CAPÍTULO 49
BIENVENIDA
[VALKYON]
No dejaba de dar vueltas en mi camarote preocupado por saber dónde se habría metido, hasta que finalmente decidí ir a llamar al General con la esperanza de que Mystika hubiera vuelto a reunirse con él. Ya luego pensaría en una excusa para estar buscándola.
Salí de forma apresurada y cruzando el pasillo llegué a la puerta del elfo. No se oía nada pero una tenue luz seguía encendida dentro. Cuando al fin mis nudillos iban a hacer contacto con la madera, unos gritos de asombro en cubierta me detuvieron.
Esto era la excusa perfecta para irme de allí y no tener que molestar a Thiedil por el momento, así que rápidamente salí al exterior y vi el motivo de sorpresa de los elfos: Mystika.
Al parecer acababa de aterrizar allí, completamente transformada y las alas majestuosamente extendidas, lo que hacía entendible la reacción de todos ellos.
Aliviado porque apareciera, fui hacia ella con gesto reprobatorio. Mystika, que sabía que le iba a caer cierta bronca por desaparecer así sin avisar, me miró con una sonrisa algo maliciosa. Entonces vi que tenía apoyada una de sus manos sobre el pomo de una empuñadura de espada y la otra con una mochila a su espalda. Al acercarme más reconocí el arma en seguida, era la espada que yo mismo forjé especialmente para ella con aquel rubí rojo coronando la empuñadura.
Realmente era difícil seguir molesto y de hecho sólo había estado preocupado. Y saber que había salido a recuperar la espada que le hice ablandó mi semblante.
Mystika soltó la mochila a un lado y dio unos pasos en frente.
Valkyon: Me has preocupado, ¿dónde has ido?
Mystika: A buscar mis cosas.
Valkyon: Diablos, eres imposible. No deberías desaparecer sin más, si el General se entera de...
En ese momento todo el mundo alrededor se calló y se apartaron a un lado dejando paso.
Thiedil: ¿Qué es este alboroto?
Thiedil apareció en cubierta y siguió el camino que habían dejado libre los elfos hasta llegar hasta nosotros.
Thiedil: Increíble... ¿Pero qué haces así?
Mystika: Pues como me dijiste que entrenara para descubrir mis poderes, pensé que también sería importante aprender a volar bien.
Thiedil: ¿Y has ido a dar una vuelta por aquí? Estamos en aguas de Isekar, no deberías haber abandonado el barco sin avisar.
El General se giró y me dirigió una mirada cortante y acusatoria, al fin y al cabo estaba allí para escoltarla y cuidar de su seguridad.
Valkyon: Justo iba a avisarle cuando oí que ya había vuelto.
Mystika: No sabíamos que estábamos en zona de peligro. No volveré a salir sin preguntarte a ti antes, perdona.
Mientras hablaba, Mystika cambió a su forma completamente humana y le dedicó una mirada dulce y arrepentida, sin duda para amansarlo y que olvidara el percance. No obstante, y a pesar de que lo hacía para sacarnos del apuro, me molestó que pudiera dedicarle dicha expresión a otro hombre, en especial a uno que parecía sentir un interés creciente por ella.
Lo peor de todo es que esta situación era nueva para mí, pues jamás me había sentido celoso o posesivo con otra persona hasta hacía unos meses, así que tendría que aprender a manejar estos nuevos sentimientos que me invadían.
Thiedil: Está bien, Valkyon por favor, acompaña a Mystika a su camarote y asegúrate de que no abandone el barco en toda la noche. Tenemos que rodear Isekar para llegar a Rhodaris.
Valkyon: Por supuesto General.
Miré a Mystika de reojo y ella me devolvió la mirada sonriendo de forma casi imperceptiblemente pícara.
Thiedil: Buenas noches.
Mystika: Gracias Thiedil, que descanses.
En cuanto el elfo abandonó la cubierta Mystika volvió a tomar su mochila y se puso a mi lado mirándome con falsa culpabilidad.
Mystika: Lo siento, ahora tendrás que pasar la noche conmigo...
Negué con la cabeza riendo disimuladamente y la agarré del brazo para acompañarla hasta su habitación, como si realmente fuera su guardián.
