Sé que debería poner punto final a la casi totalidad de mis fics, sobre todo porque ya llevo años, en algunos casos, con ellos (mención especial a "El Oso que amaba la Miel"). Pero lamentablemente noviembre me trajo una mala racha de salud, y aunque ya estoy mucho mejor, aun me es un poco difícil poder estar metida de largo con mis escritos. Apelo a su comprensión, y cariño por mis textos. Los voy a terminar, no en el 2017 como hubiese querido, pero espero lograr que la espera haya valido la pena.
Por estos momentos de dificultad, me fue imposible hacer algo especial para el primer aniversario de publicación de mi novela original "La Edad Engañosa", y fue un poco triste y frustrante pasarme esa fecha en cama. Sin embargo, a mediados de noviembre, recibí el que es uno de los regalos más hermosos que alguien le puede hacer a un autor.
Como fanfickers, nosotros mostramos el amor por los originales que nos agradan, creando continuaciones, adaptaciones, precuelas, etc, que son una manera de extender el maravilloso trabajo de su autor original...
A mediados de noviembre, la incomparable Tessa23, madre de las joyas literarias "Make my own history" y "Create our history" me honró con un tesoro que nunca voy a poder retribuirle en toda la dimensión real de su belleza: Le regaló a mis personajes principales una maravillosa continuación, y aunque no podré comparar nunca su talento literario, le dedico este capítulo como una muestra de mi infinita gratitud y cariño hacia ella y sus trabajos.
Perdonarán que me haya atrevido a incluir a los personajes originales de mi novela, pero Tessy los ama, y por ella, y porque los extraño, en este fic tendrán un lugarcito por el cual colarse...
Espero que les guste, y que tú, pequeña, te quedes con ese gustillo por más al que mutuamente estamos acostumbradas al compartir nuestras ideas n.n
¡Que lo disfruten!
Sin deseos
Podía sentir la mirada de Yurio en su nuca, pero decidió ignorarlo. En realidad, podía sentir la mirada de todos a su espalda, y honestamente, empezaba a ser incómodo. Sí, ser una estrella del patinaje le había otorgado cierta, hem, inmunidad, sobre algo tan mundano como el exigirse ser paciente con los fans, pero ellos no lo eran.
Así que, suspirando con hastío, y aprovechando que Yakov se había ido un par de horas a hacer unas diligencias en la federación, dejándolo a cargo (muy a su pesar), alzó la mano, y los llamó a todos los ahí presentes. Entiéndase, Georgi, Mila, Otabek, y Yurio. El resto de patinadores que no tenían la dicha de ser parte del círculo amical del grupo, se resignó a seguir patinando.
- Tienen cinco minutos para saciar su curiosidad o decirme qué rayos les pasa –lo cual ocasionó que todos hablasen a la vez- Wow! A ver, a ver, si no habla uno por vez, regresaremos al entrenamiento, y no les gustará sentirse como Yuuri…
- Pues es obvio, idiota, que queremos saber sobre él –Victor se apretó el puente de la nariz.
- No vino, y no vendrá hoy. Está indispuesto –Mila lo miró fijamente, entrecerrando sus ojos- Y no, no le he hecho nada… Bueno, no es que me hayan faltado ganas, pero
- Anoche te dejamos en el departamento, y tú, dos horas después, publicaste una foto en Instagram mencionando que estabas rumbo a su departamento –asintió al comentario cauteloso de Otabek- ¿Se amistaron, no hubo problemas con lo de la señorita Sveta?
- Al contrario. Yuuri se sinceró en muchos aspectos, por lo que, por cierto, luego con calma, ustedes y yo debemos coordinar nuestros pasos a seguir –todos asintieron- Dudo que cambie su idea de seguir una lista –Yurio renegó, maldiciendo al japonés-, pero me parece que algo ha cambiado desde anoche, gracias a Chris y… Laryssa –todos lo miraron asustados.
- ¿Esa harpía se acercó a él? –Georgi lucía indignado.
