—Estos chicos y sus fiestas salvajes—se quejó la enfermera principal, de más de cincuenta años, quitándome el último pedazo de vidrio incrustado en mi pantalón.
El haber llegado a la madrugada en semejante estado a la universidad debería haber provocado una reacción de pánico de parte de los directivos y los profesores por la vida de un estudiante, que me llevaran corriendo a un hospital y que allí fuera la policía a investigar y buscar al responsable. Pero el asunto es que tenía dos puntos en mi contra; el primero era que mi caso no era el primero del día, ya que al parecer se dio lugar a una pelea dentro del campus por una fiesta no autorizada y los resultados fueron zonas verdes cubiertas de sangre, más de quince heridos en la enfermería (otros por gravedad habían sido trasladados al hospital más cercano) y sí, a la policía por lo que mi aparición solo había sido tomada como "otro del montón" y no me habían prestado atención. El otro punto era que entre el mismo personal de la universidad ya tenía la fama de buscapleitos, adquirido gracias a la colaboración de mis amigos deportistas. De hecho hubo un momento en que si me prestaron atención pero para argumentar que probablemente había sido mi idea y lo habrían sostenido de no ser porque casi al mismo tiempo cogieron a la verdadera mente maestra detrás de la pelea y a mí me dejaron tranquilo. Con todo eso lo más sensato era permanecer callado en cuanto a mi secuestro y pensar las cosas con más calma, o mejor dicho con calma ya que de entrada no estaba para nada calmado.
Cuando terminaron conmigo trate de escabullirme de la enfermería pero los guardias apostados en la entrada fueron lo suficiente amables para recordarme que tenía prohibido moverme hasta que la enfermera lo ordenara, obligándome a entrar nuevamente y diciéndome que me ganaría un paliza en el trasero si volvía a acercarme a la puerta.
Me tendí sobre una de las camas y antes de taparme con la cortina mire alrededor, verificando que todos los individuos en verdad estaban inconscientes. Entre menos estudiantes se enteraran de que estaba aquí mejor. Los maestros preferirán guardar las apariencias y hacerlo ver como un terrible accidente que ya había sido solucionado y averiguar junto con las autoridades las verdaderas intenciones del incidente, cuidando de que nada innecesario fuera de conocimiento público. En cambio sí un estudiante se enteraba de algo de lo que hablaban o si quiera podía reconocer a un herido o un atacante toda la universidad lo sabría al final del día y lo rumores podrían meterme en otro problema que prefería evitar.
Golpee la almohada y al no poder suprimir una mueca de dolor me enoje aún más y la seguí golpeando, hasta no ser capaz de sentir nada. Las mujeres podían decir que los hombres éramos barbaros por descargar nuestra furia con violencia pero no sabían lo bien que hacía, obviamente cuando era con objetos. Más que gritar o llorar cuando uno está enfadado es mejor golpear algo, algo que sabes que ya no vas a utilizar, y de esa manera toda tu ira se canalizaba en solo una cosa. Ya después podías ver las cosas desde otro punto, sentirte más fresco que con una leve llantina, independientemente del daño que pudieras causarte a ti mismo por excederte. Es así como saque todo lo que tenía, machacando en silencio una simple almohada. Al final solté la tela al piso y me tire sobre las plumas que quedaron en la colcha y repase mentalmente lo ocurrido el día anterior. Todo había sido como siempre, dentro de lo que cabe, hasta la aparición de esos sujetos en el gimnasio y como de un momento a otro tenía sobre mí el monto de una suma millonaria, producto de mi estupidez.
Y ahora debía trabajar para ellos, haciendo...un momento ¿de qué rayos es esa oficina?; me había dejado llevar por la idea de que eran unos mafiosos o unos corruptos pero no había escuchado lo que hacían, o más importante aun lo que tendría que hacer yo. Busque entre mi ropa pero no encontré mi teléfono. ¿Dónde diablos esta?, pensé pero luego recordé que no lo tenía desde ayer. Por entre los pliegos de la cortina mire nuevamente la sala, fijándome en el celular que se encontraba en la mesa contigua a mi cama. Lo tome con cuidado, rogando que no tuviera clave. Este prendió y me sentí aliviado al ver que solo debía deslizar el dedo por la pantalla para desbloquearlo. Aunque si lo pensamos bien el dueño era un idiota por no ponerle clave, ya que así cualquiera podría usarlo en cualquier momento como lo estaba haciendo yo ahora.
