CAPÍTULO 38
DE VUELTA A TI
No conseguía creer lo que tenía ante mis ojos.
(No, tú no. No puedes estar aquí, no puede ser cierto...)
Mis orbes se movían frenéticamente de una verde pupila a otra y luego escudriñaban el resto de su cara y su pelo, deseando que la oscuridad y el lugar me hubieran jugado una mala pasada o fuera una pesadilla, pero cuanto más le miraba mejor le veía, pues mis ojos se acostumbran a la oscuridad con rapidez, seguramente debido a mi estado de alerta.
Leiftan: No grites, por favor.
Negué con la cabeza con los ojos aún como platos y Leiftan retiró su mano de mi boca poco a poco, con la delicadeza que le caracterizaba, mientras me miraba a los ojos.
Aunque hubiera querido huir no habría podido, mi cuerpo no respondía y mi mente quería respuestas, así que me quedé inmóvil en la misma posición esperando a que hablara.
Leiftan: Mystika yo... Creo que te debo una explicación.
Mystika: Creo que me debes más que eso...
Leiftan me miró con tristeza y arrepentimiento mientras acariciaba mi mejilla con su pulgar, como si yo fuera una niña pequeña a la que preparar para darle una mala noticia.
Leiftan: Siento no haberte contado antes sobre mí, no suelo hablar mucho de mi vida.
Mystika: Lo cierto es que tampoco yo te pregunté demasiado... ¿Quién eres Leif?
A pesar de todo me dedicó una encantadora sonrisa, le gustaba cuando usaba su diminutivo, casi nadie más lo hacía.
Se tumbó a mi lado girado hacia mí y apoyó la cabeza en su mano para verme mejor.
Leiftan: Creo que ya tienes una idea de quién puedo ser, eres una chica lista.
Mystika: Tengo miedo de decirlo.
Leiftan: No temas, por favor.
Mystika: ¿Eres... el padre de Kiartan?
En cuanto solté las palabras sentí mi corazón abandonar mi cuerpo. Mi amigo, el que me había besado, el que me había consolado y con el que había compartido algunas confidencias podía ser mi tío, el hermano de mi padre biológico, el padre del bastardo que intentó violarme y casi me mata...
Leiftan cerró los ojos suspirando y al abrirlos de nuevo me miró con determinación.
Leiftan: Soy el padre de Kiartan, sí.
Mystika: Maldita sea... ¿Cómo pudiste besarme? ¡Por los Dioses, eres mi tío! ¡Eres... Aghh!
Leiftan: Por favor, mantén la calma.
Mystika: ¿Cómo diablos quieres que esté tranquila? Me ocultaste algo demasiado importante. Eso y que obviamente no eres un lorialet, claro.
Leiftan se quedó observando mis movimientos y reacciones con aflicción.
(Al menos parece tener los remordimientos de los que carece mi padre...)
A pesar de eso tenía ganas de gritar y llorar de rabia, empecé a sentirme asqueada y mareada.
Leiftan: No soy un lorialet, no. Soy un Aengel, un íncubo, como ya imaginarás y no descubrí que eras hija de Tristan hasta bastante tiempo después de conocerte. Para entonces... ya estaba enamorado de ti...
Vi cómo su cara cambió a color escarlata y dibujó una lánguida sonrisa en su rostro.
(Maldita sea, mi tío...)
Leiftan: Me mata que me mires así... No pude controlarlo, fue superior a mí y entonces entendí lo que sentía Tristan por Marian.
Mystika: Lo que siente ese por mi madre es algo enfermizo...
Leiftan: Lo sé, me refería a ese magnetismo que te empuja a ir detrás de alguien, lo sentí desde el momento que te vi.
Mystika: Leiftan, no me encuentro nada bien...
Me incorporé quedando sentada en la cama, recostada sobre varios cojines con la cabeza dando vueltas de forma vertiginosa. Puse las manos tapando mi cara y la froté, como si eso fuera a despertarme de esta pesadilla.
Entonces él puso su mano sobre mi hombro y yo me aparté como si me hubiera quemado su contacto.
Leiftan: Mystika...
