Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje hostil, se recomienda discreción (ah ya).
– II –
" Eyes on Fire "
Blue Foundation
...
Abres las grandes puertas de vidrio y las atraviesas con tu típico caminar y actitud indiferente para con los demás.
En muchas películas y series, cuando entra el personaje principal, todo el mundo voltea a verle uno por uno, embelesados y asombrados por su sola presencia, deslumbrando con su belleza escogida con pinzas, y todo realmente bien actuado. Tal vez será el sueño de muchos el tener ese tipo de característica entrada en la escuela, o en cualquier lugar. Pero para mí no. Esa es una realidad demasiado abrumadora, no sabes si te observan porque tienes monos en la cara o quizás algo tienes que llama la atención de todos
Kyle empujaba las puertas de la entrada de South Park High School, caminando con aire altanero y manteniendo la mirada al frente, haciendo caso omiso de lo que ocurría a su rededor. Normalmente nadie prestaba atención a quien entraba en la escuela temprano, pero considerando que las clases habían ya comenzado y estaban a media mañana, se hizo un pequeño silencio cuando este jovencito se hizo paso entre el tumulto de personas que murmuraban entre ellas.
La preparatoria de South Park, a pesar de ser la única en el pueblo, era bastante grande y antigua. Tanto la mayoría de los habitantes como el profesorado habían estudiado en aquella escuela, formando así una especie de atmósfera más familiar y menos fría entre las personas que se veían regularmente en la instalación. Últimamente la preparatoria ha reformado sus conductas, normas y renovado distintas áreas para el supuesto bien de los alumnos. El pueblo era más conocido y por ende había más gente viviendo en él, por lo que en vista de los acontecimientos la escuela había tenido que acomodarse.
Una de las nuevas normas era que los alumnos debían asistir con un uniforme. Detestable ¿no?. Éste, en cuestión, constaba de: en varones un pantalón gris oscuro, zapatos negros, camisa blanca y corbata institucional, que era de fondo azabache con una banda en diagonal color burdeo y ribetes de tonalidad morada. Las damas debían ocupar una falda negra que partía en la cintura con dobleces verticales y que se extendía hasta dos dedos arriba de la rodilla, blusa blanca y un corbatín de igual patrón que la corbata de los varones, calcetas oscuras y zapatos negros. Ambos debían ocupar un jersey oscuro encima de sus camisas y una chaqueta tipo formal del mismo tono. Era un uniforme bastante común y elegante, a decir verdad.
Era extraño que cerca de las diez de la mañana entrara un joven desconocido a la escuela, vistiendo arriba del uniforme una chaqueta naranja y para colmo una ushanka verde en su cabeza. Para qué decir que era bastante llamativo.
Estaba sorprendido, aunque claro que para mis adentros, de que toda esa gente que era bastante peculiar, tomara el asunto del uniforme tan a lo personal. ¡Por favor chicas! Muestren un poco de dignidad. Aunque los hombres no se quedan atrás, con su uniforme hecho un repollo. ¡Qué faltos de respeto! aunque no sé con qué cara digo eso.
— Disculpe joven, ¿Quién es usted? – Un adulto de aspecto fatigado se dirige a Kyle. Lo había interceptado cuando este último giraba una esquina, quedando a pasos de dirección (su destino principal). Kyle, con su característico semblante, observa al señor que se estaba quedando calvo.
– Lo siento caballero, pero mi madre me enseñó a no hablar con desconocidos. – Le dedicó una sonrisa burlesca, al tiempo en que algunos alumnos que paseaban por allí se arrejuntaban alrededor del nuevo y del adulto. El adulto carraspeó y se ajustó los anteojos, frunciendo el entrecejo.
– ¿Quién se cree que es? m'key – Se coloca las manos en la cadera, pose que comenzaba a cabrear a nuestro joven protagonista, que no da señales de su molestia y en cambio mantiene su sonrisa irritando más al sujeto frente a él.
– Oh ¿Dónde están mis modales? Mi nombre es Kyle Broflovski, señor… – Le extiende una mano y el adulto se la estrecha apretándola con fuerza. Sus manos eran delgadas y huesudas.