Al llegar ante su puerta, abrió con la llave y después de meternos dentro volvió a cerrarla. Acto seguido dejó su mochila a un lado y se quitó el cinturón de la funda de la espada, dejándola con cuidado sobre una mesa.
Valkyon: Parece que le tienes cariño.
Mystika: ¿Cómo no podría tenérselo? La hiciste para mí.
Valkyon: Y has ido a Isekar a recuperarla... ¿Dónde estaba?
Mystika: La dejé en casa de Kiartan. He visto a Leiftan.
En cuanto escuché su nombre me tensé de forma irremediable. Apenas había pasado una semana desde que el Daemon quería convertir a Mystika en su mujer y estaba dispuesto a comprometerse de forma oficial al llegar a Eldarya.
Dudaba que esos sentimientos hubieran desparecido, al menos por completo y saber que habían estado solos...
Mientras ella continuaba hablando sobre su escapada fue quitándose la ropa de espaldas a mí para ponerse el camisón bajo mi atenta mirada.
Mystika: Parece que ente él y mi amiga hay muy buena relación, ¡la cosa va viento en popa!
Valkyon: Oh, es verdad que se llevó a tu amiga.
Mystika: Jaja Valk, ¿qué significa esa cara?
Se acercó a mí y me rodeó con sus brazos mirándome a los ojos de forma divertida. Yo también la abracé sintiendo la calidez que había echado en falta desde que embarcamos.
Valkyon: Es mi cara.
Mystika: Ya, claro... ¿Sabes? Me encanta cuando te pones celoso, tu mirada se vuelve salvaje.
Valkyon: ¿Ah sí?
Mystika: Aha...
Me incliné hacia ella y le besé tiernamente en los labios. Luego acaricié su rostro con la nariz, sabía que ese gesto le encantaba.
Mystika: Pronto estaremos en igualdad de condiciones.
Valkyon: ¿Qué quieres decir?
Mystika: ... Elendra.
Valkyon: Ah, esa. Tampoco tienes de qué preocuparte.
Mystika: Y sin embargo no puedo evitarlo, sé que volverá a ir a por ti de forma descarada.
En parte, saber que ella también podía sentirse molesta porque otra mujer se me acercara demasiado, me producía una agradable sensación. Era la confirmación de que nos pertenecíamos el uno al otro de una forma espiritual, por decirlo de alguna manera.
Le sonreí cálidamente y acaricié su rostro para luego volver a besarla.
Valkyon: Soy todo tuyo.
Mystika: {Mhh todo mío, ¿eh?}
Su tono sensual al pronunciar esas palabras me hizo reír complacido.
Ella dirigió sus manos hacia mi cintura y luego las metió por debajo de mi chaleco con una caricia hasta rozar mi pecho. Si su intención era volverme loco, lo había conseguido.
Agarré su cara con mi mano y le besé con fuerza, de forma salvaje. Y como suponía, a ella le encantó, porque me abrazó fuerte rodeando mi cuello para pegarse a mí.
(Sí, loco es la palabra, me vuelve jodidamente loco)
Sin poder esperar más comencé a avanzar hasta la mesa, sentándola sobre ella en cuanto la alcanzamos sin dejar de besarla. Sus manos se metían entre mi pelo y empujaban mi nuca para atraerme al máximo hacia ella, sin apenas poder coger aire mientras nuestras lenguas jugaban con furia la una contra la otra.
Ella pegó más su cadera a la mía y abandonó mi boca para dirigirse a mi oreja.
Mystika: {Sabes que los elfos tienen el oído fino, ¿no?}
Su obvia insinuación susurrada a mi oído me hizo sentir un escalofrío de placer.
Valkyon: {Entonces habrá que ser silenciosos}
Mystika: {Lo intentaré, pero no puedo prometerte nada...}
Valkyon: Me ocuparé de que no puedan oírnos.
...
Aún era noche cerrada cuando me pareció que alguien picaba a la puerta.
Mystika se movió bajo mi brazo y abrió los ojos con dificultad emitiendo un gruñido suave a modo de protesta.
