CAPÍTULO 50

LA FIESTA

Thiedil: Bienvenida a mi hogar.

(¿Su hogar, un castillo?)

En seguida recordé lo que había leído sobre la época medieval, cuando los castillos acogían no sólo a los gobernantes, sino también a su guardia, los trabajadores o incluso había estancias para algunos ciudadanos y el ganado.
En la zona de entrada de la torre Barbacana, a ambos lados de la gran puerta de madera y hierro, había dos parejas de elfos montando guardia. Éstos, al vernos llegar dieron la orden de abrir la puerta, que con un chasquido comenzó a moverse lentamente.

Los ciudadanos nos seguían, rodeándonos y lanzando aún esos pétalos tan peculiares, pero esta vez pude distinguir con mayor claridad que repetían las palabras "Valin, Falinn Drottning" una y otra vez.

Una vez abierta la puerta, el General me empujó suavemente para acompañarme dentro, al patio de armas, seguidos por todos los tripulantes de alto rango, de Valkyon y de las gentes de allí.
Las enormes murallas que rodeaban el recinto estaban llenas de arqueros haciendo una reverencia a nuestro paso. Y los ciudadanos se introdujeron llenando todo el espacio, dejando sólo un camino hasta la entrada a la Torre del homenaje, totalmente diferente a las que había en mi país.
La edificación era esbelta y de paredes blanquecinas, con varias torres alrededor. Todo el castillo se erigía en la falda de una montaña de vegetación espesa y de color verde intenso.
Era incapaz de dejar de mirar hacia todos lados, comprobando cada mínimo detalle. Hasta que pasamos las puertas del castillo cerrándose tras de nosotros, alejando así un poco el bullicio que había afuera.

Thiedil: Siéntete como en casa y cualquier cosa que necesites, pídelo.

Mystika: Sí, gracias. Es un castillo hermoso...

Thiedil me sonrió con los ojos relucientes y llenos de un sano orgullo, como si hubiera alabado algo hecho por él directamente.
Seguimos adelante y subimos las escaleras un par de pisos hasta que llegamos a un gran salón presidido por tres hermosos tronos, siendo el del medio el más grande y ornamentado. No obstante apenas podía observarlo con detalle, pues la estancia estaba llena de elfos bien vestidos mirando en su dirección.
Pero en cuanto el General hizo acto de presencia y se dieron cuenta de ello, esos elfos, que imaginaba serían nobles por sus vestimentas, se apartaron dejando otro pasillo haciendo una ligera reverencia. En ese momento pude ver los tronos con claridad y la que ocupaba el central no era otra que Elendra, la melliza de Thiedil, con ambas manos posadas en los apoyabrazos, las piernas cruzadas y una pose y mirada que demostraban su altanería.

(¿Qué hace ella ocupando un trono?)

Elendra: Hermano, al fin vuelves y... bien acompañado.

Una expresión sarcástica se dibujó en su cara al hablar mirando en mi dirección, hasta que observó quién me seguía y entonces enmarcó una sonrisa de complacencia y el brillo de sus ojos se hizo intenso.

Elendra: Acércate, quiero saludar a los invitados.

Thiedil: Espero que todo esté bien por aquí, veo que estás entretenida.

Aún con la mano de Thiedil en mi espalda, me llevó hasta su hermana seguida por Valkyon.
Ella se levantó sin prisas y me tendió la mano, obligándose a sonreír en mi dirección, pero mirando de reojo a mi jefe. En cuanto acabé de saludar ella se dirigió a Valkyon, al que dio la mano de forma delicada y mirada seductora.
Apreté los puños y los dientes y me mantuve lo más serena posible. Valkyon retiró su mano rápidamente muy a pesar de la elfa y dio un paso hacia atrás, como si las formalidades ya hubieran acabado y pudiera volver a su cometido.

Thiedil: A partir de ahora puedo ocuparme yo, avisa a las chicas para que acompañen a Mystika a su habitación.

Una mueca de desagrado cruzó la cara de Elendra, que en seguida sonrió con falsedad asintiendo ante el mandato de su hermano.

Elendra: Valkyon, tú eres su escolta, ¿cierto? Acompáñanos.

