La repentina aparición de Severus Snape en la entrada de Hogwarts no afecto el ambiente sereno de la noche. Este se desplazó por los corredores sin hacer el menor ruido, como si se tratara de una sombra.

Al llegar a una esquina miro la hora que marcaba en un reloj, faltaba media hora para las doce. Sin preocuparse por esto último siguió su camino hacia su despacho, ignorando la fuerte voz que resonaba en su cabeza y que le ordenaba detenerse ante lo que pensaba hacer. Pero en este caso se dejó guiar por sus deseos y por sus instintos, que superaban por mucho todo el raciocinio que poseía en el cuerpo.

Abriendo con brusquedad la puerta de su despacho se dirigió hacia la chimenea, sin reparar en ningún mueble de su cuarto, ni de la nota que reposaba sobre el escritorio negro.

Tomo un puñado de polvos flu de una maceta que reposaba al lado de la chimenea y se introdujo dentro de esta un segundo después. Vacilo un segundo al recordar la norma del cierre de las chimeneas de los prefectos después de las diez.

-Torre Gryffindor.-Murmuro al segundo siguiente. Las llamas verdes lo envolvieron y lo transportaron a la morada de los leones. Al milisegundo que apareció puso la varita en alto, listo para ocultarse con un hechizo ante cualquiera que aun permaneciera en la sala común, ya que algunos estudiantes tenían esas costumbres. No hay nadie pensó al momento, pero unos leves y casi amortiguados pasos lo pusieron en guardia. Se quedó quieto en la esquina de la chimenea, donde la poca luz no alcanzaba a revelar su presencia y espero.

Por el hueco del retrato paso una figura masculina y el pocionista tardo más de lo normal en identificarlo.

-McLaggen.-Dijo entre dientes. Más bajo, menos fornido y con el cerebro del tamaño de una canica, llegaron esas palabras a su mente mientras lanzaba un pequeño gruñido de exasperación.

El recién llegado parecía estar metido en otro mundo, tenía cara de idiota y suspiraba a cada rato como si no respirara bien. Un fastidio desconocido sacudió a Snape, el cual no supo explicar. Le había dado clase al igual que al resto de los ineptos de esa casa pero nunca había sentido ese hastió antes, a excepción de Potter.

-Miionn.-Susurro McLaggen medio dormido.

-Desmaius.-Dijo Snape perdiendo la poca paciencia que tenía. Cormac había alcanzado a levantarse cuando el hechizo le dio de lleno en el pecho y se derrumbó sobre la alfombra. Snape pasó tranquilamente por encima de él, fijándose más detenidamente en la sala. Los colores rojos y dorados le fastidiaban bastante y miro con desprecio la decoración corriente que hacía gala la casa enemiga. Sentía que desentonaba en ese lugar y recordó el motivo de su "visita".

Desactivo el hechizo que impedía la entrada a las escaleras de las chicas y subió hasta llegar al cuarto que tenía el nombre de Hermione Granger. Se detuvo ante esta con la respiración algo agitada y los ojos vidriosos (producto del alcohol ingerido en el bar) y sin otro pensamiento que ver a la castaña entro en la habitación.

La oscuridad del lugar alivio la molestia anterior pero no duro mucho al ver que no había nadie. Todo estaba perfectamente organizado y sin ninguna señal de la persona que vivía ahí. Llego de dos zancadas al baño, deseando internamente encontrarla desnuda en la ducha y lista para él, pero su decepción y su furia aumentaron al ver que no estaba.

-¿Dónde demonios te metiste Granger?-Pregunto en voz alta sin esperar respuesta. El aire que se coló por la ventana abierta removió algunos objetos de los muebles y un exótico y conocido aroma inundo el ambiente; miel y ámbar una peculiar combinación. Sin embargo era ese aroma el que lograba alterar los sentidos de Snape, y se excito solo con oler su esencia.

Tengo que encontrarla, se dijo pero antes de salir lanzo una mirada a la pequeña chimenea que se encontraba en el rincón. Si quería seguir con esto debía asegurarse de ser lo más discreto posible, ya que no podía aparecerse en la sala común de los leones por quien sabe cuánto tiempo. Perezosamente movió la varita y deshizo la barrera que conectaba la chimenea de Hermione. No le diría nada por ahora, ya podría asustarla en alguna ocasión, si es que la encontraba primero.

¿En dónde podía estar a esa hora si no era en su cuarto?, la respuesta le llego al instante, la biblioteca. No por nada le decían come libros.

Bajo a la sala, sonrió de lado al ver al enorme McLaggen tirado como una marioneta y salió por el retrato. Los efectos del alcohol se manifestaban cada vez más, haciéndolo sentir mareado y doblemente cabreado. Con un sencillo giro de varita estaba recorriendo los pasillos y llegando a la puerta de la biblioteca.

