Título: Galletas

Ranking: M (Lemon al Final)

Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?

Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.

Pareja: InuYashaxKagome

Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.

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Subasta

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La música estridente del lugar le ocasionó una rápida migraña colosal, el aumento de su instinto asesino y ganas de salir huyendo para nunca volver. No toleraba esos sitios tan concurridos, lo suyo era estudiar, no ir a esos lugares, por lo menos hasta dentro de tres años en una fiesta más refinada para su graduación, y sólo así sería arrastrada por sus amigas hasta un salón así.

El alcohol le inundaba los sentidos, se embriagaba con el aroma. Con una mueca de asco y repulsión accedió a llegar aquella noche hasta el evento en el que InuYasha solicitó su ayuda la noche anterior, iba a salvarlo y eso le provocaba demasiada risa.

Las luces del terreno le daban en el rostro de lleno, necesitaba recordar la razón por la cual estaba ahí, recordárselo con fuerza para no largarse de una vez por todas. —Has venido a ganarlo. —Una voz fría habló a su oído y sintió una mano colocarse sobre su hombro. —Recuerda que el idiota ése te pidió un favor y tú, tontamente dijiste que sí.

—Lo sé. —Suspiró resignada. Los ojos marrones la miraban con burla y preocupación, mientras una sonrisa decoraba los labios de rojizo intenso. Kikyou sólo podía ser así de libre con su hermana, cuándo nadie las veía. —Andando.

Entraron al sitio y tomaron asiento. Su hermana, a pesar de ser alguien inflexible y severa, solía salir a divertirse en los antros, bares y discotecas de la localidad. En esta ocasión estaban asistiendo a una especie de fiesta privada y le permitieron la entrada a la pequeña hermana por ser una de las invitadas estelares por el pervertido de la escuela.

Al saber esa información la pelinegra mayor no dudó en acompañarla para protegerla, aunque siguiera diciendo que quería ver el espectáculo que preparaban los alumnos varones de la escuela compartida, ese caos que se hacía llamar educacional.

El salón se apagó de pronto y un grito de mujer se dejó escuchar, después un sonoro golpe y sobre el escenario apareció el joven azulino, con un cachete inflamado y color rojo. Los molestos espectadores bufaron sobre las conocidas mañas de ese tipo, merecía mucho más que una simple cachetada. —Damas y caballeros, la hora de la verdad ha llegado. —Sonrió feliz, tratando de parecer encantador al público, especialmente a una castaña que ladeó el rostro, bastante sonrojada y furiosa. Miroku sonrió nerviosamente, necesitaba contentarla para que olvidara el incidente antes de subir. —La subasta de caballeros de la Universidad, a favor de una causa muy noble, esta a punto de empezar.

— ¡Qué salgan los hombres! —Gritó una fémina alterada.

— ¡Anda, tengo prisa por llevarlos a mi cama! —El joven sudó frío al pensar en lo que acababa de meter a sus amigos, en fin, se lo merecían por no pagar sus deudas de honor en las cartas.

— ¡InuYasha será mío! —El salón enteró calló para ver de donde provenía la voz, incluso la música se detuvo. Todos voltearon a ver quien era el culpable… Sí, era un culpable. La figura de un hombre de aspecto afeminado le sonrió al público que sudó frío. — ¡Hola chicos! —Saludó alegremente a las personas, guiñando un ojo.

—Bien… creo que todos están muy animados. —Prestaron atención al pelinegro de nuevo, la subasta tan ansiada por las féminas estaba por comenzar. —Esta noche tenemos a todos aquellos que fui capaz de chantajear. —Las personas rieron amenas, si supieran que era la solemne verdad. —No, es en serio…. Ustedes deben conocer mejor que nadie a mi mejor amigo, el terco y obstinado InuYasha que me debe unas cuantas…

— ¡Déjalo salir ya!

