Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje mordaz.
...
– VI –
"Él sabe demasiado"
…
Un nuevo y hermoso día saludaba a los habitantes del pequeño pueblo montañés que… No, no sería un día de esos, y Kyle lo supo apenas despertó esa mañana.
Había pasado a lo menos dos semanas desde que Craig había hecho una majestuosa entrada al café magnolia, su lugar de trabajo, y por ahora nadaba en aguas tranquilas. Pero no podía evitar por las noches morderse el interior del labio inferior de los nervios ¿Hará algo mañana? se preguntaba. Había observado meticulosamente a su padre y hermanos, pero ambos estaban muy normal. O sabían algo y no querían decirle, y le torturaban de esa manera. O tal vez todos sabían ya de su trabajo medio travesti en el café y les gustaba burlarse de él de esa manera. De todos modos, no podía estar seguro. Aunque cabía la posibilidad, y era lo que tenía más porcentajes de estar correcto, de que tal vez solo estaba siendo demasiado paranoico.
Esperaba de que fuera solo eso. Pero no por todo aquello se levantó esa mañana sintiendo que el día sería diferente. Estaba seguro de algo, y era de que Craig Tucker, su profesor de Lenguaje y Literatura, sabía demasiado, y para encontrar la paz interior, y dejar en paz también su labio ya ensangrentado, tenía que idear un plan que les dejara al par. Es decir, ambos sin poder dormir por la noche, esperando que alguno de ellos de el primer paso. Sí, eso haría. Se encargaría de ser la pesadilla de Tucker y hacerle lamentar el día en que pisó el café Magnolia y le reconoció con aquellos profundos ojos espaciales.
Bostezó y se desperezó en la cama. No hay sentimiento más agradable que aquél en la mañana cuando sientes cada palmo de las sábanas con tu cuerpo. Ahora no quería levantarse.
Kyle estaba inquieto. Eso lo presentía. Los escrutadores ojos observando cada tanto el reloj sobre el pizarrón, el mover las piernas como si estuviera a punto de orinarse, golpear con la punta de su lápiz la hoja del cuaderno. ¿Habrá hecho algo Craig? a pesar de que le había prometido que le avisaria antes si haría algo con aquella información. Confiaba en él, claro. Pero había dejado pasar demasiado tiempo. Entonces ¿Qué es lo que tenía su amigo? Lo empezaba a poner nervioso. Estaba por tomarle las manos y decirle que se calmara, pero prefirió desviar la atención a la ventana y observar así lo que le ofrecía el exterior; el día claro, los árboles meciéndose con lentitud, majestuosamente. Alcanzaba a escuchar un que otro canto de los pajaritos, que no sabía dónde estaban, pero se hacían notar de todas formas.
— Kenny, tengo un plan. – ¿Qué? ¿En qué momento el timbre había sonado y todos, a excepción de ellos dos, ido? Se despabiló y vio al frente. Kyle había cerrado la puerta con pestillo y ahora se dirigía al escritorio del profesor. Se supone que deberían ir a buscar los libros y demases cosas para la siguiente clase que no sabía cual era ni tampoco sabía en qué salón estaban ¿Dónde había ido el profesor? – ¿Aló? ¿Tierra llamando a Kenneth? ¡Vamos, que solo tenemos unos minutos antes de que el profesor Garrison vuelva.
Le tomó una semana entera a Kenny de que Kyle lo perdonara. Pensó que no le hablaría más y así fue durante unos días. Ver al enigmático y elegante Kyle pasar de él era algo que su orgullo no podía soportar. Lo peor de todo es que el pelirrojo parecía ni esforzarse en ignorarlo. Toda acción en él destilaba natural. Nada forzado. Era extraño entonces pensar que fuera tan fogoso en momentos donde le tocaba una fibra sensible.
Tuvieron una conversación. Más como un ultimátum para el rubio. No traicionaría otra vez la confianza de Kyle. Lo que había hecho era grave, pero Kyle a pesar de todo le comprendió, aunque no sin antes exigir que le pusiera al tanto de todo lo que Craig Tucker le contara de ahora en adelante. Kyle sabía a medias el tema entre él y el profesor de literatura, pero no preguntó sobre ello. A Kyle no le interesa saber cosas que no le afectan de manera directa o indirecta.
