CAPÍTULO 8
GUARDIANES DEL BOSQUE
Mystika: Esto es... ¡impresionante Nev! Son unicornios de verdad...
Nevra: Son realmente especiales. Tienen ciertos poderes y una extrema inteligencia. Además pueden detectar el veneno y curar heridas con su cuerno.
Mystika: Si pueden curar heridas, ¿por qué no tenéis unicornios con vosotros?
Nevra: Jaja, eso es casi imposible. Son muy reticentes al contacto, de hecho sólo pueden acercarse a ellos mujeres de corazón e intenciones puras y generalmente elfas o alguna humana incluso.
Le miré pensativa antes de volver a fijar mi vista sobre los unicornios.
Mystika: ¿Y no hay mujeres así para poder llevaros alguno?
Nevra: No creo, además, traer alguno a la ciudad sería ponerlo en peligro, podría caer en manos de alguien con malas intenciones.
Mystika: ¿Hay muchos?
Nevra: Por desgracia, no... Su cuerno es considerado tan valioso que les dan caza para arrancárselo. Pero el cuerno pierde poder progresivamente una vez lo separan de su dueño. Digamos que el poder apenas sobrevive unos días.
Mystika: ¡Pero eso es horrible! ¿Hemos venido a averiguar quién los caza?
Nevra: A ellos y los ataques a otros seres de este bosque mientras intentaban impedir que los cazaran.
Mystika: ¿Qué otros seres?
Nevra: Ninfas, gnomos, duendes,... de hecho debemos hospedarnos con Myrna, una gnomo anciana que nos proporcionará algo más de información. Vamos.
Mystika: De acuerdo.
Nos dirigimos hacia un caminito casi oculto por la densa vegetación. A lo lejos, uno de los unicornios que había estado pastando tranquilamente, alzó su formidable testa hacia mí. Su mirada emanaba pureza y sabiduría.
Nos alejamos de la cala y en media hora llegamos a un poblado en el claro del bosque. Se oían los ruidos de la naturaleza, pero ningún típico ruido de una aldea poblada.
Mystika: No se ve ni oye a nadie... ¿habremos llegado demasiado tarde?
Nevra: Mhh... Espera aquí.
Dicho esto puso su brazo ante mí como si se tratase de una barrera infranqueable. Sin hacerle caso, puse mi mano sobre la empuñadura de mi espada para estar preparada para cualquier cosa y avancé a su lado.
Mystika: ¡Ni de coña!
Nevra: Sí, vale, debería saberlo ya...
Me reí divertida mientras nos dirigíamos al que parecía el centro del pueblo, completamente desierto.
¿?: Vosotros dos debéis ser los enviados de Miiko.
Nos giramos algo sobresaltados y bajamos la cabeza para ver a una señora de baja estatura hablando con tranquilidad.
Nevra: En efecto, somos Mystika y un servidor, Nevra, jefe de la Guardia Sombra. Usted debe ser Myrna.
Myrna: Esa soy.
Primero tendió la mano a Nevra para estrechársela y luego a mí, pero cuando fui a soltarme retuvo mi mano entre las suyas y me acercó a ella.
Myrna: Querida niña... tienes el pelo de fuego y los ojos del sol.
Me pareció un piropo algo extraño, no porque viniera de una vieja gnomo a la que acababa de conocer, que también, sino por las palabras en sí. Puede que no supiera expresarse con claridad.
Mystika: ¿G-gracias?
Myrna: Bah, no era un cumplido.
Me soltó la mano dejándome cara de póker.
(¿No era un cumplido? ¿Entonces?)
Oí como Nevra se reía, pero parecía tan confundido como yo.
Myrna: Vamos niños, acompañadme a casa, podremos hablar con tranquilidad.
Mystika: Parece que toda la aldea está tranquila.
Myrna: ¡Nunca sabes lo que puede haber escondido!
Nos dirigimos hacia su casa, que se encontraba a unos metros de la plaza del centro. Al entrar sentimos un agradable olor a comida, alguna especie de potaje humeaba en un caldero al fuego, entonces me di cuenta que estaba hambrienta.