– Señor Mackey, orientador de la preparatoria de South Park – Le dedicó una sonrisa de autoridad mientras se ajustaba la corbata al cuello, que parecía apretarle bastante.
Kyle observa al Sr. Mackey, sintiéndose algo cohibido por su mirada y su gran cabeza. Vio cómo el señor Mackey se alisaba el traje color caqui sintiendo que todo en él se veía perturbadoramente pulcro.
– Un gusto conocerlo, señor – Le suelta la mano – Con su permiso – Pasa por el lado del adulto, tratando de llegar a su destino.
– Espere, señorito Bofoski! ¿A dónde cree que va, vestido de esa manera? – Eleva su voz por sobre el bullicio generalizado que se había creado en el pasillo luego de que Kyle pasara a su lado. Pero este en vez de responderle, le señala la puerta de "dirección" antes de adentrarse a ella, pero no sin antes aclarar que su apellido era ''Broflovski''.
Esto era un asco, ¿Por qué tuve que venir en primer lugar? Primero todos parecen estar interesado más en el mundo de las otras personas antes de preocuparse siquiera de lo que le ocurre a su realidad y segundo, ¿Qué acaso todos los docentes directivos son tan jodidamente molestos?
Kyle bufó con los ojos cerrados y los brazos cruzados. Estaba esperando a que la directora terminara de dar su discurso frente a su nuevo curso para poder ingresar y presentarse. Le habían hecho quitarse la chaqueta anaranjada, que había guardado en la mochila, y se había puesto una oscura que encontró en la ropa perdida. Era un día frío y sin embargo las normas eran mucho más importantes que el posible resfrío que algún alumno podría pescar.
Luego de un par de minutos, la directora observó a Kyle, extendiendo uno de sus brazos en su dirección y él entró al aula a paso lento.
— an… Stan… ¡Stanley! – Salté de golpe en la silla y le observé pestañeado rápidamente – ¿Estás escuchándome? – Me hablaba Wendy, observándome con sus hermosos ojos oscuros que los días de sol deslumbraban con un extraño destello morado.
– ¿Ah? – Me observó enojada – Ah sí, estoy escuchándote… ¿Qué me decías? – Le contesté con una sensación de sequedad en la boca. Me acomodé sobre el escritorio poniendo el mentón entre mis manos y bostezando.
La verdad... no le estaba escuchando pues me encontraba horriblemente somnoliento y, me había quedado rondando en la mente un sueño que tuve anoche. Uno que es bastante regular en mis memorias y que según mamá he tenido desde pequeño, más o menos desde los nueve años.
Siempre comenzaba despertando dentro del sueño en la biblioteca de la escuela, y todo se veía bastante calmo, hasta que escuchaba una suave voz que parecía hablarme al oído. Entonces me asustaba y observaba a todos lados, buscando al dueño de aquella melodiosa voz que seguía repitiendo mi nombre una y otra vez. Me levantaba de la silla en la que estaba sentado y corría por el pasillo buscando la voz hasta llegar al fondo del mismo, en donde veía a un joven de pie dándome la espalda. Al acercarme, de mi voz salía un nombre -el cual no puedo por algún puto motivo recordar- y el niño se daba la vuelta y entonces despertaba, pero me quedaba con la sensación de la mirada de unos extraños ojos jade, que parecían infinitos y tan profundos como un bosque por el que ningún humano jamás ha pasado.
La diferencia de ese sueño, era que esta vez no era un niño el que estaba al fondo del pasillo, sino un adolescente de más o menos mi edad. Aquello era lo que me tenía tan pensativo ¿Por qué el repentino cambio?
Mamá me decía que era probable que el niño en cuestión fuera un amigo que había tenido cuando pequeño y que por asuntos familiares, se marchó. No estoy seguro, no tengo buena memoria.
– Stan – Escuché la cantarina voz de Kenny alargando la 'a' de mi nombre y que gracias a algún Dios había interrumpido mis pensamientos y el regaño que Wendy estaba dándome, del que cabe aclarar, no estaba escuchando nada. ¿No les pasa que a veces la gente les habla y lo único que escuchan es un murmullo ininteligible? Algo así como ''bla bla bla''.
