Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.


Capítulo 3

El número uno


Si tuviese que redactar una lista de las cosas que odiaba, la prensa estaría entre los puestos más altos. Llevaba años trabajando para no ser una figura pública y tener una vida privada, alejada de los medios. Precisamente ahora, tenía decenas de micrófonos y cámaras invadiendo su espacio personal, hostigándole, haciendo preguntas que definitivamente no iba a responder.

Tampoco es que estuviesen allí por él, ni siquiera sabían que era Eraserhead. Pero no le hacía ni pizca de gracia tenerlos encima, cuestionando su aspecto a la vez que intentaban sacarle información de All Might. Menos aún le gustaba que fuesen a por los alumnos, sus alumnos.

Incluso habían intentado colarse, pero con el sistema de seguridad del que gozaba Yuuei, era imposible. Y aun así, se negaban a largarse hasta obtener respuestas.

All Might no tenía que venir hasta la tarde, tenía clase con el B, pero todos le conocían lo suficiente para saber que querría hablar con "los parásitos" –como Aizawa y Mic les llamaban- para poner fin a la situación, lo cual solo crearía más revuelo, y era bien sabido que una vez les dabas la mano, querían tomar todo el brazo.

Por eso trazaron un plan: mantenerlo alejado del colegio hasta que se solucionase.


Akira no lo supo hasta que la estridente voz de Present Mic a través del móvil le terminó de despertar.

Hey, Asylum! Good morning!

Se pellizcó el puente de la nariz, suspirando.

—Buenas, Mic. Si llamas porque voy tarde, resulta que mi despertador ha decidido no funcionar hoy, pero ya voy para allá.

—Eh, no, no es por eso, ni siquiera sabía si hoy tenías que venir la verdad.

Se hizo el silencio.

Directo al ego.

— ¿Entonces?—inquirió, sonando más crispada de lo que quería.

El héroe vocal le explicó la situación de la academia, con algunos insultos hacia los reporteros de por medio que suavizaron su mal humor.

— ¿Y qué tengo yo que ver en todo esto?

—Te noto impaciente, Izumi, ¿tienes una cita o algo?

Su mano tensó el agarre del teléfono. Se detuvo en el recibidor del apartamento, con los tacones a medio poner.

—Era una broma. No te veo pero has empezado a respirar raro, así que - bueno, sigo con lo mío. Nos preguntábamos si te importaría distraer a All Might, eres la única que aún no está en el colegio y según me ha dicho el director, no vivís muy lejos el uno del otro.

— ¿Y qué pasa con mi clase? Tengo con estudios generales a tercera hora. No me molesta ni nada encargarme de él, todo lo contrario, pero los alumnos son mi prioridad.

—Eso es un problema, sí, pero—

Mic dijo algo al otro lado, tapando el altavoz. Se escucharon varias voces amortiguadas discutiendo, después un forcejeo y lo que sonó como una animalito herido. Aprovechó para terminar de calzarse e ir abriendo la puerta.

Cuando decidieron regresar a la conversación, Midnight no perdió un segundo en ponerla al día.

— ¡Izumi! Querida, tú no te preocupes por nada, yo me encargo de tu clase, tengo la hora libre. Ni hace falta que llames al grandullón, le hemos dicho que querías verle en el Mister Donuts que está cerca de la estación.

—Eh… ¿vale?—Akira no terminaba de saber cómo reaccionar ante toda esa situación en la que le querían meter. Por un lado le parecía un poco tonto, y por otro, su niña interior daba saltitos de emoción. Al fin y al cabo, estaban confiándole la supervisión de All Might, y gracias a haber hecho todo eso sin mencionárselo antes siquiera, iba a pasar un rato fuera del ámbito profesional con él ahorrándose el ataque al corazón por pedírselo. —De acuerdo, ¡allí estaré! ¡Lo haré lo mejor que pueda!—exclamó, alzando un puño en el aire y ganándose una mirada reprobatoria de la anciana que vivía en frente.

—Gracias, guapa. Ya me contarás después como os ha ido, que tengáis la mañana de descanso no quiere decir que os libréis de la tarde. ¡Hasta luego!

Midnight colgó, y una pequeña parte de Akira pensó que se estaban aprovechando de ella, por ser la nueva y que le costase decir "no". Como siempre, se quedó muy en el fondo, y el entusiasmo mezclado con el deseo de cumplir con la tarea que le había sido encomendada ganó.


