Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.
Advertencias: Lenguaje mordaz, insinuaciones.
Aclaraciones: Recuerden los "(nº)" para acotar notas explicadas al final del texto. Las opiniones de los personajes no son apreciaciones personales.
– IX –
" Beautiful people. Beautiful problems "
Lana del rey
La tarde se veía caer como un hermoso vestido de seda rosa, siendo las nubes los adorables vuelos de la tela. Los planetas se dejaban apreciar en su forma -para nosotros- de estrellas como faroles, y alguna que otra verdadera estrella titilaba con casi timidez por entre las nubes delgadas. Estaba frío, pero no impedía a los transeúntes de disfrutar de la tarde; disfrutar o más bien apresurar el camino al calor de sus hogares luego de un fatigoso día de trabajo. A pesar de todo, dos personas caminaban como si el tiempo fuera de la mano junto a ellos, disfrutando de cada pequeño paso y segundo en que las brisas de aire frío pasaban a su lado, jugando a las carreras. Uno de ellos más alto que el otro, vestido en un abrigo largo y desgastado, con los cabellos negros revoloteando, y el otro de cabellos fulgurantes y salvajes como bonitas bignonias anaranjadas.
— Conozcámonos, de buena manera. – Le miró sin entender a lo que se refería pues ya se conocían. Era extraño que los roles poeta-intérprete cambiaran. – ¿Quién eres? – O de filósofo, porque aquella era una frase que contenía más de mil mundos.
– Craig – Su sonrisa fue de quien ha acertado en un juego de cartas. Kyle soltó una pequeña risita mirando al suelo.
– Ya sé que eres ''Craig'' – Imitó su tono de voz exageradamente grave. Levantando las manos para hacer comillas en el aire – Ese no es más que un nombre, quiero saber, quién eres –Insistió.
Craig se perdió en el eco de sus palabras que resonaron en lo profundo de su cabeza ¿Quién soy? … Vaya que este chico tenía dudas existenciales. Soy… yo soy yo, simplemente. O eso pensaba pues, sinceramente, no tenía la menor idea.
– Craig... sólo Craig.
– Craig, eres muy plano. ¿Tan solo el personaje profesor de literatura romántico?
– Sí. – Kyle bufa por lo bajo con ambas manos en los bolsillos del jersey. El aire se sintió viciado, y el encanto y el hechizo antes ejercidos por la extraña presión de Craig se difuminó entre los halos de sus respiraciones. – No todos tienen la facilidad de poseer multipersonalidades como tú – Kyle se sonríe con aire apenado, o al menos es lo que expresa, al parecer de Craig. – ¿y tú? ¿Quién eres?
– Ah, sobre eso... – ¿Sobre lo de polipersonalidad o el "ser alguien"? se preguntó Craig. Pareció buscar las palabras y jugó con sus dedos sin parecer tímidio, sólo indeciso. Miró a la calle a su derecha antes de devolverle la atención. – Quiero disculparme por mi vergonzoso comportamiento el otro día en tu salón de clases.
– Hablas sobre el ataque de celos – Kyle no parecía "él" Es la conclusión a la que llegó Craig luego de pensar un poco lo sucedido exactamente en el salón de clases, y sobre todo al ser testigo de las performances del menor en el trabajo. Craig empezaba a distinguir el verdadero de los falsos Kyles.
El pelirrojo se rió por lo bajo y a Craig le sonó como verdadera. En algo le estaba pillando… Ahora mismo, el tono expresaba el ser mismo de Kyle. Era una risa fresca, de tonos discordantes y para nada premeditados.
– Sí, eso.
– No eras tú – Capturó la atención del estudiante.
– ¿Cómo?
– Estabas actuando ¿no?
– ¿Cómo dices? – Quizás se adelantó mucho en tomarse la familiaridad de revelarle su epifanía porque el silencio que les envolvió en ese momento no lo interrumpía ni el andar de algún insecto.
– Eres extraño, joven Broflovski – El profesor se vio absorbido en los grandes ojos verdosos de Kyle que le miraron con devoción, sospecha y diversión. Sintió la garganta seca y como todas sus ideas parecían derretirse en su mente… Y se sumergía más y más, sin siquiera darse cuenta.
¿Qué quiere decir con eso? ¿Que acaso nadie más en este pueblucho se comporta como yo? Cualquiera puede tener problemas y conflictos internos. Lo encuentro de lo más normal. Definitivamente el profesor Tucker era alguien excepcional. Fuera de todas exageraciones.
– No me mires así. Te he visto actuar antes y por tu personalidad indiferente, los patrones a los que deberías responder en un estado de enfado, como el otro día, se alejaron increíblemente de lo real – Kyle vuelve a reír irónicamente y entonces el profesor se dio cuenta de lo que escapó de sus labios. El alumno se detuvo frente a Craig, provocando que él también pausara su andar.
– Profesor Tucker ¿Osa de analizarme? – Craig le vio serio, con las manos en sus bolsillos y esbozando una sonrisa de disculpa que ni él terminaba de creerse.
– No quise que sonara de ese modo – Miró a otro lado evitando los escrutadores ojos del menor.
– Mientes – Su atención volvió y se sonrieron. El momento parecía transformarse, desenvolverse y extenderse como algo íntimo; como algo que crecía peligrosamente y sin límites. El momento fue de ellos, ese preciso instante. Los minutos y los segundos, y cada partícula en la que se subdividía los entremedios del tiempo entre mili segundos se detuvieron y el infinito mismo, como la nada, se les reveló.
Empero, como el tiempo es lo que nos permite existir, Kyle inhala, sintiendo como algún vacío en su pecho por fin es llenado y voltea, comenzando a caminar. Craig emprendió marcha unos segundos después; el trance le pegó con más dureza.
– Pero estoy en lo cierto –
– Que testarudo. – Se levantó de hombros – De hecho, lo estás. Ya sabes... si quieres conocer a alguien como es realmente, deberás sacarle de su zona de confort. Creo que no lo maquiné bien. – Le miró un breve instante – o quizá si y usted siempre es usted.
– Craig.
– Sí, el aburrido profesor de literatura general: Craig.
– Oye – se detuvo – No soy aburrido – Kyle, por su parte, siguió caminando ¿o sí lo soy? el andar de Kyle es pausado y a pesar de tener una postura correcta no parecía fingido, como si tuviera un palo metido en el trasero tal cual algunos "estirados". Se le acercó otra vez. – No haz contestado a mi pregunta, Kyle.
– No, no lo he hecho, pero ya llegamos.
– ¿Qué? ¿Dónde? – Kyle vuelve a reír por lo bajo.
– A mi casa – Craig miró a su alrededor encontrándose en el medio de un parque, siendo consciente por fin de la realidad.
– Pero si estam—queda para allá – Kyle tensaba los hombros a pesar de su rostro impasible y la nimia sonrisa en sus comisuras, vestigios de la risa anterior. Apuntó a una de las salidas que quedaba hacia la izquierda.
– Si quieres puedo—No. –Le vuelve a cortar
– Estoy bien hasta acá. En serio. – Claro ¿Cómo olvidar este asunto en particular? había olvidado que Kyle seguía en uniforme y él era un hombre mayor ¿En qué estaba pensando al ofrecerle acompañarle? – Em... –vaciló– hasta mañana, profesor Tucker.
Craig sonríe de medio lado apesadumbrado, demasiado consciente de su situación actual. Kyle levanta una mano en gesto de despedida y se da media vuelta. Kyle era menudo y bajo para su edad, no tan bajo como uno de secundaria pero si como una mujer promedio. Le causó risa y meneó la cabeza pues no dejaba de analizarle. Al final, esa tarde no llovió.
