CAPÍTULO 10
RENACER
...
Unos destellos de luz molestaban en mis párpados. Se oían ruidos de aves y olía a hierba fresca.
(¿Qué es esto? ¿No estaba en la cueva? Recuerdo quedarme dormida... ¡Nevra!)
De repente abrí los ojos asustada.
Nevra: Shh, tranquila, estás a salvo.
Le miré sin articular palabra, me fallaban las fuerzas.
Había sangre en la comisura de sus labios y por toda su mejilla desde su ojo. Algunos flashbacks volvieron a mi memoria.
Al mirarme el brazo donde me hice el corte vi la bufanda de Nevra haciendo de torniquete.
Nevra: Apenas salía sangre, pero pensé que mejor tener esa herida controlada.
Mystika: ¿Qué ha pasado?
Nevra parecía totalmente incómodo y su rostro reflejaba culpabilidad.
Nevra: (Que casi te mato...)
Mystika: ¿Qué?
Nevra: No he dicho nada.
Mystika: Sí lo has hecho, te he escuchado.
Nevra: Pero yo no... (¿Será posible que me oiga?)
Mystika: Pues claro que te oigo, ¡no estoy sorda! ¿A qué juegas?
Nevra puso cara de sorpresa y se separó un poco más de mí.
Nevra: Y sin embargo no lo dije en voz alta, sólo lo pensé...
Mystika: ¿Es una broma, no?
Nevra: En absoluto.
Mystika: ¿Me has vuelto a dar tu sangre y hace ese efecto, es eso?
Nevra: No, no he podido, no cuando acabo de salvar mi vida con tu sangre. Además sigo débil, mi sangre no te hubiera valido de nada.
Mystika: ¿Entonces, por qué estoy viva y porqué esto de leerte el pensamiento?
Nevra: Lo de leer la mente es por tu sangre, es algo que no suele suceder, pero hay casos... El vínculo está sellado, tú tienes mi sangre y yo la tuya. Y sigues viva gracias a tu nuevo amigo de cuerno dorado.
Mystika: Vaya... Y ¿qué es eso de que el vínculo está "sellado"?
Nevra: Que ahora somos uno. Nuestros sentimientos serán fáciles de descifrar para el otro y además, al parecer, también nuestros pensamientos...
Empecé a marearme, todo me daba vueltas y me sentía débil. Y ciertamente no sabía bien si era por haber perdido tanta sangre o por lo que me estaba contando Nevra.
Nevra: ¿Estás bien? ¡Aghh!
Hizo un gesto de dolor al acercarse a mí, poniendo la mano sobre su abdomen.
Mystika: Tus heridas, no se cierran...
Nevra: Es por el veneno del basilisco.
Mystika: ¿Y qué podemos hacer?
Nevra: Poca cosa jeje
Tenía dibujada en la cara una sonrisa triste y abatida nada propia de él.
Mystika: ¿Qué dices? ¿Qué hay de las pociones que te dio Ezarel?
Nevra: Debieron caer en la cueva.
Mystika: Bien, quédate aquí.
Nevra me agarró del brazo con firmeza y un gesto de dolor.
Nevra: ¿A dónde crees que vas?
Mystika: ¿¡A dónde crees tú!?
Adoptó un semblante serio y algo amenazador apretando un poco más mi brazo.
Nevra: Te lo prohíbo.
Me levanté y me deshice de su agarre con facilidad.
Mystika: ¡Ja! Me gustaría ver como lo intentas.
Y allí le dejé plantado con la palabra en la boca y de nuevo me dirigí a la cueva. El basilisco estaba herido y había huido a las profundidades, tenía que poder llegar a la sala sin problemas y recuperar la bandolera que contenía las pociones y demás.
Anduve de nuevo el camino, recordando cada giro, cada pasadizo sin dificultad, los faeries convertidos en piedra,... Era extraño, solía ser algo negada para recordar los caminos, así los acabara de hacer.
Sea como fuere, en pocos minutos logré llegar a la dichosa sala. Vi en el suelo la bandolera con los remedios "de rescate". Entonces miré para todos lados y puse atención a cualquier ruido. Despejado.