No me entretuve y fui directo al navegador. En la pantalla apareció el teclado y mi mente se quedó en blanco al tratar de recordar el nombre de la oficina. Recordaba la R de la entrada y...no hasta ahí. En mi memoria recordaba bastante bien las palabras de los hombres, pero era en el recuerdo de la joven rubia donde más me perdía. Tratar de traer sus palabras de vuelta era bastante difícil por su imagen irrumpiendo en mi mente. Aso...Aso... ¡Asociatto!
— ¿Recuerdas una palabra en otro idioma pero no si dijo el nombre de la oficina?—me pregunte a mí mismo, tenía esa maña de hablarme a veces—. Pero antes de eso dijo otra cosa...algo de llamar a alguien...alguien. Era... ¡maldición, ¿Cuál era?!... Ron...Rox...Ru...espera es la segunda si ¡Rox!—teclee el nombre y en el buscador vi una foto del edificio. De acuerdo a la página oficial, se trataba de la oficina más importante de prestamistas de la ciudad. Tenía asociados en varios estados, todos en diferentes negocios y constituidos como clientes importantes de la entidad. A medida que iba leyendo me iba aterrizando en la idea de que me había involucrado con gente muy importante, que incluso tenia contacto con miembros de la casa blanca sino tal vez con el presidente mismo. Lo único que no me quedaba claro era como Nathan había contraído semejante deuda si era claro que esta oficina solo negociaba con las mejores empresas del mundo. La duda de si tenían las manos en ilegalidades hizo que investigara noticias sobre ellos, pero aparte de los artículos que exaltaban la empresa y a sus dueños solo encontré el atentado que por poco había dado resultado el día anterior. Desesperanzado devolví el móvil y permanecí quieto en la cama, mirando las partes del techo cuya pintura estaba desgastada. Algunas veces es sorprendente como el tiempo puede pasar tan rápido que ni te das cuenta pero a si mismo hay ocasiones donde los segundos parecen horas. Lo que sentía era una mezcla de los dos, como si el día estuviera pasando rápido pero al mismo tiempo lento y cuando miraba la hora en el reloj de la mesa junto a la cama mis suposiciones nunca eran acertadas; el tiempo jugaba hoy conmigo.
Frustrado cambie mi posición y trate de encontrarle la lógica a todo lo que había pasado, pero me seguía pareciendo algo imposible. En medio de todo esto sentí una punzada molesta en el medio de mi pecho y me pase la mano, creyendo estúpidamente que me iba a dejar de doler.
—Señor Archer, voy a revisarlo una vez más—dijo la enfermera, mostrando su rostro de pronto y haciendo que saltara, a punto de caerme de la cama. Oculte torpemente mi sorpresa y me acomode, dejando que me examinara—. Es todo puede irse—dijo cinco minutos después—, esta pomada es para las magulladuras y los cortes—me lo entrego, claramente deseosa de que me fuera.
—Gracias por sus recomendaciones—le dije de forma educada, sonriéndole para ver si así no me miraba tan mal. Sus mejillas arrugadas se encendieron un poco y sus ojos me evitaron. Me despacho, recomendando que me cuidara, algo más suave y siguió revisando a las demás personas. Esta vez los guardias no objetaron, probablemente porque su atención estaba concentrada en la auxiliar de enfermería que en ese momento se detuvo frente a mí.
—Joven Archer, ¿Qué le paso?—pregunto alarmada. Me pregunte si su tono fue porque me vio salir de la enfermería o porque mi rostro debía estar peor de lo que imaginaba, y no tenía un espejo para comprobarlo.
—Nada... ¿Acaso tengo mal aspecto?—no pude evitar preguntar.
—Por su forma de caminar diría que si—dijo y me jalo del brazo hacía las escaleras. La universidad disponía de varios edificios donde se impartían las clases de las múltiples carreras pero donde nos encontrábamos ahora era uno de los tres más importantes, que estaba dedicado a la parte de enfermería y contaba con dos pisos. Contiguo a este se podía identificar el edificio donde estaba la oficina del rector y los administradores, el cual era un poco más grande; y en el extremo derecho estaba el edificio de los profesores, el espacio de descanso y planeación de las clases.
