Título: Galletas
Ranking: M (Lemon al Final)
Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?
Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.
Pareja: InuYashaxKagome
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
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El regalo
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El día siguiente al anuncio de su pedido fue exactamente igual, le sorprendió que la mayoría aún no se rindieran, quizás de verdad necesitaban que ella fuera su tutora. Una débil punzada de culpa la hizo dudar de toda esa situación, incluso un chico pelinegro de coleta baja y ojos azules se la había pasado acosando a su mejor amiga en la preparatoria por una respuesta. Aunque creía que también lo hacía por algo más… Seguramente un interés especial de él hacía ella, sin embargo, por su causa Sango tenía que aguantar al mismo pervertido que ayudó el año pasado.
Suspiró. Cuando llegó a su salón de clases y todos los chicos la recibieron preguntándole por la respuesta tuvo que ignorarlos. Caminó hasta su mesa-banco ubicado en el último rincón de la última fila y se sentó en la incomoda madera que crujía por causa del tiempo, deseando que las sillas fueran más cómodas y tener de nuevo aquél viejo sistema escolar antes de que fusionaran todos los niveles educativos en un desastre.
Alzó la cubierta de su sitio y descubrió entre sus libros un extraño paquete de color blanco. La tomó entre sus manos y sintió la suavidad de la tela, era una bolsa de buena costura y atada con un listón de color dorado. Su corazón se aceleró a mil por hora y empezó a bombardear más sangre de la necesaria, toda acumulándose en su rostro aniñado y angelical. Abrió el envoltorio y descubrió que eran sus favoritas: las galletas cubiertas de caramelo que tanto le gustaban. — ¿Qué es lo que te han regalado, Kagome? —Preguntó una de sus compañeras al notar el intenso sonrojo que traía en la cara. —Vaya, al parecer tienes un pretendiente… ¿pero por qué regalarte eso? —Cuestionó su amiga Yuka con malicia, tratando de acercarse a observar.
—No lo sé. —Expuso tratando de parecer indiferente, no quería que nadie notara que era lo que le gustaba porque eso le traería problemas. —Tal vez le pareció un buen regalo, aunque no me desagradan tanto.
— ¿Quieres decir que es lo que te gusta? —Preguntó entusiasmado un compañero metiche que escuchaba la conversación. — ¡Hey, chicos! Ya tenemos la respuesta…
—No, no, por favor…—El alboroto que se formó dentro del salón atrajo la atención de todos los alumnos que rondaban en esos momentos, los gritos de felicidad empezaron a escucharse por todos lados, presionándola. Sentía ir el aire, no lo soportaba más. — ¡No es eso! ¡Silencio todo mundo! —Finalmente explotó. Gritó con todas las fuerzas de su alma y en un instante acalló a todos, ella se caracterizaba por su dulzura y amabilidad con los demás, pero en el momento en que se molestaba ni siquiera su hermana Kikyou podría detenerla.
Así que, extrañados por su comportamiento, fingieron obedecer al profesor que entraba al salón dejándola tranquila.
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Al igual que las clases de secundaria, ellos habían finalizado. Por algún insólito y curioso incidente con los profesores, en donde a todos los autos misteriosamente les poncharon las llantas y destrozado los cristales todos los estudiantes de Universidad y preparatoria quedaron libres a partir de la sexta hora.
InuYasha y Miroku caminaban por los pasillos de los salones de tercer semestre de economía hacia la salida de ese infierno educacional. El rostro enfurruñado del menor no era ninguna novedad del día a día, pero ese en particular había sido por un motivo nunca antes suscitado.
Toda la mañana recibió regaños por parte de los profesores por su peculiar moda juvenil, había decidido aclararse el cabello negro para mejorar su aspecto, por una apuesta perdida había murmurado Miroku anteriormente pero eso quedó en el olvido al recibir un puñetazo en el ojo derecho.
Había buscado un tono claro pero gracias a la poca experiencia de la estilista quedó de color plateado, muy extravagante para su gusto, pero llamaba la atención de todas las chicas, quienes si ya de por sí le acechaban, ahora le acosaban como buitres a un pedazo de carroña. —Sigo pensando que tu estilo es muy particular amigo…—No consiguió ocultar una risa al ver de nuevo el perfil de su compañero. Debía admitir que esos ojos dorados eran extravagantes y el pelo le complementaba muy bien resaltando el lado salvaje que lo caracterizaba, pero no podía dejar de burlarse por el repentino desliz del ex-pelinegro.
—Oye Miroku, no sabía que le mostrabas la escuela a tu abuelo…—Una risa por parte de un joven se escuchó a sus espaldas. Bankotsu, un moreno que llevaba el cabello en una trenza y era el eterno enemigo a la vez que compañero de ambos, pasaba por ahí y no perdía oportunidad de burlarse del ahora albino.
—Maldito Bankotsu, te voy a…
—Mira InuYasha, esa es la pequeña Kagome…—Exclamó Miroku. De esta manera interrumpió un intento de asesinato más del ambarino.
