Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.
Capítulo 10
Tiempo de sanar
El alma ruidosa y llamativa de Hizashi Yamada definitivamente no encajaba en un hospital. El pitido de las máquinas, el estilo simple y aséptico, por no hablar del olor a desinfectante… Y, sin embargo, allí llevaba dos días y tres noches, sin despegarse del lado de Aizawa. Había pasado el primer día en la UCI, tras la cirugía para reconstruir los huesos de sus brazos y recolocarlos, sumada a las curas, el traumatismo craneal, las fracturas faciales y la casi completa destrucción de la base orbital. Puede que su amigo no recuperase la vista, o que se quedase parcialmente ciego. Solo podrían saberlo cuando se despertase.
Trece tenía algunas laceraciones graves en la espalda, allá donde su traje se rasgó, pero sobreviviría. De Asylum sabía más bien poco, solo que el Noumu le había pulverizado prácticamente la rótula, la articulación de la rodilla y el peroné, presentaba una conmoción cerebral leve y hematomas o cortes superficiales, los cuales eran el menor de sus problemas. Eso no sería ni la mitad de lo que le sucedía, ya que cuando le vio antes de que la metieran en la ambulancia, saltaba a la vista que sucedían muchas más cosas.
All Might llamaba cada tres horas, con la precisión de un reloj, para preguntar por ellos. La respuesta no había cambiado de momento, ni por una parte ni por otra.
"¿Cómo están? ¿Alguna novedad?"
"No. Eraser sigue inconsciente y de Izumi no tengo noticias, al no ser un familiar…"
"De acuerdo. Gracias, Mic. Muchos ánimos".
Al tercer día se acabó la tranquilidad.
Había salido al pasillo mientras cambiaban los vendajes de Aizawa, y aprovechó para estirar las piernas. Tanto tiempo sentado en esa endemoniada silla le pasaba factura; y ni siquiera recordaba la última vez que comió algo. Su estómago lo reafirmó con un sonoro gruñido.
Se arrastró hasta la máquina expendedora de la sala de descanso, vacía a esas horas. Debían ser cerca de las ocho de la tarde, el cielo acercándose a los tonos morados y naranjas del anochecer. Miró sin demasiado interés las opciones, maldiciendo que no hubiese algo con un poco de alcohol o que por lo menos no le diese dolor de estómago; para ser un hospital, la comida tenía poco de sana. Acabó optando por una bolsa de patatas y una botella de agua. Estaba introduciendo las monedas en la ranura cuando se escuchó un grito.
Giró la cabeza bruscamente, reconociendo la voz femenina.
¡Izumi!
Tomando los aperitivos y metiéndolos apresuradamente bajo su brazo, caminó dando largas zancadas hasta el pasillo opuesto. Paró en la puerta entreabierta.
—No sé inglés, espere y traeré a alguien que pueda atenderla, pero no se mueva o sus heridas podrían reabrirse.
—Don't touch me! I'm going to get the fuck out of here, I shouldn't…
—¡Señora, por favor, estese quieta! Espere, no se quite —
La petición de la enfermera cayó en oídos sordos. Mic dio unos golpes en la puerta, preocupado por el tono agresivo de su compañera. ¿Y si le habían hecho algo? Por desgracia, se daban muchos casos de pacientes recibiendo un trato inhumano e incluso abusos. Prefería recibir una regañina y asegurarse de que estaba bien a ignorar la situación, como buen héroe profesional que era.
—I need to clean myself, I feel filthy and sick- this- this isn't right.
Notaba una desesperación, un miedo, en la voz de su compañera que la sensación de malestar se hizo más profunda.
Se asomó, comprobando que el panorama no era precisamente halagüeño. Akira intentaba arrastrase fuera de la cama, aun con la enorme escayola y los tubos y agujas conectados a ella. Tiraba del cuello de la bata de hospital, diciendo palabrotas en inglés, a cada cual peores. La otra mujer trataba de mantenerla pegada a la cama, apresurándose a devolver cada cosa a su sitio. Akira forcejeó con ella hasta que la hizo retroceder.
