Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.

Advertencias: Lenguaje mordaz, insinuaciones.


...

IV –

"El comienzo"

You Won't Know – Brand New

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Bostezó por quinta vez en la mañana. Era recién el primer periodo de clases y con dificultad lograba mantenerse despierto. Antes de dormir había pasado una hora organizando y poniendo en su lugar los libros y cosas que Stanley había tomado, y como si fuera poco apenas pudo dormir por la noche al haberse visto atacado por sus últimamente recurrentes pesadillas nocturnas. Esperaba que no fueran un tipo de premoniciones.

Pestañeó con lentitud, y por un segundo perdió el control de su cabeza, que cayó sobre su peso. Se irguió con rapidez y vio por el rabillo del ojo a Kenny, que dormía plácidamente sobre su escritorio. Una sonrisa apareció en su rostro y levantó la mano derecha del cuaderno donde dibujaba garabatos simulando tomar anotaciones, y la acercó un poco a su compañero de banco con la sonrisa petulante aún impregnada en los labios. Kenny le atrapó la muñeca con el lápiz quedando a pocos centímetros de su mejilla y Kyle dio un salto que hizo rechinar la silla en el suelo.

Kyle – Murmuró Kenny en voz lúgubre. El mencionado retrocedió con una mueca mezclada entre el susto y la sorpresa. El rubio le observó divertido y en cuanto abrió la boca para molestarle sonó el timbre indicando el inicio del receso.

Muchos de los alumnos se levantaron haciendo mucho ruido, bostezando, conversando mientras la profesora borraba el pizarrón. Kyle se levantó de su sitio y se talló los ojos con el dorso de la mano derecha.

Chicos, les presento a Kyle. –El mencionado se volteó pillado de pronto con la inesperada presentación. Encontró a Kenny sonriéndole con una inocencia que sabía no era propia de él.

Cartman y Stanley voltearon su atención en el presentado. Cada uno de diferente manera; Stan había esbozado una amistosa sonrisa que hizo flaquear el ánimo de desistir de Kyle, mientras que Cartman le observó con los ojos entrecerrados, guardando ambas manos en los bolsillos de su pantalón, abriendo la chaqueta en el proceso.

Es un poco tímido, pero ya verán lo simpático que es. – El pelirrojo observó con molestia a Kenny.

Oye, no soy tímidComo sea. – Le interrumpe el chico de cabellos rubios y despeinados, dedicándole una nueva sonrisa a Kyle, quien le obsequió una gélida en respuesta.

Hola Kyle, ¿Cómo estás? –. Stan intenta comenzar un tema de conversación, pero solo recibe una mirada desinteresada. – Oh, ¿Sigues enojado? – Kyle abre la boca para contestar, justo en el momento en que Cartman apoya las manos en el banco y le observa detenidamente.

¡Ya sé de dónde conozco tu apellido! – Los tres chicos le vieron con incredulidad. – Apestas a judío como tu padre. – El chico con la ushanka abre los ojos lo más que puede y luego frunce el entrecejo.

No sé de qué mierda estás hablando. – Se cruza de brazos. Eric lanza una carcajada de mofa.

Claro que sí sabes judío, hablo de tu padre Gerald Broflovski, el abogado. – Se acerca a Kyle con petulancia.

Yo no tengo nada que ver con él. – Kyle sube un tono de voz.

Ese maldito hijo de puta salió con mi madre... y siendo de tu maldita sangre, me repugna la simple idea de ser amigo de un hijo de perra. – Eric dio un respingo, sorprendido con el golpe que Kyle le dio a su mesa con ambas manos. Ahora estaban ambos a un palmo de distancia.

No hables así de mi madre, culo gordo. – Cartman arrugó el rostro en rabia y levantó la mano dispuesto a tomar del cogote a Kyle, pero no contó con que Stanley corriera al chico nuevo, agarrando aire en su lugar.

Ya déjalo, Eric. Ve a molestar a otro lado y revisa si alguno tiene ya ese nuevo video porno que subieron de tu mamá. – El mencionado le gruñó a Stanley, pero no arremetió contra él. No le convenía meterse con el capitán del equipo de fútbol y no era como si tuviera menos fuerza, sino que por un tema de reputación. Él tenía una imagen que cuidar como presidente del comité disciplinario, así que se fue del salón no sin antes patear lejos el pequeño basurero que había junto a la puerta.

