los momentos que vivieron juntos le cayeron como un cubetazo de agua helada. Y sin más, salió corriendo del lugar, y al día siguiente salió en un vuelo directo a Grecia.
Durante toda su estancia ahí, se fue mentalizando cuál era su prioridad. Era Saori o era él. La respuesta estaba clara, así qué no podía permitir que su debilidad por la Kido estropearan su oportunidad de traer de vuelta lo que le robaron.
Pero ahora estaba ahí, otra vez. Ese recuerdo qué, de nuevo, lo estaría persiguiendo.
...
«!Qué locura!»
Todo el edificio de las Empresas Graude estaban en total alboroto. Saori podía escuchar los murmullos de todo el personal mientras caminaba a su oficina.
¿La razón?
Bueno, esta mañana le había llegado una notificación de última hora de los accionistas: querían una fiesta de presentación oficial para Seiya en la compañía. Y para agregar mas tensión, sería éste fin de semana, pensaba mientras abría la puerta de su oficina.
Se colocó en su silla al tiempo que recargaba su cabeza en el escritorio. ¡Arg! Tenía tanto que organizar en muy poco tiempo. Ella sabía perfectamente qué, más que ser una fiesta de presentación, era una excusa para poder hacer negocios con los miembros de las otras empresas que asistieran.
Y para variar, esta mañana había querido hablar con Saga por lo de la noche anterior, pero Tatsumi le había informado que el peliazul salió desde muy temprano. Así que intentó llamar a su móvil, pero estaba apagado. La estaba evitando y eso la agobiaba más. Al menos, aún no se había encontrado con Seiya, no sabría como reaccionar ante su presencia. Estaba un poco temerosa de que hoy simplemente el castaño actuara como si nada hubiese ocurrido. Los toquidos de su puerta la sacaron del callejón donde sus pensamientos la habían acorralado.
La puerta fue abierta lentamente, o eso le pareció a ella, y por ésta se asomó el ojiverde qué la había estado evitando en la mañana. Saori intentó disimular su nerviosismo, tenía que aceptar que no esperaba su presencia.
-Saga, ¡qué sorpresa!- y no mentía. Claro que le tomó por sorpresa. La pelilila se había resignado a la posibilidad de hablar con él hoy. -Entra, siéntate- invitó amablemente.
Saga obedeció en total silencio, con rostro inescrutable, tomando asiento delante de ella. No despegó la vista de la Kido ni por un segundo. Eso aumentaba el nerviosismo de la chica.
-Anoche, yo...-comenzó con el discurso que había preparado decirle, pero su explicación murió en sus labios, pues el peliazul de la nada esbozó una sonrisa que a Saori le dio miedo.
-No necesitas explicar nada- le dijo con voz impasible. -Estás en toda libertad de hacer lo que quieras. Al final, tú y yo no somos nada- remarcó la última palabra.
La ojiazul amplió los ojos por las palabras de Saga, jamás le había dicho algo como eso. ¿Qué quería decir con "no somos nada"? No entendía nada. Pero de algo estaba segura, el hombre frente a ella no era el Saga que ella acostumbraba a tratar. Lo sabía por la mirada feroz que le dedicaba y por la agresividad de sus palabras. Éste hombre era, sin duda, el mismo de aquella vez.
-Aunque eso no quiere decir que esté feliz por lo que pasó ayer... -continuó hablando en el mismo tono impasible. -Deberías recompensarme, ¿no crees?- le dijo sonriendo como una hiena.
Saori afiló la mirada. El tono y la dirección de la conversación no le estaba gustando para nada.
-Depende, ¿qué deseas?-preguntó suspicaz, entrelazando sus manos sobre el escritorio, como si estuviera en medio de una negociación.
-Escuché de uno de tus empleados que habrá una fiesta este fin de semana. Quiero que vayas conmigo- demandó, alzando la barbilla para hacer que sus palabras tuvieran más peso.
-Creo que no será posible. Lo más apropiado es que Seiya y yo vayamos juntos. Después de todo, ambos estamos a la cabeza de la empresa.- le informó ella, levantando ligeramente la comisura de sus labios en un gesto burlón.
