Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje soez, travestismo.
...
– V –
''Secretos Revelados''
…
Un nuevo y hermoso día saludaba a los habitantes del pequeño pueblo montañés.
En la famosa preparatoria de south park caminaba despreocupado por los pasillos temprano a primera hora un joven de cabellos rubios y despeinados. Estaba solo porque Kyle por alguna razón rehuía de todos esa mañana y Kenny no podía encontrarlo. Lo buscaría a la hora de almuerzo.
Vio a su nueva víctima -la chica de prepotente delantera- en su casillero y se puso detrás de la puerta abierta a esperar que lo cerrara, sí, así como muestran en las películas, pero en cuanto lo hizo una cabeza gigante llamó su atención. Había hecho contacto visual sin intención con el señor Mackey. Sintió una oleada de pánico.
— Kenny – La chica frente a él trató de llamar su atención – ¿Qué ocurre? – La sonrisa de conquista no se iba de su rostro. ¿Más falsa? imposible.
– Señorito McCormick, lo veré hoy en detención, m'kay –. El orientador se hizo notar en cuanto pasó al lado de los alumnos.
– ¿Qué? ¿Pero qué? ¿Por qué que? Yo no, si yo—Y encarguese de no llegar tarde –. Movíó el dedo indice de arriba a abajo. El señor mackey pasó por su lado sin detenerse. Tenía que ser una broma
¿¡Qué!? Su rostro se descompuso. Hasta la corbata se había aflojado más en su cuello.
– ¿Qué hiciste? –.
– Te juro que esta vez, nada –. Se apoyó en los casilleros a su espalda. Le había hecho una promesa hoy a Karen. Maldito sea.
Parece que al final de cuentas sería un día aburrido y común como todos los otros. Supongo que aquí debería añadir un suspiro.
Hacía una tarde bastante tranquila en la sala de profesores, con más silencio del normal. Craig se sentó en su escritorio con una taza de café en la mano. Observó la mesa frente a él, el papel arrugado de lo que fue su almuerzo y las fichas de sus estudiantes. Dejando la taza a un costado, prosiguió a buscar una en específico. Levantó ambas cejas en cuanto la encontró. Se sonrió. Era la primera vez que revisaba los archivos de manera legal y responsable desde que ingresó a la preparatoria a enseñar.
"Kyle Broflovski" Tuvo que cerrar con fuerza la boca para no dejar salir una carcajada al ver la foto que había en ella, claramente de otros tiempos. Su cabello parecía tener vida. "26 de mayo de 1986, hombre. Su apoderado es Gerald Broflovski. Vive con padre y hermano, el contacto del padre es … " eso explicaba lo que había dicho el día anterior. Mientras iba ojeando las cartas de recomendación sus ojos se iban abriendo en sorpresa. Había intuido que era un buen estudiante con calificaciones extraordinarias, pero no sospechó en ningún momento su mala actitud y la cantidad de veces que se vio en reprimendas, hasta suspensiones. "Contesta mal al profesor, corrige a profesor, agrede a alumno, se ha visto en innumerables peleas... " Vaya, vaya ¿Quién lo diría?. Si era sincero, hubiera apostado porque se lo comían vivo los bravucones. Pero ahora lo dudaba con seriedad.
Radioactive – Imagine Dragons
El almuerzo. La grandiosa y odiosa hora de medio día. Donde los estómagos se satisfacen, dejan de gruñir y donde la contaminación acústica es tan grande que luego de salir de la cafetería te quedaban chicharreando los oídos.
Kyle llevaba su bandeja, que por la extraña procedencia de la comida, estaba casi vacía. Tendría que llevar comida de su casa, mejor preparada y con un mejor color, definitivamente.
Iba directo al asiento de Kenny con los otros de su clase, que le habían llamado a lo lejos con la mano.
— Hey, Kahl. – Escuchó una voz tras su espalda.
Se detuvo en un respingo "Oh, oh" Conocía esa voz nasal, rasposa, demandante y agresiva. El fuerte olor a cigarrillo que de repente le invadió su espacio le hizo fruncir la nariz, pero no se dio la vuelta. No pensaba darse la vuelta.
– ¿Cómo estás? – Sintió un susurro al oído. Kyle avanzó, tratando de ignorar algo que para su desgracia era demasiado llamativo. – Oh vamos, ¿No piensas contestarme? Parece que dejaremos la entretención para otro día chicos, porque alguien anda de mal humor. – Eso fue en un tono de voz más fuerte, dirigiéndose a su séquito de niños de su edad, medio fortachones, medio malolientes. – Es de mala educación ignorar a las personas, sobre todo después de la historia que tejiste con ellos, pequeña Karma. – La voz sonó dura, quizá algo dolida cerca de su oído. Sólo él pudo oírlo y aún así Kyle hizo caso omiso. – Pero veo que algunas cosas no cambian, preciosa. – La voz sonó ladina, maliciosa y burlesca. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del pelirrojo al sentir una mano agarrarle una nalga con fiereza. Sus ojos se abrieron de par en par. Se acercó a la mesa que tenía más cercana y dejó allí la bandeja.
– Con permiso – Les dedicó una pequeña sonrisa de disculpa a los ocupantes de la mesa y se volteó a encarar al pervertido.
Las risas de los bravucones era molesta, las palabras del entrecomillas líder eran molestas.
Dio dos pasos, tocó su hombro y esperó a que el otro volteara -a medias- porque le atestó un puñetazo en pleno rostro que le hizo trastabillar, cayendo de culo al suelo. Kyle le miró con fuego en los ojos. Se escucharon un par de grititos en la cafetería, las voces fueron decreciendo en volumen.
– Eres un maldito puerco, Trent Boyett. – Fue lo que alcanzó a decir antes de que uno de los del grupito del de mayor grado le diera un golpe a Kyle, haciéndole girar el rostro. Ira, vergüenza, asco. ¿Quién se creía que era ese estúpido? Se tiró contra él.
