Nota autor: Regresando con el segundo capítulo, fue más largo porque tuve que anexar partes para que se entienda que se mezclara pasado y futuro no nivel X-men.
The servent of evil
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–A él lo tratan totalmente diferente… -dijo un chico de sudadera azul cubierto de vendas mientras se sostenía de un bastón del hospital observando como sus hermanos caminaban hacia el horizonte rodeando con sonrisas y mimos a su hermano menor de purpura- totalmente… -sus llanto de dolor físico era opaco por un llanto cálido mientras en su mente se reproducía una escena parecida solo con espadas y antorchas, con el de morado siendo jaloneado y forcejeando con ellos- ¿verdad mi rey? … -despidió a la escena con una sonrisa que mezclaba tristeza y al mismo tiempo felicidad por el recuerdo.
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Escena I
Hace tiempo en un reino que ya no existe. Un lugar abandonado por Dios pero no por el demonio. Un niño de 11 años con traje desgatado de tonos azules, cruzaba corriendo por los pasillos del castillo llamando a gritos al otro pequeño de su misma complexión, al cual halló en la habitación del rey.
El otro pequeño de traje purpura se hallaba llorando en un armario. Tenía sus rodillas pegadas a su pecho mientras que sus manos se sujetaban a sus piernas. Su rostro estaba oculto debido que tenía pegada su frente a las rodillas.
–¡He regresado! -Abrió las puertas de par en par- ¡Ichimatsu! -Lo abrazó consolando cada una de sus lágrimas-
El mayor solo dejo sollozaba entre sus brazos.
– "Un estúpido e inútil rey mostrando debilidad ante un plebeyo" -pensaba las palabras de su padre sí entraba en ese momento observando la escena pero eso a él no le importaba.
–Te prometo, que nadie te hará daño -se inclinó ante él tomando su mano para besarla-. A partir de ahora, siempre te voy proteger, cumpliré cada una de tus órdenes sin juzgarte, no dejaré que vuelvas a derramar ninguna lágrima más. Haré que sonrías siempre. Sí es necesario daré mi vida por ti… -alzó su vista para que sus ojos azules se encontrarán al contrario- por ti… -hizo una leve pausa- mi querido hermano.
Se sorprendió por aquellas acciones y palabras.
Su llanto se calmó.
Respiró profundo observando al menor del mismo rostro.
–Esta es tu primer orden: nunca dejes que nadie más interfiera entre nosotros, no permitas que nadie más nos separé -con una tierna sonrisa en su rostro se lanzó nuevamente a los brazos del joven-. Prométemelo, Karamatsu.
–Te lo prometo, mi querido rey…
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Escena II
Era una mañana fresca de Mayo cuando las campanas de la iglesia del reino anunciaban la llegada del heredo al trono.
Nadie se esperó lo ocurrido de aquel día.
No era únicamente un pequeño cubierto en una manta morada. A su lado, estaba otro en una manta azul. Ambos dormían placidos agarrados de la mano.
Existía una leyenda sobre nacimiento de gemelos en el reino: "la desgracia siempre los persigue".
El rey en ese momento pensó que era supersticiones absurdas, hasta que ese mismo día en su habitación rodeada de lujos; yacía en la cama una madre de cabellos azules como sus ojos. Era la más hermosa del lugar. Quien, con una tierna sonrisa abrazaba a los recién nacidos, antes de soltar lágrimas al ser separada de ellos.
No era una persona quien los alejaba de ella, era la muerte que la esperaba para partir tras perder tanta sangre en complicado parto.
–Mis queridos niños, muchas cosas les esperan desde este momento, lamentablemente no podré estar a su lado… -con llanto reflejado en el rostro y lágrimas cayendo sobre sus mejillas, acercó su rostro al de ellos- pero recuerden que se tienen uno al otro y nadie podrá cortar ese lazo.
Horas después las campanas sonaron para anunciar la muerte de la amada reina.
Los gemelos fueron nombrados Ichimatsu, por ser el primero; y el otro, Karamatsu. Ambos fueron criados juntos como hermanos de mismas condiciones hasta que cumplieron los cinco años. Karamatsu fue denigrado por su propio padre a ser el paje de su hermano, o mejor dicho, ser su niño de azote.