Tranquilo, Toshinori. Ni que fueses a enfrentarte a un villano.

Extendía y cerraba las manos sistemáticamente sobre las rodillas, un hormigueo desconocido recorriéndole de pies a cabeza.

Tenía las piernas encogidas en un ángulo incómodo debajo de la mesa; la silla parecía ridículamente pequeña en comparación con su altura. Sentía las miradas de los transeúntes, de otros clientes clavadas en él: en su figura esquelética y ropa ancha, en sus grandes manos y el pelo alborotado, en su misma alma y esencia. Hacían pequeños pero numerosos agujeros en su ya maltrecho amor propio.

Entonces sintió, en medio del malestar, una mano cálida y amiga posándose sobre su hombro. Le sobresaltó en un principio, pero se relajó en cuanto vio la expresión afectuosa a la par que alarmada de Akira.

Lo ha sentido. Shit.

Cortó el contacto al instante y se sentó en frente de él, sin dejar de buscar ni un solo segundo sus ojos azules.

—All Might—susurró, en voz tan baja que hasta a él le costó escucharla. —Respira. Mírame, solo a mí. ¿Puedes describir qué llevas puesto?

—Un traje de dos piezas negro, una camisa blanca y—bajó la vista, sin recordar el último elemento —una corbata verde.

Tener que enfocarse en la descripción le distrajo de lo que había alrededor y le hizo poner de nuevo los pies en la tierra. Se sorprendió con la sencillez del ejercicio y lo efectivo que era.

—Perdone, he usado sin querer el Quirk con usted, ha sido instintivo. Al menos espero que se encuentre mejor.

—No estoy acostumbrado a estar en sitios concurridos con mi verdadera forma. Me he puesto nervioso de saber que estaba incomodando a otros por culpa de ella—dijo él, peinándose uno de sus largos mechones.

Akira observó a su alrededor, profundamente disgustada con el descaro que podía llegar a tener la gente, pillando a más de uno girar la cabeza con muy mal fingido disimulo. Admitiría que All Might, así, no tenía un físico común y llamaba la atención; sin embargo, para ella no era en el mal sentido. A pesar de la enfermedad, de la pérdida, seguían los vestigios de un hombre atractivo, de inmenso corazón. No del héroe musculoso, rostro lleno de sombras dramáticas, sino de quien vivía bajo él.

—Me ha sorprendido su invitación, la verdad, joven Izumi. Y a través de Midnight, nada más y nada menos, por un momento he pensado que me estaba gastando una broma.

Estoy tan sorprendida con todo esto como tú, créeme.

—Soy más tímida de lo que parezco, me daba vergüenza pedírtelo yo misma… Ha sido cobarde por mi parte, utilizarla como mediadora—contestó Akira, aprovechando para tomar la carta y ocultar su rostro tras ella, por su rubor y el intento de enmascarar las "mentirijillas" que había de por medio.

—Estoy… estoy contento de que lo hayas hecho, no importa la forma.

All Might no le dijo nada, pero sí que seguía en su campo visual, así pudo contemplar cómo se sonrojaba aún más, esta vez hasta las orejas. Ella desvió la conversación, y con el nerviosismo siguió tuteándole.

—Bueno, ¿qué me recomiendas? Estoy sin desayunar y mi estómago pronto se rebelará contra mí. Me comería uno de cada donut si mi cuerpo, y mi cartera, me lo permitiese.

Él se rió, recordando también el fervor con el que le había visto comer cuando se conocieron. Aunque ahora que se paraba a pensarlo, el día anterior no probó bocado ni en el almuerzo ni por la tarde.

—Por cierto, puedes llamarme por mi nombre. A pesar de todos los años que llevo aquí, sigue resultándome extraño que me digan "Izumi".

—Según tengo entendido, viviste en américa bastante tiempo, ¿no?

Akira hizo la carta a un lado, y su rostro se ensombreció por un momento.

—Así es. Mi madre era- es americana, concretamente de California, y mi padre japonés. A los catorce vine a vivir aquí.

El modo en que lo contó, cómo alzó un hombro para restarle importancia, le resultó… ¿impersonal? ¿Indiferente? Solo sabía que quizás estaba entrando en terreno peligroso y sería mejor no avanzar en esa dirección.

