Con el permiso de su madre, la maravillosa Tessa23, en este capítulo decidí incluir a dos de sus personajes originales. Personajes que me muero por tener vigentes, juntos, aunque en su mundo original, "Make my own history", eso sea imposible... Por favor, vayan a esa maravilla de fic para que puedan enamorarse de esa OTP (¡sí, es mi OTP, Tessy!), y de todos sus personajes y trama incomparable.

También he mantenido la presencia de los protagonistas de mi novela original "La Edad Engañosa". Espero puedan darse una vueltecita por mi perfil de Wattpad para que puedan darle una oportunidad. Kotaro, Kuntur y yo se los agradeceremos n.n

Sin más, les dejo este capítulo, dedicado a Tessa23, por supuesto, y a todos los que nos siguen n.n

Ninguno de los personajes de Yuri on Ice y Make my own history me pertenecen. De lo contrario, Kubo, Sayo y Tessa23 sufrirían migrañas por todas las cosas que haría con ellos...

¡Que lo disfruten!


Mi deseo repudiado

Cerró la puerta tras de sí, y lanzó un suspiro, bajo la atenta mirada de un par de ojos azul cielo, que en esos momentos la preocupación había convertido en más cercanos a una noche completa.

- ¿Se durmió? –la voz varonil del hombre que estaba sentado en el sofá de la sala, vestido con una bata de estar en casa, sonó contenida pero con un tono gentil que solo era usado con su interlocutor.

- Finge hacerlo –los ojos que lo miraron luego de cerrarse por un instante, mostraron su tristeza y angustia- No sé por qué lo hace, pero Yuuri está empezando a convertirse en uno de mis enemigos –se dejó caer a su lado, estirando el cuello hacia atrás, dejando que sus cabellos color ceniza dejasen un poco al descubierto su frente. Tan amplia como la de su hermano menor, quien dormía tras la puerta que acaba de cerrar.

- Me sorprende de usted, mi General, sobre todo porque sé que aquel jovencito japonés es una de sus debilidades… –pero volvió a mirarlo al sentir un ligero apretón en su rodilla- Usted y yo sabemos que los Nikiforov son, estadísticamente, los principales responsables de las crisis familiares de sus familias…

- Gregori… no estoy bromeando…

Los cabellos azulados se movieron al ritmo de la risa contenida del hombre. Y es que le divertía mucho lograr que aquel militar terminase con las mejillas sonrojadas y usando ese tonito exasperado.

- Jajaja, lo siento, lo siento… -se mordió el labio inferior.

- Esto es serio –Vladya Nikiforov, hermano mayor de Victor, lo miró resentido, pero exhibiendo un puchero que solo Gregory, su prometido, le conocía.

- No, no lo es. Es solo una pelea más en ese matrimonio en potencia que a veces parece más un divorcio –se puso de pie y sirvió dos vasos de vodka- Bebe. Tu hermano no va a morir porque su prometido haya ido a divertirse por una única noche con sus amistades.

- Sus ex, o mejor dicho, las que Yuuri cree que lo son.

- ¿Alguna de ellas te parece deshonesta, Vladya? –el otro chasqueó la lengua y miró a otro lado- Mírame a los ojos y dime lo contrario –el General suspiró resignado luego de unos segundos de meditación, y lo miró- ¿Lo ves? Ustedes dos tienen un serio caso de pensamientos distorsionados y mensajes de doble vía…

- …recuérdame el momento en que te obligué a estudiar psicología –Gregori rió, con esa risa que el mayor de los Nikiforov había amado desde el inicio, aunque sus propios prejuicios los hubiesen mantenido lejanos hasta que terminó de convencerse de que también le debía al amor de su vida el permitirle serlo- Sé que tienes razón, pero esos dos me volverán loco algún día…

- Si ella no lo ha hecho hasta ahora, lo dudo, Vlad.

- …eso es cierto –se permitió compartir una sonrisa cómplice. Y luego volvió a suspirar- No lo va a engañar, ¿verdad? –solo a él le dejaba ver su vulnerabilidad filial.

- No, ¿sabes por qué? –negó. Y el otro acarició su mejilla con cariño- Porque los amamos, Vladya. Y nada en este mundo podría reemplazarlos en nuestras vidas. Yuuri lo ama, y tú mismo sueles decir que nosotros dos nos parecemos mucho.

- Tú eres mejor que él para mí –Gregori le sonrió.

- Lo contrario me molestaría. De modo que te lo voy a repetir, y cuando pueda tener una salida con mi concuñado, le diré que se lo recuerde a tu hermanito: Cuando se encuentra a dos personas como ustedes, uno solo puede amarlos. No hay escapatoria posible.

Vladya se sonrojó, y bajó la mirada. Y aunque contrario a Victor, él no era un hombre de gestos románticos, y mucho menos impulsivos, tomó sus manos y las besó, para luego posarlas sobre sus rodillas.

- No sé como pude tenerte lejos de mí sin volverme loco.

- A veces puedes ser realmente un imbécil, pero como me enamoré de ti con todo lo que representas, pues, mi General, terminaste ganándote la lotería –le sonrió de lado, pícaro.

- Siempre serás asfixiante… Por eso terminaste ganando, por cansancio -Gregori no se ofendió. Al contrario, su mano fue subiendo por su pierna.

- Quizás… Quizás en realidad tú mismo estabas cansado de no obtener lo que más necesitabas, cada noche… -su mano alcanzó su objetivo, y los ojos de Vladya, tan parecidos a los de Victor, se obscurecieron en el acto.

