CAPÍTULO 32

AL DESCUBIERTO

Nevra me sostenía y besaba de forma dulce y cálida, como si saboreara mis labios, intentando retener su sabor. Con una mano en mi nuca, puso la otra en mi cintura y me pegó más a él, intensificando así el beso. Mis manos, aun con el texto agarrado, se encontraban sobre su pecho y aunque pude frenarle y apartarle, simplemente no lo hice, dejé que me besara, que alargara ese momento aunque en la obra se tratase de un beso más corto y casto.

Y mentiría si dijera que no me esperaba que Nevra acabara besándome, era muy consciente de que aprovecharía la ocasión, después de todo había habido mucha tensión entre ambos los últimos días. Y en el fondo yo deseaba que pasara, que pasara en este contexto, claro. Un beso "fingido" quitaba la incomodidad de qué podía pasar después, si seguir hasta el final o rechazarle de pleno. De hecho se podría decir que necesitaba ese beso para saber qué reacción tendría mi cuerpo y así saber qué decisiones tomar y qué camino escoger.

Un carraspeo bastante audible me sacó de mis pensamientos, finalizando así el beso y varias risitas apagadas se escucharon desde el fondo.

Nevra: Perdón, me dejé llevar por el momento.

Sonreía satisfecho y orgulloso y yo no atinaba a pronunciar palabra alguna mientras jugaba con un mechón de mi pelo nerviosa, siendo observada por todos los presentes.

Valkyon tenía la mandíbula apretada, tanto que casi se podían oír sus dientes rechinar y sus brazos estaban cruzados sobre el pecho. Nos miraba a ambos con insistencia.

Valkyon: ¿Habéis acabado ya? Decidimos no introducir los besos hasta los últimos ensayos, por comodidad.

Nevra: Tranquilo, no me ha incomodado en absoluto, sólo quería hacer la escena... creíble.

Nevra se relamió los labios como si acabara de tomar un dulce de esos que te dejan los labios llenos de azúcar y Valkyon se levantó de la silla de sopetón, haciendo que ésta chocara con la hilera de atrás.

Valkyon: ...Tomemos un descanso de diez minutos.

Acto seguido abandonó la sala en dirección a los jardines sin añadir nada más y el resto hizo lo mismo yéndose en diferentes direcciones. Yo me había quedado estática en el sitio algo aturdida por todo lo ocurrido.

(¿Qué ha sido todo esto? Y... ¿qué he sentido realmente con ese beso?)

Nevra: Voy a tener que pedirle a Miiko que me deje ayudaros con esto...

Se acercó otra vez a mí y me sujetó por la cintura atrayéndome de nuevo hacia él, dispuesto a repetir. Pero yo fui más rápida y esta vez sí frené sus intenciones.

Mystika: Se acabó el ensayo, listillo.

Nevra: Jajaja vale.

Mystika: Voy a fuera que me dé el aire, ¿tú qué vas a hacer?

Nevra: Voy a aprovechar para darle de comer a Shaïtan, debe haber vuelto ya. Ahora nos vemos.

Nevra se marchó hacia su habitación y yo me dirigí al cerezo a encontrar un poco de paz, aunque fueran cinco minutos.

Una vez llegué me encaramé a la copa del árbol para que nadie pudiera molestarme. Desde allí pude ver a Demian con Miiko paseando por los alrededores del kiosko y charlando. Subí un poco más arriba desde donde pude divisar el parque de la fuente. En seguida distinguí la silueta de Valkyon sentada en la gran piedra sobre el pequeño lago.

Antes de poder si quiera fijarme en él, detecté por el rabillo del ojo un movimiento proveniente del muro que rodeaba la ciudad. Me escondí mejor para poder ver sin ser vista y volví a notar unas sombras moverse por el muro. Eran oscuras y esbeltas y se movían con mucha rapidez. En ese momento pude distinguir claramente como una de las siluetas tensaba un arco apuntando hacia adentro.

Bajé corriendo por el tronco para avisar a Miiko y Demian pensando que podrían ser el objetivo. En cuanto llegué a ellos jadeando por la carrera me miraron asombrados y en ese instante se oyó un grito que me heló el corazón.