Mientras Kenny y Stan veían como Eric estúpido Cartman se iba, yo no podía quitarle la vista de encima a Stan y su tonta sonrisa. ¿Quién se creía? ¿Acaso pensaba que yo no podía defenderme? Oh no, estaba muy equivocado si pensaba que Kyle Broflovski no tenía cojones para enfrentarse a alguien más alto que él.

Ahora que lo pensaba ¿¡Por qué en esa ridícula escuela todos tenían que ser tan altos!?

De nada. – Abrí más los ojos en gesto de estupefacción. ¿Desde cuándo me estaba mirando?

No creas que te voy a agradecer por esto. Me puedo defender solo. – Soltó un bufido de ironía y Kenny le vio feo a Stan.

Lo dudo. – Le atraje a mí tomando su corbata en un puño mientras tenía la guardia baja.

¿Lo dudas? – Le empuje hacia atrás con la otra mano e hice que cayera sobre una silla. Después di media vuelta y guardé mis cosas en la mochila – No tengo tiempo para andar jugando con niñitos pijos y malolientes. – Kenny rió con el comentario y se acercó a mí. Comenzó a contarme de algo que le había pasado con una chica hace un rato. Me pasé la mochila por un hombro y caminé hacia la puerta.

Espera. – Habló Stan, tomando mi muñeca – Kyle – Le miré.

¿Ahora qué quieres? – Kenny se puso a mi lado. Stan le observó y luego me vio a los ojos. No me gustaba que hiciera eso. Sentía que sabía algo que yo no.

Tú… ¿No me recuerdas? – Esto sí que era extraño. ¿Recordarlo, de dónde? Tuve que haber hecho una mueca muy extraña como para hacer que Stanley pusiera cara de cachorro abandonado. Sentí como Kenny se tensaba a mi lado.

No.

¿En serio? ¿No recuerdas nada? – Entonces vinieron a mi mente las palabras que Sharon mencionó ayer ''(…) que no te acuerdes de mí o de mi hijo, Stan ¡Eran tan amigos cuando pequeños! ¡Era imposible separarlos! ¡Hasta pensábamos que ustedes eran…''.

Tu madre dijo algo de que cuando pequeños éramos amigos o algo así. – Kenny me observó con una ceja alzada. Oh, cierto, había olvidado mencionarle lo que había ocurrido ayer.

¿O algo así?

Kyle, yo pensaba que te acordabas de algo. Ustedes eran 'súper mejores amigos'. – Ahora era mi turno de levantar una ceja por lo dicho por Kenny– Sí, algo tan gay como eso. – No pude evitar sonreír con ironía.

¿Eso es cierto? – Me dirigí a Stan, que en ese momento sonreía como estúpido. ¿Cómo hacía para poner esa cara a cada momento?

Sí, más o menos. – Se rascó la nuca en un gesto de incomodidad. Observó fuera del salón con rapidez buscando alguna excusa para romper el silencio y escapar de los grandes orbes verdosos que le escrutaban. Bueno. – Profirió una corta risa fingida – Nos vemos luego. – Presuroso dejó el salón, llevándose consigo un par de mesas con torpeza.

Okey, eso fue incómodo – Kenny sonrió con sorna luego de que Stanley dejara el salón, y se giró a ver a Kyle. En su rostro se leía la duda y en sus ojos el rápido análisis que hacía de la conversación que acaba de ocurrir. Solo serían un par de segundos antes de que soltara la cháchara.

¿Qué fue eso?– La mirada expectante con la que Kyle le observaba le hizo sentir débil el apoyo de sus piernas.

Cuando éramos pequeños, cerca de los nueve años, antes de irte de south park ¿recuerdas algo? – Kyle frunció los labios y observó el suelo.

No mucho... O sea, tengo unos recuerdos fugaces de colores, olores y texturas. Pero – Su voz se fue desvaneciendo mientras sus ojos se entrecerraban y hacía un esfuerzo de buscar en su memoria – habían unos niños. Me juntaba contigo, ¿cierto? – Se encontró de frente con la mirada de seriedad en el rostro de Kenny.

