Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.

N/A: Este capítulo tiene lugar el día después del Festival, justo cuando le dan a los alumnos las vacaciones de dos días.


Capítulo 15

Un viaje al pasado


—Estaría realmente ofendido de no ser por la absurdez de toda esa situación: me es imposible enfadarme y querer hacer merchandising con esa frase al mismo tiempo, ¿a qué demonios vino?

Akira ralentizó su paso, alzando la mirada pensativa mientras intentaba hacer memoria sobre qué estuvo soñando en ese momento para soltar su ahora famoso "grito de guerra". Desde el festival, los que la escucharon no tardaron en convertirla en una broma recurrente- y eso incluía lo de ella profundamente dormida.

El único que seguía sin saber nada, escudriñándoles completamente confundido en cada ocasión, era All Might: había procurado mantener esa anécdota lejos de él, lo último que necesitaba era que el héroe número uno, el que le tendió la mano ofreciéndole ese trabajo, supiese que se echó una larga siesta durante un evento escolar.

—Era una mezcla de fantasía con estilo medieval, creo. All Might seguía siendo un reconocido héroe, mientras que Endeavor era un rey tirano… Aizawa parecía un vagabundo, aunque era otro aventurero, y yo era una especie de curandera.

Honey, ¿acaso Lunch Rush coló alguna sustancia rara en tu comida? —inquirió el rubio, retorciéndose las puntas de su pequeño bigote.

Present Mic paró en mitad del pasillo, poniendo las manos en las caderas. Akira se percató mas no se detuvo, ya era suficiente que le hubiese dado tanta charla yendo de camino a clase.

—¿Y yo qué era? —alzó la voz para preguntar, en verdad entusiasmado por toda la idea.

—¿Tú? ¡Un pregonero!

Akira ya lo había dejado atrás cuando él emitió un gritito de indignación.


—¡Señorita Izumi! ¡Por fin es libre!

Alzando una ceja hacia Hagakure, Akira subió el escalón y depositó el maletín en la mesa.

No es que la chica invisible estuviese equivocada, tan solo le pareció una forma graciosa de expresarlo: efectivamente, era libre, sin muletas ni escayola. Procuró ponerse un pantalón largo y suelto para disimular las vendas que aún recubrían su gemelo, por lo que, a primera vista, ya se había recuperado.

Los alumnos dispersos regresaron a sus sitios: hubo algunos, como Midoriya, Kirishima, o casi todas las chicas, que esbozaron una amplia sonrisa al verla. Akira pensaba al principio que ni se darían cuenta de su ausencia esas semanas y no notarían la diferencia entre ella y quien le sustituyese, pero habiendo leído los reportes, sabía que definitivamente no mostraron demasiado entusiasmo con el otro profesor, e incluso llegó a describir el ambiente como taciturno.

Siendo consciente de que, por poco tiempo que llevase, a ellos les gustaba y la preferían a cualquier sustituto, Akira les devolvió el gesto con afecto. Se echó sobre la mesa, apoyando los codos sin llegar a sentarse; cargó su peso en la pierna izquierda, disimulando la molestia momentánea que le causó el movimiento.

—Estuvisteis brillantes en el Festival, chicos y chicas: felicidades a todos—barrió la sala, examinando la reacción de cada uno. Yaoyorozu agachó la vista, Iida apretó los puños bajo la mesa, Sana frunció el ceño… Y Bakugou resopló, molesto. Akira se detuvo en él, ladeando la cabeza. —A veces las cosas no salen como uno planea o como quiere, y aunque el resultado sea bueno, tenemos esa espinita clavada: una victoria puede verse como una completa derrota, y una derrota, como una oportunidad para estar más cerca de ganar una próxima vez. Así que espero que aprovechéis la oportunidad de la semana de internados para reflexionar sobre ello y aprender de esos maravillosos profesionales tanto como podáis. Por supuesto, estos dos días de descanso son precisamente para eso, ¡tenéis que estar como nuevos para cuando volváis!