¿?: Señorita ¿está despierta?
Ella apartó rápidamente mi brazo a mi pesar, se levantó y se colocó una bata sobre la piel completamente desnuda. Entonces abrió la puerta apenas unos centímetros para asomarse.
¿?: Disculpe por las horas, pero tenemos órdenes de avisar de que apaguen toda luz en el barco que se pueda ver desde el exterior.
Mystika: Por supuesto, ahora mismo lo hago.
¿?: Y debe acompañarme con premura ante el General.
Mystika: ¿A estas horas?
¿?: Sí y sin perder más tiempo, lo siento.
Apenas sin tiempo a reaccionar, el elfo agarró del brazo a Mystika y se la llevó cerrando la puerta tras ella.
(Pero qué diablos... Se la ha llevado de madrugada con el General y ¡prácticamente desnuda!)
Éste pensamiento me hizo acabar de despertar de golpe, así que sin perder tiempo me puse los pantalones y salí de la habitación.
(Mierda tampoco puedo irrumpir así como así en su habitación)
En silencio me aproximé al camarote del General. La puerta estaba entreabierta, por lo que podía ver la luz del interior y escuchar a duras penas una conversación.
No había ni un solo elfo cerca, lo que me daba mala espina, era como si tuvieran la orden de desaparecer del perímetro, cuando siempre había varios yendo y viniendo por los pasillos.
Me coloqué lo más pegado a la puerta y la empujé cuidadosamente un par de centímetros para poder ver en el interior sin ser visto. El General estaba apoyado en su escritorio y Mystika delante de él de pie. Ella se movió un poco y conseguí ver la cara de Thiedil. Sus ojos relucían mientras la miraba de arriba abajo sonriendo.
Mystika: ¿Querías verme?
Thiedil: Siento haberte sacado así de la cama. Necesitaba hablar contigo.
Mystika: Soy toda oídos.
De repente el elfo se levantó y comenzó a desabrochar su armadura, retirando primero su capa. Una vez se quitó ambas prendas junto al cinturón que sujetaba su arma, se desabrochó algunos de los botones de la camisa y luego los de las muñecas. Después se arremangó y volvió a apoyarse cruzándose de brazos.
Thiedil: Quería compartir contigo algo más sobre nuestra especie. Sé que no son horas pero no consigo relajarme para dormir.
Mystika: Ah bueno, pues dime.
El General volvió a levantarse y quedó más cerca de ella.
Thiedil: ¿Sabías que cuando llegamos a cierta edad estamos obligados a encontrar pareja? Lo cierto es que no sólo es una obligación, es una necesidad biológica.
Mystika: ¿Necesidad biológica? Vaya, suena raro. ¿Y qué edad es esa?
Thiedil: Entre los cincuenta y sesenta años.
Mystika: Supongo que eso es poco para vosotros. Por cierto y si no es indiscreción, ¿qué edad tienes tú?
Thiedil: Cincuenta y cuatro.
Mystika respondió con una leve exclamación de sorpresa y el General dio otro paso en frente, quedando a escasos centímetros de ella.
(Esto no me gusta un pelo...)
Entonces el elfo, sin dejar de mirarle a los ojos, retiró el pelo que caía sobre su pecho hacia la espalda, acariciando su hombro de forma sutil al soltar el mechón. Mystika se puso algo tensa, pero no dijo nada.
Thiedil: Dime Mystika, ¿tú ya tienes a alguien? No veo anillo de compromiso o boda.
Mystika: N-no, no estoy comprometida ni casada.
Thiedil: Genial.
Claramente estaba evitando decirle lo nuestro por lo que le dije de mantenerlo en secreto, pero jamás pensaría que incluso en un momento así lo mantendría, pues eso podía mandar un mensaje confuso a Thiedil.
Thiedil: A mí me gusta alguien, desde hace no mucho. Cuando la conocí en seguida congeniamos, pero no pertenecemos a la misma especie, así que eso suponía un problema.
Mystika: ¿Sí? ¿Es por tu estatus?
Thiedil: Exacto. Pero hay algo que ha cambiado, así que el Consejo podría hacer una excepción y darme un permiso especial para estar con ella.
