Supe que mi vida no sería la misma desde el primer momento en que nuestros ojos se cruzaron. Todo cambio en mí, tanto en el interior como en exterior. Mi identidad quedo en el olvido y mi nueva realidad se centraba solo en ella... no perdón en ellas.
Puedes llamarlo como tú quieras: destino, fortuna...o maldición.
Apague el computador y me recosté sobre la silla, completamente exhausto. Había estado trabajando toda la noche en una de mis muchas tareas atrasadas de la universidad, lo cual era necesario sino quería reprobar. Mire el reloj, que marcaba las cinco, y me levante, estirando los músculos. Era evidente que ya no podría dormir nada, ya que tenía clase dentro de dos horas, por lo que necesitaba algo que me llenara de energía para lo que seguro sería un día muy...muy largo.
Mire a mi alrededor y busque, entre el desorden de mi cuarto, unos pantalones, una camisa (como eran días de verano dormía con poca ropa) y unos zapatos. Me vestí; cogí mis llaves, mi celular y mi billetera. Al poner mi mano en la chapa de la puerta recordé un pequeño detalle y me volví hacia la mesa de noche, donde reposaba un pequeño estuche negro. Lo tome y me dirigí al baño, evitando al principio verme al espejo. Del estuche saque los lentes de contacto, los mire unos segundos, y esta vez me enfrente con mi imagen sin titubear. Lo que llamo mi atención al momento fueron mis oscuras pupilas, cuyo color siempre había significado un gran problema para mí, y rápidamente me puse las lentillas. Una vez que mis ojos cambiaron a un color cercano al verde oscuro me fije en otras cosas; mi cabello estaba en punta como cada mañana por lo que me lo aplaste un poco. Nunca me lo peinaba pero tampoco tenía deseos de parecer un científico loco o algo parecido. En cuanto a mi aspecto me veía más pálido que de costumbre, producto de no dormir.
Guarde la caja en el estante, detrás del espejo, y regrese sobre mis pasos hasta la puerta. A esta hora los corredores de los dormitorios masculinos se encontraban desiertos, por lo que no hubo atascos de multitud en el camino que conducía a la cafetería principal del campus.
Pero mi silencioso recorrido no duro mucho porque al pasar por el lado del edificio donde residían las chicas me fije en una, cuyo cabello azul la hacía destacar más de lo normal. Ella estaba sentada en las escaleras de la entrada por lo que inevitablemente se daría cuenta de mi presencia y así lo hizo, concediéndome una gran sonrisa. Corrió, moviendo los brazos exageradamente como si estuviera en una película, además con efecto de cámara lenta, y se lanzó contra mí, haciendo que soltara todo el aire de mis con pulmones.
— ! Chris!—le tape la boca y mire a mí alrededor.
Contra mi mano ella siguió hablando como si nada y la presione un poco más para que se callara. Su respuesta fue pasar su lengua por mi palma.
—Asquerosa—le dije soltándola. Ella recupero rápidamente el aliento y me hizo una mueca.
—Aburrido—Amy Jones, estudiante de fotografía y fanática del manga y el anime, hizo un mohín—. Pero me sorprendiste. Es la primera vez que te veo a esta hora—se acercó y arrugo la frente— ¿No estas bajo un hechizo?, ¿Eres un vampiro?
—Tu expresión seria me preocupa—dije por su fija mirada y me aleje.
—Ohhhhhh—agrando la boca más de lo que podía—, te la pasas leyendo manga toda la noche y por eso no madrugas, ¿Verdad?—se tocó el mentón, jugueteando con la barba que obviamente no tenía—. Sabía que era mentira cuando dijiste que esto no te gustaba.
—No era mentira—dije y ella se puso roja de rabia—, y tú deberías dejar de hacerlo. Se te ocurren unas ideas cada vez más extrañas y perturbadoras.
— ¡¿Cómo puede decir eso?!
—Baja la voz—le dije irritado—, y solo para que sepas tuve que terminar un trabajo que tenía algo atrasado—mire el reloj—- Voy de camino a la cafetería, ¿vienes?