– ¿A dónde fue? –. Kenny seguía sentado en su puesto. Se estiró.
– Dijo algo sobre la práctica de fútbol—Tenemos tiempo –Le cortó tajante. Kyle cambió la mueca de urgencia por una de determinación.
– Tengo un plan –Kenny solo vio su sonrisa, y con eso le bastó para sentir que realmente le había extrañado, con sus maniacos planes, el rostro endurecido y la mirada fija como si tuviera toda la razón del mundo -y eso que era muy bueno convenciéndote de ello-. ¿Cómo todos podían pensar que Kyle Broflovski era solamente un "buen estudiante"?
– ¿Un plan? Sabes que nada bueno saldrá de esto. ¿Para qué tienes un plan?
– No te pregunte tu opinión. Tú, perra traicionera, me vas a ayudar. – Auch ¿Era posible que un ridículo insulto como aquél le haya repercutido tan hondo? Kyle le apuntó con un dedo y luego se arreglo el chaleco, alisándolo con los dedos. Se dio media vuelta y escribió algo en la pizarra con elegancia. Hoy no llevaba su usual ushanka verde con él. Los cabellos caían desordenados y burlescos por todos lados, pero no parecía molestarle en lo absoluto. Se veía deslumbrante.
– Plan contraataque. – Leyó Kenny en la pizarra y luego se carcajeó, tomándose el estómago con las manos. – ¿Qué mierda es eso? ¿contraataque? – Entonces detuvo su risa al ver el rostro serio del bajito –No estás bromeando.
– Yo nunca bromeo, Kenneth. – Se sentó en la mesa, viéndole de frente. Los pies le colgaban de la mesa. Sabía que mentía, pero de todos modos se formó una sonrisa arrogante en el rostro de ambos.
– ¿Cómo quieres que te ayude? – Kyle observó hacia afuera. ¡No Kyle! la naturaleza era demasiado hipnotizante.
– Dame una idea. – Hablaba sin un tono de voz determinado, viendo hacia fuera. Ido, completamente ido.
– ¿No sabes qué hacer? ¿No que tenías un plan? – Se levantó de la silla, y el ruido provocó que volviera a observarle. Pero seguía ido. – No haz dormido bien. – El otro negó con la cabeza. Sus ojos cristalizados lo delataban. Tenía esa mirada perdida de quién no ha dormido lo suficiente. Esa media zombie. – ¿Motivos?
– Sabe demasiado.
– Enamóralo. – El silencio se hizo por unos minutos en el salón. Luego era Kyle quien se reía como un desquiciado. – ¿Qué? – Sonreía. Se le pegaba la gracia de la risa de Kyle. – Hey, Ky, hablo en serio. – Trataba de dejar de sonreír, pero solo hacía muecas graciosas.
– No es gracioso, Kenny. ¿Enamorarlo? ¿Qué coño te pasa por esa cabeza? Me va a mirar como si tuviera algún serio problema mental. Un alumno travesti y más encima homosexual. – Vio a la ventana de la puerta esta vez – Le va a dar asco. Tal vez renuncie. Eso igual me sirve. – Nuevamente su voz había perdido el tono característico. Parecía un monólogo de computadora.
– No te va a mirar raro. – Inhaló profundamente y cerró los ojos. No quería ver su reacción.
– ¿Por q—Porque él también es gay. – Abrió de a poco los ojos. Había cortado a medias la pregunta de Kyle, pero mejor le hubiera dejado terminar. El bermejo tenía ahora un bonito sonrojo.– Ojo por ojo.
Confiaba en Kyle. En que haría buen uso de esa información, que ni él debería manejar: Craig era gay. Pero ahora no quería ninguna relación, luego del desastre de la anterior que casi le cuesta el trabajo, la reputación, y la vida. Sí, algo depresivo y gay como ello. Craig tenía pocas cosas que verdaderamente le importaran, y la relación que tuvo le hizo involucrarse más de lo que debía. La ruptura lo destrozó emocionalmente, al testarudo y cabezadura de Craig. Todos tenemos nuestra fibra débil, supongo.
