Y aquí está un nuevo tema y otra pequeña historia :) espero que os guste xD


Día 3: Vida de casados

Al igual que su boda y luna de miel, su vida de casados no podía comenzar siendo algo normal. Por eso mismo no era de extrañar que sus vecinos estuviesen hartos de sus peleas, en las que las ventanas acababan rotas, cosas volando a través de ellas y por supuesto de los gritos y golpes del matrimonio.

Sus discusiones eran por cualquier cosa, por ejemplo de quien fue la culpa de que se rompiese el lavavajillas, la razón por la que la ropa negra de Sougo ahora tenía un color rosa después de salir de la lavadora, donde fue a parar el Sukonbu del armario de la cocina o una excusa por el arroz que tenía sabor a salsa tabasco. Todo eso eran grandes misterios, pero ambos le echaban la culpa al contrario y acababan a golpes que destrozaban la casa.

Seguro que Gintoki y Kondo, los que fueron obligados a comprar el mobiliario de la joven pareja, los regañarían al ver el pésimo estado de estos, pero de momento tenían problemas más grandes.

- Eres una pésima cocinera - recriminó Sougo

- No es mi culpa que tu carezcas de papillas gustativas - se defendió Kagura

- Se dice papila y eres incapaz de de cocinar arroz - añadió el hombre

- Yo cociné arroz para tu comida - defendió la menor

- Y estuve vomitando por tu culpa, hasta diarrea me dio - explicó Sougo furioso

- No es mi culpa, yo preparé un delicioso almuerzo - dijo la yato quitándole importancia al asunto

- ¿Quién es tan inútil que no sabe cocinar arroz? Cualquier estúpido podría - se quejó Sougo

- No soy estúpida - refunfuñó ella

- Así que admites que no sabes cocinar - pilló Sougo a la menor desprevenida

- Sé cocinar arroz - se defendió Kagura cada vez más insegura

- ¿Cómo lo cocinaste entonces? - preguntó el mayor

Kagura tragó saliva, odiaba cuando su marido le hacía esas preguntas, casi parecía un interrogatorio y que su trabajo fuese de policía no ayudaba mucho. Pero como no tenía más ganas de discutir decidió decir la verdad, aunque estaba segura de que acabaría mal.

- Primero debes conseguir una olla para cocinar, eso fue difícil, pero después de buscar en muchos muebles lo conseguí - explicó ella

- ¿Y después? - preguntó Sougo con poco paciencia

- Se pone la olla en el fuego, mientras miro Doraemon - explicó Kagura

- Ni Doraemon con su bolsillo puede sacarte de este problema - comenzó Sougo

- Siguiente paso - interrumpió Kagura - Apagar el fuego que comenzó en la olla por falta del agua -

Sougo quiso golpearla, no era posible que su esposa fuese tan idiota.

- Después viene un paso muy importante, buscar una olla nueva -

- ¿Me tomas el pelo? - preguntó Sougo perdiendo la paciencia

- Al menos ya sabes porque tenemos escasez de ollas - explicó Kagura mientras hacía parecer que todo eso no era su culpa

- Pequeño demonio - maldijo Sougo - Siguiente paso -

- Dejar la olla con agua hirviendo -

- Dime que no se quedó sin agua - pidió el hombre

- ¿Por quién me tomas? - preguntó Kagura ofendida

- ¿Sí o no? - insistió Sougo

- Solo un poco, pero esta vez no hubo incendio, así que el siguiente paso es llenarla de agua nuevamente y cuando esté hirviendo, echar un paquete entero de arroz -

- Eso es muy poco - dijo Sougo sorprendido - Tú comes mucho más -

- Pero cociné solo para ti - explicó ella mientras se sonrojaba y tuvo que evitar la mirada

- Seguro que solo querías probar si era comestible, antes de probarlo tú - añadió Sougo que ya conocía que su esposa de buena y santa no tenía nada

- Me conoces bien - explicó ella con una gran sonrisa

- Te odio - murmuró él

- Después de esperar por dos horas por el arroz, estará líquido, por lo que hay que repetir los pasos anteriores otra vez -

- ¿Cuánto arroz gastaste? - preguntó Sougo esta vez preocupado por su bolsillo

- Esta vez hay que sacar el arroz antes de que se desintegre - explicó la mujer

- Sé de otra persona a la que quiero desintegrar ahora - murmuró Sougo sorprendido por las pocas dotes culinarias de su esposa

- Hay que escurrir el arroz, para ello hay que usar un colador - explicó la mujer

- Ese paso fue normal - añadió sorprendido Sougo

- ¿Qué quieres decir con eso? - preguntó ella enfadada

- Nada, ¿Ya acabaste? -

- No, después hay que ponerlo en un lugar donde transportarlo y ya está - explicó Kagura con una sonrisa

- Al menos dos pasos puedes hacerlos correctos, pero eso no explica el mal sabor del arroz - explicó Sougo - ¿Le pusiste sal? -

- Claro - dijo Kagura mientras tomaba el salero

Silencio incómodo.

- Eso es el azucarero - explicó Sougo

- Uy - añadió Kagura mientras se llevaba la mano a la boca, sorprendida

- Nada de eso, definitivamente me quieres matar - se quejó el hombre

- Hasta que la muerte nos separe - repitió ella las palabras de la iglesia

- Pequeña cabrona - insultó él, pero su estómago sonó con fuerza - Lo mejor será que te enseñe a cocinar arroz si no deseo morir con tu comida

- Vale - aceptó la menor

Sougo abrió el grifo de la cocina para llenar la olla, pero no cayó ni una gota.

- No funciona - explicó Kagura

- ¿Y de donde sacaste el agua para cocinar? - preguntó el hombre

- Fácil - añadió ella orgullosa de sí misma - Del baño -

- ¿Funciona el grifo del baño? - preguntó Sougo pensando en las reparaciones que debían hacer

- No, pero en el retrete hay mucha agua para usar - explicó Kagura

Sougo sintió ganas de vomitar. Ella no había sacado agua del retrete para cocinar su comida ¿No?.

Sougo palideció, tenía un demonio por esposa y acabaría muriendo si ella cocinaba, por lo que debía sacarla de la cocina sin ofender sus sentimientos.

- Tu comida es horrible, mejor comemos fuera todos los días -

A la mierda los sentimientos, su vida estaba en peligro. Y con lo que acababa de decir corría el doble de peligro.

- Al menos yo intento cocinar, pedazo de mierda, ¿Sabes lo difícil que es cocinar y encargarse de la casa? - preguntó ella furiosa

- La casa se cae abajo y encima me confesaste que te la pasas viendo Doraemon - recriminó Sougo

- Doraemon llévame contigo - pidió la mujer

- No conviertas a Doraemon en shinigami, ni él puede salvarte de tu destino - añadió Sougo

Nuevamente comenzó una discusión entre ambos, pero esta vez habían metido a un gato azul de por medio y no había magos de ningún gremio para defender la integridad de aquel gato.

Una cosa era clara, discutían a cada hora, pero de alguna manera se amaban, complementaban y soportaban y eso era lo importante. Sougo se aseguraría de mantener a Kagura muy lejos de la cocina y no volvería a probar sus comidas, al menos si quería seguir vivo, mientras que Kagura podría pasar más tiempo con cosas para las que era útil, todavía debía encontrar alguna, pero el tiempo ya lo tenía.

- ¿Qué te parece de un poco de sexo de reconciliación? - preguntó Sougo con una sonrisa traviesa

- Ya era hora de que fueses útil - se burló Kagura

Al menos se entendían a su manera muy especial.

Fin


Y hasta aquí la historia de hoy espero que os haya gustado :)