Mystika estaba algo rígida, entendiendo la doble intención de las palabras del elfo, pero aun así permaneció quieta, observando cómo él se aproximaba más hasta inclinar su cara hacia su oreja y volviendo a tocar su pelo, esta vez sólo para acariciarlo.
Thiedil: {Me gustaste en cuanto te vi en el lago, pero como General de mi pueblo tuve que reprimir mis deseos}
Mystika: Thiedil... yo...
El elfo puso su propio dedo sobre la boca de ella haciéndola callar. Y esto ya fue el colmo para mí, pues conociéndola sabía que no le respondería de forma contundente por el respeto que le tenía y él se estaba aprovechando de ello.
En seguida, la mano que tenía sobre su boca la bajó y al segundo vi que había soltado el simple cinturón de tela que mantenía su bata cerrada.
Thiedil: Ahora sí desearía que me llamaras General.
Mystika: G-general, por favor.
(Joder, reacciona y mándale bien lejos)
El elfo se apoyó de nuevo en el escritorio atrayendo con él a Mystika. Puso su mano sobre la parte trasera del muslo de ella y la subió lentamente retirando la bata a su paso hasta el trasero, que dejó al descubierto.
Apreté los dientes sintiéndome impotente por la impasibilidad de Mystika, notando como me llenaba de una rabia y un dolor que no había sentido antes.
Mystika: {General...}
Cuando pensaba que finalmente iba a pararle los pies, ella soltó un jadeo al llamarle por su título y colocó sus manos sobre el torso semidesnudo del elfo.
Acto seguido él atrapó su nuca con la mano que tenía libre y la pegó contra él para besarla, siendo correspondido de inmediato.
Noté como se paró mi corazón unos segundos. Todo mi cuerpo comenzó a temblar, mi mente estaba completamente nublada, no tenía nada más en la cabeza que irrumpir y golpear al General, así me costase la vida.
Me coloqué ante la puerta y la empujé haciéndola chocar contra la pared de forma violenta.
...
Mystika: {Valkyon, ¿estás bien?... Valk}
Valkyon se incorporó en la cama de repente cubierto de sudor y con el pulso acelerado. Miraba alrededor como si intentara entender dónde se encontraba.
Valkyon: ¿Dónde está?
Mystika: ¿Quién?
Valkyon: El General.
Mystika: Pues no lo sé, supongo que en su camarote dadas las horas que son.
Se pasó las manos por la cara y luego las arrastró hacia atrás peinando su pelo. Al fin parecía entender dónde se encontraba.
Fui a su lado y en cuanto me senté él me abrazó con fuerza.
Mystika: ¿Qué te ocurre? Estás temblando...
En vez de responder me abrazó más fuerte mientras intentaba calmar su respiración agitada. Le correspondí con cariño mientras acariciaba su cabeza y su pelo para tranquilizarlo. Era extraño verle así, teniendo en cuenta que solía mantener la calma y parecer imperturbable.
Valkyon: {¿Qué hacías fuera de la cama y en bata?}
Mystika: Un elfo ha llamado a la puerta y me ha dicho que apagara las luces.
Valkyon: ¿Y luego?
Mystika: ¿Luego? Pues me he levantado, me he puesto la bata, he ido a apagar las luces y entonces he observado cómo dormías hasta que has comenzado a agitarte.
Valkyon hizo una profunda inspiración para luego soltar el aire aliviado mientras su abrazo se relajaba y se separaba un poco para mirarme en la oscuridad.
Mystika: ¿Has tenido una pesadilla?
Valkyon: Sí... He soñado que el General te hacía llamar a su camarote de madrugada. Yo te seguía y os veía juntos.
Mystika: ¿Juntos...?
Viendo su cara de dolor en seguida entendí qué clase de sueño había tenido.
Comprendí la angustia que sentía y con cariño volví a abrazarle tumbándole en la cama. Me separé unos centímetros para retirar mi bata y volví a sus brazos para dormir con su calor envolviéndome.
