Killian sabía perfectamente que Emma era una mujer capaz de defenderse, pero cuando vio a ese tal "Neal" intentar pegarle interrumpió la situación. No sabía porqué, pero no podía tolerar la idea de un hombre maltratando a Emma, y menos cuando ese hombre era también el padre de Henry. ¿Qué habría pasado para que la relación entre ellos se rompa? ¿Sería ese hombre la causa por la que Emma era tan cerrada y rechazaba la idea del amor en su vida? ¿Y por qué se estaba preguntando todo eso cuando él y Emma no eran nada?

Los días siguientes fueron una tortura. Emma lo ignoraba y lo evitaba. Killian no entendía porque le molestaba tanto su actitud cuando recién a penas estaban comenzando a llevarse bien como compañeros, pero le molestaba mucho. Era como si la situación era peor que antes. Porque antes no sabía que Emma era inteligente, fuerte y buena. Antes podía fantasear con que ella era la mala de la historia, era la persona que le había quitado el caso que él quería. Ahora no, ahora sabía que ella tenía algo personal con el caso, algo que probablemente era más doloroso de cualquier idea que podía imaginar.

Un par de semanas después, cuando llegó una mañana a la comisaría se encontró con alguien que no esperaba. Henry estaba sentado allí en el escritorio de Emma. Killian se sorprendió de que Henry sea el único que estaba allí, sus compañeros debían estar todos en reunión o algo.

- Hola Killian. – Saludó Henry al notarlo allí.

- Hola Henry. – Devolvió el saludo. - ¿No tendrías que estar en el colegio? – Preguntó con curiosidad.

- Hay reunión de maestros, así que entro más tarde. – Respondió Henry.

- ¿Qué haces acá solo? ¿Te dejaron a cargo de la comisaría? – Cuestionó Killian en forma chistosa.

. Tenían cosas para hablar que un niño no puede escuchar, según las palabras de mamá. – Explicó Henry imitando la tonalidad de su madre.

- Bueno, ya que estás acá, ¿Qué te parece si desayunamos? – Propuso Killian.

- Me parece genial. – Asistió Henry.

Killian llamó al bar Granny's, que estaba en la misma cuadra de la comisaría, y pidió chocolate y panqueques para Henry, y huevos, tocino y café para él. A los quince minutos Ruby, una de las encargadas del bar, les trajo el pedido. Desayunaron en el escritorio de él, mientras jugaban a las cartas y Killian le contaba historias de algunos de los arrestos que había hecho. Al pasar ese rato con el niño, Killian pudo dar cuenta de lo maravilloso y grandioso que era, lo cual probablemente tenía que ver mucho con Emma.

- ¿Qué están haciendo? – Preguntó Emma mirando la situación sorprendida.

- Desayunamos. – Respondió Henry. – ¡Ey, eso es mío! – Se quejó cuando su madre agarró su chocolate y tomó un sorbo.

- Pensé que te había enseñado a compartir. – Dijo Emma soltando una pequeña risa ante la queja de su hijo.

- No cuando se trata de chocolate. – Le recordó Henry.

- Cierto. – Aceptó Emma devolviéndole el chocolate. – Pero tenemos que irnos o vas a llegar tarde al colegio. – Indicó después de mirar la hora.

- Bien, pero antes voy al baño. – Dijo Henry.

Henry se fue al baño, dejando a Killian y Emma solos. A Killian le había encantado ver ese pequeño intercambio entre madre e hijo, ver a Emma en ese rol era ver todo un nuevo lado de ella que no conocía. Los comentarios, las risas, las miradas y todo lo que compartían mostraba que tenían una relación basada en la confianza y el amor. Mientas miraba esos intercambios, se encontró preguntándose que se sentiría tener la confianza y el amor de Emma.

- Gracias por el desayuno y por haberlo entretenido. – Agradeció ella señalando los restos de desayuno que quedaban en el escritorio de él.

- Fue un placer, Henry es un gran chico. – Dijo él con sinceridad.

- Lo es, tanto que a veces me cuesta creer que sea mi hijo. – Asistió ella.

- No te tendría que costar creerlo, seguro que la mayor parte de lo que es, es gracias a vos. – Expresó él lo que pensaba.

- ¿Desde cuándo te dedicas a halagarme? – Preguntó ella con una mezcla de confusión y sospecha.

- No te estoy halagando, simplemente te estoy diciendo lo que pienso. – Aclaró él.

- Gracias por pensar así entonces. – Dijo ella algo sonrojada, después de un largo silencio.

- Quizás encuentres alguna manera más interesante de agradecerme. – Dijo él con una sonrisa.

- ¿Cómo que? – Pidió saber ella.

- Tengamos una cita. – Contestó él.

- No. – Negó ella sin siquiera pensarlo. – Yo no hago eso de tener citas, y menos con un compañero de trabajo. – Agregó a modo de explicación.

