Snape se detuvo frente a la mesa que compartían los dos jóvenes, pero no dijo nada. Se limitó a pasar la mirada de uno a otro, dejándose llevar por el pensamiento de la mejor tortura que podría usar. El viaje desde el castillo hasta el pueblo apenas si había podido apagar un poco la…exaltación de la cual había sido presa por la mañana, mientras esperaba a la joven que ahora estaba sentada a unos pocos centímetros de distancia. Al principio evito mirarla directamente a los ojos, pero aun así el cuerpo de ella seguía en su campo de visión, y la rabia del profesor aumento al ver que sus sentidos se veían sutilmente alterados. Maldición contrólate, le dijo una voz en la cabeza y adopto una expresión fría e indescifrable.


Los segundos pasaron con excesiva lentitud, pero ninguna de las tres personas se atrevió a moverse. Sintiendo la garganta reseca, el corazón acelerado y la respiración desigual Hermione tomo la decisión de hablar.

-Profe…sor.-Dijo con miedo y cautela. Los ojos negros de Snape se encontraron con los marrones de ella y fue en ese momento que Hermione entendió que su decisión de no presentarse a la cita si tendría consecuencias; la única pregunta que le quedaba por hacer seria, ¿Cuáles?

-Profesor.-La secundo Cormac, con un tono de voz más alto, intentando aparentar que su presencia no le intimidaba.

-Granger.-Dijo Snape con voz grave, ignorando al chico junto a ella.- ¿Qué cree que está haciendo?-Pregunto y ella trago saliva, intentando adivinar las emociones del siniestro hombre, sin lograr buenos resultados.

-Yo estoy tomando una cerveza de mantequilla.-Dijo ella, señalando la botella frente a ella y haciéndose la desentendida. Cállate Hermione, le susurro una voz en la cabeza al ver los peligrosos ojos de Snape, que brillaban con maldad.

-Regrese al castillo de inmediato.-Le ordeno.

-Pero…-Su semblante la dejo asustada por unos segundos, pero cogiendo valor (no sabía bien de donde), le dijo.-Profesor hoy es el día de permiso para venir a Hogsmeade.

-Cierre la boca y haga lo que le ordene.-Dijo Snape, ignorándola.

Hermione abrió la boca, estupefacta por su actitud. Giro en redondo para buscar la ayuda de Cormac, haciendo que el chico se pusiera más nervioso por la idea de contradecir al peor de todos los profesores.

Snape vio la rebeldía brillar en el rostro de la chica, pero al conocer su carácter, sabía que terminaría por obedecerle.

-¿Acaso ha olvidado su castigo señorita Granger?-Dijo pronunciando su apellido de forma despectiva, mirándola con repugnancia.

-¿Cuál castigo?-Pregunto la chica, subiendo la voz hasta casi convertirla en un chillido.-Yo no tengo ningún castigo.

Esta última frase desato un torbellino en los ojos y en la expresión de Snape, que con cada segundo que pasaba se transformaba en una peor que la anterior.


Ninguno de los dos fue consciente que la taberna entera se había sumergido en un silencio sepulcral, que inicio en cuanto el profesor puso un pie en el lugar. Rosmerta siempre había tratado con mucha amabilidad a Snape, llegando al punto de coquetearle, pero esa vez no se le había acercado por el terror que le había causado su mirada maligna y el aura de poder que lo rodeaba. Para empeorar la suerte de la dueña, ese día la mayoría de sus clientes eran estudiantes de Hogwarts. Solo en dos mesas se encontraban otro tipos de magos y criaturas mágicas, que al no conocer la situación ni a las personas implicadas le restaron importancia.

Pero no había sido así con los demás, que miraban la escena con miedo e incredulidad. Especialmente un chico de cabello azabache y un pelirrojo, que no perdían detalle de su amiga ni del hombre que estaba parado frente a ella.

-Pues ahora lo tiene.-Se dignó a decir Snape después de varios minutos de absoluta tensión. Inconscientemente Hermione se había levantado de su asiento, enfrentándose por primera vez a su profesor de pociones, intentando dominar el temblor que su presencia le causaba.-Y cincuenta puntos menos Gryffindor.

Esta vez sí hubo algunas exclamaciones, principalmente por los pertenecientes a la casa de los leones que se encontraban ahí, pero la fría y potente mirada de Snape silencio los murmullos al momento.

-Muévase.-Le ordeno ondeando su capa, sin dejar paso a una réplica. Sintiéndose vencida Hermione paso frente a él, pero su compañero de mesa se levantó también, no muy seguro de como intervenir.

-Yo…-Empezó a decir Cormac.

-Cien puntos menos McLaggen. Preséntese con Flich en la noche.-Le dijo Snape sin mirarlo.-Y todos lo que estén mirando también.-Dijo con voz fría y todos los estudiantes desviaron la vista y volvieron a sus charlas, pero no dejaron de temblar hasta que vieron salir a su macabro maestro.