Myrna: Sentaos, debéis tener hambre. Hablaremos de lo que os trae aquí mientras comemos.
Nos sentamos a la mesa que ya tenía todo dispuesto y nos sirvió generosamente. Era un guiso de legumbres y verduras y olía realmente bien gracias a las especias.
Nevra: Myrna, ¿qué puedes decirnos de los ataques que ha habido?
Myrna: Al parecer alguien ha conseguido controlar a Anazaret, no sabemos cómo, pero sí con qué propósito.
Nevra: Atacar a los otros seres del bosque.
Myrna: Sí, en especial a los unicornios, para conseguir sus cuernos.
Nevra: Pero los unicornios son inmunes al veneno.
Myrna: Con ellos ataca cuerpo a cuerpo, por la espalda, el veneno lo reserva para los demás...
Mystika: Ehm... ¿Quién o qué es Anazaret?
Myrna: Un viejo basilisco que vive en la cueva de los lamentos. Desde hace un tiempo ha abandonado su guarida para atacar a los seres que habitamos en el bosque.
Tragué saliva con dificultad, lo que conocía de los basiliscos no era nada tranquilizador, aunque no podía saber si la realidad era igual.
Al ver mi cara, Nevra me agarró la mano para tranquilizarme.
Nevra: Tranquila, conseguiremos acabar con él.
Mystika: ¿Acabar con él?
(¿Se supone que intenta tranquilizarme?)
Myrna: Qué bien que seáis tan cercanos, porque sólo puedo ofreceros una habitación para los dos.
Mystika: ¿QUÉ?
Myrna: Vamos, id a descansar del viaje, luego seguiremos la charla.
Mystika: Pero...
Myrna: ¡Pero nada! Hay que estar bien descansado para la misión que os espera.
Prácticamente nos empujó a la habitación a pesar de su estatura.
La estancia era pequeña y sencilla, sin muchas florituras. En el medio del cuarto reinaba una cama doble aunque no demasiado grande. Total, no necesitaban tanto con su tamaño.
También había una cómoda con una pila de agua y algunas velas repartidas por cada rincón.
Me asomé a la única ventana que había, seguía sin ver a nadie por las calles, ni voces de niños jugando en la tierra, lo que daba un aspecto triste al pueblo.
Nevra: Tienen demasiado miedo para permanecer en el exterior
Nevra también se aproximó a la ventana colocándose a mi lado para mirar en la misma dirección que yo.
Mystika: ¿Cómo has sabido en lo que estaba pensando?
Nevra: Puedo leerlo en tu cara.
Mystika: No sabía que eras tan intuitivo.
(Espero que sea eso y no tenga que ver con el vínculo y me lo hayan ocultado)
Nevra: Hay muchas cosas que no sabes de mí.
Mystika: ¡Eso lo dudo! Eres como un libro abierto.
Apoyó el brazo en el marco de la ventana por encima de su cabeza. Su otra mano descansaba sobre su cintura y ladeó la cabeza mirándome sonriente. Los rayos de sol se reflejaban en su perfil y su ojo tomó un color grisáceo lavanda brillante.
No me había dado cuenta de lo realmente atractivo que podía resultar.
Nevra: Sólo muestro a los demás lo que yo quiero.
Mystika: ¿Y por qué mostrar que eres un ególatra narcisista?
Nevra: Quizás para protegerme.
Mystika: ¿De quién?
Nevra: De pervertidas como tú, por supuesto...
Mystika: ¿Que QUÉ?
Nevra comenzó a reírse a carcajadas, haciendo que se desvaneciera todo atractivo que podía haberle encontrado hacía un segundo.
Mystika: Eres un...
Nevra: Tendrías que ver tu cara, si te molesta es porque algo de verdad habrá jajaja
Mystika: Verás...
Le miré amenazante y di un paso en frente.
Nevra: ¿Qué vas a hacer gatita, arañarme la cara? Porque preferiría que me arañaras la espalda...
(¡Maldito! Sabe cómo provocarme)
Le hice la zancadilla al tiempo que le empujaba, cayendo sobre la cama. Saqué el cuchillo que guardaba en la bota, me subí sobre él y se lo puse en el cuello.
