—Adiós—le dije a la chica, quien me dijo que su nombre era Lana—. Hasta luego—me despedí de la auxiliar de enfermera.

—Hasta luego joven Archer—dijo ella sonriendo jovialmente—, no dejes de pasar si...

—Sí, sí, encantada. Ya es tarde Chris—dijo Amy y me empujo— ¿Tienes que entregar un trabajo no?

—Mierda—salí rápidamente de la enfermería y regrese al dormitorio con la pequeña pitufa pegada a mis talones.

—Y luego dices que no actúas como un casanova—dijo Amy frunciendo el ceño.

—No lo hago—dije.

—Un minuto más y ya te habría sugerido ir al armario de materiales, para que le "ayudaras" a buscar algo...debajo de su falda.

—Lo dudo, en el armario no habría suficiente espacio para "buscar"—dije, ocultando una sonrisa.

Llegamos a mi cuarto, cuidándonos de que nadie la viera ya que estaba prohibido para las chicas entrar en nuestro dormitorio así como para nosotros entrar al de ellas, y le abrí la puerta. No era la primera vez que ella entraba a mi habitación, pero casi nunca lo hacía porque detestaba a Nathan (mi compañero de cuarto). En parte tenía razón por que a primera vista caía muy mal; sin embargo como me había tenido que hacer a la idea de compartir cuarto con el decidí dejar los prejuicios y tratar de mantener una relación al menos educada con él. Pero debía admitir que en el último semestre lo había sentido casi como un amigo, lo cual a veces sacaba a colación ante los ataques de Amy.

—Hasta ahora había pensado que era Nathan el más desorganizado pero veo que tú no te quedas atrás—dijo fijándose en la ropa que estaba esparcida en el suelo, en la cama desorganizada y en la comida sobre el escritorio.

— ¿Quién te manda a entrar sin ser invitada?, además no he tenido tiempo para limpiar—le dije encogiéndome de hombros, pero igual aparte varias cosas para que ella pudiera pasar. Recogí mi material de estudio y lo puse en una pila junto al escritorio

—Oye no he visto al idiota de Nathan últimamente. ¿Sera que lo expulsaron?, o mejor ¿Lo encontraron haciendo algo ilegal?, dime que estoy cerca—dijo cruzando los dedos, emocionada.

—No es así. Dijo que se iba a tomar un pequeño descanso e iría a unas vacaciones con su novia—dije rebuscando entre los cajones del armario.

— ¿Y desde cuando tiene dinero?—pregunto encendiendo la televisión—, no había día en que no se quejara por eso.

—Hace uno o dos meses abrió un negocio con varias personas, tal vez se deba a eso—le dije y entre al baño.

Me bañe rápidamente, me cambie de ropa y regrese al cuarto. Amy me miro y luego miro al televisor, con gesto ausente.

— ¿El?, ¿Abriendo un negocio?, no te creo—dijo retomando el tema de Nathan y cambiando los canales.

Se detuvo en uno de noticias que hablaba sobre un atentado de un edificio aquí en New York.

—Aburrido—dijo.

—No cambies—le dije antes de que oprimiera el botón.

— ¿Por qué?

—Escucha.

Se trataba de una bomba colocada en una industria de cosméticos, la cual había estallado justo a la entrada. Todo el primer piso de la planta resulto afectado, y a pesar de que hubo varios heridos no se habían encontrado señales de personas fallecidas. Entrevistaron a varios testigos que se encontraban cerca y el jefe de la policía dio una declaración sobre los daños ocasionados y las acciones del cuerpo policial. Lo que me llamo la atención fue que se tenía la sospecha de que el objetivo de la bomba no era ese edificio. Todavía no habían asegurado nada pero igualmente la noticia siguió hablando de los establecimientos cercanos al lugar de la detonación. No muy lejos de ahí señalaron un edificio negro, describiéndolo como una importante entidad financiera. En la entrada de este pude vislumbrar, a varios metros, dos hombres vestidos de negro que hablaban entre ellos. La palabra matones les quedaba como anillo al dedo, tanto por sus atuendos como por sus caras.