Y así seguimos a las elfas que se unieron a nosotros hasta el piso superior, que se dividía en varias estancias al fondo de un gran pasillo. Éstas eran de gran tamaño y bastante lujosas, con camas con dosel, enormes tinas y de todo lo necesario para la comodidad del huésped.

Elendra: Ahora te mostraré tu alcoba, Valkyon. Es la contigua a la suya.

Valkyon: Me sentiría más tranquilo pudiendo dormir aquí en el diván.

Elendra: No es necesario, habrá guardias apostados fuera, vamos.

Elendra agarró del brazo a Valkyon y tiró de él hasta salir por la puerta cerrando tras de sí.
Una de las elfas se quedó arreglando los últimos detalles, trayendo toallas, agua y demás mientras la observaba pensando en lo que podría estar pasando tras la pared de al lado.

[VALKYON]

Elendra me tomó del brazo y me sacó de la habitación a mi pesar, dejando a Mystika sola con una de las ayudantes de cámara. En seguida abrió la puerta de al lado y me hizo pasar.
La habitación era muy sencilla y tenía lo básico, pero tampoco necesitaba nada más.

Elendra: Como ves no tienes gran cosa, así que puedes venir a mi habitación si te aburres. Está justo al lado.

Valkyon: No será necesario, gracias.

Le hablé sin apenas prestarle atención, fijándome en el gran ventanal de la alcoba. La elfa se había puesto tensa por mi negativa, aunque su mirada parecía indicar que pensaba que yo había sido demasiado inocente para entender su propuesta.

Elendra: No es molestia que vengas, tengo juegos de mesa, podemos pasarlo bien.

Valkyon: Suelo acostarme pronto y estoy aquí con un cometido, no de vacaciones. Así que tranquila.

Elendra: Claro... Traerán la cena a las habitaciones hoy.

Ella apretó los dientes y con una fugaz y tensa despedida abandonó la habitación.
Solté un profundo suspiro de alivio y en seguida fui hacia la ventana, que abrí de par en par de inmediato para observar el verde paraje bañado por la luz de la luna. Luego me giré hacia la habitación de Mystika descubriendo un gran balcón. Las puertas estaban cerradas, algo que supuse no duraría demasiado, ya que a ella le gustaba dormir con la brisa fresca que entraba por las ventanas.

La elfa acabó sus tareas y se acercó a mí con lo que parecía un conjunto de dormir que depositó en la cama.

Elfa: Cámbiese por favor.

Mystika: ¿Cambiarme? ¿No saldré a cenar?

Elfa: Oh no, esta noche os traerán la cena a la habitación y sería una lástima que se echara a perder el vestido que lleva.

Extrañada me desvestí y observé las prendas que me había traído: un elegante babydoll blanco de satén y encaje a conjunto con la bata, que me coloqué en seguida. Justo entonces picaron a la puerta y sin esperar contestación un elfo entró con una bandeja de plata tapada, dejándola sobre la mesa y desapareciendo luego igual de rápido que entró.

(¿Ni siquiera con Valkyon puedo compartir el momento de la cena?)

Me senté en la silla ante el plato con algo de desgana y lo destapé quedando alucinada con lo que tenía delante. Era como si la primavera hubiera estallado en esa bandeja, llena de los colores vivos de la fruta y la hortaliza cruda. El problema era que no solo eso estaba crudo, también la carne. Era como un expositor de género, que eliges para luego cocinarlo.
Cuando iba a preguntar a la chica si allí solían comer la carne cruda vi un papelito en una esquina, que leí en seguida:

Comer crudo o cocinado sólo depende de ti y lo que te concentres.
Buen provecho,

Thiedil

(¡Qué maldito! ¡Me está poniendo a prueba de nuevo!)

Empecé a picotear lo que podía comer crudo sin problemas mientras releía la nota. Realmente le importaba que desarrollara mi potencial, aunque no sabía bien cuál era y qué límites tenía.
Comencé a darle vueltas pensando cómo podría conseguir cocinar ese trozo de carne, que además tenía muy buena pinta y sería una lástima dejarlo allí. Así que cuando hube acabado parte de la verdura, coloqué la carne en el centro de la bandeja y puse mi mano encima.
Entonces me concentré en ella y en mi mano cerrando los ojos, dibujando en mi mente ambos elementos y añadiendo el del fuego, el calor.
Como el día anterior, comencé a sentir subir la temperatura de mi palma, primero de forma suave y luego más intensa. De repente sentí algo volátil y muy caliente surgir de ella, así que abrí los ojos y vi desaparecer una llama entre mis dedos. Al retirar la mano para observarla de cerca me di cuenta que la carne se había tostado ligeramente por ese lado.