Le observé, pasando por alto a la chica frente a mí y escuchando su bufido en señal de estar ofendida. Wendy tenía las facciones más definidas, los labios cereza. Era una buena chica y mi novia, aunque no sé por qué se me acercaba tanto cuando me hablaba. Pero no me molestaba en lo absoluto. Más tarde hablaré con ella. Tal vez entienda algo de lo que está pasando en mi mente.
– ¿Qué ocurre? – Kenneth era uno de mis mejores amigos, siempre estaba ahí para escuchar lo que sea que tuviera que decirle y me acompañaba en toda clase de momentos. Pero y a pesar de haber sido compañeros tantos años, era bastante misterioso y la verdad, sabía muy poco de él. Kenny tenía una tez muy clara, casi transparente. Me pregunto si ha estado comiendo sano. Sus ojos eran marcados por unas tenues ojeras. Su nariz era larga y recta, como sus labios finos y su mandíbula contorneada. Era realmente atractivo.
– ¡A que no sabes la nueva! – Comenzó mientras juntaba las palmas de las manos y esbozaba una enorme sonrisa. No sé cómo le hacía para estar tan feliz en esta jaula a la que suelen llamar escuela. Quiero irme a casa a dormir.
– No que yo sepa, ¿Qué pasó? – Kenny sonrió aún más y tomó aire, pero antes de que pudiera siquiera hablar, entró el profesor.
– Vayan a sus asientos – Nos mandó con voz monótona y Wendy se despidió con una mirada. En poco tiempo ya estaban todos en sus respectivos puestos y apareció Eric -que quién sabe dónde se habrá metido- y se sentó a mi lado.
Eric, más conocido como Cartman, era también un amigo, aunque más para pasar el rato. Había crecido bastante, y también estaba más delgado. La grasa la transformó en músculo y ahora parece una especie de mole abusadora. El cabello castaño en corte recto, la nariz más ancha y los ojos almendrados. Era un maldito molestoso, sádico, psicópata y podría seguir, pero el carraspeo del profesor me hizo desviar la atención.
– ¿Qué miras? – Escuché la grave voz de Cartman a mi lado.
No le contesté y fije mi vista en el profesor, que se sacaba un abrigo largo café oscuro y lo colgaba tras la silla. Se arremango las mangas de la camisa y nos observó. Pude escuchar las risillas y algunos suspiros de parte de algunas niñas ¿Qué le veían? Rodé los ojos.
– Bien, ¿Alguien recuerda donde quedamos la semana anterior? – Preguntó con una leve sonrisa y pasó su mirada por todos, evitándome, como siempre. Bufé y me recosté en el banco ¡Cómo le aborrecía!. –¿Señorita Testaburger? – Levanté la cabeza por puro instinto y le observé señalando con la mano a mi novia, que había levantado el brazo entusiasmada para contestar a su pregunta. De nuevo ¿Qué le ven? Me volví a recostar, con la cabeza mirando hacia mi lado derecho, que era el lado en donde no estaba Cartman.
– En la época renacentista, profesor – Escuché la aguda voz de Wendy y refunfuñé para mí mismo imitando su voz.
– Ah cierto, gracias Wendy. – Escuché una risilla de parte de ella, seguido de un ''por nada'', bastante tímido. Lo odio, lo odio. – Stanley, presta atención. –Abrí los ojos sorprendido y me incorporé en el banco, adoptando mi anterior postura con el mentón apoyado en la palma de una de mis manos. – Bien, como verán, esta época se caracterizaba en su cambio de perspectiva, de teocéntrica a una en la que el ser humano era el centro de atención de las personas. Tópicos como el ''Carpe Diem'' que significa ''disfruta el día'' y hacía referencia a…
Murmullos, sólo murmullos eran los que escuchaba. No era que no me gustara Literatura, era simplemente que no soportaba al profesor que por cierto era mi medio-hermano Craig Tucker.
No compartíamos mismo apellido ya que él era hijo de otro hombre con mi mamá y se había quedado con el apellido. Nunca tuve muy buena relación con él, que es siete años mayor que yo. Sí, es bastante joven para ser profesor, pero jodidamente bueno en lo que hace. Se nota que le apasiona. En fin, Craig siempre ha sido del tipo de persona conflictiva e indiferente, aunque en el aula de clases es súper distinto ¡Hasta porta una sonrisa! Tiene un aire enigmático, la voz ronca, y un vocabulario tan extenso -como su ego- que hace suspirar a varias de mis compañeras.