—Seguro son mafiosos—dijo Amy, recostándose contra una almohada—Mejor leo mi manga.

—Se te va a hacer tarde a ti también—le dije y ella miro el reloj, saltando alarmada un segundo después.

—Que malo eres Chris, si llego tarde será por tu culpa—salió corriendo, para luego devolverse y darme un rápido abrazo—. Te veré más tarde—se despidió y volvió a correr, dejando la puerta abierta.

Imprimí el trabajo, tome mis materiales y cogí el control para apagar el televisor pero una fugaz mancha de color amarilla, que provenía del mismo lugar donde había visto a los sujetos de negro, me distrajo. Podría jurar que se trataba de cabello pero cuando trate de fijarme se cortó la noticia y aparecieron los comerciales. Apague el televisor y lo lance sobre la cama, antes de salir.

— ¿Qué es esto señor Archer?—pregunto el profesor sorprendido al ver la carpeta que le tendía. Cuando llegue la clase ya había empezado y el profesor al verme enarco la ceja, como si no fuera extraño que yo llegara tarde.

—El trabajo—conteste como si nada.

Me miro con el ceño fruncido, como esperando que le dijera que era una broma. Irritado la deje sobre el escritorio con un golpe seco y me dirigí a mi puesto del fondo. Cinco minutos después la clase transcurrió como siempre y me entretuve con mi teléfono, revisando los mensajes que tenía.

Levante la mirada cuando se dio la clase como concluida y salí primero. Por el rabillo del ojo vi las miradas de mis compañeros clavadas en mí, pero no me gire hacía ellos. La imagen que ellos tenían de mi debía ser del chico frio que no pone atención en clase ni hace ningún trabajo, bueno lo último era en parte cierto y a mí no me importaba cambiar esa opinión.

No tenía más clase por el resto de la tarde, solo pasaba un día, y me sentía más aburrido que cansado, por lo que decidí matar tiempo haciendo ejercicio. Regrese a mi habitación para dejar mi maleta y coger mi ropa de entrenamiento. Por el camino sentía que me observaban, pero siempre que daba la vuelta solo veía rostros cansados caminando pesadamente de un lado a otro, como si fueran zombis buscando cerebros. La idea de terminar como alguno de ellos solo sirvió para incentivar aún más mis ganas de ir al gimnasio. Estoy de suerte, pensé al entrar y encontrar la sala vacía, y aproveche eso para poner mi música de entrenamiento bien fuerte y despeje mi mente de todo lo demás.

Luego de varias horas de intensos ejercicios me detuve, tome agua y me relaje junto a la ventana, contemplando la actividad nocturna de la universidad. Ya descansado me dispuse a regresar a mi rutina cuando la puerta del gimnasio se abrió y entro un hombre con un traje negro elegante. Apague la música y lo mire extrañado, preguntándome que haría en un lugar como este vestido de esa manera. Sus ojos negros me hicieron sospechar pero trate de ignorarlo.

— ¿Barr?—pregunto en voz baja y fría, mirándome fijamente y acomodándose el cabello. ¿Barr?

—Ah si—dije, ya que se refería al apellido de Nathan—el...

Me interrumpió al sacar una pistola de su traje y apuntarme con ella.

—Venga conmigo—me dijo sin alzar la voz, señalando hacia la puerta.

¿Ehh?

—Venga conmigo—repitió al ver que no le contestaba—...si es tan amable.

Lo último que dijo sonó completamente ridículo, y me irrito al instante.

—Está loco. Márchese si no quiere tener graves problemas—dije sin pestañear por el arma frente a mí. No era la primera vez que me apuntaban con un arma.

—Si no hace lo que digo será usted el que tenga problemas—avanzo hasta donde estaba.