La elfa miraba la escena estupefacta con los ojos y la boca bien abiertos. Di vuelta a la carne y repetí el proceso. Había quedado bastante cruda por dentro, aunque me gustaba así, pero lo hubiera preferido más tostado por fuera.
Como no tenía ganas de pasarme en la cocción, lo dejé tal cual y comencé a saborearla con una sonrisa en la boca. Volví a mirar la nota y se me ocurrió mandarle un mensaje a Thiedil. Volví a hacer lo mismo que con la carne y prendí el papel, soplando en seguida para que no desapareciese el mensaje.

Mystika: Disculpa, ¿puedes hacer llegar de nuevo la nota a Thiedil?

Elfa: Eh sí, sí, claro.

La chica recogió todo lo que había en la mesa, se metió la nota entre sus ropas y se despidió antes de desaparecer de forma definitiva por la puerta.

Suspiré algo aliviada ahora que ya no estaba siendo vigilada de cerca por una desconocida y me dirigí al balcón para ver las vistas a la montaña y el pueblo iluminado por la luna. El color blanco de las edificaciones brillaba de forma especial con esa luz, lo que le confería un aspecto hermoso a todo el valle.
Desde ahí podía oír a los ciudadanos aún festejando, seguramente comiendo, bebiendo y bailando, pues sonaban extraños instrumentos con un ritmo melódico y festivo.

Al acercarme al borde de la barandilla, la brisa fresca acarició todo mi cuerpo y me dieron ganas de salir volando de allí, pero resultaría descortés y preocuparía a algunos sin motivo.
Mientras pensaba en ello oí un ruido sordo tras de mí, como si algo hubiera caído al suelo, así que me giré de inmediato en posición de defensa.

Valkyon: Perdona, no quería asustarte.

Mystika: ¿Pero cómo...?

Valkyon: Salté desde el alféizar de la ventana.

Mystika: ¿Has visto la de metros que hay de aquí al suelo?

No pude evitar regañarle con preocupación, poniendo mis manos sobre las caderas como si fuera una madre sermoneando a su hijo después de una trastada. Él se rio y encogió de hombros para luego acercarse a mí y tomarme entre sus brazos.
En ese momento me relajé y olvidé el susto del momento, devolviéndole el gesto con las estrellas como único testigo de nuestro acercamiento.

Al rato se separó de mí, me tomó por los hombros y me miró de arriba a abajo.

Valkyon: ¿Y esto que llevas puesto?

Mystika: ¿No te gusta?

Me separé un poco más y desabroché la bata dejando a la vista un poco del camisón. Valkyon entrecerró los ojos un momento mientras volvía a mirar con detenimiento, pero en seguida se puso serio.

Valkyon: Me encanta como te queda, lo que no me gusta es que alguien te haga estos "regalos".

Mystika: Y con ese alguien te refieres a...

Él soltó un gruñido en respuesta acompañado de una mueca de desagrado. Atrapé su mano con la mía y le hice entrar en la habitación, por si eso ayudaba a que nadie escuchara nuestra conversación nada discreta.

Mystika: No importa quién lo regala, sino quien lo disfruta. Y si no te gusta, siempre puedes quitármelo...

Le guiñé un ojo y luego le di un beso, que correspondió de inmediato abrazándome fuerte. Luego se separó unos centímetros mirándome fijamente.

Valkyon: Por desgracia no podrá ser esta noche, no me gustaría que alguien nos interrumpiera en el mejor momento.

Aunque parecía bastante seguro de sus palabras, su mirada y sus caricias en mi espalda decían todo lo contrario. Pero tenía razón, no era el momento ni el lugar, además aquí habían entrado ya sin esperar mi permiso.
Me acurruqué en su pecho escuchando los latidos de su corazón y sus brazos volvieron a rodearme con fuerza, permaneciendo así un buen rato.