Kyle Broflovski tenía un temperamento explosivo, eso ya se sabe. Habían límites para él -íntimos- que no debían ser traspasados y definitivamente un agarrón de nalga estaba por lejos sobre el límite. No estaba seguro de si en algún momento se arrepentía de iniciar la pelea
La gente había comenzado a hacer un círculo a su alrededor, esperaban ver caer al chico nuevo. No podría con esos tres grandulones y su líder. Eran conocidos bravucones -por no decir delincuentes- en South Park. Claro, todos lo sabían eso también, excepto nuestro protagonista.
– ¡Hagan algo!
– Deténganlos.
– ¡Dale con fuerza!
Bulla, mucha más bulla. Kenny se apresuró apenas escuchó el primer grito de sorpresa. Alguien iba a atacar a Kyle por detrás, Kenny se interpuso.
– Te debo una.
– Par de maricas. – Trent sonreía de una manera retorcida.
– Celópata de mierda. – Kenny murmuró en cuanto trató de pegarle una patada, pero el mayor lo esquivó y de una tecleada botó al pelirrojo al suelo.
– Me alegra saber que aún me recuerdas. – Casi susurró en su oído. Estaba a horcajadas del menor, reteniendo sus brazos a los costados de su cabeza.– No sabes cuánto te he extrañado, ha sido una sorpresa encontrarte por aquí. Pero no tanto encontrarte con tu amante Kenny. – Kyle forcejeó mientras un escalofrío le heló el cuerpo.
– Quítate, pervertido. Eres de lo peor. –Un certero y rápido golpe de puño en el ojo le hizo caer a un costado. Había logrado liberarse de las grasientas manos del mayor. Kyle se subió a él y siguió golpeándolo hasta que alguien de una patada lo botó. Rodo hasta un poco más allá.
Pudo ver en el suelo como ayudaban a Boyett a levantarse. No había cambiado nada en los últimos dos años; el cabello rubio a ras del casco, el rostro medio cuadrado, los labios finos y los ojos hundidos con esas pestañas cortas. Tenía la nariz media chueca, y una mirada de águila, amenazante. Seguía siendo el mismo cabezota fortachón que había conocido, y con el que "Karma" había tenido una relación.
Kenny le tendió una mano. Se levantó y quedó a su lado.
– No quiero dañarte, Kyle. – Se acercó con las manos en alto, el bermejo se distrajo por un segundo muy rápido en que le llegó un golpe al estómago. Por suerte estaba vacío, por mala suerte quedo sin aire. –Bueno, no tanto. Tal vez lo mismo que tú me heriste. – Provocaba curiosidad su intercambio de palabras en medio de la pelea ¿Cómo era que el chico nuevo conociera a un par de alumnos ya de esa escuela? ¿Ese pelirrojo enclenque había herido al cabeza de músculos de Boyett? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?
– Eres un malnacido. – Kenny acertó en esa patada al costado de su cadera. Boyett hizo una mueca de dolor.
Kenneth se distrajo con los tres idiotas que trataban de golpearlo mientras Kyle trataba de recuperar el aire de rodillas en el suelo.
– Kyle. Tenemos que hablar seriamente.
– No hay nada de lo que tengamos que hablar, Trent. – El mayor le puso un pie en el hombro. Kyle le observó – Esa mirada fue la que me hizo caer en tus asquerosas redes ¿lo sabías? – Kyle sonrió de lado por la sonrisa retorcida que el otro le dedicaba. Boyett se había agachado a su altura para que solo él le escuchara.
– Vaya oxigenado, no creía que fueras tan cursi.
– Me gustas más en pantaletas. – Las mejillas de Kyle se encendieron, la sonrisa se le había borrado. Le dio un golpe en la entrepierna con un puño. – ¡Ugh! ¡Las pagarás!
De pronto entremedio de la multitud se empezaron a escuchar los mismos diálogos:
– Ahí viene un profesor.
– Es el orientador.
– ¡Es Mackey, corre!
– ¡Suficiente ustedes, M'kay! ¡Sepárense!
Mackey venía dando largos pasos, ajustándose la corbata ¿más apretada?. A su lado venía Eric Cartman, pisando fuerte y con el rostro en alto. La mayoría de los alumnos se había retirado del círculo como si nada, como si fuera pan de cada día.
– Oye Trent, deberíamos irnos antes de que Mackey llegue – Boyett iba a voltear a verlos, pero Kyle se lo impidió al darle un puñetazo en el rostro.
– Eso es por Butters – Trent volteó a verlo, tenía ya un ojo morado y sangre al rededor de la nariz y la boca. Le dedicó una sonrisa.
– ¡Broflovski! ¡A direc—Ya sé – Le cortó mientras pasaba por su lado. Mackey se detuvo perplejo y con el dedo índice en alto, viendo como el otro se iba rápido de la cafetería dando un portazo que dejó en silencio por unos segundos el lugar. Se despabiló luego de eso y observó a donde se supone estaban los otros – Y ustedes… ¿ah?
Eric les estaba dando un sermón de brazos cruzados. Tenía un rol que cumplir y se supone que Boyett estaba con él en esto. ¿Por qué se comportó de esa manera al ver al apestoso judío? Le agradaba que también le desagradara, pero no podía permitir que perdiera los estribos de esa manera. Tenían una reputación que cuidar como miembros del comité.
El orientador observó a todos lados buscando a alguien con la mirada y entonces se acercó al costado de la caja registradora ignorando olímpicamente el estado de salubridad del mismo lugar y tomó una planilla que había encima. Respondió al saludo de una de las cocineras con cordialidad mientras buscaba el día de hoy en la planilla. Siguió con un dedo la fecha hasta dar con un nombre y una firma. De pronto sintió algo amargo subirle por la garganta.
Quizás en la época en que Kyle estuvo en South Park él andaba distraído en otra cosa. Dejo la carpeta y cruzando lo dedos sobre su estómago se reclinó en la silla cerrando los ojos. Recordó a su viejo grupo de amigos, las peleas con el padre de Stan, las conversaciones con su padre, unos ojos verde olivo. Pestañeó con pereza. Estaba divagando mucho a unos recuerdos que no quería ni podía abordar en esos momentos. Le urgió un cigarrillo. Resolvió por terminarse luego el café y luego subir a la azotea a por un poco de su vicio.