En cuanto puso un pie en la habitación, Akira logró su propósito: los botones de la espalda saltaron, y la tela se fue escurriendo por sus hombros. La pequeña mujer gritó escandalizada con el mero atisbo de sus pechos, y Mic se quedó petrificado sin saber qué hacer ni a dónde mirar: además, era un entrometido de primera, en palabras de Aizawa.
—Hey, hey! What the hell is going on?
Las dos dejaron su pequeña reyerta para enfocar su atención en él. Akira cesó sus protestas para contemplarle, aunque su mente parecía haberse ido a un lugar muy lejano.
—¿Quién es usted? ¡No puede estar aquí! —exclamó la enfermera.
—Soy Present Mic, un compañero de—
—¡Me da igual! Si ni siquiera es familia, ¿se puede saber qué hace metiéndose en habitaciones ajenas? ¡No me hagan llamar a seguridad!
Ella hizo unos aspavientos, echándole como si de un perro se tratase.
—¿Yamada? —musitó Akira, alzando las manos lentamente hasta cubrirse los labios.
—¡El mismo!
Hinata, según rezaba en la placa metálica que colgaba del pijama verde de enfermera, resopló diciendo la mala suerte que tenía con los pacientes. Empujaba a Mic fuera de la habitación, con más fuerza de la que él esperaría, disponiéndose a cerrarle la puerta en las narices cuando él volteó el rostro sobre su hombro para dedicarle una última palabra de aliento.
Sin embargo, solo tuvo la visión fugaz de Akira tratando de ocultarse bajo las sábanas y tirando sin querer de algunas de las vías.
—¡Midnight tenía razón, eres un pervertido encubierto!
Fue su turno de bufar, muy indignado por la acusación, y quedándose sin la oportunidad de una réplica.
¡Así que sí habla japonés! ¿Por qué me tocan siempre a mí los locos?, se lamentó Hinata.
Difundió la noticia de que Akira estaba despierta tan rápido como pudo, con una circunspección que hizo saltar las alarmas del resto. Midnight le hizo un interrogatorio al respecto, solo consiguiendo respuestas pasivo-agresivas.
Toshinori llevaba sentado en la recepción desde primera hora de la mañana. Inclinado hacia delante, y entrelazando las manos entre sus piernas, murmuraba cosas para sí mismo con el máximo gesto de concentración posible. No se sentía capaz de mirar a ninguno de los tres a la cara, y cualquier disculpa se le quedaría corta. La vergüenza y la culpabilidad le superaban, ¿cómo arreglarlo con unos cuantos regalos y simples palabras? Por mucho que le salieran del corazón, nada sería suficiente.
—Buenos días, estoy buscando la habitación de Akira Izumi.
Su cuerpo se tensó al escuchar el nombre. Alguien preguntaba en el mostrador por ella.
Le parecía de mala educación escuchar conversaciones ajenas, y de todos modos entró en pánico así que no alcanzó a entender más allá de que era un pariente.
Era una mujer, casi igual de alta que Akira. Con tan solo contemplarla de soslayo, uno encontraba los parecidos: tenía su corte de cara, redondeado, y sus mismos ojos lilas estaban cubiertos por unas gafas sencillas de montura metálica. Su pelo era más corto y de color marrón oscuro, recogido en una trenza sencilla; las dos tenían el mismo gesto nervioso de recolocarse el flequillo.
Aunque su garganta estaba seca y apenas le sostenían las piernas, se puso en pie, dispuesto a alcanzarla antes de que llegase el ascensor.
—Ah, esto, perdone…
Maldita sea Toshinori, no sabes ni hablar.
Ella dio media vuelta, ocultando el asombro como mejor pudo al ver a un hombre de sus características. Alternó su mirada entre el rostro demacrado de Toshinori y sus manos trémulas, con las que sostenía un hermoso arreglo floral de orquídeas moradas y amarillas, junto a unos lirios blancos, introducidos en su propio jarrón cristalino. Alzando una ceja inquisitiva, hizo una pregunta muda sobre sus intenciones. A Toshinori se le escapó una risita nerviosa.
—Son para la joven Izumi—aclaró él, tendiéndoselas.
El gesto se hizo aun más marcado, un toque de picardía en su incipiente sonrisa.
—¿De parte de quién, si puedo preguntar?
Toshinori parpadeó, sus pensamientos atropellándose.