Tenemos un gran parecido físico, sólo que él mide un metro ochenta y algo y yo un metro setenta y ocho. El color de nuestros ojos también es diferente, los suyos son un poco más oscuros que los míos y sus facciones son más duras, más maduras. Tiene el cabello corto, al igual que yo. Recuerdo que desde pequeños, la gente fácilmente nos reconocía como hermanos, solo que él detesta el apellido Marsh y yo, por mi lado, "Tucker".
En un momento la clase lanzó unas carcajadas, tal vez por alguna ocurrencia de mi hermano, y desperté de mi ensoñación, pestañeando un poco.
Se escucharon unos golpecitos en la puerta y toda la sala quedó en silencio, Craig profirió un ''¡Adelante!'' y entró la directora Victoria.
– Ah, directora, ¿Qué le trae por estos lares? – Le sonrió a la directora, quien le devolvió la sonrisa peinándose los cabellos de forma atolondrada. Tucker estaba, desde mi punto de vista, al lado izquierdo del escritorio, con un libro en la mano izquierda y un plumón de pizarra negro en la otra, de espaldas a nosotros. Se volteó y quedó con el cuerpo mirando a la puerta de entrada.
– Buenos días profesor Tucker – Se volteó a nosotros – alumnos. Hay un aviso que me gustaría hacerles, aunque al parecer algunos ya están enterados. – Observé como Kenny se volteaba de su asiento a observarme con una sonrisa ¿Qué había pasado? ¿Algo malo, bueno? ¿Se cancelarían las clases? ¿¡Para siempre!? – A pesar de que nos encontremos a mitad de semestre, hemos recibido a un nuevo alumno que comenzará a formar parte de este curso a partir de este momento. – Bufé aburrido– Démosle la bienvenida –Dirigí la mirada a la entrada, algo ansioso por alguna extraña razón.
Entró una persona de contextura delgada y como de un metro sesenta y algo. Tenía la mayoría del cabello cubierto de un gorro tipo ruso de color verde, pero aun así se escapaban algunos mechones, que caían a los costados de su rostro. Eran de un extraño anaranjado. Su piel era bastante pálida y sus manos se veían pequeñas y delicadas. ¿Quién era ella? ¿Por qué ocupaba el uniforme de los chicos? ¡¿No me digas que es un niño?!
– Vamos, no seas tímido, preséntate – Habló la directora, interrumpiendo el silencio y la atmósfera creada.
El niño levantó la cabeza, para observarnos a todos uno por uno. Su rostro tenía facciones bastante femeninas, pero algo en él demostraba su carácter. Abrí bien los ojos al observar los suyos grandes de un color exótico. Él… lo conocía de algún lado, estaba seguro. Cuando su mirada se encontró con la mía, sentí algo apretarse en mi interior y las imágenes de los sueños se repitieron con tanta fuerza y rapidez que me sentí mareado.
– Kyle – Susurré y al instante me sorprendí, tapándome la boca. Vi por el rabillo del ojo como Eric me miraba extrañado.
– ¿Lo conoces? – Preguntó en voz baja, apuntando con uno de sus dedos al chico. Negué con la cabeza
– Mi nombre es Kyle Broflovski – Dijo en un armonioso tono de voz que me erizó los vellos de los brazos. ¡No puede ser!
Me llevé las manos a la cabeza, sintiendo adolorida una muñeca luego de mantenerme tanto tiempo en una posición y observé sin evitarlo a Craig que observaba con un gesto extraño al nuevo compañero. Un gesto que no había visto en él desde hace tiempo. Esto no señalaba nada bueno.
Kyle observó a sus compañeros uno a uno, recordando sus facciones y estudiándolos con la mirada. Sintió como intimidó a un par de ellos y sonrió mentalmente. No es como si fuera tímido. Reconoció a unos tantos que había visto en su trabajo, lo que sería un absoluto problema si le reconocían a él. Volvió su vista a la directora y luego la dirigió al profesor, sintiendo como el escudo que había creado en su mirada indiferente se había roto de un segundo a otro. La mirada era profunda y le había calado profundo en los huesos ¿Quién era este tipo?
