Nota: Sí, al fin actualizo otro fic.

Y aquí les traigo un capítulo corto narrado por Karamatsu.


Han pasado veititantos años para renacer… bueno exactamente… tal vez siglos para que se nos den una segunda oportunidad. Todos estamos aquí, con el mismo rostro. Es curioso, porque no éramos hermanos y mi único gemelo, mayor en vida pasada ahora era menor que yo.

Tal vez esto es una clase de señal para no repetir errores, los mismos errores del pasado.

¿O es parte de un castigo divino?

Me miré a través de un espejo de mano azul que tenía.

No recuerdo mucho como era mi rostro original. Bueno, sí tenía las cejas pobladas pero no recuerdo el aspecto de mi nariz. Estoy seguro que tan poco es el mismo rostro que tenía alguno de aquí.

Mis trajes antes eran llamativos como ahora.

Todos usaban esas ropas pero veo que en estos tiempos se dicen "dolorosas y ridículas".

Mis palabras llenas de poesía que antes enamoraban y encantaban al público al oírme, ahora parece ahuyentarles.

Sin dejar mi espejo me puse a observar a cada uno de los presentes. Ahora que descubrí que somos reencarnaciones.

El primer hijo, Osomatsu… ¿Cuándo y cómo murió? Recuerdo esa sonrisa traviesa, sus caprichos que molestaban a su esposo Choromatsu. Fue parte de la corte real, fue uno de los sequitos que solo te apoyaban cuando se le antoja y fue él quien inició la revolución tras ver muerto a su marido por el rey.

Actualmente, Osomatsu a pesar del pasado sigue confiando en mí, incluso me da parte de su carga como hermanos mayores. Tal vez al ser líder de la revolución, nació primero para ser nuestro líder y evitar que la historia se repita.

¿Puede que yo naciera de segundo para proteger a Ichimatsu de él?

Osomatsu siempre dice que le causo dolor en las costillas. Creo que le duele saber que ya no tendrá la misma relación con su ex esposo por mi culpa.

Y hablando de él, quien está sentado a su lado leyendo un libro de autoayuda para conseguir trabajo. El primero en morir bajo el filo de mi espada bajo las órdenes de mi amado hermano. Choromatsu, ministro principal de la corte, que solo se le acercó para aconsejarle que ya no debería pedir impuestos o su reino se caerá… mi rey solo aplicó un castigo para que siga de ejemplo a quienes osen desafiarle.

Mi relación con Choromatsu no es muy una buena como en el pasado. Tal vez es la culpa que mi corazón ya sentía antes de recordar todo. Él era mi amigo, me aconsejo que abandoné a mi rey antes que lo lamente. Antes que pareciera por las acciones de éste.

Creo que lo tengo decepcionado y rencoroso por acabar con su vida.

Siempre me menciona como no tiene esperanzas en mí para buscar un trabajo… creo que ahí es cuando refleja lo triste que le pongo.

Ahora miro por el rabillo de mi ojo hacia la derecha encontrando a los dos menores jugando de forma tranquila una clase de "¿adivina quién?" con fotografías de nuestros conocidos. Se puede sentir un aura amorosa y alegre entre ambos.

–¿Soy un nini pajero? -preguntó el de la gran sonrisa agitando sus manos

–¿A quién le llamas pajero? -Se quejó el de sudadera verde-

–¡No! -el menor de sudadera rosa parpadeo mostrando sus ojos de cordero. Poso su dedo índice ladeando su cabeza hacia el hermano que se quejó- ¿De qué hablas Choromatsu-niisan? Solo estamos jugando.

–Ja ja Solo es un juego pajastovski -mencionó Osomatsu pasando su brazo alrededor de los hombros del nombrado con su sonrisa, así como su dedo índice se deslizaba entre su nariz y boca- Tranquilo.

–¿A quién llamas pajastovski? -le pegó con su libro en respuesta.

–Tranquilo niisan -respondió Todomatsu-. Además aquí hay seis pajeros ninis. Sí me hubiera referido a ti, hubiera dicho: "Es un nini pajero con el ego alto" o "es un nini pajero de idols".

Choromatsu comenzó a quejarse mientras el resto se reía de él.

Es curioso, los cuatro mayores siempre nos andamos peleando entre nosotros. El primero con el tercero, el segundo con el cuarto… auch… eso último hizo que mi corazón sintiera una punzada fuerte.

Bueno regresando a ese par, no es de extrañar ese ambiente.