— Craig, era tu turno ¿Dónde mierda estabas? – Una estruendosa voz se hizo con sus nervios. Abrió los ojos por completo y frunció el entrecejo. No le gustaba cuando la gente ocupaba improperios.
– Aquí.– El rostro del orientador estaba rojo -¿Le apretará la corbata?- se preguntaba Craig.
– ¿Y me podrías explicar por qué no estabas donde se supone deberías estar? Y espero que tengas una buena excusa o ya verás…
– Tenía cosas que hacer – Craig estaba seguro de que el señor Mackey le había escupido en el rostro. Delicadamente se frotó la mejilla. – Y sabes que era innecesario que estuviera ahí. La cafetería es tan aburrida, nunca ocurre na—Hubo una pelea – Le cortó Mackey. Craig enarcó una ceja y terminó de estirarse.
– Podría jurar que Boyett tuvo algo que ver. – El mayor bufó y se llevó una mano a la mitad del rostro, restregando
– Sí. Boyett y el alumno nuevo tuvieron una pelea.
– ¿Broflovski?
– ¿Eh? Ah, sí. Él. –Ahora sí se estaba poniendo interesante.
– ¿Cómo fue? – Arregló las cosas sobre su escritorio y tomó la taza en sus manos. El orientador Mackey se había calmado
– Al parecer Boyett acosó de alguna manera a Brofoski y él se defendió. Eso dijo McCormick. – ¿Kenny también estuvo involucrado? – Craig, ya hemos hablado de esto antes. No importa si un lugar es aburrido o no, no puedes fingir que estuviste en un lugar. Si te vuelvo a pillar y algo así ocurre, estarás en serios problemas.
– La pelea no pasó a mayores.
– Por suerte de que yo llegué… –Craig se encogió de hombros.
– Eres muy irritante. Ya pasó ¿sí? Déjalo ir. Tengo que irme. –Dejó a Mackey con las palabras en la boca al dar media vuelta e irse de la sala. Pensaba en Kyle, en Trent, en Kenny ¿Cómo era que todos parecían conocerle? Porque para él era un completo desconocido
A pesar de que el día se encontrara soleado, una leve y fría brisa aliviaba el calor de muchos pueblerinos. Craig corrió la pesada puerta de metal de la azotea, mientras soltaba un suspiro. Se había sacado la chaqueta, y remangado las mangas de la camisa. Se estiró mientras escuchaba como la puerta se cerraba emitiendo un molesto chirrido, y luego volteó. Se sorprendió de ver a la sombra de los muros a alguien apoyado. Se acercó un poco. Luego de que alguien escapara del establecimiento bajo sus narices, pensaba remediarlo diciendo que esta era un área prohibida para los estudiantes, luego ejercería de todo su poder para que le hiciera caso y se fuera como buena persona. Casi se cae al suelo al ver que la persona era Kyle, el nuevo chiquillo buscaproblema, y que más encima estaba fumando. Oh no, esto era otro nivel de rebeldía. ¿Por qué no podía ser como los otros alumnos que le respetaban, amaban y hasta temían?
— Kyle – El menor volteó a verlo con una ceja en alto ¿Lo había llamado por su nombre? Tenía una mirada desinteresada y de aburrido, aparte de tener un labio roto y la mejilla roja, medio hinchada. – ¿Tú no deberías estar en dirección? –Se tomó la libertad de tutearlo.
– Sí fui, pero la directora me despachó luego. – Por dios, ¿que acaso todos en esa escuela eran unos idiotas? El menor recordó lo que ocurrió momentos antes:
Kyle tocó la puerta del despacho de la directora Victoria. Espero unos segundos, en que la directora al parecer colgaba el teléfono.
– ¡Adelante! – Kyle abrió la puerta y pasó, pero no consideró apropiado sentarse. – ¡Santo cielo! ¿Qué ocurrió?
– Tuve una pelea. Fue en defensa propia – La directora le sonrió
– Ya veo. Tenga más cuidado a la próxima, llevas muy poco aquí como para querer meterte en serio problemas. Puedes irte – No lo podía creer, pero mejor se iba antes de que cambiara de opinión.
– Entonces será mejor que te vayas de aquí. Esta es un área prohibida y las clases empezarán pronto – Bufó por lo bajo luego de eso, jamás hubiera pensado que se convertiría en el aguafiestas.
– Usted es un pesado. Si de verdad quisiera hacer daño a alguien ya me hubieran echado. – Se llevó el cigarrillo a la boca de manera delicada y luego expulsó el humo con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. A Craig le pareció algo femenino. Ni se inmutó por sus palabras que tenían mucho de cierto.
– Vete ya. – Kyle esbozó media sonrisa y se puso frente a él. No parecía intimidado. Se fijó en él en serio y por primera vez. Era bajo para su edad, y más delgado que Kenny (se preocupó por eso). Su piel parecía brillar bajo el sol y el cabello arder como fuego vivo. Pero lo que llamó realmente su atención fueron sus ojos. El verde en ellos se acentuaba con la mirada una profunda y voraz que le dedicaba. Se sintió movido y eso no era para nada algo bueno. Sintió que tenía que cambiar el ambiente antes de que fuera demasiado tarde. – O tal vez querrás contarme por qué te metiste en esa pelea con Boyett.
– Adiós, profesor Tucker. – Pasó por su lado y cerró la puerta. Soltó todo el aire que tenía en los pulmones y negó con la cabeza tratando de despejarse de pensamientos indecorosos ¡era su alumno, por el amor a las letras! Se acercó a la baranda que había en la azotea, apoyando la espalda en ella. Sacó la caja de cigarillos del pantalón, sintiéndose invadido de antiguos sentimientos. Tenía que sacarse la duda y necesitaba a Kenneth para eso. Algo le llamaba irremediablemente la atención de este nuevo alumno. Quería acercarse.
La tarde comenzaba a caer sobre el pueblo tranquilo, las calles silenciosas y menos atestadas de gente. Sólo aquellos apresurados por volver al calor de sus hogares. Los trabajadores contaban las horas para irse, las tiendas comenzaban a cerrar y otras recién a abrir.