La fogosa determinación que encontraba en sus jóvenes corazones le henchía de orgullo, le convencía de que quizás estaban ante la mejor futura generación de héroes.

Sin embargo, las llamas de algunos le preocupaban.

Ya no eran los problemas de ira y autoestima de Bakugou, la forma en que Sana se veía a si misma o Todoroki viendo una parte de sí mismo con una mezcla de resentimiento y asco.

Su preocupación nacía del alumno que nunca creyó que vería con esa mirada diluida en odio, empañada por una resolución muy mal encaminada: Iida Tenya.

Tendré que hablar con Aizawa antes que con él.


All Might alzó el rostro hacia la entrada, saliendo del ensimismamiento en el que se sumergía al escribir sus tarjetas para las clases; Akira entró suspirando, se dejó caer en el sillón paralelo a los escritorios y emitió un quejido al golpearse la espinilla con la mesa de cristal.

—¿Una mañana dura, señorita Izumi? —le preguntó, enderezándose en la silla que tan pequeña se le quedaba. Hizo girar los hombros para aliviar la tensión y estiró las piernas tanto como pudo al apartarse de la mesa, entrelazando las manos en el hueco que quedó entre ellas.

Akira abrió un ojo para observarle; All Might le sonreía cándidamente. Se detuvo un segundo en sus brazos delgados, la camisa arremangada por encima de los codos y el nudo de la corbata deshecho antes de volver a juntar los párpados, echando la cabeza aun más hacia atrás para que no viese su leve rubor.

—Ah, sí. Se me había olvidado cómo era estar con esos diablillos, Aizawa tenía razón con lo de que me había acomodado…—respondió. —Por cierto, ¿lo has visto? Tengo que hacerle una consulta.

Negó con un suave vaivén, pero como Akira ni siquiera le veía, terminó por vocalizar su contestación.

—Lo único que sé de él es que hoy tenía que ver a Recovery Girl, o eso escuché a Mic decir. Siento no ser de más ayuda, ¿tal vez yo pueda—

Su ofrecimiento pareció encender algún interruptor en Akira, ya que se irguió de repente, sobresaltándole incluso, y cogió su maletín para comenzar a rebuscar algo.

—La verdad es que- espera un segundo- sí hay un pequeño favor que tengo que pedirte…—dijo, con la cara prácticamente metida entre sus cosas.

All Might se sintió tentado de alzar una ceja con cierto escepticismo, también con curiosidad, mas acabó por contemplarle pacientemente sin decir o hacer nada.

—¡Aquí está! —Akira sacó un objeto rectangular, del tamaño de cualquier libreta. Las comisuras de sus labios apenas se elevaron en una mueca victoriosa.

Sin percatarse de ello, su cálida expresión de amabilidad se convirtió en una de ternura: Izumi había sufrido un ataque horrible, despiadado, que bien podría haberla matado o lisiado de por vida. Y sin embargo allí estaba, intentando regresar a su vida normal, sin perder un ápice de confianza en él o en la escuela, sin dejar de sonreír y de ser ella.

Akira dio un traspiés intentando acercarse a él, pero se recuperó rápidamente, aun más colorada con la suave risa de All Might.

—Verás, mi tía, Meiko- ¿te acuerdas de ella?

Fue el turno de él para sonrojarse. Tragó saliva y asintió, sintiendo una profunda vergüenza por el giro en sus pensamientos por culpa de Present Mic.

—Pues resulta que ella es muy fan tuya. Si supiese que tú eras All Might aquel día en el hospital, probablemente se desmayaría—Akira mantuvo pegada a su pecho lo que creía era una revista, rehuyendo el contacto visual directo con él. —Cuando llegué a Japón, lo primero que hizo fue ponerme una de tus entrevistas. No había noche en que no me hiciese que me sentara con ella, quedándonos hasta tarde para ver cada cosa en la que aparecías.

