CAPÍTULO 46

DONDE TODO EMPEZÓ

Leiftan: Tu padre llegará de un momento a otro.

Mystika: Sí... Voy a avisar a mi amigo para que se haga cargo de mis animales.

Antes de subir a mi habitación me acerqué a la puerta acristalada del jardín. Ezarel y mi madre estaban sentados en el banco frente a frente y él le agarraba ambas manos con las suyas.

Finalmente me alejé escaleras arriba, busqué mi móvil y comencé a escribir un mensaje a Axel explicándole que mi madre tenía que irse con urgencia un tiempo y le necesitaba para cuidar de mis pequeños. No era la primera vez que lo hacía, además de hacerlo encantado, se llevaba genial con mis tres fieras.

La respuesta no tardó en llegar aceptando de buen grado el favor. Por este motivo y por la confianza que le tenía, disponía ya de un juego de llaves de mi casa, así que más tarde iría a buscarlos para llevárselos a la suya. Cuando iba a contestarle de nuevo sentí una presencia en la puerta, que se encontraba a unos metros de mí a mis espaldas. Ésta se cerró haciendo el mínimo ruido posible.

Su olor algo almizclado mezclado con el café que tomó por la mañana hizo que sintiera mariposas en el estómago. Sólo con humedecer mis labios de forma inconsciente, su inconfundible esencia impregnaba mis fosas nasales.

Dejé el móvil en el escritorio y me giré al mismo tiempo que él llegaba a mi posición. Sus manos sujetaron mi cara y deslizó su pulgar por mis labios. Acto seguido los atrapó con su boca dulcemente, acariciándolos sin prisa alguna aunque ejerciendo algo de presión.

A los pocos segundos se separó lentamente y me miró a los ojos, que abrí lentamente para alargar el momento en mi memoria.

Valkyon: Tenía que borrar el rastro de ese de tus labios.

Mystika: Si nos pilla...

Valkyon: Está vigilando atentamente a tu madre desde la puerta.

Agradecí mentalmente esos minutos de intimidad y coloqué mis manos en su cintura para subirlas lentamente por dentro de su chaleco. Valkyon cerró los ojos suspirando, llevó sus manos rodeando mi espalda y yo me puse de puntillas atrayéndole hacia mí de nuevo para volver a besarle.
Ambos acabamos fuertemente abrazados para impedir que el otro se separara, aunque obviamente fuera lo último que deseáramos. Valkyon separó mis labios con ternura y buscó con su lengua la mía. Cada beso hasta ahora había sido diferente, pero en cada uno nos expresábamos todo aquello que sentíamos sin tapujos, lo que tanto habíamos guardado para nosotros por los motivos que fueran.

El cosquilleo que sentía desde el vientre me hizo consciente de nuevo de la situación, así que me separé de él observándole atentamente y él mordió su labio inferior sin dejar de mirar mi boca.

Mystika: Mierda Valk, no me mires así.

Valkyon: ¿Así cómo?

Mystika: Como si sólo existiéramos tú y yo en el mundo.

Valkyon: Lo siento, no puedo evitarlo. Venía a por nuestras cosas, pero...

Mystika: Bien, cógelas y vete antes de que me arrepienta por dejarte salir de la habitación.

Él me sonrió divertido y luego agarró alguna de sus pertenencias para dirigirse a la puerta. Y mi cuerpo comenzó a moverse por impulso y deseando no arrepentirme de lo que iba a hacer a continuación, le frené antes de que pudiera abrir la puerta agarrándole del antebrazo y en cuanto se giró volvimos a fundirnos en un beso más apasionado que el anterior, chocando contra la puerta cerrada.

Esto era algo ya muy difícil de frenar, hasta el punto de dejar de lado el sentido común y obviar el instinto de supervivencia.
Volvimos a separarnos poniendo frente con frente mientras intentábamos calmar nuestras respiraciones.