Me adentré en la sala y recogí la bandolera rápidamente y cuando me disponía a volver, vi el fulgor azulado que salía de la salita contigua. Tenía que volver y ayudar a Nevra, pero algo me empujaba a entrar allí y así lo hice. Cuanto más me acercaba, más brillaba, aunque aún no se podía distinguir el qué.
Los destellos me cegaban, por lo que cubrí mis ojos con el antebrazo y seguí acercándome.
Cuando llegué hasta el origen de la luz no podía creer lo que tenía delante...
Era un trozo de cristal de un tamaño considerable, cubría toda la palma de mi mano. Lo cargué sintiendo el peso, su textura cristalizada y había dejado de brillar con tanta intensidad.
Lo guardé en la bandolera y me disponía a marchar cuando algo en las sombras llamó mi atención.
Me acerqué cautelosa con los ojos entrecerrados intentando adivinar con antelación de qué se trataba. Tenía forma ovalada. Alargué el brazo para tocarlo, era áspero y la superficie tenía un relieve escamado. Medía como un par de palmos.
Se escuchó un ruido a lo lejos y sin pensarlo dos veces agarré el objeto, lo guardé junto al trozo de cristal y me fui por donde había venido a toda prisa.
De nuevo recordé todo el camino que realicé casi corriendo y al fin llegué donde estaba Nevra.
Mystika: Nev, ya estoy aquí.
Me senté detrás de él y saqué el cristal y el otro objeto dejándolos en el suelo.
Nevra: Has tardado un poco, ¿todo bien?
Mystika: Sí, sí. Toma.
Le acerqué la bandolera y mientras él buscaba el antídoto yo me detuve a observar de cerca lo que había encontrado. Se trataba de una especie de huevo como de familiar pero mucho más grande. Sus bordes eran rugosos y, efectivamente, tenía un relieve escamado, como de reptil, y era de color rojo.
Nevra: Ah, aquí está.
Mystika: ¿Te ayudo?
Dejé el huevo en el suelo junto al fragmento de cristal y me coloqué al lado de Nevra.
Nevra: Por favor.
Me tendió un frasco con un líquido amarillo viscoso.
Mystika: Puaj.
Hice una mueca y Nevra rio con dificultad, luego se levantó la camiseta al tiempo que se tumbaba para tener un mejor acceso a las heridas.
Nevra: Debes extenderlo a lo largo de la herida.
Mystika: Vale...
Me eché la cosa esa en las manos y para mi sorpresa olía genial, a cítricos, pero al tacto seguía siendo algo asqueroso.
Esparcí poco a poco el ungüento sobre las dos grandes heridas que se extendían en su tórax y abdomen. Él contraía fuertemente los músculos cuando le tocaba y en su cara se adivinaba una mueca de dolor, por lo que dudosa, paré un momento.
Mystika: Lo siento.
Nevra: Tranquila, sigue.
Puso su mano sobre la mía para que continuara y agoté el frasco cubriendo por completo sus heridas.
Nevra cerró los ojos unos minutos, como para ayudar a recuperarse y me tendí a su lado exhausta dejando escapar un suspiro. Entonces él se giró hacia mí observándome.
Nevra: Has sido realmente valiente. Me has salvado la vida, dos veces.
Mystika: Tú también me has salvado.
Nevra: Sí... después de casi matarte...
Nevra volvió a girarse para colocarse boca arriba, contemplando la copa de los árboles, de nuevo con esa expresión de culpabilidad.
Mystika: No eras tú y paraste a tiempo y me sacaste de ahí a pesar de tus heridas.
Nevra: Eres demasiado buena.
Mystika: Bah. Ahora ya estamos en paz, ambos nos hemos salvado dos veces.
Nevra: Sí...
Miré sus heridas de nuevo, que habían tomado mejor color y estaban medio cerradas.
Mystika: Es sorprendente ver lo rápido que se curan...
Nevra: Por suerte, sino no sé cómo volveríamos hasta que me recuperase.
Mystika: Encontraría el modo.
Nevra: No me cabe duda...
Mystika: Ahora que estás mejor, ¿puedes incorporarte? ¿
Haciendo el intento logró incorporarse sin demasiada dificultad
Mystika: ¿Bien?