Mystika: Oye ¿ahora cómo volverás a tu habitación? Una cosa es saltar a un balcón y otro a una ventana.

Valkyon: No pensé en ello.

Mystika: Voy a ver si por la puerta se puede, espera mi señal.

Hizo un gesto afirmativo y esperó detrás de la puerta para que no le pudieran ver al abrirla.
Cuando di un paso fuera vi dos enormes siluetas aladas a un par de metros portando sendas lanzas. Apenas estaba iluminada la estancia y no podía ver más allá de mis narices, así que no podía distinguir lo que eran.

Ambos se giraron al unísono al escucharme salir y pude discernir sus rasgos con la poca luz que se colaba desde mi habitación.
Eran dos hombres de piel nívea, con cuerpos bien esculpidos y fuertes, apenas vestidos con una capa azul y una especie de falda de estilo romano. Sus rostros estaban escondidos bajo yelmos del mismo estilo antiguo y dos enormes alas de plumas azules y blancas con puntas doradas surgían de su espalda.

Uno de ellos se acercó y pude comprobar que sus brazos estaban adornados por una especie de tatuajes de un dorado intenso imitando unas grandes rayas de tigre. Se quitó el yelmo dejando bien a la vista sus orbes oscuras, como los de un animal.

¿?: Buenas noches princesa, soy Colin y él mi compañero Mars. Seremos tus guardianes esta noche.

Mystika: Oh vaya, es una sorpresa. Mhh ¿Qué... qué clase de faeries sois?

Colin sonrió ante mi evidente cara de confusión. Realmente jamás leí sobre una especie así de faery.

Colin: No somos faeries, somos familiares.

Mystika: ¿Cómo?

Colin: Los elfos grises han desarrollado una poción que humaniza a los familiares. Somos owletts.

Me debatía entre la confusión, la curiosidad y la necesidad de alejarlos de allí para que Valkyon volviera a su habitación. Tenía que buscar una excusa.

Mystika: Es increíble... Oye tenía pensado dar un pequeño paseo para ayudarme a dormir.

Colin: Te acompañaremos, no podemos dejarte sin vigilancia.

En otras circunstancias me habría molestado que me obligaran a ir vigilada, pero esta vez era necesario, así que asentí sonriendo, cerré la puerta y di un ligero repiqueteo en ella antes de decirles a mis guardias personales que ya podíamos irnos en voz lo suficientemente alta para que Valkyon lo oyera.

Nos alejamos de allí con los dos owletts siguiéndome bien de cerca hacia una zona ajardinada mientras preguntaba a Colin cosas sobre el proceso de humanización.

Mystika: Entonces, ¿Volvéis a vuestro estado natural luego?

Colin: Depende de la poción, está en continua modificación para aumentar el tiempo de transformación.

Mystika: ¿Y te gusta ser "humano"?

Él se encogió de hombros aunque sin perder la postura de alerta mientras su compañero se mantenía a cierta distancia vigilando los alrededores.

Colin: Conservamos nuestras habilidades y además podemos comunicarnos con los faeries, así que personalmente no me disgusta.

Mystika: Por cómo lo dices parece que hay familiares a los que no les agrada.

Colin: Supongo, algunos prefieren seguir siendo lo que realmente son.

Mystika: Espero que en ese caso no les obliguen a transformarse de nuevo.

Me dirigió una sonrisa amable y después miró alrededor nuestro. Mars se acercó de nuevo a nosotros en silencio.

Colin: Deberíamos volver a las alcobas, es un poco tarde.

Asentí y fuimos camino a la torre del homenaje. Valkyon ya haría rato que habría vuelto a su habitación, así que no me preocupaba volver ya, aunque hubiera preferido dar esa vuelta sola.

Una vez llegamos a la puerta, los familiares se despidieron con una reverencia y retomaron sus posiciones anteriores en cuanto desaparecí por la puerta. Y como no tenía nada más interesante que hacer me fui a dormir pensando en el día de mañana.

...

Justo comenzaba a salir el sol cuando abrí mis ojos lentamente después de un sueño reparador. La cama era muy cómoda y sólo se oían los cantos de algunos familiares.