Mystika: Volvamos abajo antes de que se dé cuenta de que ambos estamos solos aquí arriba.

Con una última y profunda inspiración abandoné mi habitación y fui escaleras abajo mientras Valkyon acababa de recoger las cosas de los chicos.
Al llegar al piso inferior me encontré con Leiftan a punto de salir por la puerta principal.

Mystika: Hey, ¿adónde vas?

Leiftan: Ya ha llegado.

Antes de que Valkyon bajara tras de mí y él se diera cuenta, le agarré de la mano sonriendo para acompañarlo al exterior.

Lo que me encontré al pasar el umbral de la puerta me dejó totalmente confundida. Mi padre no estaba solo como ya esperaba, lo que no esperaba era quienes serían sus acompañantes, pues arrastraba del brazo a mis amigas, que soltó en cuanto me vio.

Haydee: ¡Mystika! ¿Qué está pasando? Este hombre dice que es tu padre.

Mystika: Padre, ¿qué significa esto?

Ambas abrieron la boca estupefactas en cuanto me escucharon llamarle "padre", quedando aún más confundidas que yo. Tristan sonrió con suficiencia.

Tristan: Aquí está parte de lo que he venido a buscar a la Tierra.

Mystika: ¿Cómo?

Tristan: ¿Dónde está? Puedo olerla.

Mystika: Eh...

Y justo en ese momento salieron Valkyon y Nevra, que había estado evitando al máximo la luz solar. Segundos después aparecieron Ezarel y Marian paseando por el jardín sin haberse dado cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Ambos pararon en seco cuando vieron a mi padre, que desdibujó la sonrisa de su rostro al ver a mi madre junto al elfo. Temiéndome lo peor hice una señal a Ezarel para que se alejara de ella mientras me acercaba a mi madre dándole la espalda al Daemon. Puse mi mano en su hombro y me aproximé a su oído.

Mystika: {Mamá, sé que esto es un poco raro, pero confía en mí y síguele el juego}

Ella me miró y asintió casi de forma imperceptible para luego dar un paso en frente sonriendo.

Marian: Tristan... ¿realmente eres tú?

Tristan: Mi dulce Marian, al fin te encuentro.

Tristan parecía haber olvidado su humor de hace unos segundos en cuanto ella se dirigió a él de forma dulce. Mi madre estaba tensa aunque intentaba aparentar estar feliz y encantada por el reencuentro y mi padre parecía demasiado extasiado para darse cuenta de que ella interpretaba un papel. Lo que me preocupaba es que esto no pasaría desapercibido al otro Daemon, que observaba la escena con curiosidad. Tenía que desviar su atención de inmediato.

Me acerqué a él y le abracé poniendo mi cabeza sobre su pecho, lo que provocó que me mirara y correspondiera a mi gesto.

Mystika: Presiento que va a ser un gran día.

Leiftan: ¿Eso crees?

Mystika: Mis padres de nuevo juntos, la vuelta a Eldarya junto a mis amigas,...

Leiftan: Nuestro compromiso.

Mystika: Por supuesto, mi príncipe.

Me estrechó más fuerte contra él y besó mi cabeza. Los demás seguían a cierta distancia la escena de mis padres, que se habían apartado para hablar.
Ezarel no podía disimular su cara de asco y rabia, pero aunque supiera que mi madre estaba fingiendo no le debía gustar nada escuchar la conversación entre ambos.

Finalmente Tristan se acercó de nuevo a nosotros con la mano de mi madre bien sujeta a la suya. Ella con una sonrisa forzada en la cara intentaba disimular la tensión que sentía. La miré e hice un leve gesto con la cabeza para que supiera que lo había hecho bien.

Tristan: Es la hora de irse.

Mystika: ¿Adónde vamos?

Tristan: Al círculo de setas, por supuesto. Yo llevaré a Marian y Leiftan a tus amigas. Tú encárgate de esos, os esperaremos en el inicio de la ruta que lleva al claro.