—Vaya, eso es… Lamento que tu tía te sometiese a esa tortura—se disculpó, riendo de nuevo, esta vez más nervioso.

—No seas tonto. Bueno, voy al grano; me preguntaba si….

—¿Si podría firmar la revista? Por supuesto—terminó por ella, más que acostumbrado a esas peticiones- apartando la obviedad de lo que se trataba. All Might disfrutaba de verdad dar su autógrafo o hacerse fotos con sus fans, le parecía un gesto nimio con el cual podía hacer feliz a mucha gente.

Él hizo girar la silla, estirando un brazo para coger un rotulador negro del lapicero; se apoyó en la superficie el escritorio, esperando a que Akira se la diese.

—¿Joven Izumi? Necesito la—

—Sí, verás, es que… Mira, yo no me hago responsable de lo que me ha dado.

Soltó la revista como si le quemase, y por fin, All Might sí enarcó una ceja. Akira dio un paso atrás, juntando las manos tras su espalda y desviando su mirada hacia los ventanales.

All Might la observó unos cuantos segundos antes de dirigir su atención a la revista, a la que dio la vuelta para poder firmar en la portada donde suponía salía él.

—Oh—musitó.

Se vio a si mismo, demasiados años atrás, llevando tan solo unos vaqueros y el cinturón con su insignia que seguía usando a pesar de quedarle igual de grande que el resto de su ropa. Las únicas líneas en su joven rostro eran por su ancha sonrisa, y en la desnudez de su fornido torso tampoco se apreciaban cicatrices ni marcas de sus más crudas batallas.

Estaba completo. Estaba tranquilo.

Notó las extremidades repentinamente pesadas, el sabor metálico acariciando su paladar y la juventud, la salud, escapándosele entre los dedos junto a la nostalgia.

La punta de fieltro teñida de negro rozó la superficie del papel con pulso tembloroso, mas el trazo fue lo suficientemente rápido, un movimiento mecánico y de memoria, que no permitió a sus manos trémulas cometer un solo error.

—¿All Might? ¿Estás… bien?

Su pregunta le llegó como un eco lejano; a pesar de percibir el peso de su mano posándose en su hombro como etéreo e irreal, él contestó que sí.


Filtrándose a través de los colosales ventanales de la biblioteca, la luz anaranjada le otorgaba una atmósfera cálida y casi atemporal. Era el único sitio donde la decoración no era moderna y simple, optando por lo funcional; en vez de eso, quisieron crear un espacio más acogedor con sus tonos tierra, el mobiliario de madera oscura y los cómodos sillones donde más de un alumno se quedaba dormido estudiando. Era fácil perderse entre los pasillos de estanterías, diminutas en comparación con los techos imposiblemente altos, aunque no de forma literal; todo estaba catalogado y señalizado rigurosamente para que los estudiantes y profesores pudiesen encontrar lo que necesitaran con facilidad.

Más bien, lo que se perdía era la noción del tiempo y del espacio; por lo menos así lo advirtió Akira, que entró buscando un estudio sobre las relaciones afectivas y familiares en determinadas profesiones, en especial héroes, y acabó ojeando libro tras libro, pasillo tras pasillo, incluso de materias que a ella nada le concernían.

Quizás influyó el querer ocupar su mente con algo que no fuese preocupación, por All Might, por Iida, por Shinsou, por las lecciones atrasadas, por…

—Creo que solo le falta por mirar la sección de anuarios, doctora Izumi—comentó el bibliotecario, sin despegar los ojos de la pantalla del ordenador. El apunte tenía un tono sarcástico, amable, aun así; llevaba casi dos horas viéndola analizar cada sección, correteando de un lado para otro con libros, y empezaba a preocuparle que fuese algún tipo de crisis nerviosa.

—¿Dónde está? —le preguntó ella, devolviendo un grueso tomo a su sitio.