–. El rubio le tomó de los hombros e hizo sentarse en la primera silla que encontró –También con Stanley –Kyle asintió con comprensión, uniendo los retazos del rompecabezas de su infancia. –… y Eric.

¡¿Qué?! –. Kenny sonrió de medio lado por la exclamación del pelirrojo. Conocía a su amigo desde hace mucho más tiempo que los demás. Sabía que era obsesivo con sus cosas y que su personalidad era más racional que sentimental. Seguramente ahora no le encontraba sentido a que se hubiera relacionado con alguien como – ¿Cartman, Eric Cartman? ¿Kenny, te escuché bien?

A pesar de ser un desgraciado, es inteligente. Se llevaban mal, pero cuando hacían una especie de alianza eran poderosos.

Kyle lo pensó, y pareció encontrarlo lógico por la mueca de comprensión que cruzó por su rostro. Suspiró y se levantó de la silla en la que el rubio le había hecho sentarse.

Lo siento. De verdad lamento no poder recordar esos buenos momentos de mi infancia. Ya han pasado muchos años y solamente te vi a ti más que a los otros luego de mudarme. Siento que me perdí de algo importante por andarme preocupando de mis padres y el lío que les rodeaba.

Está bien, Kyle. – Puso una mano sobre su hombro en gesto de apoyo – Algunas personas se han visto obligadas de madurar antes de tiempo.

Kyle le sonrió con sinceridad y colgándose la mochila al hombro salió del salón.


Los científicos aseguran que los niños forman la memoria después de los tres años, claro ¿quién se acuerda del primer momento en que comenzó a caminar? tal vez una imagen fugaz, o una sensación. Como aquella de protección cuando nuestra madre o abuela nos apretaba a su pecho.

Me molesta pensar que no puedo recordar ciertas cosas. Cosas buenas. ¿Por qué tenemos una estructura en nuestro cerebro -llamada amígdala- que se encarga de guardar los recuerdos traumáticos? Es válido pensar que si nuestros ancestros se intoxicaron alguna vez por comer de una fruta nosotros luego aprendamos a no comerla por el horror de verle morir. Pero cuando guardan esos recuerdos malos ¿dónde quedan los buenos?¿a qué parte se van?¿son almacenados en otro lugar o se eliminan por no competente? Yo quiero recordar aquellos días de mi infancia en que me reía sin cesar de las ocurrencias de mis amigos. Cuando jugar en el barro no importaba, cuando imaginabamos que éramos criaturas de otros mundos. Cuando llevábamos la imaginación a la realidad. ¿Cómo era? ¿Cómo se sentía?

De la vez que abandoné este pueblo, han pasado años, en los que traté de olvidar los problemas que tenía llenándome de otros, y de una vida… de una vida que pocos creerán la viví. Tan libre, sin culpas, sin prejuicios, sin precauciones y sin frenos. De mal, en peor, a la indiferencia.

¿Cómo habría sido todo si me hubiera quedado acá, en South Park?

Claramente no habría conocido a Butters, ni a Bebe, ni me habría acercado tanto a Kenneth ¿o tal vez sí?¿Qué habría pasado conmigo? ¿habría seguido siendo amigo -súper mejor amigo- de Stan? Stanley...

Kyle comenzó a pensar de otra forma de Stan, sin juzgarlo por la manera en que se comportaba tan odiosa para él en un principio. Era un tipo extrañamente amable, tenía que reconocerlo. Cosa que no se veía mucho - al menos en su vida cotidiana -. Por lo que había desconfiado en él desde un principio. A su parecer, las personas que se comportaban amables con otras que apenas conocían era porque tenían un motivo oculto, pero Stanley solo tenía buenas intenciones. Era un buen chico. Le hubiera gustado haber mantenido la amistad con él.

El estridente ruido producido por el cierre de un casillero, el suyo para ser más precisos, le sacó del ensimismamiento en el que se encontraba inmerso. Dio un pequeño salto que provocó que los libros que tenía abrazados se deslizaran hasta el suelo.

