Capítulo 05- Espíritu enamorado.

Desde ese momento, cada vez era más difícil que Yaoyorozu derramara una sola de sus lágrimas. Cada día era mejor que el anterior, volviendo a esos prósperos momentos donde la alegría era el principal invitado.

Pues cada vez le era más difícil pensar en Todoroki, siempre que se atrevía a hacerlo, su mente le enviaba la imagen de la reluciente sonrisa de Kirishima. Su voz tan dulce, se repetía en sus oídos cuando pronunciaba su nombre, de alguna manera, cada vez que lo hacía, sentía que sonaba más bonito.

Pues Kirishima era el encargado de hacerla sentir como la más grande maravilla del mundo, pues Kirishima le había devuelto las risas en una jaula. Ambos salían muy a menudo a pasear, a tal punto que dejó de sentirse prisionera, y él dejó de ser quien la custiodaba. Sentía que su espíritu volvía a ser igual que antes, e incluso, mejor de lo que era. Tantas noches donde bailaron bajo la luna y cantaron con el viento la habían llevado a sentir que volaba aunque estuviera sobre el suelo, y cuando Eijirou la llevaba sobre su espalda al cruzar el amplio cielo, se sentía parte de él. Cómo si hubiera nacido para alcanzarlo.

Una noche, mientras ella ilustraba en un lienzo el estrellado cielo, Kirishima la miró desde le ventana en su forma de dragón pequeño, apenas medía cincuenta centímetros. Entonces, voló hasta donde estaba ella y le dejó caer la rosa que llevaba entre sus patas. Momo formó con los labios una pequeña "o" por la sorpresa que el presente le había causado. Sintió entonces que algo se posaba sobre sus hombros y dirigió su mirada a la cabeza del pequeño animal.

—Muchas gracias —susurró tomando con cariño su barbilla para unir sus frentes. Pasados unos instantes, Eijirou se apartó y comenzó a volar al rededor de ella haciendo ruidos para llamarla.

Ella se puso de pie con la rosa entre sus manos, río un poco al ver la repentina hiperactividad de su compañero y dejó que la guiara hasta la ventana. Eijirou la cruzó, voló entorno a la torre aumentado poco a poco su tamaño hasta obtener su forma de híbrido y comenzó a hacer piruetas por el aire, exhalando de vez en cuando un poco de fuego para ornamentar su vuelo. Momo le veía fascinada. Amaba que Kirishima le armara ese tipo de espectáculos pequeños para que pasaran tiempo juntos por las noches.

Ella le dedicó palabras y ánimos rodeando su boca con las manos. Haciendo que el joven se inspirara e hiciera sus piruetas con más pasión, llegando al punto en que le preparó un verdadero show lleno de fuego y acrobacias, realmente estaba más motivado que todas las otras veces. De repente, en un suspiro, Yaoyorozu sintió una especie de oleaje en su pecho, la última vez que eso había pasado, fue cuando se dió cuenta de sus sentimientos por Todoroki.

Ella seguía sin entender la razón tan peculiar por la que Kirishima parecía haber tomado el lugar de Shouto, sin embargo, las reacciones que provocaba en ella eran tan similares a las de su novio, pero de alguna manera, ella sentía que esos sentimientos eran tan únicos como los momentos que Kirishima le brindaba.

Cuando finalmente el joven se dignó en finalizar, fue a sentarse en la ventana conservando su apariencia. La princesa también se sentó en la ventana, sus piernas colgaban hacia el interior de la torre y las de él, hacia el exterior. Pensó en felicitarlo, halagarlo, hacer algún comentario pero prefirió guardar silencio y mirar fijamente aquellos ojos carmín que se habían clavado en los de ella.

Kirishima quiso hablar, decir cualquier cosa, entablar una conversación, pero se había vuelo mudo cuando con su simple sonrisa, Momo le arrebató las palabras de la boca.

Entre la penumbra de la noche y la luz de la luna, sin darse cuenta la distancia entre ellos se acortaba. Momo paseó la diestra ascendiendo por el tonificado brazo de Eijirou y la posó en su hombro. El joven, acarició con la yema del pulgar la mejilla de ella hasta llegar al mentón. Ahí, comenzó a delinear la comisura de sus labios con el mismo dedo, apresiando lo carnosos que eran. Ambos pasaron saliva siendo conscientes de lo que se aproximaba. Cerraron sus ojos y con lentitud finalizaron de cerrar su distancia con un beso suave y lento. Era un tacto tímido y delicado, donde sólo acariciaban sus labios y sentían la suavidad de éstos.

Se separaron un instante para verse a los ojos, trataron de adivinar lo que cruzaba por la mente del otro. Momo se acercó más a él, tomó su mejilla entre sus dedos y volvió a atraerlo a ella, iniciando así un segundo contacto. Era menos tímido que el primero, atreviéndose a morder con suavidad el labio inferior de ella. Esta vez, fue acompañada de una corriente que al igual que una ventisca, hizo que un montón de emociones revolotearan en la boca de su estómago.

La mano posada sobre la cadera de ella, tan atrevida pero respetuosa a la vez, aceleró su ritmo cardíaco, la orilló a percatarse de lo que estaba haciendo y sintió miedo de repente. Se separó de él con lentitud. Sus mejillas delataban la vergüenza que ambos sentían al pasar un rato en silencio.

—Creo que iré a vigilar —susurró Eijirou con una suave voz que le brindó un poco de confianza—. Buenas noches, princesa.

—Descansa —le dijo ella y ambos se apartaron de la ventana.

En cuando el joven se perdió en el manto de la noche, ella corrió a sumergirse en sus sábanas. Se llevó una de sus almohadas al rostro y mitigó un gritillo de emoción. De esos que las señoritas sueltan al pasar tiempo con el chico que les gusta. Pero realmente, ¿Eijirou le gustaba?

Ante tal pregunta, buscó entre sus cajones el collar que se lo revelaría.