Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.
Advertencia: Aunque se podría considerar violencia típica del canon, creo que no está de más avisar sobre el tema. Es un capítulo sangriento y con cierta crudeza, así que si sois sensibles al tema, os recomiendo absteneros de leerlo.
Capítulo 8
Levántate
You're hands are weak
They're barely hanging on
But your body still wants more
Where in your eyes
Your mind sharp as knives
You're built to carry on
This battle will be won
Get Up-All Good Things
Akira abrió los ojos, estupefacta, al ver que a Aizawa le bastó un salto, impulsado hacia delante y aferrando los extremos de su arma capturadora, para descender la ridícula longitud de las escaleras. Ella bajaba dando traspiés, maldiciendo el, aunque pequeño, muy presente tacón de su bota. Su forma física estaba peor de lo que pensaba, pero la adrenalina eliminaba al instante las ideas que pudiesen detenerle o mermar su determinación.
Tres villanos, que se presentaron como el escuadrón de disparo, fueron los primeros en recibir a Eraserhead. Corría hacia ellos sin dudar, lanzándose de cabeza al peligro.
— ¡Sea quien sea, es un idiota si cree que puede derrotarnos viniendo de frente él solo! —exclamó uno de ellos, y se dispusieron a atacar.
Un resplandor rojo, oculto tras las gafas amarillas, fue la única advertencia de que cualquier intento de usar sus Quirks contra él sería inútil. La sorpresa, al verse despojados de su poder ofensivo, les convirtió en blanco fácil: cuando repararon en ello, él ya los había atrapado, y sus gritos de protesta al ser arrojados al aire murieron con la caída, el héroe cruzando las bandas para golpear sus cabezas, desplomándose. Los otros villanos dieron un paso atrás, alarmados, tanto por miedo como por reconocimiento.
— ¡Idiotas, es Eraserhead! ¡Puede eliminar sus Quirks con tan solo mirarlos!
Se formó un círculo a su alrededor, en un vano afán de intimidarle.
— ¡Y no está solo!
Aizawa no le escuchó; solo los más cercanos a la salida se volvieron hacia la figura femenina que marchaba en su dirección. Un hombre musculoso, de múltiples brazos, se lanzó a por él, sabiendo que contra su condición de heteromorfo poco podría hacer su individualidad.
— ¿Y quién es esta? ¡Tampoco nos dijeron nada de una mujer! —señalaron.
—Para vuestra información—comenzó ella, apretando los puños y poniéndolos ante su rostro en pose defensiva. —Me conocen como Asylum. Preguntaría vuestros nombres, pero no los necesito para lo que voy a hacer. ¿Preparados?
Se miraron entre sí, algunas cejas alzadas.
—Espero que sí, porque en cinco segundos probaréis mi golpe especial.
No sabían que esperar. Algunos se echaron a reír, tomándosela en broma, y otros hicieron varios amagos de actuar, inquietos.
— ¡Ahí va!
El villano que Aizawa hizo volar aterrizó en el pequeño grupo frente a ella, levantando una humareda de polvo y aplastando varios de sus compañeros. Akira echó hacia atrás el brazo derecho y sus nudillos se estrellaron contra la cara de una chica, casi sacada de una película de terror con su cabello largo negro cubriéndole, y no se percató de que lo había encadenado con un codazo a la garganta de otra persona que se le acercaba por detrás hasta que el dolor le asaltó como un latigazo.
Retrocedió, mordiéndose el labio inferior; no obstante, puso la molestia en segundo plano, enfocándose en maximizar la adrenalina e inhibir cualquier otra sensación por el momento. Impactó la punta de su bota contra la entrepierna de un tipo el doble de grande que ella, y él aulló al instante, cayendo al suelo mientras se llevaba las manos a la zona, como si supusiera algún alivio.
Si no puedes contra alguien por las buenas, juega sucio. Aun con las diferencias físicas a causa de Quirks, siguen siendo humanos y tienen puntos débiles, recordó las palabras de su mentor.
— ¿¡Qué haces aquí!?