Mystika: {Valkyon...}

Corrí al parque como alma que lleva el diablo y me encontré a mi jefe sentado en el suelo detrás de la piedra con una flecha clavada en la pierna, cerca de la ingle.

Mystika: ¡Valkyon! ¿Estás bien?

Asintió con la mandíbula apretada y con un rápido gesto desclavó la fecha de su pierna reprimiendo un grito. La sangre comenzó a brotar y sin pensarlo puse mis manos sobre la herida para frenar la hemorragia.

Mystika: ¡Estás loco!

Él sólo atinó a gruñir mientras sujetaba con firmeza mis muñecas, respirando entrecortadamente.

Mystika: Tapona bien la herida y quédate aquí oculto, nos atacan. Voy a dar el...

Antes de poder acabar la frase el sonido una campana tañó el cielo dando el aviso del ataque.

En cuanto intercambiamos de posición nuestras manos volví hacia el kiosko, donde Miiko y Demian se habían ocultado agachados tras éste, que al verme con las manos llenas de sangre me miraron atónitos.

Miiko: ¿Qué diablos pasa?

Mystika: Hay algo en los muros atacando con arcos, sólo distinguí unas sombras oscuras y altas.

Demian: Drows...

Mystika: ¿Eh?

Demian: Elfos oscuros, mercenarios. Hace mucho que no se hacían notar, algo ha tenido que pasar para que vengan precisamente aquí a atacar.

Mystika: Han herido a Valkyon, tengo que ir a por mis armas y avisar a Eweleïn.

Miiko: Bien, yo avisaré a los otros dos jefes y a todos los miembros de todas las guardias disponibles.

Los tres nos dirigimos rápidamente hacia el interior del cuartel y Miiko comenzó a gritar órdenes a todos los presentes. Yo fui corriendo a avisar a Eweleïn y armó un pequeño dispositivo con algunos miembros de Absenta para crear un escudo protector para llevarse a Valkyon.
Luego me fui a mi habitación y me armé tanto con la espada como con el arco y las flechas.

Cuando llegué de nuevo al parque pude ver a Leïn deteniendo la hemorragia y vendando la pierna de Valkyon, habían acertado a clavarle la fecha justo donde la armadura no le cubría, en la parte superior del muslo. Todos estaban rodeados por un escudo semitransparente mientras los miembros de Absenta recitaban extrañas frases en un idioma irreconocible para mí.
Me introduje un momento en el escudo para conocer el estado de mi jefe.

Mystika: ¿Cómo estás?

Valkyon: Mmm... He estado peor.

Eweleïn: Ha perdido bastante sangre, acertaron en la femoral... Tenemos que trasladarle.

Mystika: Vale, yo os cubro.

Subí a la piedra oculta detrás de unos matorrales y llegaron algunos arqueros más. Preparé una flecha y apunté hacia los muros.
En cuanto vi movimiento lancé una flecha. No pareció suceder nada.
Volví a preparar otra y apunté pacientemente.

Ezarel: {Mystika, ¿qué está pasando?}

Mystika: Primos tuyos.

Ezarel: ¿Elfos salvajes?

Mystika: Oscuros.

Ezarel: Pero qué...

De nuevo vimos una sombra en los muros y Ezarel y yo lanzamos una flecha a la vez. Esta vez se oyó un grito y algo caer al suelo del jardín.

Ezarel: Oresia, ve a buscar a la Guardia Obsidiana, vamos a capturar al elfo caído.

Una chica de cabellera corta y rubia, armada con un arco se fue corriendo y los demás nos quedamos expectantes a cualquier movimiento.

Al cabo de unos cinco minutos de inactividad, varios miembros de mi guardia rodearon al elfo caído mientras se protegían con sus escudos por las posibles flechas que pudieran lanzarles. Le engrilletaron por seguridad y se lo llevaron hacia el cuartel, seguramente directo a una celda.

A cada sombra que veíamos le caía un aluvión de flechas, pero eran demasiado ágiles.

