Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje mordaz, insinuaciones.
Aclaraciones: Recuerden los "(nº)" para acotar notas explicadas al final del texto. Las canciones que coloco en medio o al inicio de las escenas son las que me ayudaron a escribirlas, no es necesario leerlo con ellas, pero genera ambiente. No especifico quién narra para hacerlo más interactivo, hacerles fluctuar entre los personajes y el narrador omnisciente... Quería aclararles ahora que en el momento en que algún personaje narra desde su perspectiva su interacción con el medio ambiente queda limitado a él y lo que él percibe, es decir, que si narra Craig no pondré lo que piensa Kyle o algún otro pj y viceversa. Es más real... creo yo.
Les dedico este capítulo a mis adorados y hermosos lectores. Muchos cariños.
– VIII –
"Juegos de dos"
...
¡Claro que había funcionado!
Se jactó un poco más de su propia astucia y abandonó la habitación como si nada, llevando consigo la ropa del día anterior. Craig, por su parte, veía embelesado al pelirrojo irse, siguiéndole con los ojos. ¿Realmente había pasado todo aquello? En parte no lo dudaba y, al tratar de recordar se mareaba y un punzante dolor le hacía cerrar los ojos; al final, sólo iban a su mente las imágenes del supuesto sueño.
Kyle salió a un pasillo que conectaba ambas habitaciones –y a un baño- y se encontró con un marco de pared que hacía de separador de ambientes –habitaciones y el resto del lugar–. El departamento era pequeño, cómodo y lujoso; adivinaba que la mayoría de las cosas aparatosas, e inservibles, eran causa de Damien.
Los ventanales de la sala, que desde su posición estaba a la izquierda, permitían el ingreso de la luz y los ruidos de la calle; tras los sillones conectaba con una cocina tipo americana; a su derecha había un pequeño comedor para no más de seis personas; y frente a él, la puerta de entrada.
Divisó al demonio sentado en la mesa tipo barra de bar, que dividía ésta del living, y se acercó con cautela, esbozando sin quererlo media sonrisa en los labios y depositando, de paso, las prendas sobre un sillón. Se sentó a su lado en un taburete alto, apoyó ambos codos sobre la mesa y la cabeza sobre las manos.
Le observó: exudaba elegancia vestido de traje, a pesar de llevar la chaqueta abierta y reposar la corbata en un hombro para no mancharla. Sostenía en una mano una taza de café y en la otra un periódico. La mueca de Kyle mermó al recordar lo mucho que se parecía a su padre durante las mañanas.
— Buenos días, pelirrojo. – Kyle le vio con una ceja en alto, y sintió una punzada en la boca del estómago cuando se percató de la sonrisa que el otro le dedicaba; había bajado el papel y bebía con lentitud, asomando aquél gesto tan poco sutil tras su taza.
– Buenos días – Le devolvió la sonrisa en un ronroneo y bajó un brazo tomando el periódico que dejó Damien sobre la mesa de manera delicada y lo arrastró frente suyo. Leyó los titulares para nada interesantes: cosas de economía, alguna que otra muerte, política, chismes… Desvió su atención cuando sintió la mano del otro posarse sobre la suya que jugaba con una de las puntas del papel. Le observó.
– ¿y? Supongo que logramos lo que queríamos. –Apuntó con un gesto a lo que el menor llevaba puesto. Hizo una pausa – ¿Qué obtendré yo de todo esto? – Una media sonrisa se formó en los labios del bermejo.
– ¿Qué esperas obtener? – Acercó el tronco en su dirección, a lo que el otro rió entre dientes con malicia y gozo.
– ¿Qué tienes para darme? – El mayor le devolvió el gesto, acercándose lo suficiente como para levantarle el mentón con el dedo índice de la mano disponible y apreciar la juguetona mirada del chico a su lado.
– Damien. – La voz de Craig se escuchó más grave y profunda de lo normal, sacándolos de su pequeño juego.
– ¿Qué? – Gruñó de vuelta Damien. Se había erguido en su puesto y le observaba al otro desde su posición. Craig caminó hacia su compañero de departamento.
– ¿Qué estabas haciendo? –. Kyle tuvo que ocultar la sonrisa en ese momento, bajándose del taburete con rapidez, sobrado de agilidad y elegancia.
Se escabulló y antes de que notaran que abandonó la escena, se acercó a la puerta de entrada. Con rapidez se calzó los pantalones y bototos. Lo demás lo llevaba envuelto como repollo bajo un brazo. Lamentaba tener que haber arrugado las ropas de esa manera, pero pretendía irse rápido. Hoy era día de escuela y tenía que alcanzar a cambiarse en su casa -y al menos tomar una ducha rápida-.
– Yo no estaba haciendo nada. – Damien, amurrado, tomó nuevamente de su taza, restándole importancia al asunto. – Hablamos luego – le guiñó un ojo a Kyle.
– ¿Hablar qué? – Inquirió Craig a medio camino de la cocina.
– Caballeros, no piensen pelear por mí, que ahora mismo me iré y les aseguro que me encantaría quedarme a presenciarlo– Salió al exterior, antes de dejarles contestar, así como había entrado: con una sonrisa de triunfo en el rostro.
Por suerte para él, y su reputación de buen estudiante, alcanzó hacer todo a tiempo. Ahora deambulaba por uno de los pasillos en busca del próximo salón de clases -todavía no podía recordar el dónde estaba cada sala-.
No vio a Kenny durante toda la mañana, y agradecía a quien fuera que fuese no chocar tampoco con Stanley. Admitía que sería muy extraño encontrárselo en la escuela luego de que en aquella fiesta el otro le hubiera visto las ropas que llevaba puestas, tan poco propias de él. Pensó que quizás a eso se refería Stanley con lo de "tu tipo"
— ¡Trent! – "Mierda". Tampoco esperaba topárselo a él tampoco, por nada del mundo.
Giró con rapidez la cabeza para buscar a la persona que había llamado a su ex y sin quererlo tropezó con los ojos del rubio posados sobre él, sintió un escalofrío recorrerle como con sorna. Su mirada no era muy amigable. Trent estaba casi al otro extremo del pasillo y aun así le había visto – bueno, no es como si su cabello pasara desapercibido entre la multitud –. Trató de hacerse el desentendido viendo a su alrededor, pero por el rabillo del ojo notó que el otro se abría camino a su dirección.
Para qué mentir diciendo que dio media vuelta calmado y caminó con rapidez por la urgencia de no encontrar el salón. Tal vez su semblante no le delataba, pero estaba aterrado. Trent no era alguien para discutir y menos pelearse, su naturaleza agresiva le hizo conocer distintas de sus facetas cuando salieron juntos. En ese entonces no podía tolerarlo, y tampoco lo creía posible ahora.
– Hey, calabacita. – "Oh no, está cerca" Pensó ignorando el apodo con el que le había llamado. Usualmente le habría hecho frente, pero no quería pelear frente a sus compañeros de secundaria. Pensó lo hipócrita de su pensamiento.
Trent podría decir algo vergonzoso de cuando estuvieron juntos, y a pesar de saber que tal vez luego no se meterían con él era muy probable que le perturbaran en su día a día y no quería eso, por lo que abriendo la primera puerta que encontró cerca no lo dudó ni dos veces y se adentró a ella cruzando los dedos internamente porque su ex novio no le hubiera visto.
Trent Boyett sonreía de complacencia al abrir la puerta de un salón y asomar el cuerpo dentro. Pero, al poco rato, la mueca se transformó a una de pocos amigos.
— ¿Sí? – Craig Tucker, profesor de literatura, había levantado la vista de unos papeles, fijándose en él con una mirada de recelo y una ceja alto.
