Título: Galletas
Ranking: M (Lemon al Final)
Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?
Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.
Pareja: InuYashaxKagome
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
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Castigo
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El tumulto se detuvo de pronto, extrañando al albino. Las mujeres que le habían rodeado momentos antes poco a poco se fueron apartando, aunque varias seguían con la molestia expresa en sus rostros.
InuYasha creyó que era adecuado relajarse unos instantes, dispuesto a analizar la situación con más tranquilidad y calma, volviendo a respirar con la misma cantidad de aire que ahora apreciaba… ¡Falso, al carajo! ¡Exigía una jodida explicación de lo que estaba sucediendo ahora mismo!
Las chicas le habían arrastrado hasta algún edificio antiguo de la Universidad, viejo y desgastado, pero por sobre todo oculto de miradas indiscretas que pudieran salvarlo en caso de un intento masivo de acoso sexual, por decir lo menos. Las Universitarias daban miedo.
Frente a él una figura masculina se abrió paso entre todas y lo reconoció inmediatamente, el más pervertido de todos los hombres que pudieran existir en la Facultad, el más infiel entre todos, rey de la mentira y conveniencia, su inseparable amigo Miroku. — ¿Qué tal mi querido pedófilo? —Alzó la voz, con toda la intención de que ellas lo escucharan pero ninguna pareció darle importancia. Por suerte para el albino ya todos conocían como se las gastaba el tan apodado "monje"
—Mejor que tú, pervertido mano larga…—Su amigo asintió con una sonrisa, fastidiándolo. Odiaba esa manera de tomarlo todo, tan tranquilamente. — ¿Me puedes explicar que sucede, monje?
—Oh, es verdad…—Se acercó a dos chicas por detrás, sobando sus traseros con caricias circulares que no incomodaron a la jóvenes, más al contrario, le sonrieron y caminaron con él al frente. Quiso asestarle un puñetazo por imbécil, lamentablemente sabía que no iría y les daría una bofetada a esas mujeres por humillarse. —Mi querido amigo InuYasha, como bien sabes necesito dinero… y existen dos maneras de hacerme millonario contigo…—Sonrió maléficamente, poniendo de aviso al peli-plateado que debía huir.
—Las malas mañas ya se te fueron al cerebro. —Ladeó su rostro, buscando una salida adecuada. Detrás de las locas había un pasillo despejado…
—Ni lo pienses…—Declaró, adivinando sus movimientos. Las mujeres aún lo rodeaban, y las que cubrían su retaguardia seguían teniendo una vista perfecta de su, por supuesto bien formado, trasero dando un brillo estremecedor a su mirada lujuriosa. El ex-pelinegro tuvo miedo de ser violado en ese sitio…
— ¿¡Y yo porque diablos voy a ayudarte con esto!? —Reclamó furioso, intentando ocultar su nerviosismo y su temor. Las mujeres de la Facultad de Medicina eran las más peligrosas, ya que en esa área era donde se impartían los cursos de defensa personal por los incidentes del año pasado. Mismos en los que participó activamente para crearlos. —Maldito Miroku, ¡Creí que éramos amigos!
—Y lo somos, mi estimado InuYasha…—Su sonrisa tétrica lo dejó sin palabras. ¿Quién desea enemigos con alguien como Miroku a tu lado? —Chicas, si me lo permiten…
Se abrió paso entre la multitud hasta acercarse lo suficiente para tomarlo del antebrazo, olvidando por completo a sus más recientes "amigas". Lo jaló lo suficiente para retroceder unos pasos, llegando a unas bancas de cemento. De inmediato se soltó de su agarre, tratando de invertir la suficiente violencia posible. —Ya no entiendo a tu cerebro, creí que quería que funcionara…—Se cruzó de brazos, su típica posición para ignorarlo. —Pero ahora sé que si tus pocas neuronas se unen, no es bueno para mí…
—Al menos trabajan más que las tuyas…—Intervino una voz nada agradable, el maldito perro sarnoso estaba de vuelta con ellos a unos metros de distancia. —Que no es que sean muchas, ni puedo asegurar que sean de la misma calidad que las mías…
—Me sorprende verte Kouga, normalmente con tu apestoso aroma puedo olerte a kilómetros de distancia.
