-¡Hermione Jane Granger!-Grito la emocionada voz de Ginny, entrando intempestivamente en el cuarto de su mejor amiga. La castaña se había levantado sobresaltada, varitas en ristre y mirando a todos lados en busca de algún enemigo o el peligro que había generado ese grito. Cuando no vio nada más que el rostro sonriente de la pequeña Weasley guardo su varita, al tiempo que decía:

-¡Ginevra Weasley, ¿Se puede saber porque entras a mi cuarto gritando de esa manera?!

-Porque hoy es la primera salida a Hogsmeade, y sabes que significa.-Dijo sonriendo con picardía. Hermione se desperezo, y las palabras de Ginny cobraron sentido rápidamente en su cabeza. Hogsmeade, eso significa mi cita con Cormac, se dijo a sí misma. La idea no le resulto tan atractiva como imagino que seria, pero de igual forma se levantó. No había pasado una buena noche y tenía unas visibles ojeras bajos los ojos que le hacían parecer más viva que muerta, aunque el leve dolor de cabeza le impidió recordar el motivo de su insomnio.

-¿Y por eso armas todo este alboroto Ginny?-Pregunto caminando hacia su armario.

-No puedo evitarlo.-Se rio la pelirroja, pero sin llegar a decir que se moría de ganas por presenciar el espectáculo que se armaría ya que estaba segura de que su hermano Ron no reaccionaria de la mejor manera.- ¿Piensas verte con él a solas o nos dejaras acompañarte?

-La verdad no lo he pensado.-Confeso la castaña.-Pero supongo que da igual si vienen o no.

-Esto promete ser bueno.-Dijo Ginny soltando una risita.

-¿Por qué?

-Porque antes de subir estaba con Harry y un Ron bastante molesto y si no me equivoco, que sé que no es así, es por la cita que tienes.

-¿Tú crees?-Pregunto Hermione y Ginny amplio su sonrisa.

-Podría jurarlo, esta celoso.-Dijo. Hermione termino de escoger su ropa. La noticia que le daba Ginny le dio una pizca de curiosidad, pero no le hizo sentir nada más, ni siquiera cuando pensó en el rostro de un Ron consumido por los celos.

Esto la confundió unos segundos, pero se sacudió esa idea de la cabeza. Estos últimos días ya habían sido muy extraños para ahora añadir más cosas. Su amiga no la dejo en ningún momento, hasta que la castaña estuvo lista para reunirse con su cita, si no fuera por la lechuza negra que atravesó la ventana, posándose elegantemente en su escritorio. Ambas chicas miraron a la criatura, sorprendidas de la belleza del animal.

-No sabía que esperabas una carta.-Comento la pelirroja al ver que su amiga permanecía callada. Algunas sospechas asaltaron a Hermione, pero sabía que no podía averiguar nada si Ginny permanecía en el cuarto con ella.

-¿Me permitirías unos minutos Ginny?-Pregunto con la voz serena y despreocupada.

-De acuerdo, pero no te tardes. Te esperaremos en la entrada y averiguaremos si tengo la razón en lo que dije.-Le guiño el ojo y salió del cuarto, cerrando con suavidad la puerta.

Al verla sola la lechuza dio unos pasos hacia ella y extendió la pata, mostrándole un casi imperceptible pergamino oscuro. Sus inteligentes ojos le hicieron entender a Hermione que el remitente de la misiva no quería que nadie aparte de ella tuviera conocimiento de lo que sea que estuviera escrito.

Le desato el pequeño pergamino, le acaricio las suaves plumas y la vio levantar vuelo, hasta perderse en el cielo azul. Abrió el sobre, sus manos temblaban un poco nerviosas, y saco el delgado papel, con un mensaje corto pero escrito en perfecta caligrafía.

En el baño de prefectos en media hora, no llegue tarde.

SS

Un mareo la hizo darse cuenta de que estaba conteniendo la respiración y la soltó de golpe. La silenciosa habitación se llenó con los fuertes latidos de su corazón por algunos momentos antes de calmarse paulatinamente. No necesitaba nada más para saber de quién era el mensaje y para qué era. Guardo el mensaje en el último cajón del escritorio y se dirigió hacia la puerta.