– No es asunto suyo. – Se acercó dando largas zancadas a las cortinas, corriéndolas con furia esperando y, sin embargo, encontrando nada tras de ellas.
– Es asunto mío si tiene que ver con mí salón de clases. – Se cruzó de brazos sobre el escritorio sin quitarle la vista de encima – ¿Se le perdió algo? Si quieres puedo ayudarle a buscarlo.
– No es necesario. Pero en como sepa que lo está encubriendo... –. Dejó la frase sin terminar y se agachó para ver bajo los pupitres que no distinguía desde su lugar.
– Joven Boyett, ¿es esa una amenaza? – Craig se encargó de teñir de falsa sorpresa la frase en cuanto la pronunció. Trent apretó los puños y frunció el entrecejo, se levantó y dio vuelta para acercarse a la puerta enfurruñando.
– Tómalo como quieras – Abandonó el salón de un portazo. El profesor se mantuvo en su posición durante unos minutos, mientras una sonrisa de diversión apenas imperceptible se formaba de a poco en sus finos labios.
– Ya se fue, puedes salir. – Se corrió hacia atrás con la silla y un macilento muchacho pelirrojo gateó hasta él de debajo del escritorio, sentándose en sus tobillos para observarle.
– Gracias, profesor Tucker. – Le dedicó una sonrisa que provocó al otro sentirse arrastrado por una especie de corriente. Kyle se fijó en los rasgos de su profesor, el cabello corto negro y unas ligeras ojeras marcadas bajo su rostro. Se preguntó si le dolería la cabeza.
Craig carraspeó, sintiéndose de pronto incómodo por sentir los ojos del otro sobre él mismo. No podía con ese chiquillo, ni sus grandes ojos verdes. Tenía unas facciones algo femeninas, suaves, labios pequeños y pecas salpicadas por todo su rostro -aunque se concentraban más en el área de la nariz-. Las largas y gruesas pestañas claras, y el cabello ondulado cayendo con libertad y osadía. Dio un respingo cuando sintió los brazos que el menor apoyaba, cruzados, sobre sus propias piernas, y se fijó que le observaba con un gesto de inocencia mientras descansaba la cabeza sobre los brazos. Entró en pánico y se paralizó en el lugar. Las manos de Kyle estaba cerca de un área que no se supone deberían estar, y eso le estaba poniendo nervioso. Muy nervioso.
– ¿Qué hay con esa mueca tan fea? – La pequeña risa que soltó el menor le resultó condenadamente agradable a sus oídos. – ¿Sabes? No hay necesidad de que te pongas tan tímido. Ya sabes... después de lo de anoche. – Craig sintió como el aire abandonaba sus pulmones al ver la seductora mirada y sonrisa que le dedicaba el otro. No, no... No debería ser así. No de nuevo. Era su alumno ¡Maldición! ¿Había entonces de verdad pasado aquello? Tenía que encontrar un modo de remediar lo que había pasado esa noche, dejarle bien claro que no volvería a ocurrir, que le disculpara por su estado de ebriedad y el haberse aprovechado de su inocencia. Pero lo que dijo se antepuso a lo que pensaba en ese momento.
– ¿Te han dicho alguna vez que posees una belleza muy particular? – Kyle sonrió de medio lado ¿Qué se suponía que significara eso? No pudo evitar sentirse algo contrariado. – Sí... – Abrió los ojos al sentir la mano del mayor acariciar sus cabellos. – muy particular. – ¿¡Por qué mierda sigo abriendo la boca!? Tengo que encontrar un modo de ordenar mis prioridades. Pensó Craig, que retiró la mano en ese instante y casi con brusquedad.
Kyle se había paralizado mirando al frente. Un recuerdo muy persistente se había hecho casa y jardín sobre su mente; el nimio roce de labios que aconteció al mismo toque de su mano. Unas irremediables ganas de salir corriendo hicieron mella con su orgullo. Pero, no podía levantarse e irse, o asustaría al mayor y no quería eso. Sentía unas especies de burbujas en su estómago hacer estragos con todos sus sentidos y objetivos. Quería vomitar, no, quería reír. No, no sabía. Pero era todo muy extraño y su corazón había empezado a latir como desquiciado.
– T-Tengo que encontrar el salón de clases que me toca ahora, con permiso –Se levantó con torpeza y le dedicó una rápida mirada antes de adelantarse a la puerta – Gra-Gracias de nuevo. – ¡Qué impertinencia y poco toque! Tartamudear de esa manera. Es inconcebible, Kyle Broflovski. Salió con rapidez y giró por unos tres pasillos antes de sostenerse en una pared. No se había dado cuenta hasta ahora que estaba temblando ¿Qué mierda es esto? ¿Habré comido algo que no me ha caído bien? No le gustaba sentirse descontrolado y menos acalorado. Todavía no se había calmado. Le dolía el pecho. Pero solo esperaba y rogaba a todos los dioses habidos y por haber que Craig no se hubiera dado cuenta de que estaba colorado hasta las orejas.
Hoy en el Magnolia café debido al calor primaveral que surcaba los aires de South Park (1) se les permitió a las camareras usar vestidos de tela más ligera. Leopold los adoraba porque se mecían cuando uno caminaba; de mangas cortas, con zapatos de charol en vez de botas y panties más delgadas. Kyle, a pesar de decir que le daba igual, le gustaba su vestido: verde bosque y con dibujos sutiles, desteñidos, de margaritas. Todas llevaban impresiones de distintas flores; Marjorine como siempre adorable con sus dalias rosas sobre un color nieve; La ternura de Karen reflejado, bajo el delantal verde, en su vestido abombado color tierra hasta las rodillas, pero no adornaba flores por no ser pasante; y Bebe con crisantemos de colores sobre un plano color crema. El ingenio del administrador era apabullante ¡flores porque era primavera! que alguien le alertara, pues el policía de la moda podría infringirle una multa. Se había excedido en creatividad.
— ¡Karma! – Una mano se meció con violencia frente a su rostro y Kyle parpadeó un par de veces volviendo a la realidad. Su mente seguía pululando en el recuerdo de la mañana, cuando Craig le auxilió de Trent. La expresión o palidez en su rostro tuvo que sobre pasar niveles normales, pues apenas al entrar al salón y gritar "escóndeme" Craig asintió sin chistar y se corrió hacia atrás en la silla. Kyle no tuvo ni oportunidad de pensar en el lugar que se había escondido hasta ahora. Qué vergüenza. Craig, a pesar de su rostro de pocos amigos fuera del salón de clases, parecía buena persona y amable. Sintió un sabor dulce en la garganta que no le agradó, o bien, desconocía.
– ¿Mh? – Enfocó a Bebe entre los destellos fríos del sol que entraban por los ventanales de la entrada. Esperaban ambos en la barra a que el café llenara. El reloj de pared apuntaba las siete con trece y el sol se escondía tras las montañas, pero todavía le quedaban tres horas para terminar su turno de día miércoles y el tiempo no parecía estar de su lado.
– No me estas prestando atención. – La chica dejó caer su peso sobre la barra en actitud derrotada.
– No, no lo hago.
– ¡Ni lo intentaste! – Bárbara se enderezó y le hizo un gesto con ambas manos que demostraban su expresión alterada. Kyle le sacaba muy fácil de sus cabales.
– No te voy a mentir, Bebe, no escuché absolutamente nada de lo que dijiste. – La seriedad de las palabras de la chica a su lado terminó por colmar su paciencia y en una de sus manos golpeando tras su cabeza. – ¡Hey! No es motivo para que me golpees – Karma se sobó la nuca.
