No habían pasado ni diez minutos desde que inicio la cena en el Gran Comedor y Hermione ya quería que terminara. Hacia varias horas logro escapar de la enfermería y alcanzo a Harry para informarse de lo visto en la clase de pociones. Se sintió sorprendida y complacida cuando el azabache le contó el estado furico que adquirió Snape después de ver que ella no estaba.

-Y luego se marchó, quien sabe a dónde.-Termino. Esto fue la mecha que inicio su ansiedad y su nerviosismo por el castigo que tendría con el esta noche. Constantemente dirigía su mirada hacia la mesa de profesores, donde se encontraba Snape. Tenía el rostro inclinado hacia su comida, pero su mirada delataba que no lo miraba realmente. Hermione intento varias veces interpretar su expresión, pero el rostro de su profesor permaneció imperturbable todo el tiempo que duro la comida; casi no se da cuenta de la conversación que tenía con Ginny hasta que ella le dijo:

-Vamos Hermione, ya termino la cena.

Sorprendida, la castaña se levantó de su asiento y siguió a la pareja a la puerta del comedor, mirando de soslayo a Ron. Este se había quedado con Lavender y ambos se estaban riendo. Cuando paso por su lado se empezaron a besar apasionadamente y Hermione tuvo que apresurar el paso al sentir que su corazón se encogía del dolor. Sus mejillas brillaban y sus ojos le picaban. Sus amigos lo notaron pero el bufido de ella les advirtió que era mejor no preguntarle nada y siguieron su camino, sin notar que una figura con una larga capa negra los seguía.


Sentado en la larga mesa de los profesores, Severus Snape no pudo evitar alzar la vista cuando los estudiantes empezaron a levantarse. La mayor parte de la comida había intentado pensar un castigo despiadado y humillante para Hermione, pero todas sus ideas terminaban con el llevándola a su cama. Trato de apartar esos pensamientos carnales con desesperación, pero estos se intensificaron al verla salir por la enorme puerta. Sin pensar en lo que hacía se levantó de su asiento, y camino a lo largo de las cuatro mesas. Cerca de la puerta estaban el inútil de Weasley con la chillona… bueno como se llame. No les prestó atención y siguió su camino, ahuyentando a cualquier persona que se le atravesaba. Al principio de las escaleras diviso la mata de cabello castaño, junto con uno azabache y otra pelirroja.

-Granger.-La llamo cuando estaban a pocos metros de distancia. La vio tensarse y volteara lentamente hacia él.

-¿Si profesor?-Pregunto ella con voz temblorosa. Los ojos de Snape la recorrieron con un brillo intenso, mientras más ideas de castigos acudían a su mente.

-La espero en media hora Granger. No creo que sea necesario recordarle lo que pasara si no se presenta.-Amenazo. Espero encontrarse con la expresión de afectación de siempre en sus facciones, pero ella había captado muy bien sus palabras y sus ojos brillaron picaros.

-Si señ…-Dijo ella pero él no la dejo terminar y se marchó a su despacho. Ya no le importaba en absoluto el castigo, ahora tenía otros planes en mente.


Veinte minutos para las nueve y Hermione aun no conseguía sentirse satisfecha con su imagen. No sabía cómo vestirse para el próximo encuentro con su profesor, el cual prometía mucho más que los anteriores. El ver a Ron con Lavender había fortalecido su decisión y no perdería más tiempo. Iba a probarle a todo el mundo que estaban equivocados con ella, que si quería podía quebrantar las normas e imponer su voluntad.

-¿Ya te tienes que ir?-Le pregunto Ginny con tristeza, cortándole el hilo de sus pensamientos. La castaña miro el reloj de la pared y ahogo un jadeo al ver que quedaban siete minutos para las nueve.

-Si.-Dijo ella volviendo su cabeza hacia la pelirroja, aparentando fastidio y tristeza.

-No le prestes atención a lo que diga el murciélago.-Le aconsejo su amiga. Claro que no, mi atención estará concentrada en otros asuntos más interesantes. Esa respuesta llego a la mente de Hermione, que no llego a manifestar.

-Sí, tranquila.-Dijo dándole un rápido abrazo antes de salir por el retrato.

Su nerviosismo aumentaba a medida que se acercaba a las mazmorras. Estaba segura de que Snape no le impondría ningún castigo, sino que eso les servía de excusa para sucumbir ante el deseo. Esta idea la emocionaba, ya que era justo lo que estaba buscando.

Dos minutos después se plantó frente al despacho de Snape. Suspiro una vez y toco a la puerta.

-Adelante.-Dijo una voz fría desde adentro.