—De All Might. Es decir, yo-yo soy su secretario, y él está muy ocupado como comprenderá, por lo que, hmm, me ha pedido que se las dé—su intento de explicación, usando la vieja tapadera del ayudante, desde luego sonaba más convincente en su cabeza.
El entendimiento, junto con algo más que no discernió demasiado bien, se plasmó en su rostro, junto con un muy evidente rubor de excitación. Tomó el ramo, girándolo para analizarlo. Había una pequeña tarjeta entre las flores, pidiendo a gritos ser abierta.
—Mi pequeña Akira y él son más cercanos de lo que pensaba. Sabe que las orquídeas son sus favoritas, ¿o es casualidad?
Toshinori pasó por varios tonos de rosa antes de ponerse rojo por completo, casi echando humo.
—Lo sabía. All Might se preocupa de conocer en detalle a todos sus compañeros por igual, no es que—
—Ya, ya veo… Pero no debería haberse molestado, estas cosas son bastante caras. De todas formas, gracias, a los dos. Le van a encantar—le interrumpió ella.
Tras ellos, el ascensor se abrió. La mujer se introdujo en él, dedicándole un ademán con la cabeza en señal de agradecimiento.
—Es curioso, siempre se ha dicho que las orquídeas moradas son perfectas para psiquiatras o psicólogos ya que reflejan sabiduría, mientras que las amarillas mezclan el calor del amor con el erotismo—comentó, como si estuviese diciendo la cosa más banal del mundo.
Las puertas terminaron de cerrarse dejando solo a Toshinori, escupiendo sangre y a punto de caer desmayado.
—¡Meiko! Gracias a dios, iba a volverme loca aquí sola. Creo que la enfermera me odia. Y mataré a alguien como no me duche en los próximos diez minutos. También tengo bastante hambre, la verdad. La comida de hospital es horrible, con perdón del cocinero…
Cerró la puerta tras de sí, dejando el jarrón en la mesita a los pies de Akira. Analizó el equipo que la rodeaba y después su expresión.
Si no la conociera, habría dicho que es una toxicómana. Estando de medicamentos hasta las cejas y con su Quirk, tarda nada en estar completamente ida.
—Sigues hablando incluso debajo del agua, Akira. No seas mala con el personal, hacen todo lo que pueden, y tampoco tienen la culpa de tus manías: es un hospital, no un hotel. ¿Qué quieres? ¿Un baño caliente con pétalos de rosa, aceite de jazmín y unos kasutera para comerte mientras?
—Uf, ni lo menciones, o esta tortura empeorará.
Akira pasó su atención al nuevo objeto, observando las flores detenidamente, sus ojos brillando como hacía tiempo que no veía. Algo dentro de Meiko se removió.
—¿De dónde han salido? ¿Las has comprado tú?
Meiko se apartó un mechón de pelo del rostro, colocándolo tras la oreja.
—Me las ha dado el secretario de All Might. Son regalo suyo.
La joven frunció el ceño.
—Sí, un señor muy alto; parecía un esqueleto, siendo sincera. Al principio me ha dado un poco de miedo. No sé por qué su pelo me ha recordado a la melena de un león, tan rubio y en todas direcciones… Era bastante peculiar—explicó, gesticulando con las manos mientras describía su apariencia. Parecía casi estar hablándole a un niño pequeño sobre un personaje de fantasía. —Estaba muy nervioso, también. Trabajando para alguien tan extrovertido y confiado como All Might, ¿es irónico, no crees?
Él es todo un león, no me cabe duda.
Akira alzó las comisuras de los labios en una mueca enternecida, la vista clavada en el jarrón en el jarrón como si estuviese ante el más preciado de los tesoros. Estiró una mano hacia él, pero cayó laxa al instante, su cuerpo tan exhausto y maltratado que no le dejaba fuerzas ni para los más nimios movimientos. Meiko perdió su alegría inicial, adoptando una actitud de preocupación y tristeza que sus facciones reflejaron al instante. Tomó el recipiente de cristal y lo sostuvo ante ella, conteniendo las lágrimas al detenerse a mirarla.