— ¿Tener la oportunidad de ver la cafetería de la NYU (New York Unversity), vacía?, suena bien—dijo sonriendo.
El enojo nunca le dura más de cinco minutos, y se puso a mi lado. Caminamos tranquilamente por los terrenos de la universidad. Ese panorama de silencio y paz era nuevo para mí, acostumbrado a ver el correr de todo el mundo desde las siete de la mañana. Tal vez madrugar no es tan malo, me dijo una voz pero al siguiente fue golpeada por otra voz que gritaba que quería DORMIR. Bueno eso resolvía la cuestión, sería un pésimo madrugador por el resto de mi vida, cosa que no me molestaba.
— ¿Me estas escuchando Chris?—pregunto Amy.
—Perdón—dije bajando mi mirada hacía ella. De verdad era bajita, o yo era muy alto— ¿Qué decías?
—Tú como siempre en las nubes. Te decía que ha pasado un tiempo desde que nos vemos y que me alegra verte.
—Lo mismo digo—dije sonriéndole.
Sus ojos me esquivaron y camino más rápido.
—Muévete, quiero llegar rápido para enseñarte el último volumen que compre—dijo y continúo por delante de mí hasta que llegamos a la puerta de la cafetería.
— ¿Me pregunto de donde sacas tanta energía?, pareces tener la batería de un niño de seis años.
—Disculpa pero la mía es de uno de siete—dijo riéndose—, y eso que llevo tiempo sin bailar, sino tendría el doble. Pero... entre mi carrera y mi hobbie no he podido—suspiro dramáticamente, cerrando los ojos y llevándose una mano a la frente. No dije nada y al cabo de dos segundos abrió un poco el ojo—. Ahora que lo pienso tu tampoco has salido mucho.
—He tenido que adelantar varias tareas y presentar algunos exámenes atrasados. Además de que estoy buscando algún trabajo de medio tiempo—dije evadiendo su mirada.
Lo anterior era cierto pero también estaba el hecho de que no me gustaba bailar, siempre evitaba hacerlo en las fiestas pero rara vez lo conseguía.
—No sabía que estuvieras interesado en trabajar—le abrí la puerta de la cafetería, que por suerte si estaba vacía.
— ¿Qué quieren?—pregunto la cocinera detrás de la barra, mirándonos de mala gana.
—Que sonría—dijo Amy y su mirada de desdén se acentuó, dejando profundas marcas de arrugas en su cara.
—Dos cafés—dije yo, sacando mi billetera.
La señora, sin dejar de mirar a Amy, preparo las bebidas. En ningún momento tuvo la necesidad de mirar lo que hacía, solo advertía a mi amiga, con su gélida mirada, que se abstuviera de hablar.
—Vi que se tardó más en entregarme el mío. ¿Crees que le hizo algo?—pregunto después de que pagáramos y nos sentamos en una mesa cerca de una ventana.
—Probablemente—dije y al ver su expresión le pase el mío—. Por si acaso.
—Gracias—dijo y se lo tomo contenta.
Cuando termino cogió su maleta, demasiado llamativa, y saco una bolsa negra. Emocionada busco en el interior y extrajo un pequeño libro que luego planto frente a mi nariz.
—mira es el nuevo volumen de lo que se ha convertido en mi maga favorito.
— ¿El favorito de la semana?—pregunte, seguro de haber escuchado eso antes.
—Mi favorito de por vida—dijo y lo abrazo—. Es la primera vez que leo de este género. Antes tenía mis reservas pero ahora sé que seré fiel al yaoi hasta que muera.
— ¿Yaoi?
—Boy's love—dijo sonriendo—. Trata sobre el romance de un exitoso novelista y un joven universitario, pero eso no es todo. También...
—Suficiente información—dije sin deseos de oír más.
—Que prejuicioso. Es mejor de lo que parece. Créeme una vez que lo lees ya no eres el mismo; es el mejor lado oscuro que existe.
—Prefiero quedarme de este lado—dije y seguí tomando mi café.
—No por mucho tiempo—dijo retorciendo las manos.