Dejó de reír, pero no borró la sonrisa socarrona de su cara.
Mystika: Mira con qué te va a arañar la gatita...
Nevra: Vale, vale, ya veo de qué eres capaz, no volveré a incomodarte.
Entrecerré los ojos, sin creerme ni una sola de sus palabras.
Nevra: Pero oye, por si acaso, estamos despiertos, ambos, ahora mismo.
Mystika: ¿Por qué dices eso?
Confundida le miré alejando el cuchillo de su cuello mientras me quedaba sentada sobre su abdomen.
Nevra: Bueno, en esta postura no me hago responsable de lo que quieras hacerme.
El color subió rápidamente a mis mejillas al darme cuenta que, desde luego, no estábamos en una postura muy adecuada.
Mystika: ¿Y la pervertida soy yo?
Nevra: No soy yo quien está encima...
Mystika: Pero tú lo haces parecer... Bah... ¡Eres idiota!
Nevra: Jaja Venga, vamos a deshacer las maletas, estaremos unos días aquí. No hay necesidad de estrenar ahora mismo la cama.
Le envié una mirada asesina antes de levantarme, poniendo rumbo a mi maleta para disponerlo todo en la cómoda.
Mystika: Oye Nev, no he visto ninguna ducha en la casa y me gustaría bañarme antes de la cena.
Nevra: Tendrás que ir al lago para eso, los habitantes de este pueblo no son demasiado pulcros, así que cuando lo necesitan, van allí.
Mystika: Vale, le pregunto a Myrna cómo llegar, tú acaba.
Nevra: No tardes mucho, debemos acostarnos pronto.
Mystika: Sí, señor.
Le contesté con una media reverencia y salí a buscar a la gnomo que se encontraba trasteando en el jardín en lo que parecía un pequeño huerto.
Mystika: Hola Myrna, me gustaría que me indicaras cómo llegar al lago.
Myrna: Claro, pero debes volver antes de ponerse la luz, es peligroso.
Mystika: Sin problema.
Me indicó el camino para llegar al lago, se encontraba a pocos minutos del poblado, aunque no había un camino muy definido para llegar. Estaba claro que no lo usaban demasiado.
Seguí fácilmente las indicaciones que me dio hasta que comencé a oír el agua de una cascada, algunas aves canturreando y relinchos a lo lejos. Me topé con un muro de lianas y cuando las aparté vi uno de los parajes más hermosos que jamás había visto. Alajea tenía razón, este bosque, este lago, eran perfectos para disfrutarlo bien acompañada. Por desgracia esa compañía que yo deseaba me evitaba y para colmo, se había besado con otra...
Suspiré pesadamente mientras me despojaba de mi ropa, que coloqué al lado de un frondoso árbol parecido a un sauce llorón, junto a un fardo con la ropa de recambio.
(Bueno Mystika, olvídate de él y disfruta del paisaje sola, no necesitas a nadie para eso)
Y no, realmente ya no necesitaba a nadie para poder ser feliz, lo aprendí hacía unos meses. Al menos no ese tipo de necesidad enfermiza y dependiente.
Pero, por desgracia, no se elige de quien te ¿enamoras? Quizás fuera una palabra demasiado fuerte, pero no tenía otra. No era una simple atracción lo que sentía por él, sino no habría tenido problema por besarme con otro.
(¡Basta! ¡Ahora en serio!)
Dispuesta a prescindir de los pensamientos negativos, me introduje poco a poco en el agua. Era nítida y cálida y el fondo brillaba como si estuviera cubierto de diamantes.
Mystika: Qué paz...
Puse la mente en blanco tras un gran suspiro mientas me iba adentrando en las aguas.
Entonces algo me sacó de mis pensamientos. Un chapoteo, relinchos.
Abrí los ojos. Un pequeño grupo de unicornios se había acercado a beber del lago y uno de ellos comenzó a meterse en el agua sin importarle mi presencia.
Era majestuoso, de un blanco reluciente. Tenía un aura que emanaba elegancia y sabiduría. Su cuerno, también blanco, lucía dorado en la punta, algo que a esa distancia no conseguía distinguir en sus compañeros.