Lo pensé, no puedo negarlo. Coquetearle a Craig, me tentaba hasta el punto de provocarme escalofríos. Sentía un poco de maldad correr por mis venas, y una sonrisa se buscó formar en mis labios. Tragué saliva y crucé las piernas. Craig es atractivo, interesante e inteligente. Su sola voz era capaz hacerte tragar seco, y dedicarle toda tu devoción a ello, a lo que hablara, aunque sean solamente patrañas.
– ¿Kyle? ¿Lo estás considerando? – La voz de Kenny me sacó de mi ensimismamiento ¿me sonrojé? no podía asegurarlo.
– Sí – ¿Qué? – Quiero decir, no. No y no. –Seguía mirando por aquella ventanilla, más allá de las personas que caminaban por los pasillos, y de todos los espacios. Veía el infinito, hasta que me decidí por verle de nuevo debido al silencio que se había formado. Me veía directamente, sentía que me leía profundamente. Me aterre por un segundo.
– ¿Kenny? – Comenzó a pestañear con lentitud, parecía que iba a contestarme, pero sonó el timbre para entrar a clases.
You Go To My Head - Chet Baker
¿Qué es lo que tenía este sujeto? Hace solo unas semanas que había llegado a esta preparatoria y ahora por culpa de él, no podía conciliar el sueño. Me preocupa no seguir mi ciclo regular de sueño , y dormir cuando me atrape Morfeo. He tenido horribles despertares; los ojos me arden, la cabeza me duele, no me concentro en la mañana. Me palpita uno de los ojos, y no sé esta vez si es por sueño o por estrés.
— Recordemos que el renacimiento es el periodo de la historia que en el siglo XVI llega a su apogeo, y que aprecia como característica primordial su admiración por la antigua grecorromana. – Se supone que esta hora la comparto con Kenny, pero no tengo idea de donde se ha metido. Stanley se ha sentado conmigo, pero parece ser todo más interesante para él que las mismas clases. Es desagradable que me mire tanto mientras tomo apuntes, o que vea lo que escribo en el cuaderno. Estoy que le entierro el lápiz en la mano para que se concentre en sus propios asuntos. Pero acudir a aquello no sería una buena manera de enfrentar el estrés, o mis exaltaciones. Tendría que lidiar luego con él, la directora y hasta tal vez con su hermano mayor. ¡Por favor con su hermano mayor no!
Era increíble pensar que estos dos son hermanos. Dos polos totalmente opuestos.
– Este movimiento puede definirse en el humanismo. Que consistía en cambiar la antigua visión del teocentrismo al antropocentrismo. El hombre era el centro de todo y el fin absoluto de la creación.– Anotaba palabras importantes en la pizarra, pero realmente me concentraba en ver sus agraciadas muñecas mientras mordía la punta del lápiz que tenía en la mano. Hace unos minutos ya que había dejado de anotar en el cuaderno, y ahora habían pequeños garabatos por toda la página.
Craig Tucker ¿Qué es lo especial que hay en ti? Eres atractivo. De eso no hay duda y no me avergüenza decirlo. Pero me siento tan desequilibrado en esta imaginaria balanza. Sé algo pequeño de ti que podría traerte problemas. Pero tú descubriste de mí mucho más en ese solo día. Te detesto por eso, y a la vez me hace desearte. Tenerte en mis manos para que no sueltes ninguna palabra de lo que sabes. No digas nada, porque el amor que sientas por mí sea más grande y te impida la sola idea de hacerlo. Puedo manipularte si es que quiero hacerlo. Pero me cuesta tanto leerte. Que tengas ese rostro impasible lo hace fácil, por acostumbrarme a tu gesto serio. Pero aún así, tus miradas contradicen tus palabras y tus acciones. ¿A qué impulso le creo? Tienes una voz profunda, ronca y gastada por el cigarrilo, algo nasal cuando te emocionas. Te tengo entre cejas y aún no sé qué hacer para dejarte en el limbo. ¿Qué hacer?