Ahora fue el turno del mayor de sorprenderse, la actitud que la chica estaba tomando le comenzaba a irritar, pero escondió su sorpresa y molestia bajo su rostro inexpresivo. Saori debía estar tomando muy en serio a Seiya para estar a la defensiva, le debía interesar tanto, qué ahora estaba renuente a aceptar cualquier cosa.
-Hmp. Sabía que dirías algo como esto- comentó tranquilo, tan seguro de tener el control. -Escucha. Pronto volveré a Grecia, así que te prometo que si vamos juntos a la fiesta, te liberaré de las palabras que te dije mientras estábamos en Komae-, le propuso el hombre.
A la Kido le pareció que había gato encerrado. ¿Saga se estaba dando por vencido? Eso era extraño, algo tramaba. Pero la sola idea de liberarse de las palabras de Saga era tentadora. Si él se deshacía sus palabras y se marchaba, haría las cosas más sencillas para Seiya y para ella.
-Será el último evento que pasemos juntos. Servirá para quedar en buenos términos.- insistió en tono convincente.
Ella se mordió el labio inferior, titubeante sobre que decidir. Su instinto le decía que era una mala idea, que mandara a Saga al diablo. Sin embargo...
-Está bien-. accedió, con todas sus dudas latentes, pero aceptaba de todos modos. No pensaba que algo grave ocurriera.
Saga sonrió maliciosamente. Ya qué su plan para enamorarla falló, se había ideado otro. Esa misma mañana había salido de la mansión para poder despejarse y saber que hacer. Completaría lo que no pudo terminar hace cinco años atrás, lo haría fácil y rápido.
-Muy bien, esperaré ansioso ese día-, dijo fingiendo una sonrisa amable. -Cuídate mientras tanto-, fueron sus últimas palabras antes de ponerse de pie y marcharse.
Una vez que la puerta se cerró, Saori soltó un hondo suspiro. Se sentía cansada y muy decepcionada, ya no podría ir en compañía del castaño a la fiesta como habia deseado. Pero la recompensa valía la pena.
"Juntos cada año a partir de ahora"
"Es una promesa ahora, ¿verdad?"
"Es una promesa"
Con solo recordar esas palabras, se sentía un poco aliviada. Hoy se sacrificaría, mañana sería libre.
...
La semana transcurrió más rápido de lo que esperaban. Hoy era el día en que celebraría la dichosa fiesta. Aún con poco tiempo, todos los detalles quedaron cubiertos.
Seiya iba manejando hacia la casa de la que sería su acompañante por esa noche. Por supuesto, cuando Saori le notificó que no iría con él le desagradó, y más aún cuando le dijo que iría con el gruñón de Saga. Pero ella también le había dicho qué el ojiverde pronto se marcharía –por fin– a Grecia y quería pasar una última fiesta con él. La idea no le hizo feliz, pero al menos comprendía un poco la situación.
Finalmente llegó a su destino. Bajó del auto y se encaminó a la puerta correspondiente del edificio de apartamentos. Tocó el interfono y en cuestión de segundos se escuchó "ahora salgo" del otro lado. Ese ahora, se convirtió en diez minutos, pero después Seiya entendió el por qué: una elegante azabache apareció detrás de la puerta. Envuelta en un vestido strapless en tono rojo satinado que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, Miho recibió al castaño.
-Te ves genial, Miho-, le halagó el chico. Debía admitir que estaba admirado por lo linda que se veía la morena e irremediablemente pensó, ¿cómo se vería Saori esa noche? La sola idea le hizo entrar calor.
Por otro lado, Miho estaba algo decepcionada por el poco impacto que había creado en el castaño. Cuando su jefe le propuso ir como su acompañante, enseguida respondió que no. Aún no olvidaba lo que le había hecho en la feria. Pero el castaño le estuvo insistiendo con el tema esos días y, al final, terminó aceptando. Debía aceptar que, muy en el fondo, aún seguía sintiendo algo por Seiya.
-Gracias-, respondió la chica en una media sonrisa, aferrando sus manos al abrigo que sostenía.
