Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Este capítulo no es apto para todo tipo de personas (no, no contiene escenas eróticas, lo siento) pero no puedo decir la advertencia porque quiero que sea sorpresa. Sólo dejarles saber que este capítulo define la trama. Si les gusta, genial, y si no, muchas gracias por llegar hasta acá y por el apoyo.
– III –
''Karma''
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— ¡Bienvenido a Magnolia Café! – Dijo entusiasmada y con enérgica voz una hermosa joven de brillantes ojos celestes, nariz respingona, y de largos y rizados rubios cabellos, mientras se asomaba tras una barra de bebidas que dejaba apreciar a la muchacha desde el torso para arriba.
– ¿Qué hay, Bebe? – Saludó animoso Kenneth McCormick, desenvolviéndose en el lugar como si fuera su hogar.
– Ah, solo eres tú – El desalentado tono de voz de la muchacha hizo que Kenny abriera los ojos en falsa ofensa.
– ¿Cómo es eso de ''sólo eres tú''? Pondré una carta de queja ¿Dónde está el libro? – Se acerca a la barra y se sienta en una banca alta dirigiéndose a la blonda que en ese momento limpiaba unos vasos con un paño de hilo blanco.
La música sonaba suavemente en café magnolia y algunas camareras se paseaban por el lugar atendiendo a unos pocos clientes que podían encontrarse a esas horas de la tarde y aunque en ese momento no se veía mucha gente, el lugar se llenaba durante la noche de distintas personas que tratan de escapar del aburrido mundo de sus banalidades. Algunas chicas saludaban a Kenny al pasar a su lado y este levantaba una mano sonriendo coquetamente.
– Veo que tu habilidad con las chicas no ha cambiado, McCormick – Le habló Bebe, arrimándose sobre la barra para hablarle con más comodidad.
Kenny le giña el ojo a Bebe y ésta ríe sin evitarlo.
A la hora en la que se encontraban, el sol todavía no había terminado de ocultarse tras las montañas y el café no tenía encendidas sus luces. Dejaba que el sol filtrara sus últimos rayos a través de los grandes ventanales a la entrada, que si desde afuera no se podía ver casi nada hacia dentro más que siluetas, desde el interior se podía observar con toda claridad la calle y las tiendas al otro lado de la calle.
El recinto pequeño y acogedor era atendido tanto por lugareños como por algunos que vivían en pueblitos aledaños a South Park. Si entrabas, a tu mano izquierda podías encontrar unas cuatro mesas con sillones de esos adosados a las paredes, a tu mano derecha había un largo bar de madera oscura con sillas altas de metal tapizadas en el asiento de un cuero negro. Al final había un telón rojo oscuro, y daba a la segunda área del café que consistía de un simple escenario al final, con mesas redondas cubiertas de un mantel rojo oscuro repartidas entre ese espacio. Al lado derecho del bar había una escalera negra en espiral que daba al segundo piso, un área exclusiva de los empleados, y al frente de esta escalera, al lado de los sillones pegados a las paredes estaban los baños (en sus puertas llevaban esas típicas señales de monitos a palo, uno con falda indicaba el de damas).
Tras el bar a un costado de los estantes que contenían botellas que destellaban con distintos tonos y diferían en la forma, había una puerta que daba al patio. Muchos salían allí a buscar un poco de relajo y silencio, luego de estar tanto tiempo encerrados en el café.
– Buscas a Karma, ¿O me equivoco? – Bebe se había cruzado de brazos y le observaba con una sonrisa traviesa en sus labios pintarrajeados de rojo. Kenny se sintió cohibido durante pequeños segundos al ser descubierto, pero luego ríe con sus dientes cerrados, pasando una de sus manos tras la cabeza.
– ¿Tanto se nota? – Le dirige una mirada seria, contrastando con su anterior actitud.
– Esa muchacha es bastante cotizada, bueno, de algún modo no me sorprende considerando lo hermosa que es – la rubia mira a otro lado, a la escalera precisamente, de donde iba bajando un delgado jovencito. – ¡Niño! ¡¿Estás comiendo?!.