Le encantaba estar junto a él para ver, día a día, las veces que estaba a punto de ir a la cárcel a causa de sus constantes arrebatos de ira. Claro que eso le decía él, porque bajo ninguna circunstancia era saludable soltar a InuYasha cuando sabía que no era conveniente.
Lo cuál era, la mayoría de las veces…
Con su dedo índice señaló una joven de cabellos ondulados dentro de un aula de clases. Le vio salir y dirigirse a la biblioteca. —Parece que se siente mal…
El tercero en escena les miró de mala manera al sentirse ignorado y sin siquiera comenzar su pelea habitual, pero al ver de quién se trataba sonrió con burla y se retiró silenciosamente. Había alguien a quién debía informar.
— ¿Eso crees? —Preguntó InuYasha fingiendo no darle importancia. Pero una sonrisa discreta lo delató, el día anterior ya la había visto admirando su merienda preferida puesta en su mesa, casi devorándola con la mirada y los recuerdos de años atrás afloraron.
Ella, sentada junto a él y su hermana en una mesa, compartiendo una comida que pretendía ser normal. Aquella ocasión era su presentación formal ante la familia Higurashi como el novio de Kikyou, por supuesto nada había salido como planearon y él terminó peleando a gritos con esa malcriada por un paquete de galletas y el control del tiempo de la mayor. Recordaba cómo había sido de controladora con su ex novia en ese entonces y lo fastidioso que resultó.
Aún era demasiado joven, no recordaba nunca haberse percatado de cuánta diferencia de edad había entre ellos dos hasta ese momento. No se había dado cuenta, de que podía ser algo bonita…
Miroku observando el excepcional comportamiento de su amigo, ahora albino, se le ocurrió una fascinante idea, basada en su presentimiento de que le había gustado la chica. —Seguramente es por culpa de esos dichosos estudios, se esfuerza demasiado… —Exclamó feliz mientras el pobre ex-pelinegro quedaba con las facciones congeladas debido a la sorpresa, creyéndose descubierto en su análisis a la azabache. — No estaría mal ir a consolarla…—No, definitivamente no podría dejar sola a esa niña con un pervertido de tal calaña. En cuanto Miroku dio un paso fue tomado del cuello de la camisa por InuYasha. —Vamos, suéltame amigo, ella necesita alguien en quien confiar…
—Yo no creo que tú seas la persona indicada para ello…—Se acercó a él, escrutándolo con la mirada. Una vena en la sien empezaba a sobresalir debido a la furia interna que tenía, extrañado, soltó a su amigo y se preguntó que era lo que le pasaba. —Maldito Miroku…
—Debo ser un completo maldito, por hacerte reaccionar así sobre esa niña… InuYasha ¿es que acaso estás celoso?
— ¿Celoso yo? —Contestó difícilmente saliendo de su asombro. ¿Cómo podía preguntarle eso? Era verdad que cuando la descubrió en la cafetería no pudo evitar echarle un vistazo a su cuerpo, solo para comprobar cuanto había cambiado de verdad. A pesar de ser apodada como pequeña su cuerpo estaba muy bien formado, las piernas muy bien torneadas, la estrecha cintura de fino talle, el busto, aunque en crecimiento, más formado que varias de Universidad con las que había salido. Era mucho más hermosa que su hermana cuando salía con ella. Pero eso no cambiaba el hecho de que fuera apenas una niña que lo odiaba con seguridad. —Por favor, solo quiero protegerla de ti… Te conozco desde que nacimos y no pienso dejarte ir a la cárcel por tratar de abusar de una menor de edad.
—Si no confías en mí, ve tú. Anda, te reto. —El sonrojo leve que nació en las mejillas del ambarino le ocasionó la burla del otro. Tal vez no estaba tan equivocado al pensar que a él le gustaba la chiquilla. —Te reto a robarle un beso a Kagome Higurashi…
— ¿¡Yo qué!? —Protestó apenado. —Espera maldito, que tú seas un pedófilo no significa que yo también… Existen muchas diferencias entre tú y yo…
—Vamos, solo bromeaba, tú no eres capaz de hacer tal cosa con una mocosa, aunque muy bien formada.
—Feh. —Masculló sin ganas, maldiciéndolo internamente definitivamente la mente enferma de ese sujeto lo haría terminar su carrera con título honorario. Un perfecto sexólogo. Comenzaba a sentir pena por las mujeres que tuvieran que ir a su consultorio. —Suspiró pesadamente. —Tú ganas, iré con esa mocosa, pero no será para lo que crees…
—Como digas, amigo. —El ambarino partió, el oji-azul no podía perderse tal oportunidad. — ¡Asegúrate de que no te cachen los profesores o son capaces de entregarte a la policía! —Gritó con toda intención de que le escuchara él y los curiosos que voltearon, esperando humillarlo y tal vez que se regresara dispuesto a darle una paliza, pero el albino los ignoró por completo.
Decidido caminaba hasta la biblioteca para saber que le sucedía, sospechaba que el dichoso problema que tenía había sido por culpa de algo que había hecho en la mañana deliberadamente y sin pensar en las futuras consecuencias. Un pequeño paquete que le había regalado por un impulso nacido de la nada, simplemente por el gusto de verla disfrutar.