– Te decía que hay que hacer algo respecto de las chicas amontonadas allá – apuntó una mesa que tenían al menos cinco mujeres alrededor. – No sé que estarán haciendo, pero te aseguro que no están trabajando y si baja el gerente y las ve allá vamos a meternos todas en problemas. – "Todas para una y una para todas" política del café.
– ¿Por qué no vas? – Dijo Kyle como mencionando el tiempo, y es que era lo más lógico que se le ocurría en ese momento.
– ¿Estás loca? – El pelirrojo se alejó unos centímetros al ver como los ojos de la chica a su lado se abrían de par en par.
– ¡Barbara! Eres la jefa de las meseras – Karma apoyó una mano en consuelo sobre su hombro.
– y tú tienes una exquisita personalidad – La rubia a su lado apoyó su mano sobre ella. Se dedicaron una mirada intercambiando palabras no pronunciadas.
– Oh ¿Quieres que vaya? – Kyle saltó a la conclusión.
– ¡Eso! Eso te estaba pidiendo – Palmeó el hombro de Karma y asintió con sorna.
– Claro, no hay problema. Déjamelo a mí. – Barbara casi lleva una palma a su propia cara. Fue más fácil de lo pensado y se hubieran ahorrado tiempo si tan solo Kyle le hubiera escuchado hace diez minutos.
Salt – B Miles
Kyle se encamina al grupo con seriedad y la clara intención de dispersarlas, al llegar se hace espacio entre ellas haciendo caso omiso a sus quejas de que es bruta o algo parecido.
– ¿Qué piensan que hacen? Vayan a trabajar y dejen de reírse como tórtolas. – No le prestó atención a los demás clientes, ni se fijó si había un cliente en esa misma mesa hasta que escuchó un carraspeo desde ésta. Se giró a observarlo aún con el ceño fruncido y su mueca cayó a una de perfecta incredulidad.
Se quedó de piedra observando a quien le sonreía sentado muy cómodo como Pedro por su casa ¿Qué hacía Craig Tucker en la cafetería Magnolia? Su expresión cambia a una de duda y completo recelo. Apoya el peso de su cuerpo en una pierna y se cruza de brazos.
– Hola – La voz de Craig dirigida a él provoca que se le seque la garganta y tuvo que aclararla antes de desviar la vista a las otras chicas, pasándole por alto. Le había reconocido de inmediato, y lo deducía por la sonrisa que portaba. Se palmeó mentalmente al recordar que no cruzaron palabras sobre el tema de la cafetería... como por ejemplo: no ir jamás.
– Estamos trabajando acá. – Le dijo una de ellas, con vestido celeste y hermosos cabellos lisos azabaches.
– Sí, estamos ocupadas, Karma. – El apodo con el que se dirigieron a la, en ese entonces, castaña le causó a Craig un especie de clic en las ideas y el recuerdo de Karen preguntando si buscaban a "Karma" le hizo completo sentido. Su sonrisa fue más sincera.
– Ve a trabajar antes de que te vea el gerente. – Contraatacó otra chica, una que llevaba una cola alta terminada en perfectos bucles.
– Ustedes son las que están vagando, con una basta para atender a los clientes. – Karma agita las manos como si estuviera espantando pájaros – vamos moviéndonos.
– Karma. – Un escalofrío recorre a Kyle de pies a cabezas al escuchar la voz grave de Craig resonar en aquella pequeña área y gira el rostro hacia él con horror. Estaba odiando este preciso momento.
– No es justo, siempre te quedas con los más atractivos. – Se quejó una tercera de bonitos ojos acaramelados.
– No es cierto. – Saltó como resorte Karma, mientras recordaba como era el respirar otra vez.
– Sí lo es ¿Cómo es que sabe como te llamas? Es la primera vez que viene al café. – Las conclusiones a las que saltaba la chica de cabellos lisos a su lado le crispaban los nervios. Hizo entonces uso de sus "increíbles" habilidades de actuación para mantener la calma y parecer impasible a pesar de que por dentro estuviera hecho un lío. Unas dos se fueron bufando exasperadas al ver a Karma seguir agitando las manos.
– No lo conozco y los clientes solo son clientes, no son "atractivos" – Dijo lo primero que le vino a la cabeza, y posó ambas manos en la cintura, segura de su respuesta. Cayó luego en la cuenta de lo ridículo que había sonado.
– Auch. – Kyle se sonrojó levemente y miró una pequeña fracción de tiempo a Craig, quizá para cerciorarse de algo, y luego miró a las otras chicas. El profesor no pudo evitar encontrarle adorable.
– No le escuches, ella es muy fría. – Habló la de la cola alta, llamando la atención del mayor.
– Sí, quédate conversando con nosotras – Fue la respuesta de la que hasta ese entonces no había hablado, una de rasgos dulces y cabellos castaños como los de Karma, pero lisos.
– No se quedará conversando con ustedes ni conmigo ni con nadie, vámonos todas antes de que llegue el gerente. – Empuja con delicadeza a una de las chicas que estaba a su lado, y ésta a la que tenía a su lado – Llamaré a alguien para que le atienda. – Le dijo a Craig con una sonrisa falsa de cortesía.
– El cliente tiene el privilegio de elegir a su camarera. – Kyle se engrifa como un gato y las chicas se voltean emocionadas. Craig leía lo escrito al principio del menú "derechos y deberes de los clientes" – Quiero que me atiendas, Karma. – Las tres chicas bufaron derrotadas y Karma le vio horrorizado; como si le estuviera diciendo que le gustaba su pastel mezclado con ensalada y aderezos, y no que quería su atención como mesera.
– ¡No! – Las chicas vitorean a coro. – ¿Por qué a ella? si es tan—¿Tan qué? – Inquirió Karma.
– Hola, soy Andrómeda, y estaría encantada de atendert—Yo me llamo Démeter como la Diosa griega – Interrumpió a la chica de coleta alta – y prometo darte el mejor servicio que jamás una mesera del Magno—A mí me conocen como Freya. – Terminó la amalgama de palabras la joven castaña. A Karma le agradaba porque era dulce, no como Karen o Marjorine que eran del tipo que dan diabetes, sino que como el malvavisco que confería el toque de tu chocolate caliente. Si algún día pensara volver a intentarlo con una mujer, Freya sería la primera en su lista.
– Yo puedo escoger a quien quiera y te escojo a ti. – La mirada de Craig en ese momento taladraba más allá de sus lentillas y de sus propios ojos.
– No es justo. – Susurró bajando la cabeza Freya, no le culpaba. Craig es, de hecho, atractivo. Kyle le dejaría cualquiera de sus clientes sin dudarlo ni dos veces, pero Craig se aferraba obstinadamente a los "derechos y deberes" y Kyle tampoco hacía nada para ceder su puesto... para cederle.
– ¡Chicas! – se escuchó vociferar a Bárbara, que llevaba una sonrisa apacible. Como la buena de la película y que vela por la integridad de todas. Kyle sintió que le saltó una vena en la frente.
– Esto no se quedará así. Nos debes una. – Declaró Démeter antes de irse y apuntando a Karma con un dedo. Por algún motivo ambas no se llevaban. Bárbara le había dicho una vez que cuando él llegó, se llevó a varios de sus regulares y eso hirió a Démeter. Kyle no entendía por qué le importaba tanto, si al final del día los sujetos seguían gastando su dinero en el café y eso era lo que importaba ¿cierto?
– Y yo no quiero que me escojas a mí – Retomó la conversación con una ceja en alto y los brazos cruzados sobre su pecho.
– Dijiste que tomara confianza – Craig pronunció las palabras con lentitud, sin estar seguro de ellas y Kyle se sonrojó con furia.
– Eres un pervertido – Casi susurró con dureza y levemente ofendido. Él empezó el juego, tenía que admitirlo y morderse la lengua.