Mystika: {Ha sido sólo una pesadilla, duérmete cariño, estoy aquí contigo}
Valkyon: {Era tan real...}
Mystika: {Yo jamás haría tal cosa, así que no tiene nada de real, ¿vale?}
Valkyon asintió con la cabeza volviendo a mirarme a los ojos, así que aproveché para besarle suavemente en los labios. Él, aún algo rígido, me apretó contra su cuerpo profundizando el beso de forma algo posesiva y desesperada. Yo le seguí respondiendo con calma y cariño hasta que finalmente se separó de mi boca y observándome mientras acariciaba mi espalda, se quedó dormido.
Viéndolo al fin relajado, el sueño me venció a mí también al poco rato.
...
En cuanto se hizo de día me desperté con el cuerpo de Valkyon envolviéndome. El calor ya no era algo que me molestara y aunque no pasara frío, me gustaba sentir toda esa temperatura y cada vez la apreciaba más.
Dejé que Valkyon durmiera un poco más y se recuperara de su pesadilla, así que me vestí y salí de mi camarote para dirigirme al comedor. Para ello debía pasar por en frente de la habitación del General.
Ésta se encontraba ligeramente abierta y podía escuchar una conversación en el interior. Aunque yo no era de naturaleza curiosa con las conversaciones de los demás, algo me empujó a poner atención a lo que decían. La otra voz, si no me equivocaba, era de su consejero, uno de los hombres que estuvieron sentados con nosotros en la cena del Cuartel.
Thiedil: {Rhenyr no es tan fácil, querido amigo, es bastante indomable}
Rhenyr: {Ya veo, entonces no te queda de otra que callar hasta el último momento}
Thiedil: {¿Callar? ¿No sería como mentirle y acorralarle?}
Rhenyr: {Por lo que me has dicho también es inteligente y considerada, así que sí, tendrás que acorralarle}
Thiedil: {Pero...}
Rhenyr: {Sabes que es la única opción, de otra forma se irá antes de tan siquiera intentarlo}
Oí, a pesar de haber una puerta entre medio, una profunda exhalación por parte del General. Por lo que había entendido tenía que hacer algo de una forma que no le agradaba demasiado, pero que se veía obligado, suponía que por su estatus.
Yo tenía claro que si algo no lo quería me negaba y todo resuelto, pero ¿y si me encontrara en su posición y lo que había que hacer era por un bien mayor?
Cuando escuché palabras de despedida me movilicé rápidamente y desaparecí de allí llegando al fin al comedor. En cuanto me dirigí a la cocinera para recibir mi desayuno, noté una mano posarse en mi hombro.
Como seguía en estado de alerta por el pequeño juego de espionaje, pegué un bote sobresaltada al notar que me tocaban.
Thiedil: Perdona, te he asustado.
Mystika: Tranquilo, sólo me has sorprendido, estaba demasiado concentrada en mis pensamientos.
Thiedil: ¿Puedo acompañarte?
El elfo señaló su desayuno para hacerme entender que quería comer conmigo. Asentí y nos dirigimos a una mesa, nosotros dos solos. Al parecer ninguno de sus congéneres tomaba asiento en su mesa si éste no era antes invitado a ello, algo que no ocurría en el Cuartel a menos que los dirigentes estuvieran claramente reunidos.
Thiedil: Llegaremos al anochecer a Rhodaris y a la noche del día siguiente haremos la fiesta de presentación.
Mystika: Vuestros navíos son realmente rápidos, con nuestros barcos hubiéramos tardado al menos el triple.
Thiedil: Ah sí, los avances en alquimia y conjuros de nuestro pueblo han sido determinantes para ello.
Mystika: Supongo que es lógico si todo tu pueblo pone esfuerzo en ello. Es lo bueno de las comunidades etnocentristas con habilidades tan marcadas.
Thiedil: Así es, desarrollamos con mayor facilidad nuestros propios dones. Aunque siempre viene bien un poco de sangre nueva, ya que aprendemos otras cosas que pueden ayudar a reforzar y mejorar nuestra propia cultura.
Mystika: Es una buena forma de verlo.
Thiedil afirmó complacido y comenzó a comer. Tenía un menú especial que consistía en un bol de algo que parecía yogur con cereales y frutos secos y luego tenía un plato con una variedad de verduras frescas.
