CAPÍTULO 22
EL REENCUENTRO (2ª PARTE)
Valkyon y yo recorrimos los pasadizos del laberinto de piedra buscando rastros del basilisco. Había varios de ellos, pero ninguno era demasiado reciente.
Esto de no poder hablar era algo problemático, pues no podíamos concretar con facilidad qué pasos seguir a continuación, ni comentar las impresiones o dudas y era una lata escribir mientras caminábamos. Tener a Artax aquí tampoco era opción, era demasiado peligroso para él, pues era un claro objetivo de mi padre y el basilisco.
Sentí un pequeño mareo, esperando que no tuviera nada que ver con la cantidad de oxígeno que había en estos pasillos. Miré a Valkyon, que parecía completamente normal, así que el oxígeno no parecía tener nada que ver.
La sensación se intensificó, por lo que tuve que parar para no perder el equilibrio.
Valkyon, que había continuado andando unos pasos, al darse cuenta que no seguía a su lado se giró y vino hacia mí. Al verme en ese estado cambió su expresión. Puso su mano sobre mi frente y me miró con aire reprobatorio. Volvía a tener fiebre, seguramente por no tomarme la infusión cuando debía.
Le miré de forma inocente y él negó con la cabeza rodando los ojos. Deslizó su mano hasta mí mejilla y cuando iba a retirarla yo la retuve agarrándola para que me prestara atención y gesticulé un estoy bien con los labios. Él ladeó la cabeza poco convencido y seguimos caminando con su ayuda.
Por suerte los mareos no fueron a más, de hecho iba encontrándome cada vez mejor. Al parecer, aunque tarde, la infusión comenzaba a hacer su efecto.
Al rato de seguir caminando me di cuenta que íbamos por caminos que desconocía totalmente, la otra vez no fue necesario ir tan lejos. Intenté fijarme en pequeños detalles para recordar cómo volver y entonces lo vimos, un rastro muy claro del basilisco. Casi demasiado claro a decir verdad, parecía hecho a propósito. Me daba muy mala espina pero nuestro objetivo era encontrarlo, no podíamos echarnos atrás ahora.
El rastro nos llevó hasta un pasillo muy iluminado. La luz se hizo cegadora y ambos nos cubrimos la vista con el antebrazo para poder seguir avanzando, hasta que llegamos al origen de la luz... el sol.
Estábamos fuera, al aire libre, en un lugar totalmente desconocido y algo tétrico. El rastro de Anazaret se perdía en la espesura de ese extraño bosque que nos rodeaba.
Miré a Valkyon que parecía preocupado y pensativo. No podíamos volver a la cueva y dejar escapar a nuestro objetivo, pero tampoco podíamos adentrarnos en un lugar como este sin avisar a nuestros compañeros.
Mystika: (Artax)
Hice una señal a Valkyon para que se detuviera y esperara y en pocos segundos apareció el unicornio. Me acerqué a él y acaricié su cuello a modo de saludo.
Mystika: (Hola amigo)
Valkyon se acercó, puso una mano sobre el lomo de Artax y la otra sobre mi cintura, sin duda para poder participar de la conversación
Me volteé ligeramente y elevé la vista hacia él.
Mystika: (¿Qué deberíamos hacer?)
Valkyon: (Volver o continuar... Si volvemos tendremos que venir otro día y quizás no encontremos ningún rastro o nos sorprenderán ellos a nosotros)
Mystika: (Y si lo seguimos debemos avisar a nuestros compañeros, por lo menos para que vuelvan a la aldea e informar. Podrían perderse intentando llegar a nosotros)
Valkyon: (¿Qué crees que deberíamos hacer?)
Sopesé ambas posibilidades unos segundos y lo cierto es que tenía claro como quería que terminara todo, el problema era que parecía una trampa, era como si quisieran tenernos aquí, fuera de la cueva, lejos de nuestros compañeros.
Mystika: (Yo voto por ir a buscar a Anazaret, pero no sé cómo vamos a avisar a los demás, no traemos a nuestros familiares)
Artax: (De eso puedo encargarme yo, mandaré a alguien para darles el mensaje que queráis)
Valkyon: (Listo entonces, escribiré un mensaje e iremos a por el basilisco)
Puso la mano en mi hombro y me miró con determinación antes de ponerse a escribir el mensaje. Esto se escapaba de nuestros planes y, de nuevo, volvíamos a ser dos contra el basilisco y esta vez en medio del bosque este tan extraño.