—Lo dice el anciano…—Resonó la voz de un tercero en discordia. InuYasha sintió la sangre hervir de sólo volver a ver a tan entrometido y pedante imbécil que se daba el lujo de insultarlo.
— ¡Feh! Tan sólo tienes envidia, Bankotsu. —Se acomodó un mechón de la frente en su lugar, mirándolo con fastidio. No eran enemigos, pero tampoco los mejores amigos. Era una relación de peleas nada amistosas que le daba interés a la vida escolar. —Las mujeres me desean más con esta cabellera. —Se volteó al pelinegro de la coleta.
—Oh, cuanto amor… Ya me extrañaba que no pelearan chicos. —Una mirada asesina de parte de ambos fue redirigida a su objetivo. El pelinegro, causante del problema, que siempre se burlaba diciendo que era novios por las constantes peleas los miraba con una sonrisa divertida. —No cabe duda que son una pareja perfecta.
—Déjate de juegos monje, quiero saber porque me citaste aquí…—Bankotsu dejó caer su musculoso cuerpo sobre el concreto sólido. Siendo imitado por los otros dos. —Ahora no tengo el tiempo, en la escuela ya se corre el rumor de la Higurashi y quiero aprovechar…
—De una vez te lo advierto. —Su sonrisa tan casual y amable no se le borró del rostro en ningún momento. Pero el oji-azul parecía extrañamente contento por la repentina molestia que tuvo el albino. —La Higurashi menor ya tiene dueño…—Una fuerte carcajada del moreno fue lo único audible en largos segundos de incomodidad.
—Vamos Miroku, no soy de su tipo. Admito que la mocosa tiene lo suyo, pero yo no soy niñero… En todo caso, a InuYasha es a quien le interesa ser asalta-cunas según he oído. —Miroku asintió con una sonrisa, lanzando miradas a su compañero albino que empezó a relajarse tras las palabras. Pero la sensación de sentirse descubierto en algo de lo que no estaba seguro de haber hecho era lo que reemplazó a la emoción anterior.
—Lo sé, salió detrás de ella y me abandonó a mi suerte…—El joven fingió reproche en su voz, ganándose un golpe por parte del ambarino.
—Además, en caso de querer intentar algo, primero me asesina Kikyou, se dice que cela mucho a su hermana por ser la menor. —Bankotsu también notó la molestia del ambarino. Su mirada se agudizó sobre él. —O me mata el inútil de tu amigo pedófilo. La que a mi me interesa es Kikyou, es realmente hermosa.
—Miroku, tengo ganas de romperte el hocico…—Proclamó el albino, ignorando el comentario. O más bien trataba de cambiar el tema.
—Que cariño mi amigo, igual te quiero Inu…—Su estúpida sonrisa no se marchaba con ninguna palabra. Una vena resaltaba en su sien, pero decidió ignorar el comentario por su bienestar. No quería ir a la cárcel tan joven por asesinar a una lacra, y menos si jamás volvía a ver a esa mocosa, que reconocía, gustaba de molestar.
— ¿Y él, qué vela tiene en este entierro?
—La misma que reza para que no nazcan más idiotas como tú, anciano…
—Estoy hablando con el dueño del circo, no con los animales…
—Mira quien lo dice, bestia canina. Solamente te faltan las orejas para parecer un perro…
—Pues al menos sería un macho, no como la nena de la trenza que no soporta verse mal, si se desacomoda uno de sus cabellos se pone como loca…
—Anciano, no quieras que te mate… Aunque no hace falta que me moleste, estás a un pie de la tumba…
—A un pie estás tú, moreno artificial, si no fuera porque vas a las salas de bronceado…
— ¡Bueno, ya basta! —Gritó el azulino, al ver que ambas preparaban sus puños para pelear. Era divertido escucharlos, incluso no le vendría mal grabar la pelea y venderla en Internet, tal vez llevarlos a concursar a un programa de variedades, en resumen sacarle el mayor provecho a sus compañeros, su especialidad; pero los necesitaba completamente sanos y sin ningún rasguño. —No los llamé para que pelearan, los necesito enteros…
—Entonces habla monje, no tengo todo el día… me espera…
—Su madre, que le dio un ultimátum, si quiere seguir teniendo su permiso tiene que portarse bien. —La voz grave de Kouga resonó en los oídos del ex-pelinegro, el mismo odioso tono de hace un rato. El hombre de ojos azules lo miró desafiante, avanzando ante la mirada embravecida del albino. Completamente celoso. — ¿No es así, Banky? —Bufó ante la molestia de Bankotsu.
