Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje mordaz, insinuaciones, sueño subido de tono.
Aclaraciones: Tiene mucho diálogo para hacerlo más interactivo. Pondré "(nº)" para acotar notas explicadas al final del texto. Las canciones que coloco en medio o al inicio de las escenas son las que me inspiraron a escribirla, no es necesario leerlo con ellas, pero genera ambiente.
Les dedico este capítulo a ustedes mis preciosos lectores.
...
– VII –
"Hola, soy un sentimiento y vengo a joderte la existencia"
...
Llegó caminando a la casa de Clyde porque su padre había insistido en irle a dejar a la casa del compañero donde, se suponía, iba a ir a estudiar. Kyle no estaba acostumbrado a aquello de pedir permiso o que le fueran a dejar a algún lugar.
Él solía avisar a su madre que saldría y ya, pero su padre se impuso, con su sola presencia, frente a sus narices apenas le vio cruzar el pasillo en dirección a la puerta. Le dijo que iría a hacer un proyecto para el día siguiente. Se aseguró de salir a una hora prudente, en caso de que su padre preguntara, pero no esperó a que insistiría en ir a dejarle o en caso de negarse prohibirle la salida. Lo pensó, pues no era nada difícil fugarse, pero arriesgaba mucho ¿Qué hacía si lo pillaban? Tenía que ser un ejemplo para Ike, o al menos aparentarlo.
Debería ser no más de las siete y media cuando el auto de elegante carrocería aparcó frente a una bonita casa de dos pisos color azul rey. Gerald le dedicó una mirada de inocencia cuando era obvia la razón por la que había insistido en ir a dejarle. Kyle bufó en frustración mientras rodaba los ojos y tomando la mochila de una de las correas salió del auto. No se despidió ni miró hacia atrás sabía, sin embargo, que su padre no había puesto a andar el auto todavía. Echó a caminar por el sendero de tierra hasta la puerta de la casa, tocó con los nudillos y esperó.
— ¿Kyle, qué te trae por aquí?
– Pensaba en pasar a visitarte – Bradley estaba desecho en un chaleco de unas dos tallas más grande. Bajo llevaba unos jeans, y estaba descalzo. – ¿Me dejas pasar? – Miró por sobre el hombro del pelirrojo y luego asintió, haciéndose a un lado para dejarle entrar.
Cerrando la puerta a sus espaldas, y una vez se hubo escuchado el ronroneo del motor del auto al acelerar e irse, encaró a Kyle.
– ¿Qué fue todo eso? ¿Debo suponer un trabajo para mañana que he olvidado? –El tono de voz que ocupaba era cordial. Pasó a un lado del pelirrojo, en dirección de los sillones de la sala de estar, y éste le siguió de cerca. (1)
– No te preocupes, sigues siendo tan responsable como ésta mañana. – Dijo divertido Kyle.
– Tu visita debe tener un motivo ¿no? –Bradley era un chico muy simpático, a su criterio, que se sentaba junto a Kyle en matemáticas. Tenía el cabello rubio liso y con un corte en forma de tazón. Siempre bien peinado, pero con algún que otro pelo loco que no lo podía bajar siquiera con un poco de gomina.
Bradley se sentó en un sillón de un cuerpo que había frente al inicio de la escalera. No había señal por ningún lado de sus padres. Kyle rió amistosamente, pensando que lo usual no era que un amigo te pregunte si tu visita tiene un motivo de fondo.
– Biggle, no dejas de sorprenderme. Ciertamente eres de otro planeta. – El blondo le dedicó una sonrisa cómplice. Se acomodó en el sillón dejando el libro que había tomado, antes de sentarse, en su regazo. Posó sus bonitos ojos de color acuosos en Kyle, quien habiendo dejado la mochila a un costado del sillón de dos cuerpos, apoyado a la pared, se sentaba en el otro de un cuerpo que se hallaba situado frente a Bradley, de espaldas a la puerta de entrada. No había televisores en la sala de estar, pero sí una biblioteca y un equipo de música anacrónico. Un disco longplay giraba sobre la mesilla y con la aguja a un costado. – ¿Escuchabas algo? – La sala tenía un toque antiguo. Como un pequeño trocito de época atrapado en el tiempo.
– Ah, sí – Contestó Bradley levantándose y yendo al equipo. Con cuidado colocó la aguja en un lugar en específico y se escuchó el característico efecto de fritura, por desgaste del disco, seguido del inicio de una melodía de piano. Sonaba una pieza de Chopin con el volumen muy bajo. – ¿La conoces? – Kyle asintió – Ustedes tiene cosas que valen verdaderamente la pena, aunque no las valoren del todo. el sentimentalismo que es capaz de reflejar esta pieza es increíble. Pareciera que ingresa por los poros de tu piel y conecta directamente con tu torrente sanguíneo, formando parte de ti, como una medicina. – A veces Bradley se pone así. Considerando a nosotros humanos distintos a él mismo. Creo que eso fue lo que me llamó la atención desde el primer momento, su peculiaridad al hablar. Tengo que contarle de la fiesta.
Se había formado un ambiente melancólico, la tarde caía tras las persianas delgadas de la sala de estar. Todo le daba un aire diferente a Bradley, desde la posición en que le observaba Kyle, porque el sol debilitado le daba en solo una mitad del rostro, suavizando sus rasgos y los colores del rostro.
– ¿Tienes algo para hacer a la noche? – Bradley despegó la vista del disco, que hipnotizaba con su movimiento como de remolino, para observar a Kyle con interés. El pelirrojo tenía una nimia sonrisa instalada en la comisura de los labios. Con una ceja en alto, los brazos y piernas cruzadas, se le hallaba recostado del todo sobre el respaldo del sillón. Su esbelta figura a pesar de todo se conservaba intacta. Cuando Kyle quería, y a gracia de sus rasgos andróginos, lograba verse masculino y mucho mayor de lo que era en realidad. El dueño de casa se giró por completo y apoyó en un sector firme de la mesilla, cruzándose también de brazos.
– No, ¿Puedo saber el motivo de aquel súbito interés por mi vida nocturna?
– ¿Te parece acompañarme a una fiesta? – El tono de voz de inocencia y seguridad que profesaba contrastaba de manera burlona con el contenido de la frase.
– Dudo que sea pertinente asistir a ese tipo de reunión un día a mitad de semana, pero has llamado mi atención. ¿Dónde es?
– En casa de un conocido, cerca de aquí. – Todo cobró sentido de pronto para Bradley.
– Debo suponer por lo tanto que en la mochila traes…
– Ropa.
– Bingo. El motivo de tu visita es encubrir de tu padre la clara intención de ir a aquella dichosa fiesta.
– A nadie le agradan los pedantes, ni los soplones. – El rubio esbozó una sonrisa de medio lado, negando con la cabeza.
– Tienes mi palabra. – Hizo un gesto de cerrar su boca con un cierre. Se sonrieron por un tiempo. – ¿Por qué traes ropa de cambio?
– Por si me encuentro con gente de la preparatoria.
– No entiendo.
– Apariencias.
– Sigo sin entender—No es importante. – Le cortó Kyle. ¿Cómo explicarle a un amigo novicio que tenía que guardarse de aquellos que le puedan identificar con facilidad?
Bradley fue hacia el inicio de la escalera – He investigado con anterioridad sobre esos temas, las fiestas, y lo regular no es llegar a la hora citada sino que más tarde, por lo que recomiendo veamos alguna película antes.
Por eso le agradaba Bradley. Por aquellos impulsos de creatividad en sumo entretenidos para su persona. Asintió gustoso, con grandes expectativas de lo que fuera a proponer para que vieran. No tenía otras intenciones, ni buscaba ser agradable. Era original hasta la médula.
El jardín se hallaba infestado de gente borracha por todos lados, además de sucio, y se percibía mucho ruido: tanto del barullo como de los bajos de la música electrónica que hacían retumbar ventanas y paredes. Pensó en el plan que debía idear y el compromiso del mismo, junto con las horrorosas ganas que le carcomían de hace un tiempo de alcohol, testosterona y humo de cigarrillo.