– ¿Qué hacer?
– ¿Ah? – Stan le miró con una ceja en alto.
– ¿Cómo? – Intercambiaron miradas confundidas.
– ¿Qué hacer cómo? – El chico de cabellos oscuros ladeó la cabeza a un costado.
– ¿Qué? ¿De qué estás hablando? – Kyle a este punto no entendía una sola información que captaba su mente.
– Hiciste una pregunta. – El rostro del chico pelirrojo se vio asaltado por colores que no pasaron por alto para Stanley ¿¡Había estado pensando en voz alta!?
– Ah, con que una pregunta es lo que le tiene tan desconcertado en mi clase. Ahora, ¿Podría repetirme la pregunta? – Kyle sintió un escalofrío recorrerle con lentitud en la espalda. Tucker estaba a sus espaldas, lo sabía por haber sentido la voz tan cerca, pero no quería voltear. Stan había fruncido el entrecejo. – ¿Jóven Broflovski? –Muy bien actuado, Tucker, pero yo tengo mis mañas de igual modo. Me di vuelta para encararle.
– Me preguntaba, qué fue lo que les impulsó a crear este nuevo movimiento. Pero en sí, el nombre del mismo tiene mucho de sus razones. A parte de los cambios conductuales efectuados respecto a la iglesia. Sobre todo con Lutero. – Habló con un tono grácil y ligero. Craig levantó una ceja. Él todavía no llegaba a Lutero, y claramente se podía apreciar que no estaba prestando atención a las clases por los dibujtos repartidos en el cuaderno. Pero había jugado bien sus cartas.
– Sí, otra característica de la época es la separación de la iglesia y lo cívico. En esos cambios tuvo que ver un teólogo alemán, llamado Martin Lutero. Conocido por exponer las 95 tesis frente a la puerta de la iglesia de todos los santos de Wittenberg en 1517 aproximadamente. – Habló mirando a los demás estudiantes que se habían volteado esperando ver al chico nuevo humillarse culturalmente. Pero había sabido zafarse. – Lindos dibujos, por cierto. – Le habló cerca del oído y Stan podía asegurar verle ponerse más pálido de lo normal. – Concéntrate, Stanley. – Dijo antes de caminar de vuelta al escritorio. – Siguiendo con lo expuesto por su compañero, Lutero comenzó una especie de reforma...
– ¿Estás bien? – Stan puso una mano sobre el hombro de Kyle, quien se llevó las manos con ciudado al rostro unos segundos para comenzar a respirar hondamente. No podía, se sentía mareado luego de sentir la cercanía del profesor. Bajó las manos y su compañero de puesto abrió un poco los ojos al notar que estaba con los colores subidos otra vez. Kyle asintió y pasó la hoja del cuaderno.
Tenía que idear algo rápido.
Las clases habían terminado hace poco, pero todavía no me había ido ¿la razón? quiero saber a quien espera esta persona.
Hoy anduve muy pensativo y ni le presté atención a… eh… no recuerdo su nombre. Pero una chica que es muy atractiva y que se sienta junto a mí en química. Como sea. Ahora mismo me hallaba tras un árbol cerca de la entrada de la secundaria. Sí, escondido tras el árbol mientras no le sacaba la vista de encima a esta persona. Usualmente no habría tenido problemas en acercarme y empezar a portarme coqueto, para sacar información. Pero algo me lo impedía ¿estaría tímido? tal vez un poco. Pero sus ojos me decían sin preámbulos que no se trataba de alguien superficial como para acercarse a hablar de banalidades. Tenía los ojos tan claros como las nubes en un amanecer, si es que aquello era posible –aunque no estoy muy seguro desde mi posición y la lejanía-, la piel blanquecina, no de una manera enfermiza como Kyle que de verdad podían verse más venas de las necesarias, pero sí lo suficiente como para creer que necesita sumo cuidado bajo los fuertes rayos de sol. Era alto, estilizado, vestía un chaleco cuello tortuga celeste pálido y unos jeans grises junto a unas zapatillas deportivas blancas. Tenía el cabello platinado y corto a los costados. Veía a la puerta, con una nimia sonrisa en el rostro. No se veía tan angelical como mi Marjorine, pero sí tenía mucho de eso. ¿A quién esperas, apuesto sujeto?