- …mi hermano –tragó saliva, al sentir las caricias.

- No, claro que no. Es muy lindo, pero a mí me gustan mayorcitos –acercó su rostro al suyo, mirando sus labios. Vladya se relamió- Maduros… Sensuales… Muy bien trabajados.

- …no juegues con fuego, Gregori –el más joven se estremeció, al oír la voz autoritaria suavizarse, bajo los efectos de la necesidad de cercanía que él mismo se había encargado de propiciar.

- No me importa hacerlo, siempre es un deleite dejar que me enciendas –el ruso jadeó- Quémame, Vladya –susurró en su oreja, ganándose un apretón fuerte de cintura, y la amenaza de ser besado con pasión- Como anoche... –ansioso, Vladya capturó su boca, y lo jaló hacia su cuerpo, dispuesto a hacerle el amor en ese preciso lugar y momento.

- ¿…pueden hacer esas cosas en su habitación? No sean cerdos…

Pero la vocecita de la dulce Katerina, hija de Gregori, los detuvo en el acto. Junto con la risita pícara de Victor, quien los miraba con esa picardía que le emanaba de cada poro.

- Vaya, con razón querías que me durmiese pronto, querido hermano… -Vladya tosió, incómodo, pero no apartó a su prometido.

- Claro que no, Victor. Esta situación desafortunada es culpa de Gregori, no mía.

- …pero bien que le convenía, Victor… -hermano y cuñado se pusieron a reír, mientras la pequeña se cruzaba de brazos, ceñuda, intuyendo que había gato encerrado en ese comentario.

- Gregori, no sigas diciendo estupideces… -Vladya se encargó de incrementar la diversión, cuando se alejó de su novio, sonrojado- En verdad estoy preocupado por Victor, Yuuri esta vez se –pero fue interrumpido por el sonido del timbre.

Pese a que fueron sorprendidos por ser visitados en un horario tan atípico, Gregori reaccionó al instante, con esa expresión que hacía que todos a su alrededor se relajasen en el acto.

Tanto, que la pequeña Katerina se volvió a preguntar si incluso los gustos románticos se llegaban a transmitir por los genes… Porque su padre tenía ese mismo airecito de ternura y dulzura que tío Viktor amaba en tío Yu

- ¿…Yuuri? –y los cuatro pares de miradas tan similares de aquella habitación se quedaron de piedra al oír la voz sorprendida de Gregori.

Y es que, era inconfundible, pese a que su apariencia indicaba que había corrido bajo la inusual lluvia de aquella noche. Los cuatro se preguntaron entonces, si en verdad habría sido tan imprudente como para llegar a esa hora, a aquel departamento que quedaba tan lejos del suyo propio, sin un transporte tradicional.

- Yo… lamento llegar a… esta hora, Gregori… -estaba tan empapado, que sus dientes castañeaban.

- …eso es lo de menos, pasa, pasa, por favor. Kat, tráele un par de toallas, está empapado –la pequeña reaccionó en el acto y corrió hacia la habitación de sus padres.

- ¿Qué pas –Victor se había acercado, pero calló al recibir un abrazo cargado de energía. Lo preocupante es que ninguno de los tres sabía su naturaleza.

- Katsuki, ¿te pasó algo de camino a aquí, por qué no me avisaste para recogerte? Te dije en mi mensaje que debías hacerlo –Vladya habló en un tono autoritario que nadie le creyó.

Yuuri era una debilidad emocional también para él, porque lo había llegado a querer demasiado al saber que gracias a él, su hermano menor había vuelto a sentirse vivo y amado.

Y, porque sí, en efecto, veía mucho de su Gregori en él.

- …lo siento, Vladya, recién acabo de leer tu mensaje –Yuuri eludió su mirada, haciendo que las facciones duras se relajaran- Llegué al departamento, y vi que Victor me había dejado una nota indicando que estaría aquí, con ustedes… -Maccachin apareció en escena, lloriqueando al sentirlo tan extraño- Así que vine corriendo…

- ¿Que hiciste qué? –Victor lo despegó, asustado, y lo estuvo más al ver sus facciones bañadas en algo que definitivamente no era lluvia- Yuuri, debiste llamarme, habría regresado en el acto, vine en el auto… ¿Qué ocurrió, alguien te hizo daño, te robaron? –pero Yuuri volvió a esconder su mirada en su pecho.

- ¿Le has sido infiel con alguna de ellas? –Vladya volvió a hablar, con tono hostil, malinterpretando la actitud del joven, y ganándose que Gregori le lanzase una mirada acusatoria.

Aunque fuese su General, Gregori sabía perfectamente en qué momento aplicar correctivos en Vladya, por lo que ya iba a regañarlo, cuando el propio Yuuri le respondió, dejándolos en shock.

- ¿Cómo se te ocurre? ¡SOMOS PROMETIDOS! –padre e hija sonrieron con autosuficiencia y orgullo al oír su voz indignada, más alta de lo usual, mientras el General retrocedía dos pasos, intimidado. Yuuri jamás le había gritado, ante él, siempre había sido respetuoso y noble- Te voy a agradecer que si no sabes qué está pasando, no le metas ideas equivocadas. No las necesitamos en este momento, y es un tema que solo nos compete a nosotros dos -Victor solo lo miraba, boquiabierto, y aun con temor y confusión- Vitya… -los ojos marrones buscaron los suyos, brillantes, como cada vez que buscaban una respuesta que coincidiese con sus ideas- ¿…podemos ir a casa, por favor…?

Ir a casa… Sonaba tan lindo que no dijese "a tu…".

