Hermione frunció el ceño al ver salir a Snape como un vendaval del despacho y lo siguió, sin mirar a nadie más. Él ya estaba cerca de las escaleras y ella se apresuró, decidida a alcanzarlo y enfrentarlo de una buena vez.
-Regrese a su torre Granger.-Le ordeno Snape, al momento en que ella lo alcanzo.
-¡¿QUE?!-Exclamo Hermione. Se detuvo al principio de las escaleras y miro la espalda del profesor.
-Regrese a su torre.-Repitió.
-No lo hare.-Dijo furiosa.-Tengo un deber como prefecta y lo voy a cumplir.
Cerró las manos en puños y bajo las escaleras, pasando a su profesor sin tocarlo. Al segundo dos fuertes brazos la tomaron de la cintura y dejo de sentir el suelo al verse levantada como una niña. Giro el rostro para enfrentarse al imperturbable de Snape, pero no tuvo mucho tiempo ya que la coloco sobre su hombro y siguió caminando.
-¡Eh, Suélteme!-Grito enojada, intentando patearlo pero el rodeo sus piernas con un brazo y la inmovilizo. Hermione sintió como el calor subía desde donde él la tocaba al resto de su cuerpo, lo que hizo que ruborizara y se enojara aún más. No podía verlo y sabía que gritar no le ayudaría nada, pero eso no la detuvo y siguió removiéndose.
Unos minutos después llegaron al primer piso y Snape siguió por otro pasadizo, a una parte que no era visitada con frecuencia. Sentir el cuerpo de la muchacha debatiéndose sobre él lograba desconcentrarlo bastante, añadido la mano que tenía sobre las suaves piernas de ella. Apenas llego a un espacio vacío la bajo al momento y la miro fijamente, a sus furiosos ojos marrones.
-¿Quién se cree que es?-Le pregunto casi a punto de gritar.
-Su profesor.-Contesto el simplemente.-Y en otras ocasiones…
-¡No quiero oírlo!-Esta vez sí grito.
-Regrese a su torre, o Gryffindor se quedara sin puntos.
-No puede prohibirme hacer lo que es mi deber, así como no pude tomarme de esa manera ni amenazarme con quitarle puntos a mi casa si no hago lo usted quiere.
-¿Segura?-Pregunto tomándole el rostro con una mano y evitando que ella se apartara. Los ojos de la castaña se abrieron sorprendidos pero a él ya no le interesaba que le respondiera. Cubrió la boca de ella con la suya y uso la mano que tenía libre para crear una cárcel en la espalda de Hermione. Ella se quedó inmóvil, dejando que las sensaciones la embriagaran y respondiendo al beso sin pensar.
En la mente de ambos apareció una imagen del anterior encuentro y el modo en que había terminado, pero para Snape ya esto estaba en el pasado porque ahora la tenía nuevamente entre sus brazos y podía degustar el dulce y exquisito sabor de los labios de la leona. Hermione por otro lado recordó la furia y el dolor que había sentido y eso la hizo reaccionar y apoyar sus manos sobre el musculoso pecho de Snape y empujarlo con fuerza. Él no se dio cuenta de ello sino unos segundos después, ya que la chica no tenía la suficiente fuerza para moverlo.
Finalmente Hermione logro apartarse un poco, apenas para romper el beso. Los ojos negros y los marrones se encontraron, lanzándose destellos mutuamente.
-Muy segura.-Contesto Hermione con más firmeza de la que sentía.
-Eso es absurdo. Y más viniendo de una rata de biblioteca.-Le dijo el pocionista con desdén.
Fue lo que faltaba para que la rabia de Hermione subiera a niveles hasta el momento inalcanzables. Su cuerpo delgado le permitió deslizarse y liberarse de los fuertes brazos de Snape, pero eso no fue todo lo que hizo. Apenas tuvo control de su cuerpo levanto la mano y la estrello con toda la fuerza que poseía en la mejilla de Snape, y el eco de la cachetada reboto por todo el pasillo.
Snape se quedó petrificado, sorprendido por lo que acababa de pasar. Apenas si sentía la punzada en su mejilla roja pero el único movimiento que le permitió realizar su cerebro fue girar el rostro hacia ella. Lo que vio lo sorprendió aún más. Hermione, aun con la mano en el aire, mirándolo con la furia digna del león más poderoso mientras su pecho subía y bajaba cada vez con mayor velocidad. Su cabello revuelto, su pose defensiva y sus ojos como dagas le recordaban a una diosa salvaje y hermosa.