Ellos fueron pareja en otra vida. Jyushimatsu nunca lo había visto tan feliz y hasta ahora pude ver la sonrisa sincera que Todomatsu le entrega.

Totty… ah Todomatsu.

El caprichoso del reino rosa.

Quiera o no admitirlo, realmente el mercader Atsushi lo volvió consentido.

Para prueba de todo, estaba su relación con su padre adoptivo Atsushi. No era un sirviente más a cambio de ello. Luego se comprometió con el príncipe del reino amarillo, al principio porque su padre vio una alianza adinerada para su comarca.

Pero ahora me doy cuenta que realmente se llegó a enamorar de él.

¿Y yo?

Yo solo fui un juego, una distracción.

Un capricho que tenía porque podía darse el lujo de obtener siempre lo que quiere.

¿Puede ser que me vio como un escape a sus obligaciones?

¿Un amigo?

Un amigo que quería sentirse amado…

del cual aprovecho.

No lo odio.

Él debería odiarme.

Ya que a lo asesine bajo la orden de: "destruye el asqueroso y maldito país rosa...".

Aún recuerdo su rostro sorprendido, luego aterrorizado bajo el llanto. Tal vez pensó que conmigo estaría seguro pero fue lo contrario.

Ahora que somos hermanos pasa tiempo conmigo.

Dice cosas hirientes sin pensarlo para todos. Oculta que tiene cinco hermanos mayores con el mismo rostro que él pero disfruta de nuestra compañía. No le gusta mi forma de vestir, la crítica… pero tan poco niega salir conmigo vestido de esa forma. Incluso vamos a pescar juntos.

Aún mantiene relación con el mercader… o mejor dicho con la fortuna de Atsushi.

Sobre el quinto hijo, Jyushimatsu. Siempre tan energético e imparable como su ejército que tiro el castillo donde vivía. Es de temer cuando situaciones serias y peligrosas ocurren, aunque no lo parezca.

No hay ser en esta casa que no lo quiera.

Es el rayo de sol en nuestras vidas.

Perdona a todos…

incluyéndome.

También hace o dice cosas hirientes a mi persona pero luego muestra arrepentimiento.

Y eso hace que lo perdone.

Aunque lo que hace no es nada comparado a lo que le hice. Me volví amante de su prometido y se lo asesine. A veces creo que no debería pedirme perdón por mi pecado.

Y hablando de quien fuera mí amante, el menor de los sixtillizos en ropas rosas, Todomatsu. Juega con Jyushimatsu sin quitar la vista de su teléfono.

No, no somos amantes.

Solo hermanos.

Eso me lleva al cuarto hijo, mi único hermano desde el pasado.

Mi amado rey, Ichimatsu.

Él está en un rincón apartado de todos con un gato naranja al que llaman Nyanko pero antes era Josephine.

¿Tal vez no se siente digno de esta segunda oportunidad? Por eso mantiene su distancia.

¿A quién engaño?

Solo mantiene distancia conmigo.

Los otros cinco han demostrado su aceptación, no lo rechazan. Incluso me abandonaron para encontrar a su gato Nyanko.

A pesar que mató a Choromatsu en tiempos pasados, el mayor se sigue preocupando por él y su futuro. ¿Un deseo mantenido desde la vida anterior?

Osomatsu, siendo el mayor le aprueba las buenas ideas y lo mima por ello… es curioso, lo apoyo cuando Ichimatsu sacaba información a Todomatsu… y en el pasado, un acto similar fue motivo para que su revolución estalle.

Su relación con el menor… digamos que son las típicas peleas de hermanos. Ichimatsu y Todomatsu son lo contrario, al primero se le hace difícil conseguir amigos por lo contrario de "Totty", como lo llaman sus amigos. Ichimatsu sigue señalándolo como el chico sin corazón. Ellos solo conviven juntos cuando hay un tercero pero en realidad, nunca están juntos.

Puedo ver el rencor y el motivo que los obliga a convivir.

Y se llama Jyushimatsu.

Ichimatsu aún debe amarlo, por eso no se aparta de él.

Ichimatsu es egoísta cuando se trata del hermano que le sigue.

Lo quiere solo para él como el principio de la desgracia. Lo retiene a su lado dejando que haga lo que quiera con él. Siempre están juntos: sentados en la azotea o en algún mueble, caminan uno cerca del otro.

Ichimatsu siempre quiso eso.

Siempre deseo que el príncipe del otro lado de mar, estuviera a su lado.

Por eso mira con odio a Todomatsu.

Él lo aparta de su lado.

Se lo quita como el viento aleja las hojas de sus árboles.