Pero él los había metido en ese otro santuario, por su incapacidad para sobrellevar sus problemas de pareja, así que no podía simplemente irse sin dar mayores explicaciones. Menos cuando las cosas entre su hermano y su novio amenazaban con volverse tirantes.

- …me parece a mí que deberíamos aprovechar la hospitalidad de Vladya y Gregori, mi Yuuri. Si salimos ahora, resfriarás, y estamos en un momento muy importante de tu entrenamiento –el japonés lo miró suplicante, pero luego asintió, comprendiendo- Conversemos con calma aquí, ya mañana temprano nos iremos los tres juntos, ¿sí?

- Pueden quedarse el tiempo que deseen, Yuuri –Gregori le sonrió con cariño, aunque él no lo miraba, avergonzado y derrotado- Como dice Victor, necesitas recuperarte. Les voy a preparar un chocolate caliente, mientras ustedes conversan.

- Tienes que cambiarte de ropa también, yo dormiré con la ropa de calle que me traje cuando le pedí asilo a Vladya –Yuuri sonrió levemente, tranquilizándolo; Victor se limitó a besar su frente, antes de seguir hablando- Tú usa mi pijama hasta que pueda lavar esto que tienes puesto, ¿sí?

- Le prestaré un conjunto que recién me compré, para salir a correr –Vladya se cruzó de brazos con cierto fastidio al oír a su novio- Te lo traerá Kat en un momento –sus ojos buscaron a su General, y suplicando un poco de paciencia, le habló directamente- Bueno, ahora sí es hora de irnos a dormir, Vlad, ya es muy tarde, o temprano, como quieran verlo –intentó bromear, pero Yuuri se acurrucó más en Victor.

- …lo siento, Gregori, he malogrado sus planes, de seguro

- Debiste pensar antes de actuar, ya es tarde para arrepentirse, Katsuki –Vladya volvió a hablar, con aire ofendido al ver la renovada fragilidad de Yuuri. Esta vez el japonés sí bajó la mirada ante su presencia, y soltó una disculpa en japonés, muy bajita, solo perceptible por un fastidiado Victor, que ya empezaba a arrepentirse por su decisión de aceptar la oferta de su hermano de quedarse con ellos.

…ofrecida, por cierto, cuando llamó en su modo drama queen, para llorarle porque su Yuuri "se había ido de fiesta con esas locas, y lo había dejado solo".

- Sigo pensando, papá, que tú también deberías ya estar más que arrepentido de salir con este idiota –Gregori miró horrorizado a su hija, mientras Victor aguantaba las ganas de reír, y Vladya y Yuuri dejaban caer las mandíbulas hasta el suelo- ¿Qué? Es obvio que tío Yuuri necesita hablar con tío Victor con desesperación, y tu "prometido" lo único que hace es ponerse en la muy fácil posición del hermano preocupado… Hermano que dejó solo a su hermanito por más de una década, por cierto.

Gregori miró de reojo, pálido como un papel, a su pareja, quien estaba muy rojo, casi tan rojo como la franja de la bandera que adornaba la pared. Como si deseara darle un par de correctivos a la pequeña de diez años.

- …tenía entendido que quieres formar parte del ejército, Katerina –la pequeña alzó una ceja, de manera muy parecida a como el propio Vladya lo hacía.

- Obviamente. Quiero servir a Rusia.

- ¿Sabes por lo tanto a quién tienes frente a ti, mocosa?

- A un general que se acerca cada vez más a sus cuarentas, ¿por qué, me estás amenazando con galones, me harás la vida imposible cuando esté bajo tu mando? Ya decía yo que eras un abusivo –Gregori tosió fuerte y claro.

- ¡Los dejamos, chicos! Me parece que yo debo atender una tentativa de asesinato… Kat, vamos, y tú, cállate ya –señaló a un ofendido Vladya, quien simplemente giró el rostro, sin despedirse, azotando su ligeramente larga coleta, y avanzó como si estuviese en el cuartel- Lo lamento, en serio, la edad lo tiene irritable…

- ¡VEN YA, GREGORI! –el grito lo hizo saltar. Y sin saber qué hacer, consciente de que tal vez su hija se había excedido… un poquito… sonrió con algo de pena, y se la llevó de la mano.

Victor y Yuuri los siguieron con la mirada, aun impresionados por la capacidad de esa pequeña para no temer al temible General Nikiforov, preguntándose mentalmente si el propio Gregori tendría que sufrir las consecuencias de aquella metralleta viviente sobre el orgullo herido del hermano mayor del ruso tierno.

Pero no se dijeron nada, al menos no hasta que la pequeña regresó, la llenaron de mimos al ser su sobrina consentida –la única hasta ese momento, por cierto-, y ella se fue, seguida por un Maccachin que la iba llenando de besos.

Suspiraron, y se tomaron diez minutos solo abrazados, en el sofá, acariciándose las manos, y Victor su cintura, mientras él se apoyaba en su pecho. Ambos corazones estaban agitados, por motivos diferentes.

- …tu sobrina ha sacado lo peor del novio de su padre –Victor tocó el tema reciente, haciéndolo sonreír- Por favor, amor, que nuestros futuros hijos no pasen tanto tiempo con tío Vladya…

Yuuri se sonrojó ante la idea de una criatura que los llamara a ambos "papá", pero debía reconocer que era una idea que danzaba en su cabeza desde hacía mucho tiempo atrás.

- Jajaja, sí, es lo mejor. Prefiero que sean como tú, dulces e infantiles –alzó la mirada, y aunque sus ojos se llenaron de lágrimas, le sonrió, al ver su tierno puchero- Te juro que no te he engañado con nadie…

- No tienes que jurármelo, yo lo sé. Pero soy un drama queen, debo aceptarlo.