-El absurdo es el murciélago de las mazmorras.-Contesto en voz baja. Si no fuera por el timbre agudo que tuvo al hablar Snape no hubiera notado un pequeño resentimiento en el fondo, acompañado de… ¿dolor?
No tuvo tiempo de comprobarlo pues Hermione dio media vuelta y casi corrió para alejarse de él, en dirección contraria a la salida del colegio. Aun temblaba de rabia cuando llego a la sala común de Gryffindor, en donde se encontraban Harry y Ginny.
-Hola Hermione.-La saludo la pelirroja con una sonrisa pero al ver la expresión de su amiga borro la sonrisa y pregunto preocupada- ¿Paso algo?
-¿Qué si paso algo?-Repitió Hermione a punto de estallar nuevamente. Lo que le impidió hacerlo fue el recuerdo de que sus amigos no sabían nada de lo que tenía con Snape y por lo tanto no podían saber porque se encontraba de esa manera.
-Sí, tu expresión da un poco de miedo.-Dijo Harry esperando que su ánimo mejorara.- ¿No ibas a estar en la patrulla de los prefectos?-Pregunto.
La furia de Hermione se congelo y dio paso a la sorpresa. No podía creer que se le hubiera olvidado su deber, a pesar de lo ocurrido con ese…hombre.
-Si de hecho ya me voy. Nos vemos después.-Se despidió y salió.
Llego corriendo a la puerta principal del castillo, que daba a los terrenos. La luz de la luna llena ilumino tenuemente el bosque, dándole un aspecto más aterrador que de costumbre. Pero eso no impidió que Hermione siguiera su camino hasta llegar a la linde y empezara a caminar hacia el sur de este. Sin embargo, a mitad de camino freno su marcha y recordó que Snape debía seguir por ahí y al instante se giró, decidida a caminar hacia el sur. Haría su patrulla, de forma diferente pero igual la haría. Los últimos sucesos irrumpieron en su mente, y sabía que no iba a terminar bien. Probablemente Gryffindor se quedaría sin puntos por todo el año y ella estaría castigada por varios meses, pero a pesar de eso no se arrepentía. Ya era hora de que alguien le enseñara a Severus Snape que no podía imponerse ante todo el mundo.
-Maldita sea Granger, ¿Acaso tu mente se estropeo?, este no es tu lugar sangre sucia.-Dijo Malfoy cuando, unos minutos después, Hermione llego a la zona donde él y Ron estaban patrullando.
-Mejor cierra tu bocota hurón oxigenado.-Dijo Hermione con frialdad. No desperdiciaría su tiempo peleando con ese crió inmaduro.
-¿Quién te crees para darme ordenes impura?-Pregunto el joven con furia.
-¿Hermione?-Pregunto Ron, interrumpiendo.- ¿Qué haces aquí?
No le llevo más de dos segundos a la castaña pensar en una historia convincente.
-Snape me ordeno que viera como iban.-Dijo y siguió caminando, sin prestarles atención a los dos muchachos, quienes habían empezado una nueva pelea ante la mención del profesor.
La parte norte del bosque era la más tranquila y menos transitada, por lo que sería todo tranquilo según la castaña. Y así fue durante su tiempo de patrullaje, sin ninguna novedad ni movimiento sospechoso. Cuando ya dieron las once Hermione empezó a regresar hacia el castillo, cansada y aun enfadada. Lo que más quería era dormirse y olvidarse de todo por esa noche, a pesar de que…no, no podía ponerse a pensar más en el profesor. Le había dado su merecido y eso era todo… por ahora.
El ruido de hojas moviéndose corto el hilo de sus pensamientos. Miro alrededor, buscando quien había hecho el ruido pero no vio a nadie. Con los músculos tensos continuo su camino pero en poco tiempo no pudo ver donde estaba el castillo. Estaba segura de haber seguido por el mismo sendero, pero a medida que continuaba se le hacía todo más desconocido. Nuevamente el ruido de las hojas la hizo volverse pero esta vez sí vio algo.
Era sin duda una figura humana, que atravesaba el bosque, y que se había detenido a mirar fijamente a Hermione. A la castaña se le helo la sangre al reconocer las ropas y las mascara de los mortifagos.