– ¿Disculpa? – El menor no aseguraba si no le había escuchado u ocupaba esa expresión para que lo dijera de otro modo.
– No te voy a atender – Lo intentó.
– ¿Es ese el modo que tienes de tratar a tus clientes? – Craig sonreía, con la carta en las manos y la vista por completo enfocada en ella.
– Sí.
– Quizá me queje con el gerente – Observó la carta, dejando caer lo dicho en un modo de presionarla y que cediera a lo que sea él quisiera llegar.
– Dudo considerablemente de que el gerente preste atención a semejante reclamo con tal irrelevancia de argumentos. – Posó ambas manos en la mesa para obtener de vuelta la atención sobre ella. Este juego le gustaba, pero le crispaba los nervios. Le hacía entrar y salir del personaje tantas veces que no estaba seguro de aquello que construía al final, saliéndole entre medio Karma y medio Kyle.
– ¿Me estás poniendo a prueba? – El profesor sonrió de medio lado, acomodándose mejor en el asiento.
– Vaya, quién diría que al profesor de literatura de la preparatoria de South Park le gusta ver a sus alumnos en faldas – Se yergue en el lugar, mirándole desde arriba. Craig vestía una camisa celeste a cuadros que resaltaba, para fastidio del menor, sus ojos.
– Es un país libre, puedo visitar el lugar que me plazca. Que trabajen estudiantes es un accidente – Finalizó relajándose en su asiento y levantando ambas manos a la altura de los hombros – y estoy seguro de que el reglamentario de la preparatoria no aprueba que sus alumnos trabajen. – Dejó caer como quien no quiere la cosa. Kyle se irritó y tomó aire sintiendo como apretaba la mandíbula.
No lo soporto. Es un ser humano terrible. ¿Cómo se atreve? Retiro lo dicho; es un completo descerebrado. Lo podría echar del café alegando que abusó de mí. No, no me creerían. Saben que puedo defenderme. Tendría que inventar algo como lo que hizo Boyett (2) para que lo baneen definitivamente del café como a él. Me pidió que lo atendiera, así que lo atenderé como en su vida lo han hecho. Respiré hondo y le dediqué mi mejor sonrisa, regocijándome al ver la suya menguando.
– ¿Qué se te antoja? Tenemos bocadillos dulces y salados, aparte de los bebestibles, te recomiendo—No me dejó terminar, tirando de mi brazo izquierdo, donde tenía la libreta para anotar pedidos.
– ¿Qué estás haciendo? – Por su rostro de estupefacción me di cuenta que no se esperaba lo que estaba ocurriendo.
– ¿Qué te parece que estoy haciendo? Estoy trabajando. ¿No que te quejabas de mi modo de tratarte? – No me preocupé del tono de voz, sonando más turbia y grave de lo que tenía planeado. Sentí los hombros tensos.
– Estaba bromeando. La verdad, necesito hablar contigo. – Su mirada era profunda tras las espesas pestañas. Traté de librarme de su agarre, pero tiró con más fuerza al vislumbrar mi intención. El cabello de la peluca me tapaba por completo el costado izquierdo del rostro – Por favor – Dijo en voz queda. El cabello se meció y me di cuenta de lo cerca que estábamos. Alcancé a abrir la boca para decir algo y me percaté que fijó su atención en ellos. Me recorrió un delicioso escalofrío. Pero antes de hablar una tercera voz carraspeó a mis espaldas.
– ¿Todo bien? – Era Kenny. Craig me soltó enseguida y yo me levanté como impulsado por un resorte. Me peiné el cabello y alisé el vestido antes de enfrentar al rubio.
– Sí – Dijimos al mismo tiempo. Evité mirarlo, pero noté la suya en mí. – Eh... – Vacilé – Tucker me decía que quería para beber, pero por lo fuerte de la música no lo escuché bien. – Miré a Craig que me sonrió igual de idiota que su hermano – Te traeré el café. – Dije antes de irme. Evité mirar a Kenny. Será muchas cosas, pero no un idiota y lo mejor sería disimular.
– ¿Qué haces acá? – Alcancé a escuchar. Me hubiera gustado quedarme a escuchas la respuesta, pero hubiera sido a extraño. Llegué a la barra y el rostro de Bebe al verme fue de suma preocupación.
– Cariño, ¿te sientes bien? – Le miré con los ojos muy abiertos, sin entender del todo su pregunta. Pegué un pequeño brinco cuando posó su mano en mi frente – Estás colorado – Retiré su mano con cuidado, y asentí.
– Sí, estoy bien – Respiré profundamente. Lo malo de ser tan blanco es que al pequeño sobresalto tu rostro te delata – Necesito un café.
– Te prepararé uno al receso, tal vez sólo estés cansado por el cambio de horario – No pude evitar reír un poco con lo que dijo. – ¿Qué? – Bebe hizo un puchero – No exagero, pequeñ—No es para mí – le dije con dulzura – Lo pidió un cliente – Ahora fue el turno de ella de que le cambiaran los colores del rostro.
Cuando la rubia vuelve y deja el café sobre la mesa ve que Kyle sigue allí mirando hacia donde estaban los clientes, apoyando un codo en la barra y con la otra mano formando bucles en un mechón de cabello.
– Karma. – pegó un brinco a su llamado – Qué raro de ti que te quedes a esperar un pedido – No pudo evitar esconder la burla. Kyle se volteó y balbuceó un par de cosas, pero pareció recomponerse con facilidad. Tomó una bandeja y depositando la taza en ella dio media vuelta, todo en un completo silencio y con una elegancia gélida típica del personaje de Karma – ¡Hey! No pienses hacer como si no ha pasado nada. No te librarás de esto – Le prestó especial atención al verle irse, curiosa del destino del pedido y los nervios previos de la camarera. Distinguió en la mesa el rubio despeinado de Kenny y a su lado alguien que le sonaba, de rostro familiar y se apenaba de no enfocarle bien. Necesitaré lentes más pronto de lo que tenía pensado.
El momento en que Kyle deja el café en su mesa y se va a otra fue de suma frivolidad, a pesar de que Kenny estuviese en esa mesa si alguien le veía actuar de un modo diferente sería muy notorio, tratándose de quien era ella. Estaba seguro de que Barbará le siguió con los ojos. No había pasado nada entre ellos, así que… ¿por qué alterarse? Tan pronto como se sintió fuera de sus cabales con aquel momento de debilidad recuperó la calma.
Craig observó la indiferencia con la que fue tratado y no le gustó sentirse desplazado de ese modo, sintió que en el pequeño momento que habían tenido antes y durante la semana se adentraba más en su mundo ¿Por qué le echaba de esa manera? Un sentimiento nuevo se hacía entre sus entrañas, y luego de rumiarlo un rato entendió de qué se trataba aquél sentimiento: Se sintió usado.
– Kyl— Sht. – Kenny le pateó bajo la mesa. Craig iba a replicar acerca de su falta de tacto debido a que estaban al lado, literalmente, pero se calló al ver la seriedad en el rostro del rubio. Kenny quizá faltó a Kyle antes pero no lo volvería a hacer.
– Nadie debe saber el nombre real de ninguna camarera – Le dice en tono mordaz y hablando de "general" – Le quita la magia. – la sonrisa que le siguió a lo dicho le resultó del todo falsa, pero entendió el por qué de ella. Observó a Kyle mientras tomaba con ambas manos la taza de café. Olía bien. Esperaba a que supiera del mismo modo, y quizás visitaría ese café con más frecuencia. Por el café, claro.– Debes seguir el juego –.