El joven se acerca a ellos, con una mueca en el rostro.
– No he tenido mucha hambre, últimamente por algún motivo todo me está sabiendo insípido y arenoso – Hace una mueca de desagrado, observando a la chica y sacando la lengua con asco.
– Lo que tú tienes es una maña mental, Ky – Le dice ésta con cariño, acomodando uno de los traviesos mechones del pelirrojo tras la oreja.
Bárbara, conocida por su apodo ''Bebe'', era una buena amiga de Kyle. Ella fue la única chica que le ayudó desde un principio guiándole en el trabajo y dándole consejos. Con el tiempo la relación de ellos dos se parecía a la de dos hermanos, siendo Bebe la que asumió de mayor.
– No creo que exista tal cosa – Apoya los codos en la barra, observando a Kenny. – Hola Ken, ¿Trajiste lo que te pedí? – El rubio pone encima de la mesa una bolsa de papel que el pelirrojo toma con una sonrisa en el rostro – ¡Eres lo mejor! – Le observa nuevamente –¿Hay algo que pueda hacer por ti? Cualquier cosa, menos lo que estás pensando – Apunta a Kenny, que en ese momento tenía una provocadora mirada y ladina sonrisa en su rostro.
– Bueno, si me lo dices con ese tono. No es como si pudiera controlarme
– Si puedes – Le reprocha Bárbara, enterrando una de sus uñas en una mejilla del blondo.
– Tú no te metas, esto es entre Mr. Ginger y yo – Kyle frunce el entrecejo y Bebe se burla por el apodo.
– Te he dicho que no me llames así. Me arrepentí, no te daré nada – El pelirrojo da media vuelta y se dirige a las escaleras.
– Pe… ¡Pero Ky! – Estira una mano en su dirección y éste voltea con una ceja en alto – Le mandas saludos a Karma de mi parte – Sonríe altanero, Kyle abre los ojos como platos y enrojeciendo hasta las orejas se da vuelta nuevamente para irse por las escaleras dando fuertes pisadas. La risa de Bebe se escuchaba hasta el segundo piso y un par de locales siguientes.
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Helix- Flume
Al cerrarse la puerta de aquella pequeña y desordenada habitación, se escuchó un aletargado jadeo como de alguien que hubiera aguantado la respiración durante mucho tiempo y luego la hubiera soltado, bastante agotado además.
Kyle se dejó caer sobre la silla, observando el cansino rostro que le devolvía su reflejo. Trató de sonreír, pero sólo le salió una mueca en su lugar.
— Vamos Kyle, haz un esfuerzo. – Trató de animarse y agitó la cabeza para despejarse.
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— ¡¿Qué tengo que hacer qué?! – No podía terminar de creerlo. Sentía cada músculo del cuerpo tenso. Observó a su amigo con el entrecejo tan fruncido que las cejas casi se tocaban entre sí – No mencionaste nada de esto.
– Necesitabas ayuda y sabía que dirías que no si sabías de qué trataba todo esto.
Se mordió el labio inferior. Era cierto, necesitaba un trabajo y este pagaba bien. Había varias cosas que aún le quedaban por pensar, por terminar de convencerse. Era extraño siquiera que le hayan ofrecido eso. Pero lo hacía por su madre, por su hermano, y para escapar de los constantes acosos de su padre en los otros trabajos que había conseguido, preguntando por su madre, por él, y quejándose de estupideces. Observó con resignación al que tenía enfrente. Total, ya había aceptado el empleo.
Tomó la máscara de pestañas oscura, la pasó con delicadeza y maestría por las pestañas de ambos ojos, alargándolas, engrosándolas y oscureciéndolas. Su mirada se tornó más profunda, más llamativa. Ayudó a incrementar lo anterior repasando en el contorno de las pestañas un lápiz de ojo color negro. Pintó sus párpados con polvos de brillos grises.