- Sí. Y no tienen idea de qué manera –apretó los puños, casi contando todo con esa simple expresión corporal y logrando que los otros se viesen igual de mortificados- Pero ya me medio imaginaba que algo como eso ocurriría, así que la odio doblemente… Lo que me ha enfadado por completo es saber que todo esto, de una u otra manera, fue propiciado por Chris –Yurio abrió los ojos y la boca, ofendido.
- Maldito suizo de porquería. Te lo dije, ese cerdo confiado y estúpido…
- Felizmente no pasó a mayores, ¿verdad? –Mila recibió un asentimiento que la tranquilizó- Me alegra mucho saberlo… Pero si ustedes están bien, como puedo notar –señaló pícara una notoria marca roja en el cuello de Victor, ruborizándolo, y haciendo que sonriese enamorado- ¿Por qué no vino hoy? No me digas que fuiste muy duro… -las arcadas de Yurio fueron muy elocuentes.
- Como te dije, no llegamos a algo completo… Sé que él aun no lo entiende desde mi punto de vista, y que probablemente esté nuevamente pensando cosas tontas, pero acordamos que conversaremos a detalle en la noche. Hoy, al menos, me pidió no vernos, y lo he comprendido –Otabek frunció el ceño al oírlo.
- ¿No crees que llegar a ese punto habría hecho que recuperase la confianza…?
- Sí, lo creo. Pero Yuuri está haciendo todo esto porque no se encuentra del todo convencido de algo, y yo necesito convencerlo, antes de que compartamos algo tan especial y termine no disfrutándolo creyendo que lo comparo con cualquier otra persona… Sé que Sveta estará hoy con él, me lo dijeron ambos –los miró, tranquilo- Confío en ella, es mi amiga, Yurio –agregó, notando la desconfianza del rubio.
- También confiabas en ese suizo, y de seguro intentó forzarlo –no pudo ni mirarlo a los ojos- Chst… Yo que tú ya le habría cortado lo que le sobra.
- De alguna manera le haré pagar, solo, sin forzar nada, ni meter a Yuuri en más líos con esos dos. Sé que lo haré bien… ¿Pueden confiar en Yuuri y en mí, por favor? –de alguna manera, los cuatro se sintieron ante una nueva versión de Victor, una muy… japonesa, cuando los miró a todos, con una expresión que parecía en verdad suplicar su voto de confianza.
- …solo no tardes mucho en convencerlo –Georgi habló firme- Yuuri y tú no pueden sobrevivir alejados el uno del otro. Pero todas las especies se adaptan al nuevo medio, Víctor. Y recuerda que Yuuri es un superviviente.
-.-
Yuuri movía las rodillas sin poder evitarlo, nervioso, un tanto aterrado, pero dado que Sveta le había pedido que la esperase en esa salita, no pudo negarse. Era un restaurante muy exclusivo, y fino, y aunque Víctor, quien había sido informado por ella sobre el lugar al que irían, le había dejado un muy apropiado conjunto para presumirlo indirectamente, se sentía un tanto fuera de lugar… Más porque además de las personas a las que ya había conocido por Whatsapp, Facebook, celular y correo electrónico, Sveta iba a presentarle a dos sudamericanos… Dos sudamericanos de los que no tenía mayor referencia que el saber que uno de ellos no había sido incluido en su lista original...
Si hacía cuentas, de los diez nombres, conocía ya de antemano a cuatro personas: Christopher, Mila, Sveta y Laryssa. Le quedaban por conocer solo seis, y bueno, el caso adicional que tendría el honor de descubrir en ese momento…
Caso, sin lugar a dudas, que había sumido a Yuuri en un nuevo mar de inseguridad, porque, ¿no se suponía que Chris era el único hombre en la lista? Cuando se lo medio había echado en cara a Victor, por mensajes, su adorable novio había enviado la foto del beso más cursi de toda su galería, con el pie de foto "Ya descubrirás por ti mismo qué fuimos".
A veces en verdad deseaba matar a su prometido, por ser tan perfecto. Incluso en lo idiota.
- Para mí que hiciste un pacto con Satán, Vitya… -murmuró, rabioso.
- ¿…por qué me metes a mí en el lío?