Hermione la abrió y entro sin vacilar. No quería dar la impresión de que estaba asustada por lo que iba a pasar. El despacho de Snape seguía tan lúgubre como siempre, y los frascos de vidrio le daban una apariencia mucho más aterradora. Ella paso todo esto por alto al fijarse en su profesor, que estaba sentado en su silla de cuero negro, detrás del escritorio. Su aspecto se parecía bastante informal le recordó la mañana anterior, al despertarse en cuarto pero con la diferencia de que esta vez llevaba una camisa blanca que le quedaba holgada y dejaba al descubierto parte de su cuello y los musculoso brazos. La castaña trago saliva y espero para darle la oportunidad de realizar el primer movimiento.

-Un minuto más y en este momento la habría ido a buscar a su cuarto Granger.-Dijo Snape sin despegar sus ojos de ella. Estos se abrieron como platos al verla entrar y tuvo que usar todo su autocontrol para no acercarse y desvestirla de inmediato. Obviamente esa era su intención al final, pero no permitiría que ella se enterara antes de tiempo porque quería pillarla desprevenida. Pero antes de eso se aseguraría que ella creyera que era un castigo real.

-No habría sido una mala idea.-Dijo Hermione sin pensar, sorprendiéndose a sí misma de su osadía. Snape se levantó de su asiento y se aproximó a ella lentamente, al tiempo que sus ojos recorrían su cuerpo. Un pequeño temblor subió por la espalda de Hermione y su propia excitación hizo que también diera unos pasos hacia el.- ¿Me va a decir ahora cual es mi castigo?-Pregunto en voz baja.

-Pronto, primero debemos llegar allá.-Dijo el con voz ronca y seductora. Sin dejarla preguntar le tomo el brazo y la saco por la puerta. Una de las ventajas de haber sido mortifago era la facilidad con la que podía desplazarse de un lugar a otro y esto lo sabía Hermione, por lo que no se asustó tanto cuando de repente estaban parados en medio del séptimo piso, cerca de la sala de menesteres. El pocionista se paró frente a la gran pared, pensando en lo que necesitaba. Algunos segundos después una gran puerta de madera apareció ante ellos y el la abrió y arrastro a la castaña dentro.

El lugar donde estaban tenía poca luz, pero Hermione se adaptó rápidamente y miro a Snape expectante. El camino hasta el centro del cuarto, aun llevándola del brazo y la soltó frente a un enorme caldero, que la Gryffindor no había visto al entrar.

-¿Qué es esto?-Pregunto confusa.

-Su castigo, o una parte.-Dijo el.-Tendrá que hacer una poción que funciona para camuflaje e invisibilidad.-Ordeno.

-¿No estaba esa prohibida?-Pregunto Hermione.

-Tal vez, pero igual la va a hacer.

Ella lo miro sorprendida, sin atreverse a decir ninguna palabra. Parte de la cara de Snape estaba oculta por las sombras, lo que no le ayudo a descifrar lo que pasaba por su mente.

-¿Esto es lo que quiere que haga?-Le pregunto.

-Si eso quiero. ¿Tienes usted alguna objeción?-Dijo su profesor, provocándola.

-Si.-Dijo ella, adquiriendo valor.

-¿Y cuál es?-Su pregunta casi logra apagar la llama de valor que sentía Hermione.

-Que… yo… no esperaba que me pusiera a hacer esto.-Dijo ella, intentando no titubear.

-¿Ah no?, no sé si sabe lo que significa un castigo señorita Granger, pero así es.

Hermione abrió la boca para discutir, pero no encontró ningún argumento y empezó con la poción. Esperaba que esta noche tuviéramos sexo, no eso no era lo que debía decirle, se pensó, antes de que otro pensamiento contradijera el anterior, ¿No había tomado la decisión de ser osada y no pensar en las reglas?

Con esto último se giró hacia él y dejo caer el libro. Al encontrarse sus ojos ella descubrió su deseo y su urgente pasión, y casi se rió al darse cuenta la forma como él había tratado de ocultársela.

-Debería bajarle el volumen a sus pensamientos Granger.-Dijo por toda explicación. Un intenso calor bajo por la espalda de Hermione, y trago saliva al ver al sensual hombre acercarse a ella.

-Entonces no es necesario que lo diga en voz alta.-Dijo con la voz más ronca. Antes de que pudiera reaccionar él la atrapo entre sus brazos, presionando sus labios con los suyos. Si creía que los pocos besos que antes le había dado Snape habían sido muy apasionados, estos se quedaban cortos con el que ahora compartían. Parecía como un volcán que hubiera hecho erupción y ella se vio envuelta en esa sensual batalla, correspondiéndole con la misma intensidad. Una de las piernas de Snape se deslizo entre las de ella y una llamarada de deseo descendió por el vientre de Hermione, hasta anidarse entre sus piernas. Apretó su cadera contra la de Snape y sus manos buscaron los botones de su sexy camisa con frenesí.

-¿Impaciente ya Granger?-Le pregunto el, deteniendo sus manos. Hermione lanzo un pequeño quejido al ver que Snape la apartaba, que rápidamente se convirtió en un gemido al ver las manos de el sobre su propia camisa. Antes de que se diera cuenta sus pechos quedaron a la vista, con los pezones endurecidos y ansiosos. Los miro un momento antes de apoderarse de su boca nuevamente, y sus manos la complacieron tomando sus senos, acariciándolos y aumentando las placenteras sensaciones que sacudían el cuerpo de Hermione.