Mystika: ¡Maldita sea!

Ezarel: No te desanimes, vamos a patearles el culo.

En un momento nos vimos rodeados desde los muros, no teníamos ángulos muertos donde escondernos. Rápidamente algunos arqueros dejaron a un lado sus armas y recitaron los extraños versos que oí antes cuando protegían a Valkyon.

Desde la muralla nos llegaron varias flechas que chocaron contra la pantalla que habían creado. Lo malo es que nosotros tampoco podíamos atacar desde dentro de ésta.

Mystika: Mierda, así podríamos pasarnos todo el día...

Me agaché y medio oculta por las plantas abandoné la protección.

Ezarel: ¿Dónde vas, loca?

Mystika: A mover ficha.

Fui reptando para no ser vista hasta llegar a la gran puerta que permanecía cerrada. Subí por uno de los torreones de vigilancia y entré. El guardia, un joven licántropo unos pocos años mayor que Chrome, se giró hacia mí apuntándome con su arma y yo alcé las manos en señal de rendición, éste bajó el arma en cuanto se dio cuenta de quién era.

Mystika: Déjame salir por la puerta.

Guardia: Pero están ahí y son varios.

Mystika: Hazlo, vamos.

Titubeó un poco y finalmente abrió la tranca de la puerta. Yo salí con cuidado y vigilando no ser vista por nuestros atacantes. Iba agachada contra las piedras del muro, moviéndome con el mayor sigilo posible hasta que noté algo rozar mi brazo.

Nevra: {Eh, ¿qué haces aquí?}

Pegué un bote del susto que me dio escucharle tan cerca.

Mystika: {Joder Nevra casi me da un ataque. ¿Qué crees que hago?}

Nevra: {Vale, es evidente, sólo que no te esperaba aquí. Sígueme y ponte detrás de mí}

Continuamos caminando agachados y de repente Nevra sacó unas cuchillas preparándose para atacar ante mi sorpresa.

Me hizo un gesto para indicarme que el enemigo se encontraba tras el siguiente torreón. Debió escucharle respirar, o algo que obviamente yo no conseguía.
Coloqué una flecha y apunté hacia el resto del muro esperando que otro diera la cara para cubrir a mi compañero. Nevra cambió de lugar, se expuso y lanzó un par de cuchillas hacia dentro del torreón a través del ventanuco. Luego se volvió a cubrir, sacó una daga y me hizo seguirle hasta la estancia.

En el suelo había tirado uno de los elfos malherido y moribundo. Me acerqué y le di la vuelta en el suelo. Era una mujer, su piel era negra como la obsidiana, su pelo gris plateado y sus ojos rojo sangre. Su cara estaba desencajada por el dolor y sus ropas negras estaban teñidas de carmín por las cuchillas clavadas en su pecho.

Mystika: ¿Por qué nos atacáis?

Elfa: Que...te jodan perra...

Mystika: Respuesta incorrecta.

Metí los dedos en una de sus heridas abiertas y ella soltó un alarido de dolor.

Nevra: Deja que se ocupen de ella si es que sobrevive, tenemos que neutralizar a los demás.

Mystika: Sí...

Ignorando a la elfa volvimos a salir para continuar el avance hasta la siguiente torre. Abrimos la puerta lentamente, pero estaba vacía.

Nos adentramos en ella y vigilamos por las ventanas intentando no ser vistos, agachados en el suelo.

Divisé uno de los arqueros enemigos apuntar intramuros, pero de repente se giró hacia nosotros dispuesto a soltar la flecha y no me apuntaba a mí...

Mystika: ¡Nevra!

Le agarré tanto del kimono como de la camiseta con cada mano y le atraje fuertemente hacia mí, quedando cara a cara a menos de un centímetro de distancia. En ese momento un silbido cruzó el habitáculo y finalizó con el sonido del choque del metal contra la piedra.

Nevra: Vaya, sabía que te gustaba la acción, pero esto... ¿Crees que es el momento adecuado? Que no me quejo eh, yo...

Mystika: ¡Calla idiota!, casi te matan...