Yo me pedí mi café con leche y un plato de fruta variada.
Thiedil: ¿Quieres probar?
Mystika: ¿Mhh?
El elfo llenó la cuchara con el yogur mezclado y me lo acercó a la boca.
Mystika: N-no, no tranquilo.
Thiedil: Vamos, sé que te gustará.
Mystika: Pero es tu cuchara...
Thiedil: ¿Quiere usted volver a las formalidades a estas alturas, señorita?
Me reí al escucharle de nuevo hablarme de "usted" y negué con la cabeza. Finalmente abrí la boca y acepté que me alimentara con su cuchara.
Al fin y al cabo era poco escrupulosa y no es algo que no hiciera ya en el Cuartel.
Thiedil me dio la cucharada mientras sonreía esperando mi reacción. Yo abrí los ojos sorprendida al notar la explosión de sabores, sin duda aumentada con los alimentos de aquí.
Mystika: ¡Mhhh! Está delicioso.
Thiedil: Podrías comerlo siempre que quisieras.
Mystika: ¿Crees que la cocinera me daría la receta?
La sonrisa de Thiedil se volvió algo misteriosa y en vez de contestar tomó otra cucharada de su bol.
Thiedil: ¿Esto es a lo que llamáis en la Tierra "beso indirecto"?
Dicho esto se la metió en la boca retirando todo alimento con sus labios.
Mystika: ¿¡Qué!? N-no, o sea sí, pero sólo es una tontería.
Sentí las mejillas comenzar a tomar temperatura y para calmar los nervios agarré mi taza de café para beber un buen sorbo.
Mystika: ¡Mierda!
En cuanto mis labios tocaron el café sentí que había aumentado bastante de temperatura y aunque no me dolió sí me molestó.
Thiedil tocó la taza y luego se rio mirándome de reojo.
Mystika: No te rías de mí...
Thiedil: Debes aprender a separar tus emociones de tus poderes.
Mystika: Jmmm.
Aparté la taza y con la vista en el plato comencé a picotear la fruta mientras el elfo seguía mirándome de reojo con expresión divertida.
Valkyon: Buenos días.
En seguida levanté la cabeza hacia su voz y le sonreí, aunque él parecía algo serio. Teniendo en cuenta su pesadilla podía entenderlo, pero no era motivo para ignorar a Thiedil, no hubiera sido nada adecuado.
Thiedil: Por favor, toma asiento con nosotros.
Ante el gesto de cortesía del General, Valkyon fue a por su desayuno y volvió a sentarse frente a nosotros totalmente en silencio. En sus ojos podía sentir sus celos, lo que me apenaba, ya que él sabía lo que sentía por él y a la vez lo mucho que me gustaba aprender de otras culturas.
El elfo entabló una conversación con Valkyon sobre su trabajo como escolta, sobre la fiesta y los detalles que le concernían a él con respecto a mí.
Él seguía la conversación con total normalidad pero me iba lanzando alguna que otra mirada mientras yo comía de forma despreocupada. Aun así me sentía vigilada por él y como no me hacía demasiada gracia, decidí castigarle un poco por ello.
Descalcé uno de mis pies y fui en busca de su pierna sin quitar ojo a mi comida o mirando de vez en cuando a Thiedil cuando decía algo que también me interesaba a mí. Poco a poco fui subiendo el pie desde su rodilla hacia el muslo. Valkyon carraspeó, tomó un trago de su bebida y me miró de reojo. Lejos de estar enfadado se le notaba nervioso y perdía algo la concentración de la conversación mientras yo seguía jugando con él.
Cuánto más avanzaba yo, más apurado se le veía a él y me era imposible no sonreír aunque intentaba disimularlo. Cuando llegué al final del muslo, Valkyon metió una mano bajo la mesa y atrapó mi pie para frenarlo mientras seguía intentando mantener una conversación coherente.
Lejos de quitarlo de encima de él y liberarse de mí, lo apretó ligeramente para luego hacerme cosquillas, lo que me hizo retirar el pie de inmediato.
Thiedil: Bien, creo que eso es todo lo que debes saber sobre el evento.