Me estiré cual gato para activar mi cuerpo y salté de la cama dispuesta a cambiarme de ropa. Sólo había un problema, mis cosas no estaban allí, ni si quiera mi espada.

Salí como un rayo de la habitación topándome de nuevo con mis guardias personales, que no se habían movido de su puesto.

Colin: Buenos días princesa, ¿necesita algo?

Mystika: Mis cosas. Mi mochila y mi arma.

Colin: Si requiere atuendos, ellos le proporcionarán todo lo que necesite aquí.

Mystika: La ropa es lo de menos, quiero mi espada conmigo.

Colin: Princesa...

Antes de que pudiera volver a replicar, miró hacia el pasillo por detrás de mí y se calló de forma abrupta, volviendo a tomar la postura de guardia, bien erguido en toda su longitud, que no era poca.
Yo me giré para ver qué le había callado de forma tan repentina.

Thiedil: ¿Hay algún problema?

Mystika: Ah Thiedil, buenos días. Sí, no sé dónde están mis cosas.

Thiedil: Entiendo. Acompáñame.

Hizo un gesto a los dos owletts y ellos se quedaron allí sin moverse mientras él empujaba con delicadeza mi espalda para guiarme por la estancia hasta una habitación cerrada con candado.

Thiedil: Recibí tu mensaje, enhorabuena. Tus cosas están aquí, pero no deberías preocuparte por nada, nosotros podemos proporcionarte todo lo que necesites.

Mystika: Si es así sólo quiero mi espada, es lo único que no se puede reemplazar.

Thiedil: Una auténtica guerrera.

Sonrió de lado y luego murmuró unas extrañas palabras que no entendí provocando un chasquido metálico. Me giré hacia el sonido y comprobé que el candado se había abierto solo.
Él empujó la puerta y me dejó pasar primero seguida por él de cerca.
En seguida vi en una mesa mi espada bien colocada y enfundada, además del resto de mis pertenencias. La recogí rápidamente sonriendo y me giré hacia el elfo.

Mystika: Supongo que no puedo andar en camisón todo el día, así que...

Thiedil: Ya tengo elegidos tus conjuntos, no te preocupes.

Mystika: ¿Y esto también lo elegiste tú?

Señalé a mí conjunto de dormir y él sonrió afirmando con la cabeza.

Thiedil: ¿Te gusta?

Mystika: La verdad es que tienes buen gusto, aunque no son colores que suela usar.

Thiedil: Si te gusta, es tuyo.

Mystika: Ah no, no es necesario, ya tengo ropa y puedo pagarme la que necesite.

Thiedil: No es limosna, es un regalo.

Dicho esto atrapó mi mano con la suya y me llevó a una habitación contigua. Sin soltarme abrió la puerta y me mostró un gran vestidor con varios conjuntos muy finos colocados en maniquíes.
Todos eran de la misma combinación de colores: blanco, azul y rosa claros y detalles dorados. Y todos ellos tenían el "escudo de armas" que portaban él y sus guerreros.

Eran hermosos, pero para nada mi estilo, pues solía vestir más cómodo y oscuro. Antes de poder seguir observándolos, el elfo volvió a tirar de mi mano y me puso ante lo que parecía otro maniquí pero tapado por una enorme tela. Él me soltó y lo destapó observando mi reacción.

Thiedil: Esto es lo que llevarás esta noche en la fiesta. ¿Qué te parece?

Estaba boquiabierta, pues aunque no fuera algo que yo elegiría, el vestido era increíblemente bonito. El blanco brillante prevalecía y sus detalles y accesorios dorados le daban un toque muy elegante. Era un auténtico vestido de princesa, aunque un tipo de princesa que no me representaba. Aun así era admirable.

Mystika: Es realmente hermoso, Thiedil... Pero no necesito que me regales todo esto, no puedo aceptarlo.

Thiedil: Ya es tuyo y es de mala educación devolver un regalo.

Mystika: ¡Pero...!

Thiedil colocó su dedo en mis labios haciendo la señal de silencio, que acaté más por la sorpresa del gesto que por otro motivo.

Cuando retiró el dedo lo hizo deslizándolo ligeramente, como si me acariciara y eso provocó que todo mi cuerpo se tensara. Él hizo ver que no había pasado nada, se dio la vuelta y eligió el atuendo más cómodo que había para luego ponerlo sobre mis brazos.