Leiftan: {Ten cuidado con ellos, no creo que sospechen nada, pero por si acaso}

Mystika: Tranquilo, nos vemos ahora.

Después de darme un beso en la frente fue hacia mis amigas, las sujetó por el brazo y se alejó junto a mi padre para poder transformarse en algún callejón y llegar volando al bosque.

Mystika: Vosotros tirad para el coche, voy a por las llaves.

Puse un tono borde mientras los Daemons aún estaban presentes y luego fui a por las llaves.
Una vez entramos todos al coche respiré hondo y me puse el cinturón, pero antes de poder girarme hacia el volante, Valkyon me sujetó por la nuca y de nuevo me besó con la confianza de que nadie a parte de nuestros amigos podía vernos. La calidez de su piel y el tacto suave de sus labios volvió a infundirme la fuerza que necesitaba para llegar hasta el bosque.

Entonces alguien atrás carraspeó y me separé de Valkyon sonriendo para mirar por el retrovisor. Nevra miraba por la ventanilla mientras que Ezarel se hacía loco con una expresión burlona.

Mystika: Bien, bien, ya arranco.

Sin perder más tiempo encendí el coche y me dirigí hacia el bosque mientras repasaba mentalmente nuestro plan.

Después de una media hora de viaje llegamos al punto más alto de esa montaña donde se podía acceder con el auto. El mismo lugar donde lo dejé la última vez que pisé el círculo de setas, al que, si no recordaba mal, había unas dos horas caminando.
No se veía a nadie cerca, seguramente estarían esperando bastante más adelante, donde me había indicado mi padre que debíamos encontrarnos.

Tanto Nevra como Ezarel salieron de inmediato y se adelantaron varios metros mientras Valkyon y yo nos quedamos un momento en nuestros asientos ya con el cinturón desabrochado. Volví a mirar alrededor para asegurar que no hubiera nadie más cerca y esta vez fui yo la que besó a Valkyon, acariciando la suave y cálida piel de su nuca. Lo necesitaba, a él, a la fuerza que me daba saber lo que sentía por mí sin necesidad de palabras. Sus besos eran increíblemente expresivos.

Me agarró de la cadera y me sentó encima de él. Di las gracias mentalmente por haber elegido un coche amplio y cómodo en su momento, teniendo en cuenta su envergadura. Entonces separamos nuestros labios y nos abrazamos con fuerza para al cabo de unos segundos mirarnos a pocos centímetros de distancia, en silencio. Sus ojos reflejaban cierto miedo.

Valkyon: {No puedo volver a perderte}

Mystika: {No va a ocurrirme nada, vamos a acabar con esto, pero debemos ser prudentes}

Valkyon: {Sí, tenemos toda la vida por delante para nosotros}

Mystika: {Exacto, toda una vida...}

Acaricié su rostro y después de depositar un suave beso en sus labios, abrí la puerta y salí seguida de él para alcanzar a nuestros amigos. Sin más demora los guie hasta el punto donde comenzaba la ruta que llevaba al círculo de hechicería, donde empezó mi aventura meses atrás, encontrándonos a los Daemons esperando algo impacientes.

Mystika: Siento que hayáis esperado mucho, el coche no es tan rápido como vuestras alas.

Mi madre estaba seria y mis amigas parecían en shock, moviéndose mecánicamente como si estuvieran fuera de sus cuerpos.
Leiftan se acercó y puso un brazo en mis hombros sin decir nada. Se le notaba tenso y poco comunicativo, aunque supuse que era natural sentirse así teniendo en cuenta todo lo que iba pasar a continuación. Y no, durante las aproximadas dos horas de caminata no dijo absolutamente nada, nadie lo hizo.