- …pero, aunque no lo hice, estuve a un paso de hacerlo. Pensé en hacerlo, de hecho.

Los ojos de Victor se fueron apagando apenas la voz de Yuuri terminó de ser procesada en su cerebro. Y empezaron a cristalizarse, a volverse cada vez más rojizos, cuando el efecto llegó a su corazón, más rápido que cualquier aclaración.

- ¿…qué dijiste…? –su voz apenas se dejó oír.

- Yo

- ¿Me ibas a engañar con alguna de ellas…? ¿…con Kotaro…? –el leve empujón del ruso, a Yuuri le dolió en el alma- No puedo creerlo, Yuuri… Él es mi mejor amigo, ni siquiera hay diferencia entre él y Vladya para mí…

- Escucha lo que estás sugiriendo, Victor –la voz de Yuuri podría haber cortado sin problema alguno la mesa de madera que Vladya usaba para colocar los aperitivos de la hora de té- Cállate, y escúchame, no tomes todo a la

- ¿Callar? Laryssa lo dijo, Yuuri, y Mila también… Tú estás intentando igualar las cosas que viví con ellas, y por eso quisiste acostarte con ella, tener el trío aquel con Chris –los ojos marrones titubearon en su frialdad, pero luego se congelaron- No hay diferencia alguna con que me hayas engañado con Kotaro, con que hayas tenido algo más que un baile con Sveta, ¿va a resultar que al final Chris tenía razón y terminaste metiéndote con ella? –su voz se elevó lo suficiente como para que Gregori y Vladya apareciesen, en pijama y medio despeinados, pero con la misma expresión de incomprensión en sus rostros.

- ¿Qué ocurre? –fue el mayor el primero en hablar- Victor, me llam

- Ocurre que tu cuñado me puso los cuernos, Vladya –las típicas lágrimas cristalinas de Victor hicieron acto de presencia, mientras Gregori miraba a Yuuri, con incredulidad, confirmando la idea que se le empezaba a formar en la cabeza al verlo lívido, casi a un paso de golpear a su pareja.

- …dije casi, Nikiforov –a Vladya esas palabras lo hicieron palidecer.

Sí, Yuuri estaba furioso, aunque luciese tan "sereno" como siempre.

- …Victor, de seguro has entendido mal. Mejor vayan a descansar, y mañana lo conversan con calma –Gregori suplicó apoyo a su novio, con la mirada, y por primera vez, él le hizo caso.

- Tiene razón. Ustedes necesitan conversar, mi comentario anterior fue una broma de mal gusto, sabes muy bien que Katsuki nunca mirará a otra persona de la manera en que te mira a ti –la risa sarcástica de Victor casi le arrancó fuego a Yuuri.

Asustando a Vladya y a Gregori.

- ¿Lo crees en verdad? Dijo que Kuntur le parecía guapo…

- Lo dije a petición de Kotaro, Victor –casi ni se entendía lo que decía, al hablar con los dientes apretados.

- Pero lo pensaste, y eso es lo que vale. Tú en verdad –por segunda vez en esa madrugada, el timbre sonó, aumentando el dolor de cabeza de Vladya, quien por voluntad propia abrió la puerta, siendo casi atropellado por una silla de ruedas.

Sveta no miró a nadie en su camino hasta el medio de la sala, se la veía en verdad muy incómoda, vistiendo una bata de seda que cubría a duras penas su lencería negra. Se envolvió lo más que pudo con esta al pasar cerca de Gregori, y casi pidió perdón a Vladya con la mirada por sus fachas, consciente de que a veces el General sentía incomodidad cuando Gregori estaba cerca de mujeres guapas, como ella.

Pero a Gregori le podía importar menos la presencia de la primera novia de su cuñado. Él solo tenía ojos para una irreconocible Rose, que tenía el rostro bañado en llanto, y miraba con rostro aterrado de Victor a Yuuri, y de Yuuri a Victor.

Y luego…

- De modo que lo hiciste, le contaste… -la voz de la mujer distaba mucho de mantener la seriedad y pulcritud que la caracterizaba, asustando a su vez a Yuuri, quien abrió los ojos y negó levemente, recuperando su brillo natural.

- Rose, escúchame. Victor no me ha dejado hablar, per

- ¡Este japonés estúpido es un traidor, Victor! –la mujer en verdad estaba irreconocible, al punto de morder levemente la mano de Sveta, cuando esta trató de cubrir su boca, para impedirle hablar- ¡Tú no te metas! Victor, este malnacido intentó acostarse conmigo luego de que le dije que estoy enamorada de ti, ¡quiso engañarte para alejarme, chantajearme de seguro para que yo no hablase sobre su maldita lista de deseos!

La sala quedó en silencio.

A excepción de la maldición que se le escapó a Sveta, y que casi rebotó contra el rostro indescifrable de Victor, quien solo miraba a la mujer, como si no la viera.

- Cuando le conté cómo fueron las cosas entre tú y yo, de seguro su plan inicial fue conquistarme, tener un affair, o qué se yo. Pero al enterarse de que yo te amaba, al enterarse de que de alguna manera te hice desistir de suicidarte

- ¿…suicidarse…? –Vladya perdió el poco color que le quedaba, y tuvo que ser sostenido por Gregori.