All Might se inclinó hacia delante, adoptando una postura más relajada y si Akira hubiese estado prestándole atención, habría dicho que también curiosa. Entrelazó las manos sobre la mesa y se permitió contemplarla abiertamente.

—Me siento aún más viejo cuando me paro a pensar que Trece y tú sois los profesores más jóvenes de la escuela.

—Si tú eres viejo, yo soy una recién nacida.

— ¿Eso es sarcasmo?

Akira le respondió con una fugaz sonrisa, antes de mirar sobre su hombro hacia el interior de la cafetería.

—Oye, aquí… ¿se pide en el mostrador verdad? Ay dios, y yo preguntándome dónde estaban los camareros.

All Might hizo el amago de levantarse, dejando escapar una risita que delataba también su olvido. Akira fue más rápida y se puso en pie sujetando su cartera, dejándolo a él clavado en su sitio con los ojos.

—Ni hablar, yo me hago cargo. Tú te quedas aquí… cuidando de la mesa ¿Qué quieres tomar?


Una vez los dos tuvieron sus cafés, y ella un donut de aspecto bastante apetitoso, una parte recubierta de chocolate, el resto de azúcar glas y relleno de nata –llevaba unos buenos minutos analizándolo, con la boca hecha agua-, Toshinori le dio las gracias mil y una veces, prometiéndole que le invitaría en otra ocasión.

Akira buscó en silencio de qué conversar. Él creería que le habría llamado para algo más que desayunar, probablemente. Entonces la bombillita se encendió.

—He visto los vídeos de la práctica con el 1-A.

Él bajó la taza e inclinó la cabeza hacia un lado, nervioso por la perspectiva de oír que era un inepto enseñando.

—Hacía mucho que no veía tanta rabia acumulada en alguien tan joven—comentó, refiriéndose obviamente a Bakugou. —Parecía no importarle en absoluto hacer daño a Midoriya. Y sobre él, wow. Pudo defenderse incluso sin usar su Quirk, aunque destructivo, escogió un buen plan para ganar. Nunca me habría imaginado que un chico tan sencillo y dulce tendría tal cantidad de poder… Me partió el corazón verle así de herido. Todoroki fue una gran sorpresa, sabía que entró por recomendaciones y demás pero vaya, hasta a mí me dio frío de ver eso. Por cierto, ¿quién demonios diseñó el traje de Yaoyorozu?

Dejó que el café le quemase la garganta, dando un largo sorbo, esperando que se llevase bien adentro la verdad y deshiciese el nudo constante.

—Sí, fue duro dejarles hasta el final, pero quería darle al joven Midoriya una oportunidad de demostrar lo que era capaz de hacer, y de vencer a Bakugou. De todos modos, sé que no procedí de la mejor forma, mis habilidades como docente dejan mucho que desear.

Apenas había oído más allá de Bakugou y Midoriya, ella parecía haberlo dicho de pasada también así que no lo abordó.

Akira le dio un mordisco al donut, dejando un cerco azucarado alrededor de sus labios.

—Yo tengo la sensación de que les aburro. Reconozco que puedo llegar a ser muy densa, la verdad.

All Might le tendió una servilleta de papel, sonriendo con cortesía y asintiendo como gesto comprensivo.

—Parece que nos queda mucho por aprender a nosotros también, Akira.


Cuando terminaron de desayunar, All Might le ofreció que le acompañase a echar un vistazo a una alguna librería, en busca de un manual o guía que les ayudase en la profesión en que se habían aventurado. Akira no creía que hubiese un librito mágico que les hiciese ser buenos en ello de un día para otro, pero ver a All Might así de determinado le acabó motivando.

Tampoco es que me vea capaz de negarle nada con esa cara inocente que pone.

Caminaban con una buena distancia entre ellos. Él por vergüenza, y ella porque no terminaba de creerse que estuviese pasando la mañana con el número uno de los héroes. Había transcurrido bastante tiempo desde la última vez que salió con alguien que no fuese familia o Hayato, y aquello le hizo darse cuenta de lo rápido que cambió su vida. Su mente seguía sin asimilarlo, llevándola el entusiasmo de la novedad, la excitación por lo desconocido, el orgullo de trabajar entre grandes. Nadie más que Hayato sabía por el momento que era profesora en Yuuei, precisamente porque tenía tanto en la cabeza que se le había pasado decírselo a los demás.