Ella rompió el beso y echo la cabeza hacia atrás. Sin embargo la boca de Snape no se despegó de la piel de Hermione, y siguió su camino por el cuello y los hombros; lamiendo y mordiendo todo lo que tenía a su alcance. Atrapo uno de los pezones de la castaña, el cual succiono y lamio con hambre, echándole aire caliente por la nariz y ella ahogo un gemido y lo atrajo hacia sus labios con vehemencia.

No noto que sus manos habían seguido por su cintura, quitándole la falda del uniforme y dejándola solo con sus interiores, que eran llamativos y atrevidos. Sin detenerse su mano aparto la delgada tela y le presiono ahí, en su sexo, sacándole un grito a la leona. La creciente tensión hizo que Hermione moviera sus caderas con brusquedad, buscando aliviar esa sensación. El sonrió de lado y dejo de friccionarla con la palma para introducir un dedo en su interior, acallando su grito al volver a cubrir su boca con la de él.

Hermione no recordaba haber experimentado una necesidad tan grande y volvió a moverse contra el dedo de su profesor, sintiendo la humedad y el líquido entre sus piernas; las gotas de sudor le recorría la espalda, la frente y en el valle de sus pechos. Llevo la otra mano de él hacia uno de sus pechos, que le dolía por la dureza de su pezón y Snape se deleitó pellizcandolo y acariciándolo.

El pocionista le retiro el dedo cuando ella empezó a moverse a un ritmo más rápido. No despego su mano de ahí, sino que le froto el dilatado clítoris antes de apartarse definitivamente, cuando sintió que ella estaba a punto de llegar al orgasmo.

-Preferiría terminar esto en una cama, ¿No cree?

-Si.-Susurro ella con la voz jadeante y el rostro encendido. Alzo a Hermione sin ningún esfuerzo, y la fricción entre sus cuerpos la dejo sin aliento por unos segundos. El contacto era demasiado íntimo para no responder y ella se lo hizo saber, mientras le besaba el cuello y los amplios hombros, unos milisegundos antes de que el la depositara sobre una enorme cama, ¿De dónde diablos llego esa cama?

Esa pregunta le dejo de importar cuando lo vio desnudarse. A la débil luz de unas cuantas velas su piel parecía emitir un débil resplandor y sus marcados bíceps, tanto del pecho como de los brazos, estaban tensionados como un depredador a punto de saltar sobre su presa. Los ojos de la castaña bajaron por el espectacular torso de su profesor, hasta detenerse en su entrepierna. Sus ojos se abrieron admirados, por el tamaño y la longitud que ostentaba el pocionista y las llamas de calor subieron a tal punto que pensó que la consumirían por completo.

Snape no había apartado la vista de ella, sonriendo con superioridad al ver la sorpresa en su rostro. Sus ojos se encontraron y ella levanto los brazos hacia él, que sin pensarlo dos veces se abalanzo sobre Hermione, acoplando su fuerte y musculoso cuerpo al delgado y pequeño de ella. Los acalorados besos lograron distraerla momentáneamente, pero la presión que el ejercía sobre su vientre la hicieron desearlo con desesperación. Por su parte Snape sentía la misma desesperación y le mordió una última vez el labio antes de posicionarse entre las piernas de la castaña.

Hermione contuvo un momento el aliento al ver su acción. Lo soltó con un grito y una exclamación al sentir como el miembro del pocionista se deslizaba dentro de ella, llenándola completamente. Se agarró a su espalda con fuerza, sujetando su despeinado cabello negro y le rodeo la cintura con las piernas, y su placer fue aún mayor.

El empezó a embestirla una y otra vez, aumentando la presión cada vez que lo hacía. Hermione movía sus caderas contra las de él a un ritmo sensual y excitante, logrando descontrolarlo por completo. La penetro con mayor fuerza y rapidez, ambos gimiendo y respirando más aceleradamente, hasta que el exploto dentro de ella y el intenso orgasmo que estremeció sus cuerpos los dejo aturdidos por unos segundos.

Snape se desplomo sobre ella, apretando su duro pecho contra los de ella. Cuando logro controlar su respiración se giró hasta quedar al lado de ella, con un brazo en la nuca y la mirada fija en el techo.

-Este tipo de castigo me gusta más.-Dijo Hermione medio dormida y se arropo con la colcha, dejándose llevar por los brazos de Morfeo.

Varias horas después despertó en la misma habitación, pero ahora ella estaba sola.

Hola!, disculpen por la tardanza, tuve varios problemas con mi computador. No soy buena escribiendo tan explicito, aunque estoy tratando de aprender jajajajja. Espero que este capitulo no los haya decepcionado y que me sigan comentando y dando sus opiniones. Un beso