Completamente colérica Hermione siguió caminando hasta llegar a la salida de local, y sin mirar atrás la cerro con fuerza, pensando únicamente en alejarse lo máximo posible de la taberna o más específicamente de cierto murciélago. Se había pasado, castigándola sin razón, quitándole puntos y haciéndole lo mismo a su cita. Miro un segundo al cielo, que estaba nublado y cerca del crepúsculo.


Poniéndose los brazos alrededor, empezó a caminar por el pueblo. No alcanzo a llegar muy lejos, ya que al virar en una calle vacía, una figura de larga capa negra quedo frente a ella, tapándole el paso. Con rapidez busco escabullirse y siguió por otra calle, quedando al final en un callejón sin salida y siendo nuevamente sorprendida por la misma figura, dándole la impresión de haberse materializado de repente.

-¿Tratando de huir?-Le pregunto la voz de Severus Snape al oído. Esta vez su voz sonaba muy diferente a la que había tenido hace varios minutos, y ahora sonaba enigmática y atrayente.

-Déjeme en paz.-Dijo con voz pastosa, sintiendo un pequeño estremecimiento por su cercanía. No sabía con quién estaba más enfadada, si con él por lo que le había hecho pasar o consigo misma al no poder controlar las sensaciones que él le causaba. Y esto contribuyó a que no sonara muy decidida, pero no se detuvo ahí y siguió tratando de escapar de él.

Un fuerte resoplido fue la única contestación que tuvo, antes de que unos fuertes brazos la tomaran por los hombros, imposibilitando cualquier movimiento defensivo. Entorno los ojos enfurecida hacia los rasgos de Snape, forcejeando con las piernas y el resto de su cuerpo.

-Quieta Granger.-Le dijo tranquilamente, como si fuera lo más natural. Lanzando un chillido indignado Hermione trato de mover sus manos, buscando llegar al bolsillo de sus pantalones, donde había guardado su varita mágica.-Ni lo crea.-Él se le adelanto y, sujetando fuertemente con un brazo, le arrebato la varita con el otro.

-Quíteme las manos de encima o no respondo.-Jadeo por el esfuerzo.

-No está en posición de exigir nada Granger.

Al ver que ella no estaba dispuesta a colaborar por las buenas, Snape la aprisiono contra su pecho, acomodando sus manos en la espalda para evitar que ella se lastimara.

Resignada y frustrada Hermione se detuvo de repente, pero la furia hacia destellar sus ojos cafés y su mente rápida trato de idear un plan para librarse, aunque una parte de ella se negaba a cooperar.

-Hasta que finalmente obedece.-Dijo Snape, mofándose de la expresión de su alumna.

-¿Quién se cree para hacerme esto?-Le pregunto sin pausa.-Y para ir a la taberna y decirme esas cosas.

-Agradezca que lo hice cortésmente Granger.-Dijo el profesor, bajando la voz a apenas un murmullo.

-¿A eso le dice cortésmente?-Pregunto incrédula, casi gritando.

-Si porque mi idea era sacarla de ahí sin decir nada, pero habría sido inadecuado.-Dijo Snape y sus ojos le confirmaron esto a Hermione, que ahogo un gemido. ¿En serio se hubiera atrevido a… prácticamente robarla?, ¿A la vista de todo el mundo?

-No lo dirá en serio.-Dijo tratando de creerlo.

-Yo no bromeo Granger.-Gruño.

-¿Sabe los problemas que eso nos traería?, pensé que la idea era mantenerlo en secreto.-Dijo, con un bajo bufido.- ¿Y si nos piden explicaciones?

-Yo jamás le he dado explicaciones a nadie de lo que hago o dejo de hacer Granger.-Dijo con aire de superioridad.-Ordeno y me obedecen sin chistar, y eso la incluye a usted.

-Pero yo si habría tenido que dar explicaciones.-Dijo ella haciendo fuerza con los pies, cosa que no le sirvió para soltarse.

-Ese es su problema, no mío.-Dijo sonriendo de medio lado, divertido por la evidente frustración de la chica y sus patéticos forcejeos.

-¿Y pensó que castigarme junto con Cormac y bajarnos puntos era la forma "adecuada"?-Pregunto taladrándolo con ira.

-Si.-Dijo Snape y recordó al inepto de McLaggen.-En vez creo que me falto mas.-Dijo reflexionando sobre lo ocurrido.-Debería haberlo convertido en un cerdo, tal vez así se vería mejor, ¿No cree?

-Claro que no. Además, ¿Por qué me castigo?, no tiene derecho si no he hecho nada.

Con cada nueva muestra del enfado de la castaña el humor de Snape aumentaba, junto con otras placenteras sensaciones.