- …el muy idiota, Victor, él

- Cállate –la voz de hielo de Yuuri se dejó oír una vez más, y solo Sveta fue capaz de mantenerle la mirada, con un evidente dejo de orgullo en sus facciones- Puedo entender que no confíes en mí porque al final de cuentas soy la peste que entró a joder la vida de la persona que amas, como tú misma acabas de declarar, pese a nuestro acuerdo de jamás mencionarle o recordarle a Victor esa época tan terrible para ambos. Acuerdo que había decidido tragarme, pese a ser su pareja, exponiéndome a quedar como un mentiroso si alguna vez me preguntaba lo que habíamos conversado tú y yo.

- Yuuri… -a Victor poco a poco la ira se le iba muriendo, dejando paso a un sentimiento de culpabilidad hiriente.

- Iba a decirle a Victor lo estrictamente necesario, eso que incluía el "pensé en engañarte" que le dije cuando nos quedamos solos hace un rato. Sí, pensé engañarlo, diciendo que no sabía nada de ti, pero sí iba a contarle que estuve a un paso de besarte, porque estúpidamente me sentí culpable de que nunca pudieses recibir de nuevo una oferta romántica de parte suya –Rose estaba con la boca abierta, impactada por todo lo que le estaban diciendo- ¿Así te dices conocedora del alma de Victor, puedes haber sugerido con tu historia que lo conoces mejor que Kotaro? Victor jamás le pediría a alguien que fuese su amor si no lo quisiera –las mejillas del Nikiforov joven se tiñeron en rosado, y sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas- Pero, ¿sabes qué? Que me creas un traidor no me importa tanto como el hecho de que él me haya dicho todas estas cosas, conociéndome…

- Yuuri, no, espera –Sveta se adelantó, importándole poco su cuerpo expuesto- Rose es una hija de puta en estos momentos, por el alcohol, y Victor el más pendejo de los rusos, por los celos, pero no por esto debes cambiar tus planes, por favor –por alguna razón incomprensible, la mujer empezó a sollozar, dolida.

- Ustedes fueron sus dos verdaderos amores, yo no, Sveta. Ya me cansé de seguir una lista por un motivo "ideal" que él solo ve como una mierda. "Antes de morir, quiero…" –miró a Victor con algo muy cercano al odio, sintiendo la amenaza de un episodio de ansiedad, que no pensaba mostrarle- …tenía una razón, Victor, una razón que creí noble, pero ya me cansé de ser tan imbécil…

- Yuuri –Victor temblaba. Y Gregori con Vladya no sabían qué demonios hacer para no empeorar más la situación, y ayudar a solucionar ese infierno- Yuuri, vamos a casa, por favor, para conversar, yo no quise

- Sí, iremos a casa. Pero tú a la tuya, y yo a la mía. Se acabó, Victor –el baldazo de agua helada les cayó a todos sobre las cabezas, tanto, que cuando Kotaro y Kuntur entraron por la puerta de calle, que nadie había cerrado, ni siquiera se asombraron.

- Yuuri… Yuuri, ven acá –Kuntur pasó casi por encima de Rose, y lo obligó a mirarlo, al observar cómo iba palideciendo- Vamos a nuestro hotel, ¿sí? Necesito revisarte.

- …quiero ir a Hasetsu –sollozó ante él, intentando respirar- Llévame, por favor, Vladya –el mayor de los rusos se acercó, casi como cuando la propia Kat, en su infancia, se caía, y era él quien corría a socorrerla.

- Te llevaré, lo prometo. Iremos con Katy y Gregori, ¿sí? Ahora ve con Carrillo, necesitan revisarte, puedes coger un resfrío.

- Yuuri –Victor intentó acercarse, pero Vladya extendió un brazo hacia él, deteniéndolo.

- Te quedas aquí. Y solucionas este embrollo esta misma noche, o me encargaré de que Katsuki incluso desaparezca del patinaje sobre hielo. Y tú –miró a Rose con molestia, intimidándola- Me has decepcionado. No quiero verte en mi casa ni cerca de ellos a menos que sanes tus heridas y dejes de herir a Victor –mientras Kotaro y Kuntur se llevaban a Yuuri a la calle, protegiéndolo del frío, Kat salió de su habitación, llevando un abrigo en brazos.

- Tía Sveta… -se la notaba asustada, y llorosa, así que la mujer la abrazó contra su cuerpo, poniéndose de rodillas- ¿Vienes tú también?

- Claro que sí. Tío Yuuri necesita que lo acurruquen y para eso nos tiene a nosotras dos, ¿verdad? Te la voy a robar, Gregori –luego de ponerse el abrigo y mantenerlo bien cerrado, la pegó a su cuerpo, todos ignorando a Victor y Rose.

- Me encantaría, porque está afectando mi relación matrimonial con su lengua viperina –la pequeña sonrió con timidez a la caricia de su papá- Pero Vladya la adora, y te mataría si la alejas siquiera un centímetro de su mirada.

- Eso es muy cierto. Ponte esto –Vladya había regresado de su pequeño tour a su habitación, y regresó con dos abrigos para él y Gregori, y un cambio de muda total para la pequeña- Katy, cámbiate, por favor, hace demasiado frío para ti –la pequeña asintió, y solo cuando sus ojos se fundieron en los del hombre, las lagrimitas silenciosas cayeron, y buscó su cercanía.

Vladya la acurrucó contra su pecho, y miró acusador a Victor y Rose, quienes se encogieron, sabiendo muy bien que habían hecho llorar a dos de las personas que más amaba el General.

- Vayan, les daré el alcance en el aeropuerto, voy a cambiarla –Sveta y Gregori asintieron en silencio, y salieron, sin mirar a los otros dos.