Nevra rio ante mi incomodidad y preocupación, aunque en su rostro se reflejaba un poco de miedo. Al parecer su broma le servía a sí mismo para olvidar que esa flecha casi atraviesa su cabeza.

Mystika: ¿No deberías ser más discreto?

Nevra: Sólo soy CASI perfecto, a veces también bajo la guardia.

Mystika: Pues no es el momento de bajarla.

Nevra: Se me hace difícil cuando no quieres ni soltarme.

Aún tenía sujeto a Nevra por la ropa y mis nudillos estaban pálidos por la presión que ejercían.
Le solté de inmediato y me disculpé.

Nevra: No te disculpes, has vuelto a salvarme la vida. Quería ser yo el caballero de brillante armadura, pero contigo es imposible, casi siempre me toca ser la princesa...

Exploté en una carcajada y en seguida me cubrí la boca para no hacer más ruido. Esto me ayudó a relajarme un poco y eliminar parte de la tensión del momento.

Mystika: Sigamos anda...

El elfo que nos había disparado ahora estaba ocupado con otros miembros de la guardia que se encontraban en los jardines, así que salí primera con intención de atacarle antes de que se diera cuenta de mi presencia.
Por desgracia se había ocultado de los ataques de mis compañeros, así que no lo tenía en mi campo de visión.

(Maldita sea, puedo encontrármelo de cara...)

Saqué mi espada y seguí avanzando. En pocos segundos me lo encontré de frente, demasiado cerca para que él pudiera girarse y dispararme una flecha o reaccionar para sacar otra arma.
Como no tenía ganas de ver más sangre, golpeé fuertemente al elfo con el mango de la espada en la sien y cayó desmayado.

Nevra comenzó a atarle de pies y manos y yo aproveché el momento para estirarme un poco, pero cuando iba a proseguir el avance una vez acabado Nevra, escuché un chillido muy familiar...

(Oh no...)

Me asomé por el muro sin cuidado alguno y algo a lo lejos vi a Ignis surcando los cielos hacia un punto concreto del muro. Seguí su trayectoria y vi a otro enemigo apuntándome directamente, estaba totalmente expuesta y paralizada por la tensión.

Cuando éste iba a soltar la flecha Ignis se abalanzó sobre él gruñendo, entonces rápidamente el elfo cambió su objetivo y disparó hacia arriba la flecha que iba a ser para mí. En ese momento mi dragón le atacó de vuelta lanzándolo hacia el suelo.
Por desgracia no fue el único que cayó, Ignis descendió a trompicones hasta caer en el jardín.

Mystika: ¡NO!

No lo pensé, saqué medio cuerpo por el muro y luego lo descendí apoyando mis pies y manos en los huecos y salientes en las piedras.

Oí a Nevra llamarme desde arriba pero no le presté atención. Ésta sólo se concentraba en Ignis. Di un salto para salvar el último tramo y corrí hacia Ignis con paso errático por la angustia.

Su cuerpo estaba cubierto por una de sus alas, así que me agaché a su lado y la retiré con cuidado y enseguida vi la flecha, que por fortuna sólo estaba clavada en su pata trasera, no era una herida mortal...

De repente noté algo haciéndonos sombra y me giré asustada hacia atrás.

Mystika: Valarian...

Valarian: ¿Por qué será que esto no me sorprende?

Valarian nos cubría con un enorme escudo, había venido sólo, así que se había expuesto a ser herido para protegernos.

Mystika: Gracias Val. Tengo que sacarle de aquí.

Valarian: Espera unos minutos, pronto acabará todo esto.

Fruncí el ceño sin entender nada y entonces oí un cañonazo.
Me sobresalté y Val puso una mano en mi hombro en un gesto tranquilizador y me sonrió. Otro cañonazo se hizo audible, no obstante no se oía nada golpear contra las piedras del muro.

Me agaché un poco y miré en dirección al ruido. Varios miembros de Obsidiana portaban cañones cortos de mano y a ambos lados un escudero y un arquero para protegerlos y cubrirlos.