Tenía un tono de piel lejos de lucir sano, manchado de moratones y pequeños cortes a medio curar; tenía el labio inferior hinchado allí donde se partió, estando cubierto por un par de puntos de sutura adhesivos. Un grueso vendaje cubría su cabeza, al igual que en sus manos. Lo más cantoso era la pierna derecha, que estaba suspendida en el aire además de escayolada prácticamente hasta la ingle.
Su sobrina, ajena a ella, acarició los pétalos e inhaló su exquisito aroma, deleitándose con su tacto de seda. Reparó en la tarjeta y la abrió con cierta dificultad.
"Me faltan vidas para pedirle perdón, señorita Izumi; recupérese pronto, la necesitamos al cien por cien, y así podré compensarle. Le pido un único favor, antes de eso: siga sonriendo, pase lo que pase.
Un saludo, All Might".
—Es un gran idiota—su voz salió en un susurro angustiado, seguida de una sola lágrima que le recorrió la mejilla y el comienzo de un violento temblor de barbilla, el llanto que no salía quemándole los pulmones.
Meiko se sentó en el borde de la cama, aun más preocupada si cabía. Sujetó su rostro con la misma delicadeza con la que se trata la más fina de las porcelanas.
—Cariño, ¿qué te pasa? ¿Qué es?
Se habría acurrucado en su regazo, se inclinaría ante su tacto y dejaría que su voz maternal le arrullase si su cuerpo volviera a ser suyo, si los pedazos en su mente encajaran y el nubarrón desapareciera.
—No lo entiendo—las palabras se le atascaron en la garganta, los picos en el monitor vital haciéndose irregulares y acelerados. —¿Por qué alguien nos haría esto? Siento que todos estos años… mi carrera, la experiencia, que no sirven de una mierda. Porque miré a los ojos de ese psicópata, vi cómo nos destrozaban, y simplemente no puedo razonar un motivo por el que alguien pudiese hacer eso.
Aizawa era mejor héroe de lo que ella nunca sería, y, sin embargo, allí estaba; All Might era el número uno, un Hércules moderno que uno creería prácticamente invencible y, aun así, ganó a duras penas, acarreando un alto coste que según Recovery Girl, haría todo más difícil. La mayor academia de héroes, contando con el mejor sistema de seguridad del país y decenas de profesionales, fue incapaz de evitar las filtraciones. Y ella, cuyo trabajo era comprender a los demás y buscar soluciones, había sido completamente anulada por el miedo, por los traumas y el shock.
Ahora mismo, no soy mejor que nada.
—Akira, hay gente que simplemente quiere ver el mundo arder.
—Cada vez que intento dormir… Veo su risa retorcida, esas manos, y la sangre… Todo se reproduce en mi cabeza. Y cuando reparo en mi actual estado, al analizar de qué utilidad he sido y las consecuencias de mis actos, pienso que quizás… ellos tenían razón.
Meiko retrocedió, asombrada; una sombra oscura dominó la mirada clara de Akira y la atravesaron a ella como dagas. Tras reflexionarlo un instante, le aferró con firmeza por los hombros y le obligó a fijarse en ella, sacudiéndola suavemente.
—Jamás vuelvas a decir eso. Ni lo pienses siquiera, ¿me estás escuchando jovencita? Me parte el corazón el mero hecho de que lo insinúes—dijo, en un tono más grave y melancólico del que pretendía. Se aclaró la garganta antes de continuar: —Estás viva. All Might, tus alumnos, y los otros profesores también. Eso es lo que importa. Lo único que ha de importarte ahora es ponerte bien.
Se callaría su propio dolor para no ahondar el de Akira. Al final, no podía hacer otra cosa que quererla como una hija ya que ella le hacía sentir madre, incluso antes de traer a su propio niño al mundo.
Por otra parte, el tema no se había acabado para Akira; seguiría dándole vueltas y carcomiéndola, pero de momento se tranquilizaría para no hacer que Meiko no se sintiera peor.
Cayó un silencio pesado en la habitación hasta que, a los pocos minutos, la doctora acompañada de un residente entró para ponerlas al día e informarles de cara al futuro. Ella tenía el pelo negro corto y rizado, repeinado hacia atrás para que no le molestara; lucía más joven que su compañero, cuyo único rasgo destacable eran sus profundas ojeras.