Mystika: ¡Mi tío joder! ¡No podías ser hermano de otro en toda Eldarya, no!
Leiftan: ¿Eso es lo que más te preocupa?
Mystika: ¿¡Y te parece poco!?
(Este tipo está alucinando, ¿acaso se ha comido alguna seta sospechosa por el camino?)
Le miraba perpleja sin entender su tranquilidad, casi parecía aliviado.
Leiftan: Perdona, no le di importancia a eso, pero no pensé en lo que tú sentirías. En realidad no somos hermanos de sangre, tu abuela me adoptó siendo niño.
(¿Adoptado...?)
La angustia disminuyó algo haciendo que mis hombros se relajaran, aunque era imposible olvidarme de todo lo que me había ocultado o de las mentiras, pues su especie en realidad me importaba bien poco.
Mystika: ¿Por qué mentirme con lo que eras?
Leiftan: Creo que conoces la historia de la creación de este mundo.
Mystika: Sí y en parte entiendo que prefirieras ocultar tu naturaleza, aunque mira mi padre: no lo hizo y fue jefe de guardia.
Leiftan: Hasta que dejó que su naturaleza actuara por él y tuviera que esconderse de nuevo.
Mystika: ¿A qué te refieres?
Leiftan me miró sopesando sus palabras, como si no quisiera cagarla esta vez pero también tuviera reparos en contármelo todo.
Ante su duda yo agarré su mano entrelazando sus dedos con los míos. Al menos, saber que no era mi tío de sangre me tranquilizaba lo suficiente.
Leiftan: Ya conocerás nuestras... habilidades.
Asentí en silencio mordiendo mi labio nerviosa. Mi madre no se enteró cuando Tristan usó su "habilidad" con ella.
Leiftan: Esto va algo más atrás en el tiempo... Verás, yo estaba harto de ocultarme, quería vivir una vida, no tenía culpa de lo que hicieron nuestros ancestros en la creación de Eldarya. Y como las leyes habían cambiado decidí salir al mundo, aunque ocultando mi naturaleza. Supongo que no podía olvidar lo que le hicieron a mis padres sólo por ser lo que eran.
Su vista estaba fija en la nada, en el techo oscuro de la habitación. Sus hermosos ojos verdes parecían relucir con una luz propia. Hizo una pausa y yo aproveché para volver a tumbarme hacia él, quedando en su campo de visión en cuanto se giró hacia mí para continuar hablando.
Leiftan: ¿Y qué había más inocente que un hijo de la luna como tapadera? Tu padre también decidió salir al mundo, demostrar que podía ser uno más, que no había nada que temer, pero no quiso renegar de lo que era. Fue a parar a la Ciudad de Eel y con el tiempo consiguió llegar a ser jefe de la Guardia Absenta, tomando como pupilo a Ezarel, la joven promesa del momento. Y entonces un día apareció tu madre...
Preferí dejarle explicar y no interrumpirle, aunque tuviera mil preguntas que formular algo me decía que tendría tiempo para satisfacer mi curiosidad.
Leiftan: Por alguna razón todos sus esfuerzos por comportarse de forma adecuada se fueron yendo al garete, supongo que movido por los celos y esa obsesión que tenía por ella. Y un día no pudo controlar sus instintos...
Mystika: ¿...Cómo volvió mi madre a la Tierra?
Leiftan: No lo sabe, cree que fue cosa de Ezarel, para alejarla de él.
Mystika: ¡Pero él no fue! De hecho él cree que fue Tristan.
Leiftan: Pues no... Él me mandó años después a mí al Cuartel para investigarlo, pero no pude conseguir la información que quería y como miembro de la Guardia tenía mis obligaciones. Empezaron a mandarme a importantes misiones de diplomacia que me mantenían lejos de la ciudad y así también es como llegué a pertenecer a la Guardia Brillante.
Mystika: Entonces lo de Selene... ¿era mentira?
Leiftan: No, no lo era, aunque no fue fallo suyo que lo nuestro no funcionara, en realidad fue culpa mía. A pesar de obligarme a mí mismo a tener una relación normal, jamás pude amarla y ella se cansó.