El tono de Aizawa había abandonado toda indiferencia o cansancio, sonando genuinamente molesto, increpándole por no seguir una sencilla orden. Y tras eso, encontró fiereza, una que le desconocía y que fue prendida en el momento que sus alumnos fueron amenazados.
Se mantuvieron dándose la espalda, el círculo cerrándose en torno a ellos.
—Yo me encargo del flanco derecho, tú del izquierdo—le susurró ella, abriendo y cerrando las manos como calentamiento.
Casi suena como si supieras lo que haces.
Él frunció el ceño, maldiciendo en voz baja. No la quería allí, Akira estaba oxidada y le había bastado un segundo para saberlo. Aún contaban con el factor sorpresa, aunque no sabía cómo podría ser el Quirk de ella útil en combate, sumado a que era más eficiente trabajando solo, ya no podía hacer nada al respecto.
—Ten cuidado, Asylum—fue lo último que dijo antes de saltar.
Akira separó los labios, exhalando, reservándose cualquier petición de que no le dejara atrás.
Shigaraki Tomura lo supo entonces, la duda en sus ojos danzando de un lado a otro y el leve temblor en sus dedos antes de cerrarse. Al igual que reconoció, y le molestó profundamente la pericia de Eraserhead, vio el miedo y la inexperiencia en la mujer que llamaban Asylum. E iba a aprovecharla.
La bota de Aizawa aterrizó en el rostro de una mujer joven, al mismo tiempo que atrapaba al villano tras de él con la tela. Akira se distrajo un segundo admirando su habilidad, lo suficiente para que dos enormes brazos la rodearon por detrás, alzándola en vilo. Forcejeó, el agarre haciéndose cada vez más férreo, cortándole la respiración.
—No deberías haber dado media vuelta, mujer. Puede que con los niños hubieses tenido opción de sobrevivir, ellos al menos podrían haberte protegido—se mofó, esbozando una sonrisa socarrona.
Akira pataleaba, y las palabras de su captor resquebrajaron la cáscara. Paró. Él dijo algo entre "¿cansada?" y "te has dado cuenta de que es inútil", mas le llegó muy superficialmente. Logró mover las manos hasta alcanzar su ropa y buscó un hueco de piel desnuda.
—Eh, oye, ¿qué te crees que estás—
Reunió valor para echar la cabeza hacia atrás, sintiendo el tabique rompiéndose bajo la presión de su cráneo. Justo en ese instante, donde no pudo evitar gemir por su propio dolor, clavó las yemas de los dedos en sus antebrazos. Él gritó, saliendo de su estupor inicial, y la soltó. Aquellos que se acercaban le observaron, extrañados. Que te rompiesen la nariz era una experiencia horrible, pero no tanto como para chillar de esa manera.
Akira alzó las comisuras de los labios, orgullosa de haberlo conseguido. Había estimulado sus nociceptores, provocando el aumento de sustancias que incrementaran su percepción del dolor, y por suerte disminuyendo la suya aun conllevando cierta pérdida de sensibilidad temporal. Aizawa les miró por encima del hombro, agachándose al mismo tiempo para esquivar un golpe.
Ella alzó un pulgar, como seña de que todo estaba bien.
Antes de que le diesen un golpe seco en el cuello, con el canto de la mano, claro.
Puede que no notara nada, sin embargo, los impactos seguían teniendo sus efectos, y ella casi cayó desmayada por ese. Aizawa estaba demasiado ocupado librando su propia lucha como para gritarle lo idiota que era, que sus ojos deberían estar en sus enemigos y no en él.
Alguien tironeaba de su chaqueta, otro intentaba apuñalarla, un tercero y un cuarto se precipitaban hacia ella. El mundo seguía dando vueltas y estaba demasiado aturdida para reaccionar.
Si con esto los alumnos y Trece tienen tiempo de escapar, si la atención de esta gentuza está en nosotros y no en ellos, merece la pena.
— ¡Maldición! —escuchó proferir a Eraserhead.
Akira se estabilizó, y vio al villano-agujero negro marcharse hacia la salida, a la par que sujetaban sus muñecas hacia atrás y recibía un rodillazo en el estómago. Se dobló sobre sí misma, jadeando, sus ojos llenos de lágrimas.