-¿Granger?-Pregunto en voz alta, pero nuevamente no recibió ninguna respuesta.

-Mierda.-Juro rechinando los dientes y casi materializándose en su despacho.


Hermione se rodeó el cuerpo con los brazos, temblando de frio. Hace más de hora y media que le había dejado una nota al profesor Snape para que se reuniera con ella en la torre de Astronomía, pero no había llegado. Tal vez ni siquiera había regresado de la supuesta visita que debía hacer, o tal vez no era una cita en absoluto, solo se fue por ahí con quien sabe qué y la dejo esperando. ¿Quién se cree para hacerme esto?, se preguntó enojada.

A pesar de que había aceptado la oferta de Cormac no dejaría de verse con Snape. Lo de Cormac era algo para hacer sentir mal a Ron, o eso era lo que creía.

Podríamos estar pasando un momento muy agradable si hubiera venido, se dijo mirando hacia los terrenos del castillo.

-Aghh yo me largo, pero que luego no diga que no intente verlo.-Dijo enfadada y al girar choco con un fuerte y desarrollado torso y unos musculosos brazos la sujetaron a tiempo para no caerse por el mareo que sintió.

-Hasta que al fin la encuentro Granger.-Gruño Severus Snape. El calor de su cuerpo le hizo perder el frio al instante, aunque seguía enfadada.

-Noto que se divirtió profesor.-Dedujo al ver sus ojos desorbitados y el rastro del trago en su boca.

-¿Por qué lo dice Granger?-Pregunto Snape, aunque no estaba realmente interesado en saber la respuesta. La retuvo con más fuerza, pensando seriamente en saltarse toda la conversación e ir directamente a donde ambos querían ir.

-Por su evidente borrachera.-Dijo Hermione intentando soltarse.-Me imagino que la pasó tan bien que no tiene tiempo ni energía para hablar conmigo.-Dijo bruscamente.

-No tanto como esperaba.-Confeso Snape frunciendo el ceño. Creyó que la sensual bailarina lo distraería y le sacaría a Granger de la cabeza, pero no le llevo mucho tiempo descubrir que no había sido así. De igual manera le había respondido, como todo un hombre, aunque no hubiera quedado completamente satisfecho.

-¿En serio?-Pregunto Hermione abriendo los ojos sorprendida.

-No se vaya a ilusionar pensando cosas que no son Granger.-Dijo Snape rápidamente, temiendo que pudiera darse cuenta de la verdad.-Si me divertí, bastante de hecho.

-¿Y entonces que hace aquí?-Le pregunto casi gritando.

-Regresaba a dormir un poco y me encontré una peculiar nota en mi escritorio que decía que usted estaría aquí Granger.

-No debí hacerlo, fue un error.-Mintió Hermione.

-No trate de engañarme Granger, pero debo admitir que hará mi noche aún más interesante.-Dijo Snape pero una punzada en la cabeza le hizo perder momentáneamente el equilibrio, cayendo al suelo y llevándose a Hermione con él.

-Profesor pero que…-Hermione se interrumpió por el enorme peso del cuerpo de Snape. No había pensado que estuviera tan bebido, hasta que lo vio tambalearse.-Creo que lo mejor es que se acueste.

-Ni lo sueñe Granger. Ahora solo tengo deseos de una cosa y no es precisamente dormir.-Sus palabras se vieron acompañadas por un movimiento de su mano sobre el muslo de la castaña, sacándole un suspiro. Ella se abrazó a su cuello y alzo una pierna, enrocándola en la cintura de Snape y permitiéndole un mejor acceso para que el siguiera acariciándola. Cuando sintió que le desabrochaba los botones del pantalón recordó el lugar en donde estaban y el estado en el que él se encontraba.

-¿Con la cara que tiene?, no mejor váyase a dormir.-Jadeo, bajando las manos y tratando de zafarse de su agarre. El ceño fruncido y la mirada gélida de Snape la previnieron justo a tiempo. No trato de apartarlo pero se enderezo, recuperando la compostura.

-Así me gusta Granger.-Dijo y, como si hubiera usado un traslador, sintió como una fuerza la arrastraba y la imagen de la torre desapareció y dejo paso al oscuro pero acogedor cuarto de Snape. Antes de poder articular palabra Snape la levanto del suelo y la coloco suavemente sobre la cama al tiempo que la besaba apasionadamente.

-Profesor…-Logro decir.-Tengo…que…irme.-Dijo entrecortadamente.