Karma se contoneaba entre los comensales, junto con todas las otras camareras. Se desenvolvían con una naturalidad que hizo sentir a Craig hechizado. Era así como ganaban clientes, haciéndoles sentirse amados aunque fuera mentira. ¿En qué momento llegó la humanidad a ello? Tan ajenos a sus propios sentimientos y tan abandonados a ellos mismos que buscan el consuelo fuera de sí, y a manos de arpías; arpías disfrazadas de sonrisas. Era interesante observarlas actuar, conociéndose de tal manera que eran capaces de abandonarse a personajes.
– ¿Otra vez por aquí? – a pesar de lo directo de la pregunta, el comensal se vio deleitado de que le haya dirigido la palabra.
– Es una buena cafetería. – La risa de Karma brotó con sinceridad. Sabía que mentía y eso no le importaba, todo con tal de hacerla reír.
– ¿Qué hago para deshacerme de ti? – La mesera apoyó ambas manos sobre la mesa y le miró atenta.
– No pretendo que te deshagas de mi tan pronto, querida. – Kyle se sonrojó y rió con deleite. Antes apenas podía aguantar un cumplido y luego se preguntaba repetidamente qué pasaría si se daban cuenta de que era un hombre. ¿Le seguirían tratando de aquél modo? Los primeros meses de trabajo fueron terribles en ese sentido y aún ahora, luego de un año y medio todavía seguía preocupado de hacer una mueca o gesto que ponga en evidencia su verdadero sexo. Las otras veces simplemente lo disfrutaba.
Llamó la atención de Craig, sorprendido de ver reír a Kyle con tanta soltura con un completo desconocido. Se sintió aún más aplazado. Pero, en ese momento, sintió su corazón sobrecogido: Kyle, mientras reía, se llevó un mechón de cabello tras la oreja y le observó, a él, con una media sonrisa. Fue un milisegundo, pero para Craig una eternidad. Sus ojos en ese momento dijeron muchas cosas, y aún más las líneas de la curvatura de su boca, de entre ellas quedó grabado a fuego en su pecho el sentido figurado: le estaba desafiando.
Toxic – Yael Naim
La semana transcurría con parsimonia para los estudiantes, empezaban los exámenes y muchos estaban tan concentrados en los estudios a último minuto antes de los mismos que Craig podía asegurar nadie se daba cuenta de lo que Kyle estaba haciendo. Pero tampoco podía asegurar que estuviera "haciendo" algo.
Luego de aquella visita al café, no podía quitarse esa mirada de la mente. En los momentos más inoportunos se acordaba y se sentía ligero. Con el permiso de ir ¿pero, ir hacia donde? ¿Hacia Kyle, hacia Karma? Bufó burlándose de sí mismo, y golpeó los papeles contra el escritorio una vez más. Se sentía impío pensar en su alumno encontrándose éste a pocos metros de él.
Tomaba un examen a su clase. Aún recordaba la cara de estupefacción de muchos al decirles que guarden sus cosas porque "era hora de la evaluación" y pocos parecieron recordar que el día de la dichosa era hoy. Kenny hizo show y se quejó con manos al cielo, Kyle sonreía de lado al ver la desesperación de su amigo, pero siempre elegante y recto en su asiento.
Craig no debía "pensar" lo que pensaba, pero seguía haciéndolo. Esos ojos verdes le seguían a todas partes, y podía jurar que se los topaba también en los sueños. Era peligroso. Se hacía ideas que, y era muy probable, no existieran en lo absoluto. Pero ahí estaba de nuevo... esa sensación pulsante de que alguien le observaba. Pasó saliva antes de releer por décima vez la misma línea del trabajo que revisaba, justamente del alumno en cuestión. Su caligrafía era excelente, aparte del admirable correcto uso de la gramática. Kyle sería el perfil de alumno excepcional, si no fuera por… lo demás.
Acarició el puente de su nariz, mueca que también repetía su hermano con mucha regularidad y levantó la vista de las hojas a sus alumnos.
Ahí estaban; aquellos ojos verdes absorbentes y seductores, atrevidos y juguetones, serios e intelectuales. Suspiró casi en un quejido en cuanto se encontró con ellos observándole. Kyle mordía la goma del lápiz mina de manera delicada, casi femenina, casi deseosa. Nuevamente fueron solo segundos en los que sus labios se curvaron en una sonrisa tímida y bajó la vista a su examen, pero para Craig fueron horas y horas de malas decisiones no perpetuadas. Craig se queda observando, a él y de paso observó a los demás, volviendo siempre a él y sus pies que se movían inquietos. Apenas rasgueaba el lápiz contra la superficie de la hoja. ¿Estaría desconcentrado? Kyle volvió a levantar la vista, pero esta vez que chocaron ninguno de los dos pareció preparado para tal. Los colores del rostro de Craig subieron al ver como las mejillas de Kyle se teñían tal cual una delicada flor se abre en primavera.
Aquella no fue la única vez que sus ojos adquirieron tales matices, pues en otras ocasiones que visitaba la cafetería, que resulto tener un café apetecible, la portaba de nueva cuenta y cuando nadie le miraba hacía cosas que le descolocaban y dejaban con ganas de replicarle. Pero así mismo llegaban, así mismo se iban y difuminaban como un fantasma de su imaginación.
¿Qué significaban aquellos acercamientos? ¿Qué quería decir cuando se acerba y bebía de el café que él había pedido y se relamía los labios de aquella manera? ¿Quería, siquiera, decir algo? Estaba completamente confundido. Ni sus libros le respondían como él quería, pues Kyle parecía salido de un libro del siglo diecinueve, con la vida de un libertino, la intelectualidad de sabios clásicos, pero con una vida por completo del siglo veinte. No había nada que le contestara a semejante personaje. Él mismo era un personaje. Le intentaba leer como a aquellos libros de los que se enamoró una vez, pero ahora no estaba seguro de qué amar.
— Tucker, tenemos que hablar – Se apoya en el marco de la puerta.
Craig levanta la vista de sus papeles con una ceja encarnada ¿Tucker?
– Ahora quieres hablar. – Se tomó la libertad de tutearlo.
– No quiero que vaya más a la cafetería – ¿y ese tono formal? ¿Estaría enojado por…?
– ¿Es porque cambie de mesera? – ahora estaba con Freya, una chica que reía tímidamente por todo lo que Craig decía, aún si no fuera gracioso. Creyó que molestaría a Kyle, pero observó que ni le prestaba atención en la cafetería, así que ¿por qué se molestaba tanto ahora? Kyle levantó ambas cejas en sorpresa, abriendo bien los ojos y juntó la puerta tras de sí. Eran los únicos en el salón de clases.
– No. – No pareciera que fuera por eso, pero la reacción que tuvo antes Ky decía lo contrario. – Sólo no quiero que vaya.
– ¿y qué pasará si no oigo su sugerencia y sigo yendo? – retomó la vista a los papeles. No podía decirlo con certeza, pero la actitud de Kyle le había enfadado; todos, hasta él mismo parecía siempre ir a su corriente, haciendo lo que le venga en gana, todo lindo y todo controlado. Kyle camino hacia él, situándose frente al escritorio
– A la directora ni al centro directivo les gustará saber que abusaste de un alumno – Craig levantó en seguida la vista de los papeles y le vio incrédulo. No lo dijo ¿Por qué ahora?.
– ¿Qué? – Su tono de voz fue mordaz. No le entendía. ¿Por qué hacía todo esto? No era el modo de solucionar las cosas. Para Craig la actitud de Kyle subrayaba lo inmaduro e inconsecuente.
– No irás a la cafetería. – El menor se acercó por sobre el escritorio.
– Fuera de mi salón. – Kyle sonrió de medio lado, con fuego en los ojos, pero no se movió de su lugar. Craig cerró los ojos un minuto y volvió la vista a los papeles. No prestaría atención a una pataleta.