—Entonces y sin más preámbulos, le dejó a cargo al señorito Broflovski. Me marcho, adiós –Hizo un pequeño gesto de despedida con la cabeza a los alumnos, al profesor y se fue cerrando la puerta al salir del salón.
– Eh… – Su mirada seguía fija en la de Kyle y tuvo que carraspear la garganta para volver en sí. Observó al frente con una mirada difícil de descifrar – Puedes sentarte en cualquier sitio que esté vacío.
Kyle observó al frente, viendo a los posibles nuevos compañeros de puesto y se decidió por uno. Caminó hacia él y se sentó, quedando al lado de Kenny y delante de Stan. La divertida mirada de Kenny se posó con incredulidad en Kyle, quien le ignoró en lo que quedaba de hora.
Craig, ajustándose la corbata e ignorando al recién llegado, siguió con su charla acerca de las épocas literarias y sus respectivos movimientos. Stan aún no podía creer que el chico que le había visitado en los sueños existiera en realidad, y comenzó a sentirse bastante embobado cuando un aroma dulzón que expelía de los cabellos de Kyle le llegó de lleno.
Kyle se dedicó a anotar apuntes en un cuaderno cualquiera que había sacado de su mochila negra, también hacía uno que otro dibujito mientras se sentía incómodo por un frío aire que había en la sala de clases. Se sintió desnudo de pronto y más cohibido de lo que creía poder sentirse.
Sonó el timbre y Kyle cerró de golpe el cuaderno, tomó la mochila del suelo y guardó sus chucherías. Se notaba apresurado por alguna razón y honestamente, no quería que le acosaran con preguntas privadas del tipo ¿De dónde vienes? ¿Dónde vives? ¿Por qué te cambiaste de escuela a mitad de año? …
– Broflovski –Escuchó la burlona voz de alguien a sus espaldas y volteó por sobre su hombro con los ojos entreabiertos. Era Eric Cartman –Ese apellido me suena a… ¿De dónde vienes? – Kyle se sorprendió, pero enseguida cambió su semblante a uno de indiferencia.
– ¿Qué te importa? – Respondió con voz hosca. Se volteó tomando su mochila, pero fue interceptado por Kenny.
– No le hagas caso, es un idiota. – Le dedico una dulce sonrisa. Kyle le miró un segundo y pasó al lado de él, pero este volvió a ponerse delante. Sus escrutadores ojos claros parecían atravesarle la mente y leerle cada uno de sus pensamientos. Tuvo la necesidad de gritar en su cabeza para que aquello no ocurriera.
– Quítate, me estás estorbando – Murmuró bajo. Tratando de evitar su mirada.
– ¡Lo siento, ya no puedo aguantarlo! ¡Kyle! – Se lanzó a sus brazos y este se quedó rígido en su lugar. Los demás compañeros que quedaban guardaron silencio observando la escena y Craig, que estaba borrando la pizarra, se quedó mirando escéptico, estático en su lugar. – ¿¡Cómo has estado todo este tiempo!? ¿Qué tal está Ike? ¿Dónde estás viviendo ahora? ¡¿Por qué no me llamaste?! – Ponía una voz lastimera, en la que luego de cada palabra pareciera que iba a terminar por explotar en llanto.
Kyle, observó rápidamente como sólo aquello había llamado la atención de todos, inclusive el profesor, y demostrando en su rostro su urgencia, le tapó la boca a Kenny con una mano, golpeando su nariz por accidente. Le miró fijamente y sintió cómo la mirada de él se iba tranquilizando.
– Cállate, sólo… – Suspiró – No digas esas cosas en voz alta. – Le tomó del brazo y se lo llevó fuera del aula, bajo la mirada de todos bastante sorprendidos de cómo el aparente pequeño Kyle se llevaba a Kenny lejos de allí.
La pesada puerta de metal de la azotea se abrió emitiendo un chirrido irritante y del interior del edificio salieron dos chicos, uno de cabellos tan rubios como el destello del sol y el otro con cabellos tan anaranjados como una hoja caída del árbol en otoño. Una vez ambos a la intemperie, uno de ellos cerró la puerta y encaró al otro, que si fuera posible, tendría una mueca como la de un signo de interrogación.