—Ha llegado Kouga al rescate, bien…—Se cruzó de brazos, mirando de reojo los celos que tenía InuYasha. Entretenido. Pero la curiosidad por la frase de Kouga no se hizo esperar. — ¿Tu madre te dice Banky?
— ¡Maldito Kouga! —Exclamó molesto. — ¿Qué fue lo que viste?
— ¿¡Entonces, si te dice así!? —Gritaron de pronto. InuYasha no pudo contener la risa y se unió a las carcajadas burlonas de los otros dos, que le hacían señas con el dedo índice, mientras se retorcían en el suelo como unos condenados. —No puedo creerlo…—Las lágrimas salían de sus azulinos ojos, sin poder contenerse. Bankotsu tenía la cara completamente roja sin poder saberse a ciencia cierta si era por la furia o la vergüenza.
—Maldita sea Miroku, ¡Vas a decirme o yo me largo! —Explotó finalmente. Todos lo observaron demasiado rígidos, hasta que él mismo soltó una risa, liberando la tensión del ambiente. —Imbécil…
—Bueno, supongo que lo merezco. —Los demás se colocaron en pie, sonriendo arrogantemente. —Ya que todos están aquí, es hora de empezar…
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Cerró los ojos, mientras algunas lágrimas bajaban por sus mejillas. No esperaba esa reacción de él, es más, ni siquiera lo esperaba a él… Tal vez se comportó como una tonta, no sería nada anormal que un hombre tan atractivo y mayor la viera como lo que es, una mocosa que apenas conocía sobre su vida.
¿Y si lo había irritado? Seguramente un berrinche de una estudiante de secundaria era muy incomodo para él, ahora que lo pensaba mejor, se sentía avergonzada, deseaba no volver a mostrar su cara jamás, sus insultos habían sido tan torpes e infantiles. Seguramente en el momento en que ella salió del lugar InuYasha simplemente se echó a reír de ella. Sentí las mejillas arder de rabia y vergüenza.
Por suerte no lo había vuelto a ver desde que salió de la escuela, apenas salió del edificio fue directamente a casa, por suerte se encontraba completamente sola, nadie haría preguntas incómodas. Su madre, su abuelo e incluso Souta habían ido a visitar a su hermana mayor que ya no vivía en el pequeño templo. Decía que era tiempo de independizarse, e incluso la invitó a ir con ella a un departamento de la zona centro, pero no accedió. Kagome no tenía los mismos deseos de su hermana mayor Kikyou.
Un fuerte golpeteó en su ventana la alertó de inmediato, la figura se veía borrosa, parecía ser un hombre. Tuvo miedo de que fuera un ladrón e inmediatamente tomó un bat de béisbol para defenderse. Esperó cualquier movimiento, temblando de nervios. La ventana se corrió, siendo forzada y su brazo reaccionó por sí mismo. —Mocosa, soy yo…—Masculló una voz conocida. InuYasha entró siendo recibido por un fuerte golpe de bat en su cabeza, dolió pero la fuerza no fue suficiente para dejarlo inconsciente. —Perra, ¿¡porque hiciste eso!?
— ¡¿Cómo voy yo a saber que un maldito perro como tú se metería por la ventana!? —Exclamó furiosa, con el cálido aliento rozando la mejilla de él, perdido entre las sensaciones que le provocaba. No le importó mucho que le gritara de esa manera, estaba hipnotizado por el cuerpo femenino a su total disposición. Sus piernas de color níveo expuestas casi en su totalidad, cubiertas por un diminuto short para dormir. La camisa de tirantes era completamente suelta, dejando delinear sus formas en su mente, imaginando más de la cuenta con el escote tan revelador que se formaba entre sus senos. — ¡Escúchame! —Le gritó dándole un nuevo golpe con el bat, justo sobre el anterior. El dolor lo regresó a la realidad.