Ahora él vivía en una casa en la playa, con sus nuevos padres y hermano. Era un matrimonio formado por un viejo pastor y la cocinera real. Su nuevo hermano, unos meses más grande, era un pequeño llamado chibita.
Ya no convivía con su hermano como antes.
Su hermano comenzó a sentir el abandono por parte de él.
Fue en ese momento que Ichimatsu conoció al príncipe del otro lado del mar, Jyushimatsu. Se refugió en él.
Pronto el rey caía enfermo e Ichimatsu tomaría su lugar. En ese instante Karamatsu cruzó las puertas de su habitación prometiéndole felicidad eterna.
Él lo sabía.
Mientras tenga a su hermano menor a su lado, nada le faltará.
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Escena III
Habían pasado unos cuantos años desde que Ichimatsu tomó el poder del reino. El terror se sembró en todo el lugar incluso en el mismo castillo.
Su dulce hermano mayor, ahora era un tirano.
Karamatsu, ya no era un paje. Ahora era un ministro… pero seguía siendo un niño azote para el purpura.
Sí las cosas no salían a como su rey lo deseaba, terminaba siendo golpeado hasta saciar la ira de este. No le importaba derramar sangre y morir en ese momento con tal de verle sonreír de nuevo.
Nadie entendía como alguien que con heridas de gravedad podía levantarse y atender a quien le hirió con una sonrisa sincera.
–Muchos de los sirvientes no soportan más este trato -comento aquel hombre de baja estatura de brazos cruzados sentado en una banca esperando que la cena se termine. Él era el jefe de los cocineros- muchos han decidido huir a otros reinos.
–Lo entiendo… -el otro agachó la cabeza escuchando cada palabra- ¿Y tú por qué sigues aquí?
–¡Por ti, idiota! -le gritó levantándose de golpe- ¡Eres mi hermano aunque no seamos de sangre! ¡No te voy a dejar solo con ese desgraciado!
–¡No le llames así! -defendió
–¡Karamatsu, el Ichimatsu que tú conoces ya no existe! -recriminó.
–No, Chibita… él aún está ahí escondido en algún lugar del castillo… -suspiró moviendo la sopa- y yo lo voy a encontrar…
–Tsk… -chasqueo la lengua rascándose detrás de la cabeza- Me quedaré contigo hasta el final.
El otro al oír la respuesta soltó una leve sonrisa de tener a su hermano "no de sangre" apoyarle hasta el final. Realmente era su mejor amigo en este infierno.
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Karamatsu no podía creer lo que hizo, decapito a su amigo Choromatsu, uno de los ministros de la corte por órdenes de Ichimatsu porque aquel hombre daba ideas sobre la revolución al pueblo.
Ahora la nueva orden era: "deshazte de esa chica con la tonta flor azul de la cabeza, la muy idiota ha derramado té en mi manto real".
Su corazón no pudo soportar las lágrimas de Chibita cubriendo el cuerpo de la joven, su amor.
–Oe… la merienda está atrasada… -chasqueo la lengua golpeando su tenedor contra la mesa.
–Lo siento… -suspiró con bandeja plateado en mano- a partir de hoy, ya no hay más cocinero real.
–Je… te mande por uno y terminaste con dos ja… ja… -una risa le ganó. Se agarró la frente y el estómago para luego aporrear una de sus manos contra la mesa y señalar a su sirviente- Acabaste con el idiota de tu hermano jajaja Me hubiera gustado ver tu cara en ese instante.
–Me da gusto escuchar tu risa alegre… -comentó con una máscara que ocultaba su dolor
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Escena III
Karamatsu se encontraba en la orilla de la playa, con sus piernas siendo bañadas por las olas mientras la brisa marina le refrescaba el rostro y jugueteaba sus cabellos.
–Esto es aburrido… -bufó el rey de morado en la orilla- Venir hasta aquí solo para pedir un estúpido deseo… -se burló del menor.