El día siguiente, miércoles, el cielo amaneció despejado, pero con viento frío; el modo de la naturaleza de acomodar su nueva y corta estación, siendo mediados de Abril, antes del calor abrasante del verano.
Los exámenes habían terminado y quedaba mes y medio para las ansiadas vacaciones de verano, así que era comprensible el ánimo pastoso y derrotado de los alumnos.
Craig Tucker, sin embargo, estaba sorprendido porque, a pesar de todo, Kyle sobresalió en el examen y aquello, sinceramente, le sorprendió. ¿En qué momento estudiaba? Llenaba las hojas de garabatos durante los horarios de clases y en su tiempo "libre" trabajaba. Imaginarlo estudiando le resultaba como un espacio en blanco en su mente.
Creemos saberlo todo, damos orden categorizando y nombrando las cosas, pero hay veces en que aquello que creemos saber nos sorprende, pasma en el inentendimiento y luego obsesiona, y precisamente en ese último punto se hallaba el joven profesor respecto del nuevo alumno que irrumpió a inicios de marzo a su clase.
Craig suspiró pesadamente antes de cerrar el salón de clases esa tarde de día martes. Su reloj de pulsera marcaba las cuatro y quince, la escuela se hallaba vacía hace más de media hora y él, prefiriendo siempre evitar las multitudes, decidió quedarse un poco más ahondando en sus pensamientos. Sintió leves pulsaciones en la cabeza y resolvió que necesitaba aire fresco. Suficiente trabajo, palabras, materia y pelirrojos por hoy.
La fresca brisa le vino de maravillas, inhalo con ganas y se dijo que la mejor decisión tomada hace mucho era la de no haber traído el auto hoy. Hacía un día estupendo para caminar, pero al dar la vuelta a la esquina se arrepintió ¿que acaso los astros se pusieron de acuerdo para tenderle una trampa? ¿cómo no podía darse el lujo de un día no pensar en él? Kyle Broflovski, apoyado contra el enorme roble que se eleva en toda su magnificencia justo en esa misma esquina que él doblo, y toparon miradas. De un simple gesto con la cabeza se hubiera zafado, pero Broflovski le observaba con fiereza, y entre sus miradas el humo del cigarrillo que se consumía entre los labios del menor.
¿En qué momento me detuve? pensó el profesor mientras se acercaba, sin darse, cuenta al alumno.
— Apague ese cigarro inmediatamente – La voz le raspó la garganta – alguien podría verle, joven Broflovski.
Kyle levantó una ceja, escéptico, tomó el objeto entre sus largos dedos y lo tiró entre ambos, dio un paso, acercándose, pisando la colilla y dejando escapar con lentitud lo que quedaba de humo en sus pulmones, sin quitar la mirada del profesor.
Mierda. El mayor no tenía duda de que jugaba con él, y que no era justo. Adrede o no, le calaba hasta los huesos todas y cada una de las acciones que su alumno volcaba en él. Se prometió no dejarse vencer ¡Por todos los dioses! ¿En qué estaba pensando? Kyle Broflovski y él se llevaban por más de cinco años ¿cuántos eran con exactitud? ¡y más encima es menor de edad! El pánico se hizo con sus nervios ¿Cuándo perdió el control y la noción de la realidad?
– De hecho, tú me haz visto. – La clara voz del menor le estremeció y tragó saliva. "Esto no está bien… no está bien"
– Sí, y debería ser más riguroso al respecto. – Sin embargo, y a pesar de todos los pensamientos que le ahogaban con mierda hasta el cogote, no podía moverse del lugar; Kyle le había clavado en el lugar con su mirada.
– Debería. – Sonrió y miró a sus zapatos, haciendo a un lado la chaqueta del uniforme para meter sus manos en los bolsillos del pantalón. Solo entonces Craig sintió que volvía a respirar. Dio unos pasos atrás, por fin en sus cinco sentidos, y cruzó los brazos en su pecho. – Pero, – levantó un dedo en el aire, con la sonrisa trucada a una de medio lado – me justifico argumentando que estamos fuera tanto del horario como del campo escolar.
– Muy astuto. – El profesor sintió una especie de corriente recorrerle el cuerpo en cuanto el alumno dio unos pasos más para acercarse a él. – Sin embargo, joven prodigio, aún llevas puesto el uniforme escolar. – Kyle se miró, los cabellos danzaron con el movimiento brusco de su cabeza, y luego al volver a clavar los ojos en los oscuros del mayor. Se levantó de hombros.
– Supongo que perdí esta vez. – Pasó de él en dirección a la calzada.
– No se trata de perder o no, Kyle. – El tono salió con cariño, casi como si se dirigiera a un hermano menor, no el suyo, claro está, pues en ese caso la entonación sería unos tonos por debajo de lo agradable. – Tu salud, y el prestigio de la escuela no son un juego. – Kyle se congelo en el lugar y miró por sobre su hombro al profesor que estaba tras él. Se giró y Craig se sorprendió: en sus ojos ardía un fuego, a pesar del esmeralda de sus iris. En ese momento debería sentirse amenazado, pero sintió cierto regocijo en su reacción. Este enojo era de verdad. Sin embargo, algo pareció ocurrírsele pues el fuego se extinguió de ellos y algo distinto se situó en ellos.
Kyle dio unos pasos en su dirección, algunos autos pasaron por la calle y los pajaritos piaron en los árboles, y antes de que hiciera algo para evitarlo sus ojos se encontraron a una cercanía peligrosa.
– ¿Sabes…? – Craig en algún minuto guardó sus manos en los bolsillos de su propio abrigo. – Ciertas cosas me quedaron rondando en la mente desde ayer, profesor Tucker.
– Si puedo ser de alguna ayuda – Kyle se sintió estremecer. La voz del profesor a esa cercanía, la posibilidad de que la situación se malentienda, sobretodo debido a que se hallaban en una calzada equis en medio de una calle cualquiera, el aroma varonil y cierto matiz a cigarrillo que expelía de su abrigo, el hecho de que se tratara de Craig Tucker y no otra persona… – estaría encantado. – Señaló el camino delante de ellos, invitándole a dar el primer paso.
El atolondrado profesor de literatura se encontró esperando el momento del término del día para verle tras el roble que se levantaba en el final de la cuadra.
A veces le encontraba apoyado observando al horizonte, con la mirada perdida y sin ver realmente, como si tratase de enfocar al infinito; otras veces leía: cosas de terror, de psicología, de filosofía, de matemáticas... pero eran muchas las veces que le pillaba leyendo cosas de matemáticas. Cuando le pidió una vez el libro, para seguir el ritmo de los pensamientos del menor, se asombró de no entender nada y le sugirió si no era mejor realizar los ejercicios para entender el contenido. Kyle se defendió afirmando que la teoría es importante, que prefería entender lo que estaba haciendo en el papel antes de realizarlo por costumbre, que necesitaba entender la base. Craig estaba fascinado ¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Por qué en este preciso momento se encontraban? y ¿Por qué en esta vida? Ya era bastante indecente que caminaran juntos la mayoría de las tardes como para guardar estos sentimientos por su alumno. Nunca me han gustado los pelirrojos ¿Por qué ahora parece todo lo contrario? Kyle confundió el silencio admirativo del profesor y comparó su libro a la etimología y la lengua proto-indoeuropea. Craig se sintió desfallecer.