— ¡¿Acaso eres idiota?! – Le llamó la atención Kyle, a lo que Kenny se encogió de hombros y se acercó nuevamente a él, envolviéndole con sus brazos en un apretado (demasiado, cabe decir) abrazo.
– Estaba tan preocupado – Suspira Kenneth en un tono de voz desconocido para muchos. Kyle le devolvió el abrazo y luego le apartó. Tratando de conservar una reputación inexistente – ¿Cómo has estado? ¿Dónde estás viviendo ahora? Sigues tan fuerte como siempre – Se sobó la nariz.
– Acá en South Park – Ambos ya se habían calmado bastante. Kenny se sorprendió con lo que escuchó y esbozó una sonrisa muy grande, que llegó a asustar un poco a Kyle. – y ya sabes, todo es una mierda. Estoy viviendo con Gerald. Ike está bien, pero temo por él... Mamá se fue, Kenny. Tomó sus porquerías y se fue dejándonos solos. ¡Si tan solo hubieras estado ahí el día en que Gerald llegó! ¡Cómo lo odio!.
Le hablaba como si hace un par de horas hubieran comenzado un tema que retomaban tiempo después. Aunque claro, la última vez que habían hablado –fuera del trabajo- había sido casi medio año atrás.
No era necesario explicarle el origen del temor, pues Kenny conocía la historia del padre que prometía el cielo y siquiera podía entregarte polvo de manera honesta.
– No te presiones tanto, sabes que… -Ni sabía por qué trataba de justificar a su padre. O a la vida.
– ¡Eso no importa ahora Kenny! ¡Ese sujeto va a apartarlo de mi lado! No puedo… Simplemente, no voy a permitirlo. Ike va a ser la excepción a la regla. No vivirá con odio en sus venas. – Kyle lo interrumpió, bajó la cabeza y suspiró, tragándose una molestia que se le había formado en la garganta. Levantó la mirada y Kenny sintió como un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. El chico pelirrojo se arrimó a una pared y se dejó caer, suspirando. Kenny fue a sentarse a su lado.
– Todo va a estar bien –Trató a de animarlo, mostrándole una cajetilla de cigarros. Kyle enarcó una ceja.
– Gracias, Ken, eso espero. – Sonrió de lado y el otro le devolvió la sonrisa. – ¿De dónde sacaste eso? – Cambió el tema, tomando un cigarrillo de la caja y poniéndoselo en los labios.
– Sabes que un mago nunca revela sus secretos – Le guiñó un ojo y Kyle rió un poco por el comentario. – Kyle, sabes que puedes confiar en mí para lo que sea… y sobre ese imbécil de tu padre, ya se nos ocurrirá algo – Se encogió de hombros, pero antes de siquiera poder encender el cigarro, sonó el timbre, anunciando que era tiempo de volver a clases. Kyle bufó y se levantó, guardando el cigarrillo en el bolsillo de la camisa blanca, oculto por el jersey.
– ¿Vienes? – Preguntó señalando con el dedo pulgar a la puerta. Kenny negó con la cabeza – Nos vemos a la tarde, entonces – Hizo un pequeño gesto con la mano de despedida y desapareció tras la puerta.
El resto de la jornada se hizo largo, sobre todo para Kyle, que ya casi cuando estaban llegando al final de las clases, sentía que se iba a volver loco si seguía rodeado de tanta gente desconocida, molesta y ruidosa. Pero por fin, antes de que comenzara a quitarse uno a uno sus suaves cabellos, el profesor dio el anuncio del final de clases y fue el primero en salir del salón. Stan se había dedicado a observar a Kyle durante todo el día, tratando de averiguar de él, pero era bastante silencioso. Cartman también se había empeñado en analizarlo, buscando algo para poder así darle una "cálida" bienvenida al nuevo compañero.
Kyle llegó apresurado a su hogar, cerrando la puerta con fuerza y subiendo las escaleras rápidamente. Se asomó a la puerta de Ike, quien estaba jugando un videojuego. Ike salía antes de clases, ya que era menor y por ende, el tiempo que pasaba en la escuela era menor que el de Kyle, quien debía estudiar bastante. A su pesar.