Yuuri dio un respingo, y miró asustado hacia la esquina contraria a donde estaba sentado.
En una posición similar a la suya, una mujer que aparentaba unos cuarenta años lo miraba con interés, como radiografiándolo, y sin embargo, no se sintió ofendido.
- Yo… Buenas tardes…
- Buenas tardes. Perdona que me haya inmiscuido en tus asuntos, pero solía ser un chiste que agradaba cuando yo era más joven –Yuuri sonrió- Vaya, tienes una linda sonrisa, ¿por qué no la usabas?
- …de hecho la uso, pero estaba un poco nervioso –como ella alzó las cejas, se explicó- Hoy conoceré a unas personas por primera vez frente a frente, y me presentarán a dos personas que ni conozco de manera virtual. Temo ser desagradable y hacer quedar mal a mi prometido –se sorprendió de su propia honestidad, sobre todo porque ella era una total y perfecta desconocida.
- ¿Tu prometido es amigo de ellos? –asintió- Bueno, comenzando por el hecho de que vas a conocerlos, y que supongo que diste con ellos gracias a él, deberías saber ya que está orgulloso de tenerte, ¿no crees? –la miró, ruborizado, pero con algo de duda- ¿O es que él no los presentó…? ¿Eres un celópata? –se apresuró a negar con brazos y cabeza.
- ¡No, no lo soy! Es decir, sí, tengo algunos celos inocentes, pero… pero nunca haría una escena inapropiada a Victor. Lo respeto mucho –los ojos verdes de la mujer parecieron brillar- Es solo que… estoy planeando una sorpresa para Victor, y para eso necesitaba la ayuda de esas personas…
Ella solo lo observó, y luego juntó sus manos sobre su regazo. Un abrigo color camello cubría sus piernas, y los apoyos de los brazos, que a Yuuri le parecieron excesivamente altos, desentonando con la homogénea decoración de la sala.
- Supongo que te llevo una década de vida, como mínimo, así que vas a perdonar que tenga el atrevimiento de darte un consejo.
- Al contrario, se lo agradezco mucho –la mujer sonrió por primera vez, de manera enigmática.
- Cuando la sorpresa implica ofrecer a la persona que queremos un obsequio, algo que necesita, o algo de parte nuestra, siempre será recibida con gratitud y amor –un vals empezó a sonar aparentemente desde el comedor- Sin embargo, si organizamos esa sorpresa en función a lo que creemos que es lo mejor, sin consultar, podemos dañar nuestra relación –las facciones de Yuuri palidecieron- Aunque, depende mucho de la persona y su tolerancia. Una vez, a la persona que quería le regalé un corte de cabello… Y desde ese día me apodó "Satán" –Yuuri rió con ella, contagiándose de la entonación que ella le había conferido a su última frase- Espero que eso te sirva para poder organizar mejor tu sorpresa.
- Hai, digo, sí… De hecho, es un consejo que otra mujer sabia me dio hace muy poco tiempo -se sonrieron. Y él, percatándose al fin de la música, se puso de pie y se acercó a ella- Yo… No sé si se estile hacer esto, pero, ¿me concede esa pieza…? –los ojos verdes se abrieron de par en par, en shock. Y sus labios se separaron un poco.
- Yuuri… –pero la voz atragantada de Sveta llegó desde el elevador, que acababa de abrirse, y en ese momento dejaba apreciar su contenido: Mila, seguida de otras cinco preciosas mujeres. Y dos hombres, a todas luces extranjeros, que miraban la escena pálidos y casi sudando frío.
- Ay, carajo… -dejó escapar el de cabello negro, siendo golpeado levemente por el castaño de ojos pardos que estaba a su lado.
- …lo perdimos… -susurró la mujer que tenía toda la apariencia de ser la CEO de una compañía de renombre.