Esbozando una sonrisa llena de malicia que desconcertó a Bradley, pues era la primera vez que la veía, le instigó a adentrarse a las fauces del lobo. El ambiente era viciado.
Apenas abrieron la puerta se toparon con la sala de estar atiborrado de gente, la mayoría desconocida para él, bailando en cualquier parte, o bien, en una pseudo charla porque debían gritar para hacerse oír por sobre la música y, aun así parecían escucharse a medias. Al final, más allá de la escalera y la cocina también repleta, el ventanal abierto y el patio, habitado también. La casa se encontraba tenuemente iluminada y del jardín apenas se veía algo encendido, más que la cara de uno que otro alumbrada por un cigarrillo.
Kyle se abrió paso entre la gente, con Bradley detrás, encaminándose a los sillones donde estaban sus conocidos. La mesa frente a éstos tenía muchos vasos y botellas. Clyde se abrazaba a Bebe por el cuello, ambos en un sillón de dos piezas apoyado en la pared. Se acomodó entre ella y Butters, invitó a Bradley a sentarse a un sillón del costado, pero rechazó la invitación alegando que iría en búsqueda de algo para beber. Leopold mantenía una sonrisa pulcra de idiota, por lo embriagado, en el rostro. Pero no importaba, para Kyle, lo que podía pensar o todas las máscaras que se colocara Butters ya que siempre percibía su melancolía.
— Hey, ¿Cómo estás? – Preguntó al rubio.
– Un poco ebrio... supongo – Le tomó la mano más cercana que encontró y se apegó a él para reconfortarlo.
– ¡Ánimo chicos! Ten Kahl, bebe un poco. – Le ofreció Clyde un vaso. Lo primero que te enseñan cuando comienzas a ir a fiestas es no aceptar nada, ni un vaso de nadie, pero al pecoso, a su desgracia, no le enseñaron y si le hubieran dicho algo le importaba poco. Bebió y sin quererlo hizo una mueca. No sabía lo que tenía, pero se sentía muy fuerte. Le había quemado la garganta y el estómago. Clyde rió.
– Así se hace – Bárbara reía junto a él sin parar. Se veían grotescos para Kyle, con los ojos idos hacia arriba. Como esos personajes animados que se ríen con la lengua fuera, expulsando su saliva y con los orbes a punto de salir de sus cuencas.
– ¿Quién era tu amigo? el que se fue. – El chico rubio se le acercó para preguntarle en privacidad. Kyle percibió el perfume característico de su amigo.
– Se llama Bradley, es un compañero de la escuela. – Butters levantó ambas cejas en sorpresa y acarició su espalda con cariño amistoso.
– Esperaba que vinieras – Una voz desconocida llamó la atención de ambos. Ni idea de quién se trataba, pero cuando se sentó al lado del rubio invadiendo su espacio personal se notó que no tenía "sanas" intenciones con el chico a su lado, y si hubiera querido conversar podían afirmar que no querría tener "ese" tipo de conversaciones.
– Disculpa amigo, pero no está disponible – Contestó Kyle abrazando a Butters hacia él y viendo al desconocido con aquella mirada altanera tan característica suya. El rubio le sonrió con calidez, quitó el vaso de entre sus delgados dedos y bebió. El sujeto se retiró chasqueando la lengua. En cuanto dejó el vaso vacío en un golpe seco tomó a Kyle de los hombros.
– Mira disimuladamente ¡Pero disimula, eh! quién está al lado de la puerta de la cocina. –Kyle le hizo caso, aparentando y viendo a varias direcciones antes de fijarse en el lugar indicado.
{Never Forget You - Zara Larsson Ft Mnek}
Un golpe dulce le dio de lleno en la boca del estómago. Sintió florecer en burbujas aquella corriente, la boca seca y el efecto punzante del alcohol bailar en sus venas.
Craig Tucker hablando con otro joven de más o menos su edad -al que no le prestó casi nada de atención porque su objetivo en definitiva era otro-.
– ¿Cómo le convencieron de venir? –Le dijo Kyle a Butters. En cierto punto del día no creyó posible que el profesor asistiera al evento, y de ser ese el caso disfrutaría de todos modos.
– ¿Quién? ¿Damien? – Respondió Clyde. – Sí, es raro que haya venido. Tal vez necesitaba relajarse un poco de todo el trabajo mierdero de oficina.
– No bobo, se refiere a Craig – Bárbara le hablaba como quien le habla a un niño.
– Ah... No me digas que es tu profesor en la preparatoria ¿Lo es? ¿He acertado? – Preguntó en una voz ridículamente alta. Butters mantenía la vista fija en el profesor de literatura.
– Ha pasado tiempo ya. – Kyle evadió pregunta y en cambio observó a su alrededor. – No veo a Bradley por ningún lado. – Leopold le tomó del cuello de la chaqueta que llevaba puesta y acercó los labios a su oído
– Embriaga al esposo traidor y hazle creer que pasó algo entre ustedes. – Luego le soltó y observó con resolución en sus ojos, como si hubiera dicho lo más acertado de toda la noche, pero Kyle no pudo pillarle en su racionalidad embetunada en ebriedad. Resolvió por asentir, siguiéndole el juego.
– Iré a buscar a Bradley. – Dijo en voz alta. Clyde y su novia se reían entre ellos.
– Que te vaya bien con Craig. – Bárbara habló sin darse cuenta de lo que decía. Kyle esperó que Clyde estuviera lo suficientemente obnubilado con ella como para no entender el hilo de la conversación.
Me puse a cavilar sobre Craig: ¿Qué era lo que me atraía de él?
Eran los ojos, estoy seguro, oscuros y profundos que te absorben aún si te aferras con pies y manos a la tierra, y en definitiva, lo que hacía peligrar mi plan ahora mismo.
Me giré a observar a los chicos y noté de nueva cuenta a Butters abstraído en sí mismo.
Da lo mismo la máscara que te pusieses, pues son los ojos los que siempre te delataran, y ya sé que solo son órganos que no expresan más que las reacciones del cuerpo, pero algo me hace leerlos, concentrarme en los movimientos y las contracciones. Uno pensaría que eso es todo, pero hay algo más. Siempre hay algo más.
Pensamos en tantas cosas y entre ello pensaba lo extraño que era siquiera querer – o anhelar- tanto este encuentro cuando no lo conoces al otro, y por mucho que eres capaz de predecirlo no vas a evitar la variación.
¿Por qué siempre queremos hacer todas las cosas bien? ¿Por qué buscamos impresionar?
Observas de lejos en la realidad viendo como el otro se desenvuelve, pensando internamente que no tienes oportunidad y que tendrá algo más interesante que hacer, pero siempre con la vaga esperanza de que voltee a verte y de que lo último en pensar al cerrar los ojos antes de dormir sea en los tuyos.
Deseas, anhelas, imploras a afrodita y a cupido para ponerlos de tu lado. Es egoísta. Sumamente egoísta y ególatra, pero un pensamiento regular en el ser humano por querer llamar la atención: querer ser el único para el otro.
Era el momento de actuar. Así que decidí comenzar a moverme. Él no me ha visto todavía y eso incrementa considerablemente las posibilidades de salir victorioso de este asunto.
Me saqué la chaqueta mientras suspiraba en desgano. La dejé sobre el mueble, y amarré mi cabello en una cola alta para adentrarme en el tumulto de gente bailando en medio de la sala.
Los planes son simples. Los había trazado con destreza en mi mente: separaba el objetivo de los subobjetivos, los pasos, los modismos, las acciones de ellos y de todos. Cada paso y cada tipo de modulación. Como un felino espiando a su presa, estudiándola con cuidado. Esperando el más oportuno momento. Esperando a que ocurriera.
Me apesta la gente. Sus cuerpos sudorosos y las espaldas endurecidas acercándose a mí, rozando su cuerpo contra el mío.
Y como si fuera alguna especie de conspiración, alguien, con rasgos muy similares al de su principal objetivo se interpuso en su camino.
— Kyle, hola.
– ¿Stanley? ¿Qué haces aquí? – Preguntó sorprendido. ¿Stan en una fiesta un día de semana? Se encogió de hombros, con la famosa y tonta sonrisa en la cara.
