Nota de la traductora:

Me disculpo por no haber actualizado ni el viernes ni el sábado, pero estuve ocupada esos días con asuntos del colegio, y no tuve tiempo de sentarme frente a un computador para traducir. Imagínense, hoy llegue a mi casa a las cinco y media de la mañana! y como un acto de rebeldía por todo el trabajo que tuve que hacer, estuve todo el día paseando por mi casa en pijama (cosa que mi mamá odia). Pero en fin, aquí esta el capitulo del viernes, intentaré subir mas capítulos por día para ponerme al corriente de nuevo.

Disfrútenlo y no duden en comentar!


Greg nunca había querido más un cigarro en toda su vida. Sus manos temblaban y sus nervios estaban como carne cruda, a pesar de los tres parches de nicotina en su antebrazo izquierdo. "¿Por qué no?", se preguntó. El cáncer de pulmón no podía ser peor que su infierno actual.

Agarró su billetera e hizo su camino fuera del piso, hacia la fría calle de Londres. Era pasada la medianoche, pero fue capaz de encontrar un taxi con relativa rapidez.

Murmuró su destino al conductor y se echo hacia atrás, cerrando los ojos.

Varios minutos después el coche se detuvo y los ojos de Greg se abrieron de golpe. Le lanzo un poco de dinero al conductor y salió.

Para su confusión, el no estaba en una tienda de licores. Estaba de pie afuera del edificio del departamento de Mycroft. Su mente recreo el viaje en taxi, y se dio cuenta de que ésta era la dirección que le había dado al taxista.

Soltó un bufido. ¿Un desliz Freudiano tal vez?

Pero en lugar de dar la vuelta y buscar otro taxi, se encontró con sus pies haciendo su camino hacia el edificio. A través de las puertas, escaleras y el final del pasillo, hasta la puerta de Mycroft. Su mano derecha salió disparada en contra de su voluntad y con furia llamo a la puerta, mientras que una voz que no era la suya grito "¡Abre estúpido imbécil!"

La puerta se abrió y allí estaba Mycroft con su pijama de seda azul. Tenía los ojos enrojecidos y el pelo se le pegaba en la parte posterior y oh Dios, se veía tan hermoso.

"¿Gregory, que es? ¿Qué está mal?", su voz seguía siendo espesa por el sueño, pero brillaba su preocupación. Se movió a un lado para dejar entrar a Greg en el piso y cerró la puerta detrás de ellos.

"¿Qué está mal?", Greg grito algo histéricamente. "¿Qué está mal? Te diré lo que está mal. ¡Tú me dejaste sin contemplaciones así de la nada y me estoy volviendo loco!", bramó.

"Gregory, te lo dije. Es mejor que nos mantengamos separados", dijo Mycroft suavemente, aunque las palabras le rompían el corazón.

"¿Qué significa que es mejor?"Greg pregunto con voz ronca. "Estábamos bien juntos. Te ame, te amo, y pensé…". Hizo una pausa. "Pensé que me amabas".

Los ojos de Mycroft se abrieron como platos. "¡Por supuesto que te amo!", exclamo.

Las cejas de Greg se elevaron. "Oh. Um. Está bien. Bueno, ¿Por qué terminaste conmigo?"

Mycroft suspiro y se dejo caer en el sofá. "Gregory, si alguna vez te pasara algo por mi o por mi estúpida posición menor en el gobierno", dijo, y agrego unas comillas en el aire por las últimas seis palabras. "Yo nunca podría perdonarme a mí mismo. Algo paso que me hizo comprender la peligrosa posición en la que te ponía. Simplemente no puedo arriesgar tu vida de esa manera. Te mereces a alguien que pueda mantenerte a salvo, que te haga feliz". Dijo soltando un suspiro tembloroso que sonaba como un presagio para las lágrimas.

"Oh, My", susurro Greg. Se arrodillo delante del otro hombre, tomando sus manos.

"Nadie posiblemente podría hacerme más feliz de lo que tú me has hecho. Y no hables de esto como si nuestra relación fuera algo que forzaste sobre mí. Soy un hombre adulto, yo sabia y sé muy bien en lo que me estaba metiendo." El se rio entre dientes. "Soy un DI, no es como si hubiera estado sentado horneando pasteles antes de conocerte. Recuérdame más tarde de contarte sobre el momento en el que fui apuñalado por un adicto a la metanfetamina de un solo ojo".

Mycroft intento reír, pero en su lugar salió un sollozo violento. Todas las emociones de las últimas semanas estaban saliendo de él a la vez.

"Hey, hey", Greg lo tranquilizo, sentándose en el sofá junto a Mycroft y envolviendo sus brazos alrededor de él. Mycroft se fundió en el abrazo, aferrándose a la parte delantera del jersey de Greg como si su vida dependiera de ello.

"Lo siento. Lo siento mucho". Mycroft se arrepintió.

"Está bien", dijo Greg mientras presionaba un beso en su frente.

Y estaba bien. Porque donde Mycroft Holmes estaba dispuesto a matar por Gregory Lestrade, Gregory Lestrade estaba dispuesto a morir por Mycroft Holmes.