No era conocido por discriminar entre sexos, así que no veía problema. Pero a este tipo no lo había visto por el pueblo. Recordaría a alguien como él.
— ¿A quién espiamos?
– ¡UA!
Decir que el grito que profirió Kenneth se escuchó hasta casi el otro extremo de Colorado sería poco. Así como lo sería el negar que algunos corazones que pasaban por ahí en ese momento se sintieron conmovidos con la adorable risa del pelirrojo junto a él.
– Vamos Kenny .– Logró decir entre risas, afirmándose de los muslos. – No me digas que eso te asustó ¿Tan concentrado estabas? – Se irguió en el lugar, aún con una sonrisa de comicidad en los labios, y se cruzó de brazos.
– Cállate, Kyle, no es gracioso. Casi me matas del susto. Mira. – Mientras Kenny con una mano se afirmaba el pecho, tomó con la otra la diestra de Kyle y la acercó a la suya, con la intención de que sintiera lo rápido que se había puesto a trabajar su corazón luego del llamado de atención. Le vio directamente a los ojos.
– Vaya, sí que late rápido. –Sonrió de medio lado, hablando en un tono de ironía – O tal vez viste al amor de tu vida.
– Tal vez. – Se dio vuelta, agarrándose nuevamente de la corteza del árbol frente a él que parecía ser un naciente abeto para observar si la persona que parecía tan angelical como su Marjorine seguía allí. En efecto, estaba, pero mirando directamente a ese árbol en particular. Se giró exaltado y Kyle levantó una ceja en duda al ver su rostro de urgencia. – Escóndete, idiota.
– Hey. – exclamó Kyle al verse tironeado hacia el cuerpo del rubio. Si no hubiera avanzado con uno de los pies, ahora mismo estaría sobre Kenny. – Como siempre, falto de delicadeza. –Negó en un gesto con la cabeza mientras Kenny rodaba los ojos. Se enderezó un poco, afirmándose en los hombros de Kenny para ver tras el árbol. – ¿Hombre o mujer?
– Hombre. – Kenny trataba de despejarse. Le comenzaron a sudar las palmas de las manos.
– ¿Cómo es? Y no me digas que es hermoso o alguna mariconada como esa, porque no sirven para describir a la gente apropiadamente. – Habían varias personas, y estaba curioso por saber quien era la que tenía a su amigo en ese estado tan deplorable.
– Es rubio—Ya—Alto y con piel muy clara—Ajá— Creo que tiene un sweater como celeste.– ¡Bingo! Tenemos un ganador. Ya sabía de quién hablaba, y por eso tenía una sonrisa de autosuficiencia. Arrogante –¿Qué? ¿Por qué sonríes?
– Hola Kyle. – Kenny sintió que palidecía.
– Ah, hola Butters. –Se impulsó un poco para tomar distancia y observar al recién llegado. –Te he dicho que no es necesario que pases a recogerme a la escuela. –Kenny no entendía nada. Se sacudió la ropa y con una sonrisa se dirigió al rubio de su lado. Eran de casi la misma altura. Hasta se atrevería a decir que el otro era más alto.
– Hola, soy—Kenneth, lo sé. –Le interrumpió con una sonrisa que le descolocó por completo. Kyle volvió a reír, pero esta vez más bajo. Nunca había visto a su amigo tan desesperado. Parecía que esta vez no tenía la respuesta a las preguntas de los demás, pues él mismo se había sumergido en un cóctel de quien sabe cuantas fueron las que le asaltaron sin preámbulos –Kyle me ha hablado de ti.
– ¿Lo ha hecho? –Miró con una ceja en alto a Kyle, suspicaz. Parece ser que esta vez tendría que valerse de sus instintos. Estaba frente a un chico con una máscara. Los conocía bien, pues Kyle también era uno de ellos.