– ¿Qué haces tú acá? Es extraño ver a… – Le observó de arriba a abajo – alguien de tu tipo en estas fiestas. Aunque con esas pintas no te reconocí casi, tu cabello es inconfundible. – Kyle se cruzó de brazos y apoyó el peso de su cuerpo en una pierna.
– ¿Qué quieres decir con eso de "mi tipo"? –Le miró con interés y falsa cortesía.
Se notaba que Stanley estaba pasado de tragos por la persistente, ridícula sonrisa en la cara y los ojos idos. Kyle vio por sobre su hombro a donde se suponía estaba su hermano mayor, pero ya no lo veía por ninguna parte ¿Dónde mierda se había metido? Si tan solo este fanfarrón no se hubiera interpuesto en mi camino…
Stan, a pesar de su estado, se dio cuenta de la ropa que llevaba Kyle: la camisa granate bajo el jean oscuro, los bototos tipo militar y el cárdigan largo gris hasta las rodillas. El cabello amarrado en una coleta alta parecía más adorno que para quitarle los cabellos danzantes del rostro.
– ¡Kyle! – ambos voltearon al escuchar el llamado.
– ¿Estás con ellos? – Se sorprendió de que Kyle los conociera; a Clyde, a Bebe, Butters. "Celebridades en las fiestas". Le hacían señas con las manos. Parecían alertarle de algo, pero ¿Qué? Clyde se levantó sobre el sillón para hacerle señas más marcadas y exageradas. Se leía en sus labios que repetía una y otra vez "date la vuelta", pero Kyle había girado antes que él y dedicándole una rápida mirada se disculpó y alejó tras dos chicos que conocía demasiado bien. ¿Debía pagar por una apuesta o algo? esperaba que fuera eso, porque podría estar más ebrio de lo que estaba y sin embargo seguiría reconociendo los azabaches cabellos de Damien, y el ridículo chullo con pompón amarillo de su hermanastro.
— ¿Qué hace? –Clyde estaba hincado sobre su asiento.
– Se quiere vengar, o algo así. – Butters trazaba con un dedo el contorno de su vaso. No era confiable Clyde para él en ese estado, que cada tanto gritaba alguna estupidez.
– ¿Por qué? – Intentó de nuevo y Bárbara hizo que cayera sobre ella al tratar de acercarlo.
– Amor – Contestó Bebe con voz gatuna. Leopold rió por la cara de estupefacción que tenía el castaño y luego tomó del vaso que estaba tomando Bárbara. ¡Dios santo de todos los cielos! Esto está más para curar heridas.
– ¿Por Tweek? –. Inquirió Clyde.
– ¿Qué? ¡No! – Leo se atragantó y comenzó a toser. Faltaba contarle a Kyle del pequeño detalle de Tweekers.
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Colour Fade - Funeral Suits
¿Cómo es posible? No los encuentro por ninguna parte. Kyle pensó seguro de que la amalgama de gente se los había tragado. Ahora mismo se encontraba en el meollo de la euforia y, a pesar de no saber qué hora era, la fiesta parecía concentrarse en su máximo punto.
Se quedó meditando sobre su situación, aunque pareciese extraño que se pusiera a divagar en medio de personas rozando sus cuerpos entre sí, conversando, riendo y tirando parte de lo que sea que tuviese su vaso al suelo, y llegó a la conclusión de que iría a buscar a Bradley. Sintió un pinchazo en la cabeza y el cuerpo más ligero. Arrugó el entrecejo un poco por las molestas luces que además de adorno creaban ambiente y se puso a caminar como pudo entre las personas: a empujones y trompicones.
Casi llegaba a la cocina cuando alguien le empujó con fuerza yéndose de frente contra otro chico que le daba la espalda. El interceptado volteó agitado.
— Hey, fíjate—Lo siento. – Le interrumpió Kyle y trató de seguir caminando. Lo hubiera hecho de no ser por sentir una mano cerrarse en su brazo. Giró para ver a la persona que había empujado. ¿Qué asuntos tenía con él ahora? ¿Querría pelear? – ¿Kyle? – Miró bien al susodicho porque estaba seguro de que no le había dicho su nombre con anterioridad. Su cabello era un rubio platinado casi gris, lacio y sedoso hasta los hombros en un corte recto, con un delgado fleco hasta las cejas de un rubio ceniza. Los ojos que le observaban eran grandes y de un azul suave, en contraste con el color del cabello; la nariz recta y la boca pequeña. Algo en su mente titilaba, pues aseguraba haberle visto antes. – Vaya, me costó reconocerte a la primera, pero tu cabello es inconfundible ¿Cómo estás? – Se dirigió a él en un acento británico muy familiar para el pelirrojo quien, omitiendo hacer caso al comentario sobre su cabello, se enfocó en tratar de reconocerle. – ¿Por qué me miras así? Vamos, trabajamos juntos hace un par de meses. No puedes olvidarme así como así – y aquello fue como si un viento bien fuerte disipara las nubes en su cabeza.
– Phillip Pirrup – El nombrado sonrió con calidez y le alejó del tumulto para poder conversar entre ellos, y no gritar. – Estoy bien. Vivo en South Park ahora ¿Qué haces acá? – El rubio se encogió de hombros con una nimia sonrisa.
– Vine por petición de un amigo – Aunque había sido tiempo que no se veían, sabía a la perfección sobre quien estaba hablando.
– ¿Sigues trabajando en el bar?
– Sí. Lamento mucho que te hayan despedido.
– No me importa, se lo tenía merecido. – Se sonrieron – Trabajo en otro lado ahora.
Hace un par de meses Kyle trabajó en un bar que quedaba en el pueblo donde vivió antes. Su compañero de turno era Phillip o Pip, que era como prefería que le llamasen, y se distinguía por su tranquila personalidad, algo extraño considerando el área en el que trabajaban. Siempre trataba con amabilidad a todos: desde la persona más tímida hasta el ebrio más molestoso que de repente hacía presencia. Pero si algo no soportaba era que le confundieran de nacionalidad. Kyle no sabía el porqué, pero le daba gracia los arranques de ira del rubio cuando alguien le preguntaba sobre el lugar de Francia en el que había nacido. A pesar de todo se llevaban bien, y fue ese mismo cariño mutuo el que le costó el trabajo cuando defendió de un borracho resentido, cliente frecuente y amigo del dueño, a su amigo.
– ¿Qué haces? ¿A qué te dedicas?
– Me trasvisto.
– ¿¡Que tú qué!? – Kyle sonrió de medio lado, con ambas manos en sus bolsillos cuando Pip estalló en risa. (2) – Lo siento, lo siento. Pero, ¿Por qué?
– Acepté el trabajo sin saber de qué se trataba. Es entretenido, deberías intentarlo. – Pip se sonrojó. A Kyle le enterneció su inocencia. – y… – Dio una mota de suspenso mientras el ambiente entre ambos era amigable – ¿qué tal el cliente frecuente? – Se sacó una mano del bolsillo para picarle un brazo. En el bar, siempre los mismos días y a la misma hora, aparecía un sujeto con traje de oficina, se sentaba a la barra y conversaba con ellos.
– Él me invitó a esta fiesta. – El tono que había ocupado era suave, y miraba al suelo.
– ¿Es en serio? Y ¿Dónde está él ahora? – Miró al chico frente a él con una sonrisa de culpa en el rostro rascándose cerca de la comisura del labio.
– Bueno, no fui al único al que invitó – Kyle enarcó una ceja. – Sabías que comparte departamento con alguien, ¿cierto? – Kyle asiente ansioso de que continuara con la historia – Vinimos con él en el auto.
– Es comprensible, y ¿Cómo sigue? Siempre tienes ese deje terrible del drama. – Phillip que había hecho una pequeña pausa rio suavemente con el comentario de Kyle.
– Amigo, me acordé en seguida de ti. Es muy atractivo – Kyle sonrió de medio lado
– ¿Te acordaste de mí porque yo también soy atractivo? – Pip volvió a reír. Esa personalidad ligera de él era la que siempre provocaba malos entendidos entre él y los clientes.