–Tranquilízate un poco, cariño – La chica estaba frente a él con una caja de maquillajes en la mano izquierda y en la otra con un pincel.
– No puedo, lo siento, me vas a sacar un ojo con eso – Se aferró con ambas manos a la silla y trató de alejar el rostro aún más de la chica.
– ¿Por quién me tomas? Te digo que soy experta. – Observa como el chico le devuelve la mirada y en sus ojos nota el terror impregnado en ellos – Confía en mí – Dice con voz dulce, esperando a que el muchacho cediera un poco. Éste cerró los ojos, respirando profundamente.
– Bien, adelante, haz tu magia.
Pasó por sus pequeños y carnosos labios un labial rojo oscuro. Había ya escondido antes cualquier tipo de ''imperfección'' o marca de su rostro con una base del tono de su piel. Terminó acomodándose las lentillas grises con aumento y se miró al espejo.
Ya no se sorprendía del reflejo que este le devolvía y asumía sus rasgos andróginos. Enseguida se sintió dentro del personaje y cambió su postura, enderezandose y cambiando la mirada. Tomó la peluca de cabellos azabaches y la colocó sin ningún percance sobre su cabeza, cubriendo los verdaderos tonos de color. Se peinó con cuidado y puso algo de perfume dulce.
– Esto es extraño –No encontraba las palabras exactas para describir el cómo se sentía en ese momento. Su corazón latía desbocado y sentía que las palmas de las manos le escocían. No podía evitar sentirse un poco emocionado. Destensó los nudillos y acarició con suavidad el reflejo del otro lado del espejo. Dio un pequeño respingo al recordar que era él mismo y aquél su propio reflejo.
–Te acostumbrarás – Un chico de ojos tan claros como un cielo despejado calmo le otorgó una resplandeciente sonrisa y no pudo evitar contagiarse. No se sentía mal, ni con el orgullo aplastado. Él nunca había sido como los demás niños de su edad y su madre siempre se lo decía. Su modo de pensar las cosas, de actuar, de observar y de reconocerlas.
El barullo de la gente a esa hora de la noche en el café era notorio y un poco molesto. La música sonaba prudente. Alguna nueva banda mostraba sus capacidades y recibía merecidos aplausos. Las luces contrastaban con el color del lugar, en algunos lados más iluminados y en otros con el tono tenue. La gente se veía feliz, riendo y sintiéndose como en otro mundo. Las meseras acompañaban a un par de grupos y otras servían las mesas, cambiaban turnos. Era una típica noche de trabajo en el café Magnolia.
– ¡Karma! – El grito de un chico llamó la atención de gran parte de la clientela y muchos esbozaron bobas sonrisas al ver a la hermosa chica caminar en dirección de la persona que le llamaba.
El café contaba con dos tipos de vestuarios, durante el día los asalariados debían ocupar el delantal verde con detalles azules sobre alguna ropa casual de tonos oscuros o no llamativos. Durante las noches, que eran cuando realmente el café Magnolia funcionaba, las damas (únicas funcionarias), debían portar unos vestidos hechos a medida.
Estos vestidos eran característicos de cada una de las empleadas y era un color diferente para cada una de ellas, aunque también variaban el detalle y corte de estos. Todos eran negros la mayoría del tiempo y el color se encontraba en los detalles, acentuando cada atributo de cada una de ellas de una manera única.
La chica se movía con elegancia y cuidado, cada uno de sus movimientos era pulcro y traía embelesados a los observadores. Era bien conocida en ese lugar por su modo de tratar a la clientela masculina. Su oscuro cabello se mecía con cada movimiento de caderas y el vestido le sentaba a la perfección. Llevaba unas medias negras hasta arriba de la rodilla y unos zapatos de charol con tacón.
– Esto es un asco. –Se dejó caer en el sillón de felpa rojo que había a un lado de la puerta. Los pies le dolían. Cubrió su rostro con ambas manos y dejó caer la cabeza en el respaldo, soltando un fuerte jadeo.