Puede que si le rozase sin querer, quien creía ser All Might se desvaneciese, resultando en una ilusión. Desde luego, alzaba el rostro, observaba cada pequeña minucia de él y llegaba a la conclusión de que lo mismo sí podía romperlo con lo más mínimo. Sumergido en la identidad del rostro público y diluido entre tantos problemas.

Akira jugaba con los listones finales de su vestido gris, justo por encima de la rodilla, contando las losetas del suelo. All Might anunció, unos minutos después, que habían llegado al sitio. Según le contó, iba allí desde que estudiaba en UA.

Una campanilla tintineó al abrir la puerta, el olor a libros y a madera dándoles la bienvenida. El aspecto era más antiguo y elegante de lo que pensaba, el pequeño espacio cuadrado lleno de estanterías altas de roble, sin dejar un solo hueco en la pared, y unas cuantas más alineadas las unas contra las otras en el centro. Podía ver todo tipo de libros colocados, desde viejas reliquias de segunda mano hasta la más reciente y típica novela romántica. A la izquierda de la entrada había un par de sofás de cuero y un robusto mostrador, el que supuso el dueño sentado detrás leyendo un periódico.

Los ojos del hombre se iluminaron cuando vieron a All Might, quien se acercó y le estrechó la mano. Akira les dejó su espacio y decidió echar un vistazo mientras se ponían al día.

Algo que le solía suceder cuando leía, como en la vida real, es que se implicaba demasiado. Las emociones le llegaban rápido y con fuerza, y para cuando se daba cuenta, estaba llorando descontroladamente, o se reía bien alto, quizás tiraba el libro contra lo primero que pillaba por frustración y después le pedía perdón por hacerle daño. Claro, quien le veía pensaba que estaba un poco loca. No les culpaba.

Su mirada se posó en la sección de recetas y manuales de cocina, cerca del resto de libros de ayuda. Realmente le vendría bien uno de esos. Cogió uno al azar y empezó a ojearlo, parándose en las que firmemente creía serían fotos retocadas.

Ni en un millón de años haría algo así de perfecto y apetitoso. Primero tendría que hacerlo comestible…

—Oh dios mío.

Akira se giró hacia la voz a su espalda. Era una niña vestida con uniforme escolar negro y rojo, una mascarilla le tapaba medio rostro y la otra mitad quedaba cubierta parcialmente por un espeso flequillo negro. Le parecieron graciosos sus dos moños, altos y terminados en coleteros de ositos.

— ¿Necesitas ayuda con algo?—Akira cerró el libro y lo dejó en su sitio, volviéndose de nuevo a ella con una sonrisa dulce. Tenía cierta debilidad por los niños, y ella le resultó adorable.

La chica repitió su primera frase, abrazando con fuerza una libreta de tapas floreadas como si la vida le fuera en ello. Dio un paso adelante, temblando.

—Eres- eres ella. Asylum.

No me digas que…

—Soy una gran fan suya, señora – señorita Asylum.

Akira se cruzó de brazos, pellizcándose con disimilo por si estaba soñando, comprensión y estupefacción asaltándola en iguales partes. Notó el escozor en los ojos como prefacio del lamento más feliz de su vida.

— ¿Podría darme su autógrafo? Espero no estar molestándola, sé que es su tiempo libre y—

—En absoluto, será un placer.

Ella le tendió la libreta, abriéndola torpemente, y una pluma terminada en un conejito. Akira la tomó, su corazón derritiéndose un poquito más.

— ¿Cómo te llamas?

—Chihiro. Se escribe con el kanji de "mil" y el de "inquirir".

Akira escribió una pequeña dedicatoria, agradeciéndole el seguir su trabajo y darle su apoyo, animándola a perseguir sus sueños y terminando con su firma. Le devolvió la libreta con la sensación de haber puesto un trocito de sí misma en ella. Chihiro alzó el rostro, sus ojos marrones topándose por un segundo con los lila de Akira, y supo que quería hacerle miles de preguntas, haciendo honor a su nombre, pero no podía.

—Muchísimas gracias, Asylum, será un tesoro para mí—espetó, haciendo una reverencia rápida. Antes de poder decir nada más, la niña se alejaba, despidiéndose con la mano. Akira le devolvió el gesto con un guiño.