– Sí. Pero al parecer no ha sido de lo mismo por aquí. Que malo eres, Ky. – El pelirrojo se despeinó con una mano.
– Err… Kenny, él es Leopold, mi amigo del café. – Algo hizo clic en la mente del otro chico con el uniforme de la secundaria de south park
– Ah, sí, me mencionó algo de ti un par de veces. Pero creo es mi culpa por no haberle prestado la atención suficiente –Se recrimino mentalmente. Era raro ya el hecho de que Kyle tuviera más amigos aparte de él mismo y creía que era por ese asunto el que se haya sentido un poco celoso al momento en que el bermejo le habló sobre Leopold, "su amigo del café".
– Me alegra. Ahora ¿Nos vamos? – Butters seguía sonriendo. Kyle asintió y se adelantó. – Hasta luego, Kenny. –El aludido sonrió avergonzado.
– Hasta luego Leopold. –Ronroneó en un tono que provocó escalofríos en el contrario.
– P-puedes decirme Butters. –Dijo antes de morderse el labio inferior interno e irse tras Kyle. Un gesto que habría pasado imperceptible para cualquiera que no lo estaba mirando fijamente, como en el caso de Kenny.
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— Definitivamente, eres un idiota. No puedo dudar de las pruebas irrefutables que tengo en tu contra.
– Va-vamos Kyle, no lo hagas sonar tan dramático. Pareces abogado – Un fuerte golpe provocó el silencio en el pequeño cuarto que servía como camerino en el Café Magnolia.
Kyle se había desahogado con la mesa del tocador de Butters, golpeándola con el puño cerrado. Le vio con los ojos hinchados en furia.
– ¿Que parezco qué? – Leopold tragó saliva y levantó las manos en un gesto de inocencia.
– Yo… Ehm… Lo siento – Kyle respiró hondo y esperó a que pasara un poco de tiempo antes de continuar.
– No quise decirte nada mientras íbamos en la calle, porque no me gusta hablar de este tipo de cosas en público. Pero, Butters ¿Cómo le dices a Kenny que lo conoces porque te he hablado de él? –El chico rubio se mantuvo en su lugar frente a la puerta cerrada, con una sonrisa formándose en su rostro mientras la sangre le subía a la cabeza. –Sabes que yo no hago esas cosas. –Kyle abrió y cerró el puño de la mano que había usado para desahogarse. Le había dolido, claro.
– ¿Qué querías que hiciera? Me pongo nervioso solo de tenerlo en frente. Ni yo me lo explico. –La voz sonó apagada.
– No parecías nervioso.
– Soy un buen actor. –Le enfrentó, mirándole un momento antes de avanzar hasta llegar a su lado y tomar una malla negra para esconder el cabello bajo la peluca. Jugó con ésta en sus manos, mientras la sonrisa todavía seguía implantada en su rostro. – Todavía siento esa molestia en el estómago.
– No son molestias. Aunque yo también las calificaría de esa manera, ya sabes, a esas "mariposas" –Kyle le tomó la mano para que se tranquilizara. Pudo percatarse de que temblaba levemente. –¿y? ¿Qué se siente al conocer por primera vez en persona al chico que acosa a Marjorine?– Butters levantó la cabeza y le miró con seriedad.
– Kenny no es un acosador. –Kyle pasó la lengua sobre sus labios resecos. Mierda. Entre ellos siempre habían muchos temas que eran mejor no tocar. Dio media vuelta y se sacó la chaqueta formal del uniforme. No le gustaba ir directamente después de la escuela al trabajo. Era demasiado extraño. Aunque le gustaba ese tinte casi imposible que tomaba todo el asunto, al usar el mismo uniforme al otro día y acordarse de las cosas que tuvo que hacer en su trabajo la noche anterior. Eso de jugar como mujer.