Él parpadeó lentamente, aunque Akira no pudiese verlo, sin creerse que hubiese logrado precisamente el efecto contrario al que quería. Abrió y cerró la boca un par de veces. Suspiró y señaló, derrotado, al fondo de la biblioteca, en la esquina izquierda. Akira le dio las gracias con un corto asentimiento y una sonrisa cortés.

Allí descubrió que habían creado otra pequeña zona: la iluminación era más tenue, lanzando sombras de los sillones de piel falsa en la alfombra del suelo y manteniendo los cuadros con las fotos de promociones varias bajo sus focos. Discernió entre la marea de alumnos a Enji Todoroki, quien encaraba la cámara con expresión de profundo disgusto y desdén, su ceño permanentemente arrugado y las comisuras de los labios torcidas.

Akira imitó su mueca sin darse cuenta, devolviendo la ferocidad con la que sus ojos turquesa escudriñaban a cualquiera que pasease por allí. Se le hizo un nudo en la garganta al imaginarse lo que aquél hombre, no el héroe, sino el padre, el marido, podría haber llegado a hacerle daño a quienes más debería querer y proteger.

No poseía pruebas tangibles que corroborasen sus teorías, más allá de reconocer ciertos patrones de comportamiento en Shoto que para algunos sería un simple acto de rebeldía adolescente, pero que para ella era una muy mala señal.

Maldita sea, vine aquí para distraerme y despejar la mente.

Inhaló profundamente para después exhalar con lentitud, dándose media vuelta hacia los anuarios, de un vibrante azul y lomos dorados con el año inscrito en blanco.

Con la revista que le había dado All Might en mente, le poseyó la repentina necesidad de saber cómo era en sus años de estudiante, antes de convertirse en el héroe más querido del mundo y el símbolo de la paz. Por desgracia, no sabía su edad -eso y la naturaleza de su Quirk eran los secretos de los que más recelaba de cara al público-, y pensándolo detenidamente, sería una violación de su privacidad ya que de encontrar el suyo y reconocerle a él, estaría conociendo su verdadero nombre, tan oculto como el resto de su vida privada.

Sin ocurrírsele mucho más, se preguntó si Present Mic, Eraserhead o Midnight hace una década serían igual de histriónicos que sus versiones adultas.

No tardó en encontrar el tomo correspondiente al año en que se graduaron, y en cuanto vio la foto grupal, notó el mal humor menguando: Yamada tenía el pelo más corto, pero igual de estirado, aunque podía pasar más por un tupé natural que su exagerado estilismo actual; y le sorprendió ver que sus gafas triangulares anaranjadas eran exactamente las mismas. Poca diferencia encontró más allá de la ausencia de su -muy divertido- bigotillo.

A poca distancia se hallaba Midnight, posando de forma coqueta y con una pequeña mueca de lisonjeo.

Frunció el ceño.

¿Dónde está Aizawa?

Se acercó la imagen al rostro, como si por arte de magia eso le diese más claridad, su mirada danzando por cada rostro sin reconocer a ninguno como Eraserhead.

Hasta que regresó a Mic. Se sintió un tanto idiota por no haberle prestado más atención a su postura, el codo apoyado en el hombro de otra persona al menos una cabeza más baja que él, sus pupilas apenas distinguibles tras los cristales tintados observando de reojo a quien, por mucho que le costó admitir, era Aizawa.

La barba de tres días era una apenas apreciable perilla, y su cabello negro, aun igual de descuidado, apenas alcanzaba sus hombros. Su mirada era una mezcla de cansancio y disgusto por la situación, sin llegar al semblante duro y extenuado que ella conocía.

Lo que más gracia le hizo, por supuesto, fue la diferencia de altura respecto a Mic y lo raro que le veía sin barba. En conjunto le hacía parecer aún más niño de lo que era. Concluyó que, si Aizawa se afeitase, probablemente le quitaría diez años de encima, y que ella no sería capaz de mirarle sin echarse a reír, como estaba intentando no hacer en ese momento -porque era lo que le faltaba para que el bibliotecario le terminase de catalogar como loca.