¡Kenneth! ¡Casi me matas del susto! – Se llevó una mano al pecho mientras sentía un vacío en la boca del estómago – ¿¡En qué estabas pensando!? Es la segunda jodida vez en el día – Observó al suelo buscando los libros, pero no había nada a sus pies. Vio a Kenny, que le tendía sus cosas con el entrecejo fruncido.

Oh claro, es mi culpa. ¡No estabas escuchando nada de lo que estaba diciendo, Kyle! – El culpado le quitó los libros de forma brusca y observó a otro lado con la nariz roja.

Si estaba escuchando – Kenny bufó meneando la cabeza en forma de negación. Le había entendido a pesar de que hablara con las palabras pegadas una tras la otra.

¿Y qué estaba diciendo? – Kyle le miró con urgencia y abrió la boca para luego cerrarla, cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a otra. – ¡Lo ves! No tienes ni puta idea. – Le admiró un momento – y aparte tu nariz se pone roja cuando te pillan vacilando.

Eh… – Se cubrió la nariz con una mano.– ¡Es que tú eres el que habla muy rápido! No alcanzo a entender lo que dices. – Sus cejas se acercaron en muestra de que estaba enfadado. Kenny le tomó por los hombros.

¿Por qué te cuesta tanto pedir una disculpa? Sabes que no me burlaré de ti. – Kyle observaba por sobre el hombro derecho del rubio. – ¿Kyle? – Al ver que no obtenía respuesta se fijó en los perdidos ojos de su amigo y le zarandeó, llamando su atención nuevamente. – ¿¡Ky!?

Ah, ¿Dime? – Contempló los confundidos ojos azul hielo de Kenneth y esbozó una sonrisa de culpa.

¡Ugh! – Se quejó Kenny, llevándose una mano al entrecejo, cerrando los ojos, gesto adquirido de Stan. Al abrir sus ojos se fijó en que el chico de cabellos bermejos había vuelto a perderse quién sabe dónde. –¿A quién estás mirando, de todas formas? – Iba a voltearse, pero como si hubiera sido impulsado por un resorte Kyle le tomó de los brazos, limitando su rango visual.

¿Yo? A nadie, sabes que no me interesa – Trató de actuar de manera indiferente, esta vez mirando hacia su costado y luego dándose la vuelta para restarle importancia.

¿Por qué no me dejas ver a dónde estás mirando? –Le dedicó una sonrisa traviesa, tomándole de una muñeca– Eres un sinvergüenza – dio media vuelta, llevando al delgado Kyle que trató de tirar de él para que no viera lo que él estaba viendo.

El chico con cabellos dorados y una sonrisa vio a todas las personas que antes habían estado a su espalda. Sólo habían unos pocos que eran de su grado que estaban quietos hablando con otros, pero la mayoría pasaba a su lado como si no existiera.

¡Oh! Kyle, no me digas que estabas viendo a Testaburger.– Volteó a ver a su amigo. – Ella está ocupada, bro'.

¡Yeigh, no! – Miró a los ojos a Kenny. Mientras un tono rojizo que ascendía por sus mejillas le delataba de algo. – ¿Quién es Testaburger?

Si no sabes quién es ella, entonces ¿A quién… – Soltó una exclamación de sorpresa, tapando su boca con ambas manos, soltándose sin esfuerzo del agarre de Kyle. Este último retrocedió un paso, enrojeciendo hasta las orejas, y volteó dispuesto a irse rápido de ahí. Pero, y a su pesar, no alcanzó a dar ni un paso cuando Kenny le sostuvo por sobre los hombros, enterrándole los dedos en la piel y acercándose sin escrúpulos a su rostro, con la característica sonrisa traviesa en los labios. – Mi querido Kyle –. Dijo con una voz tan suave que provocó un escalofrío en el mencionado, desde la nuca a los pies. – ¿Estabas observando a Stanley Marsh?

¡No! Yo no… ¡Ah, cállate! ¡Vete al diablo! – Se quitó las manos de Kenny de un manotazo.

¡Epa! – Levantó las manos al aire – Era una broma Ky, tranquilo. –Bajó la voz a un tono más amable y calmó a Kyle que había comenzado a temblar. No quería que el chico pelirrojo le golpeara.