Artax llamó a una de las ninfas, que parecía no encontrarse demasiado a gusto en ese lugar y Valkyon le dio el mensaje para llevarlo a nuestros compañeros lo antes posible. Tenían orden de volver a la aldea, avisar de la situación a Miiko y aguardar noticias nuestras.
Artax: (Chicos)
Ambos nos acercamos a él y volvimos a mantener el contacto físico.
Artax: (Debéis tener cuidado, en esta región no encontraréis a muchos seres dispuestos a ayudaros)
Valkyon: (¿Región? ¿Ya no estamos en el Bosque Brillante?)
Artax: (No, esto pertenece al Reino de Isekar)
Valkyon: (Vaya, no deberíamos ni estar aquí...)
Mystika: (¿Qué ocurre?)
Valkyon: (Es un reino poco amistoso y nada afín al nuestro)
Mystika: (Entonces, ¿quieres volver?)
Valkyon: (No, debemos acabar la faena, sino volverá a la cueva y de nuevo será un problema que no sabremos cuando acabará)
Mystika: (¿Quién habita en este reino?)
Artax: (Trolls, harpías, espectros, incluso algún demonio superviviente, entre otros. Hay algún que otro aliado gracias a un antiguo tratado, pero son escasos)
Cogí aire y lo solté visiblemente molesta.
(¿Cuándo saldrían bien las cosas?)
Mystika: (Hay algo que no me huele bien...)
Valkyon: (Hemos llegado hasta aquí, si nos echamos para atrás...)
Mystika: (No, no quiero echarme para atrás, es sólo que estoy inquieta y tengo un mal presentimiento)
Valkyon: (Tranquila, lo conseguiremos)
Asentí, me aparté de Artax y comencé a dar vueltas sobre mis pasos pensativa.
Artax: (Mystika, no puedo permanecer mucho tiempo aquí pero vendré cada vez que lo necesites)
Mystika: (Gracias Artax, ten cuidado)
Se despidió de ambos y se fue galopando veloz. Mientras, nosotros continuamos el camino trazado por el paso del basilisco.
Andaba pensando en lo tonto de no comentar ciertas cosas, pues era obvio que Tristán sabía dónde nos encontrábamos, al fin y al cabo y sin atisbo de duda, ellos nos habían traído hasta aquí.
Agarré papel y lápiz y escribí una nota a Valkyon.
Deberíamos hablar con cierta normalidad sobre nuestra situación. Él sabe dónde estamos.
Él asintió dándome la razón.
Después de unas horas de caminata mi estómago comenzó a rugir.
Valkyon: ¿Paramos a comer?
Mystika: ¿Tú también tienes hambre?
Valkyon: Hace rato, de hecho.
Mystika: ¡Haberlo dicho hombre! Anda, vamos a buscar un lugar donde sentarnos.
Como era ya costumbre hablamos sobre cosas de mi mundo durante la comida, era además una forma de desconectar un poco de lo que estábamos viviendo en ese momento, de eliminar la tensión por la situación. Con un ambiente más relajado y los ánimos más distendidos sería más fácil continuar con nuestra misión.
Al acabar me tomé de nuevo otra dosis de infusión. No llevaba más, ni raciones, así que si no terminábamos antes de la noche tendríamos problemas. Por suerte no teníamos que preocuparnos del agua, pues seguíamos el cauce de un río de agua perfectamente potable.
Mystika: Valk, debemos terminar antes del anochecer. No sólo porque no tenemos donde refugiarnos, sino porque no llevamos más raciones y tampoco me queda infusión.
Valkyon: Eso es un problema... Tampoco conocemos el bosque.
Tenía razón, aunque termináramos la faena antes de la noche, no conocíamos el bosque y, por tanto, desconocíamos cómo volver a la cueva y por ende, a la aldea.
Valkyon: Recuerdo los ingredientes de la infusión, podemos buscarlos.
Mystika: Pero necesitamos fuego y un cazo para hacerla y si cae la noche, un lugar donde dormir.
Valkyon: Tranquila, antes de que llegue la noche, si no hemos vuelto encontraremos un lugar donde guarecernos.
Mystika: De acuerdo, ¿qué hay de los ingredientes?
Valkyon: A ver, se necesitaba hierba ácida, hierba silbadora y hoja de cola encantada.