Regresó el anuario a su sitio, sintiéndose más ligera.


—¡Aizawa!

El moreno gruñó entre dientes. Recibió una silenciosa y breve reprimenda de Mic, y una ojeada desaprobatoria de Recovery Girl, quien saludó con un asentimiento a Izumi antes de regresar al interior de la enfermería.

—Espero no molestarte—dijo, colocando las manos en las caderas mientras respiraba ufanamente. —All Might me había dicho que quizás te quitaban el disfraz de momia.

Mic estuvo tentado de echarse a reír, sabiendo lo mucho que le molestaba a Aizawa que hiciesen esa comparación; por eso mismo, en cuanto notó que ponía los ojos en él, amenazante, no pudo hacer otra cosa que taparse la boca con la mano y hacer como si la cosa no fuese con él.

—Le has contagiado tu estupidez, Yamada—le recriminó, con voz monótona.

—¿Perdona? —inquirió Hizashi, ofendido, sus cejas alzándose dramáticamente.

Akira tardó un par de segundos en comprender que el insulto iba en dos sentidos, y fue su turno de enojarse. Separó los labios, dispuesta a recriminarle; mas el panorama de ellos dos enzarzándose en una absurda discusión hizo que se le pasara el enfado, recordándolos juntos en la fotografía, y cómo después de tantos años allí seguían, juntos. Polos opuestos que, de alguna manera, encajaban.

—¿Y a ti qué te hace tanta gracia? ¡Lleváis todo el día metiéndoos conmigo, y ahora encima no me defiendes! —se quejó el rubio al verla sonreír, esbozando un puchero.

Ella les explicó por encima a lo que se había dedicado una hora atrás, añadiendo que, en el fondo, le parecía que tenían una relación muy bonita.

Aizawa arrugó el entrecejo bajo las vendas y emitió algo parecido a un "tt", sonido que solo él escuchó. Mic, en vez de centrarse en el tema de la amistad entre ellos dos, se quedó con la información que más le interesaba, como hacía siempre.

—Espera, ¡eso no es justo! ¡Yo también quiero ver una foto tuya de joven!

Sigo siendo joven, Yamada.

—¡Estás yéndote por las ramas! —le acusó él.

—Hemos perdido el hilo hace un rato…—suspiró Aizawa.

Giró sobre si mismo, más que dispuesto a dejarles a ellos dos discutiendo sobre sus sin sentidos. Suficiente dolor de cabeza tenía ya como para quedarse a escucharlos.

Akira estuvo un par de minutos tratando de deshacerse de Mic; percatándose de que esa conversación no iba a llevarlos a ninguna parte, y que rehuir lo que le pedía era casi imposible, le prometió mandarle una foto después -arrepintiéndose conforme lo decía. Acto seguido echó a correr detrás de Aizawa, siguiendo el sonido de sus botas.


Él hundió los hombros y exhaló, hastiado, nada más notar su presencia a su espalda.

—No deberías haberme perseguido por los pasillos así—le regañó, mirándole de soslayo.

—Ya sé que incumple las normas—

—Sabes que no me refiero a eso, Izumi.

Clavó sus ojos cansados en el rostro colorado de Akira, que mostró sorpresa antes de regresar a un rictus despreocupado. Sus pupilas vagaron hasta abajo, a su pierna derecha convenientemente cubierta, y una vez consiguió que ella apartase la mirada, incómoda, él devolvió la suya a la puerta de entrada del colegio.

—¿Qué necesitabas?

—Es sobre Iida. Estoy preocupada por él, lo que le ha pasado a su hermano… es horrible. Y aunque parece calmado, no puedo imaginarme lo mucho que estará sufriendo. Una situación como esta podría desequilibrarle… Pero no quiero intervenir y empeorar la situación, como hice con…

El apellido Arashi se quedó en el aire, sin ser pronunciado y ambos sabiendo aun así que ahí estaba.