–No es estúpido, sí el deseo se pide con el corazón -se llevó una pequeña botella de cristal al pecho. Cerró los ojos suspirando lentamente, al ritmo de las olas para ser uno. Sonrió para lanzar lejos aquella botella.
Ichimatsu solo arqueo la ceja por tan dramática acción. Estaba harto de venir a la playa, arena en sus ropajes reales, sol caliente, asqueroso olor a pescado, las olas al verlas fijamente lo mareaban, realmente odiaba venir al lugar y más para ver la misma acción desde pequeños.
Pudo haber dejado que Karamatsu viniera solo pero siempre su curiosidad se iba hacia aquel objeto que se perdía en el mar.
Levantó su vista al vislumbrar una navegación. Reconocía esas banderas amarillas ondeantes donde fuera que vaya. El príncipe del otro lado del mar estaba por arribar al muelle.
–¡Jyushimatsu! -Exclamó con alegría casi se mete al mar a nadar hasta el barco pero se detuvo en la orilla al recordar el peso extra en sus ropajes- ¡Mierdamatsu! ¡No olvides tu lugar! -su rey lo empujo al mar de un golpe.
El menor se quedó sentado con el agua cubriendo parte de su cuerpo puesto que estaba en la orilla. Ichimatsu se giró hacia su caballo para llegar a su castillo para hacerse un cambio de ropa. Además de un buen baño. No quería que Jyushi sienta asco por el olor a pescado.
Habían llegado a su hogar, el baño se terminó. Ahora vestía un pantalón y camisa lilas, unos botines negros como el saco que usaba pero este tenía decoraciones doradas con joyas purpuras. La capa roja con aterciopelado blanco y el broche con lo cual lo cerraba debajo de su cuello era una pequeña piedra azul. Única en todos los reinos. Ya que algo azul era difícil de conseguir.
Por eso sabían que Karamatsu, no era cualquier chico de azote o ministro. Ya que sus ropajes estaban teñidos de ese color y era el único que podía encontrar flores azules, las cuales estaban en el centro de mesa de Ichimatsu a la hora de la merienda.
Uno de los sirvientes del hogar llamó a la puerta del dormitorio de su rey para avisar la llegada del rey del otro lado del mar.
–¡Nuestro señor, ahora va a su encuentro! -Exclamó Karamatsu mientras yacía en el piso con su mano debajo del tacón del botín de Ichimatsu-
–¡Eres un maldito sirviente! ¡Oculta tu rostro de Jyushimatsu, -el joven de azul había terminado de arreglar su hermano cuando este lo volvió a empujar contra el piso. A patearlo e insultarle, sin entender el porqué de su enojo- no quiero que sospeche que soy hermano de un vulgar y asqueroso campesino! -Ahora lo entendía.
–Sí… mi rey… -sonrió bajo el rostro enfurecido de Ichimatsu- Nadie, sabrá que somos hermanos… -aquellas palabras eran más dolorosas que aquel maltrato físico- mi querido rey.
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Cuando Jyushimatsu iba de visita, no lo hacía por un día. Lo hacía hasta por semanas. Tiempo en los que Ichimatsu siempre estaba de buen humor, alegre y sonrojado para quien lo viera creería que es otro rey; para el amarillo que aquello que había escuchado, eran mentiras mal intecionadas… y para Karamatsu… era volver a ver a su hermano.
Lamentablemente eso solo ocurría con esa visitaba a su lado. Cuando Jyushi se iba a dormir o aventurarse solo por el reino (mayormente escapaba del castillo para eso), su anfitrión entraba a los aposentos del su sirviente para golpearlo por los errores que cometió.
Por no calmar al Justiciero Carmesí que estaba alzando a la gente en su contra y estando su amado rey amarillo cerca, no le convenía aquello.
A veces solo lo golpeaba porque Jyushi le rechazó alguna invitación. Otras solo porque hizo una conversación con él.
El azul se despedía del purpura con una sonrisa, solo se levantaba cuando el otro abandonaba su habitación, y lo hacía sosteniéndose de algún objeto al que llegaba arrastrándose. Siempre con una sonrisa agradeciendo que vivía un día más para ser el saco de boxeo de su rey. Aunque pronto las lágrimas y el gimoteo lastimoso acompañaban aquellas sonrisas.