Es sólo que… – Le vio a los ojos, y se recompuso en un segundo, retomando su actitud endurecida. – ¿Sabes? No importa. No es nada. Él es extraño.

Es atractivo.

Sí. Quiero decir, no. Bueno, sí, pero no es mi tipo. – Kenny le bajó el gorro a Kyle, tapando su vista mientras ambos comenzaban a reír un poco. Stanley no estaba mal, pero su tipo era más intelectual. A lo lejos pasó un profesor, haciendo reír a un par de estudiantes y desviando su atención a él pudo jurar que sus miradas se toparon, y por ese pequeño instante una sonrisa que él no había llamado se hizo con sus labios, junto de una timidez no propia de él. Sonrió de medio lado. Alguien intelectual como el profesor Tucker.

En serio. – Observó fijamente a Kenneth, una vez se hubo acomodado bien la ushanka. ¿El profesor de literatura? claramente fue un pensamiento fugaz y completa e irrefutablemente irracional. ¿Profesor y alumno? Ha conocido a mayores, no le avergonzaba. Entonces ¿Qué tenía él que sí le hacía avergonzar?

Te creo. Vamos a clase, marica. – Le tomó de los hombros, pero fue atacado con un puño directo en las costillas izquierdas que le quitó el aire por algunos segundos. Rápido. Conciso.


Hacía un día precioso. Afuera como nunca, un radiante sol se asomaba por entre unas livianas nubes blancas que habitaban el cielo en esos momentos. A pesar de que seguía haciendo frío y la escarcha no parecía querer soltarse del pasto, era un día agradable, y a Kyle le gustaba respirar ese tipo de aire tan humilde y poco manipulado de las montañas, pero no le gustaba llegar tarde. Ahora mismo estaba llegando exactamente cuatro minutos con treinta y dos segundos, y contando, atrasado para ciencias biológicas. ¡Ciencias!

Inútil mequetrefe de pelo oxigenado. ¡¿Cómo puede dejarme solo en las laberínticas inmediaciones de esta institución?! – Kyle refunfuñaba a diestra y siniestra mientras recorría uno de los asolados pasillos de colores aburridos de la escuela. No sabía en qué piso estaba y tampoco dónde estaba. – ''¿Te toca biología? ¡Te acompaño!'' Sí claro. De seguro no contaba con que la señorita tetona se pasara contoneando su tremenda retaguardia y él como un retrasado se enfila a seguirle el paso. – Bufaba mientras bajaba unas escaleras y sentía derretirse bajo los nimios rayos de sol que atravesaban las ventanas. – y yo aquí como el idiota más grande del mundo, subiendo y bajando escaleras como si estuviera en una especie de maratón, con el uniforme más grueso que pude encontrar en el armario. – Se sacó el gorro y sacudió el cabello mientras caminaba ahora por otro pasillo – ''Sólo ve al segundo piso, a la derecha, la tercera puerta del pasillo''. Pero olvido mencionar qué escalera tomar. Ahora no puedo olvidar la cara de estupefacción que pusieron los alumnos de al menos 13 años, y el profesor a cargo, al verme abrir la puerta de par en par de su salón. Ugh. Kenny, te odio.

Dobló en otra esquina. No sabía qué buscaba exactamente ahora. Tal vez se paseaba para conocer un poco el establecimiento que iba olvidando cada vez que comenzaba un nuevo pasillo. Caminaba casi arrastrando los pies. A su derecha habían casilleros y a su izquierda unos grandes ventanales que iluminaban por completo el corredor.

Escuchó un ruido que provocó levantar su cabeza para distinguir el lugar de procedencia del sonido, y cuando hizo aquello su rostro se iluminó. ¡Ahí estaba Stan! Efectivamente ahí se encontraba este chiquillo de diecisiete años, que con el rostro compungido, parecía observar a alguien. Caminó un poco más rápido.

¡ST-¡Stanley! – Su voz se mezcló con otra más grave que hizo callarle de inmediato. ''¡y ahí está…! El profesor Tucker ¡Mierda!'' Pensó al momento en que se escondió tras unos casilleros, tuvo suerte de encontrar una puerta cerca. Se asomó un poco, poniéndose nuevamente su gorro para ocultar el volumen de su cabello.