En un momento dado el paisaje se me hizo muy familiar cuando nos acercamos a un pequeño claro algo escondido y en seguida apareció ante nuestros ojos el curioso círculo formado por setas, que seguía exactamente igual a la última vez que lo vi, como si las inclemencias del tiempo no tuvieran efecto alguno sobre él.

Tristan: Bien, colocaos alrededor del círculo y cuando os de la señal, nos metemos a la vez.

Hicimos caso sin objeciones, colocándonos todos alrededor de las setas a poca distancia los unos de los otros.

Tristan: Bien, a la de tres: Uno, dos,...


[VALKYON]

Nos pusimos alrededor del círculo como nos indicó Tristan. Todos estábamos prestando atención a sus instrucciones para entrar a la vez, pero un movimiento desvió ligeramente mi atención: Leiftan se había alejado de Mystika y se dirigía a mi posición. Pretendían llevar a cabo su plan tan rápido como apareciéramos en Eldarya, pero por suerte estábamos preparados para su ofensiva.

Tristan: Tres.

En cuanto dio la señal todos dimos un paso en frente e instintivamente cerré los ojos, pero como no sentí nada extraño los abrí de nuevo. Nada había ocurrido, seguíamos en el bosque, dentro del círculo de setas.

Todos habían abierto los ojos y miraban confusos a su alrededor, todos menos Tristan. Cuando iba a buscar a Leiftan con la mirada, la voz de Mystika atrajo mi atención.

Mystika: ¿Qué ocurre? ¿Por qué seguimos en el bosque?

Tristan: Oh eso... Resulta que no sirve entrar en el círculo sin más.

Mystika: ¿Y entonces?

Tristan: El hechizo se activa por sí mismo cada 21 años y tú lo usaste hace unos meses.

Ninguno comprendíamos absolutamente nada, no podía entender el porqué traernos aquí si no íbamos a poder usar el portal.

Tristan: Claro que... hay una forma de activarlo artificialmente.

Mystika: ¿Y a qué esperas?

Era evidente la impaciencia y el nerviosismo que reinaba alrededor, mientras Tristan permanecía tranquilo e impasible. Éste se acercó a Mystika sonriendo, lo que me dio mala espina, haciendo que todos mis sentidos se pusieran alerta.

Tristan: La única manera de abrirlo es con sangre.

Y antes de que Mystika pudiera replicar, su padre golpeó su abdomen ante la sorpresa de todos. Su madre, que se encontraba a un lado, soltó un grito de horror por la sorpresa.

Teníamos que mantener cierta calma, ese golpe no le haría apenas efecto. Entonces fue cuando vi la cara de dolor y asombro de Mystika. En ese momento su padre retiró la mano con la que le golpeó hacia atrás y un gran chorro de sangre brotó de su abdomen.

Valkyon: ¡NO!

Antes de poder dar un paso hacia ellos, unos brazos me sujetaron por las axilas inmovilizando los míos. En ese momento comenzaron a flotar unas extrañas luces brillantes envolviéndonos a todos hasta sentir un destello alrededor.


Abrí los ojos en cuanto noté que la intensa luz desaparecía, aunque me costó bastante. Sentía los párpados pesados, todo mi cuerpo estaba falto de energía mientras intentaba levantarme.

Estaba apoyada con mis rodillas y manos en un suelo verde por la espesa hierba hasta que un líquido rojo lo impregnó a mi alrededor. Entonces fui consciente de lo que acababa de pasar, mi padre me había apuñalado para abrir el portal y la sangre no dejaba de brotar. Cada vez me costaba más mantenerme en esa posición y ni hablar de intentar levantarme.

Miré rápidamente a dónde mi vista podía llegar, mis amigas estaban inconscientes en el suelo, algo alejadas de mí, Ezarel y Nevra, también en el suelo pero conscientes parecían estar despertando y se movían para levantarse algo mareados. Cuando giré la cara para buscar a mi madre y a Valkyon me encontré con las botas negras del traje de mi padre. Antes de poder levantar la mirada para verle, elevó una de sus piernas y me pateó en el costado herido haciéndome caer boca arriba con un grito de dolor.