Otro cañonazo retumbó en el aire y vi como lo que salían de ellos eran enormes redes con peso en los extremos para apresar a los enemigos sin dañarles, seguramente para poder interrogarlos.

Cuando los cañonazos cesaron, uno de ellos hizo un gesto y varios miembros corrieron hacia el muro para subir a por los apresados.

Valarian: Vamos, ya no hay peligro.

Rodeé a Ignis con los brazos y a duras penas lo elevé. No me había dado cuenta antes, pero cada día que pasaba crecía más y más y apenas podía ya con él, además de pesar más de lo que aparentaba.
Valarian me dio su escudo y tomó en brazos al dragón con sumo cuidado y delicadeza para no mover la flecha de su pata y evitarle cualquier dolor.

Puse mi mano en su hombro en señal de agradecimiento sonriendo y pensando que quizás estaba algo equivocada con él y no era tan pasota como creía.

Valarian: No me atacará, ¿no?

Mystika: No mientras no se lo ordene...

Valarian: Bien... Soy buen chico, no habrá motivos para que le des la orden jajaja

Mystika: Jmmhh.

Con facilidad cargó con Ignis hasta el cuartel ante la atónita mirada de todo aquél que nos veía pasar. Varios de ellos se apartaban a nuestro paso y otros nos seguían de lejos para ver mejor, incrédulos por lo que creían que era ese extraño reptil en manos de mi compañero.
Mi pequeño dragón había salido de la seguridad de mi habitación para salvarme y ahora que sabían de su existencia, corría peligro.

Al fin llegamos a la enfermería, cogí el relevo y Valarian se fue rápidamente para ayudar a sus compañeros no sin antes volver a agradecerle la ayuda con un abrazo sincero.
Leïn estaba delante de mí asombrada cuando me giré.

Mystika: Leïn, necesito que le cures...

No atinaba a pronunciar palabra alguna y no la culpaba, no todos los días se veía un dragón de verdad.

Mystika: ¡Leïn!

Eweleïn: Ehhh sí sí, espera, ponlo aquí.

Apartó varias cosas de su mesa y colocó una manta por encima. Yo me acerqué y dejé a Ignis con cuidado sobre ella y comenzó a examinarlo, tocándolo como si fuera de cristal.

Mystika: No temas, no te hará nada ni se va a romper. Sólo tiene una flecha en su pata, no parece demasiado grave.

Eweleïn: Vale... Pero si es una flecha de los Drows, sí es grave.

Mystika: ¿Por qué?

Eweleïn: Mira... tienen una especie de veneno, estamos intentando averiguar de cuál se trata. Por suerte actúa con lentitud.

(¡Mierda, Valkyon!)

Mystika: Leïn, ¿cómo está Valkyon?

Eweleïn: Tu jefe está detrás de esa cortina, le he administrado un sedante que además frenará el avance del veneno. También he tenido que hacerle una transfusión. Ahora está dormido pero no creo que tarde en despertar.

Mystika: ...¿Puedo?

Eweleïn: Claro, adelante.

Retiré la cortina y vi a Valkyon tendido en la camilla. Su piel había palidecido tomando un color amarillento y unas ojeras muy obvias rodeaban sus ojos.
Me senté a su lado acariciando su rostro con preocupación. Estaba sudando.
Miré hacia su pierna y las vendas estaban manchadas de sangre, como si se hubiera roto la sutura que contenía la hemorragia.

Mystika: Leïn, está sangrando.

Eweleïn apareció tras retirar la cortina y fue a inspeccionar el vendaje.

Eweleïn: Ayúdame.

Retiró los vendajes y como le ocurría a mi dragón, la herida tenía un color violeta debido al veneno de la flecha. Con unas gasas apretó la herida para contener la hemorragia.

Eweleïn: Ve a buscar aguja e hilo, están en el cajón de la mesa.

Salí veloz hacia su mesa y vi a Ignis que estaba ya incorporado lamiendo su pata. Cuando me fijé bien, su herida antes oscura, se volvía de color rojo al pasar su lengua por ella, desapareciendo todo rastro de veneno.