– Tucker, júralo. – El tono de voz de Kyle era amenazante. Craig no le prestó atención, se había enojado más todavía.
Se hizo silencio en el salón y el mayor pensó que al fin Kyle lo había meditado, enfriando la cabeza para pensar con claridad y luego ambos dispuestos tuvieran una conversación. Pero ni el profesor vislumbraría lo que su alumno estrella hizo a continuación, acercándose por sobre el escritorio y tirando todos los papeles al suelo en un arrebato.
– ¿Qué te crees? – Craig quedó en shock, sin atinar ni a mover un dedo y solo a ver como los papeles se mezclaban entre ellos ensuciándose en el suelo. Se decidió por el enojo y levantó la vista con las cejas casi tocándose entre sí. La mirada igual de encolerizada de Kyle le quitó las palabras de la boca por unos segundos – No juegues con mi paciencia por un estúpido ataque de celos.
– ¿Ataque de celos? – Ky ríe con ironía y se sienta sobre el escritorio tomándole del cuello de la camisa y luego deslizando la mano hacia una corbata, que como nunca, Craig vestía ese día. Le acercó a él. – ¿Por qué tendría celos de Freya? Por mí mejor no tener la atención de un pervertido.
– No me hagas repetirlo, Broflovski. – Tragó saliva. No sabía si creerle a Kyle o no. ¿Estaba jugando con él? Esa intención danzante seguía en su mirada. Como si hubiera premeditado una falsa escena dramática. Se cortó apenas terminó de nombrarle. Kyle le había apretado el nudo de la corbata al tirar de la tela que quedaba por detrás.
– Dilo. – Estaban a un palmo de distancia. Kyle miraba sus ojos, y percibió como unas olas atravesaron su mirada, confundiendo aquella intención de reto que antes poseían. Por su lado, toda emoción se había difuminado por completo.
– Decir ¿qué? – Su voz salió ronca. Le quitaba el aire el fuerte agarre que mantenía, y su cercanía. Kyle miró sus labios y se acercó aún más a su rostro.
– Que no irás a la cafetería. – Le miró directo a los ojos y Craig, por la cercanía de ambos, vio como su manzana de adán subía y bajaba al menor pasar saliva. El hecho de que volviera su empresa le hizo tensar la mandíbula. Kyle es un maldito adolescente caprichoso.
– Si quieres que vuelva a elegir a Karma de mesera, solo pídelo. – Craig tenía ambas manos apoyadas en el escritorio, Kyle, por su lado, tenía una muy cerca de una de las suyas y la otra apegada a su pecho y cerrada en puño con su corbata atrapada. Kyle sonríe y baja la cabeza. Esa misma sonrisa del día del examen. Levanta la cabeza con rapidez y cortó la distancia entre ellos antes de que Craig pudiera hacer algo.
Perdió el aire, con la mirada fija al horizonte y una corriente nació desde la boca de su estómago hacia todo su cuerpo. Los labios de Kyle tocaron su mejilla, como el aleteo de una mariposa y se alejó. Vio por el rabillo sus pecas y las largas pestañas cuando abrió los ojos y le observó desde el costado, quizá queriendo deleitarse con su reacción. Un suave olor cítrico quedó pendido en el aire. Kyle le soltó la corbata y se alejó, bajándose del escritorio.
– Usted es muy hilarante, señor Tucker. – Rió con suavidad. – Ataque de celos...– Negó con la cabeza. Su mirada no parecía de él, y la vez muy profunda, muy real. Era, sin embargo, burlesca, fría, hiriente... Se sintió perforado por esa nueva mirada aguda y aquella faceta que le mostraba de él. La mirada digna de un bravucón. Llevó sus manos a los bolsillos y se fue a paso lento del salón. Craig quedó sumamente confundido ¿Qué había acabado de pasar? ¿Le había puesto acaso a alguna especie de prueba? (3)
Estuvo media hora sentado en el mismo lugar y no fue una risa que le desconcertó de su ensimismamiento. Kenneth se burlaba de su estado deplorable: con corbata chueca, papeles por todos lados, labios entre abiertos. Le preguntó si había tenido una epifanía, a lo que él contestó con un plano "algo así".
Dos días habían pasado desde aquel momento en que pensó que lo iba a besar y, la verdad, la idea no le desagradó en lo absoluto. Sus labios se veían suaves y mortíferos. Carnosos, pequeños, rosados por tanto morderlos; una manía que le había visto adoptar más de una vez y se avergonzaba al pensar que no solo en su salón de clases.
Aceptaba que le seguía, y buscaba con la mirada en los pasillos, en la cafetería. Sobre todo, después del acercamiento de ese día.
Había vuelto a sus turnos a la hora de almuerzo, y no era para verle ni estudiarle. Pero no estaba seguro del todo, porque podía asegurar que ahora tenía todo el derecho de llamarle "pervertido". Se estaba perdiendo, estaba cayendo y no lo quería aceptar.
Tenía miedo, pero sus ojos, su mirada lo valía todo. Lo del sueño ¿era un sueño o había pasado en realidad? Kyle no había hablado del tema, ni Kenny había mencionado nada al respecto. Se sentía ligero, pero su orgullo de mala manera le instaba a seguir con un juego que no podía asegurar cuándo había comenzado entre ellos, pero y justo ahora lo que sí aseguraba era que estaba perdiendo, y a Craig Tucker no le gusta perder.
– Broflovski, ¿puedes quedarte un momento? – En cuanto las palabras abandonaron su boca se sorprendió tanto como el aludido, al que vio asentir quedado y suavemente. ¿Qué le diría? No iba a hablarle del tema, porque una parte de él quería quedarse con el misticismo y el juego. A pesar de las ganas, en él dominaban estas emociones pueriles. Quedaban pocos en el salón de clases cuando su voz rebotó en las paredes; Kenny ahora mismo se dirigía hacia él, quien anotaba en el libro del curso el desarrollo de la clase ya terminada. Era el último período de ese día, la tarde caía por los vidrios y a través de las roñosas cortinas del salón.
– ¿Qué tramas? – La pregunta tintada de la voz de Kenneth le hizo caer de pronto a una realidad de tarde más fría que la que se había había imaginado. Estaban en primavera, y los cambios abruptos de temperatura traía enfermos a medio salón. Pero Kyle no parecía ser tocado por nada, según Craig.
– ¿Por qué tengo que tramar algo? – le respondió con voz queda y baja, sin observarle siquiera, pero notando por el rabillo del ojo como el otro se tensaba frente al escritorio, con ambas manos apoyadas en el mueble. – Modera tu tono, McCormick.– ¿Por qué estaba siendo tan áspero con él? no lo sabía con certeza, pero quería creer que no tenía que ver con la atención que recibía del pelirrojo, con la cantidad de miradas que se dedicaban a diario y ni hablar de las sonrisas – Seguimos en la escuela– le observó y pensó que el rubio ahora estaría enfadado y próximo a saltarle con algún comentario doliente y desubicado, pero no. Kenneth tenía una sonrisa de burla en el rostro y eso lo molestó ¿Por qué diantres le miraba de esa forma? No había dicho nada gracioso. Estúpido McCormick.
– Nos vemos luego, casanova – No era necesario que alguien se lo dijera pues él mismo sintió como su rostro se descompuso en una mueca de desagrado e incredulidad. Iba a decirle algo, pero el rubio se fue dando saltitos.
Miró al frente deseando que lo dicho por el rubio no haya sido alcanzado por la atención de alguno de los restantes, pero ninguno parecía prestarle atención. Kyle guardaba sus cosas con lentitud.