Ella me llevo hasta la salida, manteniendo mi paso algo lento. Allí aspire el aire nocturno y me volví para despedirme de ella, ya que seguramente debía estar ocupada con tantos pacientes, pero ella se me adelanto y me pregunto en qué dirección estaban los dormitorios masculinos.
—No es necesario. Estoy bien—dije enderezándome.
—Si es necesario y estaría mal de mi parte no asegurarme de que un estudiante este en buenas condiciones—dijo cruzándose de brazos. No le conteste y empecé a caminar, esperando que se diera cuenta de que estaba bien y regresara sobre sus pasos. A mitad de camino mire por encima del hombro y la encontré a un metro de distancia, con cara de no escuchar ninguna queja de mi parte.
Logre llegar al dormitorio, deseando únicamente llegar a mi cuarto y poder dormir en la cama que estaba acostumbrado.
—Gracias por acompañarme—dije con poca energía.
—Aún se ve mal—dijo tomándome el brazo—vamos.
—Este es el dormitorio de hombres—dije.
—Tengo permiso especial—sonrió.
Algo me decía que si la dejaba entrar no podría tener el momento de descanso que realmente necesitaba por lo que la encare en la puerta y baje la mirada, encontrándome con sus ojos negros.
—Le agradezco nuevamente y le aseguro que regresare a la enfermería si me llego a sentir mal, para que me pueda atender.
Ella se sonrojo y empezó a hablar rápidamente de lo atenta que seria. Le sonreí sugestivamente antes de despedirme y entrar. En el pequeño buzón colgado en mi puerta encontré una nota de un chico de mi clase, creo que se llama Andrés, que decía que había ido al gimnasio y al ver mis cosas había decidido traerlas para devolvérmelas. Al meter la mano cogí el celular y las otras cosas, dejándolas en el escritorio al entrar. Acto seguido me acosté, sin pensar en las clases, en dinero o en ojos azules.
Cuando desperté, por culpa de la fuerte luz que se filtraba por las cortinas de la habitación, mire el reloj y parpadee varias veces, asegurándome de que la hora que veía era la correcta. Eran las tres y media de la tarde. Oculte la cara en la almohada y gruñí. Era la primera vez que guardaba cama por haber tenido una pelea. Sin embargo si lo pensaba detenidamente lo ocurrido hace...ya dos días difícilmente se podía considerar como una pelea como las que usualmente tenía.
Me quede pronto sin oxígeno y levante el rostro. Alargue la mano hasta el escritorio y tome el teléfono, pensando apagarlo para no contestar la llamada. Pero el número no era de alguien conocido y una leve sospecha se anido en la boca de mi estómago, despertándome por completo.
— ¿Quién es?—pregunte nada más contestar.
—Más te vale contestar así de rápido siempre chico Archer—me contesto una voz grave al otro lado de la línea.
— ¡¿El oso?!—reaccione sin pensar.
— ¿Oso?...jajaja—se rio fuertemente-, no es la primera vez que escucho eso. Y ahora—se aclaró la garganta—, faltaste a tu primer día de trabajo, por lo que me mandaron a recogerte. Te recomiendo que muevas tu trasero a la entrada y rápido.
—Ya acepte el condenado trabajo pero me niego a que me vigilen como si fuera un animal.
—Si quieres quejarte hazlo con el jefe chico. Pero dudo que logres algo.
Colgué. Me puse lo primero que encontré y salí corriendo hacía la entrada. Un lujoso auto negro estaba parqueado en la esquina de la universidad, atrayendo la atención de los que pasaban a su lado.
—Iré en metro—dije apenas bajaron la ventana. El oso chasqueo la lengua.
—La idea de ser el niñero de un crio altanero tampoco estaba en mis planes...
No había terminado cuando ya estaba siguiendo mi camino, sin escuchar la bocina a mi espalda. Mis pies me llevaron hasta el metro, y antes de entrar mire de reojo al auto donde venía el oso. Este estaba bastante enojado pero su amenazadora mirada no produjo ningún efecto en mí y entre en la estación. Compre el pasaje, mire el mapa para decidir que ruta me llevaría a mi nuevo trabajo y me puse en camino.
Media hora después llegue a la estación más cercana al edificio, que estaba a más de seis manzanas. Frente al edificio ya se encontraba el oso, con los brazos cruzados. Por los rudos movimientos que hacía con la boca supuse que querría retorcerme y partirme en dos, pero era difícil confirmar esto con la expresión en sus ojos ya que aún traía puestas las mismas gafas oscuras.