Realmente cierto odio y envidia le nacía en su interior por aquel chico sonriente. Envidiaba la cercanía que tenía con su hermano, como su presencia le causaba una alegría a su corazón con solo estar a su lado.
Se juró que solo él, sería el único que alegraría aquel oscuro corazón de Ichimatsu.
Sin embargo cuando convivía con Jyushimatsu, sentía culpa por aquellos sentimientos que tenía con su huésped. Prefirió ignorar aquello, guardar esos sentimientos como los hacía con los pensamientos de huir del castillo como lo aconsejo Chibita y Choromatsu.
– "Vete lejos de Ichimatsu antes que sea tarde para ti" -La imagen de Choromatsu se presentó ante él pronunciando aquellas palabras antes que su cabeza cayera al piso para desvanecerse.
¿Un fantasma?
¿Su subconsciente tomó su forma para aconsejarle?
Karamatsu, no lo sabía.
Lo único que supo era que su rey estaba triste porque Jyushimatsu partió solo al reino vecino para hacer negocios. También que un flan en forma de gato animaría a su amado hermano.
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Escena IV
Había pasado un mes desde la partida del rey del otro lado del mar cuando Ichimatsu entró enfadado a su habitación. Pateo la puerta arrebatado por la ira. Ordeno ensillar su corcel y que le acompañe al Reino Rosa a confirmar algo.
–Ten -le entregó parte de su ropaje- No dejemos que se enteren que saldrás del reino, hay que prevenirnos.
Karamatsu había escuchado que el Justiciero Carmesí se hallaba en los límites que unían a ambos reinos, reuniendo gente por lo que sería peligroso que atrapen a Ichimatsu. Aún eran pocos para vencer pero no quería arriesgarse.
Al poco tiempo, se hallaban caminando en las calles a pedradas del reino rosa. Era un sitio de mercaderes. Todo era negocio en ese lugar, todo era excéntrico, llamativo y elegante. Niños jugando con risas, mujeres admirando lo último en moda extranjera exportada del reino amarillo, hombres discutiendo en quien tenía mejores objetos de calidad o haciendo un intercambio de mercancía.
Era un país concurrido.
Un país activo.
Un reino donde se respiraba vida.
Era hermoso.
Karamatsu estaba maravillado con eso.
Ichimatsu lo odiaba.
Sus reinos eran contrarios.
Ambos caminaban juntos, uno se dedicaba a comprar y el otro a buscar. Llegaron a un puesto de manzanas, ahí Karamatsu encontró las manzanas más jugosas mientras que Ichimatsu halló a Jyushimatsu tomado del brazo por un chico de rosa.
Karamatsu que estaba con su sonrisa brillante por el tiempo que pasaba con su amado Ichimatsu, le ofreció una manzana para que comiera. Su expresión alegre cambio a una de sorpresa y preocupación al ver el odio en los ojos del contrario. Siguió su vista hasta la escena del amarillo y el rosa que no se han dado cuenta de la presencia de ambos.
El sirviente suspiro colocándose su máscara para caminar hacia el otro rey presentándose pero antes de saludar al otro chico fingió caerse tirando todo.
Los tres se agacharon para recoger las compras del sirviente cuando Ichimatsu paso corriendo jalando del brazo a Jushymatsu dejado a su acompañante sorprendido.
–¿Pero qué? -se preguntó el rosa sorprendido.
–Gracias -respondió Karamatsu con una sonrisa mientras se levantaba del piso con las compras en su lugar. Solo faltaba la manzana que el otro tenía.
–Oh… de nada -le entregó su manzana con una tierna sonrisa- Soy Todomatsu, ¿y tú?
–Karamatsu -contesto sintiendo los suaves dedos del menor al rozar con los suyos.
–¿Quieres ir por una bebida? -Le tomó de la mano jalando al sirviente con una risa divertida- Hace mucho calor, esperemos en un lugar agradable.
–Pero mi rey se enojará si me muevo -agachó la cabeza con vergüenza.