Tristan: ¿Creías que podrías engañarnos?

Intenté contestarle pero me dio un ataque de tos, sintiendo un intenso sabor férreo nada desconocido en la boca. Al limpiarme con el antebrazo éste se cubrió de sangre y cerré los ojos descansando la cabeza en el suelo, intentando respirar con normalidad.

Tristan: Al principio creí que realmente estabas de nuestro lado, pero luego, en tu casa sentí algo raro en ti, por eso estuve vigilando tu llegada al bosque y no me equivoqué...

Con un sentimiento de culpabilidad busqué a Valkyon y Leiftan con la mirada hasta dar con ellos. El Daemon le sujetaba fuertemente inmovilizándolo mientras él batallaba por liberarse, me miraba con desesperación y gritaba mi nombre. Pero Leiftan era extremadamente fuerte y al parecer su poder se incrementaba al transformarse. Éste posó su vista en mí con cierto desprecio y decepción.

Tristan: Como comprenderás, no voy a dejar vivir a una traidora, por mucho que lleves mi sangre. Ya he conseguido lo que quería de ti.

Dicho esto volvió a levantar el pie del suelo con intención de pisar mi herida, que no había dejado de sangrar.

Marian: ¡Tristan no!

Él se detuvo al escuchar a mi madre que se aproximó a dónde nos encontrábamos.

Marian: Es nuestra hija...

Tristan: ¡Es una traidora!

Marian: Sólo está enamorada... se le pasará con el tiempo. Por favor Tristan.

Mi padre pareció relajarse un poco y su pie volvió a tocar el suelo. Luego se apartó de mí y fue en dirección a mi madre cuando los dos jefes de guardia que habían conseguido volver a sus sentidos, fueron hacia él con sendos cuchillos en sus manos para atacarle. Todos nos guardamos uno entre las ropas para poder llevar a cabo el ataque.

Tristan apartó a mi madre de un empujón y respondió al ataque con destreza haciendo que ambos retrocedieran. Entonces Ezarel susurró algo a Nevra y éste se dirigió hacia Valkyon y Leiftan. Seguramente intentaría liberar a su amigo para poder hacerles frente.

En cuanto Leiftan vio las intenciones del vampiro golpeó a Valkyon tirándole al suelo y se enfrentó a su atacante. Por suerte Valkyon se repuso en seguida y sacando también su arma fue al lado de Nevra. El Daemon batió sus alas para elevarse unos metros del suelo y así tener ventaja.

(Maldita sea, todo esto es culpa mía y ni siquiera puedo ayudar...)

Un grito proveniente de mi madre me hizo girarme hacia la otra batalla entre el elfo y mi padre. Ezarel estaba en el suelo despojado de su cuchillo y con dificultad para levantarse mientras Tristan se acercaba a él. Agarró el cuchillo que estaba en el suelo e impulsándose con sus alas dirigió un rápido ataque para acabar con su vida.

Intenté de nuevo levantarme cuando vi que alguien se interponía entre el cuchillo y el elfo.

Mystika: ... ¡Mamá!

Tristan hundió el cuchillo en su costado sin tiempo a frenarse y ella cayó en los brazos de Ezarel, que gritó su nombre con desespero.

Mi padre, horrorizado por lo que acaba de hacer, soltó el cuchillo, pero en seguida su expresión cambió llenándose de odio.

Tristan: Las dos sois iguales... ¡Me has mentido! Acabaré con todos vosotros empezando por ti...

En cuanto escuché sus palabras mi rabia empezó a crecer sin control, mi cuerpo comenzó a vibrar y mi piel a hormiguear. Entendí en seguida lo que pasaba, me estaba transformando inconscientemente debido a mis emociones. Rápidamente noté mis cuernos surgir y las escamas cubrir parte de mi cuerpo, taponando así la herida para mi sorpresa. Me incorporé apoyando una rodilla en suelo y mientras intentaba levantarme definitivamente, mis alas salieron con fuerza.