– No – Kyle le observó fingiendo estar ofendido – Quiero decir, tú también eres atractivo—¿De verdad lo crees? Gracias por el halago. – Pip le empujó – Déjame terminar. Me refería a que es de tu tipo.
¿Por qué andan con eso de "tu tipo"? – ¿Me estás sugiriendo de que me caería bien? – Phillip resopló.
– No. ¿Cómo lo digo? Ya sabes. Tu tipo, ese tipo.
– No entiendo – La verdad era que sí entendía, pero Kyle encontraba divertido sacar de quicio a sus amigos cercanos.
– Te gustaría. En sentido romántico – Kyle hizo un mohín de entendimiento y luego se cruzó de brazos.
– ¿Por qué asumes que soy homosexual? – Phillip se vio nervioso y se encogió de hombros desviando la vista durante unos segundos: señal de que sabía algo.
– Eh… vi algo, pero te prometo que fue accidental – Kyle le dedicó una sonrisa sincera. – No era mi intención, en se—Está bien. – Le puso una mano en el hombro para calmarlo.
– Te tengo estima, Phillip. Solo espero que ese tipo de información no sea divulgada si no es necesaria – Pip asintió – Y no te voy a preguntar lo que viste. – Porque tampoco me acuerdo(3), añadió el pelirrojo en su mente – Háblame de este amigo del cliente.
– Damien
– ¿Cómo?
– El nombre del cliente es Damien, Damien Thorn. – Kyle miró al techo unos segundos pensando que ya había escuchado una vez ese nombre en la noche, y asintió para que Pip siguiera con su narración. – Como sea, es alto y tiene el pelo negro—Ya…— La nariz recta, puntiaguda, y unos ojos que te mueres. – Kyle rio con ganas luego de escuchar la expresión que utilizó Phillip. Era una explicación muy general del sujeto.
– Sé más concreto. Tipos así hay mínimo diez acá esta noche – A Pip se le había arrebolado el rostro.
– No me acuerdo mucho – Philip sonreía y miraba a todos lados distraído.
– ¿Estás ebrio? – Kyle agitó una mano frente a sus ojos pensando que sería una respuesta factible a la facilidad con la que se había acercado a hablarle, y sin filtrar nada de lo que saliese de su boca. Conociendo ya al Phillip metódico esta faceta le resultaba desconocida.
– Un poco. Llevo un tiempo solo y tenía que pasar el rato de algún modo. – El pelirrojo levantó ambas cejas en sorpresa y guardó sus manos en los bolsillos.
– No me lo esperaba. – Hizo memoria tratando de recordar qué otros momentos había tenido el gusto de verlo de ese modo: meciéndose en su propio puesto con el sonido de la música – ¿Qué pasó con tu política? – Phillip solía hacer mohines en el bar apenas veía a alguien muy ebrio. Le solía decir que era vergonzoso y no tenía nada de elegancia comportarse como gelatina.
– Estoy fuera del turno. – Se excusó levantado los hombros, y entonces Kyle aseguró que aquella no era la primera vez que bebía.
– Tuvimos que salir un día a beber los dos.
– Todavía podemos. No es como si alguno fuera a morir mañana.
– Eso no lo sabes – Kyle miró hacia otro lado apoyando su peso en una de las piernas. El alcohol en su cuerpo le provocaba pensamientos fluctuantes entre sus distintas visiones sobre el mundo y su propio ser.
– ¿Sigues con eso? – La voz de Pip le atrajo y se encontró con una sonrisa pequeña en su rostro. No era burla, sino preocupación.
– Mejor prosigue con lo del tipo – Decidió cambiar el tema.
– Tiene la voz nasal y muy grave. Eso lo recuerdo muy bien. – Kyle sintió un escalofrío. Como de esos de advertencia. ¿Estaría hablando de…? No, no lo creo. Sería mucha la coincidencia. ¡Cierto! Craig. Olvidó por completo lo del plan.
– Hm… no me gustan los que hablan desde la nariz – No sabía si estaba siendo sincero, pero una parte de él parecía decirle que odiara todas aquellas características. Como si estuviera obligándose a dejar de sentir esa apabullante atracción por su profesor de Literatura.
– Estoy seguro de que si le vieses cambiarías de opinión – No sabía si hablaba de la misma persona que él estaba pensado, pero si era otro el sujeto del que hablaba y su plan con Craig no funcionaba, cosa que ya creía posible a esta altura de la noche, entonces se permitiría divertirse un rato. – ¿Viniste solo, o estás con Kenneth?
– La verdad, no sé si él está aquí. – La pregunta le pilló de improviso. – Pero en todo caso no vine con un compañero de escuela – Podía asegurar de que Kenny prefería aprovechar este tiempo con su hermana a salir. Si antes Kenneth era el alma de las fiestas ahora brillaba por su ausencia.
– Vaya, vaya, siendo sociable, pero qué sorpresa. – Kyle le dio un leve empujón en el hombro. Sintió en la garganta brotarle una risa sincera. – ¿Dónde está ahora? De seguro que se dio cuenta de tu verdadera personalidad y se fue por ahí espantado. – El pelirrojo se llevó una mano a la barbilla y con el dedo golpeó con suavidad sus labios, pensando.
– Espero que no se haya ido por eso, pero sí me dejó. – Phillip llevaba las manos a la cadera. – Dijo que iría a buscar algo de beber – Kyle miró a su alrededor. – Hace, creo, una hora. – Phillip ladeó la cabeza en ademán de incomprensión.
– Lo estabas buscando – Cuando saltó con la conclusión Kyle pudo jurar que el contrario se pondría a aplaudir, pero en cambio resolvió por apuntarle con un dedo.
– ¿Cómo sabes? De seguro me estabas espiando – Tomó su dedo e hizo que desajustara ese ademán. No le gustaba que le apuntaran con el dedo. Su voz sonó plana a pesar de la obvia intención de broma.
– ¿Cómo adivinaste? Te ayudo a buscarlo. – A Phillip pareció no importarle o quizás no se dio ni cuenta del gesto que Kyle hacía, le tomó de un brazo y guió hasta la entrada de la cocina. – ¿Cómo es?
– Pelo rubio, más lindo que el tuyo. – Pip hizo un mohín y Kyle compuso su sonrisa. – ojos claros, corte a la altura de los oídos – Mientras lo describía se llevó una mano a la altura de su cuello para señalar más o menos hasta donde llevaba el pelo Bradley.
– Como de tazón.
– Sí, sí, eso mismo – Kyle miró a Phillip pero éste en vez de devolvérsela, observaba un punto fijo entre toda la gente.
– Ah, que coincidencia – Entonces le miró de vuelta y vio un deje de diversión en sus ojos.
– ¿Por qué dices eso? Tú no tienes el corte tazón. – Kyle recibió un manotazo en el brazo.
– No, no eso, necio. Me refiero a que justo ahora "Bradley" – Apuntó a un lugar, que Kyle creyó era donde miraba antes, y siguió la dirección de su dedo. – Está hablando con Damien – y vaya que era una coincidencia: Bradley conversaba con un joven de más edad que ellos con el cabello oscuro y tez clara. Vestía por completo de negro. Estaban a un lado del ventanal que daba al patio apoyados en una encimera. Sintió que le temblaron las rodillas y unas ganas irrefrenables de agradecerle a quien sea que estuviera por ahí en los cielos o bajo tierra. Damien es el supuesto amigo que estaba conversando con Craig en el momento en que Leopold le hizo notar su presencia. Esto había bajado el nivel de dificultad de su empresa y se sintió contento.
Kyle avanzó llevándose a Phillip a rastras hasta llegar donde estaban ambos conversando.
– Ah, Kyle. – Bradley se volteó a verle apenas le distinguió entre las demás personas.
– Phillip – Damien hizo lo mismo cuando vio llegar al peliplata. – ¡Phillip! Lo lamento tanto. – Se volteó hasta quedar frene a Phillip, tomándole de ambos hombros y acercándose un poco en cuanto pareció reconocer a Pip. – Olvidé que habías venido. – Le soltó y tomó un vaso que estaba en la encimera.