–Oh… vamos -Todomatsu le agarro de las mejillas para jugar con ellas- tenías una sonrisa linda, no hagas una expresión triste ahora -infló sus mejillas haciendo pucheros- además soy el príncipe de aquí, sí me haces desaire insultadas al reino y habrá guerra –ahora su puchero se veía como una sonrisa maligna.
–¡Eh! ¡No, no quiero guerra! -exclamó preocupado agitando sus manos al aire soltando nuevamente la compra.
–Ja Ja eres muy gracioso ja ja -nuevamente la expresión de Todomatsu cambió- Solo bromeaba.
–¿Eh? -Realmente le tomó por sorpresa-
–¿Vamos a beber algo o no? -El rosa llevó sus manos a sus caderas inclinándose hacia él. Karamatsu solo afirmo con la cabeza- ¡Bien! –Aplaudió emocionado- sígueme –se giró llevando sus manos detrás de su espalda caminando por delante del enmascarado- por cierto, puedes llamarme Totty –ladeo su cuerpo para verle.
–De acuerdo… -No estaba seguro de hablarle tan familiarmente pero su corazón brinconteaba de alegría por ello- Totty.
Las horas pasaban pero ninguno sintió eso en la compañía del otro. Totty le mostraba a su acompañante los lugares asombros del reino.
–¿Por qué no te quitas la máscara? -preguntó curioso llevando sus manos detrás de la espalda para girarse al verlo con una sonrisa traviesa.
–No puedo, son ordenes de mi rey -respondió moviendo su cabeza para evitar las manos del joven que quería arrancarle su disfraz.
–¡Mh! -infló los cachetes arrugando el entrecejo con sus manos en su caderas- te recuerdo que estás en mi reino -le apunto con su dedo índice- ¡Te ordeno que te quites esa asquerosa mascara que brillante ante mí!
Karamatsu suspiró obedeciendo la orden del anfitrión.
Totty abrió los ojos al maravillar el rostro de su acompañante. Era idéntico al rey que huyo con su amante.
–¡Debes ser su doble! -comentó emocionado agitando sus brazos frente a su pecho- por eso la máscara, nadie debe saber de ti.
–Algo así… -llevó su mano detrás de su cuello para sobarlo-
Ya sin la máscara y sin que nadie más sepa que la presencia del reino purpura estaba ahí, siguieron con sus conversaciones conociéndose más. Encontrando puntos en común.
El chico rosa le contó que el famoso reino rosa, realmente es un pueblo. Que Atsushi es un mercader que hizo crecer al pueblo, que totty era su sirviente pero el mayor lo compró a sus padres, ahora tenía que estar con él quiera o no.
Le habló de cuando conoció al príncipe del otro lado del mar, quien le mostró un mundo diferente de amabilidad sin mirarle por el hombro. Justo como el sirviente de azul se sentía al estar al lado del rosa.
Esas conversaciones se volvieron risas y sonrojos hasta que Ichimatsu apareció con odio en la mirada. Tomó a Karamatsu del brazo arrastrándolo fuera del lugar.
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Escena V
No supo cómo y porque se encontraba a escondidas con Todomatsu en los límites de ambos reinos. En aquel bosque que todo lo oculta. Tal vez fue porque el rosado combina con el azul mejor que con el amarillo. Ya que Totty tenía que seguir con Jyushimatsu por su estatus social aunque su corazón era para Karamatsu, o eso le hacía creer al joven sirviente que iba a su llamado.
Eran felices juntos. Reían de cualquier cosa.
Se juraron amor con el de azul arrodillado ante él, sosteniendo su mano que besaba. Pronto un tierno beso de labios correspondía ese sentimiento.
Pero por esos encuentros, siempre servía tarde la merienda a su rey de purpura que no se daba cuenta de la hora.
–Hey sirviente de mierda -el hombre delgado con la dentadura por fuera- tu rey tiene hambre siente que su hora de comer fue hace mucho –se agarró del bigote-.
El ministro odiaba a Iyami debido a que su avaricia contagio a su hermano, además que sus acciones dicen que son a causa de su rey. Por eso, el pueblo lo odia.
Decidió ignorarlo para servirle sus bocadillos favoritos a su adorado rey.