Nevra: Sí.
Recogí el fragmento de cristal y se lo entregué.
Nevra: ¡Por el oráculo! ¿Dónde lo has encontrado?
Mystika: ¿Recuerdas la luz de la sala donde te aparté? Pues el resplandor azul era esto.
Nevra: Claro... es increíble.
Mystika: Y eso no es todo. Mira lo que encontré oculto en las sombras.
Alcancé el huevo y se lo di.
Nevra: Guau es un huevo muy grande y... extraño.
Mystika: ¿No habías visto ninguno igual? Pensé que tú podrías decirme de qué familiar se trata.
Nevra: Pues, lo siento, es la primera vez que lo veo. Quizás Kero sepa algo o salga en los libros.
Mystika: Sí, en cuanto lleguemos le preguntaré.
Guardé de nuevo en la bandolera tanto el huevo como el fragmento de cristal y cuando Nevra hizo el amago de levantarse, me puse en pie y le ayudé.
Mystika: Aún no estás del todo bien.
Nevra: No quiero perder más tiempo aquí. Además, no es seguro.
Mystika: Apóyate en mí, yo te ayudaré.
Nevra: Tú no estás recuperada, has perdido mucha sangre.
Mystika: Técnicamente no la he perdido, tú te la has quedado... y estoy mejor.
Me miró frunciendo el ceño dolido y yo le sonreí para que entienda que hablaba en broma. Aunque, por su cara, quizás no fuera el mejor momento para bromear.
Mystika: ¿Vamos entonces?
Él asintió y comenzó a caminar cargando parte de su peso sobre mis hombros.
Hicimos el camino de vuelta en total silencio y Nevra fue recuperándose poco a poco hasta que pudo caminar sin ayuda.
Nevra: Tenemos que mandar un mensaje a Miiko. Nosotros no podemos hacer mucho más y aún no estamos en plena forma. Tendrá que enviar a un pequeño grupo para acabar la faena.
Mystika: Creo que Myrna tiene algún tipo de ave como familiar, podemos pedírselo a ella.
Nevra: Sí, a ver si está en casa.
Un par de horas después llegamos a casa de Myrna y para no variar nos la encontramos cocinando algo. El olor impregnaba toda la estancia y mi estómago rugió furioso, como si hubiera despertado de golpe.
(¿Qué hora era? Con todo lo que ha sucedido no me he dado ni cuenta de la cantidad de horas que han pasado)
Myrna: Llegáis justo a tiempo, tomad asiento.
Se giró en nuestra dirección sonriendo hasta que nos vio bien y su semblante cambió por completo.
Myrna: ¡Por los dioses! ¿Qué ha pasado?
Mystika: Hemos encontrado a Anazaret.
Myrna: Oh... bueno, comed mientras me lo explicáis todo.
Nos sentamos y colocó dos platos bien colmados delante de nosotros. Como siempre, ella se sirvió una pequeña ración. La olla seguía repleta de comida, ¡cocinaba como para todo el pueblo!
Devoré mi plato dejándolo reluciente mientras le explicaba lo que pasó en la cueva. Nevra apenas probó un par de cucharadas y retiró el plato en silencio.
Acabé mi relato y me levanté para ayudar a Myrna a recoger y luego volví a la mesa.
Mystika: ¿Estás bien? No has probado bocado.
Nevra: Estoy saciado... ¿recuerdas?
Nevra miró mi cuello y como un acto reflejo me lo toqué notando los dos pequeños orificios que dejaron sus colmillos.
Mystika: Claro...
Él desvió la mirada y se dirigió a Myrna.
Nevra: Señora, necesitamos un último favor.
Myrna: Mande.
Nevra: Hemos visto que tiene algún tipo de ave como familiar y tenemos que enviar un mensaje a Miiko para informarle sobre la misión y nuestro regreso.
Myrna: Oh, por supuesto. No tardará en llegar, Khal es un sowige muy veloz.
Nevra: Bien, muchas gracias.
Me dirigí a la habitación para empezar a guardar nuestras cosas, ocultando el cristal y el huevo de la forma más segura que pude.