—Cuando llegó, la señora Izumi tenía una fractura de fémur expuesta y otra cerrada de rodilla que requirieron de cirugía. Gracias a la intervención de Recovery Girl, la recuperación será más rápida y sus huesos sanarán sin necesidad de tornillos o placas de metal, pero necesitará hacer fisioterapia además del uso de muletas o bastón durante cuatro semanas. En la misma pierna, encontramos una herida abierta de tipo avulsiva, es decir, el tejido se ha separado del cuerpo dejando expuesto el músculo gemelar y parte del tendón de Aquiles. No hay nada que podamos hacer respecto a ella más allá del vendaje y un primer desbridamiento para eliminar tejido infectado o muerto. Tardará meses, puede que un año o más en cerrarse por completo y recuperar la capa externa de piel, así que habrá que tener mucho cuidado con posibles infecciones.
—¿Dejará cicatrices, doctora? —preguntó Meiko.
—Eso me temo. Pero es un precio pequeño que pagar comparado con los daños. De haber sucedido esto hace un par de generaciones…—intervino el joven residente.
—Prefiero no imaginarlo—le cortó Akira. La sonrisa tensa le hizo recordar los puntos, yéndose tan rápido como apareció.
Los médicos carraspearon, intercambiando una breve mirada.
—Presenta una contusión en el costado derecho, es una lesión muscular por lo que el reposo y baños calientes es lo mejor que puede hacer—Akira pensó que podría besar a esa mujer por el mero hecho de recomendarle una de las cosas que más le gustaban en el mundo, pero la gravedad en su expresión hizo que la felicidad se esfumara al instante. —Ya ha estado cerca de una hipoxemia, así que si presenta más problemas respiratorios o siente presión en los pulmones y las cremas específicas o los medicamentos no la calman, debería acudir a su hospital más cercano. Como ya hemos mencionado, ha habido una disminución de la presión parcial de oxígeno en sangre, además de varias alteraciones en ciertas hormonas y el nivel de azúcar que era elevado. Todo esto, como ya sabrá, podría llevarle a desarrollar hipertensión, desarreglos hormonales severos y diabetes. Estamos al tanto de su Quirk, así que, por favor, le pedimos que lo use con mesura y no vuelva a tocar cosas que no debe si no quiere matarse lentamente.
Les falta un pedazo de la información, no sé si deberíamos contárselo…
Meiko le echó un vistazo a Akira, haciéndole esa misma pregunta sin pronunciarla. Ella lo captó, mas se limitó a agachar la mirada e ignorarlo. Tendría que resignarse, pues. Les dio las gracias a los doctores y recibió el respectivo informe para leerlo con más tranquilidad.
—¿Cuándo podré verle? — inquirió Akira, justo cuando se marchaban. Se detuvieron en el marco de la puerta, Meiko enarcando una ceja por la repentina pregunta. Tampoco sabía de quién hablaba, aunque ellos sí parecieron captarlo.
Exhalando, ella se volvió hacia su paciente, las manos metidas en los bolsillos y manifestando en su lenguaje corporal lo que se callaba. En su rostro no hubo cambio alguno.
—El señor Aizawa sigue inconsciente, dada la gravedad de sus heridas. No puede recibir visitas y usted tiene terminantemente prohibido moverse, aunque sí pueden venir a verla no más de dos personas a la vez y en el horario establecido.
Nada más salieron, Meiko empezó un extenso interrogatorio sobre el tal "Aizawa". Akira soltó un bufido de exasperación, dejando caer su cabeza contra la almohada. Se arrepintió al instante.
—¿Qué has hecho ya?
—¿Por qué he tenido que hacer yo algo? ¡Siempre soy el culpable!
Hizashi hizo un mohín, sus brazos aún cruzados en una pose altiva que perdió toda credibilidad en cuanto clavó su bota repetidas veces en el suelo de la forma más infantil posible.
—Ah, tal vez deberíamos calmarnos, no es ni el sitio ni el momento para esto…—intervino el mayor, la voz de la razón ahora que Aizawa estaba indispuesto. All Might aflojó el nudo de su corbata, haciendo malabarismos para no tirar la exagerada bolsa que cargaba en el otro brazo.
Optando por ignorar a Midnight, Mic señaló con un gesto de barbilla el objeto.