Su mente era una vorágine; se entremezclaban pensamientos, sin saber dónde empezaban uno y terminaba otro, pero todos del mismo índole: estaba mal. Mal de la cabeza por pensar de esa manera de otro hombre, mal de la moral por que este hombre fuese su alumno y menor de edad, y mal del corazón porque no podía dejar de hacerlo. No era como si no lo quisiera, sino que por mucho que lo intentaba y parecía funcionar entonces la energía superior universal se burlaba desde sus aposentos y Kyle parecía aparecer de la nada con una sonrisa, o una sugestión. Prefería las sonrisas y dudas inocentes sobre materia a las sugestiones subidas de tono porque no sabía cómo responder a ellas, aunque la verdad sabía muy bien cómo, exactamente, hacerlo, pero ¡Por la santidad de las palabras! estaban en la secundaria ¡y a veces en el jodido pasillo!.
Un día, especialmente uno turbio, Craig se haya admirando la espléndida figura de sus pesadillas a unos metros más allá en el pasillo.
Los profesores solían hacer una especie de guardia para evitar los conflictos entre los estudiantes y mantener el prestigio intachable de South Park High School, y él, "afortunadamente", descubrió el perfecto modo de pasar el aburrimiento: aparte de leer el libro del día, mantener cerca del perímetro de lo que acaparaba su mirada a Kyle Broflovski.
Nota mental: uniforme pulcro, planchado y perfumado -apreciación personal-, zapatos lustrados, cabello… cabello lo más posiblemente ordenado -aunque si yo tuviera esos rizos no me molestaría en arreglarme por las mañanas, demasiado trabajo-, postura refinada, rostro angelical y de un cutis increíble -imposible para un varón de su edad-, figura estilizada -y unas perfectas, redondas y levantadas nalgas-. Escondió el rostro tras el libro, avergonzado de sus pensamientos. Suspiró. Levantó de a poco el rostro de su libro para volver a fijarse en el pelirrojo, que se apoyaba contra unos casilleros mientras hablaba animadamente con Kenneth, pero su sorpresa fue mayor ¿Ese es Stanley? ¿Cuándo? Podía asegurar que hace cinco minutos no estaba ahí ¿En qué momento? ¿Qué están hablando? Se mantuvo a su distancia, observando disimuladamente. Apreció, a su gusto, que los jóvenes parecían discutir de algo, por el rostro fruncido de Kyle y el estoicismo en el rostro de Kenny.
— No te entiendo –
– Simplemente, no te acerques demasiado – Stanley se comportaba de un modo sospechoso, con el rostro urgido. Kyle buscaba las palabras exactas para hacerle soltar la pepa.
– Si no me das argumentos convincentes, entonces no me veo en la necesidad de seguir tu consejo. Es un buen profesor y me interesa la literatura, así que no veo por qué debería mantener distancia – se miran durante unos segundos.
– Bien, tu ganas. – Kyle calma sus gestos, pero se mantiene en silencio esperando a que prosiguiera su excusa – Hace un tiempo atrás... – Stanley bajó la voz y se le acercó un poco más, Kyle sintió el fuerte perfume varonil desde su camisa abierta en los primeros botones – tuvimos un profesor de arte con el que Tucker se relacionó muy bien. – Ahora estaba interesado. Kyle miró a Kenny, pero se fijó que estaba mirando a otro lado. Algo no calzaba bien en todo esto. – Parecían buenos amigos hasta que ciertos extraños rumores empezaron a circular.
– ¿Qué tipo de rumores? – Stanley pareció tratar de buscar las palabras adecuadas con unos gestos de manos
– Ya sabes... "esos" rumores – Kyle levantó una ceja y se cruzó de brazos. Gesto corporal que usualmente indicaba que no estaba dispuesto a tranzar con la conversación. Apoyó el peso en una de sus piernas.
– Ah – Stanley se veía en cierto modo asqueado(1) y tomó el gesto de Kyle como que compartían el sentimiento – ¿Existían pruebas pertinentes sobre esos rumores?
– No lo sé – Se pasó la mano tras la cabeza – Pero de todos modos generó escándalo entre los adultos y ya sabes... algunos dicen que los vieron y de algún lado tuvo que nacer el rumor ¿no? – negó con la cabeza.
– ¿Es cierto que ustedes dos son hermanos?
– Sí – miró a un lado, derrotado – pero eso no significa que soy como él.
– ¿Literato?
– No. – No entendía por qué Kyle no parecía reaccionar a su advertencia – Me refiero a que no soy marica.
– ¿Estás diciendo que el profesor Tucker es gay?
– Sí, algo como eso. – Stan arrugó la nariz. – Así que como amigo te advierto que te alejes de él antes de que te mal influencie. – Así que Stanley creía que Craig fue el que "dio vuelta" al profesor de artes. Alguien llamó a Stanley de la lejanía– ¡Ya voy! – se dio media vuelta y a medio camino volvióse a Kyle para gritarle – ¡Mantén distancia!
Kyle sólo le vio y dejó caer ambos brazos, cansado, y miró a Kenny, que le dedicó la misma mirada de desasosiego que él llevaba en ese momento. Por un minuto lo había olvidado... toda la mierda acerca del rechazo social y lo muy mal visto que era el "ser homosexual". Por un lado le dio impotencia y por otro escuchó una voz que le decía que mandara todo a la mierda, ambos eran gays y a le valía verga el que no lo aceptara. Por un segundo dudó acerca de acercarse al profesor otra vez, pues no quería poner en riesgo su trabajo o juicio social; pero fueron más grandes las ganas de acercársele y querer luchar a su lado en contra de aquellos que consideraran abominable su condición.
El que sintiera atracción hacia los hombres no era nada fuera de lo común, porque si empezamos por ello ¿qué es lo común? si no es más que lo acordado socialmente, y lo acordado no puede ser un absoluto acerca de la realidad. Fue acordado en algún punto que estaba "mal" ¿está mal amar? si para gustos: colores... entonces ¿qué tenía de especial que él prefiriera a los hombres por sobre las mujeres? En algún punto de la historia toda la concepción de amor adoptada por los griegos se fue a la reverenda mierda. ¿Qué les quedaba?
Una cosa podía asegurar: estaba bien con él mismo.
Se dio media vuelta y se alejó de allí junto a Kenny, necesitaba silencio, irse de todo aquél momento que parecía real y no era más que una burbuja cultural demasiado estrecha.
Se alejó no sin antes cerciorarse que cierto profesor de literatura -que pretendía estar escondido- le siguiera con la mirada. Se encargaría, por los dos, de vencer estos prejuicios y estándares culturales para estar juntos ¿juntos? la palabra acudió a su mente con demasiada seguridad como para ser premeditada, y aquello no le agradó en lo absoluto.
Era un mundo cruento y agobiante. La gente que lo habitaba se preguntaba por su bienestar, por su vida, por sus etos.
Un universo infinito, lleno de posibilidades azarosas, lleno de amores fugaces y constelaciones. Un sin limite sorprendente.
— Tiene las piernas chuecas – decía un joven de no más de diecisiete años, alto, de cabello achocolatado y ojos avellana.
– Tiene buen trasero – refutaba su amigo, un chico de cabello en tinte verde, muy delgado. Lucía un arete en la oreja izquierda y un pearcing en la ceja azabache.
– Aquí están sus bebidas, caballeros. – Se acercó Bebe a la mesa, dejando dos botellas de cerveza con la tapa removida y dos vasos al costado.
– Señorita – Dijo uno de ellos, llamando la atención de la rubia – ¿Ella es nueva? – Apuntó a la chica en cuestión que acomodaba una silla más allá.
– ¿Ella? – El más alto insistió al ver que la chica corroboraba a la persona de la que hablaban. – Su nombre es Karma, y lleva más tiempo aquí que esa rocola – Apuntó con la barbilla el artefacto musical, y volvió a mirarlos vivaracha. – Ella atiende en la noche, la mayoría de las veces, y a gente más exclusiva.- Vio la decepción en sus rostros y rió - ¡Karma! -llamó a la chica, quien se volteó a verla.