Nevra estaba realmente raro, no hablaba, no bromeaba y apenas me miraba a los ojos.
(¿Aún se culpa por "casi" matarme? Es estúpido, ya le dije que no se culpara, yo no lo hacía).
Acabé de guardar las cosas, me cambié y me lavé un poco, pues partiríamos al anochecer.
Salí de la habitación y en ese momento una gran lechuza blanca entró por la ventana con unas hierbas en el pico.
Myrna: Muchas gracias Khal.
Myrna le dio una bola de pudding helado y yo me acerqué para acariciarle el vientre con el dorso de la mano, a lo que me respondió cerrando los ojos complacido.
Mystika: ¡Es precioso!
Myrna: Lo es... Khal, mis amigos necesitan que entregues un mensaje urgente, ¿crees que podrás?
Khal emitió un gruñido al tiempo que batía ligeramente las alas.
Myrna: Buen chico.
Nevra terminó de escribir el mensaje y se lo entregó a Myrna. Ella lo enrolló en una de las patas de la lechuza y le indicó cómo llegar antes de acompañarlo fuera.
Mientras esperábamos aproveché para sentarme un rato junto a Nevra.
Mystika: ¿Va todo bien? Has estado demasiado callado.
Nevra: Sí, sólo estoy algo cansado.
Mystika: Ve a echarte a la cama hasta la hora de partir, yo te despertaré.
Cómo vi que dudaba en hacerme caso se lo "ordené" con un semblante seguro y autoritario.
Nevra: ¡Ja! Aquí el jefe soy yo.
Mystika: Pero no estás en plena forma, así que me he tomado la libertad de ponerme al mando mientras te recuperas.
Le dediqué un guiño y pude ver un brillo en su ojo, que me miraba divertido por mi osadía.
Nevra: Voy a descansar, siguiendo tu CONSEJO y luego discutiremos eso de que te has puesto al mando.
Nevra se fue a descansar y yo aproveché para llevarlo todo al barco y dar una vuelta para despejarme.
(Me pregunto si volverán los días tranquilos a mi vida, sin preocupaciones, sin sobresaltos, sin sangre... Aunque ¿es eso lo que realmente quiero, una vida tranquila? Es cómodo vivir con tranquilidad, pero la adrenalina es adictiva)
Anduve por la playa descalza sintiendo el agua fría en contraste con la arena caliente.
En cuanto el sol comenzó a ponerse volví a buscar a Nevra. Entré sigilosa a la habitación, él seguía durmiendo.
Me agaché en frente de él, a la altura de su cara. Su rostro parecía tranquilo y su cuerpo estaba relajado. Las heridas habían desaparecido por completo y como recuerdo sólo quedaba su camiseta desgarrada y ensangrentada.
Acerqué mi mano a su cara y aparté un mechón de pelo que caía sobre su rostro.
Sin esperarlo, Nevra agarró mi muñeca y abrió el ojo.
Nevra: Hola.
Mystika: H-hola, ya es hora de irse.
Soltó mi muñeca asintiendo y se incorporó sin dificultad.
Mystika: Se te ve mucho mejor.
Nevra: Sí, me ha venido bien descansar.
Mystika: Deberías cambiarte la camiseta y lavarte la sangre.
Nevra: Mmm sí.
Nevra se quitó la camiseta y yo fui a por la pequeña tina de agua y un paño que estaban en la cómoda. Mojé el paño, lo escurrí y lo pasé por su pecho, retirando poco a poco toda la sangre seca.
(¿Pero qué estoy haciendo?)
Él me miró sorprendido pero se dejó hacer sin oponerse mientras me observaba.
Luego lavé los restos de su abdomen, dejé la tina en su sitio y le tendí la ropa.
Me quedé observando sin darme cuenta mientras se vestía.
Nevra: ¿Preferirías que no me lo hubiera puesto?
Mystika: ¿¡Qué?!
Sin poder evitarlo noté como mis mejillas comenzaban a tomar temperatura.
Nevra: No sé, me observabas tan atentamente...
Se acercó a mí y yo fui retrocediendo con su avance hasta que mi espalda tocó la puerta.
Nevra: (Está tan guapa cuando se ruboriza...)