Rose se sentía completamente estúpida y una perra, con el perdón de los animalitos. Había creado un cataclismo donde era evidente que solo existía amor, amor y amistad. Donde era más que evidente que Sveta no había errado al advertirle que Yuuri era fiel a Victor, sí, pero también leal a sus amigos.

- ¿…solo intentó besarte…? –la voz de Victor sonó carente de vida, carente de todo.

- …lloramos abrazados, en el departamento de Sveta. Nos invitó a quedarnos, luego de que el relato mío terminara con la reunión. Ella nos dijo que lo mejor era irse a dormir, porque estaba cansada, pero Yuuri y yo seguimos bebiendo –apretó sus puños- Me contó sobre ustedes, sobre cómo te eludía al inicio, pensando que quizás solo querías jugar con él. Dijo que como una vez lo habías confundido con un fan, pensaba que de seguro te parecía gracioso poner en apuros al cerdo japonés…

- Todo eso lo sé –ella tragó saliva al oír la frialdad de su voz.

- …me pidió perdón por robarse tu corazón. Y yo no entendí por qué lo dijo –se puso a llorar, cubriendo su rostro- Pensé que se burlaba, así que lo empecé a golpear en el pecho, y en un momento dado… Quedamos muy cerca, y lo vi tan hermoso y dulce –Victor apretó los puños- Él me miraba a los ojos, pude ver trabajar su mente en ese momento. Y entonces, aproveché para acercarme a su rostro.

Victor podía ver la escena, podía saborearla ingratamente. Y un sentimiento hostil fue despertando hacia la mujer.

- Entonces abrí los ojos un instante, y vi que él no se movía. Estaba tieso, con la boca entreabierta, esperando, pero sus ojos estaban llenos de arrepentimiento y resignación. Eso me molestó, me molestó demasiado, porque ni siquiera lo podía tener a él, así que

- Así que continuaste, pero antes de siquiera lograrlo, él se apartó –las palabras de Victor la asombraron- Como Yuuri dijo, lo conozco muy bien, Rose. Aunque haya cagado todo esta noche, lo conozco muy bien…

- Lo cual hace que me vea obligado a exigirte que no lo busques más, Victor –Kat y Vladya aparecieron nuevamente, ya vestidos, y cargando cada uno una pequeña maleta- Tu actitud ha demostrado todo menos amor, o entendimiento, y me avergüenzas como hermano.

Victor sintió las palabras de su hermano como un puñal, porque Vladya era para él la única figura paterna vigente en su vida, una que distaba mucho de la, un tanto lejana, presencia de Yakov.

- …sé que he cometido una barbaridad, pero no pienso dejarlo ir, Vladya. Yo amo a Yuuri –sus ojos celestes se fijaron en los de la mujer adulta, y ella bajó la mirada, derrotada- Amo su honestidad, fidelidad y lealtad, y ni siquiera una verdadera infidelidad podría apartarme de él…

- ¿Y entonces qué sigues haciendo aquí, tío Victor, conversando como un idiota sobre algo que ya sabes? –Kat una vez más habló con desdén, y algo de exasperación. Los Nikiforov la enloquecían.

- Yo –Victor miró a Rose, quien asintió levemente sin mirarlo, y luego a su hermano, quien, imperturbable, tosió.

- …oí el auto de Sveta marcharse. De seguro fueron donde los Carrillo. Te daré media hora, Victor. Solo media hora –se marchó, llevándose de la mano a la pequeña.

Hombre y mujer se miraron a los ojos, y Victor suspiró. Se puso de rodillas ante ella, y besó su mejilla, con cariño.

- Ni Yuuri ni yo te culpamos de esta pelea, así que deja de llorar… Sí me decepciona un poco enterarme a estas alturas de que quizás pudimos ser algo, si no me hubieses visto de la manera en que Yuuri me veía al inicio.

- …Yuuri te veía como a un ídolo. Para mí eras un pendejo más, un entrometido que me quitó el derecho de morir por voluntad propia.

- Dudo que quisieras morir en verdad, Rose. Lo dudo.

- Lo de esta noche solo me hace pensar, que tal vez salvarme fue la única cosa que has hecho mal en tu vida –Rose sostuvo su mirada, sin titubear, ya con su personalidad recuperada- Pero no creas que no te lo agradezco. Vivir, es algo que reverencio cada día, en cada vida que logro salvar. Yo lo hago por vocación, por profesión, y Yuuri lo hizo por amor. Yuuri también es un terapeuta, pero uno empírico. Uno que sana sin medicamentos –la mirada celeste se llenó de lágrimas.

- …él es mi medicina, y yo lo he herido…

- Pero no lo mataste. Victor, "Antes de morir, quiero…" no es una lista de mierda, aunque naciera como una intención pendeja. No dejes ir a Yuuri. No lo dejes. Ahorita, lo único que ha pasado es que ambos cayeron en un lago de hielo. Pero ambos saben nadar, y tienen resistencia… Sálvalo, Victor. Es el único por el que en verdad vale la pena que tu cuerpo llegue al límite, y más allá, inclusive.

Debía admitir que Yuuri molesto era la imagen que más poblaba sus pesadillas. Porque Yuuri incluso se veía más apetecible y provocativo, acercando a cualquier insecto como una planta carnívora, para luego atraparlo entre sus afilados dientes.

Pero aunque Yuuri enfadado superaba a Sveta enfadada –pese a que ella se veía en verdad como una loca cuando estallaba-, ni siquiera esos dos lograban igualar a la imponente presencia de un Kuntur Carrillo a punto de saltarte a la yugular.

