Advertencia:
Referencias al mundo de la música clásica.
El flamenco violeta
El flamenco violeta no era un apodo cualquiera.
El solo hecho de unir esas dos simples palabras y mencionarlas en un lugar donde la música clásica predominaba, era obvio a quién se estaban refiriendo.
Si lo ves desde un lado objetivo, es realmente estúpido decir que esa ave es violeta cuando normalmente es rosa.
Verán, cuando Roderich debutó, llevaba un fino traje violeta y eso no fue todo; el estilo en que dirigía la orquesta filarmónica de Viena era tan... elegante.
Su comodidad, destreza y habilidad que tenía sobre el escenario solo podía ser comparada con la del flamenco; un ave igual de elegante que podía mantenerse de pie con una sola pata por largos momentos y no mostrar señal de cansancio.
Era una temporada importante, la orquesta filarmónica de Nueva York se iba a presentar en La Usina de Arte, un espacio dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; como parte de su gira sudamericana.
En esta ocasión debía dirigir a la orquesta joven de Nueva York junto a la bellísima Elizabeta Hedervary, el floripondio.
El austriaco salió de su camerino y todas las miradas lo seguían mientras caminaba. Ya estaba acostumbrado a estar rodeado de ojos y silencios incómodos. Aunque eso le importaba en lo más mínimo, la única cosa por la que seguía en este mundo era el deleite de saborear los aplausos de público.
Pero era muy pronto para pensar en aplausos, ni si quiera estaban en el escenario. Todos se encontraban en fila, esperando la hora de la verdad... fue entonces cuando vio a la chica de ojos verdes y ahumados, acompañada de su instrumento.
Se acercó a ella-Buenas noches, señorita Hedervary-tomó la mano derecha de la húngara con delicadeza y la besó, tal y como lo hacían los hombres de antaño.
-Igualmente, señor Edelstein-a pesar de que se llevaban por solo un par de años, le parecía extraño tratarlo como su igual, ya que profesionalmente, lo veía como un hombre mayor.
En fin, no estaba sorprendida por el beso, era muy común que él fuera así con las mujeres. Era de las pocas, por no decir única, que no había caído en su hechizo.
Ambos habían viajado desde Alemania para este concierto, es más; era la tercera vez que intercambiaban palabras.
Como era de esperarse; los demás veían el encuentro como una escena romántica, lo que incomodó a la húngara; el joven soltó la mano de Elizabeta y se dirigió a su puesto, mostrando la espalda a los presentes, quienes esperaban su turno en el escenario.
-Espero que sus instrumentos suenen igual de bien que sus murmullos- Edelstein los miró de reojo.
Primero entró la orquesta joven, cuando lograron ubicarse; Elizabeta fue la siguiente en salir, recibiendo un saludo cálido de los presentes.
Cuando llegó el turno de Roderich, una lluvia de aplausos anunciaba su entrada.
Continuará...
Nota del autor:
Los lugares y grupos musicales en el presente fic, son reales.
Pueden visitar mi página de fb para más detalles.
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