—Con calma mis hermosas damas. Primero presentaremos al único hombre que conozco que usa una trenza y ninguna mujer se burla al respecto…—Dio un paso atrás y su mano indicó una de las salidas laterales, donde un hombre de ceño fruncido y un puño cerrado que juraba algún día encontrar el rostro del azulino. —Tenemos al primero de la noche, Ohkawa Bankotsu…—EL moreno ingresó por completo y se colocó al frente con una sonrisa forzada. —La cifra inicia en mil quinientos yenes ¿Quién da más?

—Mil quinientos cincuenta yenes

— ¡Mil setecientos!

—Dos mil novecientos yenes. —El silencio se hizo ante esta última oferta, a pesar de que la mayoría en ese lugar eran gente de dinero y estudiaban por hacer algo, eran tacaños. Miroku frunció el ceño, quería mucho más.

—Vamos, por favor. Sólo han sido mujeres, también pueden los hombres… ¿No les gustaría humillarlo por alguna cosa que él les haya hecho? Recuerden que es para una noble causa.

— ¡Tres mil yenes!

— ¡Cuatro mil quinientos!

—Diez mil…—Una voz fría que todos reconocieron al instante resonó fuerte y clara. La mujer en efecto era Kikyou Higurashi que sonreía con parsimonia al joven, él tragó duro. Conociéndola no era nada bueno lo que se maquilaba en su mente.

— ¡Excelente! Diez mil, diez a la una… Diez a las dos… —Nadie dijo nada más, la pelinegra les haría pagar caro si se entrometían en su venganza. Seguro esta vez iba por el intento de seducción del de la trenza, que en una ocasión le causó perder una clase porque se le interpuso en el camino. Kikyou no perdonaba algo así, la perfección con la que se manejaba no se lo permitiría. —Diez mil a las tres… ¡Vendido!

—No… —Susurró Bankotsu desde su sitio, una chica edecán lo pasó al otro lado del escenario tras bambalinas.

Las luces de colores rodearon todo hasta su desaparición y volvieron a enfocarse en el presentador de la noche, sonriente con su público mandó besos a las jóvenes de secundaria y escuela superior que suspiraban por él. Mientras en su mesa Kagome observaba temblorosa el perfil maligno de su hermana, no era común verla así. Conocía que bajo esa máscara la mayor sentía alguna clase de cariño por el pelinegro, pero jamás lo admitiría si ese hombre seguía como hasta ahora. Coqueto y desobligado, nada que ver con el carácter de seriedad y perfección de ella.

Kikyou sintió los ojos chocolates de la pequeña sobre sus movimientos y le sonrió para tranquilizarla, no le ayudaba mostrando su faceta vengativa. A su alrededor estaban todos los estudiantes de la escuela conjunta, la más extraña del país por mezclar tantos niveles de educación. Suspiró, de todos los que había ahí Kagome se fijaba en su ex-novio malhumorado, sin embargo era su decisión. Aunque no creía que estuviera tan equivocada, después de todo tenían temperamentos iguales.

Volvió su vista para ver al siguiente subastado de la noche. Un murmullo de sorpresa se hizo cuando una joven de cabello pelirrojo pasaba al frente y dos chicos tras escenarios miraban con sed de venganza a cualquiera que posara sus ojos de forma morbosa sobre ella.

La reconoció como la prima de Inuyasha y Kouga, Ayame Taishou.

Que a pesar de no ser parientes directamente, ambos hombres estaban ligados familiarmente por la chica de apenas catorce años. —Denle un aplauso a nuestra hermosa dama, Ayame Taishou, que llevará la noche a mi lado. —Sonrió angelicalmente, intentando que ignorar la mano que suavemente se desviaba a sus atributos. No contaba con que la pelirroja la intercediera y en un sutil toque la inmovilizara. — ¿Puntos de presión? —Le susurró, ella asintió.

—Esta noche tenemos a otro joven que en verdad las chicas suspiran por él. Valiente, decidido y sobre todo un sobre protector conmigo. —Risas de las mujeres, bufidos de fastidio masculinos. —Mi adorado primo Kouga Hizuri.