Quien le recibió con una tierna y brillante sonrisa. Misma que le hizo emocionarse hasta el alma con el latir de su corazón acelerado porque él lo ha llamado por su nombre, previamente con las palabras: "mi querido".
Karamatsu era feliz.
Era su querido Karamatsu como su rey era su querido Ichimatsu.
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Aunque la felicidad no duro mucho tiempo ya que pronto encontró a su amado rey llorando. Una carta fue la causante de ello. Sintió rabia por aquella escena.
Ichimatsu se veía tan alegre escribiendo una carta a Jyushimatsu, le hizo llevarla hasta él y esperar respuesta. Ahí miro a Totty de su brazo bajando la mirada ante los ojos azules que aún estaban cubiertos por la máscara. Tomó aquel mensaje alejándose un poco de ambos amantes.
No sabía que contenía aquel papel pero la expresión alegre del príncipe del otro lado del mar había cambiado a una seria al regresar ante ellos. Vio por el rabillo de su ojo al príncipe rosa y luego al sirviente azul. Le entrego la respuesta sin mirarle a los ojos.
Ahora su rey purpura tenía arrugado el papel entre sus manos con llanto, cuando momentos antes mostraba entusiasmo por recibir la respuesta. Karamatsu corrió a su lado para abrazarlo al verlo caer de rodillas con una mano cubriendo sus sollozos mientras la otra aún seguía arrugando el papel.
Fue apartado cuando Ichimatsu se levantó del suelo en una postura recta caminando hacia su chimenea para luego quemarla. El fuego reflejado en los ojos de su hermano los hacía ver vacíos. Notó como arrojo esa carta al fuego dejando que se consumiera pero en el fondo, Karamatsu sabía que algo más estaba por consumirse por esas llamas.
–Kusomatsu, -la voz seca de su hermano lo llamó- destruye el asqueroso y maldito país rosa -ordeno con una sonrisa perversa que mostraba sus colmillos sedientos de sangre alumbrados por las llamas.
–Pero… Ichimatsu… -intento persuadir a su hermano de unas llamas nunca se podrán controlar.
–Recuerda que soy tu rey y prometiste no dudar de mis órdenes -se giró quedando frente al menor- muéstrame tu lealtad -Con su dedo índice señalo el piso apuntando el piso en el que estaban- asesinando al rosa.
Karamatsu no supo que decir o cómo reaccionar.
Su corazón palpitaba tenía miedo que explote.
Amaba a Todomatsu pero no más que a Ichimatsu.
Le juro lealtad a él y su amor a Todomatsu… pero fue la misma promesa que le juro a su hermano.
El menor se inclinó de rodillas ante su rey, besando la palma de su mano con un "sí, mi señor".
Fue a su habitación a alistarse con la armadura plateada que le habían otorgado por su rey para protegerlo. Llamó a algunos soldados para la misión diciendo que todo debe pasar antes que el reloj deje de sonar.
Monto su corcel para ir al bosque donde se encontraba con Totty, al cual lo cito ahí de emergencia.
Mientras lo esperaba en la oscuridad, el sonido de los gritos y llantos le llegaban hasta ahí. Comenzaba a temblar por ello. Hasta que una gentil mano se posó en su hombro con una tierna sonrisa.
Cerró los ojos y suspiro para luego abrirlos encontrando una mancha roja sobre el traje rosa de su invitado. Su espada lo había travesado. El menor, lo miraba con miedo y decepción mezclados en su rostro. Su espada siguió atravesando su cuerpo mientras las lágrimas enjuagaban la sangre que caía sobre sus ojos.
Todo había terminado.
Nuevamente estaba en el castillo presentándose ante su rey que miraba el humo en el cielo al sonar de las campanas.
Su rostro estaba tan alegre…
Supo en ese instante que hizo bien.
Una orden de preparar la cena se dio pero su rey palideció al verlo.