—En verdad deseas que te maten, ¿No es así chico?—pregunto.
—Lo importante es que estoy aquí como acorde, ¿No es así?—conteste. Sabía que en cualquier momento este mastodonte podía enojarse y mandarme directo al hospital pero no me importo.
—Entra ya—dijo señalando la puerta negra del edificio. Cuando pase por su lado podría jurar que lo vi esbozar una sonrisa.
Ahora que entraba por "voluntad propia" mire a lo largo del primer piso del edificio. Estaba desprovisto de muebles y además de los cuadros en las paredes no se veía nada más. Era evidente que la idea no era que alguien se detuviera en este piso, ni siquiera para esperar, sino que se dirigiera directamente al ascensor pero no pude evitar observar los colores y las formas de los dibujos que, de cierta manera, llenaba el vacío de la gran estancia. Nunca he sido admirador ni entendedor del arte, ni suelo ver detenidamente las imágenes decorativas o los diseños extravagantes pero había algo en esas imágenes que lograba capturar mi atención y las contemple unos segundos. No duro mucho por el sonido del ascensor y me obligue a moverme hacia el extremo donde estaba. Detrás de mí se subió el oso y pulso el botón del último piso. Permanecí callado, escuchando como el soltaba una pequeña risa cada pocos segundos, hasta que las puertas se volvieron a abrir y mi gesto se ensombreció. El gigante a mi lado recupero la compostura y encabezo la marcha, hablando al mismo tiempo.
—Daisy, ¿somos los últimos?—le pregunto a la secretaria, que en ese momento llegaba por una puerta ubicada al fondo del pasillo.
—No. Aún faltan Joe y Greg que fueron a ver como se encontraba Jared. Ah y hoy no vendrá Mark.
— ¿Porque?—pregunto el oso cruzando los brazos.
—Mmm...El jefe se lo llevo para un trabajo...y para castigarlo creo—me miro y enarco una ceja.
—Ya te informaron del nuevo empleado Christopher Archer—dijo señalándome, como si no fuera obvio que se trataba de mí. Ella abrió los ojos, sorprendida por la noticia y dijo:
— ¿Nuevo empleado?, ¿Cómo es eso?
—Como pago por la repentina deuda que tiene con nosotros. Pero no te preocupes supongo que luego lo explicaran con más cuidado—dijo agitando la mano.
El elevador volvió a abrirse y por el pasaron Greg y...ese debe ser Joe.
— ¿Este aquí?—pregunto Greg despeinando su cabello oscuro y mirándome con desprecio—, pensé que ya estaba muerto.
— ¿Harán entonces una ejecución publica?—pregunto el otro acomodándose las gafas sobre los ojos verdes—, voy por las palomitas.
—Y varias cervezas—le dijo Greg—, ¿dónde están los demás?
El oso y yo miramos a Daisy, quien se había quedado idiotizada contemplando a Greg.
—Están por ahí—dijo Tarben, indicándole con la cabeza y atrayendo la atención de Greg—. Debemos esperar a que lleguen las instrucciones.
Por tercera vez el ascensor se abrió, con solo una persona esta vez. Vincent. Daisy despertó de pronto y lo saludo cortésmente pero él no le respondió.
—Sala de juntas en un minuto—nos fulminamos mutuamente—. Todos.
No dijo nada más y se encerró.
—Wow, ¿que fue eso?—pregunto otro sujeto apareciendo con un trapo en una mano y un arma en la otra. Detrás de él apareció un tercero, con la expresión más seria de todos.
—Tony, llama rápido a Ben y a Joe—dijo Greg—. Esto va a estar bueno.
—De acuerdo—dijo el del arma y se marchó. Seguramente había deducido lo que iba a pasar, solo le bastaba mirarme.
— ¿Junta?—pregunto el que quedo.
—Así es Alan, esta vez con invitado especial.
Daisy les recordó que ya debíamos entrar y todos la seguimos, los tres que faltaban se unieron al momento de entrar. No me habían dicho nada pero seguramente la reunión era para informarles la nueva situación a los que no sabían.