—¿Más regalos? A Aizawa ya le costará aceptar las nuevas gafas…
—¿Esto? No es mío. La clase me ha pedido que repartiese lo que hay dentro entre Aizawa y Akira, ya que Trece está fuera del hospital irán a hablar con él personalmente.
—¡Eso es adorable! Aunque Aizawa se hará el duro, le gustará ver que se preocupan por él—asintió Nemuri, inclinándose para echarle un vistazo al contenido.
Y si… ¿no despierta? ¿O está completamente ciego?, pensó Hizashi, mordiéndose la lengua.
—Vaya, nos vemos de nuevo, señor-secretario-de-All-Might.
Los tres alzaron la vista hacia la nueva voz, de una manera tan dramática que le hizo reír. Midnight y Mic sabían que All Might, en su verdadera forma, a veces hacía el papel de trabajar para sí mismo, lo cual siempre encontraban hilarante.
Él se puso en pie como un resorte, dando un par de zancadas hacia ella para estrecharle la mano.
—Soy Meiko Izumi, por cierto—se presentó, haciéndose a un lado para dirigirse a los otros dos héroes. —¿Están aquí por Akira o por Eraserhead?
—Eraser—dijeron Mic y All Might.
—Asylum—contestó Midnight, al mismo tiempo.
All Might miró a Midnight, quien le devolvió el gesto, mientras Meiko les observaba y Mic casi se quedaba bizco con la vista puesta en la señora Izumi.
—¿Los dos? Es decir, sí, los dos—confirmaron, asintiendo vigorosamente.
Son todos unos personajes, Akira ha de pasárselo en grande con ellos. Me alegra tanto que esté rodeada de gente tan… particular y especial.
—¿Es usted la madre de Asylum? No, demasiado joven, han de tener casi la misma edad. Aunque son igual de guapas, eso desde luego—el no tan discreto coqueteo de Mic, de repente relajado, sacó una tímida sonrisa a la mujer, e hizo que Midnight pusiera los ojos en blanco antes de golpearse la frente con la palma de la mano.
—Soy su tía, y tengo unos cuantos añitos más. Pero por favor, si alguien necesita un subidón de autoestima ahora mismo es Akira, no yo—añadió Meiko, entrelazando los dedos frente a su regazo. —Pasen los tres, mientras no armen ningún escándalo no habrá problema. Yo voy a aprovechar para almorzar. Si necesitan lo que sea, estaré en la cafetería.
Se despidieron de ella, Mic sin moverse ni hablar hasta que desapareció por el pasillo. Midnight aprovechó para excusarse e ir al baño antes de la visita, dejando a los dos rubios a solas.
—Así que de ahí han salido…—murmuró para sí mismo, meneando la cabeza.
—¿De qué hablas, compañero?
La pregunta de All Might le pilló por sorpresa. Alzó la mirada hacia él, incrédulo.
—Es bastante obvio.
—Si lo fuera, no estaría preguntándote—recalcó All Might. Ladeó la cabeza y sonrió, aún confundido.
Mic frunció el ceño.
—Hay un par de buenos y generosos motivos por los que es fácil identificarlas como familiares.
All Might parpadeó.
—Tienen los mismitos ojos, ¿cierto? Aunque creo que los de Izumi son más grandes.
Su inocencia le deslumbró hasta el punto de desorientarlo unos segundos.
—Bueno, sí- pero no hablaba de eso. Ya sabes, chasis parecido… Amortiguación extra. Airbags naturales.
—¿Qué tienen que ver ellas con partes de coches? —replicó Toshinori, alisándose las arrugas del traje.
Para asombro del más alto, Hizashi le tomó repentinamente de los brazos y le miró con total seriedad y exasperación, hablándole en voz baja.
—Por el amor de… ¡Pechos, me refiero a pechos! ¿Nunca miras a nadie de cuello para abajo o qué?
A Toshinori le entró un fuerte ataque de tos, aderezado con la más absoluta vergüenza y una pizca de indignación. Hizashi se apartó antes de que siguiera tosiéndole en la cara, dándole su espacio para sacar el pañuelo de tela y limpiarse la sangre que resbalaba por las comisuras de sus labios.
Mic abrió los ojos desmesuradamente, desencajando su mandíbula conforme la realización le golpeaba.