Se desvistió con rapidez, quedando únicamente en calzoncillos. No le molestaba que Leopold le viera de esa manera, y éste tampoco parecía molestarle que el otro le viera hasta desnudo. Se llevó varias sorpresas los primeros días de trabajo cuando se desvestía y vestía con el traje del día, y Butters aparecía desnudo tras unas cortinas que habían para cambiarse a buscar el teléfono o algo que se le había olvidado. No parecía avergonzarse de su propio cuerpo, pero tampoco parecía tener confianza en sí mismo. Simplemente parecía como que se hubiera acostumbrado a portar el cuerpo que tenía, y mostrarlo como tal.
Tomó una de las redes sobre el tocador y suspiró profundamente.
– Te noto pensativo. – Eso le tomó por sorpresa. ¿Cómo lo hacía siempre? Se estaba maquillando, ya con la malla puesta. ¿¡En qué momento lo había visto!?
– Necesito un plan. –Se colocó la malla con cuidado. Todavía no podía acostumbrarse a verse con el cabello aplastado. Como si estuviera calvo. ¿Sus ojos se veía más grandes?
– ¿Para qué? – Butters había comenzado a pintarse los labios. Todo su maquillaje siempre era suave y en tonalidades rosas, pero hoy se había decidido por unas sombras celestes. Sus ojos se veían más llamativos. Se notaba que todavía tenía a Kenny en la cabeza.
– Bien. – Dio media vuelta para así enfrentar a Butters, y dar una idea mejor del caso en cuestión con ademanes y toda la cosa. – Lo que sucede es que hay un profesor en mi clase ¿Te acuerdas? El pelinegro que vino con Kenny el otro día.
– ¿¡Es profesor!? Vaya, se ve tan joven –Sostuvo un pincel en la mano mientras miraba al techo en un ademán de soñador – y es tan atractivo. –ronroneó mientras le sonreía. Kyle le picoteó el costado con un pincel de labios.
– Oye, no te desvíes. –Le devolvió la sonrisa juguetona. – Pero sí, es profesor y maldición, es atractivo y un infierno.– Se pintó con devoción los labios, yendo primero por los contornos con un pulso que cualquier aspirante a cirujano envidiaría. Butter rió jovial, con una voz clara y sincera. – Como iba diciendo. En la escuela me molestaba demasiado para tratar de sacarme información personal. Sabes como odio eso.—Ajá– y entonces se aparece por aquí como si se tratase de algún esposo que se va de viaje por mucho tiempo y espera una calurosa bienvenida, pero no sabe que su esposa descubrió que tiene un amorío.
– Y en este caso tú serías la esposa.
– Sí. –Siempre era posible atrapar a Kyle con la guardia baja cuando estaba tan concentrado en un asunto. Es un chico sincero, después de todo. Leopold estalló en carcajadas – Espera ¿Qué? ¡No! No es eso. –Tomó la máscara de pestañas negra de su estuche personal, pero no podía concentrarse debido a la cantarina risa de rubio a su lado. – ¡Ya! Basta Butters. – Se rió un poco, contagiado con la alegría del otro.
– No le veo el problema… Ah, creo que ya entiendo. Maldito y galano bastardo, ahora sabe dónde y de qué trabajas. Sabe más de ti que tú de él. –Kyle pasaba el objeto de maquillaje por sus pestañas, desde la base hasta la raíz haciendo pequeños zigzags para evitar los grumos. Asintió en cuanto terminó su labor y después de revisarse en el espejo dio media vuelta para ver a Leopold que le miraba desde su posición. –Esto debe estar matándote.
– ¡Si supieras cuanto! – Se dejó caer en la silla tras de él.
– Está bien, voy a ayudarte. – El rubio se acomodó la peluca rubia con bucles sobre su cabeza.
– ¿En serio? Genial. – Kyle se acomodó la suya también; castaña y lacia. – ¿Tienes algo en mente?
– Claro que sí, babe.– Se sentó en su silla con las piernas cruzadas, y apoyó ambos codos en la rodilla alta, mientras entrelazaba los dedos de las manos. Apoyó el mentón en estos y le apuntó con ambos dedos índices. Parecía una especie de padrino, pero demasiado adorable, con mucho rosado y travesti. – Acuéstate con él.