— Hola Kyle, ¿Qué tal el primer día? – Preguntó mirando la pantalla.
– Una mierda ¿Y el tuyo?
– Parecido. – Kyle rió a lo bajo y se dirigió a su habitación, se cambió rápidamente de ropa a una más cómoda, dejando todo su uniforme repartido encima de su cama y tomó la mochila, saliendo de la habitación, no sin antes haber tomado el cigarrillo del bolsillo de la camisa. Bajó las escaleras.
– ¡Que te vaya bien! ¡Manda saludos a Karen! – Grito Ike desde su habitación, Kyle tomó las llaves del encimero y salió, sonriendo.
— ¿Hasta qué hora piensas quedarte? .– Aquella voz que apareció repentinamente le provocó un sobresalto que trató de encubrir lo mejor posible, sin embargo, el causante no se salvó de una profunda mirada de odio.
– Si vas a andar asustando a la gente por allí, no me molestes, por favor. – Se llevó la mano al puente de la nariz, masajeando sus ojos cansados. Dejó los papeles a un lado y suspiró, volviendo a trabajar con otros en sus manos.
– ¡Vamos Craig! ¡Eres joven, no puedes andar desgastando tu vida así en el trabajo! Te invito a tomar algo – Craig rió por lo bajo y se pasó ambas manos por el cabello, desordenándolo, después se estiró hacia atrás en la silla y bostezó. Enfrentó a la persona que en esos momentos tomaba una silla para sentarse en ella con el respaldo hacia adelante, como si estuviera cabalgando, en frente del escritorio de Craig.
– No digas tonterías McCorcmick. Primero, no estoy desgastando mi vida, tú sabes que me gusta mi trabajo. Segundo, no tienes dinero y aún me debes veinte dólares, y tercero pero no por eso menos importante… ¡Eres menor de edad, maldición! ¿Por quién me tomas? ¿Qué irá a pensar tu madre de mí si llega a enterarse de que tu profesor te invita a tomar unos tragos? – Kenny rió entretenido.
– Eres un idiota. Aparte, Carol ya tiene una imagen bastante mala tuya. – Craig sonrió con soberbia. – Aún no puede creer que el revoltoso Craig Tucker sea profesor de Lengua de su adorable e inofensivo hijo – Negó con la cabeza mirando hacia abajo. Luego observó de nuevo a Craig que seguía pegado en los papeles. Las pestañas negras le tapaban casi por completo los ojos. Se frotaba las cejas con una mano, y curvaba los labios finos en una mueca de desagrado. Kenny puso la mano derecha encima de las hojas y los lanzó al suelo deslizándolas por sobre la mesa.
– ¿¡Cuál es tu puto problema!? .– El mayor saltó irritado del escritorio y se agachó a recoger los papeles. Kenny se levantó de la silla y le pisó suavemente la mano, observándole con seriedad.
– Te has vuelto débil, Tucker. – Kenny estaba irritado. Su amigo Craig, había cambiado.
Estos jóvenes se conocían desde hace mucho tiempo, podría decirse que desde la infancia, puesto que Craig era amigo de Kevin, el hermano mayor de Kenny. Estos dos amigos, junto a otros niños más, eran los más revoltosos de la escuela y por qué no decir: del pueblo entero. Craig se llevaba bien con Kenny, y este tenía un trato de admiración con el pelinegro, ya que le protegía cada vez que alguien se burlaba de él o le molestaba por su situación económica. Craig le decía que no concebía que Kevin fuera tan 'hijo de puta' que no se preocupara por sus hermanos, así que él lo hacía de su parte.
A pesar de que Kenny tuviera su propio grupito de amigos, se veía de igual forma con Craig y se juntaba en el grupo de adolescentes revoltosos, siendo el menor de ellos.
Fueron buenos tiempos.
– Vete a la mierda – Craig hizo un movimiento rápido y estirando la pierna hizo tropezar a Kenny, que cayó al suelo sentado. El rubio se quejó adolorido, llevando sus manos a su trasero. Craig sonrió y terminó de recoger los papeles. Los puso sobre la mesa, golpeándolos en la base para que se acomodaran y los depositó en una carpeta que guardó en un maletín, tomándolo y cargándolo al hombro. Sacó la chaqueta que estaba tras su silla y con un dedo se la sujetó sobre un hombro, se acercó a Kenny que estaba en el suelo todavía quejándose. – ¿Vienes?