— ¡Por favor, los alumnos no! ¡Dejadles marchar, son inocentes! —gritó, tratando de escapar y correr hacia ellos.
La impotencia, le dio renovadas fuerzas, logrando sacar un brazo de la manga y llevándola con rapidez hacia su moño. Retiró uno de los palillos metálicos, de extremos afilados, y no dudó en clavarlo en el muslo de quien le retenía. Un pequeño río de sangre comenzó a brotar de la herida, manchando su mano izquierda. Terminó de liberarse, quitándose la chaqueta para lanzarla a quien tuviese más cerca. Repitió la estrategia, su pelo terminando de caer y quedando en una coleta ahora que el otro accesorio se encontraba también enterrado en el bíceps de un matón delgado, que tropezó con sus cuatro piernas al dar marcha atrás. Akira tocó el pecho de una villana, cuyas garras animalescas no reaccionaron lo suficientemente rápido como para evitar que le provocase un shock hipoglucémico. Sintió su garganta resecándose y su rostro enrojecerse, frente a la palidez de la mujer caída.
—Vaya, ¿y después nosotros somos los villanos? Ese es todo un despliegue de brutalidad, Eraserhead… Asylum—habló el líder, aun desde ese pedestal de cobardía.
Aizawa y Akira se voltearon, antes de cualquier réplica, hacia las escaleras. Hubo una explosión, y la nube negra se disipó para mostrar una cúpula violácea.
Intercambiaron miradas.
La culpabilidad cayó sobre Akira como una lluvia de cristales, que le rasgaban de a poco y sin cesar.
"El número que ha marcado no está en servicio o ha sido desconectado temporalmente".
Separó el teléfono de su oreja lentamente, sus manos engarrotadas y una extraña sensación carcomiéndole.
—Izumi tampoco me contesta, no puedo comunicarme con ninguno de los tres…—suspiró, la soledad de una de las habitaciones de descanso dándole la razón con más silencio. —Sea cual sea el motivo, estoy fallando a mis deberes como profesor con lo que pase en estas horas de trabajo.
All Might mantuvo la mirada gacha, recriminándose a sí mismo lo estúpido que había sido. Volvió a cometer el mismo error, rompió un compromiso por hacer de héroe, y presentarse en el último momento a decir algo era lo único que se le ocurría con los diez minutos que le quedaban. Se alegraba de que por lo menos, Izumi estuviese allí ayudando, no dejando a Trece y Aizawa solos en esa lección.
Se levantó de un salto, sus músculos ensanchándose y su cara transformada en la que todos amaban y conocían, carente de debilidad o duda. La que los alumnos esperaban ver.
Un poco de sangre se escapó de entre sus dientes al abrirse la puerta corredera de golpe. El director, Nedzu, le saludó jovialmente. All Might se vio obligado a acuclillarse para estar lo más cercano posible a su altura.
—Tu pelaje está tan limpio como siempre—cumplimentó, retrasando el sermón que sabía que iba a caerle.
Nedzu comentó que era cosa de la queratina, pero no tardó en mostrarle una Tablet con varias noticias en pantalla. Entre ellas se encontraba él, como ya esperaba. Tenía razón, reaccionaba con cada pequeño delito, por muy número uno que fuese y se le asociase con sucesos más grandes, All Might no medía a la hora de impartir justicia o ayudar. Si no fuera por su herida y sus consecuencias, como bien le estaba recordando Nedzu mientras se sentaba, él no habría acabado allí. Ser profesor debería ser su prioridad, aunque continuase como Símbolo de la Paz, él ya no era el mismo de hace unos años y tampoco lo era su foco de atención.
—Es la decisión que tomaste, amigo mío. Ya no estás por tu cuenta, tienes a los jóvenes y en especial al sucesor de One for All dependiendo de ti, personas que cuentan que estés ahí en calidad de compañero y educador también.
—Por eso… tenía planeado ir a la USJ—replicó el rubio, sudor frío recorriendo su frente al ver que Nedzu comenzaba a preparar té.
—Te queda poco tiempo, de todas formas. ¿Por qué no descansas, y comparto contigo algunas de mis teorías sobre educación?