A esas horas en la televisión pasaban películas, aquellas que siempre daban a la misma hora y que Ike siempre colocaba pero nunca realmente veía. Kyle le acompañaba en el sillón, acostado sobre él, con las piernas sobre el regazo de su hermano. Parecía esa típica tarde de día domingo en la que no te daban ganas de hacer otra cosa que dormir.
— Kyle – Escuchó su nombre, evocado con su voz desde las profundidades de su subconsciente. Los vellos de los brazos se le erizaron y suspiró. Se sorprendió y cubrió el rostro con ambas manos.
¿Por qué tenía que recordarlo? ¿Qué jugaba con él de esta manera?
Sentía el corazón latirle en los oídos y las manos le comenzaron a escocer. Trató de regular su respiración. Se le estaba yendo de las manos, no podía controlarse.
– Kyle, ¿Estás bien? –. Ike se preocupó de que de pronto su hermano hubiera tenido una especie de descarga eléctrica por su cuerpo.
– No. No me siento bien, iré a acostarme arriba. – Se levantó del sillón y subió las escaleras. No podía ir a trabajar con las heridas que tenía en el rostro, pero necesitaba el dinero. Había dicho a Butters sobre la pelea de todos modos, pobrecillo, casi va a su casa a verle... Algo así había pasado la otra vez, pero Kyle era el preocupado. Tomó un libro del estante esperando distraerse, pero solo leía la misma línea una y otra vez.
Dejó el libro a un costado, recogiendo más las rodillas y luego estirándose sobre la cama, relajando los músculos. Observó los moretones producidos dios sabrá cómo y las rodillas enrojecidas. Se frotó las piernas desde los muslos a las pantorrillas y viceversa. Movió los dedos de los pies bajo los calcetines grises y suspiró. Un calor se asentó en su estómago, bajando al vientre. Inhaló entre cortado. Se sintió muy solo de pronto.
Se recostó de costado tirando las frazadas bajo él para taparse. No dejaba de repetirse constantemente "¿Qué hago?" Era la primera vez que no tenía la remota idea.
Trent Boyett, su ex novio, estudiaba en la misma escuela. Eso sería un dolor en el trasero, si es que no lograba tranquilizar un poco las cosas entre ellos. Aparte, un punto a favor, era de que Boyett prefería a Karma que a Kyle. Bufó por lo descabellado que sonó esa idea si al final del día seguían siendo la misma persona.
Por otro lado estaba el profesor de literatura, que no sabía que tenía que le llamaba tanto la atención. Se parecía mucho a Stanley, de eso no hay duda. Pero tenían actitudes completamente diferentes. Craig parecía emanar un aura más madura, algo misteriosa, y a Kyle le gustaban los misterios. Bufó. Se sintió puta al pensar eso.
¿Acaso se estaba sintiendo atraído por el profesor Tucker? el único pensamiento contradictorio que venía a su mente trataba sobre él como su profesor, lo que en parte se hacía más difícil para sus sentimientos y más fácil para conquistar. ¿Que fuera un hombre? eso no importaba. Ya sabía que era gay. Sí, ahora podía decirlo -en su mente- sin ningún problema, pero antes era un calvario el solo aceptarlo. En un principio creía que era asexual. Obviamente su padre no sabía. Ike ni sospechaba. Su madre tampoco tenía idea y de seguro hacia un berrinche si se enteraba, echándole la culpa a Kenny -porque siempre según ella la tenía- o le decía que estaba enfermo, que tenía que ir a ver a un especialista de inmediato porque no era siquiera una broma divertida. Kenneth y Leopold, en cambio, lo sabían. Cuando hizo el amago de explicitar su situación ambos hicieron como que ya sabían. ¿De verdad era tan obvio?
Sus padres no le advirtieron. Hombre, mujer ¿Qué importaba? El corazón no discrimina de quien se enamora. Sus padres, tan preocupados de sus propios mundos, no pudieron advertirles de que uno a fin de cuentas no elige de quien se enamora. Él tuvo que descubrirlo solo. Poniendo en tela de juicio su propia cultura y tradiciones, tratando de que la situación le hiciera sentido. Sentir amor hasta el punto en que cada célula de tu cuerpo comienza a temblar en cuanto los ojos de esa persona recaen en los tuyos. Era una sensación terrible.
No es como si no lo hubiera intentado con mujeres; Rebecca, otra mesera del café, y hasta con Bebe. Pero con ninguna logró llegar más allá de los besos. Con Barbara no funcionó por la amistad que decidieron conservar. Con hombres, a diferencia, había llegado hasta más allá de despertar desnudo en la habitación de alguno de ellos. Sonrió de medio lado al recordar esos momentos locos de años anteriores.
Ahora, era difícil, porque Craig de seguro no era gay. Suspiró sintiendo como ese hoyo en el pecho acrecentarse más y más. Mejor se iba al café antes de que Butters fuera a buscarlo a casa.
Se estaba haciendo tarde, y él comenzaba a impacientarse. ¿Castigo era una hora solamente después de clase, no? ¿Entonces, por qué todo iba tan lento ese día? Algunos estudiaban y otros dormitaban en sus asientos. Kenny se encontraba en esa segunda mitad.
— ¡Kenneth! – Se levantó del asiento con rapidez.
– ¡No estaba durmiendo! – Craig comenzó a carcajearse en la puerta del salón, junto con algunos que estaban atentos a la repentina llegada del profesor. Escuchó como algunas de sus compañeras suspiraban embobadas por la risa de Tucker.
– Ven conmigo, payaso. –Kenny se sentía apenado por la vergüenza y el sueño, se puso la mochila al hombro y acompañó a Craig fuera del salón.
– ¿Qué ocurre? – El profesor sólo le hizo una seña, para que lo siguiera. – ¿No piensas decirme? Ay, no me digas que piensas abusar de tu alumno preferido. ¡Craig, por dios! Ten un poco de decencia, déjame al menos colocarme un poco de maquillaje. – Craig volteó a ver a Kenny que pestañeaba como una colegiala. Rodó los ojos y le empujó a su salón, cerrando la puerta tras de sí.