- Que tú seas una foca con pedigrí no quiere decir que este niño sea como ustedes… Yuuri, ¿verdad? –el japonés se sorprendió cuando el abrigo fue dejado de lado- Supongo que con toda seguridad Laryssa me mencionó durante su muy agradable muestra de inmoralidad… Soy Rose. Y como ves, lamento no poder bailar contigo…
Yuuri se permitió mirarla por entero solo una vez, admirando todo lo que esa mujer, cuyas piernas evidentemente habían perdido sus capacidades, era… Facciones bellas, pero no tan delicadas como las de Sveta; un pecho generoso, aunque no tanto como el de una de las chicas que lucía como una modelo de ropa íntima; y una mirada sabia, dura, pero con un brillo de dulzura que estaba seguro él se había ganado, al ser sincero.
- Bueno… Si somos sinceros, tenía mucho interés por conocer al enigmático demonio que fue pareja de Vitya. Pero lo cierto es que todas esas señoritas me advirtieron de tu mal carácter, no Laryssa -habló con malicia, bromeando y riendo al ver cómo todas palidecían- Mentira. En realidad, fue Chris quien mencionó algo sobre la persona que me antecedió, y yo, pues, te investigué un poco.
- Hum, si hiciste eso, entonces quizás no estabas siendo sincero hace un momento, solo fingiendo ser así de adorable –los ojos perdieron algo de luz.
- No. Decidí que no conocería a ninguna de las ex parejas de Vitya hasta el momento en que las viese frente a frente, solo ví las fotos de sus años en común. Pero en tu caso, decidí solo averiguar tu nombre completo y profesión actual.
- Psicóloga Deportiva.
- Así es. Por eso –se puso de rodillas, sorprendiéndola- te ruego me concedas este baile… Aunque Sveta y todas las personas que Victor dejó entrar en sus vidas no llegaron a saber cuán confundido estaba en sus últimos años, tú lo ayudaste. Las personas maliciosas inventaron todo lo demás, siempre las personas suelen intentar malograr lo que en verdad es hermoso, y yo no encuentro algo más hermoso que un amigo brindándote la mano para que salgas de tu abismo –el castaño miró de reojo al joven a su lado, y asintió levemente.
- Eso es verdad, Yuuri Katsuki. Y debo decir con orgullo que fui la primera, y no la cacatúa erótica –Sveta aguantó la risa al oírla mencionarla de esa manera- quién supo de ti. Mmm… Está bien, bailemos, futuro Nikiforov…
Y empezaron a bailar, sonrientes, siendo imitados por Mila, Sveta, y los dos jóvenes desconocidos.
-.-
- Perdona si mi inglés no es muy bueno, pero te juro que en nuestro país soy de los mejores –el castaño habló, agitando un poco las manos- Aunque tengo que aclarar que Kuntur es mejor que yo.
- Como en todo, en realidad, auch, ¡deja de golpear mis costillas, Kotaro! –el pelinegro le jaló la oreja, con cara de malhumorado.
- ¿Eh, Kotaro, eres japonés…? –a Yuuri los ojos casi se le humedecieron de ilusión. Aunque el joven de ojos pardos evidentemente no tenía rasgos orientales.
- Oh, no –el chico Kuntur sonrió, divertido, y acarició la mano del que evidentemente era su pareja- El padre de Kotaro era un intento andino de otaku, así que ese era uno de sus nombres favoritos. Lo llamó de esa manera, y bueno, debo decir que era el único en nuestra ciudad con un nombre tan extranjero.
- Porque el tuyo es muy de tu país, ¿verdad? –la joven de cabellos lila sentada al lado de la modelo le sonrió, con cariño.
- Así es. Kuntur es una modificación de la palabra quechua que se le atribuye al
- Muy interesante, hígado andante –pero Rose lo interrumpió y se le notaron las ganas de mandarla lejos, debajo de la palidez extrema- pero estamos aquí para ayudar a este niño a lograr los objetivos que requiere. Desde ya te digo que lo que pensabas hacer antes era una completa estupidez –Sveta lo miró con tristeza cuando se hizo bolita, aunque ya ella le había dicho algo parecido- Sin embargo, ya mi niña –acarició la mano de Mila, quien se le acurrucó en el hombro- me ha comentado que has modificado tu ridículo plan.
- Mila siempre ha sido
- Una chismo ¡auch, Rose, Sveta iba a decir lo mismo! –esta vez, el costado de Kuntur se ganó la aplicación de un peligroso cuchillo.