-¿Tiene mejores cosas que hacer Granger?-Pregunto Snape con ironía, sujetándola de la cintura.

-No…pero…

Se interrumpió por la repentina aparición de una lechuza por la ventana abierta, que dejo caer un grueso sobre y se fue al instante. Furioso, el pocionista se apartó de la chica y se levantó, dispuesto a quemar ese sobre sin importarle de quien fuera, pero se lo pensó dos veces al ver el tipo de sobre que le habían enviado. Era un vociferador.

-Severus el retrato del director Dumbledore me ha pedido que te recuerde el encargo que debes hacer por la madrugada. Todo depende de eso.-La voz de la profesora, y nueva directora de Hogwarts, McGonagall lleno el silencio y un instante después el sobre se incinero.

-Maldita sea.-Dijo Snape por lo bajo, camino hasta su escritorio y bebió de un pequeño frasco que contenía un liquido azul, que al instante despejo su mente. Al terminar volteo a ver un momento a Hermione y dijo con voz fría.-Marchase a su torre Granger.

-¿Por qué?

-No tengo tiempo para explicar, solo hágalo. Volveré en la mañana y la buscare.-Dijo Snape caminando nuevamente hacia la chimenea. Hermione se acomodó la ropa y se levantó de la cómoda cama, caminando hacia la salida. Al pasar al lado de su profesor giro los ojos hacia los de él y su fría mascara de siempre.

-Entonces hasta mañana.-Dijo y sin pensarlo se acercó, lo tomo del cuello y junto, de forma suave y delicada, sus labios con los de él. Ese gesto dejo sorprendido a Snape, que siguió mirándola hacia la puerta con cara de estúpido luego de que ella lo soltó y se marchó. Solo se habían besado unos segundos, pero eso había bastado para que una fuerte corriente eléctrica lo sacudiera por dentro y lo hiciera desear ir detrás de ella y seguirla besando.

-Debo estar loco.-Dijo en voz alta, entrando en las llamas verdes de la chimenea.


-¿Cormac?-Pregunto Hermione extrañada, al entrar en la sala común y ver al enorme chico tirado en el suelo, inconsciente.

-Enervate.-Dijo apuntándolo con su varita.

-Ahhggg.-Se quejó Cormac, levantándose lentamente de la alfombra y sobándose la cabeza.- ¿Qué paso?, ¿Hermione?-Pregunto fijándose en ella.

-Si soy yo, ¿Estas bien?-Pregunto.

-Eso creo, aunque me duele mucho la cabeza.-Dijo el chico.

-Ven te voy a ayudar.-Dijo ella y tomo el brazo del chico. Era la segunda vez que lo hacía en la noche, peo no quería pensar en lo último que había hecho en el despacho se Snape. Aun se sentía confundida por su acción y más porque no había sentido en ese beso el deseo y la pasión de siempre, pero si una rara chispa o corriente.

-Gracias Hermione.-Dijo Cormac pasando una mano por el hombro de ella y arrastrando los pies hasta el sofá rojo.

-¿Necesitas algo?-Pregunto ella colocándolo en el sofá, sintiéndose incomoda por su intensa mirada.

-No tranquila estoy bien, pero me gustaría contar con tu compañía un poco más, si no te molesta.

-No, para nada.-Dijo con voz insegura y sentándose a un lado del sofá, a una prudente distancia de él.

-¿Acababas de llegar?-Pregunto Cormac al ver que ella no decía nada.

-No, yo estaba en mi cuarto, adelantando unos trabajos.-Mintió.

-¿A estas horas?-Pregunto el mirando el reloj que marcaba las dos de la mañana.

-Si lo que pasa es que no podía dormir así que decidí distraerme.

-Ahh.-Dijo el chico. En la media hora que siguió hablaron de cosas triviales y Cormac le contó sobre el día que tendrían su cita, que sería en Hogsmeade. Al levantarse para irse a dormir, al menos unas pocas horas, Hermione se despidió de Cormac con la mano, pero antes de subirse él le tomo el brazo y la acerco a él, dándole un suave beso en la esquina de su boca.

-Que descanses.-Dijo el chico tomando el rumbo hacia su cuarto. Sin saber cómo contestarle Hermione se quedó callada y espero hasta que la puerta de Cormac se hubiera cerrado para subir las escaleras a su propia habitación, con el presentimiento de que si no tenia cuidado las cosas podían salirse de control. Al pasar junto al cuarto de los chicos no se dio cuenta de la mirada de un pelirrojo, que hacía pocos minutos se había despertado y había caminado hacia la puerta, presenciando esa escena, lo que provoco que su rostro enrojeciera como su cabello y pensara en hablar con ella y exigirle una explicación.