Las palabras fueron escupidas de los labios del adolescente como un pedazo de goma de mascar sin sabor.
"Maricones de mierda". Fue solo de paso, el no tenía la intención de apegarse a sus creencias.
Lestrade rodo los ojos y apretó más fuerte la mano de Mycroft.
Mycroft se detuvo en seco.
Greg arqueo una ceja. "¿My?"
Podía ver lo tenso que estaba el otro hombre, y casi asustado por la mirada en sus ojos.
"¿My?" pregunto de nuevo.
"Nos llamo…" la voz de Mycroft se apago.
Un hombre Holmes se quedo sin habla. Greg sabía que era una mala noticia.
"Vamos. Los niños son ignorantes, solo dicen las cosas". Se encogió de hombros. "Seguramente has escuchado algo peor".
Mycroft lo miro y negó con la cabeza ligeramente. "Siempre he tenido la máxima discreción a la hora de, ah…las relaciones". Hizo un gesto hacia sus dedos entrelazados. "Todo esto es nuevo para mí".
Greg sintió una inmensa oleada de compasión por el hombre de pie delante de él. Un aluvión de imágenes mentales lo golpearon a la vez, de lo que era para un hombre como Mycroft el llegar a un acuerdo con ser homosexual. Greg había pensado que la había tenido duro, al crecer en el lado equivocado del camino había escuchado todas las variaciones de los insultos sobre maricones. Pero había aprendido a luchar, y después de un tiempo ya nadie lo molestaba al respecto. Mycroft, por el contrario, había nacido en una mansión, había crecido en un ambiente rígido y sofocante donde todo era acerca de conformarse y no elevar las cejas. Se pregunto si Mycroft había salido alguna vez con sus padres, o Sherlock, para el caso. El detective miro a sus manos entrelazadas y se dio cuenta de lo mucho que ese simple gesto significaba para Mycroft.
"Oh Mycroft", respiró.
Mycroft se mordió el labio. No sabía lo que lo había poseído para agarrar la mano de Gregory ese día mientras se abrían camino por la calle. Solo ocurrió, y sus dedos encajaban tan naturalmente juntos. No le había dado un segundo pensamiento hasta que ese chico los había insultado. ¿Qué había en Gregory Lestrade que lo hacía romper todas sus reglas? Desde que había dejado entrar al hombre en su vida todas las barreras que cuidadosamente había construido se derrumbaron a sus pies. Y ahora, se había permitido a si mismo ser vulnerable ante sus enemigos. Hace seis meses, Mycroft Holmes hubiera encontrado eso inexcusable. Y sin embargo, mientras miraba los ojos avellana del detective no podía importarle menos. Era un día hermoso, y estaba tomándose de las manos con el hombre que amaba.
Sonrió.
Ahora Greg estaba completamente confundido.
"¿Qué fue eso?", preguntó, un poco preocupado.
Mycroft sonrió y se acerco más. "La discreción es muy sobrevalorada".
Con eso, Mycroft envolvió sus brazos alrededor del cuello de Gregory y lo beso apasionadamente en plena luz del día, en medio de una acera llena de gente.
Si iba a volverse vulnerable a sí mismo, bien podría hacerlo de la mejor manera.