- Se nota que Katsuki-san es un hombre muy inteligente. Como parte de un matrimonio que no es aceptado por la sociedad de nuestro país –Kotaro habló con serenidad- puedo entender que al inicio haya estado desesperado por encontrar la mejor opción para estar en paz con su propio ser antes de iniciar lo que ya no puede seguir ocultando… Cuando uno intenta proteger lo que ama, a veces comete pequeñas tonterías en su desesperación –miró con cariño a Kuntur, quien se sonrojó.
- Lo de Kuntur fue una cojudez que los mantuvo alejados casi todo el tiempo de vida de este niño, mi amor. No lo justifiques, y en verdad, comienzo a evaluar si debo obligarte a divorciarte de este sujeto –los ojos oscuros de la mujer de cabellera rubia que estaba frente a ambos taladraron a Kuntur. Para Yuuri fue evidente que aquel chico había hecho alguna cosa mala en el pasado.
- ¿Por qué siempre me atacan cuando nos reunimos? El único motivo por el que estoy aquí es por Kotaro y su relación con ese ruso idiota –y en ese instante, Yuuri también empezó a odiar a Kuntur.
- ¡RETRÁCTATE! –gritaron todos en la mesa, intimidándolo.
- ¡SUFICIENTE! –Sveta alzó la voz, y se puso de pie- Para empezar, creo que le estamos mostrando a Yuuri lo peor de todos, y por ende, dejando mal a Vitya ante su prometido- Yuuri se sonrojó, notando cuán irónico era que ellos viesen las cosas desde la perspectiva opuesta de sus propios pensamientos- Rose, por favor. Tú eres nuestra parte racional, ayúdanos con esto… -todos miraron a la mujer, y luego a Yuuri, quien también lucía como un gatito con botas.
- …solo por estos tres bebés –Rose miró a Mila, Kotaro y Yuuri- voy a hacerte caso cacat… Sveta. Solo por ellos.
-.-
Yuuri había tenido ocasión de salir antes con otras parejas de su misma condición, principalmente con Yurio y Beka. Pero honestamente, ninguna se había comportado como esos extranjeros. No se tocaban, al menos no como hacían él y Victor, y sin embargo, arrancaban las mismas miradas a las personas que los rodeaban.
Al menos, esa fue su sensación, luego de actuar como su guía improvisado, luego de la corta reunión, cuando Sveta indicó que ella y las demás chicas, incluyendo a Mila y Rose, debían regresar a sus trabajos. Entristeciendo a Yuuri, porque todas, en la misma medida (aunque Sveta, Mila y Rose estaban en otra dimensión), lo habían conquistado con su manera especial y dulce de ser.
Yuuri los escuchaba, ubicado entre ambos "para estar protegido", sintiendo esa familiaridad de los amigos que se encuentran después de mucho tiempo sin verse. Era extraño, pero al mismo tiempo, se sentía como lo más natural del mundo. Y es que, aunque también notaba que Kuntur y Kotaro eran prudentes sobre su relación, como él, pequeños retazos de su historia le habían sido compartidos, con cariño.
Y ahí iban, riendo con los intentos un tanto torpes de Kuntur por aprender algo básico de japonés, y el tono mas bien ridículo de Kotaro por decir algunas cosas en un ruso más precario que el de Phichit.
- Quiero creer que lograste domar a tu fiera. O tendré que domarlo yo mismo… -Yuuri se sonrojó al oír aquella voz a sus espaldas, y se tambaleó.
- …podría decir que he logrado domarlo, sí… Aunque, no se compara en nada con la dulzura de tu pequeño cerdito… -Kotaro respondió, volteando en el acto con una sonrisa sincera y dulce- Vaya… Ya no se te caen los mocos… -Kuntur resopló, cruzándose de brazos al verlos abrazarse, con un cariño que ni siquiera Yuuri le había visto a Vitya ofrecerle a Chris.