Continué mi avance sin querer molestarle, temía que se asustara, pero ante mi asombro él también siguió avanzando hacia mí.
[NEVRA]
(Vaya, Mystika se ha dejado la toalla. Además ya se está haciendo tarde. Mejor iré a buscarla, lleva demasiado tiempo fuera y sola)
Salí de la habitación para encaminarme a la salida, pero la gnomo me interceptó.
Myrna: Joven.
Nevra: ¿Uh?
Myrna: La cena ya está casi lista, debería avisar a su amiga.
Nevra: A eso mismo iba, Myrna. Enseguida estaremos de vuelta.
Myrna: De acuerdo, volved directos y no os entretengáis.
Nevra: Sí, hasta ahora.
Puse rumbo al lago sin más dilación. Siguiendo su rastro no necesitaba indicaciones para llegar hasta allí.
(Mystika debería estar ya lista, debe haberse quedado embobada con el paisaje, le cuesta poco estar en las nubes...)
Llegué a una cortina de lianas y las aparté para abrirme paso escuchando el agua de una cascada caer.
(¡Wow! ¿Qué es eso?)
Mystika se encontraba en medio del lago de espaldas a mí, desnuda, rodeada de unicornios y uno de ellos se encontraba justo a su lado.
(¡Un momento! ¿Tiene la punta de su cuerno dorada? No puede ser...)
Sin darme cuenta había seguido avanzando y estaba tan absorto en la imagen que tenía ante mis ojos que perdí la habilidad de la discreción.
De repente, el ruido de una rama al quebrarse hizo que el unicornio levantara la cabeza sobresaltado y saliera al trote junto a sus compañeros, alejándose del lago.
Mystika: ¡No, espera!
Me giré hacia el lugar de donde provino el ruido que había espantado a los equinos.
Nevra: Lo siento... no quería asustaros.
Mystika: ¿Dónde quedó el sigilo vampírico del que tanto presumías?
Aunque usé un tono sarcástico, Nevra no se dio cuenta y parecía estar obnubilado.
Nevra: Yo... no me di cuenta, estaba...
Me miraba intensamente de arriba abajo. Entonces recordé que estaba en al agua sin prenda alguna y crucé los brazos sobre el pecho para taparme avergonzada. El agua me cubría lo justo, pero aun así también me agaché para sentirme más protegida.
Mystika: ¿Te importa?
Nevra: ¿Eh? Oh, perdona...
Dejó una toalla junto a mi ropa y se separó de ésta unos metros.
Nevra: Se te olvidó y bueno, la cena ya debe estar casi lista. Vine a buscarte.
Mystika: Ah, gracias...
Finalmente se dio la vuelta y yo me sumergí por competo. Luego salí del agua cautelosa, tapándome, pues creía que aún podía jugármela y girarse de nuevo. Por suerte fue un perfecto caballero y esperó pacientemente a que me vistiera.
Mystika: No confiaba en que me dieras la espalda todo el rato.
Ahora ya sí se giró comprendiendo que había acabado de vestirme.
Nevra: Me ofendes, soy muy respetuoso.
Mystika: Bueno...
Nevra: Sí ya, antes sólo estaba alucinando, no era mi intención espiarte.
Mystika: Y sin embargo sabías que no llevaba toalla.
Nevra: Mhh... No pensé mucho en las consecuencias.
Mystika: ¡Qué novedad!
A penas se inmutó por mi tono irónico mientras observaba como seguía con aire interrogativo.
Nevra: ¡Eh! ...Por cierto, ¿qué ha sido eso de los unicornios?
Me encogí de hombros mientras me sacaba el cabello con la toalla acercándome a él para no tener que alzar la voz al hablar.
Mystika: No sé, yo estaba bañándome y de repente se acercaron a beber y uno de ellos me acompañó un rato. ¿No era tan difícil acercarse a ellos?
Nevra: Y lo es...
Mystika: ¿Entonces?
Nevra: Vayamos a cenar y luego pensaremos en ello.
Mystika: Me parece bien.