Lo mire e hice amago de caminar pero en vez de eso me lance hacia donde estaba y le golpee con fuerza el brazo, haciendo que soltara el arma pero obteniendo un golpe en el costado izquierdo. No pensaba que tuviera una técnica buena por lo que cambie mi forma de proceder contra él, esquivando rápidamente sus ataques. En un descuido de su parte lo golpee fuertemente en la mandíbula y este, algo aturdido, me lanzo varios puñetazos pero los bloquee con facilidad, y le golpee estómago. El hombre farfullo, retrocedió varios pasos y se agarró con fuerza, maldiciendo en voz baja. No duro mucho en esa postura pero antes de que se recupera lo patee con fuerza y este perdió el equilibro. Al levantarse continúe evitando sus ataques y luego llego mi turno, en el cual use mis mejores movimientos como pugilista hasta que el sujeto cayo una segunda vez y no se volvió a levantar.

—Muévase—le dije tomándolo de la chaqueta y arrastrándolo hasta la entrada, en donde me encontré con cinco hombres, todos con el mismo atuendo, quienes al verme me apuntaron, exigiéndome que soltara a su compañero.

—Pero quisiste dártelas de rudo, ¿Verdad Jared?—pregunto el que estaba al frente, agachándose y dándole vuelta al hombre— ¿Cómo pudo un crio como este dejarte así?—señalo la herida de la cabeza y la del labio, que seguían sangrando.

¡Maldición!, ¿Cómo es que entran seis tipos armados y nadie se da cuenta?, ¡Joder!, la seguridad de la universidad es una mierda.

Toque los bolsillos de mi sudadera, buscando mi celular. No estaba, claro lo había dejado a lado del parlante, que seguía dentro del gimnasio. Mire a mi alrededor pero no había ninguna alma cerca y sabía que si llegaba a abrir mi boca quedaría igual que un queso, lleno de agujeros.

—Greg, lo mejor es que nos movamos rápido—dijo uno de los sujetos, aproximándose a la escalera más cercana para verificar que no había moros en la costa.

—Eso quería, pero creo que es lo mejor es darle a este niño una lección—dijo este, levantándose y peinando hacia atrás su pelo negro—. Joe, Alan. Lleven a Jared al auto, dudo que pueda por sí mismo.

Creí que esto me daría una oportunidad pero no debía olvidar las pistolas que aún seguían frente a mí. A punto estaban de probar sus puños conmigo, lo cual estaba esperando, cuando un celular sonó y al que llamaron Greg se llevó una mano a la chaqueta y lo saco.

—Aquí Greg—contesto y al ver que me movía hacía un lado volvió a apuntarme—, si aquí lo tengo. Si, ya vamos para allá pero primero quería...—escuche una voz airada al otro lado de la línea— ¡¿Cómo que está ahí?! No espera dile a... solo dile que ya voy...! Por eso te lo estoy diciendo!—grito y luego colgó—. Chicos movámonos, y más te vale no poner resistencia Barr o no dudare en matarte.

—Un momento, yo no...—mi voz se cortó por el fuerte puñetazo en mi sien y estuve a punto de caerme, pero me las arregle para agarrarme de una baranda.

—Cierra la boca—dijo el que estaba más cerca de mí y el dueño del puño.

—Andando, nos esperan en la oficina central—dijo Greg.

Me arrastraron hasta el estacionamiento y me empujaron al interior de un lujoso Mercedes Benz. Fue en ese momento que en verdad me preocupe, por no decir que también me asuste. ¿Cómo rayos es que termine secuestrado?, me pregunte a mí mismo antes de que encendieran el motor y condujeran hasta la entrada. Me ocultaron del guardia, aprovechando que estaba oscuro y que no vería bien el interior del vehículo, y salieron como si nada. Seguridad de porquería.

— ¿Cuál oficina?—pregunte cuando el auto se detuvo frente a un semáforo.

—Cállate—dijo con furia el tipo a mi derecha y se llevó la mano a la chaqueta. El que estaba a mi izquierda resoplo enojado y me dio con el codo en las costillas, dejándome sin aire—. Lo callaste pero creo que sería mejor volarle la cabeza.

—Suficiente. Tenemos que llevarlo intacto. Ya luego se encargaran de el—dijo Greg, sonriendo desde el asiento del copiloto.