¿Qué estás haciendo?, la detuvo una autoritario voz, desde el fondo de su mente. No iras con el después de su compartimiento de anoche, recuerda que prácticamente te echo de su cuarto y ni siquiera se inmuto cuando lo besaste, siguió la misma voz y la llama de la ira se encendió en el pecho de Hermione.

-Es cierto.-Murmuro para sí misma. La hizo esperar por más de una hora, congelándose en la torre de Astronomía, para luego no escuchar sus palabras y llevársela de ahí a su cuarto y para colmo la deja justo cuando estaba a punto de explotar a causa de la excitación que el causaba en ella. No se merecía una respuesta al mensaje que le había dado. Si tanto la deseaba tendría que buscarla y ella se encargaría de hacerlo sufrir por ello.

El ultimo recuerdo del tierno beso la detuvo un segundo, recordando la suavidad y calidez de ese corto encuentro.

Concéntrate, le regaño la voz con fuerza. Ve con Cormac, que él se canse de esperarte así como te hizo a ti.

Miro un segundo su atuendo. Era casual y holgado, como casi todo lo que usaba, pero con la diferencia que esta vez no se sentía complacida con su imagen. Desvió la vista hacia el paisaje de la ventana, y sonrió al comprobar que el tiempo aún no había empezado a enfriar, por lo que podría usar algo más "adecuado" para la ocasión.

Un simple movimiento de varita hizo que su ropa holgada cambiara por una hermosa blusa color gris y un pantalón negro a juego, ambas piezas más ajustadas que las anteriores, revelando varios atributos del cuerpo de Hermione. Busco el maquillaje que su madre le había regalado de cumpleaños y se lo aplico en el rostro, viendo como sus facciones resaltaban con mayor belleza. Los ojos le brillaban, los pómulos se veían delicados y suaves y sus labios rojos más llamativos que de costumbre.

Mas satisfecha bajo las escaleras, y salió por el retrato. Algunas escaleras más abajo las imágenes de un Snape furioso le llegaron a la mente y sin saber porque sonrió. Imagino que el la buscaba y también imagino su expresión si la veía con Cormac; a diferencia de cuando había pensado eso mismo de Ron, esta vez sí le emocionaba la idea de Snape con celos. Con la misma amplia y bella sonrisa, llego con sus amigos y con Cormac, que la miraban con los ojos abiertos como platos, casi sin reconocerla.


Había terminado parte de la misión de Severus Snape, al menos por ahora. El encontrar mortifagos lo estaba llevando a extremos que ni quería detenerse a pensar, pero sabía que debía hacerlo. Algunos estaban dispuestos a rendirse y pedir perdón al ministerio, pero la mayoría no lo hacían nada fácil. Al principio el ministro considero darle esa tarea "al elegido" y su sequito pero después de algunas conversaciones con el retrato del más famoso director de Hogwarts, Albus Dumbledore, se determinó que fuera Snape quien se encargara de esa tarea.

Esta vez había localizada a una mortifago, que al parecer ayudaba al señor tenebroso con información del exterior. Era bastante escurridiza y astuta, causando tantos problemas que nadie pudo atraparla en más de tres meses. A Snape se le había informado sobre esta prófuga unos días antes de la noche que había asistido al bar con su amigo Lucius, pero hasta esa noche no se le había indicado donde podía estar. Al llegar rastreo el vacío lugar y maldijo en voz baja.

-Esta será más difícil de hallar.-Fue lo único que le dijo al ministro al volver, y sin perder tiempo regreso a Hogwarts. Deseaba que se acabaran ese tipo de misiones, así él no tendría que salir a cada rato del castillo y desde hace poco tiempo le fastidiaba bastante la idea de alejarse y perderse algunas tareas más complacientes para él.

Por eso había regresado antes y le había enviado la nota a Hermione Granger. Había sido más rudo de lo normal con ella, sintiéndose incómodamente culpable después, y sabia como hacer que la joven castaña olvidara lo ocurrido la noche anterior (aunque no pensaba disculparse por su rudeza, eso ¡jamás!)