Le hice un gesto para que viniera a mis brazos y lo llevé al lado de Valkyon.

Eweleïn: ¿Pero qué haces? Necesito aguja e hilo...

Mystika: Espera. Ignis, ¿puedes eliminar también su veneno?

El dragón me miró ladeando la cabeza para luego subirse a la camilla y comenzar a lamer la herida de Valkyon.
Como anteriormente pasó con la suya, el color oscuro fue dejando paso al color rosado de la piel lesionada.

En ese momento salí a buscar definitivamente los utensilios de sutura y se los di a Leïn, que comenzó a coser hasta dejarla cerrada. Después le ayudé a vendarle de nuevo.
Una vez acabamos, ella volvió a su mesa con el dragón para suturar su corte y vendarle mientras yo me quedaba con Valkyon.

Sujeté su mano y le observé deseando que Ignis le hubiera eliminado todo el veneno y sólo quedara recuperarse.

Valkyon: {Mhhh... ¿Mystika?}

Mystika: Sí, soy yo. ¿Estás bien?

Valkyon: Sí, ahora sí...

Mystika: ¿Quieres agua?

Él asintió con dificultad y yo me levanté a preparar un vaso de agua que luego ayudé a tomársela.

Mystika: Ignis ha eliminado el veneno de tu herida.

Valkyon: ¿Qué hace fuera de tu habitación?

Mystika: Me salvó de un elfo y éste le hirió. En principio ya están todos contenidos. Estamos fuera de peligro.

Valkyon sonrió y me miró a los ojos en silencio.

Mystika: Bueno, tienes que descansar. Voy a por Ignis para llevarlo de vuelta a la habitación. Vendré a verte más tarde... si quieres.

Valkyon: Claro. Hasta luego.

Cogió mi mano y le dio un leve apretón a modo de despedida. La pérdida de sangre y el rato en el que el veneno había actuado en su organismo le habían dejado agotado.
La elfa había acabado de vendar a mi dragón y ahora le estaba dando algo de comida, por lo que supe que se había ganado una amiga, pues nada le gustaba más que la comida...
Ella lo acariciaba con cuidado y lo miraba aún fascinada. Luego desvió la mirada hacia mí.

Eweleïn: ¿Puedes sentarte un momento?

Obedecí sin decir palabra creyendo que me hablaría del dragón.
Ella me prestó toda la atención dejando un trozo de pan en el suelo para que Ignis bajara de la mesa.

Eweleïn: Supongo que por tu edad ya conoces según qué cosas, pero como estás en un mundo aún algo desconocido para ti, debo hablarte de ello.

Esperé pacientemente a que prosiguiera sin entender por dónde iba la conversación.

Eweleïn: Debes saber que contamos con un método de anticoncepción, aunque supongo que él ya te habrá hablado de ello.

(¿Qué? ¿De qué diablos habla ahora?)

Eweleïn: Oh, por tu cara de sorpresa veo que no... ¿Eres...?

Mystika: ¿Qué? ¿Virgen? No, no, pero... ¿A qué viene esto?

Eweleïn: Bueno, debes cuidarte y si no eres virgen, tengo que hacerte unos análisis. En Eldarya por fortuna no tenemos esas enfermedades humanas que se transmiten a través de las relaciones, todavía.

Mystika: ¿Que tengo que cuidarme? Y siempre usé protección en mi mundo, pero si quieres hacerme un análisis, no hay problema...

(Esto no podía ser más incómodo, hablar de mi vida sexual estando Valkyon a escasos dos metros...)

Mystika: Pero insisto, ¿a qué viene hablar de esto ahora?

Eweleïn: Por Nevra, obviamente. Bueno a menos que no te importe quedarte embarazada, claro, no sé cómo lo hacéis en la Tierra o si es común tener descendencia pronto.

Mystika: Espera, espera, ¿QUÉ?

Eweleïn: Hace mucho que os veo pasar tiempo juntos y hace un rato unas chicas entraron al cuartel hablando de la escena en el ensayo. Si queríais llevarlo en secreto, no lo habéis conseguido.