– Necesitaba hablar contigo, y no tenía otra instancia más que en el colegio. Disculpa por mandarte a detención.
– ¿Fue tu culpa? – Se metió las manos a los bolsillos – y yo que pensé que me había mandado una buena. Eso no se hace, Tucker. Abusas de tu poder. –Estaba hablándole con seriedad. – Espero que sea por algo bueno, que por esta estupidez dejé plantada a Karen.
– Oh, cállate Kenny. Tu abusas de las personas y no voy por ahí recriminándote. Siéntate. – Apuntó a la silla frente al escritorio. Kenny le hizo caso, y Craig se puso del otro lado. – Me vas a decir todo lo que sabes de Kyle Broflovski.
– Todo lo que sé sobre... Vamos Craig, no jodas. No puedes estar hablando en serio. – Golpeó con los puños el escritorio frente a él – ¿No eres tú el profesor tutor? Pregúntale tú. Contarte lo que sé sobre Kyle, y una mierda. –Terminó hablando para sí con los brazos cruzados, apoyándolos en su pecho y murmurando berrinchudo.
– ¿Crees que no lo intenté? El tipo no suelta nada, ¿Cómo esperas que le ayude? –Trató de excusarse Craig. Sí, también quería ver cómo le podía ayudar. Craig estaba sintiendo el pujante deseo de acercarse, de saber más de él. Quería ser su profesor preferido. Quería agradarle y no sabía por qué.
– ¿Te pidió ayuda? –El profesor no dijo nada– Entonces no hagas nada.
– Suficiente, McCormick. Tú vas a decirme lo que sabes y te saldo la deuda de veinte dolares. –Se sonrió.
– ¡Estás bromeando si crees que voy a vender a mi amigo por veinte putos dolares! –Vaya que era duro el muchacho.
– Entonces le diré a Karen lo de su cumpleaños, que no pudiste asistir a su adorada primera fiesta de princesas por estar tan drogado que apenas podías levantarte al baño a cagar. –Kenny no podía creerlo. Sacarle en cara acontecimientos del pasado, de manera fría, y sólo por información. Carraspeó la garganta.
– Tu bien sabes que esos no fueron mis mejores momentos, Karen sabrá perdonarme.
– ¿y si le cuento sobre su pony mágico favorito? ¿El juguete que cambiaste por dinero? –El mayor le hablaba con seriedad, levantando las cejas. Kenny miró al escritorio frente a él. Era una mierda de persona, lo sabía, pero no le gustaba que se lo recordaran.
– A Karen no le importan las cosas materiales. –Recordó su dulce sonrisa, y los castaños ojos.
– Vamos Kenny, tú sabes que no busco extorsionaste, y que todo eso que hiciste pasó antes de que me hiciera cargo tuyo y de Karen. Aún no puedo creer que tu hermano te viera hacer todas las estupideces que hacías y ni siquiera te pegaba su buen cocacho para volverte lúcido. Sólo dime. Por favor. –Kenny negó con la cabeza. – Eres un maldito perro fiel.
Ambos se quedaron en silencio mirando a otros lados. Kenny veía la puerta, quería irse, abrazar a Karen. Pedirle disculpas en silencio por como se había comportado con ella cuando era más pequeño e inconsecuente.
– Le mostraré a Carol tu libreta de notas, junto con el libro de anotaciones. ¿Cómo te verías perdiendo todas las tardes una, tal vez dos horas después de la escuela? Haré todo lo posible para que te quiten tu tiempo de oro junto a la pequeña Karen. –Había llamado la atención del rubio que ahora le miraba alarmado.– Y también, haré que se enamore de mí. ¿Te imaginas? Hablándote de mí todos los días. De lo mucho que me ama a mí, y no a ti. –Sabía que Kenny tenía un complejo de hermano mayor con ella. Había tocado la hebra fina. Juntó las manos entrelazando los dedos, un conocido gesto malvado. Le sonreía. Kenny tenía una mirada desesperada. Le daba dos minutos, pero al minuto y medio habló:
– Está bien… ¿Qué quieres saber? –Sabía que se arrepentiría de esto luego.
– Sus padres.
– Su padre es abogado, ahora vive con él y con su hermano menor. Se llevan del puto orto, o al menos Kyle le odia. De su madre, no me ha dicho nada. Supe por Karen, que es amiga de Ike, que los dejó con la abuela en el otro pueblo donde vivían.–Craig asentía mientras tomaba nota mental de ello.
– ¿Amigos? ¿Novias? –Kenny le sonrió.
– Amigos; Yo, y un chico de su trabajo, que yo sepa. Pero tu hermanito parece querer volver a hacerse con su corazoncito de niño bueno. –Craig frunció el entrecejo ¿Stan? ¿Por qué querría hacerse amigo de Kyle? Sintió algo amargo en la boca del estómago– ¿Y para qué quieres saber si tiene novia? ¿Quieres saber si tienes alguna oportunidad con este chiquillo pecoso? –El joven profesor no le contestó, sino que le hizo mala cara. Kenny parecía disfrutar de todo aquello– No es tu tipo, o mejor dicho, no eres su tipo. Yo soy más de su tipo. –El mayor bufó, queriendo mofarse de él.
– Seguro…
– Eso que te lo conteste él directamente. –Enfatizó la primera palabra encogiéndose de hombros.
– Antes dijiste que trabajaba ¿Sabes donde trabaja?
– Esa información no es de tu incumbencia. Acaso piensas ir donde trabaja y abordarlo con preguntas estúpidas como; ¿Oye, tienes novia? –Craig sacó su teléfono –¿Qué haces?
– Busco a Carol ¿Qué te importa a ti lo que quiera saber o no? Abstente a contestar las malditas preguntas.
– ¡Bien, bien! Trabaja de mesero en el Magnolia Café. – El mayor guardó el teléfono y se acercó a la puerta de la sala bajo la mirada de Kenny.
– Vamos. Me llevarás a donde trabaja.