—Tomen asiento—dijo Vincent apenas se asomó por la puerta la primera cabeza. En silencio todos se ubicaron, los puestos aquí debían estar ya fijados, formando una media luna. La escena era algo distinta de lo que se ve comúnmente en las reuniones, la de todos sentados alrededor de la mesa ubicada en el centro de la habitación. De esta forma todos quedaban mirándome directamente y, sin vacilar, me senté enfrente de las ocho personas. Antes de eso mire sobre mi hombro, preguntándome si no faltaba alguien...
—Tenemos nuevas instrucciones del jefe—dijo Vincent y me gire nuevamente—, lo más importante es que esta vez habrán unos cuantos cambios en la repartición del cobro. No será por clientes sino por zonas. Ben tú te encargaras de la zona sur oriente en lugar de Jared—el único hombre rubio del grupo asintió—; Tony tu cubrirás el noroccidente—se dirigió al de que tenía el cabello rizado, color castaño oscuro y ojos negros—. Por otra parte Alan se encargara de la parte del centro que le corresponde a Tarben—quien asintió esta vez fue el hombre de expresión seria sentado a la izquierda del oso—. Mark sigue en el sur, Greg el resto de la parte de oriente, Joe el suroccidente y yo me encargare del norte. Ya saben que armas llevarse en caso de que las cosas se compliquen.
—Estas bebes siempre van conmigo para esas importantes ocasiones—dijo Tony sacando dos pistolas de su cinturón y sonriendo ampliamente.
El rumbo de la conversación paso a las armas, mientras Daisy entregaba los papeles que probablemente requerirán para cada sector.
—En cuanto a Tarben—señalo al oso—, él no va a estar en ninguna zona porque la tarea que le puso el jefe es vigilar al títere que tienen al frente, Christopher Archer—varios pares de ojos se enfocaron en mi rostro, estupefactos—. Alexandra fue quien tomó la decisión y Rox no se opuso.
¿Se llama Alexandra?, pensé.
— ¿En serio?—preguntaron dos a la vez.
—Esto es inesperado—dijo Joe mirando a Vincent—, hace un año el jefe dijo que en esta oficina solo estaríamos los nueve.
—Así era—dijo Vincent—Pero ahora cambio y no quiso escuchar ninguna opinión. Sus únicas palabras al respecto fueron...—saco su celular—. "Asegúrense de enseñarle algo de disciplina a la nueva mascota"—Ben, Daisy y el oso se rieron por lo bajo y sus risas solo aumentaron mi enfado.
—Era de esperarse algo así de su parte—dijo Daisy—, y dice que no le gustan los animales.
—Es como dijo antes Vincent, incorregible—le siguió el juego el oso.
—Bueno si el Rox termino aceptando no voy a ser yo quien se oponga—dijo Greg—, además dudo que mantenga por mucho tiempo esa decisión.
— ¿Te das cuenta de que hablamos de Rox?, ¿cuánto tiempo llevas trabajando aquí zopenco?—le pregunto Joe.
—Más que tú, cuatro ojos—le contesto Greg.
—No empiecen—se quejó Tony al ver que Greg le hacía gestos de lucha a Joe y que este a su vez lo seguía provocando.
—Suficiente—dijo Vincent y los dos dejaron de amenazarse—, esos fueron los temas de la reunión.
— ¿Y tú qué opinas Christopher Archer?—me pregunto el oso con curiosidad—, ahora que vas a trabajar con nosotros.
Quitando al oso el resto de los presentes me miraron como si fuera el más repugnante de los insectos. Pensé seriamente en marcharme de ese lugar por el repentino presentimiento que tuve de que iba a estar en medio de un infierno si me quedaba.
—Yo...
—Seguro este está asustado—soltó Ben. Todos esperaron mi respuesta con una sonrisa, seguros de que la respuesta que les daría. Por lo que parecía debían estar muy acostumbrados a intimidar con su presencia o haciendo uso del importante nombre de este lugar para lograr así que todo el mundo bajara la cabeza...pero yo no pensaba darles el gusto ni a ellos ni...a esa mujer.
—En absoluto. Yo acepte el trabajo y una vez que empiezo algo lo termino—conteste seriamente, pasando mi vista por cada una de las caras.
—Eso lo veremos Archer—dijo Vincent cuando finalmente lo mire—. Muchachos, vendré al final de la otra semana para ver cómo van las cosas y hasta entonces...diviértanse con la nueva mascota del Rox.