Sin pensármelo dos veces agarré el cuchillo que guardaba en mi bota y me elevé un metro del suelo batiendo mis alas intentando controlar sus movimientos.

Tristan no había reparado en mi presencia, seguramente creyéndome moribunda por la pérdida de sangre, así que me impulsé hacia delante y cuando éste agarró del brazo a mi madre que permanecía en los brazos del elfo, le embestí ante su sorpresa haciéndole caer al suelo. En seguida me dirigí a él y le giré ligeramente para que quedara boca arriba, luego me senté sobre su abdomen y elevé el cuchillo.

Mystika: Hasta nunca papá.

Descargué el cuchillo haciendo diana en su corazón con un golpe sordo.

Sus ojos se abrieron llenos de incredulidad y dolor mientras me miraba atentamente sin poder articular palabra. Sujetó mis manos que aún agarraban el puñal, abrió la boca y finalmente dejó escapar su último aliento.

La presión de sus manos se desvaneció cayendo a ambos lados de su cuerpo sin vida y sus ojos se apagaron. Vi el proceso sin emoción alguna y finalmente me levanté y tiré el cuchillo ensangrentado a un lado.

Acto seguido me dirigí a mi madre que estaba consciente. Ezarel intentaba que no se durmiera entablando una conversación que les parecía divertida. Él presionaba su herida para que no sangrara mientras la mantenía entre sus brazos.

Mystika: Mamá, ¿estás bien?

Marian: Sí cariño, ¿y tú?

Mystika: De momento bien.

Ezarel: Su herida no es muy profunda y no ha tocado ningún órgano, si conseguimos llegar a algún poblado podré curarla sin contratiempos.

Asentí fijándome en el lugar dónde nos encontrábamos, el cual no había reparado antes. Estábamos en el mismo sitio dónde nos encontrábamos antes de abandonar Eldarya. Eso no auguraba nada bueno, un territorio hostil sin apenas poblaciones y menos aún alguna que nos tuviera simpatía.

Antes de poder seguir lamentando nuestra suerte oí el enfrentamiento que aún se llevaba a cabo entre Leiftan y los otros dos jefes. Tenía que acabar con esto.
El Daemon seguía atacando y defendiéndose desde el aire sin dificultad alguna mientras Valkyon y Nevra parecían algo exhaustos por el combate.

Volví a elevarme del suelo y rápidamente me coloqué detrás de Leiftan y abracé su espalda sujetándolo por las axilas para detenerlo, como él hizo un rato antes con Valkyon.

Mystika: Se acabó Leiftan.

Le giré en dirección al cuerpo sin vida de mi padre y dejó de ejercer cualquier mínima resistencia. Su cuerpo se volvió algo pesado, por lo que lentamente lo llevé al suelo, al cual se desplomó cayendo de rodillas con los puños y dientes apretados. Yo me coloqué a su lado y me agaché para estar a su altura.

Mystika: Leif...

Leiftan: ¡Calla! No quiero escucharte...

Mystika: Perdóname, creí...

Leiftan: ¿Qué? ¿Que podrías usarme hasta que te conviniera?

Mystika: ¡No! No fue esa mi intención, de verdad quería sentir lo mismo que tú, pero...

Leiftan abrió los ojos de nuevo, reflejaban tristeza, pero no la rabia que parecía sentir hace unos segundos. Puse mi mano sobre su hombro captando así su atención.

Nevra: Mátalo ya.

Leiftan: Deberías hacer caso al vampiro, al fin y al cabo casi le maté sin motivo.

Nevra: ¿Qué dices?

Leiftan: ¿Recuerdas la poción que casi te mata? Le dije a Tristan que no se me daba bien la alquimia, debí hacer algo mal.