-Bien, vamos-, dijo Seiya extendiéndole una mano a la chica. Miho titubeó unos segundos, pero al final tomó la cálida mano del moreno. El gesto le supo amargo. Era una total estupidez seguir manteniendo sentimientos hacia un hombre que nunca la vería de la misma forma que ella lo hacía, pero no podía evitarlo. Y menos, si iba tomada de la mano de ese hombre. Tenía ganas de llorar.
El de ojos avellana la dirigió hasta el auto aparcado fuera, le abrió la puerta y le ayudó a subir. El chico subió después al vehículo y emprendieron camino hacia el evento. Miho le observó mientras él conducía, el hombre no pareció percatarse de ello. La azabache apartó la vista hacia la ventanilla, mirando su reflejo, vio que tenía un mechón suelto de su pelo recogido, así q lo ocultó con sus dedos entre sus demas cabellos. Y luego echó un vistazo a su gargantilla, era una pieza bastante sencilla, pero no por eso dejaba de lucir bien, brillaba mucho. Y se sintió identificada con ella. Miho sabía que era bonita, no una mujer de enigmática belleza, pero era bonita. Una mujer sencilla digna de mirar. Pero pocos se fijaban en pequeñas joyas como ella. La mayoría siempre preferiría ver las joyas grandes y resplandecientes... Como la Señorita Saori.
Y por primera vez, Miho sintió una chispa de enojo contra su reservada Jefa. Sin duda, éste amor unilateral estaba sacando lo peor de ella, pensaba mientras veía el esmalte de sus uñas.
...
Un Acura nsx negro era alumbrado por los faroles de las calles de Tokio. Su conductor, un elegante hombre en traje blanco, hacia rugir el motor. Julián tarareaba una canción, estaba de muy buen humor. Ésta noche por fin podría tener un poco de diversión.
La espera había sido larga, pero hoy rendiría frutos. Por eso la sonrisa traviesa no se borraba de sus perfectos labios.
...
La voz de la baladista se oía por todo el salón, acompañada de las hermosas notas de piano. Todos los empresarios reunidos parecían disfrutar de la velada. Renombrados hombres de negocios y sus elegantes esposas parecían desfilar en el salón, reuniéndose cada quién con su seleccionado grupo para pasar el resto de la fiesta o posando para los medios de comunicación que tuvieron acceso al evento.
Respiró hondo, dándose los ánimos que necesitaba para presentarse. Las puertas del salón se abrieron, los cientos de ojos reunidos ahí contemplaron con asombro a los recién llegados. Ataviada en un vestido azul rey de gasa, una elegante joven hizo su entrada. La parte superior de su vestido era encaje que se amoldaba perfectamente hasta su cintura, las aplicaciones en cristal que iban desde el único hombro del vestido caían como pequeñas gotas de lluvia hasta su cintura. La falda del vestido era circular, haciendo que con cada paso que daba se hondeara, haciéndola ver sofisticada. Su cabello que estaba moldeado de los laterales era sujetado en un recogido bajo, su flequillo estaba peinado hacia un lado. Caminaba con la elegancia qué solo un miembro de la familia Kido podía poseer. Su galante compañero también acaparaba miradas con su smoking negro, luciendo tan galante. Saga sonreía a las cámaras.
Saori buscó disimuladamente con la mirada a cierto castaño, al tiempo qué sonreía y contestaba a las personas que se acercaban a saludarlos.
Seiya la vio llegar, tan esplendorosa y refinada como siempre; pero ésta noche sobrepasaba cualquier adjetivo para definir su belleza. Lo único en lo que pudo pensar para definirla era: «una diosa». Por mero instinto sus pies se movieron hacia ella, pero un pequeño apretón en su brazo lo detuvo.
-Será mejor que no lo hagas- le sugirió Miho en una mueca de desaprobación. -Hay demasiados periodistas- le recordó, señalandolos con sus ojos de manera graciosa.