Por eso, Victor tragó saliva y retrocedió dos pasos cuando quien le abrió fue él, fulminándolo con la mirada y apretando la mandíbula.

- …Ku…Kuntur, yo… Necesito hablar con Yuuri, por favor.

- ¿Para seguir vertiendo tus porquerías sobre él y el resto? –el ruso enmudeció al oírlo. Esta vez Kuntur estaba muchas cosas, no solamente iracundo- ¿Yo también debo largarme a mi país luego de tu vómito letal, Nikiforov? ¿Yo también debo intuir que tú y Kotaro me mintieron y se revolcaban cada que ibas a verte con él, y yo no podía ir con ustedes?

- Kuntur… -Kotaro salió, mirando a ambos lados del pasillo de su piso de hotel, e intentó sujetar su brazo, sin éxito- Amor, por favor, entremos, no hagamos un

- ¿Escándalo, eso quieres decir? Oh, cierto –se cruzó de brazos, destilando ironía, y se hizo a un lado, para que Victor pasara- No podemos permitir que el Zar de Rusia pase vergüenzas, ¿verdad? Al final de cuentas, solo le importa su pellejo, no le interesa ni un poco a quien atropelle en el camino.

- Kuntur, sé que me merezco que me trates así, pero Kotaro no tiene nada que ver en esto –Victor deseaba darse de cabezazos contra la puerta. A esas alturas, de seguro Vladya iba a pasar entre ellos en unos minutos, llevándose a Yuuri y toda posibilidad de hablar con él.

- ¿Ah, sí, es así? –se acercó a él, elevando el mentón para encontrarse con su mirada, sin dejar que los centímetros de diferencia fuesen un impedimento para ser intimidante- ¿Eso pensaste cuando sugeriste que Yuuri te engañó con Kotaro, eso es lo que querías decir cuando casi le gritaste que si estaba haciendo lo de su lista, quería decir que había hecho con mi esposo lo mismo que hizo contigo?

- ¡No dije eso! –Victor estaba desesperado.

- ¡Lo hiciste! ¡Sugeriste eso, porque sabías perfectamente bien y desde hace mucho lo que Yuuri quería hacer, ¿me lo vas a negar?! –el ruso no pudo hacerlo- Siempre sospeché que Mila era una chismosa pero no me creían, aunque dudo que ella te lo haya contado por maldad, es una mujer honesta… A diferencia de ustedes dos, que me engañaron –y ver la frustración y dolor de Kuntur aumentó exponencialmente su culpa- Que tú lo callaras es típico de tu maldita personalidad narcisista que solo se preocupa de que todo te salga bien a ti, pero que Kotaro lo callase me duele demasiado, ¡suéltame! –intentó no ser abrazado, pero ya su esposo lo tenía apretado contra su cuerpo.

- Jamás, ¿me oyes? –Kotaro lo obligó a mirarlo, ejerciendo fuerza contenida contra sus mejillas- Jamás podría siquiera pensar de manera pecaminosa en otra persona… Victor es una reverendo imbécil por haber dicho las mierdas que dijo, pero las dijo porque cuando está cegado por su estupidez, piensa menos de lo normal… Solo he hecho el amor contigo en toda mi vida, Kuntur Carrillo –el más bajo se fue relajando, muy sonrojado. Pero no se acercó más a él.

- …Yuuri nunca llegó a este departamento con nosotros, Nikiforov –Victor palideció- Tu hermano nos trajo, y luego se fue a reunir con Sveta y los otros. Ya no están en Rusia, hace diez minutos enviaron un mensaje confirmando que iban a embarcar.

- …Yuuri…

- No quiero volver a verte nunca –Victor sintió su corazón resquebrajarse. El cariño que sentía por Kuntur era una extensión del que lo unía a Kotaro, y por ello, era como perder a un hermano- No me importa si dudaste de las otras mujeres, no me importa si eres tan enfermo como para pensar de repente que Yuuri gusta de mí. Metiste a Kotaro en un problema que era solo tuyo, por tu propia incapacidad para solucionar tus malditos problemas por ti mismo, así que ya me cansé de ti. Me cansé de tener que cancelar mis propias sorpresas para acudir a tu llamado cual perrito, arrastrado por el mejor amigo que es lo suficientemente escoria como para quitarte a tu prometido, ¿cierto?

- Amor, por favor… -pese a la dulzura de su voz, esas palabras parecieron volver a irritar a Kuntur.

- Voy a hacer mi maleta, Kotaro. Ya no tengo razón alguna para quedarme en Rusia –ambos lo miraron perplejos.

- Kuntur, tenemos aun días para disfrutar, pedimos vacaciones al mismo tiempo…

- ¿Para disfrutar? –sonrió con ironía- Pedimos vacaciones cuando tu hermanito llamó desesperado, no porque desearas pasar una segunda Luna de Miel conmigo, Kotaro. Si fuese así, habríamos ido a Japón, país que me gusta, país que quería conocer contigo. Así que, si logras solucionar los problemas de Victor a tiempo, te esperaré allá. De lo contrario, nos vemos en Año Nuevo, porque estoy seguro de que no querrás irte hasta después del cumpleaños de Nikiforov.

Kuntur les dio la espalda, y caminó hacia el interior. Y aunque era un tramo muy corto, ambos hombres lo observaron como si avanzase en cámara lenta. Uno con ojos de amor, y el otro con ojos de vergüenza.

¿Así lo veían, así lo sentían…? No, no como una molestia, porque conociendo como conocía a Kuntur, sabía que su agresión verbal se fundamentaba en el cariño inmenso que le tenía.