— ¿Luego de dejarlos voy al hospital?—pregunto el conductor, arrancando el auto.

—Si Alan, sera lo mejor. Ya cumplimos nuestra misión, capturar a Barr.

—Maldición—murmure enojado por la estupidez de estos tipos.

Seguimos por varias calles hasta llegar a un edificio negro, al cual los colores de la calle le daban una imponencia que monopolizaba la atención de cualquiera que pasara por el lado, y que era el mismo que había visto esta mañana en la noticia. Al entrar al parqueadero me fije en la enorme R de la entrada y trague saliva.

—Abajo—me ordenaron al unísono los dos sujetos que estaban a mis costados, y me baje con algo de dificultad pues en el trayecto también habían atado mis pies. Me desataron para que pudiera caminar y me pusieron una pistola en mi espalda, obligándome a ponerme en marcha. ¿Qué tampoco hay policías por aquí?

Pasamos por el vestíbulo, ni me fije en lo que había a mi alrededor, y seguimos hasta llegar al elevador. Subimos hasta el último piso y al abrirse la puerta estuvimos frente a una recepcionista, quien nos miró un segundo luego miro hacia abajo y luego se levantó apresuradamente.

—Ahh volvieron. Los están esperando.

—Gracias Daisy—dijo Greg sonriéndole al pasar, haciendo que ella se ruborizara.

Yo también la mire y enarque una ceja, incrédulo ante la idea de que ella no se inmutara por ver a alguien atado y con una pistola en la espalda. Ella se fijó un segundo en mí y su ceño se frunció un poco pero luego volvió a sentarse y se concentró en sus cosas.

Nos detuvimos frente a dos grandes puertas y tocaron. La abrió un sujeto de lentes oscuros, y de rostro amenazante.

—Por fin llegas Greg—su voz intimidaba tanto como su rostro y a esto había que añadirle su altura.

Me sentí ofendidamente bajo cuando pase a su lado, ya que parecía más un oso que un humano, pero mi atención pronto se concentró en el hombre que estaba al otro lado de la oficina, quien sostenía una carpeta llena de documentos y los revisaba silenciosamente, a la tenue luz de la lámpara sobre el escritorio.

—Tardaron demasiado—dijo sin levantar la mirada.

—Lo más importante es que ya estamos aquí, a pesar de que el paquete presento algunas dificultades—dijo refiriéndose a la lucha que di antes de que me metieran al carro— ¿Dónde está...

—Le sugerí que saliera a fumar un poco a la terraza, saben que no es bueno que se involucre en estos asuntos—dijo el hombre junto al escritorio y levanto la vista. Sus ojos oscuros me fulminaron un segundo, antes de fijarse en Greg—.También saben que tiene poca paciencia. Tiene varios asuntos que atender pero se apresuró a venir cuando supo de esto. En verdad a veces es incorregible—suspiro—, así que me hare cargo yo de esto—dijo y dejo caer la carpeta con fuerza en el escritorio, para luego tomar el teléfono— ¿Sigue arriba Daisy?—pregunto colocando el altavoz.

—Así es señor. ¿Quiere que le de algún mensaje?

—No—el sujeto colgó y el silencio se apodero de la sala.

Mire alrededor, fijándome en la enorme pecera que estaba en una esquina, en los finos muebles y la vista que ofrecía la ventana. Era sin duda una oficina de elite pero los sujetos que la ocupaban le daban al ambiente un toque peligroso y siniestro. Sin duda son mafiosos, pensé y recordé la alusión de Amy.

El sujeto me analizo unos instantes, sin decir nada. No sabría explicarlo bien pero su sola mirada me hacía hervir la sangre y cuando movió la boca en un gesto burlón olvide que me estaban apuntando con una pistola, patee al tipo que estaba mi izquierda en la espinilla, empuje al que se llamaba Greg contra la pared y use mis manos atadas para golpear al que estaba a mi espalda justo en la quijada. No me fije en los que estaban detrás y abrí la puerta de la entrada, pero una figura al otro lado me detuvo o más específicamente unos ojos celestes, los cuales me paralizaron por completo.