Siempre fue de hablar mucho. Pero lo que me preocupa es que ha sido imposible contactar con ellos… No porque no lo cojan, están directamente desconectados, y los mensajes tampoco sirven. De Aizawa me lo esperaría. Izumi suele estar más pendiente de su teléfono, y se conectó antes de que llegaran al recinto. Tengo este mal presentimiento…
Inútil, inservible, estás siendo una carga, deberías haber cumplido órdenes. ¿A dónde los ha mandado? ¿Y si...?
Sus nudillos se habían hinchado, y ya no sabía si la sangre en sus manos era suya o de a quienes pegaba. Iba perdiendo fuerzas, apenas habiendo ayudado a Aizawa, quien peleaba sin descanso, moviéndose con una agilidad y gracia casi felina, dando golpes certeros y contundentes, sin permitir que le tocaran. Ese era su único alivio, que él se encontraba bien y estaba dándoles a esos desgraciados lo que se merecían sin pestañear.
La desnudez de sus brazos solo contribuyó a que la hiriesen con mayor facilidad, y si usaba una sola vez más Emotion para alterar los sistemas de los demás, terminaría por volver loco a su cuerpo. La adrenalina se fue diluyendo, dando paso al cansancio y el auténtico dolor.
Encajó un gancho en la mandíbula que le hizo ver las estrellas, tirándola al suelo. Un hilillo carmesí, en parte saliva, descendió hasta la barbilla. Retuvo un quejido al escupir, su labio partido aún abierto.
Sucedía algo en la zona de inundaciones, y rezó para que esos gritos no fuesen los de ninguno de los chicos.
Aizawa se encontraba en el aire, tirando de varias personas a la vez con su arma capturadora; dio una voltereta, aterrizando y girando sobre sí mismo hasta arrojar a los villanos contra la pared más cercana. Acto seguido, esprintó en su dirección, una mueca que no fue capaz de identificar cambiando su expresión de concentración. Dio un brinco en el último segundo, pasando por encima de ella y rodeando con sus piernas al matón que se había empecinado en hacerle una reconstrucción facial a base de derechazos. Un giro de cadera mandó al tipo al suelo. Aizawa se recompuso, su cabello azabache enmarcándole suavemente otra vez el rostro, y la tela cayendo en su sitio. Pudo ver por unos segundos su cuello y el principio de las clavículas a través de la abertura del traje negro.
—Lo siento, Eraser—murmuró, buscando sus ojos a través de las rejillas de las gafas.
Tomó la mano que él le tendía, mas fue incapaz de incorporarse. Aizawa pasó el otro brazo por su espalda y le impulsó. Una vez estuvo de pie, él no cortó el contacto, asegurándose primero de que no caería de nuevo de soltarla.
Negro y lila se encontraron, al fin.
—Es suficiente, Izumi—fue su escueta respuesta, y su mirada se encargó del resto.
Akira agachó la cabeza al perder el contacto; por un segundo, no tuvo miedo. Hasta que él volvió a marcharse para continuar haciendo lo que mejor se le daba, y ella sabía que era hora de parar.
Buscaré a los chicos y a Trece. Aún puedo ser útil. Ahora que la carga de Aizawa se ha reducido drásticamente…
Comenzó a andar, sosteniéndose el costado y tratando de recuperar el aliento, escaneando su entorno por si veía señales de sus alumnos. Había cuerpos desparramados por doquier, en gran parte labor de Aizawa, pero ver que ella contribuyó a ello le provocó un conflicto interno.
Había encomendado su vida a salvar y ayudar a los demás de la forma más pacífica e inofensiva posible. Aun en la época donde ejercía más como heroína, quiso mantenerse alejada de la violencia, la misma que primaba en la sociedad, la que tanto se premiaba en esa profesión y daba de lado a todos los que carecían de un poder relacionado con ella. Cuando vio a Aizawa arriesgándose a tal magnitud, perdió todo raciocinio y sus pies ya estaban en movimiento, antes de dejar espacio a la duda.
Lo hizo por un buen motivo. Proteger a los jóvenes que ahora eran su responsabilidad, y por muy poco creíble que fuera, proteger a Shouta Aizawa.