– ¿¡Qué!? ¡Olvídalo! ¡Me va a matar!
– Luego de la disputa de hoy en la cafetería no lo dudo.
– ¿Estabas ahí? Eres un fracaso de profesor. Debiste haber detenido la pelea. – Rodó los ojos.
– No necesito que me des clases de sentido común, Kenny, tú de todas las personas. Ahora, levanta tu trasero y ven acá. Ah, y no estaba en la cafetería. – Tenía la chaqueta bajo el brazo que sostenía el maletín. Kenny se levantó a regañadientes.
– ¿Me dirás por qué quieres saber donde trabaja?
– Quiero conocerle.
– Eres raro. Nunca sé en lo que estás pensando. –Se encaminaron a la salida del establecimiento.
– Yo tampoco sé en lo que piensas y no te digo raro por eso.
– ¿Ves? Eres raro, una persona común no me hubiera contestado eso. –Craig se rió de la conclusión del menor y le señaló el auto. Ambos se subieron, el mayor al volante.
– Bien, persona común. Guíame. Confío en ti. Pero si me llevas a cualquier lado, llamaré sin dudar a Carol. Créeme. –Kenny sabía que Craig era brutalmente honesto, y peligroso. Así que asintió y le dio un par de referencias para el camino.
Su modo de hablar denostaba su ridiculez infundada y probablemente mal excusada. Era rubio, pero contra todo eufemismo, no era estúpido. Sabia que este sujeto estaba engañándolo, tirándole pretextos disfrazados de alegorías, de sentimientos indecorosos. Lo odiaba desde el fondo de su ser. Pero no podía decirle que no. Era su padre, tenía ese poder innato sobre él. Suspiró sin quererlo. Pensó en Kenny tratando de distraerse, de no pensar en su padre mirándolo de esa manera con la botella de cerveza en la mano. Sucio, alcohólico. Pensaba intachablemente Butters.
No quería toparse con sus ojos. Se levantó del sillón en cuanto su padre también lo hizo. La puerta estaba sonando -el timbre, mejor dicho- Padre fue a abrir la puerta y Leopold se escabulló por la puerta trasera. Corrió hasta esconderse en el patio del vecino después de saltar la verja.
— Hola Butters – Escuchó una voz masculina y pegó un sobresalto. Miró a la terraza del hogar y vio a el vecino apoyado en una columna de madera oscura. El chico rubio se incorporó de a poco sin quitarle la vista de encima; era un sujeto asqueroso, repugnante, que le observaba siempre, y en más de una ocasión había tratado de abusar de él.
Miró hacia atrás y luego a la calle que seguía a la pared de la casa. Corrió con fuerza calle abajo. Entró al café y subió a los vestuarios sin saludar a nadie. En el camarín respira profundamente. Le daba miedo. Todo; su padre, su vecino, todos los hombres que tenían "esa" mirada en los ojos. Aquella de ceguera por el deseo. Animal. Perdía el amor, la gracia, el motivo. Las lágrimas le presionaban a llorar, pero no quería rebajarse a nada. La respiración se le comienza a cortar hasta que abren de par en par la puerta del vestidor y él creyó que aquel día no podía ser peor. Se le olvidó respirar. Era su gerente. Le miró de arriba a abajo y cerró la puerta tras de sí.
– Por favor… – comenzó Leopold
– Oh, ¿Qué ocurre Leo? Sabes sobre los privilegios, y el cariño que te tengo, pero me debes dinero todavía. Págame como mejor sabes – Se desabrochó el cinturón.
Tenía el presentimiento de que algo no andaba bien apenas había pisado el suelo del café. Todo en la planta baja se veía normal. Su mirada se desvió a la escalera metálica. Caminó hacia ella, pero Bebe interceptó su camino.
— ¿Qué les pasa hoy a los hombres que entran sin saludar? ¿Dónde quedó la caballerosidad? ¿¡Qué le pasó a tu cara?–Tenía las manos en la cintura.
– Hola Bebe. Ahora, permiso. –La hizo a un lado, ignorando sus protestas y subió de par en par las escaleras. Abrió con rapidez las puertas del camerino y dentro vio al Gerente, hablando con Butters. Ambos dejaron de hablar apenas él había entrado. El mayor le dedicó una sonrisa, agarrándole el hombro con delicadeza antes de irse, cerrando las puertas tras de sí.
Leo tenía las piernas sobre la silla, se las abrazaba mirándose al reflejo.
– Viejo cochino. –Alcanzó a escuchar que decía Butters. Sonrió de medio lado.
– ¿Qué ocurre Leo? –Entonces vio al rubio dar un pequeño respingo. Le sonrió con algo de pena.
– Ya sabes… Lo mismo de siempre. Ten cuidado, Kyle. No te endeudes nunca. –Se levantó de la silla y se estiró. –¿Listo para el nuevo día, hoy es día de gotic-¡Oh por Dios! ¡Mira esa cara de fruta podrida que tienes! –Se acercó a él y pasó las yemas de los dedos sobre su cara con delicadeza. Kyle cerró un ojo por el dolor. Butters emitía un extraño aroma a hombre, ahora que lo tenía más de cerca lo sentía. No era su perfume. Los cristalinos ojos de Butters le distrajeron. –Iré a buscar algo para cubrirlo, se ve bien feo ese golpe. –Le hizo sentarse en una silla frente al espejo y se alejó a buscar algo dentro de unos casilleros. Se perdió en el objeto frente a él, observándose. Sus ojos jade, devolviéndole la mirada por el reflejo , esperando encontrar algo. Pero lo único que veía en ellos era un vacío, un tornado en reversa.
La intranquilidad y la obsesión. Colocas palabras al azar, tratando de identificarte, de sentirte parte de algo.
Haz caído al quedarte pegado al pensar. Al no encontrar salida y fijarte una base como filosofía de vida. Luego hablas de ella, encontrando cada vez más oraciones que la expliquen tal como es.