—Oh my… Oh my god. Ella tenía razón, ¡soy un pervertido!
All Might echó en falta la inocencia del joven Midoriya, y sobre todo la seriedad de Aizawa, cuya despiadada filosofía dejaba sitio para frenar a sus alocados compañeros.
—¡Lo siento mucho Izumi! ¡Soy un desvergonzado, cara dura, un entrometido!
Midnight se guardó la pequeña fusta con la que azotó en la espalda a Mic. Había hecho tantas reverencias, y con tanta efusividad, sumado a su chillona voz y los muchos medicamentos bajo cuyo efecto se encontraba, que casi vio a una cacatúa con sus movimientos erráticos y no a Present Mic.
Por algún motivo, All Might tenía el cuello estirado para escudriñar el techo, sin moverse ni un ápice. ¿Cuándo se había vuelto tan interesante esa cosa blanca y de extraña textura?
Que Midnight fuese la única comportándose medianamente normal… Debía ser el fin del mundo.
—Gracias por las flores, All Might. Hubiese preferido que me las dieses tú en persona, sin embargo.
Él musitó "de nada", rozando el ángulo recto y desafiando a la anatomía humana. El tono seco e increpante de Akira no vaticinaba nada bueno.
—Vale, no sé qué mierda ha pasado, pero estáis muy raros. Me estáis dando mal rollo, de verdad; Yamada, no te guardo rencor por eso, puedo imaginarme el motivo por el que entraste, yo no estaba en mis cabales y monté mi pequeño show. Está olvidado, ¿vale? —empezó Akira. Su voz era clara y directa, desinhibida en ese instante; Mic se enjugó una lágrima imaginaria y le agradeció su comprensibilidad. —All Might, primero: el azul te favorece mucho, resalta tus ojos, y- espera, ¿qué iba a decir? Joder, ya he perdido el hilo.
Él bajó el rostro al fin para poder enterrarlo entre sus enormes manos. Midnight se limitaba a ser una espectadora, contemplando los desvaríos y cambios repentinos de humor, de tema también, en Akira. Sintió pena por ella; su Quirk debía ser complicado de manejar en el día a día y lidiar con sus efectos secundarios, especialmente tras usarlo como había hecho, se antojaba como una tortura emocional.
—Ah, sí, ya: como vuelvas a exponerte otra vez a semejante peligro, como me entere de que te sobre esfuerzas o descuidas cualquiera de tus dos formas te prometo que me convertiré en tu peor pesadilla—la amenaza, a pesar de ser bien intencionada, hizo temblar a All Might. —Me hubiera encantado no estar echándome la siesta para ver cómo hacías volar a ese horrible bicho. Me dijeron que Snipe convirtió a Shigaraki Tomura en un colador, recordadme que le debo unas copas. Por cierto, Midnight, estás divina con esa blusa.
La aludida le guiñó un ojo, conteniendo la risa: se sentía mal por encontrar divertida esa alocada situación, las circunstancias seguían siendo delicadas.
—Me gusta este lado autoritario tuyo, guapa.
—Ahora mismo soy muchas cosas y "guapa" no es una de ellas—replicó, señalándose a sí misma de arriba abajo. Mic abrió la boca para contradecirle y Akira le mandó a callar.
Toshinori, en las ocasiones que se sentía débil y falto de fuerzas para hacer o decir lo que quería, recordaba a su otro yo, la seguridad instantánea de la persona que llevaba siendo décadas y no la carcasa vacía. Si no fuese por el escaso tiempo que le quedaba con su alter ego, se habría transformado hacía mucho rato. Así que tan solo le quedaba hacer acopio de valor y cumplir su tarea.
Se aproximó a ella arrastrando los pies, encorvado, y le ofreció la bolsa con una leve inclinación respetuosa. Akira se calmó inmediatamente. Había visto sus ojos brillar de nuevo, y su corazón encogerse.
—Es de sus alumnos. Están muy preocupados por su profesora de psicología y su tutor, y les echan de menos.