Nos dirigimos de nuevo a casa de Myrna, que ya tenía la cena lista, así que pusimos la mesa y ella sirvió los platos. Se trataba de un estofado de carne con patatas y especias.
Myrna acabó rápido su escueto plato y se disculpó para ponerse a fregar los cacharros.
Nevra: {Esta vieja cocina muy bien, pero esto por la noche es demasiado pesado}
Nevra apartó el plato hacia el medio de la mesa para luego echarse hacia atrás con las manos en el estómago.
Mystika: {Pues a mí con hambre me entra lo que sea}
De repente Nevra comenzó a atragantarse y se golpeó el pecho para intentar desatorar su garganta mientras intentaba mantenerse en su sitio. Yo me acerqué a él y le intenté ayudar dándole entre las escápulas.
Mystika: ¿Estás bien?
Nevra: ¿Te das cuenta de las cosas que me dices?
Rio, se volvió a atragantar y tosió hasta que finalmente se calmó.
Mystika: ¿Qué?... ¡Oh vamos! {¿No puedes pensar en otra cosa?}
Nevra: {Me cuesta mucho contigo}
Mystika: Para ya.
Choqué mi hombro contra el suyo en señal de protesta y se me escapó una sonrisa sin poder evitarlo.
Aunque a veces podía resultar algo pesado e incómodo, empezaba a apreciar estos ratos con él. Ese humor pícaro que le caracteriza empezaba a gustarme, me hacía reír. Algo que no me venía nada mal en estos momentos.
(¿También esto será cosa del vínculo?)
Acabé mi plato, lo fregué y Nevra hizo lo mismo.
Myrna ya se había ido a acostar, total, poco podía hacer si estaban prácticamente recluidos en casa por el miedo.
Después me dirigí al sofá y me recosté en él, algo alejada de la escasa luz de las velas que iluminaban el salón. Nevra vino a hacerme compañía, levantó mis piernas, que descansaban sobre el sofá y se puso bajo ellas, quedando éstas en su regazo. Luego apoyó un brazo en el respaldo, sujetando su cabeza y su otra mano descansaba sobre mi rodilla. Su contacto era suave y frío, lo que provocó que la piel se me erizara.
Nevra: ¿Tienes frío?
Mystika: No, estoy bien.
Estaba segura que sabía que era su contacto el que me provocaba eso y preguntándome si tenía frío era la forma de hacerme saber que lo había notado... Siempre sabía más de lo que dejaba entrever, pero le gustaba hacerse el inocente.
Nevra me miraba fijamente, su ojo centelleaba a la luz de las velas, lo que resultaba algo intimidante e hipnótico, sentía como si pudiera mirar dentro de mis pensamientos.
Nevra: ¿Qué hiciste para que se acercara?
Mystika: ¿El unicornio? Nada. Yo sólo me metí en el agua, vinieron y ese se metió conmigo. No dije ni hice nada en especial.
Nevra: Podría ser...
Mystika: ¿Qué?
Nevra: Que te haya elegido.
Mystika: ¿Elegido, a mí?
Nevra: Bueno, esto puede que sean sólo leyendas, como te dije, apenas hay información escrita, pero es casi imposible tener contacto con ellos...
Mystika: ¡Va, no des tantos rodeos!
El vampiro me miró divertido ante mi impaciencia y prosiguió.
Nevra: Se dice que muy de tanto en tanto, una mujer de espíritu e intenciones nobles y puras consigue conectar con un unicornio. Digamos que se eligen mutuamente.
Mystika: Sí, dijiste que eso pasaba con elfas o incluso humanas, pero yo soy medio humana, bueno, menos que medio humana, hija de un íncubo y una faelienne...
En cuanto las palabras salieron de mi boca la tapé maldiciendo, Nevra no sabía nada de la historia de mi madre y mucho menos de quién era el enmascarado.
Volví mi vista hacia él con cierta culpabilidad.
Nevra: ¿¡Cómo has dicho!?
Le dirigí una sonrisa inocente que respondió con una mirada severa, incluso algo dolida.
Nevra: ¿Cómo no habías dicho nada de esto? ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Y cómo lo has averiguado?