Valkyon: Está bien, no habrá contratiempos.
Quedaban aún muchas horas para llegar a Rhodaris y el día se presentaba tan aburrido como el anterior sin poder hacer nada. Seguía sin entender por qué Valkyon si podía ayudar pero yo no.
Cómo ambos habían acabado de hablar, me dirigí al elfo.
Mystika: Thiedil, ayer intenté mantenerme ocupada ayudando en el barco, pero nadie me lo permitió.
El General levantó la vista del plato con la ceja levantada como si estuviera diciendo alguna barbaridad, algo que no entendí muy bien.
Thiedil: Mystika, ¿realmente crees que van a dejarte hacer ese tipo de trabajos?
Mystika: ¿Por qué no? Soy fuerte y aprendo rápido.
El elfo rio con sinceridad mientras balanceaba si cabeza de forma negativa.
Thiedil: No dudo de tu fuerza y he comprobado lo rápido que aprendes las cosas, pero no se trata de eso.
Mystika: ¿Entonces cuál es el problema?
Thiedil: No son trabajos adecuados a tu rango.
Mystika: ¿Rango? ¿Cuál rango?
Confundida dejé los cubiertos sobre el plato, le miré fijamente girándome hacia él y me crucé de brazos. Éste me imitó y luego puso de nuevo su mano sobre mi hombro en un gesto amable.
Thiedil: Nadie aquí permitirá que una princesa haga sus tareas.
Mystika: ¿Pero cómo...?
Thiedil: ¿Recuerdas a la anciana de Myaris, Alyria?
Afirmé con la cabeza en cuanto su imagen vino a mi mente: ojos blancos, invidente, orejas largas y expresión sabía y amable.
Thiedil: Alyria es descendiente del arcano que escribió la profecía. Ella me contó que eras la última descendiente viva del príncipe Mael.
En seguida recordé el día que nos conocimos y la extraña sensación que tuve el darnos la mano, era como si pudiera ver a través de mí. Así que podía ser que con el simple contacto, alguien como ella obtuviera ese tipo de información.
Miré a Valkyon que no parecía sorprendido en absoluto. Al parecer los chicos pudieron escuchar algo de lo que hablé con Leiftan y ya estaban enterados de lo que era. Lo que sí noté en él fue una especie de lucha interna y un gesto de preocupación que no supe entender.
Mystika: ¿Y qué se supone que debo hacer como princesa?
Thiedil: Bueno, puedes entrenar y descubrir tus poderes, estudiar y leer y también entrenar el combate.
Mystika: Menos mal...
Y con cierto alivio acabamos el desayuno y separamos nuestros caminos para cada uno encargarse de algún asunto, ellos del barco y yo a practicar lo del vaso con agua.
[VALKYON]
Llevaba casi todo el día ayudando en diferentes tareas del barco mientras Mystika permanecía sobre todo en el camarote. Podía imaginarme su cara de aburrimiento y angustia por estar ahí metida sin poder hacer lo que quisiera y al aire libre.
Yo, a pesar de estar rodeado de gente apenas les prestaba atención, más que para recibir alguna instrucción por parte de ellos. Pero entonces, una conversación llamó mi atención.
¿?: ... Ah sí, esa chica parece que tiene toda su atención, come con ella, la invita a su camarote, ...
¿?: ¿A su camarote? Creí que ahí sólo entraba su consejero.
¿?: Pues ya ves, apenas la conoce y la trata como de la familia.
¿?: También es entendible, dadas las circunstancias.
¿?: Jajaja sí... En su situación también la invitaría a mi camarote.
Ambos rieron para luego desparecer del almacén mientras portaban fardos de harina en dirección a la cocina.
De nuevo no podía evitar sentir la sangre hervir en mis venas. Todo el mundo estaba enterado de la cercanía de ambos y de la predilección del General por Mystika. Incluso de la invitación a su habitación, lo que hacía que sacaran conclusiones que no eran, aunque parecieran tan obvias.