— ¡Kagome perra! —Bramó furioso. —Dime que rayos te sucede conmigo, eres muy agresiva.
—Tú me…—Contuvo la frustración al ver que en verdad si le dolía. Una elevación en su cráneo comenzaba nacer, la huella del delito. Sintió culpa por él, en parte tenía razón. Se arrodilló junto a él, posando su mano en la coronilla. Acarició con suavidad, tratando de evitar causarle dolor, las leves quejas de él le otorgaron un poco de confianza. —Lo siento, InuYasha. —Le sonrió. —Pero dime, ¿cómo quieres que yo me imaginara que precisamente tú vendrías a verme, entrando por mi ventana? Para algo existen las puertas.
—No quería encontrarme con Kikyou…—Un leve sonrojo nació en sus mejillas. ¿Cómo una mocosa lo hacía sentirse tan bien? Con sus manos le daba una sensación de paz que no recordaba más que con su madre. Y su cuerpo era una pequeña tentación…
—Mi hermana ya no vive con nosotros, en este momento no hay nadie en la casa… fueron a visitarla. —Notó como los músculos del varonil rostro se tensaron.
— ¿Estás sola? —Preguntó nervioso.
—No
— ¿No?
—Estoy contigo… InuYasha. —Sentenció con una sonrisa, sin imaginar que a él le costaba trabajo contenerse ante ella. Era una niña, una mocosa, una chiquilla, todo adjetivo parecido que enumeraba su mente. Pero ninguno le era útil. Porque tenerla tan cerca le hacía tener ganas de ser tan pedófilo como le decía Miroku que era. Algo extraño le sucedía cada vez que estaba cerca de ella. La sensación de conocerla desde hace mucho tiempo atrás, incluso antes de verla cuando niña, era algo mucho más profundo que no lograba descifrar.
—No digas eso, mocosa.
— ¿A quien llamas mocosa? —Preguntó segura de sí, con la voz rasposa. Sentía la molestia, pero no la iba a dejar salir… no quería deberle una disculpa por mandarlo al hospital con los huesos quebrados por un bate, peor de lo que alguna vez le fue a su amigo. —Yo no soy ninguna niña como para que me llames así…
—Es verdad, no eres una niña…—Ambos estaban en el suelo. InuYasha se acercó gateando peligrosamente hasta ella, recostándola suavemente sobra la alfombra central. La pelinegra estaba demasiado nerviosa, no sabía como responder o que hacer, simplemente se dejó guiar. —Eres muy hermosa…—Se recostó completamente sobre el menudo cuerpo, dificultando la respiración de la azabache. Sus labios se fueron aproximando hasta quedar a milímetros, chocando aliento con aliento.
—InuYasha…—Su nombre sonaba tan bien en sus labios. Sabía que debía detenerse, pero el aroma tan seductor de ella lo hacía imposible. Ella estaría extrañada de su comportamiento, pero el ver ese rostro tan tierno y dulce, los ojos castaños tan expresivos, derrochando miel. Sus labios rosados completamente rellenos… ¿Por qué Dios le ponía semejante prueba frente suyo? ¿Qué pacto tenía ella con el demonio para ser tan grande pecado, a tan corta edad? Se sentía como un violador… Un maldito asalta-cunas…
—Pero aún así…—Se acercó, escuchando el latir desbocado de su corazón. Al menos estaría cerca de probar esa miel, porque él no se dejaría vencer. Ella no se enteraría de sus verdaderos pensamientos, tan poco recatados. Unió sus labios con la comisura de su boca, quedando a una distancia dolorosa de su objetivo real. —Para mí aún eres una chiquilla… y nunca he tenido la intención de algo más. — Alzó su mirada y se levantó inmediatamente, quedándose con las ansias de besarla más allá…
Kagome quedó recostada en el suelo, con la misma posición. El corazón latía a un ritmo desenfrenado, nunca imaginó que estuviera tan cerca de ser besada por InuYasha. El contacto aún le ardía demasiado, pero eso no se iba a quedar así. El hombre se erguía frente a ella, con esa sonrisa arrogante que le provocaba mil sensaciones en su estómago. Necesita un castigo ejemplar.