Nevra: ¿A qué esperas Mystika?

Mystika: No voy a hacer tal cosa.

Contesté a Nevra sin dejar de mirar a Leiftan, que pareció sorprendido por mi respuesta.

Leiftan: ¿Por qué? Íbamos a mataros...

Mystika: Te conozco y sé que puedes ser como deseabas cuando decidiste cambiar.

Leiftan: ¿Cómo puedes saberlo?

Mystika: Recuerda lo que me dijiste en la casa de Kiartan. Sé que tienes tu lado bueno y amable, me lo has demostrado en varias ocasiones.

Leiftan: Pero...

Mystika: No dejes que mi padre siga influenciándote, él ya no está, ahora puedes ser quien quieras.

Leiftan puso su mano sobre la mía y se levantó del suelo mirando el cuerpo inerte de mi padre.

Mystika: Sigues siendo importante para mí y para este mundo. Haré todo lo posible para que nadie vaya a por ti, a por vosotros.

Él me miró sorprendido y luego dirigió su vista a dónde estaba la mía, sobre mis amigas. Una de ellas era una Daemon también y tenía una ligera sospecha de quien era.

Mystika: Ahora puedes vivir tu vida y hacer resurgir tu especie y sé que elegirás siempre el camino correcto para hacer que Eldarya sea que lo que debía ser.

Leiftan: Mystika... ¿por qué eres así conmigo? Te he mentido y ocultado cosas, he intentado matar a Valkyon...

Le sonreí con calidez y puse mis manos sobre sus mejillas.

Mystika: Pongo mi confianza en ti, sé que no me fallarás. Y ahora ve por ella.

De nuevo desvió su mirada hacia mis amigas que comenzaban a despertar y levantarse del suelo. Acarició una de mis manos antes de que las retirara de su cara y sin decir nada más fue hacia ellas tendiendo su mano hacia Haydee. Ésta le miró algo confundida pero en seguida aceptó su gesto y se levantó con su ayuda.

En ese momento sentí que Valkyon se colocaba a mi lado y me rodeaba con su brazo para presionar mi cuerpo ligeramente contra el suyo.
Le miré con cierto temor a que no aprobara lo que acababa hacer y no le faltarían motivos para ello, pero para mi sorpresa me miró con orgullo e infinito cariño, haciendo que me sintiera totalmente aliviada.

Valkyon: Eres increíble.

Nevra fue hacia Enna para ayudarla también. Ezarel seguía cuidando de mi madre, hablándole pero sin perderse nada de lo que acababa de suceder.

Leiftan me dirigió una última mirada y sujetando a mi amiga alzó el vuelo perdiéndose en la lejanía.

Cuando iba a alentarlos para irnos de allí, mi cuerpo se paralizó de repente y sentí como comenzaba a cambiar a su estado natural sin poder evitarlo. La transformación me suponía un gasto de energía que ya no tenía.

En cuanto desapareció la última escama de mi piel mis piernas fallaron y Valkyon me sujetó antes de tocar el suelo. Sin ellas mi herida volvía a estar abierta.
Sentía que no iba a poder cumplir con lo que habíamos hablado Valkyon y yo hacía un rato en el coche. No iba a haber toda una vida por delante para nosotros ahora.
Aun así le sonreí feliz por estar en sus brazos, lo que me recordó la última vez que estuvimos así.

Valkyon: Debemos encontrar algún poblado rápido.

Antes de poder replicar noté que algo tapó el sol un segundo proyectando una extraña sombra. Miré hacia el cielo y dibujé una sonrisa al ver de quién se trataba.

Mystika: Ignis...

Él descendió rápidamente para colocarse a mi lado saludándome a su manera, pero no tenía las fuerzas para corresponderle.

¿?: ¿Mystika?

Una voz conocida surgió de entre la espesura del bosque.

Mystika: Le encontraste... Bien hecho pequeño.