La lengua se entorpece brava, sin encontrar alguna palabra adecuada para ese momento. Acuerdas vivir en un ambiente tranquilo, donde el silencio y el vacío abunden. Donde no haya quien te moleste, quien te refute. Te pruebe. Buscando sin cesar algún momento que puedas llamar tuyo ¿Qué te ha pasado? ¿Cómo haz llegado a esto?
¿Cómo puedo ser yo el que devuelva el reflejo? después de tanto vivir, el endurecimiento no es algo que uno espera suceda a tan temprana edad. Ese choque con la realidad le había golpeado de lleno en el rostro, dejándole con esa mueca marcada en el rostro. Lo odiaba, a veces.
— ¡Kenny! – Una jovencita se tiró a los brazos del rubio, estaba feliz de que la hubiera podido ver a pesar del mensaje que decía "No podré pasar hoy, lo siento" Frío y corto. Muy frío para la pequeña Karen.–Oh, C-craig, que sorpresa encontrarte aquí –El rostro sonrojado hasta las orejas delataba a la chiquilla de castaños cabellos de algo que el mayor sabía muy bien. Desordenó sus cabellos mientras ella trataba de detenerlo.
– ¿Eh? ¿Qué es esta atmósfera? –Una pequeña vena se veía sobresalir en su sien– La conozco muy bien como para engañarme, Tucker. –El otro le palmeó un hombro haciéndose el desentendido.
– ¿Y? ¿Dónde está?
– Oye, no me cambies el tema.
– ¿A quién buscan? –Pequeña, inocente Karen. Ese será tu pecado.
– A Kyle Broflovski, ¿Lo conoces? No sabía que trabajaras, Karen. –Ella miraba a otro lado, cualquiera estaba bien mientras no fueran los oceánicos ojos del mayor. Se sentía como una damisela en un botecillo hecho de papel, dejándose arrastrar por un gran e interminable océano. No importa lo mucho que navegues, en algún momento te volverás loco por ser lo único que veas cien kilómetros a la redonda.
– Sí, empecé hace poco. ¿El hermano de Ike? –Asintió– Karma está en descanso, si quieren puedo ir a buscarla. –Craig levantó una ceja, ¿le habrá escuchado bien?
– Ven. –Kenny tomó del brazo a Craig, arrastrándolo del ambiente en rosa que se había formado entre los dos ante las protestas de la pequeña. Comenzaba a sentirse ignorado y eso no le gustaba. Le llevó a la barra.
– ¡Qué hay, Ken...! ¡Uo, uo, espera ahí! ¿Desde cuando tienes amigos tan guapos? Claro, aparte del flacucho. – Bárbara había saltado de su puesto, para encarar a Kenny y compañía. Tenía puesto un traje de barman esa noche y el cabello atado en una cola alta. – Mi nombre es Bárbara Stevens, para servirle, joven y apuesto caballero.
– Vaya, me halagas, Beb–Cállate Kenny, no es contigo con quien estoy hablando. – Esto le comenzaba a desagradar al chico de rubios cabellos. Nota mental: No invitar a nadie al café. Nunca.
– Hola Bebe ¿Puedo llamarte así, cierto? –La muchacha asintió y Kenny se sintió nuevamente apartado. – ¿Sabes donde puedo encontrar a Kyle Broflovski? ¿Trabaja aquí, cierto?
– ¿Qué asuntos tienes con él? – Su voz se hizo más lóbrega, se acercó a Craig, mirándole fijamente. – ¿Haces la paz y el amor, o la guerra?
– Todo al mismo tiempo, Bebe, necesito hablar con Khal. Es urgente ¿Dónde está? –La chica miró a Kenny, que había hablado al poco tiempo que la rubia terminó de hablar. Desconfió de la situación pero de todas formas señaló con el pulgar a la puerta que daba al callejón al lado de la cafetería.
Kenny no estaba seguro de hacer lo que haría a continuación. Se sentía como un asqueroso traidor. Inhaló tratando de darse ánimos y tirando de la corbata de Craig le guió a la puerta que estaba tras el mesón del bar.
– Por favor, déjame entrar a mí primero. –Craig vio su rostro compungido ¿Por qué tanto misterios y cuidados por algo como enseñarle el lugar donde trabajaba? Estaba confundido, y una parte de él le decía que mejor se mantenía lejos de todo esto. Últimamente los ojos olivos no dejaban de acosarle en los sueños, se preguntaba si podía ser alguna especie de advertencia.
– Deja de lloriquear y hacer de esto algo tremendo, cuando claramente no lo es. –Okey, de algún modo la curiosidad lo estaba matando. Hizo a un lado a Kenny de la puerta y abrió a pesar de la inicial resistencia.
Afuera no había nada que se viera fuera de lo normal. Era ya de noche, pero un pequeño farol bajo la puerta iluminaba el callejón, quitándole el aire de abandonado y propicio a los robos, violaciones, asesinatos o quién sabe qué cosas raras se pueden hacer en un callejón oscuro. Habían unos botes de basura cerrados y al final una pared con unos rayados sin sentido. El nombre de alguien, o alguna banda. Negó mentalmente ¿Por qué no hacían murales o algo más bonito? A nadie le interesa que puedan escribir su nombre con letras divertidas y colores llamativos. Miró al otro lado.
Sé que lo que vi a continuación de girar la cabeza al otro lado será algo que no se me va a olvidar así como así. Había una chica, apoyada en la pared con esa típica pose de "chico malo" esa de una pierna apoyada en la pared y la otra en el suelo. Usaba un corsé negro con cordones y detalles rojos y una falda larga negra que se abría en las rodillas con bordes de encaje rojos. Unos bototos negros de tacón. Labios rojos, cabellos chocolate. Sombrero pequeño.
No, no era el hecho de que la ropa que llevaba ese día sería inolvidable. Era que la chica estaba fumando de un modo que se le hacía bastante familiar. Le vio, y sus ojos se encontraron por unos segundos antes de que Kenny le empujara e hiciera fijar su vista en el suelo para no tropezarse con alguna basura. En un par de segundos, algo en su cabeza hizo clic.