Teníamos el agua para hervir y las dos clases de hierba eran fáciles de encontrar en cualquier lugar. Sólo quedaba la hoja de cola encantada, que el único lugar donde teníamos constancia de que se encontraba era en el islote que había en el mar bajo el Cuartel General.
(Esperemos que no sea el único lugar...)
Y mi temor se hizo realidad, el sol estaba bajo, anduvimos durante horas sin poder alcanzar al basilisco y, como imaginaba, tampoco encontramos la hoja en ninguno de los tantos árboles que se hallaban en ese lúgubre bosque.
Estaba agotada, pero aguanté estoicamente. Total, había cosas peores que no tener alimentos, cobijo o medicina. Seguíamos vivos, por el momento.
Valkyon: Es hora de buscar un lugar donde dormir.
Mystika: Sí, no tardará en ponerse el sol.
Valkyon observaba cada árbol que nos cruzábamos por el camino para encontrar el ingrediente que faltaba.
Puse mi mano sobre su antebrazo ante su cara de consternación.
Mystika: No te preocupes Valk, estaré bien.
Valkyon: No lo estarás si te sube la fiebre como la otra vez.
Mystika: Vamos, ya nos preocuparemos cuando pase, si es que pasa. Ya sólo me queda una dosis que tomar.
Valkyon: Jmmm...
Nos separamos un poco del trayecto que seguíamos con la esperanza de encontrar algún lugar donde cobijarnos y por suerte no pasó mucho tiempo cuando encontramos una especie de puerta en un amplio árbol, demasiado amplio para ser un árbol "normal".
Seguía sorprendiéndome con esta clase de cosas, ver una puerta en un árbol me hacía recordar los cuentos de hadas y entonces me daba cuenta de que, efectivamente, estaba en un "mundo de hadas".
Mystika: Vamos a picar.
Valkyon: No sabemos quién vive ahí, ¿crees que es buena idea?
Mystika: ¿Se te ocurre alguna mejor con la hora que es?
Valkyon: La verdad es que no...
Me encogí de hombros y fui directa a picar a la puerta.
Se oyeron ruidos dentro y unos pasos aproximarse. Instintivamente Valkyon me apartó de la puerta y llevó su mano hacia un cuchillo que llevaba en el cinturón.
La puerta se abrió lentamente y se asomó un chico que tendría mi edad.
Lucía un estilo "punk", si es que eso aplicaba en este mundo. Tenía una gran cresta negra con las puntas verdes sin peinar. Sus ojos eran de un verde brillante, tranquilos y apacibles y su piel pálida estaba cubierta de tatuajes simbólicos, todos de color violeta. Tenía incluso en sus párpados. La oreja que tenía a la vista acababa en punta y estaba adornada por varios piercings.
Sus finos labios dibujaron una sonrisa enmarcando sus pómulos y su mandíbula recta.
¿?: Buenas noches forasteros, ¿qué os trae por aquí?
Su voz era suave y tan tranquila como su mirada. Me pareció un chico realmente atrayente...
Al ver que yo no pronunciaba palabra alguna, Valkyon tomó la iniciativa.
Valkyon: Buenas noches, buscamos cobijo, estamos lejos de nuestro alojamiento, no nos queda comida y mi compañera necesita una medicina.
¿?: ¿Sois de la Guardia de Eel?
Valkyon dudó si contestar y yo aún estaba algo atontada por su presencia.
(El chico no es para tanto, ¿por qué me ha dejado sin palabras?)
¿?: Tranquilos, soy de los pocos buenos aquí.
Amplió su sonrisa mostrando sus blancos dientes y un gracioso hoyuelo en su mejilla.
Valkyon: ... Soy Valkyon, jefe de la Guardia Obsidiana y ella es Mystika, mi compañera de guardia.
¿?: Yo soy Kiartan, el guardián de este sector del bosque. Será todo un placer acogeros, sed bienvenidos.
Mystika: Hola...
Kiartan: Mystika, ¿eh? ¿Qué medicina necesitas? Quizás pueda ayudarte. Pasad, por favor.
El chico se hizo a un lado para dejarnos pasar y en cuanto crucé la puerta me di cuenta de que el espacio era aún mayor de lo que parecía.
Mystika: Ehm... pues tengo que hacer una infusión y me falta por conseguir hoja de cola encantada.
Kiartan: Vaya, estás de suerte, yo tengo algunas.
Mystika: Bien, te pagaré por ella.
Kiartan: Claro que no, es un placer ayudarte. Dame lo que tienes, yo la prepararé.