Tragué saliva al escuchar sus pensamientos.
Mystika: M-mejor deja la mente en blanco.
Nevra: Perdona.
Con una leve sonrisa alargó su mano para dar con el pomo de la puerta.
Nevra: Deberíamos irnos antes de que se haga muy tarde.
Mystika: S-sí...
En seguida me giré en dirección a la puerta y en cuanto abrió me precipité fuera de la habitación con las mejillas ardiendo y me despedí de Myrna. Nevra hizo lo propio y nos dirigimos al barco en silencio.
Tenía ganas de volver, estaba exhausta tanto física como psicológicamente. Esperaba que Miiko me diera un respiro y poder pasar unos días leyendo, paseando tranquilamente o lo que fuera. Necesitaba recargar pilas.
Nevra me mandó a descansar unas horas para estar en forma para el relevo. Caí rendida en cuanto me tumbé en la cama y si tuve algún sueño no lo recordaba, estaba demasiado agotada.
Cuando desperté aún era de noche, no tenía reloj a mano, pero me sentía descansada, como si hubiera dormido al menos 8 horas.
Salí con sigilo. En cubierta corría una suave y agradable brisa fresca.
Nevra estaba sentado en el suelo frente al timón. Parecía estar en las nubes, tanto que no se percató de mi presencia, así que me agache a la altura de su oído.
Mystika: Buh.
Nevra: ¡La madre del oráculo!
Nevra dio un respingo y luego puse la mano sobre su pecho.
Mystika: Jajaja ¿estás bien?
Nevra: ¿A parte del micro infarto que acabas de provocarme, quieres decir? Sí, bien.
Mystika: Qué decepción de vampiro, ¡creí que tenías buen oído!
Nevra: Y lo tengo, pero estaba... distraído.
Mystika: Ya veo, ¿seguro que va todo bien?
Nevra: S-sí, claro.
Me sonrió de forma poco convincente, pero no le quería insistir, no deseaba presionarle y si quería decirme qué le ocurría ya lo haría en su momento.
Me senté a su lado.
Mystika: Puedo seguir yo, ve a dormir.
Nevra: No, estoy bien aquí.
Para mí asombro Nevra seguía contestando de forma fría y cortante.
Mystika: Oye, lo repetiré las veces que haga falta: no te culpes por lo que pasó en la cueva, yo no le doy importancia, no te guardo rencor ni nada por el estilo.
Él finalmente me sonrió y me empujó con el hombro.
Nevra: Lo sé, yo... ¡Eh mira! ¿Ese no es Khal?
Señaló al cielo en dirección a un ave blanca.
Mystika: Sí, parece él y va de vuelta a su casa. ¡Sí que es realmente rápido!
Nevra: ¿Quieres desayunar?
Mystika: Sí, ya me encargo.
Nevra: No, voy yo, así estiro las piernas.
Mystika: De acuerdo.
Observé a Khal alejándose. En pocos segundos desapareció de mi vista cuando el sol comenzó a despuntar en el horizonte, debía quedar una jornada entera de viaje.
Nevra: Toma, Myrna ha sido muy generosa.
Nevra me dio una pequeña hogaza de pan y un trozo de queso y luego se sentó de nuevo a mi lado.
Mystika: Gracias. ¿Tú no desayunas?
Nevra: Ehm, no, sigo sin tener hambre.
Al parecer seguía incomodándole hacer referencia a eso.
Mystika: Está bien.
El viaje transcurrió sin sorpresas, el mar permanecía en calma y estábamos en medio de la nada. Nos fuimos turnando para manejar la embarcación.
Nevra seguía sin probar bocado y estaba distante y distraído. Nada propio de él, pero como todos tenemos derecho a tener días malos, no le dije nada más y le hablé lo justo y necesario.
Al caer la noche Nevra se puso al mando del timón. Yo fui a leer algo, pues no tenía sueño, pero al rato lo dejé. Estaba demasiado abstraída para concentrarme en la lectura.
Aproveché para salir a tomar el fresco, inspirando una gran bocanada de aire. Me encantaba el olor a salitre del mar, casi tanto como el de la hierba mojada tras la lluvia.