- Tenía solo diez añitos cuando viajé a conocer aquel nevado, así que no puedes criticarme –se dieron dos besos en las mejillas- Kuntur –y luego Victor abrazó con el mismo afecto a un ya relajado pelinegro, quien correspondió con el mismo cariño- ¿Qué opinión tienes de mi Yuuri…? –los tres lo miraron, sonrojando al japonés.
- Que es un mártir para andar soportándote, pero supongo que es algo que tenemos en común: soportar a dos idiotas.
- ¡Kuntur! –Kotaro hizo puchero, y se lo abrazó, haciendo reír a los otros dos- No me digas así, ya perdóname…
- Nunca. Te lo voy a recordar de por vida, porque me hiciste llorar mucho. Aparte de las cosas que te hemos contado, ¿sabes sobre nuestra historia, Yuuri? –el mencionado negó, aceptando el abrazo de su ruso- Verás, por culpa de este idiota
- Kuntur…
- Ok, ok… -su mirada se suavizó, e incluso sus ojos parecieron dulcificarse- Kotaro y yo crecimos en el mismo lugar, algo equivalente a lo que supongo sería el lugar del que vienes tú. Pese a que mi padre era el mejor amigo del suyo, y a que mi hermana lo conocía, yo en realidad, hasta antes de la muerte de su familia en un accidente minero, no tuve mayor referencia sobre él… Este muchacho solía ser un deportista innato, así que desarrolló lo suficiente como para que el día en que nos vimos por primera vez, yo creyese que era un hombre de veinte… Pero
- Como me había quedado solo, el padre de Kuntur decidió hacerse cargo de mí e ingresé a su escuela. Pero, bueno, justo por la época en que nuestra amistad iba a transformándose en algo más… nuestro, una compañera de colegio apareció en mi camino.
- Y como en ese entonces era en verdad demasiado inocente, cayó en su trampa: le hizo creer que durante la fiesta de graduación habían pasado la noche juntos, y, pues… -Kotaro lo abrazó, sabiendo que recordar esos momentos lo herían mucho.
- Gloria, la mala de la historia, gritó a los cuatro vientos lo que había ocurrido, mi Yuuri –Victor continuó, conocedor de aquella historia- Kuntur se fue a la Capital, y Kotaro, tanto por Gloria, como por su amor a Kuntur, tuvo que quedarse en Patí, su ciudad, para ayudar a su padre… Y por azahares del destino, la intervención de buenos amigos, y la capacidad para perdonar que tienen el uno para con el otro, luego de diez años, casi cuando ya Gloria preparaba su boda, se enteraron de la verdad: de alguna extraña manera, Gloria era su media hermana –Yuuri lo miró con espanto.
- Hija del Demonio –gruñó Kuntur.
- Y se oponía a nuestra relación porque yo era primo hermano de Kuntur –Yuuri abrió los ojos como platos. Kotaro sonrió de lado- No me digas que ahora dejamos de ser amigos por esto… -el japonés agitó manos y cabeza.
- ¡Claro que no! Es solo que… es… extraño… ¡PERO NATURAL! –alzó la voz, sorprendiéndolo- Yo creo que el amor es natural, solo las personas lo catalogan como mejor les place. Si ustedes se eligieron, y mantuvieron sus sentimientos por tantos años, nadie tenía derecho a separarlos… -Kotaro y Kuntur lo escucharon, sonriendo con serenidad. Y ambos miraron al orgulloso Adonis que observaba a Yuuri como si fuera la joya más valiosa del planeta Tierra.
- …no te lo mereces, Victor. Pero como Kotaro tampoco merece mi presencia en su vida, creo que puedo sobrellevar mi calvario siendo amigo de tu Yuuri –el japonés asintió, satisfecho y sonrojado, por haberse ganado el reconocimiento.
- Tú lo has dicho. No me merezco a mi Yuuri, pero –le alzó el mentón, con amor- resulta que lo amo, con todo lo que representa… y es. Y así como ustedes lucharon y ahora están unidos de una manera más tangible, nosotros nunca estaremos lejos, ¿verdad, mi amor?
Los besos solían quedar entre las paredes de nuestro departamento, incluso lejos de Maccachin…
…pero esa noche fría, ellos y nosotros creamos un pequeño microclima con nuestros besos compartidos, en la intimidad de un pequeño café tolerante.