Thiedil: Cuando termines de cambiarte baja al gran salón, desayunaremos allí.

Y con su eterna sonrisa abandonó la estancia en dirección a las escaleras.

Yo seguía algo turbada por su gesto mientras iba camino a mi habitación. Thiedil siempre había sido amable, pero ese gesto no pude sentirlo como los anteriores. Esta vez había sido más... íntimo, aunque quizás sólo eran imaginaciones mías y estaba siendo influenciada por los celos de Valkyon.

Una vez en mi habitación me cambié de ropa cuando sentí golpear la puerta.

Mystika: Adelante.

La puerta se abrió a mis espaldas mientras yo dejaba la ropa de dormir bien colocada en la cama.
Seguramente era alguna de las elfas que venían a ordenar la habitación.

Valkyon: Vengo a escoltarte hasta el salón.

Me giré al escuchar su voz tan seria y correcta, sorprendiéndome el elevado tono de su voz hasta que cerró la puerta y entendí que era un paripé para los que pudieran escucharle o verle entrar a mi habitación.
Entonces nos sonreímos mientras nos aproximábamos el uno al otro hasta abrazarnos y besarnos.

Valkyon: Quiero volver al Cuartel y no tener que dormir separados nunca más.

Mystika: Yo también...

Obviamente echaba de menos sus brazos alrededor de mi cuerpo bajo las sábanas, sentir su olor y su respiración a escasos centímetros de mí, observar la serenidad de su rostro mientras dormía.
Pero pronto volveríamos a casa y podríamos dormir juntos sin problema.

Valkyon: Vamos a desayunar.

...

[VALKYON]

Después de desayunar y comer todos juntos, Mystika y yo salimos a dar un paseo por los jardines bajo la mirada de los trabajadores del castillo que iban y venían en todas las direcciones para dejar el salón listo para la fiesta de la noche.

Caminábamos en silencio mientras veíamos el sol cada vez más bajo en el cielo. Al observar a Mystika vi un reflejo de preocupación en su rostro, aunque quizás sólo eran nervios. No le gustaba ser el centro de atención y esa fiesta era completamente en honor a ella. Su presentación.

Para llamar su atención acaricié su mandíbula con el pulgar de forma suave y ella inmediatamente sonrió con ternura al girar su cara ligeramente hacia mí.

Valkyon: ¿Qué te preocupa?

Mystika: No es nada, tranquilo.

Sabía que algo le pasaba pero que no quería preocuparme a mí y como ella estaba así, preferí mantener mi calma aunque seguramente mi estado de nervios era peor que el suyo, con la inminente y misteriosa fiesta repentina que había montado el elfo.

Era en estos momento cuando más ganas tenía de abrazarla, sólo para transmitirle lo que sentía por ella por si eso la ayudaba a sentirse mejor, pero no debíamos...

Nos detuvimos tras un árbol de tronco grueso que nos ocultaba lo justo de las miradas de los curiosos, así que aproveché para darle un fugaz beso en la boca mientras retiraba un mechón de su pelo tras su hombro.
Ella me sonrió complacida mirándome como si quisiera desaparecer de allí y llevarme con ella. Y sabía que yo la seguiría hasta el fin del mundo.

Mystika cogió mis dos manos con las suyas y depositó un beso en cada palma.

Mystika: Guárdalos para luego.

Aunque era un gesto muy tierno, ella lo dijo con un poco de humor, puede que por la vergüenza de mostrar esa faceta suya. Pero me encantaba tanto la Mystika tierna como la desafiante o divertida.

La abracé suavemente sintiendo el olor de su pelo y su piel y lo grabé en mi memoria una vez más.

¿?: Aquí estáis...

Ambos nos giramos al momento separando nuestros cuerpos como si nos hubieran pillado haciendo algo indebido. Elendra estaba ante nosotros con expresión seria y las manos sobre la cadera.

Elendra: Humana, debes ir a arreglarte para la fiesta.

Ella afirmó con la cabeza y después de mirarme de reojo se marchó sin decir nada en dirección a su habitación y yo me giré hacia la elfa en cuanto vi desaparecer la silueta de Mystika.