Todo esto no quitaba el hecho de que supiera quien era yo y que me engañara y ocultara algo tan importante.
(¿También me ha confesado unos sentimientos que no tiene con alguna finalidad?)
Leiftan: Y un día llegaste tú... Y entonces entendí lo que sentía Tristan por Marian.
Mystika: ¿Se supone que eso debería tranquilizarme o algo?
Leiftan: Jajaja no, sólo quería que supieras que lo que siento es real, pero que no soy como tu padre.
Mystika: Me ocultaste lo que eras, quién eras. Sabías que mi padre quería matarme y no parece que te importe.
Leiftan: Espera, ¿cómo dices?
Leiftan se incorporó aguantando medio cuerpo con su brazo apoyado en la cama y mirándome con asombro.
Leiftan: N-no sabía nada de eso... Cuando me dijo que la chica que me había vuelto loco era su hija me quedé helado y quiso usarme para sus propósitos una vez más, eso implicaba hacer cosas que juré no volver a hacer y aún menos quería hacerte ningún daño, así que prácticamente dejamos de hablarnos.
Mystika: ¿Qué cosas quería que hicieras?
De repente pudo notarse su incomodidad y desvió la mirada avergonzado.
Mystika: ¿No hiciste... nada conmigo, verdad?
Rápidamente se volvió a girar hacia mí y puso su mano en mi mejilla para asegurarse que le miraba a los ojos.
Leiftan: Jamás, jamás haría nada sin tu consentimiento. Aunque tenga que luchar ferozmente contra el impulso que me empuja a poseerte.
(¿Acaba de decir "poseerte"?)
Me puse algo tensa y mi corazón se aceleró al escucharle. No, no me lo había imaginado, había usado esa palabra.
Tragué saliva con dificultad y él me sonrió adivinando mi estado.
Leiftan: Perdona, no quería incomodarte con mis palabras. He sabido controlarme hasta ahora, pero te confieso que es complicado tenerte en la misma cama y en ropa interior...
No sé quién se puso más rojo, si él o yo, pero me tapé con la sábana para ayudarle en su autocontrol y cambié de tema.
Mystika: ¿Y Kiartan?
Leiftan: Kiartan... su madre fue la última chica con la que dejé actuar a mi naturaleza libremente. Cuando me enteré que estaba embarazada fue cuando decidí cambiar de actitud y eliminar aquello que me hacía ser malvado a ojos de la mayoría de habitantes de este mundo.
No me ocupé de él y su madre nunca le quiso... Una vez se hizo adulto, tu padre lo "reclutó" al conocer sus habilidades. Supongo que eso le hizo sentir ser parte de algo, ser importante y por ello se puso a su disposición. Y esto hizo que yo tuviera relación con él por primera vez en su vida.
De repente me vino a la mente el ataque que sufrimos por parte de los elfos oscuros y recordé lo que me dijeron: No nos envía Tristán, sino su hermano.
Mystika: Leiftan, has intentado matar a Valkyon...
Leiftan: Lo siento, pero ha matado a mi hijo.
Mystika: Tu hijo me amarró, me atacó, intentó... violarme y casi me mata. Valkyon sólo me defendió y ni si quiera lo mató de buenas a primeras.
La expresión de Leiftan cambió por completo, pasando por la sorpresa hasta el horror. En su mirada se adivinaba la compasión y la culpabilidad.
Leiftan: Mystika yo no... no sabía eso. Jamás habría dejado que te pusiera una mano encima. Lo siento de veras y siento que me dejara cegar por la ira e hiciera que atacaran a Valkyon. Supongo que no puedo negar mi oscuridad. Por esto mismo tenía miedo de decirte lo que era...
Mystika: ¿Por qué?
Leiftan: Temía que al conocer mi naturaleza no quisieras saber nada más de mí, que no fuera lo suficientemente bueno para ti.
Mystika: Leif...
Esta vez fui yo la que tomó su cara entre mis manos. No me gustaba ver a nadie atormentándose y podía ver la sinceridad en sus ojos.