Arrancando las mismas miradas de aceptación, hacia aquello que no puede negarse, porque brota del alma.
Vitya, falta poco, en verdad… Perdóname.
Perdóname, porque falta muy poco, para mi muerte.
-.-
Como el departamento de Victor era más grande y espacioso, Kotaro y Kuntur se aliaron con él para convencer a Yuuri de al menos pasar esa noche los cuatro juntos, bebiendo en la intimidad de su pequeño hogar, y matizando las anécdotas con muestras de cariño cómplice que aunque al inicio incomodaban a Yuuri, terminaron relajándolo al sentirse libre, y no juzgado.
Kuntur y Kotaro lo querían, lo notaba a leguas. Y él también a ellos. La manera en que la "relación" de Kotaro con Victor había sido ensuciada por la prensa, lo molestaba, pero al mismo tiempo ya estaba resignado. Y es que, ¿quién en su sano juicio podía haber sugerido que Vitya era el amante del Guía de Montaña más joven de Patí, solo porque con su dulzura natural se había ganado el cariño de hermanito menor de un niño lloroso que tenía miedo a caerse de la montaña, en su primera visita? Solo un enfermo, solo un perfecto idiota…
- ¿Qué opinas de él? –Kotaro salió de la ducha del cuarto de invitados, vestido con una bata de baño y secándose sus cabellos con cuidado.
- Es el complemento perfecto de Victor. Ni siquiera los defectos de nuestro amigo se ven como son cuando él está cerca. Y viceversa, si la mitad de las cosas que nos contó sobre Yuuri son ciertas.
- ¿Crees que exageró? –se echó a su lado, de costado, mirándolo a los ojos.
- De una u otra manera cuando se ama, se pone en un pedestal más alto del natural –le acarició el rostro- Victor ya no es un niño, Kotaro. No tienes que seguirlo cuidando.
- ¿Te molestó que viniera por lo que me contó…? –se mostró preocupado.
- ¿Vas a pasarte la noche preguntándome cosas? –le sonrió divertido- No te negaré que es la única persona que a veces me hace sentir inseguro.
- Yo te amo y te amaré toda mi vida, Kuntur.
- Lo sé. Pero… todo en ti es único, como en él –acarició sus cabellos, su nariz, sus párpados- Tu nombre, tus ojos, tu apariencia… Tu corazón…
- Vitya tiene lindos ojos, y una figura de infarto, lo sabemos desde que tú me lo contaste cuando lo viste desnudo durante cinco minutos enteros, "por causalidad", en las aguas termales de Patí –Kuntur se sonrojó brutalmente, haciéndolo sonreír- ¿Y eso qué? El día en que tú y yo cumplimos nuestras promesas de amor, yo no volví a pensar en nadie más como potencial pareja…
- Oh, eso quiere decir que antes sí te la pensaste…
- …un par de veces, sí –Kuntur frunció el ceño, e intentó salirse de la cama, haciéndolo reír- ¿A dónde crees que vas…? –lo capturó por la cintura, y lo echó de espaldas, cubriéndolo con su cuerpo.
- Suéltame… Deseas a Victor desde niño, le mentiste a Yuuri y me mentiste a mí…
- ¿Desear? Solo me gustan sus nalgas…
- ¡Déjame, Kotaro! –lo intentó empujar, pero el otro lo besó con tanta delicadeza, y ternura, que poco a poco fue mutando a un beso con otras intenciones, afortunadamente, compartidas- …Kotaro…
- Shhh… -acercó el rostro a su cuello, y repartió besos dulces en su piel- Nunca has tenido motivos reales para tenerle miedo… Cierto es que Victor, como sabes, regresaba cada dos años para visitarme, y así también lo conociste. Pero el año en que quizás para cualquier otro hombre o mujer, él se volvió en un buen prospecto, yo estaba destrozado. Lo único que Victor te quitó fue el derecho a brindarme sus palabras de aliento cuando creí que moriría por tu ausencia…
- …perdón… -sollozó, pero antes de empezar a sumirse en la tristeza, las manos de Kotaro delinearon sus curvas masculinas, bajo la bata de baño que empezaba a estorbar- …no estamos en casa…
- ¿Y…? No somos muy puros, hasta lo hemos hecho en los vestidores del rink de Mr. Yakov –susurró, desatando ambos nudos para que pudiesen sentirse con mayor libertad.
