Capítulo 02- La bestia escarlata.
La princesa despertó con un dolor de cabeza insufrible. Sentía que a cada palpiteo, el malestar aumentaba. Entonces percibió una nostalgia instalarse en su cuerpo cuando reconoció las paredes del lugar en el que estaba, pero de inmediato, la ira se apoderó de ella y se levantó dispuesta a escapar.
Cruzó con sigilo cada pasillo de la torre, procurando que el joven de cabellos rojos no la viera, y bajó hasta el primer piso. Pero cuando llegó, ya no había puerta que cruzar. Había sido bloqueada por una roca gigante que era imposible de mover. Momo gruñó y pateó la piedra con odio.
—Buenas tardes —escuchó el eco de un saludo.
Momo se giró y encaró al mismo joven de cabello rojo. Le miró sin entender y guardó silencio.
—Veo que ya despertó, ¿Le duele mucho la cabeza? —guardó silencio esperando una respuesta que no llegó—. ¿Qué pasa? ¿La golpee tan fuerte que olvidó como hablar?
—¿Golpearme?
—Sí, bueno —se llevó una mano de tras de la nuca y desvió la mirada avergonzado—, en nuestro encuentro por accidente la golpee con mi cola. Lo lamento, no era mi intención...
—¿Nuestro? ¿Tú eres la bestia escarlata que mi padre trajo para mantenerme encerrada?
—Por favor, no le llame encerrada, suena muy feo. ¿Podemos decir que la estoy protegiendo?
—¿Protegerme de qué?
—Pues, me imagino que ya se expandió el rumor de que usted está aquí, tal vez algún individuo quiera venir a tratar de llevársela y reclamar su mano.
—Puedo defenderme yo sola, muchas gracias —respondió tajante comenzando a acercarse a él—. Voy a perdonar el golpe que me dió si me dice cómo puedo salir de aquí.
El rostro del joven se iluminó, y como un niño pequeño respondió:
—Sólo cuando un guerrero valiente venga a derrotarme usted podrá ser libre y se casará con él.
—Eso ya lo sé —respondió un poco molesta por los recuerdos que acompañaron esa frase—, me refiero a otra manera de salir de aquí.
Kirishima negó con la cabeza.
—Me temo que no puedo permitir que haya otra forma, esas son las indicaciones que mi amo me ha dado.
La princesa frunció el entrecejo sintiendo una especie de impotencia recorrer su cuerpo y se alejó de él. Kirishima se sintió muy confundido ante esa actitud.
—¡Señorita, ¿Entonces estoy perdonado?! —le habló con temor pero fue ignorado. La princesa estaba muy enojada, prefirió no responderle pues no quería descargar su ira en el pobre muchacho que sólo seguía las órdenes de su padre.
Se encerró en su cuarto y estudió las paredes y muebles, buscaba alguna pista que le sirviera para escapar de aquella prisión de piedra. La encontró velozmente al mirar las cortinas guindas de la ventana. De inmediato, fue en busca de todas las demás y las llevó a su cuarto. Las amarró una con la otra, también se llevó las sábanas de su cama y las unió a la cadena de tela que había formado. Sintiendo orgullo de su ingenio, bajó hasta el piso más cercano al suelo que aún poseía ventanas y se dispuso llevar a cabo su plan.
Amarró un extremo de la cadena en la pata del mueble más grande que halló y el otro extremo lo dejó caer fuera de la ventana. Usando esto como soga, se dispuso a descender por la pared para poder salir. Sin embargo, percibió un extraño olor que no estaba en sus planes. Levantó la cabeza y pudo ver que una nube de humo salía del interior de la torre, rápidamente dedujo que alguien había quemado su cadena desde el interior y entonces se rompió. Momo gritó como nunca había gritado al estar tan cerca de la muerte y de repente, alguien la atrapó. La princesa abrió lentamente los ojos y encontró el rostro de Kirishima mirando al frente con una sonrisa. Momo paseó su vista a su alrededor, de inmediato se percató de que el joven tenía unos cuernos que salían de su frente, y de su espalda, dos grandes alas rojas, como un par de abanicos gigantes y escamosos le ayudaban a volar.
Cruzó la ventana por la que había salido y dejó a la princesa en el suelo.
—Es usted un poco rebelde —le dijo moviendo la cola que hasta entonces Momo había ignorado.
—Y usted un poco arrogante —contradijo aún enojada porque el joven frustró su plan.
Eijirou suspiró y comenzó a guardar sus nuevas extremidades devuelta en su cuerpo, de manera que volvió a parecer un joven normal. Suspiró con pena y doblando la postura de su cuello le dijo:
—Por favor perdóneme por cargarla tan atrevidamente, pero mi misión es evitar que salga de esta torre.
La princesa estaba enojada, pero sentía un dolor en el pecho, no quería ser una molestia para el joven pelirrojo pero no podía permitir que nadie, ni siquiera su gente, la privara de su libertad. Sin tener valor para sostener su mirada, bajó la cabeza apretando los puños.