Bufó molesto ¿Por qué Barbara hacía siempre ese tipo de cosas? Aún no anochecía y ya lo estaba molestando. La rocola comenzó a tocar "Come Rain Or Come Shine" de Billie Holiday, se arregló el vestido y sacudió las manos en él.
Hoy, o más bien, este mes era el de los años clásicos. En lo personal el favorito de Kyle, porque colocaban de su música preferida y usaban atuendos menos ostentosos.
El vestuario constaba de un conjunto: Arriba un crop top blanco, manga tres cuartos. Agradecía que existieran los brasiers con relleno en este momento, o se vería más plana que la tabla del bar. Abajo llevaban una falda plato de diferentes colores -la suya carmín- que partía de la cintura hasta dos dedos bajo la rodilla. Tenía zapatos bajos negros elegantes de punta redonda y calcetas negras hasta el tobillo con vueltos blancos. En el cuello le hicieron colocarse un pañuelo a juego con la falda y no podía evitar sentirse como una aeromoza. Ojalá volara bien lejos de todo esto. A pesar de todo, le gustaba que el traje fuera discreto, aunque sus piernas quedaran al descubierto. Había ondulado la peluca color caoba en las puntas; luego de días de práctica y dedos quemados, las ondas le quedaban decentes.
- ¿Qué necesitas, Bebe? -Agradecía no tener una voz varonilmente grave. La chica descompuso la sonrisa. Kyle era aburrido.
- Estos chicos querían conocerte - Le guiñó un ojo a los muchachos que tenían sonrisas en sus caras. Kyle sintió que se desgarrarían las mejillas.
- Bueno, pues ya lo hicieron ¿Necesitas algo más? Estoy ocupada - Esbozó una sonrisa gélida y leve que nadie le devolvió, posó la mirada sobre los chicos, sobre el de cabellos verdes que la miraba expectante - Fue un placer, jóvenes - Se fue.
El observado comenzó a reír por la actitud de la muchacha, mientras que su amigo parecía en shock.
- Eh… Lo siento - Bebe sintió el impulso de disculparse. - No es muy social - Vio como la otra se detenía para hablarle a Kenny, mal momento para decir aquello. - Quiero decir, es fría.
– No sé qué hacer – Kenny se detuvo a mitad de su malteada, sin despegar los labios de su pajita y observándole. Se tomó su tiempo, Kyle le devolvía la mirada con ansiedad, cuando el sorber de la pajita le señaló que no quedaba más líquido en el vaso fue cuando se irguió en su asiento y apartó el objeto a un costado, apoyando los brazos cruzados sobre la mesa.
– Vaya ¿Qué nos queda a los mortales? – Kyle rodó los ojos y bufando molesto se deja caer en el asiento frente a él. Apoyó el codo derecho sobre la mesa y el peso de su cabeza en la mano. Pestañeó con lentitud mirando más allá de los ventanales.
– Hola Kenneth – Las motas de polvo danzaban frente a sus ojos, en parsimonia, reflejados con los rayos del sol poniente. La voz de Billie Holiday se entremezcló con el dulzor de la entonada.
– Ma-Marjorine. – Se aclaró la garganta y Kyle sonrió de medio lado fijando la vista en la recién llegada.
– ¿Te puedo ofrecer algo?
– Cualquier cosa que me ofrezcas la aceptaré sin dudarlo dos veces. – Ahí estaba, esa sonrisa de playboy que hipnotizaba cual ser humano se cruzase con la endemoniada; Leopold no fue la excepción a la regla, luciendo un bonito sonrojo que acentuaban sus pequeños labios coloreados cual jugoso durazno en medio de un verano caluroso.
– Si piensan usar el camerino, procura dejar limpio, Marjo.
– ¡Karma! – La blonda se escandalizó, extendiéndose el sonrojo a todo el rostro -cuello incluido.
– ¿De verdad les permiten usar el camerino para… ya sabes? – Kenny enarcó una ceja.
– ¡Kenneth! – Se abrazó a la bandeja redonda plástica al pecho.
– Te sorprenderías. – Acercó el vaso de la malteada a sí para sopesar el contenido. – ¿Serías tan amable de traerle al caballero otra malteada como ésta? – Le sonrió a Marjorine, quien no podía con la vergüenza; su rostro en ese momento era todo un lío en tonos carmines. Parecía que echaría humo en cualquier minuto.
Kenneth fijó su atención en la adorable mesera y se deshizo en un sonrojo. Karma, al darse cuenta, bufó entretenido con la situación.
– En un minuto – Sus piernas temblaron y Kyle jaló de su brazo para sentarle a su lado antes de que perdiese la estabilidad y cayese al suelo.
– Estás mal… – Le susurró a Leo en el oído cuando cayó a su lado. Marjorine intentó esbozar una sonrisa, que flaqueó un par de veces debido a los nervios que se hacían con ella en ese momento. – ¿Cuándo piensas decirle? – Kenneth miraba hacia su derecha, tratando de bajar los colores de su rostro, pero alcanzó a escuchar una palabra de lo que mencionó Karma.
– ¿Decir qué a quién? – Levantó una ceja y Marjorine se recompuso en una respiración profunda.
– Nada importante, querido. – Le restó importancia al asunto – Por cierto, Karma, ¿Le contaste ya que Craig invitó a salir a Kyle esta noche? – Kenny y Karma abrieron los ojos en sorpresa, cada uno por sus razones. La blonda sonrió de medio lado porque la atención de Kenneth saltó a un tema diferente.
– ¿En serio? – Miró esta vez a Karma, que se deshizo en varias muecas antes de exhalar por los labios entreabiertos.
– Sí. – Se fijó a su alrededor, pero cada uno se absorbía en su propio mundo; el de fantasía, cortesía de la agradable intención del café Magnolia. – Hoy después de la escuela se me acercó y preguntó si quería ir a una especie de antro con él. – Una tímida sonrisa asomaba en sus labios. – Fue muy tierno. – Kenneth se echó hacia atrás en el asiento, cruzando los brazos contra su pecho, y con la quijada en alto, tal padre celoso. Marjorine por su lado le veía con cariño en los ojos mientras la castaña proseguía su relato – Abordó muchos y variados temas antes de preguntar, sin relación entre sí. Simplemente saltaba de uno a otro, quizás, para crear un ambiente de comodidad antes de invitarme – resopló en una pequeña risa.
– ¿y? – Quizo saber Kenny. Kyle se detuvo en medio de lo que decía porque en su mente apareció de improviso la escena y las palabras de advertencia Stanley.
– Me sugirió que invitara a unos amigos para no sentirme incómodo. – Miraba sobre el hombro de Kenny al hablar, más allá de los presentes en el café, directo a la acusación de Stanley. Cayó en la cuenta del mundo en el que vivía.
– Te seguro que incomodidad será lo último que sentirás. – Inquirió Leopold, con una ceja en alto.
– De hecho, estoy dudando si ir o no. – Aquello agarró por desprevenido a ambos rubios ¿Kyle, faltando a la invitación de un chico en que está interesado?
– ¿¡Cómo!? – Se exaltó Marjorine, a lo que Kyle jaló de su brazo nuevamente para que tomara asiento.
– Piénsalo, Marjo. – La seriedad en el rostro de Karma fue tan real que ambos amigos le observaron con atención, dudando de sus intenciones. Kenneth jamás había visto aquella expresión mesurada en el rostro de Marjorine, y se sintió aún más fascinado por la rubia. Sin embargo, Leopold estaba lejos de entender a lo que se refería su amigo vestido de chica. Kyle bufó, entendiendo el semblante plano con que le observaba Marjorine.
– Me refiero a que él es mayor.