Sintió una mirada posarse en él con intensidad. Vio a su hermano, su novia le hablaba, pero Stanley le miraba fijamente con una mueca indescifrable. Algo decían sus ojos, que no alcanzaba a percibir desde la distancia, pero identificó con claridad una advertencia. ¿Advertencia de qué? Escuchó que alguien se aclaró la garganta frente a él y se volteó para saber de quién se trataba.
En los destellantes ojos de Kyle se leía la duda. Llevaba ambos manos dentro del vestón, correctamente uniformado, todo limpio. Demasiado pulcro para su propia cordura. Le hacía sentirse fuera de lugar; con la barba naciente, el cabello despeinado y las bolsas bajo sus ojos que siempre le llamaban la atención cuando se miraba al espejo. No tenía el pantalón bien planchado como él ni los zapatos lustrados. Es más, hasta tenía barro salpicado en ellos. Se llevó una mano al mentón acariciando la piel bajo el vello duro naciente y luego apoyando el mentón en una de sus manos.
Las mejillas de Kyle comenzaron a teñirse de color, y Craig no supo la razón ¿Qué estará pasando por su mente?
– ¿Piensa decirme algo o se quedará ahí observándome? – Esbozó una sonrisa cuando sus oídos captaron la dulzura de su tono mezclada con la burla. También sintió vergüenza de que el menor haya anotado que se le quedó observando... quien sabe cuánto tiempo.
– Acompáñeme – Kyle enarcó una ceja. Craig había sido más indiferente de lo que pretendía y todavía mantenía el deje de queja que había empleado con McCormick. Kyle llegó a pensar que se había metido en problemas porque su rostro era ahora plano y en sus ojos se proyectaba cierta seriedad. Asintió, Craig tomó sus cosas con parsimonia. El abrigo bajo el brazo y la correa del maletín la pasó por un hombro. Miró a Stanley una última vez, reencontrando su mirada sobre él. Se llevaría a Kyle de ahí, algo le decía que Stanley no los dejaría solos. Le guiñó un ojo en un arrebato y se regocijó al ver como crispaba el rostro en enojo y luego arrepentimiento al tiempo en que Weny le jalaba del brazo porque no le prestaba atención. Él estaba aún sentado en su puesto y ella, sobre la mesa, de espaldas al pizarrón.
Le entregó el libro de clases al menor, que primero le miró sin entender y luego recogió el libro en sus manos, abrazándolo al pecho con una mano. Se encaminó a la puerta del salón con Kyle pisándole los talones.
Llegaron al salón de profesores en silencio, estiró una mano en frente al pelirrojo que le entregó el libro envuelto en una mirada de duda y desconfianza.
– Espérame aquí. – Kyle saltó en el lugar cuando Craig con su voz rasposa le habló. El profesor entró al salón y Kyle se quedó ahí, sin intención tampoco de ir a ningún lado, y no es porque no quería, porque sí quería irse de ahí, pero no podía. Las piernas no le respondían. No entendía del todo porqué había seguido al profesor, y sobre todo en silencio cual sumiso. Si hubiera sido cualquier otro profesor o persona habría emitido algún comentario irónico y se hubiera zafado con rapidez del asunto. No le interesaba si se metía en problemas, estaba acostumbrado y de por sí su actitud en el salón de clases y su notas eran remarcables. Pero el tono de voz empleado por Tucker le crispó los nervios y no terminaba de entender ¿Por qué? Tampoco es como si se estuviera esforzando para ello.
Cuando Craig salió le hizo una seña con el dedo y Kyle le siguió ¿A dónde le llevaba? Sintió su corazón golpear con fuerza en su pecho mientras diferentes ideas y supuestos pasaban por su mente; por su traviesa mente.
Iban hacia la entrada de la escuela. Kyle detrás de él con una vista privilegiada al perfil del profesor que se veía tan alejado y a la vez presente de esta realidad; realidad percibida por él, persona ficticia retratada en esta dimensión de aparente realidad en la que su consciencia ha decidido posarse.
Su vida aparecía frente a él como pulsaciones de déjà vu, de repente demasiado presente, de repente demasiado ausente de sus propios pasos indireccionados y acostumbrados a una apesadumbrada lasitud de una rutina que le provocaba náuseas. Pero Craig… él parecía estar en una especie de limbo: Porque cuando hablaba parecía tener presencia, una apabullante energía que te hacía fijarte en él como el girasol busca aún el más nimio rayo de sol. Sí, con desesperación. Cuando callaba, te dejabas llevar por su calma, mas no estaba ya allí y su presencia no era ni amenazante. Tan solo estaba, caminaba, pero no parecía estar ahí. Un tipo de peripatético caminando por los pasillos. Pero, era hipnotizante su figura, el modo de caminar y sus gestos. Un alien -en el sentido etimológico de la palabra- atractivamente peligroso. Cuando le veía caminar así y sentía ganas de acercársele desistía de todo amago. No creía alcanzarle en su sintonización vibratoria. Estaba en otro espacio. No entendía como para Kenneth era tan fácil acercársele. Quizás compartían la densidad de almas y espectros de pensamientos. Rogaba que fuera eso, porque le gustaría alcanzarlo algún día. Envidiaba a Kenny, a pesar de que no tuviera la culpa. Al menos no de forma consciente.
Pero cuando Craig te miraba... Cuando sus orbes se dirigían a ti, te convertías en una hoja agarrada con pies y manos a su rama, pero demasiado débil como para no dejarte arrastrar por una suave brisa; brisa con nombre y apellido, y con ojos profundos como un universo mismo. Calmos, plenos, como el vacío antes de la existencia. Todas tus dudas se disipan. Existías porque él te lo permitía, con su atención volcada por completo en ti. Jamás había conocido una persona así y, quería, esto podía asegurarlo, anhelaba que enfocara para siempre su atención en mí y sólo mí. Que me permitiera seguir existiendo, porque hacerlo a través de esos ojos valía la pena.
– Permíteme acompañarte hasta tu casa – Cada sílaba y onda resonó dentro de mí, calando en profundidad y le observé, porque no había más que podía hacer. El frío se agolpaba contra mi rostro
Éramos solamente los dos. Era de día todavía, y estaba bastante iluminado, a pesar de que las nubes cercanas proclamaran a la lluvia. Nubarrones del gris del carbón, esponjosas, se acercaban sin escrúpulo ni dudas al encuentro con el sol. Pero había mucha luz, y todavía no se largaba a llover; una lluvia en plena primavera. Era de esos momentos en que en el cielo hay diferentes matices en las nubes y la más inocentes claras escondían al sol con timidez. Jugando con el viento que acunaba a los árboles y las ropas, los cabellos y las hojas. Un viento helado, en un clima acogedor. Electrizante. Y yo ahí con él, esperando a que se acercara, a que me besara y que sus labios sean lo único cálido en este día de próxima lluvia.
No pude hacer más que asentir.
.
Notas:
(1) A pesar de ser un pueblito situado a las faldas de las montañas igual se presencia un calor, quizá mínimo en comparación a otros, pero considerado por los lugareños como hostigante.
(2) No sé si quieren que cuente en los capítulos aledaños la historia que hubo entre Boyett y Kyle o que les explique acá en las notas y al final del cap, como un "extra"... depende de lo que quieran. Les explicaré todo aquello que quieran que les explique y que quede fuera de la historia. En este caso, Boyett no es más que un "pasado", mientras que la relación de los padres de Kyle aparecerá en unos capítulos más adelantes y no los puedo contar antes o sería un spoiler.