– No es para tanto. – Escuchó una suave voz y removió las manos para observar a la persona que le hablaba. Era el muchacho de hace unos días atrás. Se había agachado para estar a su altura y llevaba una sonrisa en el maquillado rostro. Una malla le cubría los platinados cabellos que salían rebeldes por algunos lados. El chico se acomodó en el asiento y observó la mano que el joven rubio había posado con cuidado sobre su rodilla. Era una mano muy pequeña y bien cuidada. ¿Cómo podía mantener esa sonrisa tan cálida en los labios después de semejante día de trabajo? –Ya verás lo divertido que es todo esto.
El chico parecía brillar por cada poro de su piel y pronto se sintió maravillado por sus palabras y su simple presencia.
– Mi nombre es Leopold, pero puedes llamarme Butters. – Levantó la mano derecha donde llevaba una peluca rubio dorado, y la acercó al chico sentado frente a él. Éste le miró extrañado y el otro dejó de mirarle a los ojos para observar su mano. Al darse cuenta de lo que tenía tomado comenzó a reír de una manera encantadora. –Lo siento – Tomó la peluca con la izquierda y volvió a estirar la derecha frente a él.
– Kyle. –Estrechó la mano del rubio –¿Cuánto tiempo llevas acá? ¿Cómo es que no te había visto antes?
– Me queda poco para cumplir el año ¿Las chicas son buenas contigo? – Empujó a Kyle a un costado y se sentó a su lado. El chico agarraba confianza con rapidez y era algo que Kyle comprobó al notar lo apretados que estaban en ese sillón para uno. – Tal vez no me ves porque me voy algo tarde, pero tal vez me reconozcas con el otro nombre: Marjorine.
–¿¡Tú eres Marjorine!?- Kyle lucía bastante sorprendido y su tono de voz lo denotaba. Butters se carcajeó otro poco y asintió con orgullo.
–Y tú eres…
– Karma.
La luz le dio de lleno a los ojos, centelleando en ellos una mezcla de colores acuosos. Observó al chico frente a ella con el rostro serio y éste esbozó una sonrisa burlesca.
– Que linda estas hoy, Karma. –El chico palmeó a su lado indicándole a la chica que se sentara a su lado.
– Cállate Kenny, no tengo tiempo para tus bromas, debo trabajar. –Se dejó caer a su lado de todas formas con los brazos cruzados y el chico comenzó a reír con gusto.
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Carmen – Lana del Rey
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Es muy difícil pensar que trabajo en algo así desde hace más de varios meses. También es complicado de imaginar cómo alguien de mi tipo puede prestarse a hacer ese tipo de cosas. Pero y como dijo Butters hace mucho tiempo, es divertido. Aunque creo que mi definición de diversión es diferente o tal vez, Leopold no es tan santo como parece.
Encuentro divertido jugar con la percepción de las personas. Probar hasta dónde son capaces de llegar. Engañarlos con una sonrisa o un par de palabras. Tengo varios sujetos de prueba en el trabajo y con cada uno de ellos juego algo diferente. Sí, es cruel, pero me entretiene. Debo distraerme con algo, para evitar golpear a uno de esos pervertidos en el rostro.
Fue muy duro al principio, porque no sabía que debía hacer y ninguna chica parecía querer ayudarme.
Las chicas del café parecen ser todas unos bombones dulces y empalagosos, pero en cuanto termina su turno y van al camerino a cambiarse, su rostro se vuelve más oscuro y vuelven a ser las sucias, amargadas, y mentirosas arpías de siempre.
El dueño del lugar era muy amable conmigo, entendía mi necesidad, pero no me daba confianza. Me había otorgado un lugar especial para cambiarme y arreglarme antes de salir a atender a la gente. Aquél lugar también lo compartía con Leopold, aunque al principio lo veía súper poco porque llegaba sólo en la noche y se iba muy tarde. Me costó montones acercarme a él, porque claro, yo soy "súper sociable".