– Eso jamás te ha detenido. – Fue la respuesta rápida de Leopold. Kenny casi se atraganta con la saliva ¿En qué momento…
– Es profesor.
– Economistas, científicos, magnates, empresarios y hasta vagos… ¡Vagos, Karma! – Enumeró la rubia con sus estilizados dedos, resaltando el último en un gesto aireado.
– Brad no es vago, Marjorine. – Se vieron retadoramente, cual dos vaqueros en medio del oeste, apunto de empezar el duelo de armas. – Es músico callejero. – Rompieron a reír ambas, llamando la atención de los cercanos.
Un espectáculo agradable a la vista y los oídos. Muchos clientes sintieron celos en ese momento de Kenneth, que no parecía, o bien no quería creerlo, entender a lo que se referían ambas. ¿Quién era él y por qué Karma y Marjorine, una el yin y la otra el yang, reían en su mesa? Kenny se dio cuenta de la atención que recibía en ese momento.
– Chicas…
– ¡Artistas, delincuentes y hasta abogados! – Dejó salir, entre risas, Marjorine.
– Olvidé la existencia de Boyett por un tiempo ¿Por qué me lo recordaste? – Se llevó las manos al rostro. – No sé en qué estaba pensando… Pero, entiendo tu punto, Marjo. – Bajó una de sus manos al hombro de la chica.
– ¿Es en serio, K? – Un apodo que adoptó Kenneth para referirse a Kyle cuando estaba en el café vestido de chica, pero no hablándole al personaje, sino que al actor. – Creía que odiabas a los abogados.
– Es más una relación de amor-odio, o mejor, de desquite. – Divertida y con una sonrisa de medio lado, Marjorine respondió observando directamente a los ojos al rubio. Karma por su lado, cruzó los brazos en su pecho y rodó los ojos.
– Me siento una cualquiera.
– Me sorprende que recién te dieras cuenta, querida – El tono irónico de Marjorine provocó a Kenneth alzar una ceja "Así que… les presento a la verdadera Marjorine".
– Basta. – Karma le empujó con cariño. Se miraron con complicidad unos segundos. –… es sólo que no estoy seguro de esto. – alzó los hombros.
– Todavía no lo capto del todo, K, ¿Qué te detiene? – Preguntó Kenneth y Karma se mordisqueó el labio inferior, perdiendo la postura erguida y curvando la espalda, derrotado.
– La sociedad.
– A la mierda con la sociedad ¿Desde cuando te ha importado? – Fue el turno de Leopold de cruzarse de brazos, olvidó, mientras pronunciaba las palabras, que estaba en el café y vestido de mujer. Olvidó sus modales, pero le valió una sonrisa de ambos. Entonces levantó un dedo a la altura del hombro y luego le apuntó, el rostro se le iluminó – ¡Ya entendí! ¡Claro que te importa!
– ¿Cómo? – Kenny arrugó el rostro en incomprensión y hasta movió la cabeza a los lados tratando de despejarse.
– ¡Él te importa! – En el frenesí del momento no se dio cuenta de que exclamó en dos tonos más agudos y las mejillas de Kyle parecieron estallar, delatándole. Kenneth comprendió también.
– Oh, ¿es por lo que dijo Stanley esta tarde? – Karma asintió mirando a la mesa.
– ¿Es verdad, ya sabes, lo del profesor de artes? – Ladeó la cabeza a un costado.
– Mmh. – Musitó afirmativamente, buscando su mirada y fracasando en el intento. Alargó una mano hacia ella pero la voz de Marjorine le cortó y bajo las manos de la mesa.
– Ya sabes lo que tienes que hacer. – Karma levantó la vista hacia ella, que le observaba con una sonrisa traviesa.
– ¿Lo sé? – Kenneth se vio igual de confundido que Kyle.
Marjorine se levantó del asiento y se estiró para alcanzar el vaso de vidrio sobre la mesa, lo balanceó frente al rostro de Karma.
– Ve por la malteada – Karma levantó una ceja, pero se levantó sin chistar, tomó el vaso de sus delgados dedos y dio media vuelta.
Marjorine se dejó caer en el asiento nuevamente y levantó una ceja, junto al dedo índice de la mano derecha
– Observa esto. – Giró el dedo a su espalda mientras ella y Kenny seguían la dirección del dígito. La rubia se afirmó del respaldo con la mano derecha y Kenny se ladeó a su costado derecho.
Karma camina hacia la barra, sin entender la conclusión de Leopold. En el camino su única atención es la barra frente a ella, pero otros no pensaban lo mismo, pues al son del contoneo de cadera muchas miradas se desviaron en dirección a Karma. Marjorine sonríe victoriosa al probar su punto y Kenny capta su idea. Cuando Kyle vuelve con la malteada de vainilla, la deja sobre la mesa y se cruza de brazos. Marjorine la toma y bebe aún sonriendo. Kyle les mira sin entender por qué ambos se ven satisfechos si él se encuentra donde mismo comenzaron y sin ninguna respuesta.
– ¿y?
– Sí que estás distraída. – suspiró Marjorine – Te creí más astuta.
– No entiendo, y me ofendes – Frunció el entrecejo
– Kyle no saldrá con Craig.
– ¿Ah, No?
– No, cariño, Karma saldrá con Craig. – El silencio se hizo entre los presentes, siendo interrumpido solamente por el sorber de la rubia al beber la malteada – El otro día, en la esquina del parque para niños, me encontré con Brad y te mandó saludos.
– ¡Ahora no es el momento, Marjorine!
Kyle podía asegurar que el corazón se le saldría del pecho por la boca si seguía latiendo con aquél frenesí, pero no podía evitar sentirse nervioso. A pesar de que su semblante se mantuviese indiferente. Observó por la ventanilla del auto, exhalando entrecortado y alisando el vestido negro de fiesta que llevaba puesto.
Cuando llegó a su casa pensó que lo de mayor dificultad esa noche sería deshacerse de la atención indeseada de su padre, pero se sorprendió al hallar la casa con las luces apagadas. Entró con cautela, y pegó un respingo en cuanto se topo con los grandes ojos de Ike; estaba frente al televisor, en medio de la oscuridad, con el volumen bajo. Le sonrió con ternura al verle enrollado en una manta y con el cuerpo recogido sobre un sillón. Para su sorpresa, y no tanto, Gerald no volvería hasta la mañana siguiente por una "junta de negocios -en un bar- que se alargó más de la cuenta"
Le informó que saldría y volvería antes de que se diera cuenta. El niño asintió y le vio con algo de pena, sin admitir que no le gustaba quedarse solo por las noches. Kyle acarició su cabello antes de subir a darse una ducha rápida; debía apresurarse para ir a arreglarse a casa de Bebe, que le acompañaría esa noche luego de que Kenneth y Leopold se negaran; Kenny porque cuida a Karen por las noches "La vida nocturna se acabó para mí" fue su sentencia que definitivamente iría en su epitafio, y Leopold bufó que su padre le había castigado nuevamente. Kyle pensaba que Stephen Stotch simplemente gustaba de joderle la vida a su hijo.
— y… ¿De dónde dijiste que se conocían? – Preguntó luego de aclararse la garganta, Clyde, el producto accesorio de Barbie alias Bárbara; aunque en ese momento les sentó de maravilla como chofer.
– Del café. – Fue la simple respuesta de Bebe, que se retocaba el maquillaje por el espejo en el asiento del copiloto. Clyde le echó una mirada rápida a Karma por el retrovisor
En cuanto llegaron al lugar, Clyde se estacionó unas calles más abajo, para evitar altercados -el auto era de su padre, quien se hallaba en el extranjero y no debía enterarse que sacó a pasear a su nena, un Pontiac Firebird convertible del 68, negro; una joya-. Ambas muchachas bajaron del auto con gracia y seguridad a pesar de encontrarse en medio de una calle fría y poco transitada. Esperaron a Clyde, que se situó entre ambas.