Mystika: ¡Wow, pisa el freno! Te lo contaré todo, pero debes prometerme que no dirás absolutamente nada, por el bien de todos.
Nevra, aún molesto, me hizo un gesto para que comenzara mi relato y así lo hice. Le expliqué absolutamente todo, desde el descubrimiento de que la humana que trastornó a Ezarel era mi madre, hasta la sospecha de la verdadera identidad del que era mi padre biológico.
Nevra parecía alucinado, sobre todo cuando le expliqué lo del enmascarado. No lo conoció cuando éste era jefe de la Guardia Absenta, pero sólo saber su naturaleza hizo que se estremeciera.
Mystika: ... Pero bueno, yo no tengo ningún poder y en teoría los descendientes de los íncubos son o bien engendros del mal o seres poderosos del bando de los buenos.
Nevra: Quizás tu poder esté dormido... Has vivido como humana hasta hace poco sin conocer tu naturaleza.
Mystika: O quizás sólo soy hija de un humano y una faelienne y por eso soy tan normal.
Nevra: ¿Normal tú? ¡Ja!
Mystika: ¡Eh!
Nevra: No lo decía en el mal sentido.
Mystika: Jmhh.
Nevra: Se te apareció el oráculo y te señaló. Eso no le pasa a alguien "normal".
Mystika: No sé, yo no me siento diferente o especial.
Nevra me sonrió, no había cambiado su postura y seguía mirándome fijamente, pero ahora sus dedos dibujan pequeños círculos en mi piel. Varios escalofríos recorrieron mi espalda debido a sus caricias.
Mystika: Tengo algo de sueño, ¿vamos a dormir?
Nevra: Sí, necesitamos estar descansados para mañana.
Retiré mis piernas para liberarlo y nos levantamos y fuimos a la habitación en silencio.
Entraba algo de luz nocturna por la ventana, así que apagué las velas de inmediato.
Nevra: ¿Cómo lo hacemos?
Le miré levantando una ceja con sospecha, pues nunca sabía si hablaba en serio o con segundas.
Nevra: Jaja, ¡dormir!
Mystika: Pues nos acostamos uno a cada lado de la cama y mantenemos una distancia de seguridad.
Nevra: Me parece correcto, debemos descansar y si me acosas no será posible.
Mystika: Nev...
Puse mis brazos en jarra pero él siguió a lo suyo como si nada, pero fácilmente pude adivinar una leve sonrisa en su boca.
Empezó a quitarse la ropa con una lentitud pasmosa, colocando las prendas de forma cuidadosa sobre la cómoda
(¿En serio? No sé, ¿espera que caiga rendida a sus pies o algo?)
Nevra se quedó en ropa interior y se tumbó en la cama. Nunca le había visto con tan poca ropa y lo cierto es que tenía muy buen cuerpo, bien formado y atlético.
Me giré para ir a por mi camisón antes de que se diera cuenta que estaba escrutando cada centímetro de su piel. Por desgracia para mí noté mis mejillas algo calientes, así que intenté pensar en otra cosa.
Mystika: ¿Te importa darte la vuelta?
Nevra: ¿Recuerdas que esta tarde te he visto en el lago?
Mystika: ¿Te recuerdo que me espiabas?
Se giró hacia la ventana riendo y me cambié tan rápido como pude. Luego volví a la cama y me tumbé en el lado más cercano a la ventana. Nevra seguía girado, por lo que quedé justo en frente de él.
Él aprovechó para acercarse casi de forma imperceptible y alargando la mano hacia mi cara retiró un mechón de pelo de ella con delicadeza.
Nevra: Estás preciosa...
Mystika: Y cansada, igual que tú.
Nevra: Cierto.
Con la mano aún en mi cara, la movió para colocarla en mi nuca y yo tragué saliva con dificultad.
Entonces se acercó y besó mi frente, retirándose a pocos centímetros de distancia de mí. Yo cerré los ojos para no mirarle e intentar dormirme lo antes posible. Parecía que, finalmente, no iba a guardar la distancia de seguridad pactada.
Pero poco importaba, estaba agotada. Y a punto de quedarme completamente dormida un extraño silbido inundó la habitación.
CONTINUARÁ
