Capítulo 06- Corazón Libre.
Somnolienta se frotó los ojos y soltó un bostezo. Su vista dió a parar en las copas de los altísimos árboles que atestaban el cielo, el canto de los pájaros era como un arrullo. Hundió sus uñas en el césped e inhaló profundo, sintiendo que por fin volvía a ser parte del mundo y una vez más, la sonrisa de aquel joven se cruzó por su mente, entonces ella también hizo una curva en sus labios y cayó rendida en el profundo sueño.
Tras haber quedado dormida unos minutos, finalmente su compañero apareció de entre los arbustos.
—¡Princesa! —calló de inmediato al verla dormida. Él mismo se colocó la corona de flores que llevaba en manos y arrancó una nueva florecilla del arbusto.
Se acercó a ella titubeando y se arrodilló a su lado. Miró con detenimiento y admiración la manera en que sus largas pestañas posaban en su rostro de forma tan inofensiva, creyó al instante que era hermosa. Y entonces, sintió unas inexplicables ganas de besarla.
El pensamiento lo ruborizó y apretó los labios. Pasó saliva y se recriminó por haber osado pensar así. Tomó la florecilla que llevaba en la diestra y apenas acarició con sus pétalos la cúspide de su fina naríz.
—Princesa —murmuró por lo bajo. Sabía que en el fondo no quería despertarla.
Entonces se permitió jugar un poco y paseó la flor por la mejilla de ella hasta llegar a su mentón. Ahí, dibujó una línea vertical ascendiendo hasta su frente y después volvió a descender. Momo crispó un poco sus labios por el tacto y después volvió a relajarlos. Haciendo que Eijirou apreciara nuevamente lo carnosos que eran. Ese color carmín que portaban era exquisito, como si fuera una frutilla que justo delante de él esperaba ser mordida. Kirishima imaginó la clase de textura que tendrían sus labios, ¿Acaso sería igual que la otra vez? ¿Podría ser mejor? De éste modo se fue acercando a ellos sin darse cuenta. Estaba a nada de acariciarlos finalmente, sin embargo, el aliento que ella desprendió hizo contacto con sus propios labios, haciéndole consiente de lo que estaba haciendo.
De inmediato se apartó de ella como si hubiera cometido un delito imperdonable. Se abofeteó fuertemente las mejillas y se recordó que un hombre no se aprovecharía de tal manera de la princesa. Sin más, devolvió su vista a la joven.
—Princesa —se aclaró la garganta y después no supo que más decir.
Cómo si el mundo quisiera ablandarse con él, la princesa comenzó a despertar. Eijirou entró en pánico y miró a todos lados alarmado. Momo abrió lentamente los ojos, le dedicó una sonrisa y se sentó para hablarle cómodamente.
—¿Dormí demasiado? —le preguntó.
—N-no, no —le dijo él devolviendo la sonrisa. Entonces se percató de la manera tan extraña en que la joven miraba su cabellera—. ¡Oh! —exclamó quitándose la corona de flores de la cabeza y se la ofreció—. Es para usted, su alteza —le dijo bajando la mirada como una reverencia.
Yaoyorozu sonrió encantada y también bajó la cabeza para ser coronada. Eijirou le colocó el adorno y ambos se reverenciaron antes de tomarse las manos y empezar a bailar una melodía cualquiera que el joven tarareaba. Giraban con elegancia, siendo guiados por los gentiles pasos del muchacho. Comenzaron a adentrarse más al bosque sin preocuparse, dentro de sus cabezas, era como si una orquesta imaginaria tocara al compás de la voz del joven. De vez en cuando soltaba alguna mueca para hacerla reír, y siempre funcionaba. No importaba cuánto tiempo la escuchara, estaba convencido que la risa de ella era la sinfonía más hermosa que podría escuchar.
Al cuando ambos finalizaron su pieza, soltaron algunas carcajadas sonoras. Después, al escuchar a unos pájaros cantar, guiaron sus miradas al cielo, que exhibía un atardecer que inminentemente terminaría.