Nevra parecía concentrado, así que acerqué a preguntarle si quería cenar poniendo una mano sobre su hombre para llamar su atención.
Mystika: Ey Nev. ¿Quieres cen...? ¿Nevra?
Éste tenía la mirada perdida y su ojo se había tornado de nuevo de color rojo. Agarró mi mano soltando una especie de gruñido y me miró fijamente Su ojo brillaba pero no parecía suyo y realmente no me miraba, me traspasaba.
Mystika: Nev, me estás asustando.
Di un paso atrás intentando alejarme pero me agarraba con fuerza y firmeza.
Mystika: M-me haces daño.
Me atrajo hacia él con una fuerza inusual, retiró el pelo de mi cuello dejando visible allí donde sus colmillos dejaron su marca y pasó un dedo por los pequeños orificios relamiéndose.
Mystika: ¡Si esto es una broma no tiene gracia!
Nevra: Shhh, ¿por qué no dejas de hablar y te pones cómoda?
Su voz sonaba extrañamente ronca.
Mystika: ¿Cómoda para qué? ¿Qué quieres de mí?
Él se limitó a soltar una risa maliciosa mientas me hacía retroceder hasta topar con el mástil. Yo no tenía por dónde huir, aunque no es que tuviera muchas oportunidades antes, siendo que estábamos en un barco en alta mar. Y sin ocasión de escapar y con la fuerza de Nevra, me sentía como un ratón acorralado por un enorme y hambriento gato.
Lo extraño es que no sentía ningún temor, mi corazón latía desbocado pero no era por el miedo, tan sólo sentía una voz interior que me gritaba: "¡PÁRALO!"
Nevra se acercaba a mi cuello y sólo podía hacer una cosa. Saqué un cuchillo que tenía en el cinturón y lo coloqué en su cuello presionando lo suficiente para que se detuviera.
Él frenó su avance y se separó sorprendido. Pestañeó varias veces como despertando de un sueño y su iris volvió a tomar su color ceniciento habitual. Mi cuchillo seguía en su garganta.
Nevra: ¿Pero qué...? ¿Qué haces?
Mystika: Que ¿qué hago? ¡Protegerme de ti!
Nevra: ¿Pero de qué hablas?
Mystika: ¿En serio? Del demonio ese que llevas dentro y quiere comerme literalmente.
Nevra pasó del asombro a la preocupación, agitando su cabeza hacia lado y lado.
Nevra: Será mejor que no te acerques mucho a mí.
Mystika: Genio, estamos en un pequeño barco en medio del mar. ¿Debo preocuparme?
Nevra: No, yo jamás te haría daño... conscientemente.
Mystika: No temo tu "yo" consciente, ese es bastante racional, me preocupa tu otro "yo".
Nevra: Ya te dije que era complicado y nada agradable. Así que mejor evitarnos lo máximo posible.
Mystika: Al menos podrías haber avisado de que te ibas a convertir en una bestia sin control.
Nevra: ¡No lo sabía!
Alzó la voz irritado, algo inusual en él y no pude evitar dar un respingo.
Nevra: Perdona, tú no tienes la culpa, pero hazme caso, por favor. No hay muchas maneras de evitar que te ataque sin querer.
Mystika: Pues habrá que encontrar el modo, una es evitándonos, pero, ¿hasta cuándo? ¿Nevra?
Nevra: ... Siempre.
Mystika: ¿Cómo siempre? ¿De por vida?
Él asintió y miró hacia otro lado incómodo.
Mystika: ¿Pero qué locura es esa? ¿Cómo voy a evitarte? Vivimos en el cuartel, compartimos comedor, misiones,... y eres mi amigo. ¿Cómo voy a poder evitarte? ¡No quiero!
Se giró hacia mí sorprendido por el estallido que tuve.
Nevra: No es suficiente.
Mystika: No entiendo.
Nevra: Ser amigos, no es suficiente para evitar lo inevitable.
Mystika: Podemos encontrar el modo, seguro que...
Nevra: Déjalo, en serio, no quiero hablar más de ello, no por el momento.
Mystika: Está bien. Por cierto, le pedí a Ezarel que encontrara el modo de deshacer el vínculo...