Entonces sentí algo que me empujaba a él, podría decirse que se trataba también del magnetismo del que hablaba y que probablemente había sentido antes, pero que ahí y ahora se hacía más presente, más intenso. No sabía cómo describirlo, era como si nos uniera algo, quizás porque yo era hija de un ser oscuro como él.
Además había algo que me atormentaba desde hacía tiempo y pensar en ello provocó que gesticulara una mueca que no pasó desapercibida a ojos del Daemon.
Leiftan: ¿Qué ocurre?
Puso una de sus manos sobre la mía, que seguía en su cara. La acariciaba con cariño, haciendo pequeños círculos con su pulgar.
Mystika: Tengo miedo.
Leiftan: ... ¿De mí?
Mystika: De mí misma. A veces siento que algo negativo se apodera de mí, algo incontrolable, cosas que jamás había sentido, al menos no de esta manera.
Leiftan: ¿Qué cosas?
Mystika: Por ejemplo unos celos casi destructivos... mi pensamiento se nubla y sólo quiero hacer daño a otras personas o a mí misma.
Leiftan: Quizás tenga que ver con tu parte faérica...
Mystika: ¿Significa eso que mi poder es maligno?
Leiftan reflexionó unos segundos, como si de nuevo quisiera elegir las palabras correctas.
Leiftan: ¿Dónde pondrías el límite entre el bien y el mal? Un mismo suceso puede ser una cosa u otra dependiendo de quién lo viva o del contexto, ¿no crees?
Me miró intensamente a los ojos y dejó de acariciar mi mano para hacerlo con mi mejilla.
Leiftan: ¿Crees que soy un ser maligno?
Mystika: ... No, no lo creo.
Leiftan: ¿A pesar de mi especie o de lo que he hecho?
Mystika: Prefiero no juzgar por la sangre y en parte puedo entender lo que has hecho...
Leiftan: Entonces déjame demostrarte quien soy realmente, ahora que sabes qué soy.
Asentí ante su expresión tierna y sus caricias fueron relajándome por completo. Él aún parecía algo tenso, así que le abracé fuerte. Él sabía que yo siempre era sincera, pero aun así quise que lo entendiera sin palabras.
(Su olor... ese era el olor que sentí la otra vez en esta misma habitación, ¿cómo podía haberlo olvidado?)
Pude sentir sus latidos aminorando lentamente hasta tener un ritmo normal. Me separé unos centímetros para observarle. Su expresión era de total relajación, como si se hubiera quitado un gran peso de encima y me miraba con cariño. Mi corazón se encogió.
Leiftan: {No puedes ni imaginar lo bien que me siento ahora mismo}
Sus dedos pasaron a dibujar los surcos de mi espalda desnuda recorriendo mis omóplatos y luego dirigiéndose a mi columna para delinear vértebra por vértebra sin prisa alguna.
Deliciosos escalofríos recorrían mi cuerpo y me ponían los vellos de punta. Sentía que nuestros corazones latían al unísono, de nuevo acelerados, pero no por ansiedad o por miedo. Eso me asustaba más...
(¿Y si este era parte de mi destino? ¿Y si tenía que unirme a un Daemon, como mi madre? Al fin y al cabo todo me ha empujado a este momento, a este lugar... y hace mucho que aprendí que las casualidades no existen)
Leiftan no quitaba la vista de mí, deleitándose en mis ojos y luego en mi boca. Sabía perfectamente qué estaba pensando y qué deseaba. Volví a poner mi mano en su cara, acariciando su mejilla, delineando su mandíbula, su barbilla. Luego bajé mi mano por su cuello hasta llegar a su pecho, sintiendo sus latidos golpeando mis yemas. Él cerró los ojos unos instantes suspirando y luego puso su mano sobre la mía.
Leiftan: {Me muero por besarte de nuevo...}
Mystika: {...Y yo no deseo que te mueras}
Acerqué mi cara a la suya y posé mis labios suavemente sobre los suyos, casi con timidez, con miedo a lo que pudiera sentir yo misma, con miedo a enfrentarme a lo que estaba por venir.
Pero en ese momento ya no me importaba nada más, bloqueé absolutamente todo sentimiento de culpa y lo que sentía por Valkyon. Él estaba lejos, él me había rechazado. Todo eso formaba parte del pasado.