Percibió la culpabilidad saliendo a flote, muy sutilmente, mas él no le dio lugar a análisis. Akira lo cogió, una calidez agradable, una sensación nueva para ella haciendo que se emocionase al sacar un gato de peluche gris y ojos lilas, hecho por Yaoyorozu; al ver los dulces caseros de Satou cuidadosamente envueltos, tarjetas repletas de purpurina y algunas otras más discretas donde distintos alumnos le daban las gracias a ella y Aizawa por haber luchado contra la Liga, por sacrificar su bienestar por el de ellos y ser unos "héroes muy masculinos", según Kirishima. Había también dos pulseras trenzadas, una morada y negra, otra del mismo color oscuro además de amarillo; se notaba el toque deslumbrante de Aoyama con los reflejos a la luz del sol, pero no demasiado cantosos. Según rezaba la tarjeta que las acompañaba, fueron obra de Hagakure y él. Tampoco es como si ella fuera a enterarse que Bakugou les había dado instrucciones para hacerlas, era un secreto que se llevarían a la tumba. El chico parecía ser capaz de hacer cualquier cosa.
Akira identificó al fin lo que le estaba poseyendo. Era el sentido de pertenencia. De que por fin, había encontrado su lugar en el mundo.
La enfermera se asomó para decirles que el horario de visitas había acabado y era momento de marcharse. Se despidió de Midnight y All Might, llorando como una magdalena, mas retuvo a Mic un par de minutos más. Él se asustó, creyendo que iba a seguir regañándole.
—Vamos, no me pongas esa cara, tan mala no soy—protestó ella, al ver su expresión. —¿Eres el que está a cargo de Aizawa, cierto?
Mic dijo que sí, recolocándose las gafas.
—¿Qué hay de su familia?
La tristeza dominó unos segundos su rostro antes de recomponerse, cerrando los ojos y negando con pesar.
—Yo soy su persona de contacto. Demonios, me obligó a firmar la orden de no resucitación y todo ese papeleo. Siempre esperé que… nunca nos viésemos en esta situación. Que no tendría que estar desvelado, preguntándome si volvería a ser él, si habíamos llegado al punto de no retorno.
Akira le tendió la mano, apretándosela a modo de gesto comprensivo. Hizashi le miró confundido al notar el taco del papel en su puño.
—¿Podrías dárselo de mi parte? Me hubiera gustado ir personalmente a verle, pero… ya ves como estoy—le pidió, esbozando una débil sonrisa. —Despertará, Hizashi. No diré si habrá o no consecuencias, sin embargo, tendremos a nuestro Aizawa gruñón de vuelta. Para cuando nos demos cuenta, ya le tendremos tirado por alguna esquina, metido en ese terrorífico saco de dormir suyo.
Hizashi le devolvió la mueca, guardando el papel en el bolsillo de sus vaqueros.
—Nada me haría más feliz, Izumi.
La recomendación cancionera para este cap es I Need a Doctor, de Dr. Dre, Eminem y Skylar Grey.
Se me ha ido la pinza muchísimo con este cap, el más largo hasta ahora con doce páginas. ¿Compensa por la tardanza? ¿Sí? ¿No? Bueno, no seais demasiado malos lanzándome tomates :'c Lo he llamado, en mi cabeza, el capítulo "Anatomía de Grey". Me encanta esa serie, y todo el tema médico, así que puede que me haya explayado de más con los detalles de diagnósticos. Aunque creo que era necesario, de cara a cambios próximos además de cimentar algunos pilares para el desarrollo tanto de Akira como de Aizawa. Ha habido un poco de drama chorra y humor con situaciones extrañas, como suele pasar también en la serie, y después de tanto angst y sufrimiento (aunque también haya aquí), quería meter un poco de eso.
All Might, Midnight y Present Mic son como la trinidad del desastre. No sé como no han prendido fuego a nada todavía, Aizawa es todo el autocontrol que tienen, aunque Akira también intenta relegar un poco de su estrés xD
Ha habido un par de referencias a pelis, ¿sabrías decirme a cúales son? ewe
Muchísimas gracias por leer, los favs y los follows; de verdad, nunca creí que la historia llegaría al punto en el que está ahora. Ni se me pasaba por la cabeza que alcanzaría las 403 views con tan poquísimo tiempo, mucho menos la cantidad de audiencia. De todo corazón, gracias por estar aquí, y espero que sigáis conmigo y las desventuras de nuestro elenco :D
Un enorme abrazo 3