Elendra: Vamos, tú también tienes que prepararte.

En cuanto llegué a mi habitación un par de elfas me esperaban ante la gran bañera que había a un lado de la habitación. Habían encendido algo parecido a incienso y algunas velas alrededor.

Elfa: Por favor, desvístase, es la hora del baño.

Me acerqué a la bañera y para mi asombro descubrí que no era agua lo que la cubría, sino un líquido blanco.

Mystika: ¿Qué es esto?

Elfa: Leche de Moogliz.

Arqueé mis cejas con sorpresa mientras retiraba mis prendas y las dejaba sobre la silla de la mesa. Cuando acabé me metí en la leche tibia y me senté.

Elfa: Verá que hermosa queda su piel con este baño.

Lo cierto es que resultaba agradable al tacto y el olor dulzón de la leche no era nada molesto. Incluso me sentía algo más relajada.

Al rato y cuando me indicó la muchacha, salí de la bañera y en seguida la otra se acercó y me envolvió con un albornoz para luego llevarme ante el tocador para peinarme. Ambas comenzaron a ocuparse de mis uñas y pelo como si estuviera en un salón de belleza.

Entonces una tercera elfa entró en la habitación con el maniquí con el vestido. Mis nervios volvieron a aflorar y sólo deseaba no tener que hacer mucho rato el papel delante de todo el mundo. Poner buena cara mientras seguramente me aburría como una ostra entretanto los nobles hablaban de cosas que poco me interesaban.

Elfa: Vamos princesa.

Me levantó del asiento y me dirigió al vestido una vez terminaron de arreglarme. Me quité el albornoz, me puse la ropa interior y ellas colocaron el hermoso y complicado traje, que tenía cierres en la espalda a los que obviamente yo no llegaba.

Luego los zapatos y complementos acabaron de darle el toque final al conjunto, mirando satisfechas el resultado.

Elfa: Por favor, espere aquí, vendrán a buscarla.

Y dicho esto abandonaron la habitación dejándome sola y en silencio.

[VALKYON]

Elendra me había acompañado a la habitación en silencio y el ceño fruncido, seguramente molesta por vernos abrazados. Pero no era de su incumbencia y que eso la hiciera sentir peor o mejor no me importaba en absoluto.

Me indicó que debía lavarme y ponerme un atuendo más acorde a la fiesta que iban a celebrar, atuendo que habían dejado ya en mi habitación.

Sabía que en la habitación contigua estaba Mystika arreglándose y sentía una gran curiosidad por ver cómo estaría. Aunque por supuesto debería esperar al momento en que la llevaran al gran salón.

Una vez terminé volví a salir al pasillo, encontrándome de nuevo a Elendra, que ya estaba lista también.

Elendra: Vamos.

La seguí hasta el salón, que estaba ya completamente decorado, lleno de mesas con un surtido muy variado de alimentos de colores vivos y una pinta muy apetecible.

Ella me guio hasta donde sería mi posición, cerca de los tronos pero algo oculto por una columna.

Elendra: Valkyon, me gustaría que esta noche, al acabar la fiesta nos viéramos.

Valkyon: Podemos vernos durante.

Elendra: En mi habitación.

La propuesta era la del día anterior, pero esta vez sonaba a una orden que no se podía discutir.

Valkyon: Gracias, pero no.

Elendra: No te lo estoy preguntando, querido. ¿Qué crees que pensará mi hermano cuando le cuente lo que he visto en el jardín?

Valkyon: ¿Y qué crees que has visto y por qué debería importarle a tu hermano?

Ella dibujó una sonrisa diabólica en su cara desafiándome con la mirada. Parecía muy segura de sí misma y de que yo finalmente cedería.

Elendra: Esta noche, no lo olvides...

Y se giró sin darme oportunidad a réplica mientras sentía la rabia de no saber qué podía ocurrir y de no poder contestarle como merecía. Su amenaza era demasiado sería, lo que hacía que las sospechas que tenía comenzaran a tomar sentido.

En cuanto picaron a la puerta di paso. Ésta se abrió y vi asomarse a Thiedil, vestido con lo que supuse sus mejores galas. Está vez su porte no era para nada de un guerrero, sino el de un auténtico noble.