– Señoritas. – Le sonrieron en cuanto levanto los brazos para escoltarlas, le siguieron el juego y comenzaron a caminar. Clyde se sintió el hombre más afortunado del planeta.
A pesar de que la noche no tenía piedad de los desamparados con la baja temperatura, un par de personas se arrebolaban en las calzadas, afuera de los bares y antros, fumando, conversando, gritando y avergonzándose en estados alcoholizados alarmantes. Estaban en una calle conocida por los mismos, personas incluídas.
Kyle se refugió en el calor que expedía el brazo del chico a su lado, tratando de pensar en cualquier otra cosa, y siendo arrebatado con rapidez de su trance en cuanto entraron a un bar a su izquierda. Sobre la puerta brillaba un letrero rojo neón, pero Kyle no alcanzó a reconocer lo que leía, demasiado nervioso y preocupado por cuando se encontraran con Craig. Clyde empujó la puerta para que las chicas entraran y miró profundamente a Karma a los ojos cuando fue su turno, Kyle juró que le había reconocido, pero con Clyde no se podía estar nunca seguro.
Barbara pareció mirar a todos lados buscando alguien y Kyle se dedicó a observar a cualquier parte, queriendo evitar por todos modos buscarle a él con la mirada entre el tumulto de gente bailando.
El antro era old fashioned, tal como el café Magnolia y se sintió más tranquilo en aquél ambiente que se le hacía familiar; ambientado en los 60' con mesas entre sillones pegados al piso, bar con taburetes encuerados rojos, y la infaltable pista de baile al lado del bar y a un costado de las mesas. Una sutil nube de humo de cigarrillo flotaba por sus cabezas entremezclado con humo artificial. El lugar estaba únicamente iluminado, pero tenuemente, en el sector de las mesas y el bar. Lo único moderno de aquél lugar eran las luces de neón y los asistentes, por sus vestimentas.
– ¡Ah! – exclamó Bárbara y le vio agitar un brazo saludando a alguien a la distancia. No quería mirar, no se sentía capaz de mirar, pero de todos modos lo hizo.
Kyle sintió un vuelco en el estómago en cuanto le visualizó caminando hacia ellos, tuvo que tragar en seco porque ya no parecía más el desaliñado profesor de literatura de la preparatoria de South Park High School, con sus nudos de corbata mal hechos, sus mocasines gastados y la barba de dos días; que en ese momento le sentaba de maravillas. Ahora parecía el chico malo sacado de una película cliché con la chaqueta de cuero, la camiseta rockera, unos jeans gastados, las zapatillas deportivas y despeinado. Kyle olvidó como respirar y se espabiló, recordándose del momento en que vio a Boyett por primera vez, con su atuendo de maleante. Se lamentó de compararle con Tucker, pero si no lo hacía su mente viajaría y quién sabe cuándo se dignaría a volver.
– Hello handsome. – Canturreó melosa la chica en cuanto estuvo a una distancia prudente.
– ¿Qué hay? – Saludó Clyde.
– Hola chicos. – Karma no despegó la vista de Craig, que al parecer no le notó pues de seguro esperaba a Kyle y no a, bueno,… ella. – Supongo que, al parecer, no vendrá.– murmuró apesadumbrado, y Kyle se deleitó con su sonrisa apenada. Claro que le había escuchado.
– ¿De quién hablas? – Levantó una ceja Clyde, picarón.
– Nadie. – Bárbara rió por la tosca respuesta de Craig. Miró a Kyle y luego a Craig, que miraba a Clyde. Se aclaró la garganta.
– Craig, lamento mucho que tu cita no vaya a aparecer esta noche, pero… – le puso una mano en el hombro y el nombrado levantó una ceja, curioso. – quisiera presentarte a una amiga del café. – Hizo un pequeño giro con la muñeca, dejando la mano con la palma hacia arriba y señalando con ese gesto a la chica a su izquierda.
Entonces Craig por fin se fijó en él, o más bien, en ella y abrió los ojos a todo lo que daban ¿Sorprendido? más de lo que podría estarlo en toda su vida. Ahí estaba…
No quería creerlo ¿Era una broma?
Sin embargo, broma o no, se veía deslumbrante en su vestido de satén; negro hasta los muslos, ceñido al cuerpo, con canesú transparente luego del escote tipo corazón -con relleno en los pechos cocidos a la tela-. Por detrás, la transparencia se cortaba en v desde la cintura a la cadera, mostrando gran parte de la espalda bajo la tela traslúcida y como se abrochaba en el cuello con un pequeño botón, se aprovechó la unión con un pequeño corte ovalado para que no se sienta de que se ha abusado de la muselina en la parte posterior del vestido. Le sentaba de perfección en su estilizado cuerpo, ocultando las partes toscas masculinas y resaltando las no propias femeninas. Kyle se decidió por la peluca de siempre caoba, esta vez lacia, hasta el busto; alisó el flequillo y lo peinó recto sobre su frente, quedándole sutilmente más arriba de las cejas maquilladas castañas; también optó por un estilo de maquillaje suave, pero tras la insistencia de Bebe pintó sus pequeños y bonitos labios con un labial carmín.
Sus ojos esmeralda fulguraban en su esplendor y en cada farol nocturno pues Kyle no llevaba lentillas esa noche.
Precisamente esos ojos burlones le permitieron reconocerle, junto a aquella sonrisa irónica.
Las piernas largas y cremosas al descubierto y en sus pies tacones negro aguja con punta redonda ¿Si le dolían los pies? Claro que le dolían los pies. A cualquier ser humano presente en la tierra le dolerían los pies luego de un par de horas con semejantes tacones. Admiró la fortaleza de las mujeres, capaces de mantenerse erguidas, elegantes y con una sonrisa por ¡quien sabe cuantas horas! aguantar sendos e incómodos calzados…
– Su nombre es Karma, aunque supongo que ya se conocen. – La voz de Bebe le permitió salirse del transe en que se sumió en cuanto le analizó de arriba a abajo, pero no despegó sus ojos de la chica que secretamente era chico.
– No tienes idea… – Fue la sarcástica respuesta tosca de Craig, levantando las cejas y por fin despegándose de los orbes esmeraldas.
Kyle se acercó a paso lento y estiró su mano frente a él.
– ¿Cómo estás, darling? – Su melodiosa voz le provocó un increíble escalofrío ascender hasta su nuca.
Craig tomó la pequeña mano entre una tosca suya y la llevó a sus labios. La sonrisa de Kyle menguó en cuanto cuanto vio los profundos ojos con que le observó Craig, sutilmente dilatados y salvajes. – Ahora muy bien, Karma.
La mente de Kyle disipó toda duda y agradeció estar ahí en ese momento.
How Deep is your love – Calvin Harris & The Disciples
Su mirada le recorrió por completo. Qué peligro, que deleite. Sus labios húmedos y carnosos, sus ojos que destellaban con las luces fluorescentes. Parecía ir todo en cámara lenta para él, y ante eso no le perdía de vista.
Te deseo. Así como el moribundo desea un último halo de aire, oxígeno, vida en su cuerpo. Te deseo hasta el punto de odiarte profundamente. ¿Cómo puedes provocar mi cuerpo de esa manera? ¿Quién te crees que eres para aparecer y acaparar mi mirada? Mis manos desean deslizarse por tu cintura cada vez que te veo venir de frente, o por entre tus muslos, acariciar tu espalda cuando estás de espaldas. Mis labios desean probar cada palmo de tu cuerpo, con lentitud. ¿Cómo puedo desearte con tanto ahínco? Cuando te mueves de esa manera, siguiendo la música que estridente se hace con tu voluntad, guiándote, diciéndote qué hacer. ¡Pero de qué manera!