–Lo siento… -murmuro mordiéndose el labio confundiendo la sangre de este con la ajena que aún tenía en su rostro- ahora lo preparare…
–Karamatsu… estas… -Ichimatsu trato de dar un paso hacia él pero el sirviente retrocedió-
–¿Sucio? -Sonrió- ¿Te espante? -Negó con la cabeza- quiero decir, ¿te asqueo? -Se encogió de hombros- me bañaré primero antes de hacer su cena. Te tengo flan de postre. Me disculpo… una vez más –su sonrisa se apagó agachando la mirada abandonando la habitación en la que estaba para luego llorar en la propia.
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Escena VI
Las noticias del periódico, voces que corren en las calles hablaban del sirviente Todomatsu Irino muerto. Del reino amarillo del príncipe Jyushimatsu Ono, se ha declarado en luto y en guerra por la pérdida de su prometido. Del justiciero rojo forjando alianzas con el amarillo para ir por el reino purpura del Rey Ichimatsu Matsuno.
La revolución se ha dado.
El mismo rey purpura la ha declarado.
El sirviente azul en su armadura plateada no puede controlar por mucho tiempo el enfado de más de un reino.
Su única preocupación del sirviente era mantener a su rey al margen de todo, manteniendo una sonrisa siempre para él.
Su espada cedió.
Se rompió ante la justicia que pedían.
Querían a su rey.
Karamatsu lo sabía.
Ichimatsu era inocente.
Él no podía entregarlo.
Karamatsu era el único culpable de todo.
Ichimatsu solo era víctima de las circunstancias.
Regreso al castillo para protegerlo.
Encontró a su rey en la misma habitación donde lo halló escondido de pequeño, pero ahora, estaba frente a un gran ventanal observando como el pueblo comandado por el rojo y el amarillo trataban de derribar las murallas de su fortaleza.
–Karamastu… -murmuró sin quitar su vista de la ventana- detenlos…
–Son las llamas que no se controlaron desde ese día -respondió de forma tranquila- Ichimatsu… No puedo apagarlas.
Se hizo un silencio entre ambos hermanos. El mayor apretó entre sus manos las cortinas mordiendo sus labios.
Todo se había acabado.
Era hora de pagar.
Lentamente se giró hacia su fiel sirviente que aún permanecía a su lado. El único que se quedó hasta el final.
Ya que vio por el ventanal a los sirvientes huir. Entre ellos, a Iyami con parte de sus tesoros.
–Prometí que no dejaría que nada ni nadie te hicieran daño -Se sorprendió de lo que vio en Karamatsu-
–¿Por… por qué…? -Las palabras no salían de su boca para formular la pregunta.
–¿Por qué estoy usando tus prendas? -Karamatsu ya no usaba su brillante armadura de plata.
En su lugar llevaba puesto unos pantalones blancos con botas negras que llegaban a la rodilla, un chaleco azul con botones dorados.
–¿Qué? -Ichimatsu tuvo un mal presentimiento que le apretó su corazón.
–Ten -le entregó una bandeja plateada cubierta, al destapar estaban sus vestimentas con una capa café para que lo cubra- cámbiate pronto. Los muros podrán ceder antes que escapes. Todo va estar bien ahora –le entrego una dulce sonrisa- somos gemelos, nadie se va a dar cuenta.
Ichimatsu comenzó a lagrimar cuando Karamatsu lo abrazo con todas sus fuerzas sintiendo caer sus lágrimas en su cuello.
–Te amo Ichimatsu, por ti haré lo que sea para que consigas una vida feliz -beso su frente.
Ichimatsu lo aparto riéndose sin control.
–¡Por fin haces algo! -Gritó emocionado- ¡Es obvio que para estas cosas te tengo! ¿Por qué crees que nunca deje que vieran tu rostro? Sí lo hacía, nos matarían a ambos. –chasqueo la lengua- Eres un estúpido. –Karamatsu se vio sorprendido ante aquellas palabras- ¿Me amas? ¿Esperas que haga lo mismo? ¡Por favor, quien va a amar a un mal nacido! ¡Realmente eres un estúpido sirviente! –le señalo- Un sucio sirviente, que durmió con cerdos y demás animales en su infancia. –Le dio una bofetada para que su mejilla le duela igual o peor que su corazón-
Karamatsu no dijo nada solo lo agarró del cuello mirando al piso.