-Esto es inesperado.-Dijo con voz suave, lo que dejo claro que se trataba de una mujer. Se acercó más a Hermione, con tranquilidad.-Una estudiante de Hogwarts al parecer.
-¿Quién es usted?-Pregunto Hermione recuperándose y sacando su varita. La mujer se rio y se quitó la máscara. El rostro que se escondía era bastante atractivo, pero sus rasgos indicaban que era extranjera a pesar de que su acento no la delataba. Sus ojos azules destacaban en su pálido rostro y su cabello parecía una cortina negra, tan largo que le llegaba a la cintura.
-Que valiente. Tu rostro me suena de algo, ¿Quién eres?-Pregunto.
-No me ha respondido, ¿Quién es?, ¿Y que hace aquí?-Pregunto Hermione sin retroceder.
-Considérame una nueva enemiga.-La recorrió con la mirada.-Ah ya se. Tú debes ser la sangre sucia que es amiga de Potter.-Dijo la desconocida, volviendo a reír.-Es una pena que no tenga tiempo para darte tu merecido, pero tengo que buscar a alguien más importante que tú.
Hermione le cortó el paso y la sonrisa de la mortifaga desapareció. Sus perfectas facciones se contrajeron y su mirada se tornó maligna. Le lanzo a Hermione un rayo rojo que ella bloqueo rápidamente y le lanzo un contraataque. La mortifaga no se quedó atrás y ambas siguieron atacándose, hasta que la mortifaga se detuvo y dijo.
-Ciertamente eres buena, pero no me sirves estorbo.-Volvió a agitar su varita, pero esta vez en dirección al bosque. Hermione miro en la dirección que había seguido el hechizo y el pánico atravesó su pecho al ver salir una enorme araña. Ni siquiera en la batalla de Hogwarts había visto una araña de ese tamaño y la joven retrocedió asustada.-Mi amigo acabara contigo en un momento.-Dijo y desapareció en una nube de humo negro.
-¡HERMIONE!-Escucho que gritaban su nombre y ella reconoció la voz de Ron, pero no lo miro. No despegaba la vista de la araña que la acechaba con sus múltiples ojos. Un grito ahogado, que sin duda provenía del pelirrojo la alerto, recordando la fobia que sentía el chico por esos animales. No obstante en un segundo él estuvo a su lado, varita en mano.- ¿Estas bien?-Le pregunto.
-Ron vete de aquí, yo me encargo.-Dijo Hermione mirando de reojo la pálida cara del pelirrojo.
-No me iré para que te quedes sola.-Le dijo este, testarudo. Eso hizo que Hermione lo mirara sorprendida, ya que no se esperaba eso de él.
La araña no espero más tiempo y se lanzó hacia ellos. Sacándola del camino Ron lanzo un hechizo hacia la cabeza del animal, el cual reboto y le dio a un árbol. Desde el suelo Hermione apunto su varita hacia las patas de la araña, haciéndola trastabillar. Se levantó de un salto y busco a Ron, que estaba apoyado contra una roca.
La araña era tan fuerte como grande y volvió al ataque. Hermione se apartó para distraerla pero no contaba con la intervención de Ron, que lanzo un nuevo hechizo pero no funciono y la araña lo mordió en un brazo y lo lanzo contra unos matorrales.
-¡RON-Grito Hermione y, esquivando las fauces de la araña, corrió hasta llegar a él. Estaba sudoroso y de color casi verde pero lo que la asusto más fue la mordedura, que causo que la piel del brazo se le hinchara.-Ron, despierta.-Dijo al ver que el cerraba los ojos.
Un chasquido a su espalda le recordó que el animal seguía allí y lo único que alcanzo a hacer fue agacharse y la pata de la araña se estrelló contra un árbol, partiéndolo por completo. Una de las ramas crujió con fuerza al separase del tronco y cayo con fuerza sobre Hermione. No la aplasto por completo gracias a la roca que se interponía pero no fue lo mismo con su pierna, que quedó atrapada. Chillo de dolor, sentía la sangre saliendo de su pierna herida y alzo la cabeza, que le martilleaba, hacia la criatura que se acercaba rápidamente.
Miro una vez más a Ron y luego a la araña, y cerró los ojos. Un fuerte grito fue lo último que escucho, antes de perder la consciencia.