Cierras los ojos. Un movimiento atrevido. Tus pestañas largas, los labios entreabiertos en una nimia sonrisa. Si fueras un chocolate, ya hubiera dejado derretirte en mi boca, saboreando cada mota de cacao con delicadeza. Te imagino de tantas maneras, pero siempre conmigo. Ahora estás solo y yo te observo desde no muy lejos. ¿Dónde están tus amigos? Sé que no soy el único que te mira de esta manera. Joder, soy un puto pedófilo.
Un pervertido entre lobos. Hambrientos, sedientos. Tomo del vaso otra vez, pasando el trago amargo y frío por mi garganta, esperando que la bebida me hele un poco los pensamientos, la sangre. Cuando giro a verte nuevamente, me estás mirando. Te tocas; pasas las manos por tu cabello, por tu cuello. Diriges la atención desde el suelo, hasta mí. Desearía que sea a mí a quien realmente observas. Trato de ver disimuladamente cerca mío, a alguien. Mi corazón se acelera al no encontrar a nadie observándote con la misma fijeza. Algo me burbujea en la boca del estómago. Le echo la culpa al alcohol.
Me provocas porque sabes que no puedo ir donde tú estás y raptarte. Sabes también que tengo una debilidad por ti. ¿Me estarás poniendo a prueba, otra vez?. Tomo del vaso nuevamente.
— Hola, Craig ¿Cómo estás? – Rubio, cabellos casi electrizados. Ojos olivo, bolsas y marcas negras bajo los ojos. El leve temblor de sus manos, de su cuerpo entero por las medicinas, por la delgadez.
Mis ojos vagan al rostro de la persona que llegó a saludarme. El reconocerlo me cayó como un balde de agua fría. Abrí la boca y la cerré antes de carraspear y hablar. Tweeky
– Tweek – ¿Hace cuanto que no hablaba con él? Al menos, no en un ambiente así de fiesta, con alcohol bailando rock and roll con la cordura en mis venas. Eché un rápido vistazo a la pista, buscando a mí chico de cabellera pelirroja, claro que, vestido de mujer. No lo encontré. Comencé a preocuparme ¿Vino alguien? ¿Se lo llevo? ¿Kyle sería capaz de eso con alguien desconocido?
– Eh… ¿Craig? ¿Me puedo sentar contigo? Me sentaré de todas formas. – Tweek se adelantó, y se sentó con confianza al frente mío. ¿Estará borracho? El Tweek que conozco no llega y se sienta en cualquier parte. Se ve más maduro.
Me sonrió, y pude notar que sí estaba incómodo. ¿Dónde fue que se metieron Bebe y Clyde?
– ¿Piensas en responder a mi pregunta? Porque me estás mirando de un modo raro y me siento incómodo. Solo quiero ser amable. – Oh, Tweek.
– ¿Ah? Lo siento, en serio. No escuché lo que dijiste. ¿Cómo estás? – Se rió y me pareció encantador. Pero ya no me provocaba como antes. Al verle ahí frente a mí sentía un cariño inmenso; por los recuerdos, por los momentos, pero ya no era lo mismo…
– Estoy bien, ¿y tú? ¿Viniste con alguien? ¿Kenny? – Me conocía. Le sonreí y me eché hacia atrás en el sillón, más cómodo. No, vine con Kyle, un chico que está vestido de chica y me tiene embobado hasta las patas, y un par de tórtolos que se desapareció a la media hora.
– Sí, pero ya sabes, apenas entramos fue del tipo "tú no me conoces, yo no te conozco". –Nos sonreímos mutuamente. Sí, la química todavía existía. Alcohol, maldito alcohol. – Estoy bien, borracho. – Levanté mi vaso en modo de demostrarlo, y vi una especie de brillo en su mirada. Tomé el último trago y lo dejé sobre la mesa. Él lo tomó.
– Te traeré algo. – Le agradecí, se levantó y se fue. El chaleco que llevaba puesto era de un color muy suave, algo ceñido. Pantalones oscuros ajustados. La soltería le sienta bien. Me pregunto si seguirá siendo gay.
Encendí un cigarrillo, y al botar el humo de la primera bocanada, que es el más espeso, me fijé en unos ojos serios resplandecientes como esmeraldas frente a mí.
– ¡Estos zapatos están matándome! – Exclamó el origen de mis sueños pecaminosos, mientras se echaba sobre la mesa. Desde ahí me dedicó una mirada que me causó escalofríos. No, no era una de deseo. Era una como de felino.
Me senté derecho. Tragué saliva. Esto iba a ser incómodo. Me acabé el cigarrillo con rapidez.
– ¿Ocurre algo? – Se irguió también. Sus ojos eran escrutadores. Pestañeaba lentamente. Me pasé la lengua por los labios, y estrujé las manos.
Kyle, no sabes cuánto te deseo. Pero solo en pensar en tocarte me asusta la posibilidad de quemarme al hacerlo. ¿Cómo haces para provocarme con cada jodido movimiento?. Tu cuerpo seductivo me habla. ¿Sabes siquiera lo que se siente no poder responderle? No es que no responda porque no quiero. No debo. No, no debes, Craig. Es tu alumno. Concéntrate, espabílate.
– Aquí traje algo. Más veneno que bebida, como a ti te gusta. Eh… – El repentino tono dulce que apareció en la mesa, flaqueó al final. Mierda, mierda, oh mierda.
La intensidad de las miradas verdosas era increíble. Aún por sobre el estupor de la fiesta, las otras voces y la música, podía casi sentirse. La duda era evidente "¿Quién es?". Ambos me miraron al mismo tiempo. Tweek dejó los vasos sobre la mesa porque el temblor se hacía con sus manos.
– Em… Tweek, él –tosí– ella es Karma, una amiga de Kenny. –Pareció relajarse. Kyle alzó una ceja y torció los labios pintarrajeados.
– Tweek Tweak, un viejo amigo de Craig. –Se presentó con una sonrisa. Iluso Tweeky. –Me gusta mucho tu nombre, por cierto. – Kyle esbozó una sonrisa y se hizo a un lado. Me miró de la misma manera que lo hacía cuando estábamos en clases, y estaban todos leyendo un páramo de algún libro. Excepto él, que me miraba de ese modo, sonriendo. Como si los dos supiéramos algún secreto que debería estar prohibido y le causara una especie de gracia. Aunque en este caso sí existía esa especie de "secreto".
– Oh vaya, es raro conocer "viejos" amigos de Craig. – Levanté una ceja por el tono de voz que Kyle estaba utilizando. – ¿Qué toman? – Tomé mi vaso antes de que él siquiera lo tocara. No le iba dejar beber frente a Tweek.
– Eres menor. – Frunció el entrecejo y se cruzó de brazos sobre la mesa, de un modo bastante elegante.
– No haz cambiado nada, Craig. Todavía me acuerdo cuando le quitaba de las manos la lata cerveza a Kenny – Tweek sonreía feliz de la vida con su trago dulce entre los labios.
– ¿Ah sí? – Kyle mantenía la sonrisa. De pronto me miró de reojo. – y dime, Tweek. –Fue cortante.– ¿De dónde se conocen?.
Tweek observó a Craig con los ojos bien abiertos antes de mirar la mesa con algo de pena y revolver su trago. Sabía que Kyle se había dado cuenta. No sabía cómo reaccionar, así que mantenía mi rostro impasible. Tomé de mi vaso, y me atoré. No, no por ser apurón: Kyle deslizaba su pie por la envergadura de mi pierna. Oh no, no, no. Traté de alejarme pero el sillón pegado al suelo no me dejaba.