Kyle podía asegurar que si hubiera estado bebiendo algo lo hubiera escupido todo al escuchar la propuesta del rubio. Pero sí se atoró con saliva.
– ¡¿Q-Que haga qué?! –. Tenía que estar bromeando y… no. No estaba bromeando. Leopold adoptaba ese tipo de miradas fijas en cuanto hablaba con seriedad. Le dio algo de temor imaginar qué cosas habrá hecho para salirse con la suya. Si le dijeran hoy que había matado a alguien, le creería. Apostaría su alma a ello. No, bueno, no haría algo tan extremo como eso. –Estás loco, de remate. ¿Cómo se te ocurre que yo-cómo podría hacer? No.
– Si hubieras hecho tanto escándalo, entonces no lo habría propuesto en primer lugar. –Bufó como si hubiera comentado algo tan banal como el clima. – ¿Por qué te sonrojas tanto?
– ¡No estoy-yo! ¿y qué? – Se llevó ambas manos al rostro, pero enseguida recordó que estaba maquillado y decidió por apoyar la frente en el escritorio. Sentía el rostro arderle en vergüenza. No le importaba acostarse con alguien tal vez para lograr algo. Era frío y no ponía sentimiento en ello. Es más, hasta lograba asquearle la persona y odiarse un poco más por hacer ese tipo de cosas. Pero, no era cualquier persona de la que estaban hablando. No. Era Craig Tucker, profesor de Lengua y Literatura de la secundaria de South Park. El hombre más estoico y absurdamente atractivo que había conocido jamás. No podría evitar involucrar algún sentimiento. Aunque sea de deseo, y luego tendría que verle la cara nuevamente. No, definitivamente no.
– Hace un par de semanas atrás, te hubieras encogido de hombros y me hubieras apurado para ir a trabajar. ¿Qué te ocurrió? ¡No me digas qué te—¡No! ¿Cómo se te ocurre? –Se había levantado abruptamente. Tenía una marca en la frente, por apoyarse un rato en la mesa. Butters estaba sonriéndose. Estúpido ¿En qué momento se había abierto tanto a este sujeto a su lado? Es un demonio.
– Entonces. Fíngelo.– Se encogió de hombros mientras se levantaba a buscar el uniforme regular del café. ¿Fingirlo?
– ¿Cómo? – No era mala idea.
– Mañana en la noche hay una fiesta en casa de Clyde. Asegúrate de estar ahí, y yo por mi parte me aseguraré de que este semental no falte. Te lo debo por lo del otro día. Tenemos que hallar un modo de embriagarlo.– Kyle sonrió de medio lado. Fingir que se había acostado con él. Hacerle creer que habían tenido sexo. Utilizarle, manipularle emocionalmente. Sí, un demonio vestido de rosa.
– ¿Bárbara?
– Claro, ella sabrá como convencer a su novio de que lo tenga allí sin falta. Clyde y Craig son amigos desde niños, al parecer Barbara se acaba de enterar. Será nuestra perfecta oportunidad para mostrar nuestros dotes de actores de taquilla. – Le guiñó un ojo. Estaba emocionado. No quería esperar para ver su reacción.
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Mensaje: ¡Hola! He vuelto. Perdón, perdón, perdón. Sé que me pasé una semana y no les traje el capítulo extra que les prometí. Hasta hoy. Me demoro un poco en editarlo. Gracias ¡mil veces! a mi amiga que me ayuda a releerlo y editar antes de publicar (tiendo a ser redundante de lo apurada a veces).
¿Y? ¿Les gustaron? El anterior es mucho más largo, pero este lo recompensa.
¿Algún review? Aunque sea para decirme "Hey, ¡¿dónde estabas?! ¡No haces nada durante la semana como para demorarte en escribir!" y yo de "lo sé, lo sé" arrepentida. ¿Algo que quieran ver más, o menos? El salseo ya viene, relajen las hormonas.
Ya tengo el capítulo que sigue, y el que sigue. Así que no creo atrasarme más.
Un gran abrazo. Así bien apretado.
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