El cuarto también lo compartimos con una chica llamada Bárbara, alguien a quien puedo considerar una buena amiga. Ella trajo a este lugar a Butters, y junto con el dueño era quien guardaba nuestros secretos, lo de vestirnos de mujer -aunque no creo que el jefe lo haga de buena persona-. Para las otras chicas nosotros somos quienes hacen la limpieza. Más adelante se unió al cuarto Karen, la hermana menor de Kenny. Ella es muy adorable y todavía muy pequeña, pero muy esforzada. No hace lo mismo que nosotros, sino que cosas menores. La mayoría del tiempo viene su hermano a cuidarla, porque este lugar tiene a muchos pervertidos de clientes.
Hoy era miércoles, donde su turno empezaba a las cuatro y terminaba a las diez de la noche. Los otros días empezaba a las nueve y terminaba a las una o dos de la madrugada, exceptuando un día de la semana (a su elección) que tomaba libre y el día domingo que no trabajaba. Kyle estaba acostumbrado a dormir poco y hasta había veces en que despertaba una hora antes de que sonara el despertador. Estableció un nuevo horario para dormir y tomaba siestas luego de ir a la escuela. Tenía todo su tiempo ocupado.
Caminaba en dirección a su hogar. Llevaba una sudadera negra dos tallas más grande. El gorro le tapaba todo el cabello y parte del rostro. Unos jeans oscuros y unas zapatillas deportivas negras. Su vestuario no era muy colorido que digamos.
A esa hora de la noche hacía frío y Kyle venía encogido, sermoneándose internamente por no haber traído su parka naranja consigo ese día. Llegó recién ayer a este pueblo y ya estaba hecho un lío. Le molestaba, porque él siempre tenía un programa para todo. Estaba molesto también con su padre por haberlos llevado de vuelta. Estaban bien en el pueblo anterior.
Kyle estaba acostumbrado a no meter ruido y pasaba desapercibido a esa hora de la noche. Era algo que le gustaba haber aprendido gracias al horario de su trabajo. Él sabía que pudo haber escogido cualquier otro y no es como si lo hubiera intentado antes, pero su personalidad no ayudaba mucho con sus compañeros. Era indiferente y un poco agresivo (por no decir explosivo). Su desempeño era excelente, pero todos sus jefes, con corazón en mano por tener que hacerlo, siendo que con tan pocos días había hecho un buenísimo trabajo, le despedían por meterse en peleas o asuntos turbios con sus colegas. Si no se peleaba, le hacían el día imposible y Kyle no se quedaba atrás, pero sus ''bromas'' eran planificadas tan minuciosamente en cuestión de minutos que el destinatario de ella quedaba herido profundamente en el orgullo. Aparte de mencionar las constantes visitas y discusiones que tenía con su padre Gerald, que siempre ¡siempre! sabía cómo encontrarlo.
Lo bueno del café es que contaba con reglas, y una de ellas era no sobrepasarse con las chicas y en caso de, ellas tenían el derecho de defenderse. Karma era conocida por ser la ''Reina de Acero'' (Un muy estúpido apodo) y no porque su cuerpo sea de acero, sino que por la mueca inquebrantable y su fuerza. Sabían que era mejor no meterse con ella. Aunque por algún motivo a algunos les gustaba hacerla enojar. Bebe les decía masoquistas y en parte lo eran, pese a que era muy fácil hacer enojar a este pelirrojo.
Terminó tomándole cariño al trabajo y era bueno en lo que hacía, entonces no había problema en nada. Excepto por el pequeño detalle de tener que esconder su identidad porque debía vestirse de mujer. En un principio le era bastante molesto e incómodo. Pero las cosas se pusieron complicadas en su vida personal y tuvo que tomárselo en serio.
