Título: Galletas

Ranking: M (Lemon al Final)

Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?

Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.

Pareja: InuYashaxKagome

Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.

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No es una niña

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Apretó su puño hasta casi quedar blanquecino, mientras los involucrados en sus sentimientos de rabia y celos no aceptados, se mantenían ajenos a la situación. —Por favor, llámame Kouga, no me hagas sentir tan viejo…—Tomó de nuevo sus manos de blanca porcelana y notó el contraste de sus manos rudas y morenas. Él, de tez morena y ojos azules era bastante mayor que la joven. Llevaba el cabello largo de color negro carbón, sujeto en una coleta alta. Estudiante de maestría de administración de empresas y cursando el quinto semestre. Según el plan de estudios era el tiempo de duración, había algunos que estudiaban en trimestres, bimestre o durante un año sin interrumpir. — ¿O es que acaso te lo parezco, Kagome?

—Bueno, no, pero es que usted es doce años mayor que yo…—La joven sonrió algo tímida, le costaba resistirse ante la sonrisa de ese hombre. No ocurría comúnmente que la invitaran a salir si no era por intentar que les ayudara a estudiar, aunque los había osados que cada año la buscaban solo para eso, como el mismo que actualmente acosaba a su amiga Sango. —Además yo no estoy acostumbrada a las citas en esta época del año. —Ni esa época ni nunca, jamás había tenido una cita en su vida. Siempre le daba más importancia a los estudios, eso y que nunca había sentido la necesidad de salir con nadie.

—No te preocupes linda, no quiero presionarte ahora… —Se levantó de su asiento con cuidado de no causar ruido y rodeó la mesa hasta quedar junto a ella. El ambarino que miraba con rabia toda la escena se alegró de que por fin se marchara y que ella le hubiera rechazado. —Por el momento lo único que te pido es esto…—Se acercó a ella mientras el albino miraba impresionado y despertando sus instintos asesinos, si él se atrevía a… lo mataba, juraba que no duraría un segundo más con vida. La tomó del mentón y la guió hasta él con lentitud, pero en el instante en que iba a darle un beso ella ladeó el rostro, nerviosa. El resultado fue el contacto de su mejilla izquierda con los labios masculinos. —Adiós Kagome…—Respondió algo desilusionado.

El moreno se retiró del lugar con gran agilidad y rapidez. No por nada se ejercitaba en el gimnasio todos los días. En cuanto se supo sola suspiró pesadamente y dejó ir todo el aire que retenía en el pecho. Cuando fue a refugiarse en la biblioteca estaba segura de que no habría nadie por el horario, además de que nadie de su escuela era dado a disfrutar de los libros como ella, pero lo que no esperaba era encontrarse con el joven Kouga. Le dio tanta vergüenza que encontrara los rastros de algunas traviesas lágrimas de sus ojos. No lo desairó cuando le pidió acompañarla un rato por cortesía ¿Cómo ser grosera con él si acababa de consolarla?

Hasta le acababa de regalar un paquete de galletas cubiertas de chocolate en ese instante. Eran deliciosas, pero nunca tanto como las de caramelo. Además le resultaba extraño que le diera eso si sabía que sus favoritas eran las de caramelo, hasta el paquete que le dio en la mañana lo eran…

Tan sumida estaba en sus pensamientos que no había prestado la mínima atención al hombre que la vigilaba desde la cercanía de un rincón. Su respiración aligerada por la liberación de su estrés, al irse el moreno de ojos azules. No entendía lo que le pasaba con la niña, estuvo a punto de ir a partirle la cara y estaba seguro que había pensado en ella como algo "suyo"

Ella no era nada. Pero un instinto protector había nacido en él en cuanto la vio con Kouga. Debía ser por culpa de la relación que habían compartido hace varios años, aunque no congeniaba de donde si siempre fue muy problemática.

Decidido a averiguarlo se levantó de su asiento y emprendió el paso hasta ella, estaba muy distraída y no notó cuando tomó asiento en un lado. Ya observándola de perfil se veía realmente hermosa. Su cabello azabache contrastaba enormemente con la pálida piel algo bronceada por el sol. Su cuerpo menudo bien formado, el abdomen plano, sus pechos de tamaño considerable, esos labios de color tan rosado. Inconscientemente se relamió los suyos, pero al caer en cuenta de su realidad, sacudió la cabeza, como un modo de ir ahuyentadas esas absurdas ideas. —Kagome…—La llamó en un susurro.

—Eres tú…—Alzó el rostro y su expresión cambió en una fracción de segundo, creía estar soñando. Se dio un pellizco en una de las mejillas y descubrió con emoción que él en realidad estaba frente a ella, llamándola por su nombre. La primera reacción fue lanzarse a sus brazos, abrazándolo con fuerza por el cuello y provocando un efusivo sonrojo en las mejillas del ambarino. Podía palpar su cuerpo a través de la delgada tela de su camisa, malditas prendas especiales para el verano, eran más ligeras y delgadas para soportar el calor. La tentación estaba su alcance y la ropa parecía estar en su contra, ya que en el movimiento brusco uno de los botones superiores se desprendió, dejando en contacto un poco de la dulce piel contra la caliente de él.