Llego antes de lo acordado al baño de prefectos y aprovecho el momento para meterse a la enorme ducha. Al entrar permaneció quieto, dejando que el agua caliente recorriera con lentitud cada parte de su anatomía, relajando sus agarrotados músculos y haciéndole suspirar de alivio. En su amplio y pálido torso todavía eran visibles algunas cicatrices de sus batallas pasadas como mortifago y luego como traidor del lado oscuro. Las que más le había costado hacer desaparecer eran aquellas causadas por la serpiente del señor tenebroso, Nagini. Su rostro se contrajo, reflejando asco y un poco de miedo, al rememorar ese momento.

Se pasó las manos por el cabello y el cuello, borrando el desagradable recuerdo. Siguió descendiendo por sus brazos y su pecho. El suave roce contra su piel lo hizo sentir como si no fueran sus manos, sino las de cierta joven, con manos finas y delicadas.

-Hermione.-El nombre de su mayor perdición salió involuntariamente de sus labios, al tiempo que la figura de ella aparecía en su mente. Apenas si podía creer que la sabelotodo insufrible y entrometida rata de biblioteca fuera la misma mujer que ahora imaginaba pasando sus manos por su abdomen, sin detener el descenso.

Un ronco gemido, desde el fondo de su garganta, lleno el vacío del enorme baño cuando Snape pasó una mano por su miembro y este despertó. Casi podía ver la sonrisa de victoria en el rostro de su alumna, presumiendo nuevamente que era conocedora de muchos temas, algunos descubiertos solo por él.

-Presumida insufrible.-Jadeo entre dientes, mientras se masturbaba. El calor del agua contribuía al incremento de la temperatura de su cuerpo, concentrada entre las manos de Snape.

Gimió mas fuerte al fantasearla mojada y desnuda frente a él, con expresión deseosa e impaciente. Movió más rápido las manos a lo largo de su longitud, imaginando que la penetraba una y otra vez y ella jadeaba, pidiéndole más.

-Severus.-Aun en su cabeza, su nombre pronunciado por la tierna voz de la castaña sonaba a gloria. El ritmo de su respiración aumento conforme se masajeaba, y al poco tiempo su virilidad estuvo a punto de estallar, de tanto placer junto.

Un fuerte ruido, de la puerta del baño lo hizo salir bruscamente de su fantasía y giro la cabeza, esperando ver una mata de pelo castaño. Sin embargo el baño estaba completamente vacío, sin ninguna señal de ningún ser viviente, a excepción de él. Las piernas le temblaban y apenas si podía sostenerse en pie, pero al girar la cabeza hacia el reloj su ceño se frunció. Ya había pasado mucho más de la media hora que había acordado con su estudiante y ella no había hecho acto de presencia.

Quitando sus manos de su hinchado y palpitante miembro, abrió el grifo del agua fría y tembló un poco a causa de las frías gotas, que poco a poco hicieron que recobrara la compostura. Una vez estuvo con la mente fría y clara salió de la ducha.

-Grave error Granger.-Dijo con voz ronca, volviéndola a llamar por su apellido. Sin preocuparse por terminar de secarse se puso su ropa negra, junto con su capa y se fue del baño de prefectos.

Algunos pisos más abajo, Snape vio a un par de alumnos de último curso, vestidos con ropa de muggles y hablando alegremente, sobre algún tema que desconocía. Se detuvo con la idea de descargar su molestia con ellos, castigarlos y enviarlos a su sala común cuando escucho.

-Juro que nunca la había visto así. Creí que no había nada debajo del enmarañado cabello de arbusto de Hermione Granger, pero al parecer no era así.-Dijo el más alto, soltando un silbido. Snape se ubicó disimuladamente junto a una armadura y gracias a su oscura vestimenta, entre otras habilidades que poseía de espía, logro camuflarse a la perfección.

-Quien lo diría, la mayor rata de biblioteca pareciendo una chica normal.-Le siguió el otro.

-Y que chica. Desearía estar en el lugar de McLaggen.-Dijo el primer chico, suspirando frustrado.

-¿Quién diría que ellos terminarían saliendo juntos?

-Siempre se ha sabido que ese idiota estaba babeado por ella.