Ah… puedo verlos.

Puedo ver como Ichimatsu en su esquina, mirada detrás de sus rodillas esas risas que dan los dos menores.

Lo sé…

Quiere estar ahí en vez de Todomatsu.

Quiere unirse y alejar al sexto.

Es capaz.

Lo sé…

Lo ha hecho.

A través de mí.

–¡Oe Kakamatsu! -¿En qué momento se puso de pie para tomarme del cuello de mi playera sin mangas?- ¿Te crees superior a mí?

Mi temor se puro reflejar en mi rostro. No comprendía lo que sucedía. Los demás dejaron sus mundos para vernos ahora a nosotros.

–What happen?… -mis nervios no dejaban que hable como quería.- ¿Qué… qué hi…hice? -por eso murmuré lo último.

–Me tienes harto, mirándome todo el puto día a través de tu espejo -oh… se dio cuenta- ¿A caso tengo algo? ¿Quieres señalarme que eres superior?

–¡Ichimatsu! -Llamó Osomatsu tratando de apartarlo de mí pero me ahoga cuando me jalaba de cuello en brazos de Osomatsu- ¡Basta lo lastimas!

–¡Ichimatsu detente! -Ahora escuchaba la voz de Choromatsu. Su libro salió volando. Se levantó torpemente, resbalándose con la revista que cayó del mismo libro. Vino corriendo a mí- ¡Deja a Karamatsu!

Sus voces se escuchan como ecos.

¿Qué sucede?

Veo a los menores como siluetas que se van borrando. Logró ver una mirada de miedo y preocupación en Todomatsu. Se sujeta al brazo de Jyushimatsu para ocultarse. Jyushimatsu borra su sonrisa viendo hacia la escena, pero vuelve a sonreír para Totty.

–¡Aah! ¡Niisan! ¡Karamatsu-niisan! -Todomatsu exclama mi nombre. ¿Qué está pasando?- ¡Ichimatsu-niisan basta! -¿Por qué le pide que se detenga?

Cierro mis ojos no puedo mantenerlos abiertos.

Escuchó campanas a lo lejos.

Esas campanas se sienten nostálgicas.

Notó que estoy en una habitación cerrada por completo. No hay ventanas por lo que siento que el aire me falta.

Me ahogo en completa oscuridad.

La presión es fuerte en mi pecho…

Sobre todo cuando veo a mi rey ordenando destruir a la inocente rosa que se teñía de rojo. Como las llamas que acaban con todo a su paso dejando cenizas que se lleva el viento para perderse entre gritos y lamentos.

Me abrazó cayendo de arrodillas al duro piso bajo mis pies. El sonido de cadenas atadas a mí, suenan con mi caída. Los colores resaltan en la oscuridad, rojas en mis muñecas y amarillas en mis tobillos.

Todo es mi culpa.

Soy el que debe pagar las consecuencias de sus actos.

Un murmullo hace eco en la habitación.

¿Cómo se coló?

¿Es un canto?

¿Un rezo?

¿Una súplica?

No…

Es un lamento.

Trato de buscar de donde proviene. En su lugar, encuentro una llave por encima de mi cabeza. Es una llave azul, se ve vieja y de metal. Gastada por tanto uso. Colgaba de un pequeño hilo morado, tan frágil que se podía romper en cualquier momento. Y junto a ellas una cerradura que brillaba cuando la llave se balanceaba cerca de ella.

Tengo miedo de tomarlas para liberarme.

Cierro mis manos en puño, sintiendo algo en ellas. Hay otras dos llaves, una verde que encaja en las cadenas rojas y una rosa que encaja en las cadenas amarillas. Una en cada mano.

¿Puedo escapar?

Preguntó mirando la puerta.

¿Mi castigo ha sido cumplido?

El lamento se sigue escuchando en murmullo pero solo una frase es exclamada con fervor y dolor.

"Lo siento mucho, Karamatsu. Perdoname".

¿Quién lo dice?

Mis lágrimas escapan dejando que vuelva a caer de rodillas al piso. Aporreó mis puños contra el mismo. Gritó con desesperación pero no tengo voz.

Quiero alcanzar a esa persona.

Esa persona que me llora para consolarlo.

Quiero decirle que no existe culpa alguna para él mientras pueda cargar con sus pecados.

Abro mis ojos de forma lenta cuando las campanas vuelven a resonar en forma de ecos.

Ecos reemplazados por el sonido de las olas de mar chocando con la arena. El canto de aves marinas y peces bailando al son de ese canto. Siento mis ropas humedecer mi piel. Me levanto.