(¿Qué importa nada ya? ¿De qué sirven los remordimientos?)
Leiftan acariciaba mis labios con los suyos con calma, como si quisiera alargar el momento, apretando mi mano aún más contra su pecho.
Llevé mi otra mano a su nuca y acaricié su pelo, robándole así un suspiro contra mis labios. Entonces aceleró el ritmo del beso, apretándose más contra mí.
Podía sentir su corazón yendo a mil por hora desbocado, pero el mío no conseguía descontrolarse.
(Necesito tiempo, sólo eso)
La mano de Leiftan se deslizó desde la espalda hasta mi cadera y entonces se detuvo y se separó apenas un centímetro poniendo su frente contra la mía. Su respiración agitada golpeaba contra mi piel.
Leiftan: {Quiero hacer las cosas bien, no quiero dejarme dominar por mis impulsos}
Asentí y le di otro beso tierno agradeciendo que quisiera controlarse, pues me daba cuenta de que realmente no estaba preparada aún para obviar todo lo que sentía y no quería hacer nada sin estar totalmente segura.
(Quizás necesito eliminar de una vez por todas mi parte humana)
Él besó mi mano y puso una distancia prudencial.
Leiftan: No me has dicho que hacías aquí.
Mystika: Busco a mi padre.
Leiftan: ¿Para qué?
Mystika: Quiero acabar ya con esto. No quiero que nadie más salga herido, yo soy su objetivo.
Leiftan: Pero has dicho que quiere matarte.
Mystika: Sí, para que surja mi poder y yo también quiero. Quiero saber de una vez por todas qué soy y saber...
Hice una pausa, pues no estaba tan segura de querer saber si mi naturaleza era malvada o no. Las cosas que había hecho y sentido en esas últimas semanas no me tranquilizaban, pero una vez surgiera mi poder quizás olvidaría mis remordimientos.
Leiftan: ¿Si eres buena o mala?
Mystika: Dicho así parece que te juzgue a ti...
Leiftan: Pocos seres hay puramente buenos, la oscuridad en menor o mayor medida, es algo que está presente en todos.
Mystika: Pero yo no soy Daemon, es decir, tengo entendido que los íncubos no engendran otros demonios, sino otro tipo de seres, como magos, en tu caso. Igual que Merlín, que era hijo de un íncubo y una monja.
Leiftan: Preferimos que nos llamen Aengels, somos... ángeles caídos, por eso mismo no podemos engendrar seres de nuestra especie con especies diferentes. ¿Conoces la historia de Merlín?
Mystika: Oh claro, disculpa. Y sí, su "cuento" forma parte de mi mundo.
Leiftan: Bueno, él eligió usar la magia con buenos fines.
Reflexioné sobre ello unos momentos. Él eligió.
(¿Es posible que yo tuviera elección una vez tuviera la oportunidad, o no funcionaba siempre así? ¿Ganaría mi lado oscuro? Mi madre era buena, pero seguramente su parte faérica no tenía que ver, pues era algo mínimo en ella, en cambio yo era hija de un demonio, lo que me hacía, al menos, mitad faery)
Leiftan: ¿Realmente quieres hacerlo?
Mystika: Sí, lo necesito por mí y por los demás.
Leiftan: No quiero perderte... Y menos ahora.
Le sonreí dulcemente y me apreté contra su pecho. Él me rodeó con sus brazos y besó mi cabeza suspirando.
Mystika: Si esa es la forma de conseguir ser yo misma, tengo que aceptarlo y enfrentarme a ello.
Después de una larga pausa abrazados, Leiftan rompió el silencio.
Leiftan: Ya ha amanecido, deberíamos ponernos en camino.
Mystika: ¿Vas a acompañarme?
Leiftan: Te acompañaré un tramo, creo que sé dónde puedes encontrarle y seguramente él ya haya sentido tu presencia desde que llegaste a este reino.
Mystika: ¿Sólo un tramo?
Leiftan: Quiero comprobar algo antes de reunirme contigo de nuevo.