- …calla… -susurró con voz ahogada, abrazándose a su espalda, y dejando que el cuerpo de su esposo ocupara el espacio entre sus piernas- Kotaro…
- Te amo… -volvió a besarlo, moviéndose contra su cuerpo, y arrancándole gemidos cada vez más fuertes, explorando su cuerpo con esa maestría y complicidad que habían ganado a base de constancia y dulce comprensión.
Se amaban, y ni Gloria ni nadie, como bien había dicho Yuuri, iba a quitarles su sagrado derecho a ser felices y complementarios.
-.-
Escuchó la puerta cerrarse con sigilo, y volteó, después de dejar en el lado correspondiente a Yuuri un par de bóxer nuevos y una camiseta.
- ¿Amor…? –Yuuri estaba agitado, sonrojado y nervioso. Y, por cierto, aun llevaba en sus manos las mudas de ropa para sus invitados.
- Yo… ellos…
- …oh –y entendió en el acto, cuando el amago de unos gemidos llegó cual espectral película erótica de fondo. Sonrió con ternura, y antes de acercarse a Yuuri, encendió el equipo de sonido que ambos habían acondicionado para sus momentos de intimidad. Reprodujo una música suave, que aunque no tan ruidosa, logró apagar los sonidos- ¿Mejor?
- …hai –le era delicioso verlo temblar ante su cercanía, así que disfrutó rozar sus dedos al quitarle con suavidad las prendas de los visitantes, y luego, atraerlo con amor a su cuerpo, por la cintura cuyo arco lo volvía loco cada vez que lo abrazaba por detrás- …tú… y Kotaro…
- Nunca. Es mi hermano mayor, lo quiero como tal. Y Kuntur se ganó mi cariño también, aunque nos costó mucho ya que yo lo culpé un buen tiempo por el dolor de mi amigo –lo besó- …te deseo –susurró contra su boca, agitando su corazón- Yuuri, te juro que cada día es más difícil para mí no poder hacerte mío…
- Pero anoche
- ¿Si lo hiciéramos ahora, Yuuri, pensarías solo en mí… o te compararías…? –se miraron a los ojos, los marrones un tanto húmedos- No quiero eso. Quiero que solo seamos tú y yo, que cada orgasmo que me llegue te compruebe que solo tú eres capaz de hacerme perder el autocontrol…
- Victor… -Yuuri se pegó en su pecho, y él lo abrazó con posesión- Quiero sentirme digno…
- Eres el único que aun lo duda, pequeño baka… -sonrieron- Yuuri, me muero por mostrarte al universo como mi esposo, como mi mitad completa… Quiero que practiquemos cada noche hacer bebés…
- ¡Y…yo soy hombre! –su rostro volvió a incendiarse.
- Bueno, no perdemos nada con intentarlo, y si no resulta, adoptaremos –rió al verlo tan nervioso- …te voy a secuestrar una semana entera a partir del día en que lo hagamos, no quedaré satisfecho con una so
- ¡AH…KUNTUR…! –los ojos de ambos se abrieron como platos al escuchar semejante grito proveniente de la otra habitación. Yuuri parecía haber sido abofeteado.
- …no me lo puedo
- Creer… Vaya, vaya, creo que en ese caso deberás tomar mi virginidad tú, mi amor…
- ¡Nunca, tú debes tomarme! –Yuuri lo miró indignado, pero un segundo después, se encontró a sí mismo alzado en brazos, con sus piernas rodeando la masculina cintura de su novio, y sus intimidades acariciándose con lujuriosa necesidad – Ahhh… Vitya…
- …solo un poco. Por favor, Yuuri, incéndiame…
Esa noche, el pobre Maccachin deseó no haber tenido unas orejitas tan grandes…