Aizawa carraspeó, una sensación diminuta e irritante instalándosele en el pecho al verla agachar la cabeza y abrazarse a sí misma.

—No haré tu trabajo por ti, Izumi—alegó, en tono seco. Akira respondió un "lo sé" inaudible. —Lo único de lo que puedo encargarme es de mi papel de tutor de esos niños. Y parte de ello es estar atentos a su salud mental y bienestar; que no hayamos tenido a alguien más especializado hasta ahora no quiere decir que Yueei no se preocupase por ello. El que estés tú aquí facilita las cosas, pero apartándote no ayudarás más que intentando hablar con ellos y cometiendo un error, del que se puede aprender. Así que deja de lamerte tus heridas. Estaré atento a Iida, y si veo que hay algún problema fuera de mi alcance, te lo haré saber y me apartaré para que puedas hacer lo que mejor se te da.

—Ya estabas tardando en darme uno de tus sermones—Akira esbozó una pequeña sonrisa y alzó la barbilla. —Gracias, Aizawa; me quedo mucho más tranquila. Lamento haberte retrasado en tu vuelta a casa. Que pases un buen día.

Hizo una reverencia hacia él, y el cabello rubio se deslizó por sus hombros hasta caer como un velo alrededor de su cara.

Mientras imitaba el gesto, menos marcado, no pudo evitar fijarse en las marcas rojas en la coronilla de su compañera.

Un tirón, y el sonido de algo duro impactando contra el suelo. Chillidos. Llanto.

—Y, ¿Izumi?

—¿Hm?

Iba a regañarle por haber fisgoneado sobre él, no obstante, sería una hipocresía por su parte. E incluso lo que él había hecho podría considerarse peor.

El viaje al pasado que ella había hecho desde la curiosidad y la inocencia: él lo hizo intentando descubrir una mentira, y por consecuencia, a una verdad sobre ella de la cual no debería estar al tanto.

—…las cosas entre tú y Arashi acabarán arreglándose, estoy seguro de ello. Dale tiempo.


Cuenta la leyenda que Phesy aparecía, una vez cada mes (y siendo generosos), y traía la bendición para sus lectores (si es que quedaban). O maldición. Depende de cómo lo veáis.

¿Reconocéis de qué está hablando Akira, respecto a su sueño? Si no, es que no habéis visto el ending de fantasía de la segunda temporada e.e

Este capítulo surgió tras ver un maravilloso fanart, de All Might joven posando para una portada de revista, y en cuanto lo vi supe que necesitaba escribir algo al respecto. Meiko sí que sabe lo que se hace y las revistas que compra, ¿quién quiere calendarios de gatitos estando All Might, que es un sex symbol pero el hombre más adorable sobre la faz de la tierra al mismo tiempo?

También recordé ese pequeño flashback de Present Mic escogiendo el nombre de héroe de Aizawa, y me pareció que también debía hacerle una referencia a sus años mozos y la amistad que tantos años llevan manteniendo, vete tú a saber cómo.

Ya estaréis cansados de mí pidiendo disculpas por lo mucho que tardo en sacar los caps, y más cuando son un poco lo que viene siendo relleno xD Pero igualmente, pido perdón por todo lo que tardo. Espero que al menos disfrutéis con este cap, por muy tontorrón que sea.

Y procedo a responder al review de DelaCarrera: gracias por tus halagos al fic, me sacaron una sonrisa tus palabras y en especial ese FIGHTING!, que me animó bastante y me recordó que efectivamente, uno ha de seguir luchando siempre, y es un recordatorio tanto para mí como para Akira, ¡que menuda se le viene! .

Gracias, como siempre, a todos los que siguen la historia y han hecho posible que siga escribiendo, aun no me puedo creer que ya lleve quince capítulos y que además, ¡el fic ya tenga 820 lecturas!

Un abrazo enorme, y nos vemos en el siguiente capítulo... ¡Introduciendo al villano definitivo: Mathman!