—No sabía que tuvieses fans. Tan joven, además.

All Might se puso a su lado, viendo marchar a Chihiro con una pequeña sonrisa. Sostenía un libro titulado "¡Hasta los más grandes idiotas pueden convertirse en profesores!" –un poco agresivo para su gusto.

—Yo tampoco lo sabía.

— ¿Qué haya niños que te sigan?

—Que alguien sea fan mío.


Hagakure había pillado, antes de que el asunto se descontrolase, a Midnight jugando al "piedra, papel o tijeras" con Snipe para ver quién salía esta vez a ahuyentar a los periodistas. El hombre perdió, dando una patada en el suelo que se vio cuanto menos infantil, y Midnight por supuesto estaba más que encantada con el resultado. De fondo, Ectoplasm meneaba de lado a lado la cabeza, desaprobando que se lo tomasen tan a broma.

Ser invisible le daba infinitas ventajas, y como adolescente curiosa, la gran mayoría de ellas se usaba con fines no demasiado honestos. ¿Era una cotilla? Pues sí, a quién iba a engañar, mas el material valía la pena.

Fue un buen susto el que se llevaron cuando saltaron las alarmas, y saber que de un modo u otro la prensa consiguió traspasar las puertas les alivió un momento, la inseguridad no tardó en seguirle para otros. Pudo escuchar a los profesores discutirlo, teniendo en mente que alguien les había ayudado pero desconocían con qué fin.

Jirou fue la primera en comentar lo raro que era que All Might no hubiese aparecido hasta la tarde, seguido de cerca por Asylum. Hagakure se atrevió a teorizar que tenían un affaire, y su compañera arrugó la nariz con disgusto, no supo si por imaginarse a dos profesores juntos o porque le parecía extraña esa pareja en especial.

—Si eso es verdad, me compadezco de la señorita Izumi, es una enorme herramienta con la que tiene que trabajar.

La intervención de Kaminari se ganó una lluvia de golpes con carpetas por parte de casi todas ellas, un profundo sonrojo de Midoriya y las carcajadas de Sana.


Akira se hizo la sorprendida cuando les contaron que los periodistas habían estado apostados en la entrada hasta el mediodía. La reacción le salió tan artificial que Mic, Aizawa e incluso Vlad King se llevaron una mano a la cara exasperados. Menos mal que se encontraban detrás de All Might y solo ella les vio.

Las clases de ambos transcurrieron sin mayor problema, aunque era obvio que All Might se sentía mucho más culpable de lo que debería.

Consideró oportuno, con la charla de la mañana, tomar cartas en el asunto para aliviarle, pues tenía una pizca de responsabilidad en ello.

— ¡All Might! He pensado que podríamos pedirles unos cuantos consejos a los demás profesores sobre enseñar antes de irnos, ¿qué te parece?

Él aceptó, si bien le siguió andando como alma en pena.


—Snipe, ¿cómo haces para que los alumnos sean tan… disciplinados?

Él no contestó en un principio, dejando caer un incómodo silencio entre los tres. Escudriñó tras la máscara a Akira, quien no apartó tampoco los ojos de él esperando una respuesta.

—Voy armado y puedo disparar con una exactitud milimétrica. ¿Crees que los críos necesitan algo más que eso para no mover un pelo?

All Might y Akira intercambiaron miradas.

El método flojea un poco…


Pillaron a Midnight aún en la sala de profesores. Cuando Akira hizo la pregunta mágica, la heroína para adultos giró en su silla, en una pose difícilmente calificable de relajada y natural: una pierna cruzada sobre la otra grácilmente, espalda recta y sacando –aún más- pecho. A Akira se le fueron los ojos a todos sitios menos a la cara de la otra mujer, y All Might se concentró en un interesantísimo punto indeterminado de la moqueta.

—Los jóvenes de hoy día, son difíciles de dominar… Derrochan energía y pasión, lo último que quieren es ser sumisos—Midnight pasó la lengua por sus labios, su tono bajo y seductor. —Eso lo hace más divertido, ¿no crees? Hay que saber cuándo darles duro y cuando ser suaves—

— ¡Mejor nos vamos! ¡Muchas gracias por compartir tu… opinión, Midnight!—profirió All Might atropelladamente, guiando a Akira fuera con las manos sobre sus hombros.