—Reciban con un fuerte aplauso al segundo subastado de la noche. —Los gritos y alardeos de mujeres le inflaron el ego a tal punto que salió, olvidando de todo rencor contra su posiblemente ex-amigo, al menos por unas horas. Si le ganaba al perro sarnoso podrían ser hasta días. —La cifra comienza en mil seiscientos yenes. —Algunos reclamaron el porqué de más dinero. —Simplemente fue de los más difíciles de arrastrar hasta aquí, intentamos recuperar el dinero de los dos hombres mastodontes que lo cargaron. —Todo el público rió, causando vergüenza al moreno. No era más que la verdad.

—Bien, mil seiscientos yenes ¿Quién da más?

—Yo ofrezco tres mil.

—Tres mil quinientos yenes.

—Cuatro mil trescientos.

— ¡Ocho mil! —La voz más temida por los chicos resonó en toda la sala, provocando sudor frío en todo su cuerpo. Jakotsu, de la familia Ohkawa, hermano de Bankotsu y que se supone estaba ahí para comprarlo y salvarle, ofrecía dinero por Kouga.

— ¡Ocho mil quinientos! —La voz decidida de Ayame impresionó a todos, no sabían que ella también se decidiría a salvar a su primo de las garras del mayor acosador de sus compañeros de Universidad, justo aquellos que subastaban.

— ¡Nueve mil! —Jakotsu hizo un mohín de furia y se levantó, golpeando la mesa para darle énfasis a sus palabras.

— ¡Nueve mil quinientos! —Ella no se quedó atrás, le haría la afrenta para salvar a su persona más querida y respetada. Miroku y todos los demás observaban mudos, sin tener el valor de dar otra oferta o reclamar que ella también participara.

— ¡Diez mil yenes!

— ¡Diez mil y un yen! —Todos miraron asombrados que la oferta tan sólo se diferencia de un yen. Hubo silencio y una sonrisa de satisfacción de la pelirroja. Un amigo ya subastado, al lado de su hermano le tapaba la boca para que se callara y no desperdiciara el dinero de la familia. —A la una, a las dos, a las tres… ¡es mío! —Lo pronunció tan rápido que cuando él alcanzó a soltarse ya era de Ayame. Le sacó la lengua la jovencita y se pescó del brazo derecho para guiarlo al otro lado del escenario.

—Lo sé, lo sé… —Exclamó Miroku para atraer la atención. —Eso ni yo lo esperaba, pero prometo que no dejaré que ella se los lleve todos, chicas.

—Ahora con ustedes. —Regresó la joven, y con su mirada verde esmeralda encendida sonrió, especialmente a una chica pelinegra que estaba únicamente ahí para salvar al que quedaba. Kagome se sentía demasiado impaciente. —Mi querido, testarudo, terco, intempestivo, ególatra, y malhumorado primo… ¡InuYasha!

El aludido avanzó, agradeciendo que Ayame lo quisiera tanto. Si no, no imaginaba que sarta de insultos podría decirle.

El joven pasó al frente molesto, pero también algo nervioso. La noche anterior el favor que le había pedido a la pequeña mocosa era ése, salvarlo de la subasta que Miroku hacía a costillas de todos. Sonrió perversamente. Si aquél estúpido supiera que todo en realidad estaba planeado…

Kikyou compraría a Bankotsu, Ayame a Kouga, Kagome a él, y el dinero que supuestamente le sería entregado para su "Noble causa" jamás se posaría sobre sus manos. Organizó todo sin gastar un centavo, el lugar era del padre de Ohkawa, un salón de fiestas que no tuvo ningún problema en prestar y equiparar como un antro nocturno. Los estudiantes iban aparte, no deseaban que ellos cayeran en las sucias manos del pervertido.