Era cierto. Tanto Seiya como la señorita Saori eran el centro de atención ésta noche, cualquier descuido les costaría un escándalo. Sin embargo, una voz en su cabeza también le decía que lo estaba haciendo por ella misma. Miho quería al castaño solo para ella –aunque fuera por unas horas–, por eso quería retrasar a como diera lugar el encuentro entre las miradas azul y avellana; porque cuando eso sucediera, sabía perfectamente qué no habría más lugar para ella.
La velada continuó en completa tranquilidad. Después de la cena, se llamó al castaño al escenario dónde obtuvo su presentación oficial tanto para los medios como para los socios y empresarios que asistieron. Hasta ese momento, Seiya y Saori solo habían compartido unas cuantas palabras por mera formalidad mientras estuvieron en el escenario; después cada cual se fue a su mesa con sus respectivos acompañantes.
-Señor Kurosaki... -
Seiya miró al hombre que lo llamó. Un rubio alto, de piel bronceada y ojos verdes.
-Finalmente he podido conocerle, me llamo Ichijō Jabu- se presentó el muchacho. -La señorita Saori me ha hablado sobre su situación- notó que el castaño arqueó una ceja en confusión. -Sobre su hermana extraviada- aclaró.
Entonces Seiya pareció comprender. Esa era la ayuda de la que Saori le habló esa noche en la noria.
-Ya, entiendo.- le contestó con aparente desinterés. Cuando se trataba de su hermana, el moreno solía mostrarse con poco interés. Había comenzado la búsqueda de Seika con muchas esperanzas, pero pasaban los meses y las investigaciones no avanzaban nada. Seiya prefería emocionarse con resultados concretos, que con pistas sin fundamento. -Ya tengo a personas trabajando en el caso. Gracias de todas formas- finalizó dando un trago a su copa de champán.
Jabu le observó con el ceño fruncido. La actitud tan negada del hombre le molestó. Tomó asiento justo al lado de Seiya, dejando caer pesadamente una de sus manos en el hombro del castaño, sobresaltandolo.
-Escúchame bien- le siseó en un susurro. El morocho se sorprendió por el cambio de actitud del rubio. -La bella dama de vestido azul me ha pedido hacer esto, no pienso negarme. Además, es algo que te conviene. Así qué, sé obediente y acepta mi ayuda- completó en el mismo tono, retando al de ojos chocolate a contradecirlo.
Seiya no supo que le molestó más de Jabu, si su rudeza o la forma en la que se dirigía a la Kido, tal vez ambas. Pero se contuvo, Miho estaba a su otro lado observando todo. Volteó a la mesa en la que la de cabellos lavanda se encontraba, la pilló mirándolos.
-Quita tus manos de mí- le respondió rechinando los dientes, al tiempo que tiraba de su hombro para safarse. -Si eso es lo que ella quiere, está bien, no me importa- dijo encogiéndose de hombros.
-Al final, tampoco has podido resistirte a ella, ¿no?- susurró juguetón el de ojos verdes, palmeandole el hombro. -Muy bien, señor Kurosaki, llámeme pronto- el semblante del rubio cambio, recuperando formalidad. Se despidió entregándole una tarjeta con sus datos, haciéndole una pequeña reverencia a la joven de vestido rojo que le miraba atentamente.
¡Estúpido loco! Murmuraba Seiya internamente. Ese tal Jabu era un completo bipolar. Si no fuera por que venía de parte de Saori, ya le hubiera golpeado. Ahora que lo mencionaba, ¿qué tipo de relación tenían ellos dos? Tal vez una muy cercana para que el rubio idiota se refiriera a ella como "hermosa dama".
Miho vio como el de mirada avellana arrugaba la pequeña tarjeta que tenía en una de sus manos. Sin duda, hoy se acababa de dar cuenta qué realmente no sabía nada de la persona a su lado. Hoy descubrió que tenía una hermana y que estaba perdida, que la señorita Saori y Seiya eran más cercanos de lo que creía pues, al parecer, ella estaba enterada de la situación del castaño; ofreciéndole ayuda. Y ella... ella sólo sabía su nombre y unos cuantos detalles sin relevancia. Los ojos le empezaron a arder, seguramente estaba a punto de llorar.