Kenny le observó y su mueca de dolor cambió a una expresión de cómplice, sonriendo de lado. Se levantó y golpeando la espalda de Craig sin decir absolutamente nada le siguió fuera del salón de clases.
– ¿A dónde iremos? Te prometo que a la próxima te pago – Caminaba con las manos en los bolsillos, observando al frente. Craig se pone la chaqueta y saca de un bolsillo unas llaves.
– No lo sé, a donde el viento nos lleve
– Eres tan poético – Se mofó con voz melosa Kenny
– Cállate – Bufó por lo bajo.
Estaban saliendo de la escuela cuando el teléfono del rubio sonó, terminando con el pequeño cómodo silencio que se formaba entre los dos.
– Ah, mierda –Se asustó Kenny, buscando en sus bolsillos su teléfono. Cuando lo encontró, contestó sin mirar la pantalla – ¿Diga?
– ¡Kenneth! ¡Necesito que me hagas un favor! – Se escuchó del otro lado de la línea.
– Vaya Ken, al parecer las clases no te han enseñado nada de vocabulario – Su voz tenía un tinte divertido, y una sonrisa se había plantado en su rostro que se borró al instante de escuchar a quien se dirigía Kenny.
– Kyle… ¿En qué puedo ayudarte? Te escuchas alterado, ¿Qué estás haciendo? – Sugirió el rubio y era en parte cierta, ya que Kyle sí estaba alterado, pero no por la razón que Kenny pensaba.
– Idiota. No sé por qué te llamé a ti
– Eso es porque piensas en mí, darling – Craig observaba interesado el modo en el que Kenny trataba al chico nuevo, al parecer se conocían de tiempo o quizás sólo lo estaba acosando. Se había perdido de algo. Se escuchó una cantarina risa al otro lado de la línea. Tenía curiosidad. Su "hermanito" menor le ocultaba un amigo desde hace quien sabe cuanto tiempo.
– Ya quisieras. – Su voz se había acompasado – ¿Me podrías traer lo que le presté a Karen el otro día? Se me olvidó que lo necesitaba para hoy. Me harías un gran, gran favor.
– Claro. Nos vemos al rato.
– ¡Gracias! ¡Te la debo! – Se cortó la llamada y Kenny se giró a ver a Craig, que le observaba de vuelta con una mirada de duda.
– Lo lamento Tucker, pero saldremos otro día, tengo cosas que hacer. – Y con esa excusa y una pequeña sonrisa se alejó de Craig trotando en dirección a su hogar.
– ¡Kenneth! – Le gritó esperando a que el otro volteara. Le había sacado de sus asuntos para convencerlo de salir y cuando estaban a punto de ir a alguna parte le dejaba plantado ¿Qué tipo de amigo hacía eso? Cuando Kenny se dio la vuelta, Craig le hizo su típica seña levantando el dedo medio de la mano derecha.
...
Mensaje: ¡Muchas, muchas, muchas -de verdad-, muchas gracias! por el apoyo y los comentarios. Aria, nuevamente te agradezco y lleno de besos por ser el primer comentario, Luis Carlos, gracias igual por seguir esta historia tanto como la versión anterior, y Murasaki Mios muchas gracias por pasarte. Sobre lo del padre, aún queda mucho como para que se arreglen tan luego -si es que lo hacen ajem- , me alegra que te guste la idea porque después se va poniendo algo rara jaja y gracias por las galletitas, me encantan. Lo de los cambios lo especifico al principio del primer capítulo.
Al fin el primer encuentro entre Craig y Kyle jiji ¿Qué opinan? ¿Se esperaban que fuera su profesor? -yo no-.
Actualizaré semana por medio para que me de el tiempo de terminar la historia. Los días lunes porque son el día de la luna y me gusta la luna.
Espero que hayan pasado unas lindas fiestas con su familia -o con ustedes mismos jeje- y que estén muy bien. Les deseo lo mejor.
Besitos.