-Apenas si puedo imaginarlos siendo novios.-Dijo el chico, riéndose fuertemente.

Eso fue la gota que rebasó, el ya bastante lleno vaso, que contenía la furia controlada de Snape. Salió de un paso de la armadura, quedando frente a los estudiantes, que saltaron asustados al verle.

-Treinta puntos menos Crew.-Dijo con la voz más tenebrosa que tenía.-Y cincuenta puntos menos Blake.-Dijo mirando se forma asesina al chico que había dicho la última frase.-Regresen a su sala común antes de los castigue por todo un mes.

-Pero…pero…profesor.-Dijo el más joven, mirándolo aterrorizado.-Vamos de camino a Hogsme…-No termino la frase y se llevó a su amigo con él, sin decir nada más.

Minutos después Snape llego a la puerta principal del castillo y recorrió el camino que llevaba al pueblo de Hogsmeade. Las calles estaban rebosantes de estudiantes, felices de liberarse del estrés de los deberes y de los profesores, para concentrarse en divertirse, ir de comprar, salir en pareja y disfrutar un tiempo entre amigos. Hacia un poco de fresco, pero no llegando a hacer demasiado frio.

Al llegar al centro Snape paro sus pasos, buscando entre la multitud. Las palabras dichas por esos estudiantes llegaban una y otra vez a su cerebro, y si no fuera porque le parecía imposible podía sentir como un humo escapaba de la parte superior de su cabeza y de sus orejas.

Sin duda es mentira lo que dijeron, Granger no podía…ella seguramente no se atrevería…

No encontraba palabras para terminar las frases y trato de no pensar en eso, al menos hasta que la encontrara.

-Nos están esperando en las tres escobas Harry.-Sonó una voz a su espalda. Giro parcialmente, lo suficiente para identificar la figura y el cabello de la chica Weasley, que tiraba de la mano de un ofuscado Potter llevándolo con ella. Los siguió disimuladamente hasta vislumbrar la entrada de las tres escobas y espero, aun con la rabia palpitando en su interior.

Pero cuando son los instintos los que guían nuestras acciones, poco o nada pueda hacer la cabeza para detenerlos, por lo que entro sin titubear y se sentó cerca de la barra, barriendo el lugar con la mirada.

En una de las mesas del fondo vio cuatro cabezas, y las reconoció. Eran Potter, la pelirroja Weasley, el tonto de Weasley (que tenía el cabello lleno de un líquido amarillo y profería groserías cada dos por tres) y la chillona de Lavender Brown que trataba de limpiarlo mientras le hacía mimos. En otras circunstancias le habría alegrado bastante esa imagen, más cuando el pobretón se levantó y salió como un huracán por la puerta, seguido por su fastidiosa novia; pero no era el caso, por lo que solo gruño al no ver a la castaña con ellos, pero al percatarse de que los que habían quedado miraban en otra dirección siguió sus miradas y se encontró con la espalda de McLaggen y detrás de él se asomó un rostro que conocía perfectamente, seguida de su esbelta figura. Sin darse cuenta abrió los ojos y la boca, atónito por la visión que tenía ante sí.


-Te vez increíble Hermione.-Fue lo único que atino a decir Cormac, después de darse cuenta de que permanecía callado y con cara de bobo.

-Gracias Cormac.-Dijo ella y sonrió.

No hablaron más por la llegada de los carruajes que los conducirían al pueblo y en el trayecto ella estuvo distraída, dirigiendo constantemente su mirada hacia el castillo. En algún tiempo el profesor se preguntaría porque no había llegado a su encuentro. Hermione no dejaba de preguntarse qué haría el a continuación. ¿La iría a buscar a la torre de Gryffindor?, ¿Si sabría que lo de la salida a Hogsmeade?, ¿Esperaría a que ella llegara para arrinconarla?

-¿No vas a bajar Hermione?-Le pregunto su cita, al ver que todos descendían del carruaje y ella no se movía.

Ruborizándose Hermione se apresuró a bajar, diciendo.

-Disculpa es que me quede pensando en otra cosa.