Le di las hierbas y le observé detenidamente mientras preparaba la infusión.
Iba vestido de forma "humilde", con una camisa beige de una tela como de saco, aunque parecía menos tosca, pantalones marrones sencillos y un chaleco verde que parecía hecho de hojas frescas.
Mystika: ¿Qué eres?
Kiartan: Jaja vaya, eres muy directa... Dejaré que lo adivines tú sola y si no lo descubres antes de partir, nunca lo sabrás.
Mystika: Entonces sólo tengo que nombrar todas las especies que conozco.
Kiartan: No, te daré tres oportunidades y sólo una pista: soy faelienne.
Mystika: Así que también tienes parte humana como nosotros.
Kiartan: ¿Ambos sois mestizos?
Asentí y miré hacia Valkyon, que estaba sentado en la mesa escribiendo algo en su libreta.
Kiartan: Bueno, cuando quieras.
Se giró hacia mí, me sonrió desafiante y me dio un repaso de arriba abajo sin ningún disimulo.
(¡Qué descaro, no se corta!)
Tenía intención de cruzar mis brazos sobre el pecho para detener su escrutinio, pero en vez de eso me erguí más y acomodé mi pelo con una mano.
(Pero... ¡qué coño! ¡Eso no era lo que quería hacer! ¿Qué me pasa? ¿Tan necesitada estoy que hasta mi cuerpo va por libre?)
Valkyon parecía molesto y podía notar su total desconfianza hacia nuestro anfitrión.
Paseé mi vista por el lugar para escapar de la perturbadora e intensa mirada de Kiartan y él continuó con la preparación de la infusión. La cocina estaba llena de botes con elementos alquímicos de muchos tipos y parecía desenvolverse bien entre ellos. Sin contar la forma de sus orejas.
Mystika: ¿Medio elfo?
Kiartan: Jajaja no, gracias a los dioses no tengo sangre élfica en mí.
Mystika: ¿Gracias a los dioses? ¿No te gustan?
Kiartan: No demasiado, son muy creídos, se creen superiores a la mayoría de seres.
Mystika: Puede ser, aunque quizás es cuestión de conocerlos.
Kiartan: Quizás.
Kiartan acabó de preparar la infusión y la apartó del fuego. Luego se apoyó en la encimera mirándome fijamente.
Kiartan: ¿Y tú qué eres?
Mystika: No tengo ni idea...
Kiartan: Mmh veamos.
Con una mano en su barbilla se acercó sin dejar de mirarme de forma penetrante hasta quedar a pocos centímetros de mi cara. Sentí como mis mejillas subían de temperatura y mi corazón se aceleraba por los nervios.
(¿Es necesario acercarse tanto?)
Comenzó a dar vueltas a mi alrededor manteniendo la poca distancia, hasta ponerse de nuevo delante. No necesitaba elevar mucho la vista, era unos pocos centímetros más alto que yo.
Agarró un mechón de mi pelo y lo acercó a su cara sin dejar de mantener el contacto visual.
Kiartan: Muy interesante...
Mystika: ¿E-el qué?
Kiartan: No consigo adivinar qué sangre tienes.
Mystika: Vaya...
Kiartan: Pero seguro que lo descubres tarde o temprano.
Antes de poder continuar la conversación vi una sombra detrás de Kiartan. Elevé la vista y me encontré con la mirada de Valkyon. Había dejado de escribir y ahora se encontraba detrás del chico con los brazos cruzados y cara de pocos amigos.
Valkyon: Debería tomar la infusión antes de que vuelva a subirle la fiebre.
Kiartan sonrió sin dejar de mirarme, ignorando la presencia de Valkyon por completo.
Kiartan: Cierto, deberías tomártela ya.
Fue a poner la bebida en un vaso aún sin prestar atención alguna a Valkyon al pasar por su lado.
Valkyon: {Ten cuidado, hay algo en él que no me gusta}
(Sí, como con todo chico que se acerca a mí...)
Kiartan me acercó el vaso y cuando lo agarré, él puso sus manos sobre las mías.
Kiartan: He puesto un potenciador para que haga mayor efecto y éste sea más duradero.
Mystika: Gracias.
Me guiñó el ojo mientras se relamía los labios y me soltó.
Me tomé mi infusión observando a Kiartan preparar la cena, acercándome a la cocina para poder ver qué era lo que estaba cocinando.
Kiartan: Siento no poder ofreceros carne, soy vegetariano.
Mystika: No hay problema.