Ignis se sentó en un gesto que parecía de orgullo haciéndome sonreír por ello. Entonces la voz se hizo bien audible y Thiedil apareció veloz de entre los árboles.

Thiedil: ¡Mystika! ¿Qué ha ocurrido?

Viendo que apenas tenía fuerzas para hablar se agachó a mi altura y sacó un frasco de entre sus ropas, lo destapó y lo acercó a mi boca.

Thiedil: Esto detendrá la hemorragia y te restaurará poco a poco. Bebe.

Mystika: Mi madre...

Thiedil: Tranquila, tenemos más.

El General hizo un gesto y otros elfos salieron de entre los árboles. Uno de ellos se acercó a mi madre y también le dio el mismo brebaje que me esperaba. Entonces abrí mi boca y Thiedil vertió el líquido en ella.

Thiedil: En un momento te dormirás y permanecerás así unos días por la gravedad de tu herida, hasta que ésta quede curada por completo.

Asentí sin mucha fuerza y le di las gracias.

Thiedil: ¿Puedes cargarla? Tenemos cerca nuestras embarcaciones, la llevaré a Rhodaris, allí podrán atenderla adecuadamente.

Valkyon: Puedo llevarla pero preferiría que volviera a casa. Allí tenemos también buenos alquimistas.

Thiedil le miró unos segundos para luego asentir en silencio. Después dio órdenes a sus congéneres y Valkyon me levantó del suelo y me presionó contra su cuerpo para restaurar el calor que había perdido junto a mi sangre.

Todos mis miedos se desvanecieron, me sentía segura en sus brazos, sentía su calor tanto físico como espiritual envolviéndome y poco a poco fui cerrando los ojos, mientras veía los rayos de sol que las copas de los árboles dejaban atravesar iluminando su rostro.


[VALKYON]

Por suerte el general aceptó mi petición de llevar a Mystika al cuartel, allí podría cuidar de ella.
Ante su señal, la elevé del suelo y seguimos a los elfos por el bosque. Habíamos tenido mucha suerte, sin esa poción...

Deseché esos pensamientos de mi cabeza y observé a Mystika cómo iba relajándose mientras me miraba. No podía apartar mi vista de sus ojos, que me miraban con cariño y esperanza, la misma que había vuelto a mí. La estreché aún más contra mí como si eso pudiera ayudarla, compartiendo mi calor con ella, aunque quizás sólo deseaba sentirla más cerca.

Sus ojos se iban cerrando mientras acercaba su cabeza a mi pecho. Cuando finalmente se durmió sentí que sus latidos disminuyeron notablemente, alarmándome. Así que puse mis dedos sobre su cuello para buscarle el pulso con desesperación.

Thiedil: Tranquilo, es el efecto de la pócima, ralentiza su pulso para no malgastar energía.

Mire aliviado a Thiedil mientras dejaba escapar un profundo suspiro.

Thiedil: Por cierto, cuando llegamos aquí guiados por el dragón nos encontramos un par de familiares. Supongo que son vuestros.

Valkyon: ¿Un Musarose y un Black Gallytrot?

Thiedil: Así es.

Valkyon: Sí, son nuestros.

Thiedil: Están en uno de nuestros barcos.

Volví a sentir alivio al saber que nada le había ocurrido a mi hermosa Floppy y continuamos hasta llegar a las embarcaciones de los elfos. Eran enormes y tenían ostentosos ornamentos dorados, algo que no me sorprendió en absoluto.

Thiedil: Bien, os acompañaré con uno de mis barcos y la mitad de mis hombres y nos quedaremos allí hasta que se recupere del todo. Debo asegurarme de que todo va bien.

Agradecí internamente su interés por procurar que Mystika se salvara y todo marchara como debía y todos embarcamos en el navío del General poniendo rumbo al Cuartel sin más dilación.

Al fin en casa, al fin con ella...

CONTINUARÁ