–¿Ahora te vas a rebelar como esos perros? -Su rostro se desfiguraba con una risa maniática-
El nuevo rey no dijo nada solo abrió el closet y lo empujo adentro haciendo que se golpee la cabeza dejándolo inconsciente. Le metió su ropa para cubrirlo de los invasores. Lo dejo entreabierto para que pueda salir por su cuenta.
Josephine apareció a su lado, se inclinó a tomarlo entre sus brazos con una tierna sonrisa mirando el closet. El sonido del portón cayendo resonó en todo el castillo.
El grito de Iyami se escuchó como un lamento fantasmal.
Cerró los ojos para respirar profundo esperando que sus lágrimas se calmen.
–Es hora Josephine -le dijo al gato que maulló con dolor de respuesta-. Cuídalo.
Solo basto un par de horas cuando los rebeldes llegaron al rey morado que disfrutaba de su broche con Josephine dormido plácidamente sobre sus piernas en el balcón donde se hallaba sentado disfrutando de la tarde.
–Vamos, arrodíllense ante mi presencia -dijo al verlos con indiferencia-
Osomatsu, el justiciero dudo con su espada ante la presencia de una mirada del cielo.
–Pero sí tú no eres un rey -mencionó el de armadura roja.
–¿No soy? -Colocó su mano sobre su pecho- ¿A caso no puedes ver mi corona? –Señalo aquella que tenía en la cabeza levantándose bruscamente haciendo que su mascota hulla- ¿Crees que soy un sucio campesino como ustedes?
Osomatsu trató de hablar con él pero Jyushimatsu lo sujeto con otras personas para dominarlo. Se sorprendieron de la fuerza que tenía, sin embargo fue sometido.
Una voz hizo que dejará de pelear para que lo capturen y lo lleven lejos del castillo, no sin antes mirar el armario donde su gato se guardó maullando de dolor.
Karamatsu le dio una triste sonrisa por últimamente murmurando: "te amo, siempre te cuidaré".
El ruido de las personas hizo que ignoren esa frase pero no para quien se escondía con temor en el closet con su mascota consolándolo.
En su celda mirando la luz de la luna llena recibió una visita especial. Ignoró sus palabras solo esperaba su hora de su ejecución para pagar por los pecados.
La hora de la ejecución al fin llego.
Los gritos de los aldeanos con odio acumulado eran liberados junto con piedras que le tiraban mientras el fuego tomaba fuerza con su rencor.
Las llamas crecían y el humo no lo dejaba ver mucho, por más que intento no encontró rostro familiar.
El mundo se les fue encima por culpa de otros.
Aunque sentía que era el culpable por dejar a un lado la felicidad de Ichimatsu por la propia, al enamorarse de Totty. A no ayudar que Jyushimatsu lo ame a él.
Sí hubiera hecho lo contrario, ahora estaría junto a su hermano disfrutando de la merienda.
Era irónico.
Lo único que quería ver de último era la sonrisa de su adorado hermano Ichimatsu. Diciéndole que lo quería.
Al menos cumplió, dio su vida por él.
Con una sonrisa en sus labios derramando lágrimas conforme las llamas quemaban su piel Jyushimastu solo dijo que eran a causa de las llamas porque ahora sí creía que Ichimatsu no tenía corazón.
Karamatsu miró al cielo prometiendo a algún dios, que puede soportar cualquier castigo pero a cambio solo quería seguir cuidando a Ichimatsu en cualquier vida. Hacerle feliz aun cuando no estuviera cerca porque a pesar de todo lo amaba.
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Escena VII
El fuego le destrozaba la piel, la misma escena se repetía nuevamente.
Pero ahora podía ver los rostros de sus hermanos arrojándole cosas para empeorar la situación.
Estaba dentro de un Deja vú.
Recordó como el hijo que le deseaba la muerte, el que le arrojo la cosa más pesada, su querido y hermoso Ichimatsu; realmente fue un rey.
No importa el daño que le hiciera siempre estaría ahí para su pequeño, ahora hermano menor.
Volvieron a nacer nuevamente como hermanos.
Una nueva oportunidad había nacido.