La supuesta noble causa consistía en recuperar el dinero que apostaron, pero por las trampas que le descubrieron no le entregaron. Ese tipo ahora exigía intereses y los amenazaba con mostrar fotografías de todos ellos en una clase de ballet clásico de jóvenes, con tutú rosa incluido, donde los mandaron sus padres como un castigo colectivo. Eso y un video donde recientemente colocaban una pequeña bomba molotov, muy suave y pequeña, en el auto del maestro de una de las Facultades.

El plan marchaba a la perfección, por eso Bankotsu calló a su hermano para que no siguieran las ofertas. Ambos sabían que ese afeminado era capaz de pagar la cantidad, ingenuamente.

Recordando la noche anterior, el beso que le robó para hacerla rabiar aún le quemaba los labios. Una mocosa lo hacía extrañarla, esa niñata le obligaba a pensar en ella de una forma poco decente… ¡Se estaba volviendo un pedófilo!

Maldijo por lo bajo, incluso tuvo que confesarle que él fue quien le regaló el paquete de galletas y prometió más a cambio de ese favor.

La azabache se lanzó a sus brazos para abrazarlo, olvidándose de todo enojo o vergüenza. Y haciéndolo a él olvidarse del control o la diferencia de edades, después de todo no tenía la culpa de nacer antes que ella, no es como si lo hubiera decidido o algo así. Tanteó la forma de su cuerpo a través de la tela, descontrolando su calor corporal, no lo soportaría. La obligó a soltarse e iba a regañarla, cuando se contagió del ánimo de sus orbes de canela y todo se le olvidó, ya sólo se despidió y le pidió ir a ese sitio a salvarlo.

—La oferta inicia con setecientos yenes, ya que es difícil que alguien lo quiera en su casa…—La voz burlona del azulino lo sacó de sus recuerdos y quiso apuñalarlo.

—Vamos, sabes bien que mi querido primo será el más peleado de la noche. —Le dirigió una sonrisa cómplice para tranquilizarlo, le correspondió recordando la dulce venganza en la que estaban ahora mismo. Y lo mejor era la sorpresa especial que le tenían. — ¿Quién inicia?

—Mil yenes…—Una mujer que lo devoraba con los ojos.

—Mil doscientos cincuenta…—Gritó un hombre con cuentas pendientes que sonreía malévolo. El ambarino lo reconoció como uno de los que apaleó después de… Algo. Solo recordaba que lo había golpeado.

—Idiota…—Masculló entre dientes. No veía por ningún lado a su salvadora y eso lo empezaba a exasperar. En cambio trataba de esquivar las miradas lascivas que Jakotsu, quien se decía su fan número uno, le mandaba. —Esa mocosa me las pagará si no llega…

—Dos mil quinientos

—Tres mil yenes

— ¡Cinco mil!

— ¡Seis mil!

—Doce mil yenes —Miroku se atragantó en su sitio. Esa conocida voz ofrecía una cantidad extremadamente magnifica, ese era uno de los mejores días en su vida… hasta ahora. El mejor llegaría cuando Sango aceptara salir con él.

—Trece mil quinientos…—Otra persona llegó a dar la oferta. Todos observaban atónitos a quien ofrecía tanto. Y quien les ganaba. Entre hombres y mujeres se disputaban al subastado ya fuera por lujuria o por asuntos pendientes. Era una persona que el público creía que no tenía nada que ver.

—Catorce mil yenes

—Quince mil

—Quince mil quinientos

— ¡Dieciséis! —La pelea seguía y el pervertido con complejo de monje quería correr a los brazos de ambas personas y besarlas. Definitivamente pronto sería más rico que antes.

— ¡Diecisiete! —La voz fue fuerte, segura y decidida.

El silencio reinó y el otro contendiente ya no hablaba.

—Diecisiete mil a la una, a las dos, a las tres. ¡Vendido! —Ayame intercedió rápido y la subasta fue cerrada, InuYasha sudaba frío por la persona que acababa de ganar. Nadie podía creer que ganara…

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N/Kou: Lamento no poder contestar reviews esta ocasión, ando de rapidito xD Muchas gracias a todos por su apoyo, ¡estamos a dos capítulos del final!