Madre del amor hermoso, qué acaba de pasar.


Aizawa estaba dormido en su saco, tirado en el suelo de su clase, por lo que decidieron que no sería buena idea molestarle. Akira tampoco tenía demasiadas ganas de hablar con él, así que todos salieron ganando.

La siguiente víctima fue Ectoplasm, y resultó ser el único que les dijo algo útil.

—Cada uno tiene su estilo y forma de enseñar, creo que intentar imitar la de otros no saldría bien. Sería mostrarles a los alumnos que no sabéis qué estáis haciendo y estáis inseguros sobre vuestras habilidades, se convertiría en una diana en vuestra espalda para que se aprovechen de ello. Lo principal es que, hagáis lo que hagáis, sea con convicción. Equivocarse es de humanos, rectificar de sabios. Sobre todo, no los tratéis como bebés, porque no lo son, pero tampoco como adultos hechos y derechos. Es nuestro deber guiarlos hacia esa etapa.

Akira y All Might tomaron nota de ello. Los dos le extendieron la mano para ofrecerle su gratitud y despedirse, pero Ectoplasm siguió ocultando sus brazos bajo la larga gabardina.

—Me debéis una noche de karaoke—dicho aquello, se dio media vuelta y continuó su camino.

—Em…por supuesto sí—Akira volteó hacia All Might. —¿Karaoke?


Todos regresaron a sus hogares hacía unas cuantas horas. La noche iba llegando más tarde, con el verano pisándoles los talones.

Alzó la mirada al cielo, tintado de naranja oscuro y morado, aguardando a que cayese el manto negro. En su móvil marcaban las ocho. A esa hora solía estar en casa, en un pijama tan ancho como el resto de su ropa, viendo películas o las noticias atento a cualquier suceso. Sin embargo, ahí estaba, caminando papel en mano, intentando seguir las indicaciones hacia el domicilio de Akira.

Se le había caído la cartera en la entrada del colegio, y a All Might le costó unos diez minutos de debate interno sobre si esperar al día siguiente para dársela o buscar su dirección y llevársela lo antes posible. Supuso que estaría preocupada, teniendo en ella dinero, sus identificaciones, tarjetas de crédito y unas cuantas fotos.

Le pilló desprevenido averiguar que vivían a unas calles de distancia el uno del otro, pero no tanto como lo que vio al llegar al sitio.

Una densa nube de humo negro escapaba por las ventanas de dos de los pisos del bloque de apartamentos, una llamarada acompañándola en el lado izquierdo del edificio.

Su cuerpo ya se había vuelto puro músculo y adrenalina cuando dio el primer salto, levantando el aire a su alrededor. Las sirenas de bomberos sonaban lejanas todavía, pero al menos estaban en camino.

Se encaramó a la ventana abierta más cercana, del segundo piso. La ola de calor que le golpeó el rostro confirmó que la fuente del incendio debía estar cerca.

— ¡Ayuda! ¡Por favor, que alguien me ayude!

Un hombre, sosteniendo un niño pequeño en brazos, apareció corriendo.

— ¡Menos mal que está aquí! El calor ha dilatado la puerta bloqueándola, no podemos salir, y mi hijo—un ataque de tos le interrumpió.

—No tiene de qué preocuparse… ¡Porque ya he llegado!

Le bastó un brazo para sujetar a ambos. Salió por la misma ventana, cuidando el aterrizaje y dejando en el suelo a padre e hijo con delicadeza.

— ¿Sabe dónde ha empezado el incendio?

—Creo que ha sido en casa de Hinata, la mujer del tercer piso. Es bastante mayor y vive sola, no me extrañaría que un despiste haya provocado todo esto…

— ¿Quién más hay ahí?

—No vive nadie en frente nuestra, pero Hinata sí tiene una vecina, una chica.

—Izumi—susurró el niño, rodeando el cuello del adulto con sus pequeños brazos.

El padre asintió, frotándole la espalda para tranquilizarle.

—No se muevan de aquí, los bomberos vendrán pronto.

All Might regresó de un brinco al interior del bloque, cubriéndose nariz y boca con el antebrazo. Apenas tuvo que rozar la puerta con el pie para que saliese despedida. Subió las escaleras a zancadas, solo el sonido de su respiración agitada y el fuego crepitando. Primero fue hacia la izquierda, la raíz del problema. La madera se astilló, clavándose en su mano, cuando le propinó un puñetazo. Tenía que medir la fuerza de sus golpes, o un Smash acabaría con el edificio y el cambio de presión sumado a la temperatura podría provocar incluso un ciclón.