Estoy en medio del agua, afortunadamente no estoy atado a una estaca. Desde mi posición veo una casa cerca del mar. También hay un par de gemelos jugando entre ellos de forma alegre junto a la playa.

Me miró en el reflejo del mar.

Soy yo.

Mi actual yo.

Aquellos niños se divierten por lo que alcanzo a oír de sus risas.

–Sí alguna vez vuelvo a nacer, quiero que juegues conmigo una vez más -murmuré mirando a ese par.

Uno se detuvo ante mis palabras caminando hacia la orilla cogiendo una pequeña botella de cristal. Siento que el pequeño que tomó la botella de cristal me mira con una sonrisa que derrama una lagrima a ambos. Camina un poco más a lo profundo, hasta donde sus rodillas son tocadas por el agua. Donde estoy.

Ahora el pequeño lloraba sin parar arrodillándose ante mí. Pidiendo disculpas a un Dios que creía que era yo.

–Te lo suplico si en este mundo puedo nacer de nuevo -ahora mis palabras salían de sus labios-

–Sería lindo que seamos gemelos -dije observando al otro niño que lo llamaba sin emitir voz- otra vez -sonreí.

Ahora frente de mí ya no estaba ese pequeño. Solo una monja arrodillada suplicando.

–Es verdad… -alzo su mirada sonriéndome con lágrimas. Quede sorprendido al ver a Ichimatsu en esos hábitos.

Ambos extendimos nuestras manos para tocarnos pero una luz me cegó como las campanas me dejaban sordo.

Pronto el sonido regresaba a mí junto a una mujer reír y a otro pequeño bulto en sus brazos.

–Karamatsu, deja de llorar -aquella mujer es mi madre ¿verdad?- Vaya que eres un niño gritón. Todo ha pasado ya –No era la reina. Era Matsuyo. Es raro, nuestros padres no volvieron a nacer.- Ichimatsu está a tu lado –me pegaba junto a ese bulto en el que pude ver una pequeña mano estirándose hacia mí-

–¿Esto es raro? -La voz de mi padre ahora resonaba en la habitación sentado con otro par de pequeños entre sus brazos. No sé quiénes eran.

–¿Qué es raro papá? -la mujer no nos dejaba sonreír sobre todo cuando saque mi pequeña mano de la manta con la que estaba cubierto.

–Karamatsu lloró hasta que Ichimatsu por fin salió de ti -mi mano trataba de alcanzar a la de Ichimatsu que hacía lo mismo.

–Simplemente, lo estaba llamando para que sepa que esta a su lado -nuestras manos se enlazaron al mismo tiempo que nuestra nueva madre nos abrazaba.- ¿Verdad, Karamatsu?

Con aquellas palabras mi mente se desvaneció despertando ante el llamado de mi hermano menor. El de sudadera rosa.

–¡Karamatsu-niisan! –Vuelvo a oír la preocupada voz de Todomatsu - Me alegro que estés bien –unas lágrimas derramaban de sus mejillas infladas- Me asustaste –me abrazó con su cuerpo tembloroso.

–¿Qué fue lo que me paso? -pregunté más por mis memorias ante mi estado.

Ya no estaba en la sala donde los seis descansamos de ser ninis. Tan poco estaba en esa rara clase de cárcel. Ni el mar estaba rodeándome. Solo era mi habitación, la que comparto con mis cinco hermanos.

–El idiota de nekomatsu -se cruzó de brazos molesto respondiendome-. ¡Intento asesinarte! –me abrazó con llantos saliendo de sus ojos.

–¿Qué? -No podía creer lo que me decía.

–¿No recuerdas que te tomó del cuello para ahogarte? -Eso explicaba porque me faltaba el aire.- Sí no fuera porque Jyushimatsu-niisan lo hubiera sujetado con ayuda de Osomatsu y Choromatsu. ¿Quién sabe qué hubiera pasado? Hable al médico, solo tenías que descansar y tuvimos suerte de salvarte.

–¿Dónde está ahora? -pregunté no sé si con temor o con preocupación en mi voz.

–Tranquilo, Jyushimatsu-niisan se lo llevo -me tomó de la mano para que me calme.

Ahora recuerdo… Ichimatsu siempre me golpeaba para desquitarse conmigo. Y jyushimatsu, es su paz. Eso no ha cambiado.

–¿Qué piensas del incesto? -Todomatsu solo se quedó con la boca abierta y petrificado ante mis palabras.