Kyle llegó refunfuñando a su casa. Dejó las llaves sobre una mesa alta que había a un costado y fue cuando se percató de que las luces estaban encendidas. Al principio se extrañó, porque a esa hora su padre o no estaba o dormía y Ike estaba en su habitación. Descartó la idea de que su hermano haya olvidado apagar las luces, porque sabía que Ike no olvidaría algo así. Fue lento hasta las escaleras.
— Kyle – Dio un fuerte respingo y se tragó el grito que se había atascado en su garganta. Se volteó como piedra hacia la sala y se tensó más al ver a su padre de pie frente a él. – Vienes del trabajo, supongo, Sheila me mencionó algo de eso antes. – Se masajeó el tabique de la nariz con una mano y luego acomodó sus lentes. Kyle sonrió con socarronería. Sabía que le molestaba no saber donde trabajaba.
– Sí –Fue cortante. La voz le salió extraña y tuvo que toser un poco para soltar la garganta. Se dio cuenta entonces de la mujer que estaba sentada en un sillón color crema de la sala, frente a una ventana. Frunció un poco el entrecejo, pero la mirada confusa de la mujer le hizo relajarse un poco. Se le hacía familiar. Volvió a mirar a su padre. – ¿Qué necesitas?
Gerald le observó molesto – Compórtate – Le susurró con brusquedad y Kyle fingió una sonrisa cuando la mujer se levantó.
El menor observó a la mujer adulta. Su corto cabello castaño que parecía ondulado y sus grandes ojos oscuros. Era muy bonita.
– Ella es Sharon Marsh – La presentó Gerald, poniéndose a su lado y señalándole con una mano al notar la curiosidad de su hijo mayor. –Era amiga de la familia cuando tú eras muy pequeño. Vino a saludar.
Kyle sonrió de verdad al notar a su padre incómodo. Ella se mostraba desconfiada. De seguro que era amiga de su madre. Se acercó a la mujer y estiró su mano, cuando Sharon levantó la suya él la tomó, besándole el dorso.
– Un placer, señora. – Provocó risas en Sharon que fueron bien recibidas de su parte.
– No es necesaria tanta formalidad, Kyle – Le tomó la mano y le atrajo a ella, abrazándole con fuerza. El chico sintió su cuerpo tensarse. No le gustaba el contacto físico, pero el abrazo era cálido –¡Cuánto haz crecido! Y pensar que te conozco desde que eras un bebé. – Percibió el tono nostálgico en su voz y se sintió conmovido. Levantó las manos, tratando de devolver el gesto, cosa que sorprendió a Gerald, pero sólo logró palmear sus brazos antes de separarla de él. – Sé que es muy probable que no te acuerdes de mí o de mi hijo, Stan ¡Eran tan amigos cuando pequeños! ¡Era imposible separarlos! ¡Hasta pensábamos que ustedes eran…– Lo siento, Sharon, pero dejemos que Kyle vaya a su habitación. Debe estar cansado – Interrumpió Gerald, tomando del brazo a la mujer, quien le miró ofendida.
–¿Quieres algo para beber? – Esperó un momento y Kyle tuvo que mirar a otro lado para no burlarse en su cara por el silencio que se había formado – Traeré unas bebidas. –Se va a la cocina. Sharon le sonríe a Kyle
– ¿Cómo está Sheila? – Le habla bajo para que solo él escuche. El chico baja la mirada a sus pies.
– No he sabido nada de ella desde hace unos meses – Se gira y camina hasta el inicio de la escalera, tratando de evitar el tema y sus sentimientos. Sharon se tapa la boca con la mano derecha.
– Oh, cariño, lo siento.– Trata de consolar al niño.
– No se preocupe, usted no sabía. – Le trata de sonreír y sube las escaleras, descomponiendo el intento de sonrisa en el camino.
Kyle pasa a la habitación de Ike, y ve que estaba estudiando. Le sacude el cabello, saludándole en silencio y se quita la sudadera, quedando en una camisa gris delgada. Se va a su habitación, y para su asombro estaba con la puerta abierta. Al pasar por el umbral de la puerta se sorprende de ver a alguien dentro, quitándole el habla unos momentos. Este chico dentro de la habitación estaba observando los estantes, tomando y guardando libros en ellos. Sin un patrón definido. El pelirrojo dejó caer la sudadera de sus manos.