-No te preocupes.-Dijo el sonriéndole con condescendía. Que cambio tuvo este chico, se dijo una vez más. Nada que ver con el patán que había sido hace dos años.

La conversación la llevo él en su mayor parte, con alguna interrupción ocasional de la castaña. Estuvieron visitando distintas tiendas, según los gustos de cada uno, e increíblemente a Hermione le gusto la cita que estaba teniendo, ya que Cormac era una compañía muy agradable.

Ambos era consientes de las miradas que los chicos le lanzaban a Hermione, y aunque Hermione no llego a sentir muy incómoda, Cormac si reflejo un poco de disgusto.

-¿Te parece tomar algo en las tres escobas?-Pregunto luego de media hora dando vueltas, sin ningún rumbo especifico.

-Si.-Dijo Hermione recordando que Ginny le había dicho que se encontraran ahí.-Vamos.

Comenzó a caminar rápidamente hacia el establecimiento, cuando sintió la mano de Cormac, que buscaba la suya. Se quedó mirando sorprendida un momento, la mano de él era más suave de lo que aparentaba, pero la sintió fría y…vacía.

No tuvo tiempo de soltarse, ya que fue Cormac quien la jalo, al escuchar unos piropos, provenientes de unos jóvenes que pasaban a su lado, dirigidos hacia ella. Caminaron rápidamente por las calles, reconociendo a muchos estudiantes que apenas si podían reconocer a la bruja más inteligente del último siglo. Esto tuvo pensando a Hermione por mucho tiempo; si bien se había puesto ropa que usualmente no utilizaba, no consideraba que el cambio fuera tan grande como para que todos la miraran de esa manera. Pero si había una persona que si deseaba que la mirara así, pero era poco probable que se la encontrara y mucho menos en buenos términos.

-Dos cervezas de mantequilla por favor.-Pidió su acompañante a la señora Rosmerta, que los observaba con una sonrisa.

-Claro jóvenes.-Dijo ella. Hermione la vio alejarse y vio en una mesa a Ron, junto con Lavender, ambos mirando hacia donde ellos estaban.

-Me disculpas un momento.-Le dijo a Cormac y camino hacia la mesa.

-¿Dónde están Ginny y Harry?-Pregunto con la voz seca.

-No lo sé.-Dijo Ron girándose hacia el otro lado.-Aunque dudo que te importe, se ve que estas bastante entretenida.

-Ese es mi problema.-Le contesto Hermione en el mismo tono.

-¿Entonces para que vienes aquí?

-Vine a preguntar por ellos.

-¿Y ahora regresaras con ese imbécil?, no creí que fueras tan hipócrita y traidora Hermione.-Le soltó el pelirrojo con desprecio.

-El único hipócrita aquí eres tu Ronald Weasley.-Dijo Hermione alzando la voz.-Deja de meterte en mis asuntos.

-Al menos yo no me meto con un descerebrado musculoso.

-¿Y es que eso te molesta?-Le pregunto la castaña, decidida a averiguar si le complacía o no que él tuviera celos.

-Olvídalo, vete con el imbécil.-Dijo Ron concentrándose en Lavender. Fuera de sí, Hermione tomo el vaso que estaba frente al pelirrojo y vacío el contenido sobre la cabeza de este, sonriendo falsamente al ver su expresión y también la de la chica junto a él. Sin decir nada se giró y encontró a Harry y a Ginny.

-Qué bueno verlos chicos.-Los saludo con naturalidad y regreso a su mesas, desde donde Cormac lanzaba carcajadas al ver lo que ella había hecho.

-Ya veo que lo mejor es no meterse contigo.-Dijo entre risas, cuando ella estuvo sentada. Hermione espero a que terminara de reírse, tomo un sorbo de su cerveza de mantequilla, mirando distraídamente el lugar.

-Exacto.-Dijo ella y la sonrisa que iba a formarse en la comisura de sus labios se congelo cuando su mirada se encontró con unos ojos negros, al otro lado del bar que la miraban con expresión furibunda y peligrosa.

-Snape.-Murmuro un segundo antes de que la figura de su profesor pasara a velocidad poco humana por en medio de la gente y se detuviera justo frente a ella y a Cormac.