(3) Bien, bien, bien... Al terminar de leer esto uno queda como whaaat? porque al inicio son todo miradas y coqueteos, y luego esto. Uno se queda sólo con la mitad de la obra entendida pues, al estar narrado desde el punto de vista de Craig, se pierde uno todo lo que pasaba por la mente de Kyle en ese momento. ¿Qué pasaba por la mente de Kyle? Es, de hecho, una especie de prueba. Un modo de lograr, infructíferamente, de que Craig le deteste y así poder sacárselo con mayor facilidad de la mente. ¿Eran celos? eso lo dejaré a su disposición y criterio (juejue) y pues, es cierto que Kyle no quiere que vaya más a la cafetería, porque se desconcentra, pero también le es una buena oportunidad para jugar un poco. A mi, me gusta la escena y la encuentro necesaria. Eso.
Mensaje: ¿Aló? Me siento como en medio del escenario de un teatro abandonado y lleno de pelusas y polvo pululando en el aire ¿se hacen la imagen? pero sé que siguen ahí... o eso quiero creer TT
Me disculpo con todos ustedes por dejarles botados no un mes... sino que dos ¿o tres? ¡dioses! soy pésima. Perdonen tratarles así. Ahora tengo un poco de tiempo (ahora que estoy en época de exámenes, irónicamente jaja) y me enfoqué en terminar los últimos detalles de este capítulo.
Está entrecomillas recién salido del horno, mi amiga lo leyó hace poquísimo y después del dicto bueno lo subí.
AHora, entrando en materia... ¡Se viene el amor! sisisiiiiii! al fin! perdonen la tardanza, pero simplemente no quería que fuera una de esas historias donde se conocen y al cabo de dos capítulos ya se aman. Necesito ese... ese *inhala* enamoramiento lento. Traer la historia a la vida.
¡Les tengo una buena noticia! Como no podía concentrarme al 100% en escribir el capítulo, me dediqué a hacer resúmenes de toooodo el fanfic y el plan es, si todo sale bien, terminarlo con 30 capítulos. ¡Así es! ¡TREINTA! así que relax y abrochen los cinturones porque estamos recién empezando. Todavía queda lo bueno... ya saben... lo que hacen dos personas que se aman.
EL sE-BESOOOO ¡eso es! Nuestros adorados bebés todavía no se besan. Conscientemente. Lo de Craig y Kyle estando Craig borracho no cuenta. Y tengo la perfecta idea. ¿Les cuento que se viene para el próximo cap? lo malo: se viene cortito (no se rían, pero corto son como 5000 palabras para mí, considerando que uno "normal" llega a los 8000) y sus sentimientos ya se vienen con más fuerza. MUCHo muuUCho más de CRYLE ¡EH! o sea que Kenny o Stanley aparecerán cada vez menos (¿¡QUé!?) No, mentira, la verdad van a aparecer pero no pienso darles mucho diálogo. Aunque igual Kenny va a aparecer harto porque desarrollará lo suyo con Leo.
Si me desvío del tema, o hay algún error tipográfico, o alguna idea no se entiende háganmelo saber por favor, soy muy dispersa y muchas veces escribo sintiendo que todos me entienden y después lo leo y ni yo me entiendo.
Una aclaración, las edades:
Los chicos están en Junior de la educación superior, es decir, les queda un año para salir de la secundaria y entrar al college o estudios generales (donde son 2 años, o depende, no estoy familiarizada con el sistema educacional estadounidense) y luego la universidad (Yuju!/Yeiks!)
Craig - 25 (salió a los 17, dos años EG, 4 años pedagogía, 1 año de práctica)
Stanley – 17 (cumplidos hace poco)
Kyle – 17
Ike – 13
Tweek – 25
Butters –19
Kenny – 17
Cartman –17
Karen – 14
A los reviews (me harán llorar con todo su amor):
AriaBRFTCK: Ecce nos ¡Ego amat tuam! tanto tanto. Cambié varias cosillas de los capítulos y gracias por lo del desarrollo de los personajes, como que a veces intento moldearlos pero la mayoría del tiempo cobran vida y hablan como quieren. Sobre la relación de Stanley y Craig es, de hecho, bien intensa. Ponte en su situación: ambos hijos de una misma madre (que adoran) pero hijos de distintos padres; el padre de Craig fue la primera pareja de Sharon y se separaron cuando Craig era un niño (8/9 años) e inevitablemente se culpaba de la separación. Bueno, Sharon se vuelve a casar y se le ve feliz, y el niño se siente aplazado (aparte de considerar a su nuevo "padre" un idiota (admitamos que Randy es un idiota, por favor, aunque es un personaje genial y todo) y compararlo con el suyo que considera casi como un super héroe. En fin, la familia feliz tiene un pequeño hijo que todos adoran y dejan de lado a Craig, crece como el conocido chico problema y luego de encontrar refugio en los libros llegamos a lo que estamos ahora. Craig valora mucho a su madre, pero detesta al chico que le quitó su cariño. Sobre el pasado de Kyle digamos que es algo similar; situación traumática que el cerebro tiende a "olvidar" para subsanar.
AMOAHIBARI3 la verdad, lo hice pensando en él ¡me declaro culpable! pero bueno, igual adoro a Cartman. Déjame confesarte que sí, querida, se viene el Bunny. Pero un DarkBunny (if you know what i mean) ¿ya te llegó tu laptop? (psst: lo dicho al inicio es latín y dice algo como "henos aquí ¡te amo! ..."
Luis Carlos: ¡Exactamente! traté de preservar su verdadera personalidad de la serie, pero adaptada a un mundo terrenal. Se volvieron amigos porque se sientan juntos en clase de matemáticas, creo que eso lo dice el capítulo... De hecho, varias veces. ¡Uh! había olvidado lo de Henrietta. Igual me da buenas ideas añadirla en algún momento, como mero extra, pero crucial en algunos momentos. AJAJajj nooo, no viven en el infierno ajajaa Es un fanfic adaptado y universo alternativo; trato de preservar las personalidades y físicos, pero moldeo la historia a mi gusto.
KuroEnCuatro: Sensual y sexy Damien. Si fuera por mí sería un todosxKyle pero meh... Pucha, sé que lo escribo yo y todo, pero a mí igual me dio pena la parte en que Craig llama a Tweek kjshjah pucha, pero quise hacerlo así porque Kyle tiene que aprender a "amar" y sufrir y todo lo que convenga. Kenny... bebé. La cagó tanto cuando era más chico que ahora prefiere mantener el perfil bajo y cuidar de Karen.
hanna: ¡Gracias! jodido fic, me tiene hasta las tantas craneándome... puede ser que le pida cosas... impuras (ahya) quién sabe cuando pida su recompensa. Dejaron el tema pendiente (if you know what i mean, yah, i mean THat smut)
londono: ¡Graciaaaaas! ¿en serio lo leíste dos veces? ¿tanto así? me halagas... no creo que sea para tanto, pero me halagas mucho. Si se pudiera poner emoticones o stickers pondría aquí ahora unos adorables de osos estúpidos tirando besos y abrazos.
Lou: Me partí de la risa al leer tu review. Corto, preciso, conciso, y mi respuesta es: la hay.
Cynthiaaless12: ¡Ayayayayy! ¡Graciaaaas, mil graciaaaaas! me pone tan feliz que pienses eso. Me hace querer abrazarte y abrazar mi fanfic jajaj. No la dejaré, bueno, por eso que dice más arriba y es que todavía me quedan 22 capítulos por escribir. Así que, me tendrás para rato. ¿No te gustan los fics con Kyle de principal? pero si es tan cool. Aunque debo admitir que en algunas partes le pintan como mujer y bueno ps... es hombre. Aunque yo igual lo pinté de mujer, literalmente. badum-tss Kakaskjdhsga qué fome soy c':
Muchos besos y abrazos y cariños para todos. ¡Nos leemos!
– Alondra.
