CAPÍTULO 43.2

FINAL ALTERNATIVO: "CUANDO VENCE EL MAL"

Los chicos subieron pesadamente las escaleras camino a las habitaciones que les había asignado y Leiftan se giró hacia mí sonriendo.

- Bien, ya eres sólo mía, sin nadie que nos moleste... - dijo bajando el tono y aproximándose a mí.
- Suena prometedor...

Se quitó la chaqueta lenta y estudiadamente, como si de un ritual se tratase, para dejarla luego sobre una silla que se encontraba tras de mí. Había pegado su cuerpo al mío, inclinándose hacia la silla, lo que me hizo subir la temperatura de inmediato.
Poco me había faltado para arrancarle la ropa entre bastidores, pero alguien tenía que pensar con la cabeza de arriba...

Cuando soltó del todo la chaqueta posó su mano en mi cadera y acercó su cara a mi cuello.

- ¿Vas a volver a frenarme? – dijo él con la voz ronca y grave. – Porque no creo que esta vez lo consigas.
- ¿Y qué quieres hacer con esos tres ahí arriba?
- Mhhh - meditó mientras acariciaba mi cuello con sus labios hasta llegar a mi oreja.- Voy a follarte y me da igual si nos oyen, eres mía y quiero que lo sepan.

Tanto sus palabras como sus labios acariciando mi piel me hicieron soltar un gemido.

Colocó su otra mano también en mi cadera y me apretó contra su cuerpo aún más. En seguida pude notar el bulto de su erección contra mi abdomen haciendo que un cosquilleo recorriera mi entrepierna. Bajó sus manos a mi trasero, apretando con fuerza mientras volvía a morder mi oreja y gruñía.

- No sabes cuánto he soñado con este momento... – dijo entre jadeos en mi oído.- Y ahora voy a hacer que seas tú la que sueñe con ello mientras duermas o estando despierta, cada día, a cada hora.

Me elevó con facilidad haciendo que mi intimidad rozara la suya y rodeé su cadera con mis piernas y su espalda con mis brazos. El gesto hizo que ambos gimiéramos con suavidad, en el oído del otro.

- Dime, ¿qué Leiftan quieres?

- El auténtico.

Me sentó sobre la mesa del comedor y se separó un metro de mí y mirándome fijamente vi como sus orbes comenzaron a oscurecerse rápidamente y sus iris fueron tomando un brillo hipnótico. De su cabeza salieron 6 cuernos negros de diferentes tamaños y de repente, hizo salir sus cuatro oscuras alas emplumadas, provocando que silbaran en el aire.

Tenía tantas ganas de admirarle como de que acortara la distancia entre nosotros.

- Ahora te toca a ti...

- ¿Seguro?- pregunté dudosa. Aún no estaba muy confiada de poder hacerlo bien o de si mi nuevo "yo" podía resultar atractivo en su totalidad.

Me miró con malicia sonriendo con seguridad, invitándome a transformarme.
Me mordí el labio un tanto nerviosa y luego cerré los ojos para concentrarme. Mis uñas y mis cuernos ya estaban fuera, así que me centré en el resto del cuerpo. En seguida sentí mis escamas y colmillos aparecer y mis ojos cambiar. Entonces pensé en las alas, que salieron con fuerza, como si desearan ser liberadas. Todo este proceso se sentía raro, la piel hormigueaba y notaba como si los huesos perdieran densidad y se recolocaran, aunque no era un proceso nada doloroso.

Cuando abrí de nuevo los ojos me encontré con la cara de Leiftan a escasos centímetros, que se acortaron en unas milésimas de segundo cuando me besó como si mi boca fuera oxígeno, enrollando su lengua en la mía de forma apremiante y sin miramientos.

Puso sus manos sobre mis muslos, donde había quedado el borde de mi vestido y metiendo las manos por dentro de éste, comenzó a subirlas para retirar la tela de encima de ellos. La suavidad de sus extremidades contrastaba con la brutalidad de nuestros gestos desesperados y una vez subido el vestido hasta mi cadera, volvió a pegarse a mí, haciendo que sus movimientos estimularan mi clítoris con su miembro por encima de mi ropa interior.

Nuestros gemidos eran callados por la lengua del otro, que luchaban por explorar la cavidad del contrario como si de una batalla se tratase. Mientras, mi deseo empezaba a consumirme, necesitaba más y no podía aguantar.

Llevé mis manos a su pecho para acariciarlo con deleite, bajando poco a poco, dibujando cada centímetro de sus abdominales con mis dedos. Leiftan separó un poco su boca para morder mi labio inferior gruñendo. Yo seguí bajando mis manos hasta dar con el que parecía el borde del pantalón y metí la punta de los dedos rozando con ellos su pene. Como acto reflejo lamí mis labios como si tuviera un dulce en ellos y Leiftan sonrió de lado en respuesta a mi gesto.

Él volvió a poner sus manos en mis muslos y una de ellas la llevó al interior lentamente mientras me miraba a los ojos. Paseó dos de sus dedos suavemente por encima de mis braguitas, jugando con el borde de éstas, aumentando mi desesperación.