Un silencio incómodo se instaló entre ambos. Y entonces me puse en marcha para evitarlo como él quería.
Nevra: Ojalá encuentre el modo...
Estaba triste, podía sentirlo con claridad, también su enfado, su confusión. Ahora mismo era una maraña de sentimientos y varios de ellos contradictorios.
Me acerqué de nuevo a él, coloqué mi frente sobre la suya unos segundos sujetando su cuello con mi mano y le finalmente le di un beso en la mejilla. Acto seguido me alejé todo lo que me permitió el barco.
Sentía su mirada clavada en la nuca y como reprimía sus pensamientos para evitar que entrase en ellos.
(No sé a qué atenerme. No sé cómo ayudarle o cómo hacerle sentir mejor. Quizás alguien en el cuartel sepa darme las respuestas que él se calla)
Apenas nos dirigimos el uno al otro en toda la noche, únicamente para tomar el relevo del timón. Sorprendentemente echaba realmente de menos al Nevra pesado y ligón, no por ser unas cualidades que me agradaran especialmente, sino más bien porque el actual era triste y distante. Detestaba ver así a un amigo.
...
Los primeros rayos de sol reflejaron la costa de Eel a lo lejos... al fin.
Nos acercamos en bote a la orilla cargados con nuestras pertenencias. Allí se encontraban Kero, Leiftan y dos chicos más, en seguida reconocí a Valarian, que también pertenecía a mi guardia y a otro que no conocía de nada.
Leiftan se acercó para ayudarme a bajar y Nevra descargó el bote. Después los dos chicos subieron a él para llevarse el navío a otro lugar.
Entre los cuatro cargamos con el equipaje y nos dirigimos al interior del cuartel.
Mystika: Hay algo que quiero enseñaros a todos, ¿está Miiko en la sala del cristal?
Leiftan: Estará disponible en una hora más o menos. La avisaré junto a los demás para encontrarnos allí.
Mystika: Genial.
Cuando llegamos al interior del cuartel Nevra se dirigió a su habitación sin pronunciar palabra y Kero fue a la biblioteca.
Leiftan: Te acompaño.
Leiftan me acompañó a la habitación y dejó la maleta dentro.
Leiftan: ¿Qué le ocurre a Nevra?
Mystika: Si te digo la verdad, no lo sé realmente, aunque algo sospecho. Pero ya te contaré, voy a guardar mis cosas.
Leiftan: Claro, nos vemos luego.
Guardé las armas y la ropa que no usé y llevé a la lavandería la ropa usada. Mi traje estaba lleno de sangre mía, de Nevra y probablemente del basilisco.
Volví hacia mi habitación y giré el pomo de la puerta.
Valkyon: ¡Mystika!
Mystika: ¿Valkyon?
Me giré en dirección a la voz y sin esperármelo, Valkyon me estrechó fuertemente entre sus brazos, tanto que me cortó la respiración unos segundos.
Mystika: Auf.
Valkyon: ¡Perdona! Me dijeron que te enfrentaste a un basilisco y que estuviste a punto de morir...
Mystika: Sí bueno, no es nada, estoy bien.
Valkyon: No entiendo como Miiko os mandó solos a enfrentaros a ese monstruo.
Valkyon retiró mi pelo hacia atrás de los hombros dejando mi cuello totalmente descubierto.
Valkyon: ¿Seguro que estás bien? Tienes mala cara.
Mystika: Sí, es sólo que perdí mucha sangre.
Valkyon desvió su mirada hacia mi cuello y frunció el ceño enfadado.
Valkyon: ¿...Qué has hecho?
Mystika: ¿Qué?
Volví a colocar mi pelo sobre el cuello, con una culpabilidad algo estúpida, pues no había hecho nada malo.
Valkyon: Ya sabes de lo que hablo.
Mystika: Oh esto... El basilisco hirió a Nevra y estaba a punto de morir, no tuve otra opción.
Valkyon: Así que él estaba a punto de morir y en vez de buscar ayuda o usar alguna poción... ¡te comprometes con él!
Mystika: ¿¡QUE ME QUÉ!?
CONTINUARÁ...