Asentí sin entender muy bien, pero no me había dado más detalles, así que no le pregunté. Después de todo no quería ponerlo a él en peligro también, mi padre no tenía límites y le daba igual quien se interpusiera en su plan. No quería que Leiftan sufriera las consecuencias.
Se levantó y se puso su chaqueta antes de salir de la habitación, así que en cuanto cruzó la puerta, yo también me levanté y me vestí antes de reunirme de nuevo con él.
Había preparado algo para desayunar. Le agradecí las molestias y me senté frente a él tomando una rebanada de pan.
Leiftan: Debemos adentrarnos en una cueva algo peligrosa, pero tranquila, nada te pasará si vas conmigo.
Me limité a sonreírle y seguí comiendo. Iba a necesitar fuerzas para afrontar lo que me esperaba.
Leiftan: Puedes dejar tu mochila aquí, llévate un pequeño bolso con algo de comida, probablemente te lleve bastantes horas llegar a donde quieres.
Mystika: ¿Dejar mis cosas aquí?
Leiftan: Claro, para cuando vuelvas.
Él me sonrió convencido, con la esperanza de volver a encontrarnos, a pesar de lo que le había dicho.
(¿Sabía algo que yo desconocía o simplemente era fe?)
Mystika: {Cuando vuelva...}
Leiftan: Volverás, puedo presentirlo. Además tenemos mucho de qué hablar y muchos momentos que compartir juntos.
Mystika: Sí...
Leiftan: ¿Ocurre algo?
Mystika: Sólo estoy inquieta.
Volvió a tomar mi mano para besarla sonriendo para tranquilizarme, pero no lo logré, por desgracia él no conseguía ese efecto...
Entonces, como si hubiera recordado algo, frunció el ceño y me miró dudoso.
Mystika: ¿Qué ocurre?
Leiftan: Me preguntaba... ¿A qué es debido este cambio? Quiero decir, ¿por qué ahora sí?
Supuse que se refería a mi interés por él, algo que no conté con que me preguntaría. No quería decirle que básicamente era por probar o porque Valkyon me había rechazado. No quería herirle y hacerle sentir como segundo plato.
Mystika: ¿Qué importa? Estoy aquí, contigo. Podría haber salido corriendo.
Leiftan: Podría haberte atrapado.
Mystika: Y yo te hubiera sometido hasta que te rindieras.
Leiftan: No me des ideas...
Me atraganté con la comida y comencé a toser ante la mirada divertida de Leiftan. Claramente me costaría acostumbrarme a su faceta pícara.
Él terminó por reír y golpear mi espalda para que expulsara lo que se me había atorado en la garganta hasta que dejé de toser.
Leiftan: Intenta no morir todavía.
Mystika: Ja ja, muy gracioso.
Leiftan: Vamos, pongámonos en camino.
Levantado a mi lado me tendió la mano para ayudarme y después de hacerle caso y tomar un pequeño bolso con algunos víveres, salimos de allí.
Entonces reparé en que no había visto a Ignis desde que salió a cazar. Sentí la angustia crecer en mí mientras observaba el cielo y Leiftan lo notó.
Leiftan: ¿Qué ocurre?
Mystika: Ehm... verás, no he venido sola.
Leiftan: ¿Cómo?
Y antes de poder contestar, Ignis apareció entre las copas de los árboles y se puso frente a nosotros.
Leiftan dio un brinco y retrocedió varios pasos con la boca abierta por la sorpresa.
Mystika: Me has preocupado, ¿dónde te habías metido?
Ignis acercó su cabeza a mí, golpeando suavemente mi abdomen para ser acariciado y no pude resistirme.
Mystika: Debes haber estado muy entretenido, ¿eh? Espero que te hayas alimentado bien.
Leiftan: ¿...Pero qué?
Me giré hacia Leiftan que miraba atónito al dragón para luego mirarme a mí frunciendo el ceño.
Mystika: Este es mi acompañante, Ignis.
Leiftan: Un dragón de verdad...
Mystika: Sí. Venga, sigamos.
Leiftan volvió a mi lado sin dejar de mirar a Ignis, parecía obnubilado y no pronunció palabra alguna durante un buen rato.