—Mocosa… ¿podrías dejarme respirar? —Soltó la frase de un solo suspiro. No quería corresponder por temor a prenderla a su cuerpo y jamás dejarla marchar. La sangre en sus venas comenzaba a correr de modo espeso y eso lo asustó, una niña así no podía despertar tales reacciones en él, doce años mayor. Cuando ella se dio cuenta de lo que hizo sin pensar lo soltó inmediatamente, con el tinte carmesí expandiéndose por sus mejillas. —Gracias…

—Perdóname InuYasha… es que me alegra mucho verte después de tantos años, aunque…—Llevó una mano a las hebras de color plata y las tomó entre sus dedos tan finos y delgados. Eran como hechas de seda, pero color platinado, tan brillante y hermoso. Ella se acordaba de haberlo visto con el cabello negro la vez anterior. —Te recuerdo de cabello negro…

—Sí, es un look nuevo. —Llevó una de sus manos rudas a un mechón y tiró de él para mostrarlo. —Aunque he recibido demasiados regaños por parte de los profesores, tal vez me lo deje como antes.

— ¡No! —Se apresuró a decir la azabache. —Es decir, se te ve muy bien, además resalta tus ojos de color dorado, tan hermoso ámbar. —Llevó las manos a su boca para cubrirla en cuanto se dio cuenta de que dijo lo que pensaba. Él la miró divertido, era curioso escuchar halagos tan… ¿poéticos o aniñados? No sabría describir, estaba acostumbrado a las majaderías de las chicas de su Facultad y el escuchar decir eso a una niña de sólo quince años era raro, aunque extrañamente satisfactorio. —Tengo que irme InuYasha…

— ¿Te pongo nerviosa? —Interrogó divertido ante la mirada apenada que le devolvía Kagome. Tomó una de sus pequeñas manos y las llevó contra su propio pecho, avergonzándola más. Era adorable descubrir en ella esas actitudes de ingenuidad y ruborizarla por cosas tan simples, aún era demasiado inocente. —A mi no me molesta que me digas eso, al contrario, me fascina. —Besó con cuidado la piel de su mano y le miró a los ojos dulcemente. No estaba bien jugar con una mocosa pero no podía evitarlo, es que ver arremolinarse sus mejillas de color rojo era inigualable. — Nunca escuché a nadie decirme que le gustaban mis ojos de una manera tan infantil. Eres una buena niña.

—Tengo que llegar a mi casa…—Arrebató su mano y se levantó de improvisto, huyendo de su presencia. Le había dolido que la llamara de ese modo. Infantil. Niña. ¿Y cómo no imaginarlo antes? Un hombre mayor como él jamás tomaría en cuenta a una adolescente como ella, si la volteaba a ver, sería con ojos de alguien mayor, de un superior. No debió hacerse ilusiones sólo porque la recordara.

—Espera… ¿Qué fue lo que hice? —Él también se levantó de su lugar y le tomó del brazo para retenerla, no entendía el por qué de su cambio de actitud tan drástico. —Kagome, no tienes perdón si te vas así, ¿Qué acaso no eres educada, pequeña?

— ¡No me trates así! —Gritó furiosa al albino que tenía enfrente. No le permitiría por ningún motivo que se burlara de ella. InuYasha se quedó de piedra con la confusión enmarcando su atractivo rostro, no entendía la razón de esa mocosa para tratarlo así, si él había sido tan amable con ella. —Tengo quince años, ya no soy una niña…

— ¡Feh! Mocosa…—Se cruzó de brazos, entendiendo toda la situación, pero es que esa niña lo saca de quicio al gritarle eso. En su mente debía entender que era una niña, pero que ella lo retara… le daban ganas de zarandear a la mocosa y darle una lección, para que aprendiera a respetar a los mayores, en este caso, que lo respetara a él. Alzó su mirada para verla de una manera penetrante pero cuando descubrió que estaba a punto de llorar, se sintió nervioso como pocas veces en su vida. La culpa llegó a invadir su cuerpo y sin saber que hacer, le respondió de manera indiferente. —No vayas a llorar, perra…

—Perra será… ¡la más vieja de tu casa! —Quiso reír en ese preciso instante, pero por suerte se detuvo, para ella no era gracioso. Las últimas palabras fueron como un detonante, se agarró a llorar desconsoladamente, justo antes de salir huyendo de la biblioteca.

La irritación del joven creció a un punto insospechado, por el intento fallido de insultarlo como una adulta, aún la consideraba muy niña, por lo que sorprendió la agresividad de sus palabras para insultarlo. Los recuerdos de Kagome cuando la conoció, siendo la misma fiera al defenderse, borró por completo todo rastro de ira al recordarla diciendo esas palabras. ¿Quién se creía? Si vas a insultar debes hacerlo bien. No por tener quince años debía considerarse una adulta.

Pero el estarse riendo de ella le causó una punzada de culpa que se instaló en su estómago, la había hecho llorar. Algo que no soportaba en las mujeres. Debía remediar la situación inmediatamente…

Corrió detrás de ella por una enorme distancia, todas las mujeres del campus volteaban a verlo con ojos de lujuria, todo un símbolo sexual. Se le interponían en el camino para pedirle una cita o decirle de cosas indecentes en el oído, cosas que tanto detestaba. No es que fuera presumido o arrogante y mucho menos engreído, pero él podía darse el lujo de andar con la que se le diera la gana. Todas morían por él.

En cuanto entró Kagome al área de Medicina la perdió de vista, demasiadas mujeres se le antepusieron al camino, pero reclamando algo extraño esta vez. No pedían una cita, reclamaban algo que el no lograba entender. Tan sólo llevaba un día con el cabello platinado y los efectos eran desastrosos, la fuerza de las mujeres contra uno solo estaba empezando a ceder, en cualquier instante quedaría aplastado entre las múltiples féminas.

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N/Kou: Kya, voy de rapidin porque me quedo sin tiempo, lamento muchísimo no poder responder adecuadamente a GUEST, SERENA TSUKINO CHIBA Y A MIYUKI KURAN TAISHO KIRRYU, espero que les guste el capítulo y muchísimas gracias por todos sus comentarios, no sé qué haría sin ustedes :3