– ¿Qué haces aquí? – El chico se asusta y deja caer un libro provocando un fuerte ruido al estamparse con el suelo. Se agacha con rapidez a recogerlo y voltea luego de dejar en la repisa el libro a ver a la persona que se había dirigido a él.
Observó durante un tiempo que él clasificó como indefinido a la persona bajo el umbral de la puerta. Su pequeño cuerpo, su cabello claro desordenado y cayendo libremente en todas direcciones y por último su afilado rostro en una mueca enojada. Sintió un vacío en el pecho.
– Kyle – Dejó escapar su nombre sin proponérselo y abrió grandes los ojos al notar lo que había hecho. Se llevó una mano al rostro, tratando de ocultar el color que le había subido a las mejillas por la vergüenza. Sentía que había sido pillado infraganti.
El nombrado alzó ambas cejas confundido y se acercó a él con los brazos cruzados.
– ¿Debería conocerte? ¿Cómo entraste? ¿Por qué sabes mi nombre? – Una extraña sensación se había apoderado de Kyle, sentía que lo conocía, pero le molestaba no saber de dónde. Recordó de pronto, parándose en el acto en su sitio, cuando llegó al aula de clases. Era uno de sus compañeros. No le bastaba con recordar eso, porque sabía que había algo más.
– Vinimos con mi madre a saludar a los nuevos vecinos. Soy tu compañero de clases, creí que me recordarías. – Sonaba desalentado –Stanley Marsh –Estiró la mano. –Pero puedes decirme Stan.
Kyle estrechó su mano y una corriente de familiaridad le recorrió por completo. ¿Quién era? ¡¿Quién era?! Sentía que tenía la respuesta en la punta de la lengua. Se soltó enseguida y recordó la situación en la que se encontraba.
– Bien, Stanley. –El chico le observó con una sonrisa que Kyle clasificó como de estúpido fanfarrón – Podrías decirme ¿Qué haces en mi habitación, escudriñando cosas que no deberían ser de tu incumbencia?
Stan le observó con cierta duda en el rostro –¿Qué pasa con ese tipo de lenguaje?
Kyle bufó molesto y se cruzó de brazos – ¿Qué mierdas haces aquí?– Stan sonrió de lado. –Desordenaste todo. Fuera.
El chico de cabellera oscura observó a su alrededor y vio todo en orden. Iba a reírse, pero notó que el otro iba en serio.
– ¿Qué?.
– ¿Te faltan neuronas o qué? Dije que te largaras. –Señaló la puerta- Fuera.
– Pero soy tu invitado –Trató de excusarse. Kyle soltó una carcajada irónica e hizo una mueca de indiferencia que sorprendió a Stanley.
– ¿y qué? Aparte yo no te invité – Le observó con enojo y Stan sintió un escalofrío recorrer su columna. Algo le decía que tuviera cuidado, pero no se movió de donde estaba. – ¡Agh! ¡Por todos los dioses! ¿Es tan difícil?
Kyle se llevó ambas manos a la cara, incapaz de creer que estaba lidiando con alguien así. Stan entonces se movió, pero se acercó a la cama y se sentó en ella, con una sonrisa de burla en el rostro. Tomó un libro que había al lado de ésta, en el suelo, a la derecha y le miró extrañado.
– ¿Eres judío? – El chico se volteó con los ojos entornados y se acercó a Stanley, arrebatándole el libro de las manos con brusquedad. Lanzó el objeto a la cama.