—Veo que está un poco cansada —le dijo Eijirou—. ¿Le gustaría que le prepare algo de té?
Momo estuvo tentada a irse y dejarlo con la palabra en la boca, pero algo tan horrible como el orgullo no tenía espacio en su corazón. Así que asintió con la cabeza y siguió al joven. Le hubiera encantado escuchar todo lo que Kirishima tenía que decir, se veía que era una buena persona, muy leal y muy alegre. Pero si se permitía ser franca consigo misma, sus emociones seguían en discordia por su situación actual. De manera que lo único que saldría de sus labios, sería alguna cosa hiriente para el joven que sólo quería ser amable con ella. En todo ese rato, guardó silencio. Habló únicamente cuando era necesario y se marchó a dormir.
Aquella primera noche, Yaoyorozu se fue a la cama derrotada. Nunca antes se había sentido tan débil y humillada. Le molestaba no poder salir, y le dolía estar separada de Todoroki, su novio, el amor de su vida. Seguramente él estaba muy preocupado preparando sus tropas para ir a buscarla. Ella tenía que ser fuerte para volver a verlo lo antes posible, quería ayudarle en lo que fuera. ¿Cómo podría salir de ahí?
«Sólo cuando un guerrero valiente venga a derrotarme usted podrá ser libre»
El recuerdo de las palabras de aquel joven cruzaron su mente de forma repentina. Momo se acurrucó en su lugar y esbozó una mirada melancólica, sus ojos brillaban por la abundante tristeza que los llenaba. ¿Poner su libertad en manos de otra persona? La libertad era algo que por lo que se debía luchar, algo que nadie debía conseguir por tí. Y eso era lo que ella haría.
A la mañana siguiente se levantó apenas abrió los ojos y salió de su habitación con los pies desnudos y su fino camisón de dormir. Viajó con rapidez a la cocina donde encontró a Eijirou bebiendo plácidamente una tasa de té en el comedor y con expectación posó las palmas de las manos en la mesa.
—¡Pelea conmigo! —exclamó con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes.
Eijirou quedó estupefacto. Pestañeó dos veces y dejó la tasa en la mesa.
—Buenos días —le dijo él—. ¿Cómo durmió?
—Eh, bien.
De repente se sintió abochornada por lo descortés que había sido. Luego se recordó la razón por la que de forma tan impaciente se había levantado y volvió a mirarle.
—Ayer dijiste que sólo si un guerrero lograba vencerte, entonces yo sería libre, ¿Verdad?. ¡Pelea conmigo entonces!
Eijirou le miró nervioso, pasó saliva sin saber qué más hacer y tosió repetidas veces, justo como lo haría alguien que necesitaba tiempo para responder. Yaoyorozu miró como poco a poco sus mejillas se coloraban y no entendió la razón. El joven le dió un nuevo sorbo a su tasa, se sentó de manera erguida y la miró posando sus entrelazadas manos sobre la mesa.
—Escuche, su alteza, me encantaría tener un enfrentamiento con un integrante de la familia real, pero no sería muy varonil de mi parte pelear con una princesa.
—Pero yo no soy una princesa cómo todas. ¡Soy una guerrera! He peleado y he dirigido a mis tropas hacia victorias innumerables. Me he enfrentado a millares de soldados y ni uno ha logrado vencerme.
—Usted lo ha dicho, su alteza, se ha enfrentado a soldados. Pero yo... —se interrumpió cuando buscó las palabras adecuadas para describirse—. Soy un dragón —se encogió de hombros—, podría fácilmente destruir esta torre que sus ciudadanos con tanto esmero edificaron.
—Entonces luchemos afuera, al aire libre.
Kirishima pareció pensárselo un rato. Después volteó a verla de nueva cuenta y añadió:
—¿Jura que no va a tratar de escapar hasta que nuestro encuentro haya terminado?
—Te doy mi palabra —se llevó la mano izquierda al pecho y dibujó una "x". Después dejó abierta la palma de la mano a la altura del hombro como muestra de lealtad.
—Júrelo por la garrita —exigió Eijirou extendiendo su mano con el dedo meñique estirado.
Momo sonrió, la última vez que había hecho ese juramento apenas tenía unos diez años. Sin dudarlo ni una vez entrelazó su meñique con el del muchacho.
—Lo juro por mi garrita.
En un abrir y cerrar de ojos, Kirishima recuperó aquel aire tan extrovertido que lo caracterizaba. Miró a la princesa con sus ojos brillando y se puso de pie.
—Muy bien. Apenas el primer sol ha salido, nuestro combate se llevará a cabo cuando el segundo sol esté en la cúspide de su esplendor. ¿Le parece bien?
—Me parece perfecto.
—En ese caso —sonrió—, ayer no pude evitar ver que no comió casi nada. No puedo enfrentarme a usted con semejante ventaja. Así que por favor, vaya a cambiar su pijama mientras le preparo algo de comer.