– Vaya amigo, siendo que más encima le trajiste a este evento. – Kyle sonrió de medio lado acercándose con lentitud.
– Disculpa. Creo que no nos conocemos – El aludido enarcó una ceja mientras bajaba con elegancia el vaso que había acercado a sus labios. – Damien Thorn – Levantó su mano libre y la extendió en su dirección. Damien tenía los ojos oscuros, donde a veces se apreciaba un destello rojizo, remarcados en largas pestañas negras. Atractivo como el infierno. Era peligroso tenerlo tan cerca, que estuviera en ese lugar siquiera, y sin duda que poseyera esa sonrisa de dentadura perfecta. Una sonrisa de demonio. Se dio cuenta de que su mirada vagaba demasiado a la boca del contrario y se decidió por verle a los ojos.
– Kyle Broflovski – Le dio un apretón de manos que duró medio segundo. Damien sonrió de lado y Kyle quedó serio.
– Damien, haz memoria – Un manotazo en su hombro le hizo desviar la vista del chico pelirrojo que tenía frente a él, con colores peculiares, para fijarse en el chico que estaba a su lado: Phillip.
– Sí, lamento haberte olvidado – Damien iba a volver a tomar de su vaso cuando Pip le jaló del codo y casi provoca que suelte el objeto. Le dedicó de entero su atención para reprimirle, pero le interrumpió antes de siquiera formular una frase coherente en su cabeza.
– No eso, a Kyle – El comentario de Pip le noqueó, y se fijó en que estaban todos mirándole. Enfurruñado puso a maquinar su cabeza. Estuvo todo el día en la oficina pensado y justo el momento en que tenía para distraerse le hacían pensar de nuevo.
– ¿Por qué? ¿Dices que le conozco de algún lado? – Damien resolvió por hacer las preguntas necesarias para que Pip o hasta Kyle le digan la respuesta.
– ¿Dónde estabas? – Kyle se salió como observador de la conversación que tenían los chicos frente a él para ver a su compañero de matemáticas que parecía más interesado en el contenido de su vaso que en él mismo.
– Vine en búsqueda de algo para beber y me quedé conversando con Damien. – Dijo Bradley como si hablara del tiempo. – Kyle, no estoy a gusto en este lugar. – Bradley dejó el vaso a un lado y Kyle leyó la urgencia en su mirada.
– ¿Qué, por qué dices eso? – Se estaba acercando a él. Bradley se veía desorientado.
– ¡Ah! Eres el pelirrojo que trabajaba en el bar. – La voz barítona de Damien llamó la atención de Kyle que giró la cabeza a verle. – Supe lo que pasó, qué hilarante. – Una risa burlesca brotó de su garganta y Kyle sintió ganas de acallarla.
– Damien, le hablaba a Kyle de tu amigo – Phillip había sacado un vaso de algún lado. – Tu compañero de piso – Le apuntó con el dedo de la mano donde tenía el vaso.
– Se llama Craig, Phillip. – Tomó el vaso que estaba en las manos de Pip a pesar de su queja y lo depositó en la encimera a su lado.
– Como nuestro profesor de Literatura, Kyle – Bradley parecía recompuesto, pero no convencía a Kyle.
– ¿Ustedes estudian en la preparatoria de este pueblito? – Damien movía la mano justo en el momento en que Pip estiraba el brazo con torpeza para alcanzar su vaso. – Craig enseña en la preparatoria de aquí – Al final Phillip se consiguió un vaso de otro lado y Damien rodó los ojos. No se daba cuenta de la reacción de sorpresa que pusieron Kyle y Bradley.
– ¿Es en serio? Vaya, el mundo es una servilleta – Phillip se metió en la conversación y Kyle lanzó una carcajada. – ¿Qué? – Damien le miraba con una ceja en alto por el comentario poético que había dicho.
– Kyle, muchas gracias por la invitación. Me siento extraño: la cabeza me da vueltas y siento la lengua pastosa. – Bradley parecía ir y venir en su mente. Sacudió la cabeza y dejó el vaso que tenía en la mano en el mueble donde se apoyaba.
– Espera. – Kyle trató de disuadirlo.
– Me iré. Debo dormir una cantidad de horas para poder estar concentrado mañana. Muchas gracias por la invitación. – Palmeó el hombro del pelirrojo y luego se le acercó para decirle más privado – Recuerda pasar a buscar la mochila – Kyle asintió, Bradley se alejó y dirigiéndose a Damien dijo: – Me la pasé de maravillas. Nuestra conversación fue interesante. Hasta pronto. – Dio media vuelta y se introdujo en la masa de personas o, mejor dicho, se les acercó y estas parecieron tragarle.
– Te comprendo. Sé lo que se siente que te dejen solo. – Phillip puso una mano en su hombro, con un puchero en los labios.
– Ya me disculpé, Pip. – Damien sonrió de medio lado tomando nota mental de no dejar que Pip bebiera tanto en otra ocasión porque llegaba a hablar hasta por los codos.
– Lo sé, pero sigue siendo gracioso tu rostro de compungido.
– No sé por qué los consideraba mis amigos. Parece que estaba desesperado. – Kyle bromeó al verlos a ellos.
– y, ¿Qué le contaste a nuestro querido Kyle sobre Craig?
– No mucho. – Phillip meció el vaso en su mano observando el contenido. – Que es muy de su tipo. – Levantó la vista para dedicarle una cómplice a Damien mientras decía aquello en voz más baja.
– ¿Qué? ¿Por qué andan cuchicheando? – Kyle no había escuchado por la música.
– Ah, ¿sí? – Damien se llevó una mano al mentón.
– ¿Qué cosa? – A Kyle no le agradaba no entender.
– Que Craig te ha parecido peculiar e interesante – El chico de cabello negro esbozó una sonrisa con malicia mientras guardaba ambas manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero que usaba.
– Esas palabras no han salido de mis labios – Kyle no sabía si tomárselo en serio, y la ligereza que sentía en la cabeza no ayudaba. – Phillip ¿qué mierda le dijiste? – Le vio con los ojos entrecerrados y tiñendo las palabras con un deje de enojo.
– La verdad. – Phillip respondió ligero y sin dejarse amedrentar por su tono de voz.
– Tienes razón Pip, y definitivamente a Craig le falta un poco de agitación en su vida. Sobre todo, después del fracaso que te comenté. – Damien miraba sólo a Pip
– ¿Qué están planeando? – Kyle se dio cuenta tarde de que había sido capturado en la red de su broma tan tarde que hasta le sacaron del agua y él recién se dio cuenta cuando el agua no le entraba a las branquias del todo. – No entiendo.
– No es necesario que entiendas, Kyle. – Damien le habló con melosidad. A Kyle le resultó molesto – Eres el perfecto candidato para hacer que Craig disfrute un poco de su vida. – Kyle se sintió acorralado. A pesar de que aquél era su plan inicial, el abordarlo de ese modo era abrupto.
– No sé por qué asumen mi orientación sexual. Pero no pienso hacer lo que sea que planeen gratis. – Todo fluía a su favor y lo aprovecharía tanto como pudiera.
– ¿Qué quieres a cambio? – El pelirrojo sintió nacer desde su estómago un fuego avasallador. Estaba con las energías repuestas.
– Discreción – Mientras hablaba esbozaba una sonrisa maliciosa. – Tucker no debe saber quién soy yo. No puede saber que soy su alumno. Al menos no esta noche.
– Me parece justo. – Damien asintió con seriedad. – y para que lo hayas llamado de esa manera, debo asumir que ya le conoces. – enarcó una ceja con curiosidad.
– Más de lo que quisiera. – Damien sintió fascinación cuando vio aquella llamarada en los ojos verdes de Kyle.
– Entiendo. – Todo aquello le entretenía. – De la discreción me encargaré yo. – Cuando escuchó una risilla recordó que a su lado estaba Philip – Pip, ve a buscar unos tragos. – El rubio asintió y con la gracilidad típica de un borracho en combinación con su natural gracia se perdió con facilidad entre los presentes.