Mystika: Pero no hay nada que ocultar, nosotros no...

Eweleïn: Ya, ya, no tienes por qué esconderme nada, recuerda que soy tu médico y además, se te nota en la cara que estás enamorada.

Mystika: Leïn, NO estamos juntos y no he tenido relaciones ni con él ni con nadie aquí.

Eweleïn pareció sorprenderse.

Mystika: ¿Tan raro es lo que he dicho?

Eweleïn: Bueno, todos sabemos lo insistente que es Nevra y su atractivo.

Mystika: Ya... Pero no es ESO lo que me atrae en un chico.

Sin poder evitarlo desvié la mirada hacia la cortina que escondía la camilla con Valkyon en ella y volví a mirar a Eweleïn.
Ella abrió la boca y los ojos y miró también a la cortina.

(Ups...)

Eweleïn: Vaya... entiendo.

Le miré suplicante esperando que no dijera nada más de la cuenta, pues a menos que se hubiera dormido, él lo estaba escuchando TODO.

Eweleïn: Bueno, igualmente toma estas píldoras, por si algún día... ya sabes. Tomando una estás protegida durante una semana.

(No creo que vaya a necesitarlas...)

Me tendió el bote con las píldoras y lo agarré para que terminara esta conversación tan incómoda.

Mystika: Sí gracias... Luego pasaré un momento.

Hice una señal al dragón que me siguió sin pensarlo. Iba caminando normalmente, al parecer la herida no era gran cosa para él por suerte.

Al bajar las escaleras me encontré de frente con Demian y Miiko, que me miró sorprendida a mí y a mi dragón. Parecía no acabar de comprender lo que estaba viendo.
Ignis se puso detrás de mí, seguramente notando mi estado de alerta y ansiedad por la situación.

Miiko: ...¿Qué significa esto?

Demian dio un paso hacia ella y puso la mano en su hombro para calmar la situación.

(Vaya, bien podría decirse que ha tomado el papel de Leiftan)

Varios miembros nos rodearon observando la escena y al extinto reptil que seguía escondido de la kitsune tras de mí.

Miiko: A la sala del Cristal, AHORA.

En silencio hicimos el corto recorrido hacia el Cristal, sólo se oían nuestros zapatos y las uñas de Ignis rozar el mármol del suelo.

Al llegar, Miiko miró al dragón mientras masajeaba sus sienes y daba vueltas sobre sí misma con el ceño y los labios fruncidos en un claro gesto de irritación.

Mystika: Miiko yo...

Miiko: No digas nada. Desobedeciste e incubaste el maldito huevo, ¿verdad?

Mystika: Así es, ni Kero ni Ykhar encontraban nada sobre él y decidí seguir mi instinto.

Miiko: ¿Tu instinto? Desde luego éste no sabe nada sobre supervivencia. ¡Por el oráculo, es un dragón!

Mystika: Sí, ya me di cuenta de ello, mi vista funciona bien por el momento.

Miiko se paró desafiante y Demian reprimió a duras penas una risa mientras miraba el duelo divertido.

Miiko: Lo siento mucho pero es un peligro para todo el cuartel.

Mystika: Es sólo un bebé...

Miiko: Un bebé que no tardará mucho en crecer y convertirse en una bestia incontrolable.

Mystika: Pero no tiene por qué ser así, si lo educamos...

Miiko: ¡BASTA! ¿Educar? Sólo los Dragones podían domarlos y éstos se extinguieron todos en la creación de nuestro mundo.

Mystika: ¡Pero son suposiciones y leyendas recogidas hace siglos!

No me gustaba nada a dónde iba esta conversación. La bola de luz azul del cetro de la kitsune comenzó a crecer y centellear, lo que no presagiaba nada bueno.

Miiko: ¡Se acabó, aquí la que está al mando soy yo!

Me crucé de brazos realmente cabreada por su intransigencia. No sabía en qué diablos pensaba, pero no iba a dejar que tocara a mi dragón.

Miiko: No hay discusión posible, tu dragón será apresado.

CONTINUARÁ