Sin darle aviso se elevó de su sitio y se abalanzó contra él, uniendo sus labios de forma brusca. Los movió con suavidad, torpemente para él, que rogaba en su mente por controlarse y no enseñarle a besarlo como el lo requería. De una manera salvaje y animal. Pero no podía con una niña de quince años. ¿Por qué no se iba toda su moral por el caño y correspondía? Los labios femeninos succionaron su labio inferior, mordisqueando un poco la carnosidad de éste. InuYasha sintió enloquecer su razón.
Su cuerpo estaba rígido, no conseguía responderle. Cuando finalmente se decidió a ignorarlo todo, ella se separó, interrumpiendo el beso antes de que fuera a cometer un delito. Frustrando más su entendimiento. — ¿Por qué hiciste eso? —Preguntó, deleitándose con el calor que aún emanaba de su contacto.
—Es tu castigo. —él seguía sin comprender. —Por jugar conmigo de esa manera. —Le brindó una sonrisa sincera, sintiéndose avergonzada. —Te dije que no soy una niña… jugaste demasiado rudo.
— ¿Ah, sí? —Aparentó indiferencia. La mocosa se había burlado de él. Era verdad que había sido demasiado rudo al tratarla de esa manera, pero fue lo único que encontró para desentenderse de sus acciones. La mocosa se burló de él. Pero él la había asustado con esas actitudes tan extrañas. La mocosa se burló de él. Y la frase se repetía tras cada justificación para ella. El orgullo era mayor que él, en cuanto ella se dio la vuelta la tomó entre sus brazos, recostándola en la mullida cama. —Kagome…
Musitó débilmente su nombre al dar los besos en su cuello, descendiendo lentamente hasta su clavícula. Era la primera vez que experimentaba tal sensación. Miles de descargas eléctricas recorriendo su cuerpo, alojándose en su vientre bajo. Kagome sabía que para él era un juego, pero a ella le estaba llevando a una impresión tan real en su mente. No quería sentir ilusiones que luego le destrozarían el corazón, le desgarrarían el alma. Los besos se detuvieron y los labios masculinos la buscaron con desesperación, con brutalidad. Saboreando ansiosamente el labio inferior. — ¿Por qué haces esto? —Suplicó suavemente. Él decidió que debía detenerse, era suficiente.
—Es tu castigo. —Susurró, intentando controlar su fuerte respiración. Una sonrisa arrogante se formó en sus labios. —Es lo que pasa si provocas a un hombre… No sigas diciendo que ya no eres una niña.
— ¿A que viniste? —Cambió abruptamente de tema. Con el sonrojo más que notorio en sus mejillas, ahora parecía un familiar muy cercano del tomate.
—Feh. —Masculló, ocultando su rostro. — Quiero pedirte un favor…
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N/Kou: Lo sieeeeeeeeeento. Lo siento, lo siento, lo siento. Estaba atorada con este capítulo, es que, a pesar de que amo la historia cada que la leo siento que las personalidades están algo raras y no me gustan del todo -.-UPero bueno, ya no podía tardarme tanto. Mil gracias a:
serena tsukino chiba: Owww, yo también te mando un abrazo :3 Opino lo mismo, nunca están conformes con nada -.-U Un enorme saludo ;3
Guest: No sé si ambos son de la misma guest, asi que si no es asi disculpenme. Lo que pasa es el SesshKag es mas como tratar de experimentar con mi escritura, en realidad si me gusta la pareja pero jamas tanto como mi amado InuxKag, solo que si te fijas lleva mas de cinco años y aun no lo termino y me da pena, lo empecé como un homenaje a una autora que ya se fue pero el tengo mucho cariño y ella era fan. Me gusta mucho contestar personalmente, pero tienes razón ¡la historia es primero" Un enorme abrazo :3
Nina: ¡Nina! xD No, hasta que tu apareces (?) Ya, en serio te juro que estoy trabajando en el otro, llevo medio capítulo, lo que pasa es que solo tengo chance de escribir los domingos y es bastante complicado con tantas historias pendientes xD