Apenas se había alejado de la plaza central cuando vio, sumergidos en el agua, a Midoriya, Mineta y Asui.
Nació una gran sonrisa, de puro alivio: estaban bien. El resto podría estar repartido por los sectores de entrenamiento, el villano al que llamaban Kurogiri les habría dispersado.
Apretó el paso, la alegría devolviéndole un ápice de energía, y en sus rostros vio una momentánea felicidad. Encaraban a la plaza, así que supuso que les habría impresionado su tutor barriendo el suelo con los malhechores.
Hubo un cambio, instantáneo y claro, en sus expresiones: sorpresa, miedo y estupor.
Akira frenó en seco. Se dio media vuelta, con la brusquedad suficiente como para recordarle sus heridas.
—Oh dios.
El líder había ido a por Aizawa, quien fue capaz de asestarle un golpe, mas le dejó en una posición vulnerable, perfecta para él. Los cinco dedos rodeaban el codo de Aizawa, deshaciendo primero la tela que lo cubría, su piel desintegrándose bajo el tacto de Shigaraki Tomura.
El músculo, carne desgarrada, goteante y de un carmesí puro del que no pudo apartar la vista.
Eraserhead no gritó, ni emitió más que un gruñido de frustración, no cedió bajo sus piernas trémulas. Siguió en movimiento, sujetándose el brazo y peleando con la parte inferior del cuerpo. La extremidad caía lánguida a su lado, como un peso muerto.
Akira corrió, el sonido de sus tacones y un jadeo desesperado atrayendo la atención de Tsuyu, quien tironeó de la manga de Midoriya para señalarle.
—Izumi-sensei sigue aquí—dijo, sosteniéndose la barbilla como acostumbraba.
Mineta dio un pequeño brinco a su espalda, y Tsuyu ya se preparaba para volver a darle un latigazo con su lengua cuando exclamó:
— ¡Dele duro a ese fetichista de manos, señorita Izumi!
—Está cansada y malherida, su estilo ni siquiera es el de los ataques de uno en uno, directamente no pelea; me alegra que esté bien, pero es una sorpresa que haya ayudado de verdad a Eraserhead. Suponiendo que ha usado Emotion, un exceso podría alterar sus funciones de forma irreversible, dejarla en coma o incluso matarla. Sería un suicidio volver ahí en ese estado, a no ser que tenga un plan o un as bajo la manga…—murmuró Izuku, ganándose un leve codazo de Tsuyu, recordándole que sus monólogos eran un tanto perturbadores.
Akira respiró hondo, su mente yendo al campo donde encontraba paz y respuestas si las necesitaba.
"Lo hago por él", susurraba a su sombra, robada por dos figuras oscuras, una más pequeña que la otra. Le clavaban unos ojos invisibles, juzgándola en silencio. No había brisa, ni notaba el olor de las orquídeas que tanto amaba; tan solo un decorado de teatro que se derrumbaba ante el paso de la negrura, enroscándose en pies y atrapando sus muñecas como zarcillos sin piedad.
Shigaraki estaba agazapado, y su atención cambió del héroe herido a la mujer de negro y morado, quien avanzaba hacia él con un tinte oscuro en su rostro. Había esperado a que ella se fuera, precisamente, para pasar a la acción. Un profesional ya suponía un problema, y la adición de otra, tampoco notificada, le hizo menos gracia todavía. Le analizó, al igual que Eraserhead, y la rabia pasó a satisfacción cuando descubrió lo inexperta que era, sin una técnica definida más allá de darle a lo que se pusiera en su camino. Su Quirk le era desconocido, solo concluyó que era mejor no dejarla acercarse, aunque estuviese cavando su propia tumba.
Hizo un gesto para indicar a quienes no atacaban a Eraserhead que la quitasen de en medio.
Akira captó la señal, su ceño frunciéndose y una línea de expresión apareciendo en su frente. Dos de los cinco que se acercaron chocaron sus puños, riéndose de la presa fácil que parecía ser.
Aizawa tenía la respiración agitada y palidecía más conforme pasaba el tiempo, sudor empapando su rostro y pegándole el traje a la piel. Ahora que sabía de qué era capaz el cabecilla, lo último que quería era que nadie se inmiscuyera.