- Me encanta comprobar lo húmeda que te pongo...

- ¿Quién dice que seas tú el causante? – dije entre jadeos mirándole de forma maliciosa.

Soltó una leve risa socarrona y la mano que tenía sobre mi muslo la subió hasta el pecho mientras con la otra seguía acariciando mi entrepierna. Siguió subiendo la mano y la colocó finalmente en mi cuello, apretando ligeramente sin perder su sonrisa ni yo lo mía.

- Yo sé lo que quieres, lo que tu cuerpo me pide. Recuerda que es mi especialidad.

Y sin añadir nada más separó un poco mi ropa interior e introdujo ambos dedos de golpe en mi vagina.

- Mmnn.

- Dime, ¿quién es el que te moja así?

Negué con la cabeza sin perder la sonrisa, tenía ganas de provocarle, pues el Leiftan salvaje y posesivo era el que me ponía tan cachonda y me encantaba molestarle.

Poco a poco fue empujándome con su mano en mi cuello hasta topar mi espalda con la mesa mientras iba introduciendo sus dedos en mí repetida y lentamente y yo intentaba reprimir mis gemidos.

De repente los saco de forma abrupta, haciéndome sentir vacía y con ganas de protestar. Me soltó el cuello y fue bajando la mano con una lentitud estudiada, apretando un poco el pecho para luego acariciar mi vientre y posarse en mi cadera.

Con ambas manos tomó mis braguitas y en vez de retirarlas, como pensé que haría, las rompió con facilidad y las lanzó por ahí.

- ¡Eh! – protesté divertida.

- Shhht – contestó llevándose un dedo a su boca en señal de silencio. – No es así como quiero que te oigan gritar.

Me reí y dejé que todo mi cuerpo descansara sobre la madera de la mesa. Entonces sentí su lengua húmeda acariciar los labios de mi vagina pasando fugazmente por el epicentro, haciendo que me retorciera de placer elevando mi cadera pidiendo más.

Oí la risa satisfecha de mi compañero y volvió a repetir lo de antes.

- ¿Acaso tu amigo es quien te ha puesto así?

De nuevo negué con la cabeza mordiendo mi labio para intentar no emitir ningún sonido cuando volvió a lamer de forma un poco más intensa.

- ¿Quizás Valkyon te ha hecho esto mismo antes?

De nuevo una negativa hizo girar mi cara, cada vez más nerviosa, más caliente y a punto de estallar de placer.

Volvió a meter los dedos en mi vagina haciendo que emitiera un pequeño grito ahogado por la sorpresa y la excitación.

- Ni el vampiro habrá probado tu verdadero sabor...

Y mientras jugaba con sus dedos en mi interior pegó su lengua a mi clítoris y lo lamió presionando ligeramente, luego de forma fugaz, cambiando el ritmo, la intensidad y la dirección.

- Mmnn mierda Leiftan, cállate y fóllame de una vez – alcé la voz mientras el reía divertido.
- En seguida, cuando acabe aquí.

Y antes de poder contestarle volvió a lamerme con fruición haciendo que el cosquilleo que sentía hasta el vientre se intensificara, como el inmenso placer que sentía. Clavé mis ahora largas y puntiagudas uñas en la mesa haciendo chirriar la madera barnizada.

Antes de seguir estropeando la mesa de mi madre, llevé mis manos a su cabeza y enredé mis dedos en su pelo, elevando mis caderas ligeramente para sentirle de forma más intensa.

Y entre la destreza de su lengua y el juego de sus dedos, comencé a sentir unos espasmos salvajes y esta vez me fue imposible reprimir un solo grito o gemido.

- ¡Aaahh Leif! – grité sin pudor cuando alcancé el clímax moviendo mis caderas al compás de mis contracciones.

En cuanto aflojé el pelo de Leiftan, éste sacó sus dedos de mi interior y los lamió mientras me miraba a los ojos satisfecho, lo que me provocó un escalofrío de puro placer.

- Ahora sí voy a follarte y volverás a gritar mi nombre, por si acaso arriba aún no se han enterado.

Me incorporé un poco para tomar a Leiftan de su camiseta y atraerlo hacia mí para atrapar su boca con la mía. Volví a enrollar mis piernas en su cadera para rozar su miembro y él gimió entre mis labios y se separó para poder sacarse los pantalones, liberando su erección por completo.

Sonreí satisfecha al comprobar que su traje escondía muy bien sus atributos y le miré llena de deseo.

- Lo tenías muy bien escondido, lástima no haberlo descubierto antes – dije con la voz ronca.

- Tenía muchas cosas escondidas.

Incorporada en la mesa llevé mi mano a su nuca y le atraje hacia mí para besarle. Él me agarró del culo y lo puso más al borde de la mesa. Luego agarró su miembro y lo dirigió a mi entrada, jugando con el glande en ella.

Nuestros jadeos se oían por todo el salón comedor y, probablemente, por todo el resto de la casa. Éramos puro fuego y parecía que no iba a consumirse nunca, pues volví a humedecerme a pesar de hacer tenido un orgasmo hacía un par de minutos.