-¿Y ahora que está haciendo?-Le pregunto ella al notar el cambio en sus ojos y fijar la vista en sus húmedos labios.

-Se equivoca.-Le dijo ásperamente.-Si hizo algo y fue faltar a la cita de esta mañana.

-¿Y esa es su razón para castigarme?, no me haga reír.-Dijo Hermione.

-Esa no es mi intención.-Le dijo él y aplasto sus labios en los de ella. La castaña abrió los ojos sorprendida por la fogosidad con la que fue atacada. Sin embargo apenas si pasaron unos segundos antes de que ella le devolviera el beso con el mismo ardor. Los brazos de Snape dejaron de atraparla y la sujetaron fuertemente de la cintura, y los brazos de Hermione subieron instantáneamente hacia su cuello, acercándolo aún más. La rabia se disipo al momento, haciéndoles olvidar el motivo que los había llevado a donde estaban ahora.

Snape la hizo girar hasta que su espalda choco con una pared y la acorralo con su cuerpo. El lugar donde se encontraban no se veía a simple vista, por lo que pudo comprobar Snape ya que la joven estaba… bastante entretenida por sus expertas manos y por las caricias que le prodigaba.

Poco a poco él también se dejó llevar por completo y ambos quedaron en las garras de una explosiva lujuria, que lentamente los acariciaba con sus llamas, enloqueciéndolos. El profesor tomo los jóvenes y perfectos pechos de su alumna y los masajeo rítmicamente, ahogando los gemidos de ella con la boca.

Deseosa e impaciente por él, Hermione subió las piernas y las enrosco en la cintura de su amante. ¿Le había dicho amante?, las comisuras de su boca se torcieron hacia arriba, y al notar su sonrisa Snape separo su boca de la de ella, pero sin bajarla y colocando sus manos en las nalgas de ella y sosteniéndola contra él.

-¿Qué es tan gracioso?-Le pregunto cuando recupero el control de su voz y espero a que ella se recuperara para contestarle.

-Nada.-Dijo ella evitando sus ojos y soltando una pequeña risa, con las mejillas coloradas.

Snape enarco una ceja inquisitivamente, dispuesto a hacerla confesar. Ella, astutamente, busco distraerlo moviendo sus caderas contra las de él y una ola de placer sensual se filtró en su cuerpo al sentir la entrepierna de su profesor. Él no se quedó atrás y le correspondió al movimiento, aumentando la fricción entre sus cuerpos.

En eso Hermione recordó como la había dejado la noche anterior y decidió hacer lo mismo mientras tuviera oportunidad, a pesar de que todo su cuerpo clamaba por la excitación que él le provocaba.

-Tengo que irme.-Le ronroneo la castaña al oído, tomando entre sus labios el lóbulo de su oreja y lamiéndolo. El soltó un ronco gemido, se estremeció y la tomo con más fuerza, y Hermione sonrió contenta de haber descubierto su punto erótico. ¿Y ahora quien controla a quien?, pensó ella.

-No.-Le gruño con voz ronca.

-Los demás deben estarse preguntando donde estoy.-Jadeo ella, buscando llenar sus pulmones.

Snape estaba a punto de perder el poco control que le quedaba, queriendo poseerla ahí mismo, pero las palabras de ella pronto se vieron secundadas por varias voces, que la llamaban.

-¡Hermione!

Era Cormac.

-¿Creen que habrá regresado al colegio?-Pregunto la voz de Ginny.

-No lo creo. Vi que tomaba un rumbo distinto.-Siguió otra voz, la de Harry.

-¿Y viste que paso con Snape?-Le pregunto su novia.

-No lo sé, ni me interesa. Solo concentrémonos en buscarla.


Como si le hubieran echado un balde de agua fría, Hermione salió del trance erótico y bajo las piernas de la cintura de Snape, luchando contra las manos de él que seguían agarrando fuertemente sus posaderas.

-No volverá a escapar.-Dijo el lanzando chispas por los ojos.

-Suélteme. Dejaremos esto para más tarde.

-O me encargo de ellos y problema resuelto.-Dijo el sin apartar sus ojos de los de ella.

-¡¿Qué?! NO.-Él le tapó la boca con fuerza, pero ya era tarde.

-Creo que la escuche.-Dijo Cormac.

Escupió el nombre de McLaggen entre dientes y preparo la varita, sonriendo de medio lado. Pero al ver el rostro asustado de Hermione sus cejas se fruncieron, ante la muda suplica de ella. ¿En serio le importaba que transformara a ese imbécil?, se preguntó Snape, pero sabía que tendría que esperar a mas tarde para obtener una respuesta.

-Esta noche, en su cuarto.-Dijo y su salvaje mirada impedía cualquier replica. Y si lo vuelvo a ver habrá un cerdo en vez de un león en la torre de Gryffindor, agrego para sí mismo, al tiempo que la soltaba y desaparecía.