Al mirarme se quedó serio observándome con detenimiento, haciéndome pensar que quizás había algo mal con mi aspecto y bueno, claro que había algo mal, esa no era yo y no podía sentirme del todo cómoda.

Mystika: ¿Ocurre algo malo?

Me miré todo el vestido, al menos allí donde alcanzaba mi vista, por si había algo mal colocado o sucio.

Thiedil: Estás...

Al oírle pronunciarse levanté la vista hacia él. Se acercó poco a poco con los ojos brillantes sin quitarme ojo.

Thiedil: ... Preciosa.

Y con esta sentencia, tomó mi mano sonriendo. Mi primera reacción fue retirar la mano, pero me contuve por no parecer grosera.

Por suerte en seguida la soltó y con ella rebuscó algo en sus ropas hasta sacar una joya muy parecida a la que llevaba él en la cabeza. Se colocó detrás de mí y la emplazó allí mismo, haciendo que una hermosa piedra azul como la suya quedara en medio de mi frente.

Thiedil volvió ante mí y con un gesto de aprobación me indicó que ya podíamos marchar. Por una parte aliviada de salir de la habitación, le seguí a los pasillos llenos de gente yendo en todas direcciones que se detenían unos instantes para mirarnos y luego seguir con sus quehaceres.

Después de bajar los dos pisos que llevaban al salón, el General se detuvo ante la entrada dando indicaciones a unos elfos. Y a los pocos segundos se escuchó el sonido de unas trompetas, anunciando nuestra llegada al parecer.

Entonces Thiedil agarró mi mano poniéndola alrededor de su brazo y comenzó a caminar hacia el centro de la estancia cuando las trompetas cesaron su estruendo.

El corazón me latía a mil por hora por los nervios, pero no podía hacer nada por evitarlo, sólo desear que acabara cuanto antes.

El elfo me giró en dirección a los tronos, los cuales estaban vacíos excepto uno de los que estaban al lado del principal, y éste estaba ocupado ni más ni menos que por Elendra.

Creí que ese día conocería al soberano de Rhodaris, pero parecía ser que éramos nosotros quiénes ocuparíamos ese lugar. Bien, yo era princesa, así que entendía mi puesto, pero ¿un General y su hermana? Además todo reino tenía su rey, eso era indiscutible e indispensable.

La mirada altanera de la elfa cruzó la mía en cuanto llegué a la altura de los asientos reales y entonces una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara, una sonrisa que no auguraba nada bueno.
Antes de poder pensar en nada más, Thiedil me colocó de cara al público, que aplaudía y vitoreaba con energía las mismas palabras que pronunciaban los ciudadanos el día anterior: "Valin, Falinn Drottning", aunque sin perder la elegancia de sus respectivos rangos.

De repente todos callaron antes un gesto de Thiedil y alguien colocado en uno de los extremos de los tronos comenzó a hacer la presentación en voz alta, haciendo que retumbara en todo el salón. Yo, poco interesada en toda esa retahíla de palabras rimbombantes, busqué con la mirada a Valkyon, que sabía que se encontraría oculto cerca de los tronos y en efecto, allí estaba observándome.

Se había cambiado de ropa a unas más elegantes que le quedaban de lujo y hacían resaltar el moreno de piel y el dorado de sus ojos. No pude evitar sonreírle en cuántos nuestras pupilas hicieron contacto. Su mirada se intensificó con cierta admiración, probablemente por cómo me habían arreglado, pero a los segundos su semblante se oscureció y sus ojos reflejaron algo de pavor al mirar al elfo que estaba hablando.

Entonces yo también presté atención a las palabras del pregonero.

Pregonero: ... y como Elegida, será convertida en Reina de Rhodaris uniéndose con la realeza y así hacer cumplir la profecía de nuestra salvación...

En seguida miré a Thiedil con total confusión y él me devolvió la mirada serio, incluso pude ver un reflejo de culpa en sus ojos, lo que me hizo entrar inmediatamente en pánico.

Volví de nuevo mi atención al pregonero mientras me deshacía del brazo del elfo.

Pregonero: ... ¡Por Eldarya, por la futura Reina y por el Rey Thiedil de Rhodaris!.

FIN
DE LA PRIMERA TEMPORADA