—Ya es hora —le dijo el dragón—. ¿Me daría permiso de... ? —dejó de hablar esperando respuesta.
—Por supuesto —le dijo ella. Ya había deducido a lo que se refería.
Kirishima comenzó a liberar sus alas, adoptado su forma de híbrido. Le dió la espalda a Yaoyorozu para que se pudiera subir a ella y emprendió el vuelo. Mientras ambos cruzaban el cielo, Eijirou aumentó su tamaño hasta convertirse en el majestuoso dragón escarlata que era. Yaoyorozu tuvo sumo cuidado en aferrarse a él para no caer, pero pronto estuvo fuera de peligro. Acarició parsimoniosamente las escamas del cuello de Eijirou y elevó sus brazos como si ella también tuviera alas. Llenó sus pulmones de aire fresco y sintió que era parte del cielo. Al abrir los ojos, miró que las estrellas ya habían empezado a salir.
Pensó en que era bastante curioso que Todoroki le escribía versos prometiéndole las estrellas, y Kirishima la había llevado a ellas.
Finalmente, habían aterrizado en una montaña, desde dónde podían alcanzar a ver la torre a la lejanía. Ambos se sentaron en el suelo a la espera de que el espectáculo comenzara.
—Estoy emocionada —confesó ella mirando sus ojos—. No recuerdo la última vez que hice ésto.
—Ni yo —sonrió nervioso—, me alegra ver ésto con usted.
—A mí también. Siendo franca, creo que éstos días que hemos pasado juntos han sido increíbles.
—Lo mismo digo. Haber pasado tanto tiempo con usted ha sido un honor tan... Grande. Siento que no merezco ser su guardián.
—Se equivoca, Eijirou —le dijo con gentileza posando su mano sobre la suya—, pienso que nadie más habría sido más indicado que usted para cuidar de mí. Su valor, su paciencia, su fuerza, todo lo que lo conforma a usted, lo convierten en el hombre digno para estar a mi lado.
Al concluir su oración, las mejillas de ambos ya estaban coloreadas de rosa. Quedaron sumidos en un silencio que les hizo creer que el tiempo se había detenido. Entonces, ambos alcanzaron a divisar como una veloz luz pasaba sobre ellos. La lluvia de estrellas finalmente había iniciado.
Ambos llevaron sus miradas al cielo que exhibía aquel espectáculo tan inusual. Estaban embobados mirando a aquellos cuerpos celestes cruzar justo sobre sus cabezas, agradeciendo el poder compartir ese momento en privado. Era algo muy especial que perduraría en sus memorias por el resto de sus vidas.
Finalmente, Momo sintió cómo Eijirou entrelazaba sus dedos. Ambos voltearon a verse directo a los ojos, como si fuera la última vez que lo harían. La misma tensión de aquella noche se hizo presente. Sus pechos se aceleraron de manera descomunal y la distancia entre ambos se acortaba más y más. Justo cuando sus labios estaban a escasos centímetros de rozarse, de ellos escaparon unas palabras en susurros:
—Quédate conmigo.
Fue lo que se dijeron antes de unir sus labios en un beso que terminó de enlazar sus destinos. Con valor ella posó sus manos en los hombros de él, y él la acercó a sí mismo con una mano en su cadera, y con la otra, le acarició los cabellos de la nuca. Se separaron un instante para tomar aire, mantuvieron sus frentes unidas en todo momento como muestra de que jamás se separarían.
A partir de entonces la vida de ella cambió, Eijirou había llegado a corregir su mundo radicalmente. Ahora, ella vivía a su lado con un espíritu enamorado, y lo amaba con un corazón libre.
Y cuando finalmente, el príncipe Todoroki se decidió a ir a buscarla, ya era demasiado tarde. La princesa se había enamorado del dragón.
Pero seguramete tú, querido lector, me preguntarás el cómo es que sé ésto. Bueno, mi nombre es Akane Kirishima, y ésta fue la historia, de cómo mis padres se enamoraron.
¡FIN!