Inicio una charla más profunda sobre el contenido de su nueva adquisición, por lo que ladee mi cabeza hacia la ventana y deje que mis pensamientos divagaran. Estos se detuvieron cuando vi pasar a dos chicas, vestidas con ropa deportiva. Una de ellas miro hacia donde estaba y sonrió ampliamente, batiendo sus largas pestañas.
—y dime... ¿es cierto que estas saliendo con alguien?—esas palabras si las escuche y deje de mirarlas para mirar a Amy.
— ¿Eh?, no. ¿Por qué?—pregunte enarcando una ceja y mirando de reojo a las chicas, ya que ahora las dos me estaban mirando.
—Lo escuche hace unos días—dijo, algo...seria.
— ¿Dónde escuchaste eso?
—Debora estuvo prácticamente gritando eso el martes pasado en el baño—mi buen humor se evaporo al instante y me gire completamente hacia Amy, escuchándola con más atención—. Al principio pensé que le había dado un fuerte dolor de estómago y que estaría pegada al inodoro todo el día y me alegre, pero después se puso a hablar de ti—oculte mi disgusto tomando una buena cantidad de café—, y como no había hablado contigo pensé que era cierto.
No le respondí, concentrándome en mi bebida. Pensé que todo había quedado claro con Debora Hills, pero al parecer me había equivocado. Estuvimos saliendo...creo que hace tres o cuatro meses...o, bueno da igual, el caso es que ella me había estado acosando para que saliera con ella, al punto de pararse en mi puerta día y noche, interceptarme en los pasillos o interrumpir en la clases para intentar hablarme. Termine aceptando, creyendo que al menos se calmaría un poco, pero la situación solo empeoro. Durante dos semanas y algo más estuvo pegada a mí, jactándose ante toda la universidad por la suerte que tenía (no sé muy bien porque) y atosigándome con sus cursilerías y su dramatismo. Mi paciencia se esfumo cuando le dio por hacerme un ataque de celos, de nivel lunática, que solo fue porque estuve hablando con una compañera después de clases, con quien me tocaba hacer una exposición. Decir que nuestra discusión había sido civilizada seria mentir, ya que ni siquiera había sido una discusión, todo se quedó en ella llorando como una histérica y gritando que no me dejaría ir tan fácilmente. Sus acosos continuaron otras dos semanas, pero me las arregle para no volver a caer en su juego y pronto me dejo de hablar. Sin embargo parece que aún tiene energía y quien sabe lo que vaya a armar después...
Termine el café, justo cuando la puerta de la cafetería se volvía a abrir, dando paso a varios grupos de estudiantes.
— ¿Regresaras a tu habitación?—Pregunto Amy, quitándose varios mechones azules del rostro.
—Sí, tengo que coger mis cosas—logramos salir antes de que se formara un tráfico de personas.
Nuestra atención se desvió al escuchar varias voces rudas que provenían del final de la fila. No había necesidad de verlos para saber que eran los del equipo de futbol, liderados por Jev Ford. A unos palmos de la puerta este empujo a unas chicas, haciendo que una cayera fuertemente al suelo.
— ¡Auch!—dijo esta y miro a Jev.
—Ensuciaste mi chaqueta—dijo el mirándola con repulsión— ¿Qué harás al respecto?
—Lo...si...siento—tartamudeo y aparto la mirada. Las risas y las charlas se apagaron ante la escena del típico popular haciendo bulling, esperando a ver qué pasaría a continuación.
— ¿Te encuentras bien?—avance hasta donde estaba y me incline.
Sus ojos cafés se abrieron sorprendidos y su rostro se puso rojo al verme. Odiaba cuando veía que pasaban cosas así y que nadie hacia nada, solo se quedaban callados. No me sorprendieron los jadeos de incredulidad que sonaron a mi espalda o el rechinar de dientes de los cuatro futbolistas por mi acción.
— ¿Te puedes levantar?—le pregunte tendiéndole la mano. Muchas dudas llenaban sus ojos por lo que no espere su respuesta y tome su mano, jalándola suavemente. Ella respondió y cuando estuvo de pie me di la vuelta.
—Pero si es el gay antisocial de Archer—dijo Jev y su sequito se rio fuertemente— ¿Se te olvido donde queda el edificio de los homosexuales?, está a la vuelta de la esquina así que procura no perderte.