– ¿Qué tienes en mente? – Kyle se quedó viendo el lugar por donde se había perdido Phillip.
– Sólo debes estar en el momento y tiempo adecuado – Kyle sintió cosquillas en una mejilla al escuchar la voz de Damien cerca de él y sobresaltado dio un paso al costado. – Tómalo como una venganza por lo que te ha hecho pasar como profesor. – Sonreía con socarronería por la reacción del menor. – Dicen que es estricto. – Seguían cerca. Damien buscaba su atención.
– No te imaginas cuanto. – Kyle volteo sus ojos en el otro, mirándose con fijeza.
– ¿Estás aceptando? – En los de Damien se podía leer el desafío.
– Claro, ¿por qué no? Será divertido. – En los de Kyle una pasión descabellada. – Nos vemos luego. – Rompió la interacción entre ambos y con una sonrisa autosuficiente se fue a buscar a su amigo Leopold. Sentía en su espalda la mirada insistente de Damien.
"El amigo de Craig se encargaría de emborracharlo, luego él aparecería de la nada, y entonces comenzaría la fase B del plan. Hacerle creer que algo pasó entre ellos." Leopold comenzó a reír apenas Kyle le contó sobre su progreso, contagiando a Bebe que además pegó un gritito emocionada. Clyde ni se enteraba.
La noche pasó entre tragos, cigarros y bailes pegados -de los que Kyle se abstuvo de participar-. Clyde se levantó de pronto y desapareció, con intención de ir a ver o molestar, a su grupo de amigos, y unas amigas de Bárbara se sentaron con ellos. Kyle reparó en que las chicas no traían nada consigo y se ofreció para ir a buscarles algo. En el camino de ida alguien se interpuso en su camino y no le dejó seguir avanzando, se sacó el cabello con una mano del rostro y se fijó mejor en el contrario: se había topado con Damien.
– Hey… espero ganar algo yo también en todo esto – El bermejo le miró sin inmutarse, pero una nimia sonrisa asaltó sus labios.
– De eso hablaremos luego ¿Cómo vas? – Damien le señaló con el dedo un sillón bajo una ventana en el comedor donde pudo apreciar a Clyde, un chico moreno y a Craig riendo de payasadas. El profesor se había sacado la chaqueta y tenía la guardia completamente baja. A Kyle le pareció encantador, pero un extraño tipo de celos se hizo en su cuerpo. Algo hipnotizado se acercó a la escena dejando a Damien hablando solo.
– ¿Craig? – Crucé los dedos. Me miró y sentí como algo se contrajo en la boca de mi estómago. Tenía la mirada perdida, como que si ahora mismo estuviera viendo a otra persona que le agradaba. Claro, cuando uno está borracho puede agradarle hasta la persona más desagradable del lugar.
– ¡Kyle! – Chilló Clyde, atrayéndolo a sí y sin darle la oportunidad de replicar le sentó en sus piernas, pasando ambos brazos por su cintura, abrazándolo. – ¿Cómo la estás pasando? – Kyle estaba tenso, tratando de sacárselo de encima y tocar el suelo con los pies para poder levantarse.
– Eh… bien. –Se tomó con ambas manos a un brazo de Clyde – Déjame ir.
– ¿Cómo te fue con tu profesor? ¿Le besaste ya? –Kyle se dio la vuelta sorprendido. No era cierto que el imbécil había dicho eso.
– ¿Qué profesor? – Craig pareció recobrar la conciencia, y Kyle palideció.
– Su profesor de —¡Mierda, Kyle! –Le había pellizcado, logrando que en el momento preciso le soltara y así poder levantarse.
Clyde de pronto comenzó a reír estruendosamente. No, lo siento, pero no puedo soportar a los borrachos y sus acciones aparentemente lógicas y con sentido. Pensó Kyle negando con la cabeza.
– ¿Por qué no quieres que Craig se entere? –Dio un vistazo rápido a Craig que miraba al frente perdido otra vez en sus propios pensamientos. Craig tomó un sorbo de una lata de cerveza que había a un lado del sillón y volvió a dejarla ahí. – ¡Kahl! ¡No me ignores!—¡Ah!– Había vuelto a tirar de él, pero algo le detuvo de caer encima del castaño. Observó al frente y vio la mano de Craig sobre la muñeca de Clyde.
– Déjalo en paz, Donovan – Entonces Craig le tomó con la mano libre el otro brazo a Kyle, pudo jurar sentir una corriente en ese lugar como si le hubiera dado la corriente, y le atrajo hacia él sentándolo a su lado en el sillón.
– Tú, maldito controlador. No te presto atención, adiós. –Clyde se dio media vuelta, dándole la espalda a Craig. – ¿Token? ¡Hey, despierta! – El castaño había comenzado a lloriquear.
Toda la situación entre los amigos no podía importarle menos al bermejo, que en ese momento trataba infructíferamente de calmar los desesperados latidos de su corazón. No quería ni pensar que tenía la cara roja en ese momento. Todo era culpa del alcohol, que despedazaba cada una de sus máscaras y escudos anti-sociedad.
– ¿Craig? ¡Tú también! – Kyle entonces giró la cabeza, interesado por lo que había escuchado. Craig había reposado los brazos en el respaldo del sillón y tenía la cabeza echada hacia atrás ¿estaría dormitando? – Kahl ¿Dónde estás? ¡Hic! – Clyde había hipado y no, no era por ebriedad. Lloraba como un niño pequeño.
El bermejo se asomó para que Clyde le viera con claridad. El castaño se sorbió la nariz y estiró los brazos a los hombros del pelirrojo por sobre el cuerpo del pelinegro. – ¡Kyle! – Le lloriqueó en el hombro, y el menor le dio suaves palmadas en la espalda. Era todo un drama queen.
– Qué escena más conmovedora. –Una voz ronca provocó que levantara la mirada para ver al nuevo integrante del cuadro, pero y a pesar de no lograr identificar bien quien era por la falta de luz supuso bien.
– Damien, ya cállate y vete. Arruinas el momento con mi hermoso amigo pelirrojo. – Clyde apretó más a Kyle, que estiró las manos que tenía sobre su espalda en un gesto de ahogo.
– Eres un llorica, Donovan. Ahora, quítate, que no me puedo ir sin las llaves de mi casa. – Clyde se alejó refunfuñando en contra de Damien, y se resolvió por molestar esta vez a Token, picándole la cara mientras dormía.
El chico de cabellos oscuros miró a Kyle con una sonrisa de medio lado, quien le devolvió la mirada con los ojos bien abiertos y la boca en una mueca de seriedad. – ¿y ahora qué? – Preguntó Kyle.
Damien puso una mano en su propia cintura y en la otra hizo girar el llavero que sacó del abrigo de Craig. – Creo que no podré llevármelo a casa solo ¿me ayudas? – La situación le entretenía, lo tenía bien claro, y Kyle estaba a gusto con ello.
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— Buenas noches. – Damien dejó -o más bien tiró- a Craig a su cama antes de dirigirle la palabra a Kyle y sobarse el hombro donde había hecho que el profesor se apoyara para llevarlo a rastras dentro del departamento que compartían y luego a su habitación.
Kyle solamente asintió y se dio vuelta a ver a Craig desparramado sobre la cama sin deshacer. Damien había salido de la pieza, cerrando la puerta a sus espaldas. Kyle sonrió de medio lado. Dio un rápido vistazo a la habitación; fijándose de inmediato en los ventanales -ahora levemente cubiertos con pesadas cortinas- a un lado de la cama. Estaba todo ordenado, aunque no clasificado ni con posiciones específicas como en su propia habitación, por lo que contrajo el rostro en una mueca de disgusto. Al otro costado de la cama había una pequeña mesita de noche con una lámpara encendida, y había un gran librero que abarcaba casi todo el espacio. La cama estaba en medio, tras ella una pintura hecha en el cemento y frente a ella la pared descubierta.
Habían pasado a dejar a Phillip antes su casa. Kyle había ayudado a bajarlo y acostarlo porque se había ido dormitando en el camino de vuelta. El efecto del alcohol en el organismo del rubio había bajado grados considerables a esa hora.
