Título: Galletas
Ranking: M (Lemon al Final)
Sumary: Una genio de las matemáticas, una escuela loca por conseguirla de tutora y el idiota albino que conoce el precio por tenerle. ¿Qué tantos líos puede un paquete de galletas causar?
Advertencias: Lemon Final/UA/Quizás un poco de OoC/Diferencia de edades/Tema Escolar.
Pareja: InuYashaxKagome
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
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Ganadora
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Las miradas de todos los asistentes al evento se concentraron en la persona mencionada, su determinación por comprar al estudiante de ojos ámbares se reflejaba con incandescencia en su mirada. Su posición parecía la de una mujer defendiendo lo suyo, sus manos que se encontraban sobre la mesa dieron un golpe certero que la tambaleó un poco, sorprendiendo incluso a su hermana mayor.
La joven prodigio, de la que todos buscaban ayuda cada fin de año, acababa de ganar la subasta de InuYasha Taishou, con una suma que muchos aseguraban era incapaz de pagar por su condición de clase media.
El pelinegro sobre el escenario quedó mudo por instantes, pero se recuperó rápidamente al pensar en la supuesta enorme cantidad que acababa de ganar con la subasta de sus amigos, su "noble causa" estaba salvada. —Bueno… creo que la ganadora es la señorita Kagome Higurashi…
—Oye pervertido, ¿Qué no se supone que las menores no participan? —Reclamó uno de los invitados con cuentas pendientes.
— ¡No es justo! —Resonó la misma voz afeminada de Jakotsu, peleando por su derrota y el desacuerdo en la decisión. — ¡InuYasha tiene que ser mío! —El hermano mayor de la familia le palmeó el hombro, susurrándole algo al oído, por lo que pareció quedar más tranquilo, pero inconforme.
—No peleen, nunca dije eso…—Nervioso se acomodó el cabello detrás de la oreja y prosiguió. —Bueno, esto es todo por esta noche, muchas gracias por venir a este magno evento en donde mis amigos tan valientemente sacrificaron su libertad por una noble causa.
Con algunos presentes furiosos, molestos y felices la mayoría pensaron terminado el asunto. Sin embargo todos se sorprendieron al ver al último subastado de la noche avanzar hasta el medio del escenario, y arrebatar el micrófono al anfitrión de la noche, con una sonrisa muy particular en el rostro.
Llamando la atención con unos violentos golpes al aparato, el ruido ensordecedor los hizo girar y advertir que algo interesante estaba por ocurrir si veían al Taishou menor con una tétrica expresión. Era por ello que no todos se aventuraban a acercársele, eran sabedores de su carácter fuerte y engreído, además de las pesadas bromas que se gastaban ente esos "amigos" —Que nadie se retire…—Comenzó a decir el ambarino. —Aún tenemos una sorpresa para mi buen amigo, Miroku…
—N-no es necesario…—Sospechando su pronta muerte intentó retirarse por la escalera lateral, pero InuYasha hizo alarde de su gran velocidad al tomarlo por el cuello de la camisa y arrastrarlo literalmente de nuevo al escenario. —En serio, no es necesario…
—Claro que es necesario. —Ladeó el rostro para observar al público, pidiendo su completo apoyo. — ¿Verdad, damas y caballeros? —La audiencia entera lanzó gritos y chiflidos para ser partícipes de la ocasión tan especial, un casi seguro traumático castigo por obligarlos a ello. Desde un inicio los estudiantes dudaban de la veracidad del evento debido a obvias razones. —Como sabemos bien, tú que eres una gran benefactor hemos decidido que no es justo que sólo nosotros cooperemos con tu "noble causa"
— ¿¡Qué!? —Los murmullos no se hicieron esperar, anticipando las palabras.
—Así que…—Posesionando del micrófono realizó acto de presencia uno de los victimados. Kouga también rodeó por los hombros a sus compañeros en la pequeña venganza planeada apenas el día anterior y sonrió con parsimonia. —Miroku, tú también serás subastado…
—Pero, yo soy el anfitrión…—Buscó la excusa, más no le funcionó. Los dos hombres ampliaron la sonrisa al ver que se les unía el tercer afectado, con un elegante traje recién provisto. Tal y como habían quedado la noche anterior.
—No hay problema, nosotros podemos venderte.
La resignación fue lo único que le restó, debió haberlo sabido desde antes. Si en realidad no hacían ningún berrinche, pataleta o algo para impedir el evento, estando ya sobre el escenario, había sido demasiado. Como una "mente empresarial" tenía el deber de anticipar los problemas aledaños a sus decisiones.
Lo único bueno de esto era que obtendría más dinero para una cosa de demasiada importancia para su vida personal, un asunto de vida o muerte, su deuda de póquer. Todos ellos ya lo sabían, y por eso les pidió amablemente el dinero desde un inicio, pero huyeron, alejando que había hecho trampas, y por causas de fuerza mayor se vio obligado a recurrir al chantaje con videos que en realidad ya no tenía, cortesía de una visita femenina en su casa muy sospechosa. —Con este tipo no habrá suma inicial, pueden ofrecer lo que quieran.