Los medio-hermanos estaban cara a cara, uno viéndole con seriedad y el menor con los puños apretados a cada lado. Kyle comenzó a procesar la similitud que tenían estos dos jóvenes y se planteó la posibilidad de un parentesco genético. Es decir, ambos con el cabello de mismas tonalidades azabaches, la forma del rostro y los rasgos endurecidos, como si hubieran sido tallados por algún escultor de la época griega. Eran putos adonis. Tenía que admitirlo. Su condición sexual no tenía nada que ver en esa afirmación, podía jurarlo.

¿Qué haces fuera de clases? – El tono de superioridad con el que le habló, hizo que Kyle recordara a su padre. Craig se acercó a su hermano llegando a pocos centímetros del otro en pose amenazadora.

¿Y a ti qué te importa? No es de tu incumbencia. deberías estar trabajando. – Parece que no se llevan bien. Se miraban de arriba abajo el uno al otro. Una voz en la cabeza de Kyle gritaba "pelea, pelea"

¡No seas dramático!, Stanley. Estoy en mi tiempo libre –Remarcó su nombre como si lo hubiera saboreado y luego escupido con asco. – Aparte no es como si me interesara lo que sea que estuvieras haciendo. Sigo reglas preestablecidas. Soy tu profesor ¿lo olvidas, hermano? ¡Ajá!, lo sabía. ¡Stanley y Craig son hermanos!

No me andes sermoneando ¿Quieres? Que para eso están los padres.

Ese cabeza hueca de tu padre ni siquiera sabe cómo limpiarse el culo. – Craig se irguió con una sonrisa arrogante en el rostro. Sí, eran muy similares.

Stan iba a tomarle de la corbata, pero Craig fue más rápido y atrapó su muñeca en el aire. –No te metas conmigo. –Le advirtió con veneno en sus palabras su compañero de clase. El mayor se carcajeó y le soltó. – Vete a la mierda.

– ¡Eh! cuidado con ese lenguaje. Sé que eres un irresponsable, aparte de estúpido, no creas que no he notado lo deprimida que tienes a Sharon – Le observó con frialdad – No puedes, Stan. Debes cuidar a Mamá.

Hazte cargo tú también un poco – Trató de encararlo Stan. Craig parecía más fuerte, acercándose más aún, y haciendo que el otro topara con los casilleros.

Cállate, Stanley, y madura de una puta vez. Agradece que estamos teniendo esta conversación en la escuela y no en algún otro lado – Se quedaron en silencio observándose mutuamente.

Piérdete – Se hizo a un lado y Stan le golpeó el hombro al pasar y al girar hacia donde estaba mirando el de alocados cabellos, quien asustado se giró tan rápidamente que golpeó el casillero a su espalda.

¿Señorito Broflovski? –Kyle observó a su izquierda, donde la puerta se había abierto dando paso al cansino rostro de un profesor del cual no recordaba su nombre. – ¿Dónde se había metido? Empezamos la clase hace unos quince minutos. – No podía creerlo.

Entré al salón con el entrecejo fruncido y ahí estaba Kenny, con uno de sus brazos pasados sobre los hombros de la señorita de grandes atributos que antes perseguía y dirigiéndome una mirada de autosuficiencia. Busqué un sitio disponible y me senté. Agradecí que el puesto de mi lado estuviera vacío. No tenía ganas de conocer a nadie y menos sentirme obligado a portar un aura amistosa con idiotas que no me interesa conocer.

La puerta se abrió justo cuando el anciano profesor iba a retomar la clase y entró por ella Stan hecho una fiera. Ni el profesor que le miraba estupefacto le dirigió la palabra. Sin embargo, todos parecían preparados en este tipo de momentos que apuntaban a ser usuales. En donde el muchacho más amable que hubiera conocido se transformaba en algo peor que ogro.