Llegamos de nuevo a esa orilla del río que conocía bien y no podía evitar sentirme rara. Tuve que esforzarme para impedir que afloraran los recuerdos y me centré en lo que me había traído aquí.
Leiftan me dirigió por la orilla del río hasta dar con unas rocas que lo cruzaban y me ayudó a pasar al otro lado, aunque no lo necesitara. Él se sentía bien haciendo el papel de caballero y yo no iba a estropearle el momento.
En unos cinco minutos llegamos a la entrada de una lúgubre cueva, llena de una especie de musgo por todos lados, signo evidente de una gran concentración de humedad.
En seguida el aire se hizo pesado allí dentro y la sensación de falta de oxígeno comenzó a notarse a los pocos pasos.
Leiftan: Tranquila, te acostumbrarás pronto.
Me agarró la mano poniéndola sobre su antebrazo y seguimos caminando, sorteando agujeros, estalactitas y estalagmitas que se sucedían a lo largo de los pasillos poco iluminados.
Entonces, ante mis ojos apareció una manta luminosa sobre el suelo y cuando me acerqué lo suficiente, comprobé de qué se trataba.
Cientos de flores con forma de campana irradiaban una luz blanca y pura.
(Esto me suena...)
Leiftan: Campanillas de luz, ¿hermosas, verdad?
Asentí y me agaché para verlas mejor.
(Es lo que sostenía Valkyon en su mano cuando desperté...)
La flor, con forma de cáliz, contenía un líquido espeso luminoso. Acerqué mi mano para coger una, llena de curiosidad.
Leiftan: ¡NO!
Me sobresalté y retiré rápidamente la mano asustada por la reacción de Leiftan.
Leiftan: No pueden tocarse... Son custodiadas por una JoroGumo.
Mystika: ¿Una qué?
Leiftan: Una araña que se sirve de estas flores para engendrar a sus hijas. Es muy agresiva.
(Pero Valkyon trajo una...)
Leiftan: Podría devorarte en cuestión de segundos, aunque suelen preferir las presas masculinas. Pero si tocas la flor poco le importará.
Mystika: ¿Y para qué más sirven esas flores?
Leiftan: Para el resto de seres, es una flor que te concede lo que más anhelas o lo que más desea la persona que te lo da. Por ejemplo, si yo te lo hiciera beber acabarías perdidamente enamorada de mí.
Le miré divertida mientras veía como se sonrojaba a pesar de intentar parecer impasible. Pensar que un demonio se pondría rojo al confesar sus sentimientos se me hacía bastante gracioso, cuando uno piensa en ellos evoca una imagen negativa y de maldad, claro que como él había dicho, todos tenemos nuestra oscuridad y ésta varía según la persona.
Rápidamente y sin poder evitarlo mis pensamientos volvieron a aquella noche.
(Valkyon consiguió una, me la dio y continué con vida. ¿Es posible que la consiguiera sin que el bicho se diera cuenta?)
Leiftan: Continuemos.
Seguimos un largo rato, guiados por Leiftan con facilidad por ese laberinto de piedra, como si se lo conociera al dedillo. Varias veces me sobresalté al ver sombras moverse y reptar por las paredes, pero él me sonreía para tranquilizarme, sin temer lo que allí habitaba.
Al fin llegamos a una salida, pero no había demasiada luz en el exterior. En algún momento el cielo se había encapotado y estaba bastante negro.
Leiftan me agarró de ambos brazos para desviar mi atención sobre él, así que le miré prestándole mi total interés.
Leiftan: Debemos separarnos aquí, pero volveré a buscarte cuando consiga cierta información.
Asentí algo nerviosa por tener que ir por un lugar peligroso y desconocido sola con mi dragón. Pero era lo que tenía que hacer.
Leiftan me estrechó contra él y me besó de nuevo de forma suave y contenida, pero un gruñido interrumpió nuestro beso. Ambos nos giramos hacia el ruido y descubrimos, en la oscuridad de la cueva, dos ojos violetas y siniestros iluminados como en llamas de humo...
Leiftan: Ponte detrás de mí, es un Perro Negro.
CONTINUARÁ