— ¡Asylum, lárgate! —bramó, mientras se agachaba haciéndole un barrido al hombre con garras que tenía delante. — ¡Izumi, es una orden!
¿Por qué demonios no para? ¿Acaso no me escucha?
Akira frenó al fin, permitiendo que le rodearan.
— ¿No piensas oponer ni un poco de resistencia, muñeca? —soltó uno de los bravucones, avanzando en aras de intimidarla.
—Eraser, retrocede todo lo que puedas, por favor—suplicó Akira, y Aizawa vislumbró esa chispa en sus iris lila, la misma que Shigaraki descubrió, e hizo saltar todas sus alarmas.
Él se vio obligado a dar varios pasos atrás, esquivando una ráfaga de puñetazos.
Shigaraki se incorporó lentamente, notando un cambio en la atmósfera del lugar, más pesada que antes. Estaba lo suficiente retirado para ver el espectáculo sin salir herido.
Akira levantó un brazo, la palma ante la cara de uno de ellos, mientras que con el otro hizo un movimiento rápido y directo a la garganta del de su derecha, que trastabilló con el impacto, cayendo entre violentas toses. El primero fue enrojeciéndose hasta un nivel inhumano, desmayándose al poco.
No les ha tocado. Sus manos nunca han llegado a entrar en contacto directo con ellos, se percató el villano, rascándose reflexivamente el cuello.
Los otros tres se abalanzaron a la vez sobre ella: Akira repitió su primer movimiento, con menos seguridad y las manos temblorosas. Parecieron ir a cámara lenta, tratando de luchar contra lo que les robaba el oxígeno, pero la verdad era que el aire a su alrededor se había tornado demasiado pesado; la heroína se desplomó poco después de ellos, hiperventilando y con el cabello obstaculizando su visión. Shigaraki vislumbró unas gotas bermellón cayendo al suelo.
Es el momento. Eraserhead debe caer.
Aizawa le encaró, sujetando su arma. Primero se desharía de él, después comprobaría el estado de Akira y le pediría explicaciones.
—¡Eres muy genial! —exclamó Shigaraki, en cierta forma desafiante. —De cualquier manera, héroe…
Una gran sombra le cubrió. Giró la cabeza, alzando la mirada hacia la monstruosidad que, por primera vez en toda la batalla, se movía del lado de Shigaraki.
—…yo no soy el jefe final.
Noumu separó sus imponentes fauces, y su garra se cernió sobre la pequeña figura de Eraserhead.
—¡No!
El chillido de pura desesperación, el brazo estirado hacia su compañero; Shigaraki encontró delicioso el sufrimiento en las facciones de Asylum, arrodillada, llorando de impotencia mientras su mascota cerraba el puño en torno al cráneo de Shouta Aizawa. Un desagradable chasquido le siguió, sangre salpicando en todas direcciones y las gafas amarillas cayendo, tan rotas como su dueño.
Recordaría durante el resto de su vida el sonido, la imagen, de ese ser estrellando la cabeza de Aizawa contra el concreto una y otra vez, el charco que se formó en torno a él y el pequeño río que se escurrió hasta ella y en el que sus manos se empaparon.
Se intentó quitar el pelo de la frente, dejando marcas allá donde tocaba. No fue hasta que su cerebro asimiló que el líquido vital que ahora la manchaba no era de matones de tres al cuarto de los que se defendía, ni de una herida suya, sino de su compañero, un hombre al que le gustaría llamar amigo en un futuro; el mismo que parecía darle la espalda cuando en verdad, era quien le daba una dosis de realidad.
—Tú, jodido bastardo…
Shigaraki le miró, ocultando su sonrisa. Akira tardó unos segundos en conseguir ponerse en pie, tambaleándose con cada paso que daba.
—Iba a ignorarte mientras Noumu charlaba con tu amigo, pero veo que eres tan tozuda como el resto de vosotros. No sabéis cuando retiraros—declaró el villano.