—Yo daré cincuenta yenes por ese pervertido. —La voz fuerte y segura de la mujer fue la única audible para el edificio. En realidad nadie tenía deseos de comprar a un mano larga, y muchos estaban atemorizaos de la castaña que ofrecía una cantidad tan baja por él, cuentas pendientes. —Estoy segura de que nadie más lo quiere… ¿Cierto? —Arrogantemente sonrió complacida.
La mayoría estaban interesados en ver que castigos le eran aplicados para controlarlo.
—Sango, tú…—La aludida volteó a verlo, intentando soportar la risa de verlo tan esperanzado. — ¿Me salvarás?
La castaña no soportó mucho y soltó la carcajada al igual que todos los presentes, una siniestra mirada fue la respuesta negativa que finalizó la noche del evento.
—Claro que sí, Miroku…
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Cuando tocó el timbre en la mañana le recibió una muy sonriente Higurashi que ya tenía todo listo para pedir a su sirviente temporal, una tarea que parecía sencilla pero en realidad para alguien como él era demasiado difícil.
Un mantel, el sitio adecuado, los ingredientes necesarios para la receta estaban listos; todo parecía perfecto. Desde la cantidad justa de harina, las tazas de medición, el mantel de hule para cubrir la superficie ya desinfectada, el agua y las dos personas responsables de crear algo delicioso con todo aquello.
InuYasha y Kagome estaban por preparar unas galletas. Las galletas de caramelo favoritas de ambos.
Si InuYasha quería ser más específico, una casi mujer de quince años, cabellos negros y ondulados, ojos castaños que observaba sonriente al levemente sonrojado hombre con mandil rosa, ojos dorados y cabello recientemente pintado de plata sería la verdadera responsable. Él… Él incendiaría hasta el agua.
A pesar de haber sido un favor el comprarlo como esclavo para impedir los malvados planes de Miroku, ni ella, ni ninguna de las compradoras habían desaprovechado la oportunidad de un idiota que hiciera lo que ellas pidieran.
Cada una de ellas había tenido una excelente idea para la tortura de sus prisioneros. —Bien…—Se cruzó de brazos e inició un ritmo de leves golpes contra el suelo. — ¿Qué esperas?
—En realidad… ¿Ni siquiera puedo preguntarle? —El peli-plateado intentó su mejor cara de cachorro abandonado, siempre funcionaba bien con las chicas. Tras unos largos segundos de espera se resignó y suspiró. —Por favor… sólo preguntaré.
—Nada de vacíos legales. —Recriminó, intensificando el sonido de sus zapateos.
— ¿A qué te refieres? —Cuestionó haciéndose el inocente, tenía un plan bien pensado para salir de esta situación fácilmente, no por nada era bueno en las leyes. Vivir con un hermano mayor abogado que constantemente usaba trucos para salirse con la suya era una lección importante en la vida.
—Lo que en verdad quieres es preguntar si tu cocinero puede venir a hacerlas por ti, y no te lo permito. —Frunció el entrecejo al saber que ella ya sabía de su plan, diablos, lo había olvidado por completo. Kagome era una niña, pero la más lista de todo ese caos llamado escuela. Adoptando la posición de una madre regañando a su hijo de una llegada tarde se aproximó hasta quedar a su altura, o al menos algo parecido. —Pero lo que me das a entender es que solo quieres preguntar cómo hacerlas, eso es un vacío legal y no me creas idiota.
—Maldita niñata…—Murmuró entre dientes, la expresión terrorífica de una azabache a punto de asesinarlo lo obligó a ladear el rostro en busca de ayuda, una inexistente al encontrarse solos. —No pensé que me pondrías a hacer esto, eres una mocosa malcriada.
—Fue el mejor castigo que se me ocurrió, ya que no me gusta torturar a las personas si no me han hecho nada. —Con una adorable sonrisa que al ambarino el apreció insoportable, colocó un dedo sobre su mentón y se mantuvo pensativa. —Además, tú fuiste el más beneficiado, ya que mi hermana, Sango y Ayame sí que abusan de sus esclavos en estos momentos.
Recordando los hechos pasados, era verdad. La noche anterior cada una había mencionado la forma de usar a su eslavo y ninguna era deseable, prefería estar con Kagome que comprando ropa por montones con Ayame con traje de mayordomo, usar un uniforme de servicio comunitario en una carretera supervisado por Kikyou o ensayar un musical homosexual con Sango. Sólo pensarlo le ponía la carne de gallina.
Él, que jamás había tenido la necesidad de cocinar le estaba siendo requerido que horneara galletas, de caramelo de ser posible y ella lo supervisaría todo.
—Después de esto te libero.
—Eso definitivamente me inspira. —Sonrió arrogante y ella correspondió. No comprendía porque siempre parecía tener esa tonta actitud positiva, y mucho menos porque se sentía tan cohibido con ella, avergonzado. Resistía los deseos de abrazarla enfocando su mente a preparar galletas…—De acuerdo… ¡Lo intentaré!
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N/Kou: Sigan leyendo, hay uno más...