– Es suficiente – Le tomó de las muñecas y levantó de donde estaba. Después lo empujó por el pecho con ambas manos, haciendo que Stan trastabillara hacia atrás, pero diera una considerable cantidad de pasos. Kyle tomó el pomo de la puerta, le puso seguro por dentro y con la otra mano empujó de nueva cuenta a Stanley fuera de su habitación. Una vez fuera, cerró la puerta tras su espalda y quedó acorralado entre ella y la aplastante altura del chico frente a él que le miraba con una ceja alzada. –No está permitido entrar a mi habitación.
Stanley, o como le decían los amigos 'Stan', bajó la mirada para dedicarse a observar a quien tenía literalmente acorralado. La mirada de Kyle viajó desde la puerta hasta los ojos del otro, quien pudo darse cuenta de las largas, abundantes y pelirrojas pestañas que Broflovski poseía. Se sintió cobijado por su mirada, a pesar del enojo que estos profesaban. El color de sus ojos era de una extraña tonalidad verdosa, muy brillante y profunda. No podía quitarles la vista ni por un segundo. Sin duda alguna eran los ojos que aparecían en sus sueños. De pronto sintió un suave aroma que le traía viejas sensaciones, era algo dulce pero más cítrico a la vez y respiró profundamente. Le dirigió una mirada tan intensa confundiendo al joven frente suyo, que poco a poco olvidaba por qué estaba tan molesto con el muchacho de ojos de un color similar a un río de montaña.
Cuando sintió como inconscientemente le subía calor a las mejillas, se dio cuenta de la poca distancia que había entre ellos y le empujó con ambas manos para alejarle de él – Nunca. – Terminó la oración y volteó la cabeza a otro lado tratando de calmar el enojo que le acometió por quién sabe qué vez durante el día.
– No sé por qué exageras tanto. – Stanley, que había vuelto a la realidad, parecía divertido con la situación- Ahora, ¿Cómo volverás a entrar a la habitación? Genio. –Kyle bufó, observándole irritado. Se revisó los bolsillos y le devolvió la mirada a Stanley en silencio, pasando por su lado hacia la escalera.
–Idiota – Refunfuñó mientras bajaba los escalones. Stan sonrió observando el lugar por el que se había ido el maniático adolescente.
–¿Kyle? –Ike se asomó desde su habitación, quedando congelado al fijar su vista en el muchacho que estaba frente a la puerta de su hermano. Su cabello corto azabache y la tonalidad cerúlea de sus ojos al fijarlos en los suyos. –Hola.
...
Mensaje: ¡En mi país aún son las once y cuarenta de la noche del día Lunes! jajaja siento haberme atrasado. ¿Les gustó? ¿Algo que resulte extraño? Cualquier pregunta o sugerencia podrá ser respondida en los capítulos siguientes o en los mensajes del final. Muchas gracias por los comentarios y por los favoritos. Significan mucho para mí, porque así sé que les gusta y me da ánimo de seguir publicando la historia.
Sobre lo de los cambios: DEFINÍ EL CONTEXTO QUE EXPLICO EN EL FINAL DEL PRIMER CAPÍTULO Y TRABAJÉ UN poco mejor LAS RELACIONES DE LOS PERSONAJES. RECUERDEN QUE ES UNIVERSO ALTERNATIVO, es decir que los personajes no son del todo como en la serie ni sus relaciones personales. Sí, Sheila aparece más adelante y Gerald es un diplomático amargado. Me imaginé a ese típico personaje demasiado recto y cuadrado, con sus matices y reglas. Exigente, egoísta, perfeccionista. No es el amor de persona que es en la serie.
Pronto estaré de cumpleaños y les quiero regalar otro capítulo, claro, si les gustó este. Porque si no les gustó entonces me iré a llorar un poquito y escribiré otra cosa. Jajajaja broma.
¡Ah! en los capítulos venideros se explica sobre la orientación sexual de los personajes (ATENCION: Esta no es una historia donde todos los personajes son homosexuales y se aman entre sí y todos están bien con eso. Obviamente que existen los homosexuales, pero son de un grupo reducido(muajaja)) y también les diré las edades y lo que quieran saber. Algo más les iba a decir pero lo olvidé.
Besitos.