Dio un pequeño salto cuando escuchó un chillido que claramente no había venido de Craig. Buscó con los ojos nuevamente por la habitación fijándose en el escritorio que había luego de que terminara el gran ventanal. Sobre él había una especie de jaula para roedores y algo se movía dentro. Volvió a sonreír al imaginarse a Craig apachurrando su mascota. En medio del montón de pensamientos que asaltó su mente recordó uno en específico. Se acercó con cautela a la cama, sentándose en una orilla y palmeó su espalda.
– Craig. – El otro se movió y Kyle se levantó. Craig le observó con una extraña mirada de confusión y el entrecejo fruncido.
– ¿Qué haces aquí? –. El tono que utilizó para dirigirse a él desencajó a Kyle que guardó silencio ante la pregunta. El profesor se irguió, sentándose en la cama y llevándose una mano a la cabeza para soportar el mareo antes de levantarse y observar otra vez al pelirrojo. Se acercó con lentitud, tambaleante, y Kyle retrocedió un poco en inercia sin quitarle la vista de los ojos del contrario. Estaba nervioso, a su pesar y escepticismo. Entre las miradas de ellos se había creado una especie de conexión, Craig no quitaba los ojos de los suyos, y Kyle sin descifrar los pensamientos reflejados en los del contrario se sentía ahogar en la profundidad de su mirada.
El menor jadeó en sorpresa cuando una de las manos de Craig le alcanzó por la cintura y le atrajo a su cuerpo, viéndole más de cerca al rostro, trazando sus rasgos en su memoria, concentrándose en sus labios entreabiertos. No podía hacer aparecer en su rostro ninguna expresión, siquiera de sorpresa o de indiferencia. Es más, ahora mismo no tenía idea que cara estaba poniendo. El mayor apestaba a alcohol, cigarrillos y colonia de hombre. Kyle tragó saliva. Craig se adelantó y con la mano libre le acarició el rostro con el dorso para luego suspirar.
– Te he extrañado tanto – Kyle no alcanzó a levantar una ceja cuando el profesor con su aplastante figura le intimidó a una peligrosa proximidad que el otro trató de limitar poniendo ambos brazos en su pecho. Sintió el cálido aliento del otro en su rostro y abrió los ojos lo más que pudo cuando Craig se acercó lo suficiente como para robarle un ligero roce de labios – Tweek – y luego tomarle de la nuca para intentar profundizar el contacto, que nunca llego, porque a pesar de que Kyle quedó anonadado, estático en el lugar y con los ojos abiertos como plato, al escuchar ese nombre reaccionó a último minuto y le logró empujar sin romper del todo el contacto físico. ¡¿Q-Qué?! ¿Me llamó cómo? ¿Quién, quién es...
– ¡O-Oye! ¿Qué crees que estás haciendo? –Kyle temblaba por completo, sin saber a ciencia cierta de qué, pero seguro de saber que la punzada que sentía en la boca del estómago era de angustia.
Craig rió entre dientes, aún sin sacar la mano de la cintura del menor y comenzando a hacer círculos en su espalda. Craig había perdido por completo la consciencia.
– ¿Por qué estás tan molesto, Tweekers? No necesitas ser tan tímido. – Dio unos pasos para acortar la distancia, y Kyle volvió a empujarlo, librándose de su agarre antes de que quedara atrapado entre él y la pared. Se corrió a un costado sin creer lo que estaba viendo ni escuchando. ¿Qué es esto? ¿Por qué parece afectarme tanto?. Le dio la espalda a pesar de que era obvio que estando el profesor en la condición en la que se encontraba no era probable que analizara su comportamiento, pero no pudo evitarlo. Lo cierto era que hace mucho tiempo no se había sentido de esta manera, tan decepcionado. Se sentía fatal. Se supone que debería estar disfrutando el desarrollo de su plan, pero una parte de él no quería que fuera de esta manera.
Una exclamación de sorpresa escapó de sus labios cuando Craig le abrazó desde atrás con fuerza. ¿Por qué se aferraba a él de esa manera?
– Quédate conmigo un poco más. No te vayas, por favor. –No estaba seguro de si le hablaba a él o a esta otra persona que imaginaba ocupaba su lugar. Esbozó una leve sonrisa de pena, y suspiró.
– Si tanto insistes ¡Ugh, Craig! – El menor comenzó a sentir que el peso del otro se hacía más y más imposible de soportar. Le temblaron las piernas y creyó que sucumbirían bajo su peso. – ¡Pesas! ¿Sabes? – La calmada respiración del profesor le hizo darse cuenta de lo que podría haber pasado. – ¿Craig? ¡No te duermas sobre mí! – Se acercó como pudo a la cama y se dejó caer. Craig le soltó y sus brazos cayeron como muertos a los costados de la cama. Debía acostarlo. Se sentía un poco mal por dejarlo así. Le contempló un tiempo fijándose en la respiración acompasada que hacía subir y bajar su abdomen. Se veía tan tranquilo. No pudo evitar preguntarse qué era lo que había pasado. Tenía tantas dudas y la cabeza punzante. Lo mejor sería que se recostara también y dejara todo para otro día. Sonrió por pensar aquello atípico de él, mientras se recostaba al lado de Craig, disfrutando su calor corporal. Una idea asaltó su cabeza y creyó que podría funcionar.
Florida Kilos – Lana del Rey.
…
— Oh, Craig – Un espasmo recorrió su cuerpo al sentir el cálido aliento del otro rozarle el cuello. Las palabras salieron con un ronco tono atrevido y el aludido respiró con fuerza, recorriendo la suave espalda del otro con ambas manos contorneando cada parte de ella y remarcando con los dedos la espina dorsal. – Mnh.
Sentía su aroma en todas partes. La conciencia estaba tornándose borrosa. Sintió la garganta seca y tragó fuerte. Una dolorosa puntada en el área pélvica le hizo soltar un gutural gruñido. Escuchó la divertida y coqueta risa del muchacho que tenía encima. Le tomó por la cadera y le hizo erguirse revelando el rostro, antes oculto, de su próxima víctima.
Ojos del color de la preciosa esmeralda se encontraron con otros de un azulado tan profundo y oscuro como el universo. Hace mucho tiempo soñaba con unos ojos parecidos, solo que los anteriores eran de una tonalidad musgo y no tan matizados como estos. Trató de concentrarse a pesar de la gran pesadez que sentía en la sien y el embriagante aroma que expelía del chico, controlando su respiración y enfocando al joven que le llamaba una y otra vez con una voz rebosante en deseos. El sol le daba de lleno en el cabello y parte del rostro aclarando sus facciones y colores. Sus pestañas eran largas, espesas y casi blancas. Las mejillas y nariz asaltadas de un adorable y suave carmín, las pequitas en su rostro, los ojos redondos, la nariz respingona y su característico, salvaje, cabello pelirrojo. Vio su blanco vientre subir y bajar con pesadumbre. Los hombros salpicados en pecas y marcas. Era apetecible, excitante. Pero no recordaba quién era.
Se vio reflejado en sus ojos y se acercó apresando en sus labios los palpitantes del otro. Uno, dos, beso tras beso. Castos. Tranquilos. Tenían todo el tiempo que desearan.
– Craig.– y un suave susurro bastó para reconocer el tono de voz.
Despertó de sobresalto sentándose en la cama, la sabana cayó revelando su torso desnudo. ¿Qué… ¿Qué pasó anoche? De golpe, literalmente, le vino un dolor de cabeza que hizo a sus párpados cerrarse para proteger los globos oculares de la estridente luz. Se llevó ambas manos a la cabeza.
Al abrirlos nuevamente otra punzada de dolor le atrajo la atención a un órgano que resaltaba entre las sábanas más allá de su abdomen. Giró la cabeza a un costado viéndola extrañado. Sin reconocerla casi.