El capitán de fútbol americano se dejó caer en el sitio que estaba al lado de nuestro protagonista. Este se tensó durante unos segundos, pero luego se replanteó la situación y se sintió abandonar por su máscara usual, adaptando su verdadera identidad de observador. Se fijó en los músculos tensados de su cuello y en como abría y cerraba el puño, totalmente perdido en mil y un pensamientos de odio contra el profesor de literatura. Lo podía leer en su mirada, que parecía de torbellino, y le recordó a él mismo, luego de hablar con su padre. Entendía que era tener ese tipo de conversaciones con un familiar mayor a ti, con poder. Tuvo la intención de acercarse cuando algo hizo clic en su cabeza y miró al frente con seriedad y cuidado, pues se había dado cuenta de la rápida simpatía y confianza que estaba agarrando con el muchacho. No es como si tuvieran nueve años y fueran amigos. Había mucho que no sabía de él, y se encontraba fuera de sitio al preguntar sus dudas acerca de la parte que de la historia que se perdió.

El tiempo pasaba y se estaba quedando dormido cuando sintió su teléfono vibrar en su bolsillo. Saltó asustado llamado la atención de Stan a su lado. El plan de hablar con él quedaría para más tarde. Aún quedaban a lo menos diez minutos de clases. Revisó el teléfono. La llamada había terminado ¿Butters? Si le llamaba en horario de clases debía ser urgente. Se levantó y pidiendo permiso de ir al baño al profesor, que asintió sin dejar de hablar de manera pastosa un tema que nadie ya recordaba como había empezado, salió del salón. Marcó de vuelta mientras buscaba las señales de salida de emergencia. La manera más rápida de salir de un lugar que aún no te es familiar, o para aquellos que no tienen buena orientación.

Sonaron dos pitidos. Había descolgado muy prontamente.

¿Aló? – La voz se escuchó como pocas veces lóbrega

Butters ¿Qué ocurre? – Silencio. Quejido.

Lo siento... – Estaba llorando, lo sabía.

¿Dónde estás? – Seguía las flechas. Bajaba escaleras. Los pasillos vacíos, iguales unos de otros.

En el café, pero no se te ocurra venVoy en camino – El pelirrojo le cortó, y su mirada adquirió el característico tono de seriedad y frialdad que le acompañaba a todas partes. La cabeza levemente levantada, los pasos casi meditados. Parecía flotar en el aire con aquel caminar ligero y elegante.

Giró en una esquina y divisó al final del pasillo las puertas principales de la escuela. Una leve sonrisa se acomodaba en sus labios. Sonrisa que fluctuó apenas alguien salía de un salón cercano, un profesor. Craig Tucker. Venía hacia él.

Profesor Tucker – Dijo asombrado sin proponérselo.

Joven... – Se detuvo frente a él. ¿Era su idea o el profesor de literatura se veía más atractivo de cerca? Sintió una especie de nudo en la boca del estómago y quiso reírse de sí mismo.

Broflovski – Se presentó Kyle, asintiendo en modo de saludo y viéndole directo a los ojos. Sus ojos giraron hacia un costado y pasó a su lado como si nada.

¡Espere! – Llamó su atención el mayor y Kyle se detuvo como un resorte. Maldecía su moral, su educación, sus modales de etiqueta. Giró en el lugar. Las manos habían comenzado a sudarle. Era injusto que pusieran a un profesor como él a cargo del cuidado del pasillo. Era casi imposible no caer en las redes de sus largas pestañas, ni dejarse ahogar en la profundidad de su mirada – ¿No debería estar en clase?¿Para donde cree que va?

Eso no es de su incumbencia, señor profesor. – Una sonrisa burlona se hacía en sus pequeños labios. Volvió a su objetivo principal, poniendo la mente en blanco, pero sin contar con que el mayor le siguiera casi pisándole los talones. Giró nuevamente – Me llamaron de mi casa avisando que mi hermano pequeño Ike está muy enfermo. Tengo que ir a casa a cuidarlo ya que mi padre trabaja. –Dijo poniendo la mejor cara de compungido que pudo. Todo el tiempo trabajando en el café le permitió darse unos gustos como aprender el arte de la actuación. El rostro de Craig se relajó y se llevó una mano a la quijada, acariciandola en comprensión. Le señaló con la otra mano la puerta y el alumno dedicándole una sonrisa "sincera" se dio media vuelta y caminó con prisa hacia la puerta de entrada del establecimiento trucando la mueca en un sonrisa de medio lado.