Una vez hecha la cena la sirvió y preparó tres jarras de cerveza.
Kiartan: Probadla, la hago yo mismo.
Mystika: Yo sólo daré un sorbo si no te importa, no quiero beber alcohol hasta no estar bien del todo.
Me pareció ver cómo fruncía el ceño molesto durante un segundo, pero en seguida dibujó una afable y comprensiva sonrisa.
Tanto la cerveza como la comida estaban muy buenas, el chico tenía talento y sentí no estar lo suficientemente bien como para poder tomarme mi jarra y repetir.
Cuando acabamos Kiartan se ocupó de recoger y limpiar y me "prohibió" ayudarle, así que me quedé en la mesa. Valkyon de nuevo se puso a escribir hasta que vi como se le cerraban los ojos, llevó sus dedos al puente nasal como si eso pudiera despejarle y mantenerle despierto, pero no funcionó.
Cogí la libreta y el lápiz de sus manos y los aparté.
Mystika: ¿Por qué no descansas?
Valkyon: ¿Y tú?
Mystika: Ya sabes que no necesito tantas horas de sueño.
Valkyon: No me gusta la idea de dejarte a solas con él.
Mystika: No estaré sola, sigues tú aquí.
Así que me dirigí a donde se encontraba Kiartan para preguntarle dónde podía descansar Valkyon.
Kiartan: Tengo una habitación de invitados, seguidme.
Le seguimos hasta una habitación con una gran cama. Noté un aroma que reconocía, aunque no atinaba a recordar de qué, seguramente se trataría de alguna flor o planta que había en la ciudad de Eel, o quizás el perfume de alguien conocido.
Mystika: ¿Tienes muchas visitas aquí perdido en el bosque?
Kiartan: Pues algún familiar que viene de visita de vez en cuando.
Kiartan volvió a la cocina y Valkyon se quitó la armadura y el chaleco y se metió en la cama. Antes de poder irme, él me retuvo agarrando mi mano.
Valkyon: Ten cuidado... y no te acuestes tarde.
Mystika: Jaja sí papi, estaré durmiendo antes de las 12.
Emitió un gracioso gruñido y se quedó profundamente dormido.
Yo salí cerrando la puerta y de nuevo me acerqué a la cocina a ver qué hacía Kiartan. Total, tampoco había mucho que hacer aquí.
Kiartan: Dime Mystika, supongo que conocerás la aurora boreal, ¿no?
Mystika: Cómo no.
Kiartan: ¿Te gustaría verla?
Mystika: ¿Cómo? ¿Aquí?
Kiartan: ¡Sí! Es algo muy parecido y aparece algunas noches y hoy es una de ellas.
Mystika: Mhh no sé... no quiero dejar solo a Valkyon y este bosque me da algo de respeto.
Kiartan: Vamos, tu jefe estará bien y no hay nadie que conozca mejor este bosque que yo.
Mi sentido común me decía que hiciera caso a Valkyon y no me fiara de él, pero algo me empujaba a seguirle. Me sentía como una adolescente a punto de escaparse de casa. Me mordí el labio inferior nerviosa por lo que iba a hacer a continuación.
Mystika: Bueno, pero volvemos rápido.
Kiartan: Estaremos el rato que desees.
Abrió la puerta, se apartó y me hizo un gesto para que pasara primero.
Kiartan: Las damas primero.
Mystika: No soy ninguna dama.
Kiartan: Ni yo un caballero...
Usó un tono pícaro acompañado de una suave risa que me desestabilizó un poco.
Al pasar por la puerta puso su mano en la parte baja de mi espalda para acompañarme y una descarga recorrió ni columna y se alojó en la base del cráneo dejando una sensación de hormigueo.
(Acabo de conocer a este chico y ya me provoca estas sensaciones... Debo tener las hormonas revolucionadas, ¡esto no es normal! Y supongo que la frustración que siento no ayuda nada...)
Kiartan: ¿En qué piensas?
Mystika: ¿Eh? Oh, en nada, cosas mías.
De nuevo noté mis mejillas arder, pero por suerte estaba lo suficientemente oscuro para que no se diera cuenta. Entonces Kiartan agarró mi mano.
(¡Qué diablos hace!)
Kiartan: Sígueme, hay zonas poco seguras en el camino, pero yo lo conozco incluso a oscuras.
Mystika: Vale...