Kuntur, uno de los hombres que él más admiraba, lo veía como un estúpido que no lograba ni siquiera solucionar sus problemas de celos. Kuntur, uno de los amigos que más quería, había sido herido por culpa de esa incapacidad.

- …creo, Victor, que debes ir a Hasetsu cuando consideres que las cosas en tu cabeza y corazón, están fusionadas de nuevo –la voz de Kotaro detuvo a Kuntur, y atrajo la mirada de Victor- Creo, que eso será posible ahora, si has logrado comprender que tus palabras pueden prometer y crear un cielo, en la misma medida en que pueden envenenar no solo tu relación, sino las del resto.

- …lo siento…

- Irás solo, a encontrar a tu amor, Victor. Ya no eres el mocoso idiota y torpe que no sabía escalar. Es evidente que es mi culpa el haberte acostumbrado a eso, moldeándote como un discapacitado emocional… Y aunque esas salidas entre tú y yo siempre eran para que me dieras ideas para conquistar aun más a Kuntur –el aludido volteó el rostro, sonrojado, y sorprendido- yo nunca debí hacer eso. No debí dejar de lado a mi amor para correr donde ti cada que me lo pedías. Somos amigos, nunca dejarás de serlo, y quizás con el tiempo, te ayude a recuperar a mi Kuntur… Pero se acabó, Victor. Es hora de que te ofrezca la última lección de vida que probablemente me estás pidiendo –y en efecto, los ojos celestes suplicaban- Elegí a Kuntur como mi esposo y mi mejor amigo, y juntos, por ende, somos un equipo. Desde el "nosotros", nutriéndonos, podemos ayudar con el ejemplo. Me voy con Kuntur a Tokio, a todas las prefecturas que él quiera conocer porque ni siquiera tuvimos una Luna de Miel completa. Pero a menos que yo reciba un mensaje tuyo, indicándome que dejaste de ser un imbécil y Yuuri te pudo perdonar, no me esperes en Hasetsu. Quiero ser solamente Kotaro Carrillo. Y aunque no tengo por qué darte explicaciones, te aclaro que no por todo lo que acaba de decir Kuntur, ya que él nunca me impone o manipula en mis decisiones. Estoy desesperado por tener momentos solo de nosotros dos, y este es el mejor instante para perderme con él.

Kuntur nunca era efusivo, ni dulce, menos romántico, pero sus ojos llorosos y la manera en que se acercó a nosotros, me terminaron de convencer sobre lo cretino que había sido sin darme cuenta… Le había quitado momentos valiosos de Kotaro, sin interesarme en sus proyectos en común.

Pero estoy a tiempo. Por Yuuri, por lo nuestro, estoy a tiempo.

- …no volveré a molestarlos…

- …no se trata de molestar o no, se trata de que uses la cabeza. Siempre estaremos para ustedes –Kuntur se acercó a su esposo, y dejó que Kotaro lo abrazara por la cintura- Lamento mucho que mis propios celos me hayan hecho hablar cosas sin sentido, Victor.

- No, está bien. Sería un idiota si pensara lo contrario, si todo esto se ha generado por culpa de los míos –Victor se inclinó, respetuoso, con ese estilo japonés heredado de Yuuri- Lo siento…

- Mi Kuntur siempre me da la patadita del impulso. Esta opinión no es suya solamente, yo mismo debo reconocer que me estaba hartando de tu inmadurez, y me generaste casi una peritonitis con todas esas estupideces que dijiste, ¿cuándo siquiera te he visto desnudo? Ese fue mi esposo –Kuntur lo golpeó en el pecho.

- Soy un animal…

- Así es –Victor suspiró ante la confirmación de Kuntur- Pero los animales son seres de instinto, y sé que lo harás bien… Bueno, ve corriendo a tu departamento, nos encontramos en una hora en el aeropuerto.

- ¿Eh? –ambos lo miraron sin entender.

- Quiero a Yuuri. Creo que es lo que necesitas para dejar de ser un ente completo sin rumbo. Y verlo tan afectado por el ataque de ansiedad, me hiso sospechar que él mismo te necesita para calmar su mundo interno. Así que vamos a Hasetsu, yo invito, por tu cumpleaños. Pero vete ya, zopenco, quiero seguir vacacionando y me muero por conocer el onsen de los Katsuki –Victor resplandeció, y los abrazó con fuerza, antes de irse corriendo.

- Creí que

- ¿Iríamos a Tokio? Te conozco, no lo disfrutarás a menos que Victor esté tranquilo, y no pienso tratar con tu disfunción eréctil asociada al estrés –intentó meterse de nuevo a la habitación, pero Kotaro lo detuvo.

- ¿Sí me crees, verdad? –Kuntur bajó la mirada, triste- Amor…

- Te creo, pero aun me duelen esas palabras. Va a sonar infantil, pero me duele que él haya sabido tantas cosas tuyas cuando yo no estuve. Me duele que sean complementarios

- Kuntur, tengo temas en común con él, pero no hay nada que se compare a la vida que comparto contigo.

- Ya sé… Pero por eso entiendo a Yuuri, su lista, su plan… Yuuri va a morir, pero quiere hacer todo eso por Victor antes, y que haya oído cómo se expresaba él sobre su lista, me –Kotaro lo calló con un beso, callando sus palabras.

- Yuuri va a morir, sí… Pero te juro que ambos serán felices antes de que ocurra, mi amor.

- Lo sé. Lo malo es que eso pasará… solo si antes logran madurar. Sino, me temo que volverán al punto de inicio.