Analizó rápidamente la situación. Todo parecía haberse iniciado en la cocina, el hornillo aun encendido, y la señora Hinata yaciendo en el suelo del salón. Habría intentado apagar el fuego con tela, propagándolo sin saberlo. Comprobó que seguía viva, por suerte, y se la echó sobre un hombro, sin perder el tiempo y apresurándose al que sería el apartamento de Akira.

El ambiente allí también era denso, una leve humareda flotando en el aire pero lo suficiente molesta como para colarse por sus fosas nasales y directa a su único pulmón. Se aclaró la garganta, sangre manchando su mano libre.

Shit. Tengo que salir de aquí cuanto antes.

No vio a Akira en el espacio abierto que formaban la cocina y la sala de estar. Entró al dormitorio abriendo las puertas correderas con tanta fuerza que casi las arrancó.

Allí estaba, con medio cuerpo fuera de la cama, como si hubiese tratado de arrastrarse fuera, perdiendo la consciencia antes de hacer nada más. La acomodó en único brazo, su cabeza reposando contra su hombro y sus brazos exánimes balanceándose en el aire.

Aguantad un poco más.

Los bomberos hicieron acto de presencia en el momento oportuno, seguida de un par de ambulancias. Evacuaron el resto del bloque y apagaron el incendio mientras los paramédicos atendían a los que ya estaban fuera. Hinata estaba crítica, tenía ochenta años y había estado demasiado cerca del fuego y el humo.

Akira seguía desmayada, aunque ahora respiraba con ayuda de una mascarilla de oxígeno y tenía una manta rodeándole los hombros, All Might no se vio capaz de soltarla. Hacía unas horas habían estado bien, riendo, charlando. Esa mañana le hizo sentirse más humano, más Toshinori Yagi, de lo que había sido los últimos cinco años.

Su mente se fue a un lugar oscuro, colmado de muerte y pérdida, un sitio en el que no quería que ni Akira ni nadie de la maravillosa gente que conocía estuviese.

— ¿All Might?

Él agachó la cabeza, alivio y felicidad llenándole de nuevo. Akira sentía que los párpados le pesaban, incapaz de ir más allá de entrecerrar los ojos. Le rodeaba una calidez inesperada, y entre sus brazos conoció una seguridad que en sus veintiocho años de vida jamás pensó que encontraría.

All Might sacó un pequeño rectángulo de cuero negro.

— ¿Esa es mi cartera?

—Es un tema curioso, el destino. Quiso que perdieses esto para que pudiera venir a salvaros.

Akira dio un repentino brinco, poniendo una mano en su pecho para ayudarse a erguirse.

— ¿Qué? ¿Qué pasa?

Ella se sonrojó tanto que pensó que estaba empeorando, pero el abrazarse a su misma, cubriéndose, le hizo darse cuenta. No tardó en imitar su rubor, muy consciente del calor que emitía el cuerpo apenas vestido en un camisón corto de tirantes de seda, de la piel desnuda que llevaba tocando un buen rato.

—No-no soy un pervertido, ¡lo prometo!

Akira abrió la boca para contestarle, mas fue distraída por el flash de una cámara cegándoles y comiéndose cualquier palabra que pudiese decir.


Como cuando te pasas el día evitando que el grandullón no se tope con periodistas pero tu piso se incendia y acabas en un momento comprometido que será portada xD

Mister Donuts es una cadena de cafeterías real, tuve abierta durante días la página con los donuts por... investigación. Sip, eso. Ojalá me pagasen por la promoción, aunque fuese mandándome algunos de esos apetitosos dulces :') La niña se llama Chihiro porque, bueno, adoro esa película y quería hacerle un pequeño homenaje.

El siguiente cap se centrará más en la clase 1-A, será mi primer intento de acción, ¡espero no liarla mucho! Y queda poco para la USJ, solo adelantaré que justo antes vendrá el que probablemente el capítulo más divertido tanto de leer como de escribir. Pista: hay alcohol xD

Como siempre, gracias por seguir la historia. Y un review, por supuesto, es más que bienvenido :D