Desde que Thiedil nos anunció que Mystika debía ir a Rhodaris para ser presentada de forma oficial, un mal presentimiento me rondaba sin poder abandonarlo. Y desde luego, que él tuviera interés en ella incluso hasta el punto de conocer ciertos datos como lo de su ascendencia me hacían sospechar más.
Por desgracia lo único que podía hacer era cumplir mi cometido: estar con ella y protegerla de lo que fuera y como fuera.
Estaba apoyada en la barandilla de la cubierta cuando a lo lejos divisé lo que parecía una cordillera, bañada por el color rojizo del atardecer colándose entre los valles.
En ese momento noté que alguien ponía la mano en mi cintura con suavidad. Al girar la cabeza vi a Valkyon colocarse a mi lado en silencio admirando también el paisaje. Y aunque retiró su mano por prudencia, nuestros cuerpos se apoyaban el uno en el otro mientras veíamos el atardecer con los brazos cruzados cobre la barandilla.
Valkyon: Parece que ya hemos llegado.
Mystika: Eso parece. ¿Todo bien?
Afirmó sin dejar de fijar su vista en el horizonte, pensativo. Debía seguir dándole vueltas a algo.
Alargué mi mano hasta llegar a la suya, entrelazando nuestros dedos mientras únicamente el mar era testigo de nuestro gesto. Así permanecimos varios minutos, entretanto veíamos la costa de Rhodaris cada vez más próxima.
De repente unos pasos acercándose hicieron que retirásemos nuestras manos y me giré para ver quién era. El General, vestido más elegante que en la cena del Cuartel se aproximó a nosotros.
Thiedil: Ya casi hemos llegado. Mystika por favor, ve a tu camarote y colócate las prendas que han dejado sobre tu cama.
Mystika: Eh... sí claro, ahora mismo voy.
Abandoné la cubierta dejando a los dos allí y fui hasta mi habitación. Al entrar divisé un elegante vestido color rosa pastel y blanco, adornado con toques dorados y de cola larga.
Rápidamente me cambié y guardé todas mis cosas en la mochila y luego me peiné y maquillé para acompañar la elegancia del vestido.
Una vez acabado me miré en el espejo y dándome el visto bueno a mí misma, salí de nuevo hacia cubierta justo en mismo momento en que el barco atracaba en el puerto.
En seguida vi al gentío rodear la embarcación hasta que pusieron la pasarela y comenzaron a bajar los tripulantes con algunas cajas y maletas. La gente fue formando así un pasillo natural por dónde iban pasando los marineros.
Los ciudadanos parecían algo excitados, había muchos niños gritando en dirección al barco, aclamando a su General con devoción. Podía entender fácilmente por qué parecía ser tan querido por el pueblo.
Él se acercó a mí y tendiéndome la mano con una sonrisa para que le acompañase, descendimos la pasarela en dirección a la ciudad.
Todos comenzaron a lanzar unos hermosos pétalos que, como un holograma, cambiaban de color según la inclinación en que los miraras al caer livianamente sobre el suelo, dejándome totalmente cautivada.
Thiedil se aproximó a mi oído.
Thiedil: {Esto es por ti}
Mystika: ¿Por mí? ¿Por qué?
Thiedil: Mi pueblo se toma muy en serio la profecía, digamos que es como un mantra para nosotros.
Mystika: Ya veo...
Con cierta congoja paseamos entre la gente con Valkyon tras mis pasos hasta que llegamos a la entrada de la ciudad. Allí también nos esperaban con el mismo humor festivo. Según me había contado Thiedil, la fiesta de la noche siguiente estaba reservada tanto a la nobleza de este Reino y de los aliados como a los comerciantes más influyentes. Así que la noche de llegada eran los ciudadanos los que festejarían por las calles con música y bailes, algo que me resultaba totalmente exagerado pero traté con respeto por ser sus costumbres.
Y de repente, al cruzar una calle, se alzó ante nosotros un hermoso castillo, de esos que sólo salen en los cuentos de hadas: esbeltos, con un aura mágica y con delicados y hermosos acabados.
Sin darme cuenta por estar mirando embobada la majestuosa edificación, Thiedil se paró en frente tomándome de la mano con gentileza.
Thiedil: Bienvenida a mi hogar.
CONTINUARÁ