Me dejé llevar como una niña pequeña mientras en mi cabeza había una batalla interna entre la necesidad de seguirle y la desconfianza, quizás sólo infundada por el instinto protector de mi jefe.
Kiartan: Tu jefe parece preocuparse mucho por ti.
Mystika: Sí, se toma muy en serio su cargo.
Kiartan: Ya, su cargo... ¿Sois sólo jefe y subordinada?
Mystika: No, también somos amigos.
Kiartan: Bien, entonces será que tal preocupación también tiene que ver con eso.
Mystika: Supongo.
Estábamos subiendo una colina y aunque había luna llena, los árboles impedían penetrar cualquier rayo de luz, así que sólo tenía la mano de ese misterioso chico para guiarme por el sendero.
Kiartan: ¿Tienes frío? En esta zona suele refrescar y hay bastante humedad.
Mystika: No, estoy genial.
(Y además su mano desprende bastante calor...)
Al rato llegamos a la cumbre, donde había un gran árbol algo torcido hacia atrás coronando la cima en solitario. Parte de su tronco estaba envuelto por unas enredaderas. Nos acercamos a él y yo seguía sin ver nada de especial.
Kiartan: Gírate.
Me puso una mano en la cintura para hacerme girar y entonces lo vi.
Mystika: Guau...es...
En el cielo se dibujaban líneas ondulantes de color morado y azul, parecían indicar el camino hacia algún lugar, como si señalaran el origen del fenómeno. A su paso las estrellas desaparecían debido al resplandor de las ondas.
Debía parecer una boba mirando el cielo con la boca abierta.
Kiartan: ¿Te gusta?
Mystika: Me encanta, gracias por haberme traído.
Kiartan: Ha sido un verdadero placer...
Kiartan seguía teniendo su mano en mi cintura, lo que aprovechó para llevarme hasta el árbol.
Kiartan: Ven, apóyate.
Le obedecí sin pensarlo, como si cualquier cosa que hiciera o dijera fuera la única y mejor opción. Me apoyé con la espalda contra el tronco y él hizo lo propio con su brazo, girado hacia mí.
Seguí mirando hacia esa especie de aurora boreal para no tener que enfrentarme a su mirada, podía sentirla sobre mí y me turbaba demasiado, era realmente intensa. Y como si leyera mis pensamientos puso un dedo en mi mentón y me hizo girar la cara hacia él. Yo simplemente le dejé hacer sin oponer ninguna resistencia.
Sus ojos verdes parecían emitir destellos y me miraban tan profundamente que hasta mareaba. Acercó su cara a la mía, tanto que hasta podía sentir su aliento contra mi piel. Entonces cogió un mechón de mi pelo y comenzó a juguetear con él entre sus dedos.
Kiartan: Apuesto a que este cabello es herencia de tu madre, ¿me equivoco?
Sólo acerté a negar con la cabeza, no conseguía hacer salir las palabras teniendo su boca tan cerca de la mía.
Soltó mi pelo y llevó su dedo índice a mi cara comenzando un recorrido desde mi mejilla a mis labios, que acarició con delicadeza. Se me puso la piel de gallina, sus ojos me tenían atrapada y ni con esas pude apartarle.
Kiartan: Y los labios seguro que también... Tu madre debe ser una mujer muy guapa.
(¿Pero qué diablos está haciendo? Nos acabamos de conocer... y ¿qué hago yo parada como una estatua?)
Kiartan: Los ojos seguro que serán como los de tu padre... ¿He acertado?
Mystika: Sí...
Kiartan: ¿Tienes frío? Tienes la piel erizada.
Mystika: No, estoy bien.
Kiartan: Yo si tengo algo de frío.
Kiartan se apartó de mí y sentí poder volver a respirar con normalidad. Fue hacia lo que yo pensaba que eran unas enredaderas hasta que las agarró, descubriendo así una capa hecha de hojas similar a su chaleco.
Kiartan: Sí, tus ojos son como los de tu padre, pero... Les falta "algo", o quizás les sobra, según se mire.
Mystika: ¿Qué? ¿Q-qué quieres decir con eso?
Kiartan: Jajaja tus ojos aún muestran la bondad humana, esa es la gran diferencia con los de tu padre... Pero eso se puede cambiar.
(¿Qué está diciendo? Habla como si supiera realmente acerca de mi padre... Y esa extraña capa ya la he visto antes... No, no puede ser...)
Sentí como si una espesa nube desapareciera de repente de mi mente.
Mystika: ¡TÚ!
CONTINUARÁ