Un roce en su pierna izquierda le hizo voltear asustado, pero lo que encontró a su lado en la cama fue la sorpresa más grande de las que se ha llevado en toda su vida: Ahí, alguien recostado con el estómago sobre el colchón y la cabeza sin apoyar en ninguna almohada a la vista -pues al parecer se había caído-, las piernas algo encogidas, cremosas, delgadas y largas se hallaban desnudas y sin cubrir -una huesuda rodilla era lo que había sentido que le rozaba-. Traía mitad de espalda y parte baja cubierta por la sábana. Se notaban un poco los huesos de la columna y omóplatos, junto con verdosas venas y pecas que parecían burlar la genética con su distribución al azar. Vio su rostro: Los cabellos esparcidos por el colchón, los labios entreabiertos y los ojos cerrados. Se veía tan tranquilo, como si durmiera en el cielo.
– Mh – El murmullo le hizo dirigir su vista a los ojos del contrario, que se habían abierto por completo: grandes, brillantes, más verdes que el pasto recién cortado. Era el chico con el que había soñado… ¿Qué hace Kyle en mis sueños? ¿¡Qué hacemos los dos en la misma cama!? – ¿Craig?
– ¡AH! – Tratando de alejarse se corrió a un costado, olvidando de que al tratarse de una cama de una plaza el espacio era reducido, y cayó al suelo. Se levantó rápidamente, tomando la sábana y cubriéndose casi por completo con ella y a su vergüenza, dejando a Kyle sin cubrir. Suerte para su pesada mente que llevaba unos boxers puestos. Kyle se apoyó en los codos y levantó un poco de la cama para observarlo extrañado. Craig le apuntó. – ¡No eres un sueño!
– No, Craig – Sonrió altanero – Vaya, ¿Qué tipo de sueños tendrás con tu adorado alumno? – Su voz sonaba suave, como la de su fantasía. Le recorrieron mil y un escalofríos a Craig. No sabía si tenía miedo o estaba excitado. Kyle se levantó con calma y lentitud, tomó la playera del mayor que estaba en el suelo -a propósito- y la pasó por sus brazos. Le quedaba unas tallas más grande de lo que esperaba.
Le daba la espalda a Craig y a pesar de sentirse en confianza sus mejillas se habían arrebolado al sentir la pesada mirada del mayor recorrer su cuerpo. El corazón le latía con fuerza: el plan había funcionado.
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Notas:
(1) South Park fue un pueblo pequeño una vez y, en intención de conservar un ambiente familiar y antiguo, mantiene la misma estructura y espacios de cada casa. Ocuparé la misma distribución de las habitaciones que en la serie.
(2) Esta parte puede que les haya sonado extraño, de que Kyle vaya y de frentón le diga a Phillip en lo que trabaja. La razón de la confianza de ellos es esta: son amigos. A pesar de que hace tiempo que no se veían, cuando trabajaban juntos estaban todo el día juntos (valga la redundancia) y eso permitió que entre ellos se creara un lazo de amistad. Phillip es un chico callado (cosa que en este capítulo en especial no se aprecia debido a estar bajo la influencia del alcohol) y confiable. Kyle sabe que puede decirle cualquier cosa, y Pip no le exige nada a cambio de su amistad. Son como esos amigos que te encuentras de repente después de mucho tiempo pero es como si se hubieran visto esa misma mañana. Al inicio Kyle no le reconoce por estar también algo ebrio y la combinación de luces. (Suena como si estuviera explicando una teoría de alguna escena de una película. Lo sé jaja).
(3) Bueno, bueno. Creo que ya lo había mencionado antes pero reitero: Kyle fue... promiscuo. Sí, esa es la palabra adecuada.
Mensaje: ¡Hola! ¿Cómo están? "Cri, cri" ¡Lo sé! ¡Lo siento tanto tanto!, me he estado dando golpes mentales cada vez que pasaba un lunes y yo no subía, y ya es abril y espero que aún me queden neuronas jaja.
¿Quieren leer mis excusas? ¿No? Se las daré igual: entré a la Universidad. Es agobiante, y tengo tanto que leer. Creo que se me van a chamuscar los ojos.
Me dije a mí misma: "misma, tienes que hacer algo porque no puedes dejar botada esta historia" y comencé a organizarme (más bien hacer malabares, pero durará poco).
Iba todo bien, entré a la universidad y tenía escrito el capítulo, hasta qué… me tocó gramática. Les agradezco desde lo más profundo sus halagos sobre mi modo de escribir (que considero pobre y algo enredada) y tengo que admitir. ¡Sí, debo confesar! sé muy -qué muy, DEMASIADO- poco de las reglas de gramática. Pongo punto seguido para seguir con el tema o cambiarme pero no de forma tan drástica, las comas porque cuando releo hago pausas mentales y respeto alguna que otra regla. Pero no tienen idea la vergüenza que sentí cuando tuve una clase sobre puntuación (conocimiento básico) y me metí a leer un capitulo al azar del fanfic. CASI ME DA UN PATATÚS. Rehice el capitulo que YA tenía escrito: saqué cosas, agregue otras, puse bien (en lo que espero) las comas. ¡Me quedo larguísimo! El más largo hasta ahora. Creo que más de 9000 palabras jajaja.
Si sienten que doy demasiadas vueltas en algún tema les ruego me avisen.
Con el tiempo iré agregando más en mi técnica de escritura lo que vaya aprendiendo en clases de gramática.
Ahora, a lo importante. NO PIENSO (por ningún motivo) ABANDONAR ESTA HISTORIA. Así que pueden botar el aire que llevaban reprimidos en los pulmones (jaja) porque no quiero que siquiera les pase por la mente esa idea.
Chicos (genérico), de verdad, estoy tan feliz con sus comentarios. Tan, pero TAN FELIZ. ULTRA, HIPER, MEGA, REQUETE feliz por sus BELLÍSIMOS comentarios. Los adoro desde el fondo de mi corazón. Aunque no conozca a nadie en persona, que sepa o recuerde, siento que los amo.
AriaBRFTCK: Cada vez que leo tus comentarios me dan ganas de abrazarte. ¡! (estoy emocionada pero no sé que poner ahí jaja)
Luis Carlos: Agradezco mucho que te pases por esta historia y sobre todo tus tips. Sí, me da penita Butters. Quise reflejarlo en un giro de 180º en personalidad, como esos niños alegres que al llegar a la adolescencia se oscurecen. No recuerdo tampoco si llegaste hasta ese punto o después jaja. Kyle perdió la dignidad hace mucho antes de comenzar yo a escribir este fanfic jajaja y sobre Butters no siendo reconocido por Kenny: no es que se coloque TAANTO maquillaje. Tanto Leopold como Kyle son andróginos, es decir, que poseen rasgos físicos tanto femeninos como masculinos. Es complicado reconocer el sexo de ellos simplemente mirándoles y con maquillaje, peluca y ropa de mujer encima pasan fácilmente desapercibidos.
KuroEnCuatro: (Me da mucha risa tu imagen de perfil ajjaa) Espero que te haya gustado esta continuación y ¡No desesperes! se viene salseo. MUUCHO salseo jaaja.
MGet801: ¡Gracias! Me halagas /. ¿Qué tal te pareció esta continuación? Te mando saludos también, pero desde el sillón (que es de donde estoy escribiendojajaj).
pau: yo también te amo. jajajajajaj Sé que tardo en actualizar, no me lo recuerdes u,ú.
Otra vez agradezco a mi amiga que revisa mis escritos castos y vergonzosos, y que con cariño me corrige.
A pesar de haber entrado a la Universidad, no dejaré de leer fanfics también, así que si les gustaría que leyera algo recomiéndenme algo. Me gusta leer de Haikyuu, South Park (dah), Yuri on ice (love), Shingeki no Kyojin, y muchas cosas más que ahora no recuerdo (jajaja en serio, si quieren hasta que lea algo de Yu gi oh, lo leo y les dejo un comentario).
Si quieren alguna aclaración sobre la relación de los personajes o algún caso en particular de la historia que no haya quedado claro pueden preguntarme en los comentarios y les responderé por acá cuando suba el capítulo siguiente.
Les agradezco mucho por leer a este texto deforme y en desarrollo (es mi bebé) y por comentar, y existir. Un beso y abrazos bien apretados, espero leernos pronto.
– Alondra.