Craig rememoró el momento del encuentro con su nuevo alumno por quinta vez. Era un alumno educado y de buen porte. Le agrada tenerlo de alumno. De seguro es inteligente Esperaba que su hermanito sane pronto. Aunque no pudo evitar preguntarse por qué solo le habló del padre ¿serán los tres solamente? no le convenía meterse en conflicto ajeno y prefirió dejarlo así.

Iba girando en el pasillo cuando sonó la campana de receso. El silencio del pasillo se vio aplacado por risas, conversaciones y los ruidos de los pasos sobre la baldosa. El profesor de literatura se vio rodeado de calor humano, algunas sonrisas o saludos dirigidos a él.

¡Ike! –. Un llamado de entre los estudiantes acaparó toda su atención, frenando en seco su caminar lento y pausado. ¿Dónde había escuchado ese nombre antes? Giró su cabeza en búsqueda de la persona que había gritado y vio como un chico de cabellos negros caminaba en su dirección. Fue como una cachetada: "(...)Me llamaron de mi casa avisando que mi hermano pequeño Ike está muy enfermo." "mi hermano pequeño Ike…" No lo pensó dos veces.

¿Qué pasó? Ah, hola profesor Tucker – El aludido le estaba observando con unos ojos grandes, curiosos y castaños. Sintió por un momento que estaba apunto de hacer el ridículo, pero llevaba a lo menos dos años enseñando en esa escuela, y no conocía a otro chico con ese nombre.

Hola. –Titubeó unos segundos – ¿Cómo te sientes?.

Él no era así. Cuando tenía la edad de Kenny hubiera pasado de largo. Siquiera le habría importado si alguien se llama Sr. Nalgas. Pasaba de todo, excepto de él mismo y lo que considerara importante. El profesorado le había cambiado, no sabía si para bien o para mal, pero sí sabía que ahora el pequeño de cabellos negros le miraba con una cara de desconcierto que si tuviera baja autoestima ahora querría hacer un hoyo y enterrarse vivo. Atinó a sonreírle al alumno y rascarse la nuca.

Bien – Miró a su amigo por el rabillo del ojo, con una sonrisa cómplice – ¿Por qué pregunta?. – El profesor enarcó una ceja.

Me dijeron que estabas enfermo, ¿Su apellido es Broflovski, jóven? –. El menor asintió con desconcierto y luego soltó una risa que parecía había acumulado de hace un rato.

Le informaron mal, profesor. Me encuentro en perfecto estado. – Le dedicó una gran sonrisa que el profesor le devolvió con unas palmadas en el hombro.

Qué bien –. No. No estaba para nada bien. Dio media vuelta y caminó a paso veloz hasta la puerta de entrada del establecimiento, abriendola de par en par y observando hacia afuera, tratando de encontrar un atisbo siquiera de un mechón pelirrojo. Se la había jugado, y le había visto la cara de idiota. Ahora que lo pensaba ¿Cómo no se había dado cuenta que no llevaba la mochila puesta? cada momento que lo pensaba más le entraba la rabia por lo obvio que era el engaño ¡¿Cómo pudo caer en una artimaña tan barata, cuando él mismo la había inventado?!

Maldición –. Susurró entre dientes. Se sentía un fracaso de adulto. Se llevó una mano al inicio del cabello y se peinó hacia atrás.

Una risa removió algo en su interior que creía seco y marchito. Una risa de vida, de juventud. Le recordó a él cuando tenía su edad. Kyle Broflovski... El niño nuevo le daba curiosidad, y ese sentimiento no era nada nuevo para alguien avaro de conocimiento como él. Ya sabía cómo cobrarle los veinte dólares a Kenny.

...


Mensaje: ¡Hola! aquí llegué con otro capítulo. Como este mes estuve de cumpleaños, les regalaré otro capítulo (que no publicaré ahora mismo porque voy saliendo jaja). Espero que les guste (háganmelo saber si sí para alegrarme la semana u,u), y cualquier dato u observación que tengan espero me la digan. Acá cambié un par de cosas, y recuerdo que esta historia es un universo alternativo y por ende las personalidades difieren de la de la serie.

Aviso: Me molestan las historias donde los personajes se enamoran un día y al siguiente quieren casarse. Eso no ocurre en la vida real ¿ok? jaja

Besitos, los quiero.