—Amy—Advertí en voz baja al escuchar que preguntaba ¿en serio, donde?, con emoción.
El ataque de Jev Ford no me sorprendió en absoluto, era casi lo que se esperaría del líder del equipo de futbol, el que se metiera con todo el mundo. Lo irónico era que precisamente hace cuatro meses él estaba bastante interesado en que yo entrara en el equipo; y el sus amigos habían insistido más de lo normal. Nunca he tenido mucho interés en el futbol, además de que ya pertenezco al club de boxeo, y eso reduce mi tiempo dejándome solo lo suficiente para estudiar y para el posible trabajo que no he conseguido pero que debía obtener pronto ya que estaba cansado de tener que pedirles dinero a mis padres todo el tiempo. Pero regresando lo que paso fue que decline su oferta y me gane la enemistad inmediata de Jev, la cual se incrementó a un nivel record cuando Debora estuvo detrás mío, ya que al parecer él estaba intentando ligar con ella en ese momento.
En fin ahora estaba en medio de toda esta mierda pero no era un cobarde como para huir y esconderme cuando trataban de meterse conmigo. Él podía creerse el rey de la universidad, actuar como un niño mimado y arrogante o lo que quisiera; sin embargo, si él pensaba que lograría intimidarme de esa forma estaba muy equivocado.
—Ya veo. Entonces ya sabemos dónde estaban ustedes hace poco—dije pasando la mirada por los cuatro, cuyos rostros quedaron del color de los tomates—. El lema de siempre juntos del equipo no era mentira.
— ¡Miserable!—exclamo Jev y me agarro del cuello de la camisa, acercando su iracundo rostro.
— ¿A pesar de tener a todo un equipo para ti buscas más Ford?—le pregunte—tendré que declinar esto también. No estoy interesado.
— ¿Algún problema jóvenes?—la voz del rector pareció congelar a todos los que estaban a mi alrededor y giraron mecánicamente la cabeza hacia él— ¿Me podría decir señor Ford porque tiene agarrado al señor Archer de la camisa?—ahora podía estar seguro de que ese viejito tenía un sexto sentido, ya que siempre aparece cuando se forma una pelea entre estudiantes.
—No es nada señor—dijo el susodicho soltándome y lanzándome una profunda mirada de "me las pagaras", "cuídate la espalda", "si te encuentro solo estarás perdido", entre otras.
—Saben lo que les pasa a los buscapleitos. Ya no hay nada que ver—ordeno y la pequeña multitud se dispersó.
Jev les hizo una señal a sus amigos y se dieron la vuelta, alejándose de la cafetería. El rector me miro severamente y también se marchó. Al final quedamos Amy, la chica que seguía pegada a mi espalda y yo.
—Gracias—dijo la chica apenas me gire. Al apoyar el pie un pequeño quejido escapo de sus labios y cerró los ojos.
—Parece que si te hiciste daño. Te llevare a la enfermería.
—No...no te...preocupes.
— ¿Crees poder llegar por tu cuenta?—pregunte.
Ella negó con la cabeza y la cargue en mis brazos, cuidando de no tocar la zona del pie que se había lastimado.
—Perdón por causar molestias—susurro sin mirarme.
—No es molestia—dije caminando, con Amy a mi lado izquierdo.
—Pero ahora Jev...
—No es la primera vez que nos enfrentamos así—le dije.
—Eso es porque tú siempre estas metiéndote donde no te llaman y buscando problemas, y ni siquiera es solo con Jev—me regaño Amy— ¿Olvidas lo que paso la última vez?, casi no te sale esa pintura y tuviste que faltar varios días a clase. Y la anterior a esa cuando te castigaron y te dejaron limpiando la sala de trofeos, Ahh y cuando esos tipos armados se...
—No es necesario que lo digas todo Amy—dije al ver que sus palabras hacían que la chica se encogiera—, no es para tanto—le dije y ella levanto tímidamente la mirada hacía mí. Era cierto, para mí esto solo era otra mañana normal en mi vida universitaria.