-Necesito ir al tocador- le anunció al moreno, tomando su pequeño bolso de mano. Él asintió, como un padre dándole permiso a su pequeña hija, haciendo que las ganas de llorar de Miho aumentaran.
¡Estúpido insensible!
Seiya vio salir a la azabache a toda velocidad, seguramente le urgía ir al baño. Y cuándo perdió de vista a Miho, sus ojos inmediatamente viajaron a la mesa dónde el gruñón de Saga y Saori se encontraban, les vio ponerse de pie y cómo el ojiverde conducía a una confundida Kido hacia la salida. Y sin darse cuenta, ya les estaba siguiendo.
...
-¿Por qué nos vamos tan temprano?- exigió saber la Kido, cuando estaban a una distancia prudente del personal en las puertas.
-Sólo tranquilízate- le respondió Saga, quien iba unos pasos adelante.
Vio como un joven del valet parking traía su camioneta, se detuvo justo a un lado de ellos, descendió del vehículo y le entregó las llaves al peliazul. Saga ayudó a subir a Saori, colocándole el cinturón.
-Saori- le llamó, ella seguía sin querer mirarle. -Realmente fui feliz por haberte conocido.- soltó el hombre de la nada, captando su atención. -Desde el día en que llegaste a la mansión, no... no ha existido un solo momento qué no te haya querido... Como amiga, como familia, como mi único amor.- le confesó sincero, tomando ambas manos de la mujer entre las suyas.
Saori le miró impresionada. Nuevamente, el hombre que tenía en esos momentos a su lado, que la miraba intensamente como si a través de sus verdes ojos quisiera transmitirle la veracidad de sus palabras, era el verdadero Saga que ella conocía. No sabía qué o quién le había hecho cambiar tanto, pero no importaba. Todo estaba bien ahora.
-Yo también he sido feliz-, le contestó ella, con voz temblorosa, como si fuera a llorar.
Saga sabía que las palabras de la Kido eran mentira. Ella nunca fue feliz. Aunque él permaneció a su lado, aún en los peores momentos, Saori jamás pudo ser feliz; su compañía no era suficiente para poder llenar el gran vacío que ella sentía.
-Puedes ser más feliz ahora- le dijo al tiempo que se alejaba de ella, le miró con una pequeña y rota sonrisa, cerrando la puerta de la camioneta.
El peliazul apretó sus manos fuertemente, haciendo que sus nudillos de volvieran blancos. Con pasos lentos, como si sus pies fueran de concreto, se alejó del vehículo.
La joven heredera recargó su cabeza en la ventanilla, respirando hondo para alejar las lágrimas. Escuchó como la puerta del conductor se abría y cómo éste se acomodaba al volante.
-Dame las llaves- le pidieron.
Ella sintió que los ojos casi se le salían de las cuencas.
-Se-Seiya...-mustió atónita.
El castaño le sonrió.
-Dame las llaves- repitió el moreno, sin perder la sonrisa.
-No las tengo- le contestó ella, mostrando sus manos.
-En tus piernas- le indicó.
Saori miró hacia sus piernas y, efectivamente, encontró las llaves ahí. Se las dio Seiya y se pusieron en marcha.
«Puedes ser más feliz ahora»
Sonrió tras recordar esas palabras, mirando al castaño conducir.
つづく (continuará)
Hola! Amigos, otro capítulo más ^o^. Me tarde mucho en subirlo, tuve que escribirlo dos veces, porque no me gustaba como estaba quedando. Tampoco estoy muy convencida de este, pero peor es nada jejeje.
Por cierto, les deje un one-shot hace unos días como compensación de el capítulo que les debía.
Sslove, gracias por tus palabras de ánimo, de verdad gracias. Con respecto a tu comentario en el one-shot, las frases que usé son inventadas por mi, solo la que dice Mû es la qué tomé prestada. Saint Seiya Omega no es mi anime favorito. No tiene buen diseño de dibujos, si lo vi fue solo porque explotan un poco el SeiyaxSaori jajaja. Soba ni ite hoshii, más o menos significaría deseo que estés a mi lado.
Amigos, espero que estén muy bien y que me puedan regalar un review para saber que tal quedó el capítulo.
Saludos!