Era la mirada tranquila, indiferente, que parecía tener las respuestas a alguna pregunta que te atormentara desde el momento en que nacías. Era la sensación electrizante al momento de verles fijamente. Todo aquello junto al modo delicado en que movía la mano para tomar el cigarrillo y llevárselo a los labios, curvándolos de manera elegante. Demasiado femenino. Así como la vez que le vio hacerlo a Kyle Broflovski.
– ¿¡Kenny!? –Sí. La voz era inconfundible. Ahora entendía por qué Kenny estaba tan preocupado. Mejor era no haber metido las narices en esto. Craig, ¿Cuándo dejarás de ser un idiota? No por nada la curiosidad mató al ratoncillo. Esto es algo tremendo. Me siento tan mal por haberte subestimado, Kenny, lo siento. –¿¡Qué haces aquí con—¡Me amenazó con Karen! Kyle, sabes que yo jamás... – Escuchó como Kenny trataba de defenderse. Kyle había botado, pisado el cigarrillo y le veía de frente con enojo.
– Me vendiste.
– ¡No, Kyle, yo jamás—Me vendiste como una puta barata.
– ¡Por favor, perdóname!
– No me importa con qué te haya amenazado. Si con un rifle o con tu osito de felpa. Hubiera preferido que te metiera el rifle por el culo. Eso no se hace Kenneth. –La gélida mirada que le dedicó pudo haber congelado nuevamente los icebergs derretidos por el calentamiento global.– No se hace, y lo sabes. –Pasó por el lado de Craig, que le tomó del brazo impidiendo que se fuera. Sentía que tenía que hacer algo luego de ver como los ojos de Kenny se aguaban. Maldito sentimental.
– Escucha Broflovski, esto es mi culpa, yo le dije que me trajera. –Le vio a los ojos, y por un momento flaqueó en la fuerza que había utilizado. A pesar de llevar lentes de contacto de otro color, podía ver los sentimientos tras ellos, el movimiento de su propia alma y el fuego que ellos contenían. Tendría sus razones para trabajar vestido de la forma en que lo hacía.
Craig tenía un problema; porque ahora que había averiguado tanto, quería saber más.
– Pero él fue quien te hizo caso – Se sacudió con fuerza, soltándose del agarre, tanto físico como de mirada que le había dejado estancado– Suéltame.
– Espera, no te enojes con él. –Le siguió dentro del café. Alcanzó a ver como Barbara le señalaba las escaleras.
– ¡Los griteríos arriba! Nada de asustar a los clientes. – Kyle subió con una agilidad que parecía imposible debido a lo frágil que podía verse, y más con el alto de aquellos tacones. Craig iba a ir detrás de él, pero vio a Kenny adelantarse. Les siguió con lentitud.
Kyle pisaba con fuerza, demostrando su enojo por cada poro de su ser. Craig sintió pena por Kenny, y también sintió culpa. Sobre todo al ver como el primero le había cerrado la puerta del camerino al otro en la cara.
– Esto es tu culpa. –Volteó a verlo. Lo sabía, que Kenny iba a culparlo también.
– Lo sé.
– Si no hubieras insistido tanto esto no hubiera pasado, maldito obsesivo. – Le empujó. Pero Craig no cambiaba el semblante de su cara. – Te voy a enchuecar los perfectos dientes que tienes y despídete del tratamiento dental. – El mayor hizo cara de tragedia, pero antes de que el puñetazo siquiera llegara a tocarle sus preciados dientes, una suave voz, que Craig categorizó como de ángeles, se hizo escuchar cerca de ellos.
– ¿Kenny? –El nombrado sintió que su nombre ya había sido llamado muchas veces ese día con distintas emociones. El corazón le dio un vuelco, y las piernas le temblaron al girar la cabeza y ver a la chica que le robaba el aliento con solo una sonrisa.
– ¡Ma-Marjorine! –Pero los ojitos de cachorro se aguaron al ver que su ángel le miraba con enojo.
– ¿Qué fue lo que le hiciste a Karma? Estaba hecha una fiera. –Hizo un puchero. Craig estaba entendiendo mejor eso de los nombres artísticos. La muchacha se le acercó hasta quedar frente a Kenny. Eran del mismo porte y eso que la chica llevaba tacones bajos. Pudo apreciar su nívea piel y un largo cabello dorado en ondas que le llegaba a la cintura. Su traje era rosa con celeste pastel. Parecía una muñeca a pesar de la luz rojiza que había en todo el pasillo. El suelo era de felpa y las paredes con un papel tapiz gastado y con patrones de flores.
– Yo… hice algo malo, Marjorine. – El rostro de la chica se suavizó y pasó una mano por el manojo de pelos rubios. Craig podía asegurar que jamás en el transcurso de vida que ha conocido a Kenneth le ha visto de esa manera frente a una chica. El mayor llevó sus manos a la chaqueta que traía puesta y miró hacia la puerta de madera cerrada inscrita con cuatro nombres en ella. Leía "Marjorine, Bebe, Karma, Karen". La mirada del profesor era tan profunda como si pudiera ver al otro lado. Imaginaba que estaría haciendo Kyle, qué muebles hay dentro, el traje que llevaba puesto. Quería verlo otra vez.
– Estarán bien, ustedes son buenos amigos. Sabrán cómo arreglarse.–Le sonrió –Iré a ver como está ¿sí?. Adiós Kenny, y chico guapo que no había visto hasta ahora. –Kenny volteó a verle enojado. Tenía los ojos vidriosos. Pero tenía suerte de que Craig fuera Craig y no revelara cosas que entiende son importante para los demás. El menor sabía que podía confiar en él. Pero ahora mismo su preocupación no era él y la situación que había ocurrido. Craig descifró una mirada distinta en él, como esperando a algo. –¡¿Que él hizo qué?! –El grito de Marjorine subió un tono, y atravesó con facilidad la puerta. El rubio le miró asustado.
– Larguémonos de aquí –Empujó a Craig hasta la escalera y luego hasta fuera del café. No se despidieron de nadie y Kenny no le dirigió la palabra. Al llegar a la casa del rubio, el menor le miró con reproche, pujando a la culpabilidad, y se bajó del coche dando un portazo.
...
Mensaje: En el próximo cap.