Akira se dispuso a darle una patada, pero fue demasiado débil y lenta: Shigaraki atrapó la pierna, clavándole los dedos en la pantorrilla. Se inclinó, el uno a centímetros del otro, riéndose entre dientes. Ella arrugó la nariz, un olor putrefacto invadiéndola, sumado al malestar que le produjo tenerlo tan cerca. Esas manos no eran falsas, no eran decoración: eran muy reales. Quiso apartarlo, pero era demasiado tarde.
Vio cómo se desvanecía esa zona del pantalón, y por mucho que forcejó, solo consiguió que reafirmase su agarre. Apretó la mandíbula hasta hacerse daño. Solo quería que acabase lo antes posible.
Si has llegado tan lejos, es para ganar.
Justo cuando su piel se levantaba, Akira describió un arco con el brazo, dándole una guantada a Shigaraki que despegó la mano colgada de su cara. Él la soltó, retrocediendo entre murmullos, cada vez más rápidos y angustiados.
—Padre…
Akira hizo una mueca de dolor al apoyar el pie, su gemelo derecho expuesto. Apenas hubo avanzado hacia la criatura, Shigaraki dio una orden clara, su voz llena de rabia, como un niño al que le han llevado la contraria:
—¡Noumu, deshazte de ella!
Escuchó a Aizawa susurrar "Izumi, corre".
Tsuyu le dio un leve toque a Mineta, pero el joven siguió lloriqueando, tembloroso bajo el agua. Midoriya, quien había estado observando paralizado, cerró los ojos.
Noumu había tirado a Akira de nuevo al suelo, dejando al tutor con la cabeza hundida en el pequeño cráter causado por los impactos. La psicóloga había intentado huir a gatas, su valentía desvaneciéndose; el monstruo la agarró del pelo para detenerla, dando un brusco tirón. Alzó una rodilla, preparándose dejando caer su peso sobre la pierna ya malherida de Akira. El pisotón fue seco y contundente. Akira chilló, el hueso partiéndose, haciéndose pedazos con cada nueva arremetida.
—Es suficiente. Ella no es más que basura—dijo Tomura, arrancándose la piel de la garganta con las uñas.
Al soltar su cabello, la cabeza de Akira cayó con fuerza contra el pavimento, casi rebotando. Sangre comenzó a brotar de la nueva brecha de su frente, su vista volviéndose borrosa. Perdió la consciencia segundos después.
Algo dentro de él se retorció, y vociferó, y protestó, pero de sus labios no brotaron palabras ni súplicas, solo rugidos. Aunque acabasen de romperle los brazos como si fueran ramas, aun si su cuerpo gritara por él y las luces se estuvieran apagando, alzaría su mirada una vez más: para luchar contra el mal, para ver la esperanza desvanecerse en las expresiones de puro horror de sus alumnos, y la suya al contemplar el cuerpo inerte de Akira Izumi.
*Llorando sangre*
Este ha sido mi primer capítulo con acción a lo grande, tanto de este fic como de... todo lo que he escrito xD Así que no seais muy malos conmigo. Le dedico este capítulo en especial a Mischievous Whisper: me has apoyado y aconsejado mucho con respecto a este desconocido género en el que me he aventurado y que a ti se te da tan maravillosamente bien. Eres mi senpai de las peleas ^^ (bueno, un poco de todo en verdad xD).
Lamento la demora, me quedé sin ordenador y sin internet hasta ayer. Espero que haya valido la pena, nunca está de más leer a gente zurrándose xD
Con respecto a Akira... Bueno, sé que hay una parte que pensaréis: ¿ein? Lo sé, lo sé, no os preocupéis: habrá explicación sobre eso en los dos siguientes caps. No me he centrado ni he contado cosas sobre los alumnos/Trece y demás ya que creo que eso es algo que ya todos sabemos y no he visto necesario repetirlo.
El título del cap y algunos trozos están inspirados por la misma canción de la que he puesto un fragmento más arribita. Recomiendo encarecidamente que la escuchéis :D
Como siempre, gracias por leer y comentar. Es una alegría tener a tanta gente acompañándome en esta historia, y a Akira, y espero que siga siendo así.
Y Feliz Navidad a todos: voy a intentar actualizar lo antes posible, así que guardad una copita por si lo hago, que esto de las fiestas trae mucho desfase xD
¡Un enorme abrazo!