- Leif, métemela ya o lo haré yo a la fuerza.

Se rio en mi boca y sin más dilación la metió hasta el fondo de una estocada, haciendo que gritara su nombre. Arqueé mi espalda y me separé de él para volver a tumbarme sobre la madera, moviendo mis caderas, invitándole a seguir.

- Tranquila, no hay prisa...

Comenzó a moverse de forma lenta y rítmica, con profundas embestidas con sus dedos hincados en mi cadera, mientras jadeaba satisfecho.

- Mystika...

Moví mi cadera al compás de sus acometidas gimiendo suavemente, sobrepasada por el placer que me regalaba.
Aun así la mesa empezaba a serme incómoda, por lo que me incorporé y rodeé su cuello para luego lamer sus labios lentamente mientras él seguía moviéndose dentro de mí.
Retiré su camiseta de forma desesperada para poder sentir toda su piel al descubierto y luego batí con fuerza las alas, elevándome de la mesa. Leiftan me agarró fuerte de las nalgas riendo y caminó hacia atrás hasta quedar sentado en el sofá.

Acto seguido comenzó a besar mi cuello, dejando incluso algún pequeño mordisco y fue bajando hasta mi pecho. Metió la mano en el escote y retiró el vestido rompiéndolo primero por las tiras y luego por la mitad. Tiró la tela al suelo y comenzó a pasear sus manos por mi piel, admirando mi cuerpo, mientras yo subía y bajaba lentamente controlando el ritmo de la penetración. Esto provocaba los suaves gruñidos de mi amante, que intentaba acallarlos con mis pechos en su boca.

Agarré la parte de atrás de su pelo y lo aparté un poco de mí, mirándole a los ojos y jadeando.

- Yo también quiero que te escuchen, cariño – susurré en sus labios.- Que oigan todo el placer que no va a ser para ellos.

Gruñó más fuerte en respuesta y colocó las manos en mi culo para hacer las envestidas más profundas atrayéndome hacía él de forma abrupta.

Por toda la casa se oía el eco de nuestros gemidos y jadeos, así como el de nuestros cuerpos al chocar. Sentía como Leiftan se estremecía bajo mis caderas y su respiración era mucho más acelerada. De nuevo volvió a besar cada centímetro de piel, apretando mis pechos y nalgas con cierto desespero, lamiendo y mordiendo mis pezones arrancándome algún suave grito de placer.

Comenzó a subirme y bajarme él sobre su miembro, haciendo que mi clítoris rozara su pelvis, lo que me hizo perder de nuevo los sentidos. Estaba a punto de estallar de placer, mirando sus ojos brillantes en la semioscuridad del salón.

- Vas a hacer que me corra de nuevo, maldito demonio.
- Aengel – dijo entre jadeos y una sonrisa en sus labios.
- Daemon... – vocalicé lentamente para molestarlo, cuando él se incorporó abrazándome por la cadera y acercándose a mi oído.
- Te castigaré por eso.

- No esperaba menos.

Sus gemidos se intensificaron, era imposible que no nos oyeran, ni hablar del fino oído del vampiro y el elfo. Ambos éramos conscientes de ello y eso lo hacía mucho más excitante.

Las manos de mi amante pellizcaban la piel de mi espalda y luego bajaban y agarraban mis nalgas mientras lamía y mordía mis pechos suavemente provocándome escalofríos. Podía notar todo el placer que él sentía bajo mi cuerpo, bajo las caricias de mis manos y comencé a notar palpitar con fuerza su miembro a medida que subía el volumen de sus gruñidos. Me penetraba de forma lenta pero intensa, golpeando contra mi útero.

Entonces mis piernas comenzaron a temblar, señal de que estaba a punto de alcanzar el clímax de nuevo. Leiftan clavó sus dedos en mi cintura y se tensó pronunciando mi nombre. Me apretó bien fuerte contra él y entonces sentí los espasmos de su miembro contra mi interior, derramando su semen tibio dentro. En ese momento llegué al orgasmo con él, gritando también su nombre.

Segundos después me apreté contra su torso y le abracé enterrando mi cara en su cuello, aún unidos y algo extenuados. Tardamos unos minutos en regular nuestra respiración mientras seguíamos abrazados, algo sudados por el ejercicio.

- ¿Cuándo dices que vas a castigarme? – dije sintiéndome juguetona mientras él me apartaba para mirarme a los ojos.

- Dame cinco minutos y volveré a llevarte al infierno conmigo – aseguró Leiftan dibujando una sonrisa maliciosa en su rostro.

Me besó suavemente, como si acariciara mis labios mientras me miraba con una mezcla de dulzura y deseo, pero en seguida intensificó su beso y su lengua fue en busca de la mía.

Entonces noté como su miembro volvía a crecer apresuradamente aún dentro de mi vagina.

- Me encanta tu naturaleza – susurré en su oído.
- Y a mí el camino que has escogido, no te vas a arrepentir.

De eso estaba más que segura, ese adelanto de lo que iba a ser mi vida junto a él era más que suficiente para elegirle...

FIN