– De la preparatoria. –Fue la respuesta de Tweek. – ¿Estás bien? – La melodiosa risa de Kyle se hizo escuchar:
– Te pasa de borracho. – Dijo. Su pie subía de a poco. Cerré las piernas antes de que llegara más lejos. Le miré con reproche. Él me dedicó su sonrisa burlona y yo seguí tosiendo, tapando con el puño de mi mano la boca.
– Te traeré un vaso de agua – El de ojos olivos se levantó de su puesto y yo me apresuré a él.
– No, no te preocup—No seas soso, déjame ayudar en algo. –Me interrumpió. Sé que realmente quería irse luego porque se había tornado incómodo. Kyle le siguió con la mirada hasta que desapareció entre la multitud. Entonces me pateó. – Hey, tus huesudos dedos duelen. –En sus ojos ardió Troya.
– ¿Quién es él realmente? – Kyle intuitivo y analítico se dio cuenta de las respuestas generales que le dio Tweek. –Lo vi acercarse a ti hace un rato. Se sonreían. ¿Cuál es tu relación con él?
No mencionaba su nombre, pero ocupaba el adjetivo de forma tajante. Sonreí de lado.
– ¿Estás celoso? – Me crucé de brazos y encendí otro cigarro. Kyle golpeó la mesa con las palmas de las manos, medio en broma medio en serio. Se acercó por sobre la mesa y me quitó el cigarrillo de la boca. Comenzó a fumar mirando a otro lado. Todavía no me contestaba la pregunta.
Luego de un par de minutos llegó Tweek con el vaso de agua, me lo dejó en la mesa y sonrió apenado.
– Tweekers, se dio cuenta. – Ambos me miraron sorprendidos, Kyle entreabrió la boca, Tweek estaba sonrojado y con los labios apretados. Kyle se dio cuenta del sonrojo. Pude notar que comenzaba a enojarse. Las máscaras que se había colocado; Karma, Karma elegante, Karma seductora, Kyle desinteresado. Todas empezaban a caer y sólo quedaba él: Kyle. Y la mesa comenzó a tornársele sumamente interesante de algún modo. – Karma. – Me vio en un respingo. – Tweek es mi ex novio. – Me levanté de la mesa. El sonrojo de Tweek le llegaba hasta las orejas. Veía el suelo con los hombros decaídos. Me mareé. Puse una mano en su hombro y él me sonrió avergonzado. Sabía que Kyle me estaba mirando, pero no quería ver su rostro. Le di una nalgada a Tweek, que saltó. Le sonreí con gracia y él me vio enojado. – No te preocupes en acercarte a mí con confianza, Tweekers, "pasado pisado" o como mierda quieras decirle. Sin resentimientos – Él asintió. – No creas que intentaré hacerte algo, porque ya estoy interesado en alguien. –Ups, demasiada información. Miré a Kyle en cuanto dije lo último. Se sorprendió, y pude notar como los colores le subían a la cara de un modo demasiado adorable. Lo pillé bajo guardia. ¡Bah! Estoy muy borracho. Quiero orinar. –Tengan una buena noche.
...
Notas:
(1) Recordad por favor que la época en la que sitúo la historia no es una en la que la homosexualidad sea bien recibida, al menos no del modo en que lo es hoy y entre los adolescentes.
Mensaje: Muchas cosas pasaron… y no me refiero al fanfic jaja :l However, I'm back my dear bitches! No quiero ponerme a chacharear ni nada, así que me iré directo a los reviews :)
lou: Jeje… espero no cohibirme al momento de escribir tan dichosas escenas para provocar que le sangre la nariz a más de alguna ^^ Eres muy adorable, gracias por ser considerada. Respecto a tu pregunta, no sé si este capítulo te la respondió, pero de todos modos te aclaro: depende de la camarera; y no me refiero a de que si alguna tiene una deuda la paga prostituyéndose NO -el caso de Butters es distinto- sino que el gerente no se opone, pero sí les exige un pequeño porcentaje de la ganancia, si es que la hay. Demás está decir que muchas de ellas lo hicieron, o hacen. Recuerda de que Magnolia café es una cafetería por el día y desde las diez en adelante un restobar; es más popular por lo segundo que lo primero.
Espero que esto aclarare tu duda y sino, give me a -call- mp ;)
Hanna: No cariño, no voy a dejarlo. ¡Por más que el viento y la marea vayan en mi contra; por más que los más terribles monstruos se interpongan en mi camino, no dejaré de avanzar hasta llegar al final del capítulo y subirlo para ustedes! -y para mí, cuyo otp de sp es, de hecho, el Cryle lol- ¿Le puse mucho? jaja Gracias por tu amor, me hacía falta u,ú
Mitsu: ¡My sweet little deer! Gracias por leer jajasj ya te dije todo lo que tenía que decirte por interno y bueno, namás hacer públicas las gracias ji. Espero tu dibujito pronto. xoxo
Luis Carlos: Jaja… ;;; si sé que soy lenta en escribir. No todos poseen esa gran y fructuosa imaginación tuya; tus ideas fluyen solas. No sé si escribes a la velocidad de la luz o qué, pero igual es admirable la rapidez con que actualizas tus historias. Gracias por pasarte por aquí, sí… tengo que limpiar un poco el polvo acumulado, pero trato de mantener la mente funcionando.
nicky: I'm sorry! ;; wah ._.;; ¡De verdad que lo intento! usualmente sé que decir, pero en el momento en que me siento a escribirlo mi mente se pone en blanco y sólo quedan las escenas, y entonces tengo que recordar o buscar la mejor palabra para explicar lo que quiero decir y que se entienda. Describo muy muy poco el ambiente, pero trato y no me rendiré… yet.
londono: Same here… ¡oh, sweety! Tus palabras me han sentado como una agradable brisa mañanera luego de una noche de tormenta, en serio muchas gracias por ellas -no se ve por pantalla, obvio, pero sonreí con ternura- y sobre lo de tu fanfic: sería un honor. Me haces sentir más de lo que soy jaja -ohgosh, eso sonó tan edgy jajja-. No dejaré esta historia.
Okey… luego de semejantes mensajitos me siento un poco mal no contarles la razón por la que me cuesta tanto escribir esta historia y es que cuando se me ocurrió por primera vez llegó a mí en pequeños retazos de escenas que escribía en el cuaderno o libreta que llevase conmigo en el momento… y eso fue hace mucho tiempo jajaj todavía conservo las escenas escritas y cuando las releo se me aparece de nuevo el curso de la historia. El tema es, que en esos tiempos de mi vida no andaba muy bien de ánimo -ytodaesamierda- y es por eso que el Kyle de los primeros capítulos es tan distinto al de ahora -menos distante, pero no por mucho pues ya entendí mejor su esencia- y cuando lo escribo trato de buscar esos sentimientos, releer los mangas que me inspiraron y escuchar las canciones que anoté en cuanto la historia se me ocurrió y hay días y días y bueno… eso. Se me hace un poco complejo, pero me encantan los desafíos.
Si me demoré en publicar esta vez, no fue por el motivo anterior. Extrañamente, esta vez fue porque pasaron ciertas cosas que me mantuvieron alejada y pendiente de otras cosas antes que escribir; a pesar de que durante el día tengo presente ese pensamiento pululante de "escribe". Nada malo, tho :) y si les agradezco tanto por sus atenciones es porque de verdad se los agradezco jajaja ¡se me hace tan increíble pensar que esta historia tenga tan buen recibimiento por parte de alguien más! todavía no lo termino de creer y eso me hace sentir feliz, aunque no se me suben los humos a la cabeza… todavía.
Love you all
Alondra.