Sonrió al recordar la dulzura que irradiaba su mirada de infanta mirando absorta esas galletas, aunque por un momento podría haber jurado que también lo miraba a él. ¿Lo recordaría? Él salió algunas veces con su hermana mayor pero no había funcionado, la desconfianza entre ambos era mayor a pesar del enorme cariño que poco a poco se convertía en amor y terminaron hiriéndose.
No volvió a verla debido al fracaso de su relación con Kikyou. El día de ayer, en el momento en que ella se marchó de la cafetería vino a su mente uno tras otro recuerdo de esos tiempos, cuando ella le sacaba la lengua como la niña que era y luego venía un golpe en la cabeza para salir huyendo. Nunca logró atraparla.
Entró por la puerta principal y encontró la biblioteca vacía, ni siquiera había la encargada sentada sobre su escritorio cuidando, ya que la señora se la pasaba en el cuarto de atrás chateando en una página de citas. Lo sabía pues debió entrar una vez ahí, encontrándose una escena grotesca en la cámara web que preferiría no volver a ver. Era de esperarse de una solterona amargada y sobretodo urgida como esa.
Buscó con la mirada sin éxito, pero sus sentidos se alertaron cuando detectó las voces alegres de un hombre y una mujer. ¿Sería ella? —Gracias por el regalo. —Escuchó decir. —No esperaba que nadie se diera cuenta de ello. —Esa dulce y delicada, voz. No había duda que era ella, pero ¿con quien hablaba? Y sobre todo ¿De qué regalo?
—Fue un placer, preciosa, con solo ver esa dulce sonrisa en tus labios me doy por satisfecho. — Ese timbre tan desagradable, altivo y arrogante, solo podía ser de su peor rival. El enemigo de toda su vida y que iba en su mismo semestre de Universidad. Quiso asegurarse antes de sacar conclusiones apresuradas, inmediatamente enfocó su visión y por fin los vio en un rincón oscuro donde la luz apenas tocaba, reconociendo algunas de sus estrategias como tomarla de las manos y mirarla como un cordero degollado estuvo seguro de sus intenciones. Si ese maldito rabioso se atrevía a tocarle un solo cabello… No sabía que pasaba pero la rabia se apoderaba de su ser, necesitaba acercarse más. —Eres una hermosa damisela. ¿Te gustaría salir alguna vez conmigo?
—Joven Kouga, es que yo…—Murmuró apenas, con el tinte rojizo cubriéndole hasta las orejas, era notable el cómo luchaba por respirar en el vaivén de su pecho.
Él no perdía detalle de los movimientos. Le resultaba imposible desviar su mirada del lugar, no entendía porque sus ojos no podían desprenderse de esa escena tan patética y desagradable, ni porque sentía que le estrujaban el corazón y el estómago se le retorcía de la rabia.
¿Qué se creía el muy imbécil, tocando así a una niña? Ella era una chiquilla apenas, nadie debía acercársele. ¡Por todos los cielos, solo tenía quince! Ambos eran mayores por una enorme brecha de doce años, estaban en ese punto exacto dónde la diferencia de edad si importaba pues mientras el buscaba alejarse de las tonterías infantiles ella todavía reaccionaba de forma dulce e inocente.
Estaba atrapado entre el orgullo y el deber, ni siquiera eran lo suficientemente cercanos para dar una buena excusa cuando la arrancara de esa escena ni entendía por qué razón a él le importaba tanto. No la conocía.
No soportó más cuándo ése se acercó demasiado a sus mejillas… Al carajo con todo pues nadie tocaba algo que era suyo.
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N/Kou: Arggg, por as que trato de hacer a Inu menos posesivo... ¡Es es que es un bestia! Pido perdón por haberme tardado tres mil años, la historia esta completa y, a menos que de verdad quieran leerla antes, el próximo viernes subiré el capítulo sin falta. Es que estoy en un concurso en el foro "La aldea oculta entre las hojas" y tengo que leerme a fuerza diecitantas historias y dar un comentario de treinta palabras, mi cabeza no puede más.
serena tsukino chiba: espero que te haya gustado, perdona por tardar. Un abrazo para ti también :3
Guest 1: Kya! *Salta hacia atrás del susto* ¡Perdón, perdon, perdón, perdón, perdón! No fue adrede tardar tanto, solo que siento que eso de los tres años te refieres al SesshKag xD Y debo admitir que me halagas, espero no ofenderte, nunca esperé a alguien que me recordara tras tres años, soy feliz ToT Te juro que este no tarda pues esta terminado, solo es cuestión de subir. PD: Lo se, somos muy crueles en esta página TwT
Guest 2: Perdón, no me fijé en eso xD Pero si sigue, son siete caps :3
Miyuki Kuran Taisho Kirryu: Espero haberlo escrito bien xD Perdona la tardanza, esta historia ya esta completa asi que no volveré a demorar. Un enorme abrazo, y bienvenida :3