¿En qué momento se le había ocurrido que invitar a Emma a una cita era una buena idea? No sabía como había surgido eso, ni como había decidido hacerlo, evidentemente había sido algo como "dejarse llevar por el momento". Killian no quería, ni tenía intenciones de sentirse atraído por ella. Pero de alguna manera siempre se encontraba haciendo elecciones tontas cuando se trataba de ella, como invitarla a una cita. Killian notó como Emma se tensó ante la propuesta y como se cerró a la idea antes de siquiera pensarla bien. ¿Tan terrible era para ella la idea de salir con él? Por suerte Henry apareció en ese momento, haciendo que Emma se vaya a llevarlo al colegio. Los vio irse y se preguntó cuál sería el motivo para que Emma lo haya rechazado. ¿Lo encontraría atractivo? Killian sabía que él era atractivo y era bueno llamando la atención de las mujeres con su personalidad seductora, lo sabía porque más de una mujer se lo había dicho. Pero con Emma era distinto, con ella no funcionaba nada de lo que con las otras mujeres si lo hacía. Al encontrarse con todas esas ideas invadiendo su cabeza, se dio cuenta que le gustaba Emma Swan. Aunque siguió minimizándolo, creyendo que quizás solo le gustaba porque era distinta, y era un misterio difícil y contradictorio de resolver.

- ¿Alguna novedad? – Preguntó Killian uniéndose a la reunión de sus compañeros.

- Si. – Asistió Robin. - ¿Te acordas del hombre que arrestaste con Emma un par de semanas atrás? – Preguntó.

- Si, me acuerdo. – Asistió Killian, era la única vez que había ido de patrulla con Emma así que por supuesto que iba a recordarlo, y más cuando había quedado con la mano esposada por un rato.

- Decidió que finalmente quiere hablar. – Informó David.

- ¿Y eso no es bueno? – Preguntó Killian confundido al ver la cara de preocupación de sus compañeros.

- Claro que es bueno, pero hay un pequeño problema. – Asistió Will.

- Nada más quiere hablar con Emma, pero el problema es que no sabemos cómo es que la conoce o sabe siquiera su nombre. – Explicó August.

- Quizás lo leyó en su insignia, lo escuchó de nosotros durante el arresto, o lo averiguo de alguien en la prisión. – Sugirió Killian distintas posibilidades.

- No. – Negó David. – Cuando pidió hablar con ella dio información para demostrar que la conocía, su número de documento y su fecha de nacimiento. – Dijo frustrado.

- ¿Emma ya sabe todo esto? – Preguntó Killian.

- No. – Negó Will.

. ¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a dejarla que lo interrogue cuando todavía no tenemos idea de quien es él? – Cuestionó Robin.

- Todos conocemos a Emma y sabemos que va a querer interrogarlo. – Asistió David. – Por eso necesito que todos estemos para ver y escuchar, lo que los demás no noten. – Dejo saber su orden como jefe.

¿Qué querría ese hombre con Emma? ¿Por qué sabía de ella y por qué quería solo hablar con ella? ¿Por qué los problemas parecían siempre seguirla a todos lados? Killian no se sentía a gusto con la situación, con tener que dejar que Emma interrogue a solas a ese hombre. Pero era el trabajo de ellos, y Emma aceptó porque a los oficiales les gusta obtener respuestas. Así que Killian se ubicó detrás del vidrio de la sala de interrogaciones con sus compañeros, y se preparó para ver otra versión más de lo que era Emma, otra versión más que quizás le ayude a conocer y entender un poco más de ella.


Killian la invitó a una cita y ella dijo que no. ¿Estaba loco? ¿Por qué la había invitado a una cita? Ella lo había estado evitando e ignorando, había estado literalmente escapando de él. Esos pocos días en los que se habían llevado bien como compañeros, habían hecho que conozca lados de Kilian que le gustaban. Cuando Killian le ofreció ayudarla con el papeleo, vio que cuando quería era una persona considerada y amable. Cuando le curó su mano vio su lado atento y delicado. Cuando la defendió de Neal, vio su lado protector y honorable. Cuando lo vio interactuar con su hijo, vio su lado humano. Emma no quería ver todas esas cosas buenas de Killian, no quería porque si lo hacía sabía que perfectamente podía caer por él y sus encantos. Y Emma no se permitía volver a caer por nadie, por eso corría. Emma era buena corriendo.

Después de llevar a Henry al colegio y escucharlo todo el camino hablar maravillas de Killian, regresó a la comisaría. Allí le informaron del hombre que con Killian habían arrestado semanas atrás. Se sorprendió de que él supiera cosas de ella y la haya pedido como la única persona con la que estaba dispuesta a hablar. Emma no se sentía cómoda haciendo un interrogatorio sabiendo que había personas viéndola y escuchándola, pero tenía que hacerlo porque necesitaba respuestas. Quería saber quién era ese hombre, cómo es que sabía esas cosas de ella y que quería con ella.

- Un placer volver a verte Emma. – Dijo el hombre al verla entrar a la sala de interrogatorios.

- Diría lo mismo, pero no sé tu nombre. – Dijo ella sentándose frente a él.

- Jefferson, me llamo Jefferson. – Informó.

- Un placer Jefferson. – Dijo ella cordialmente. - ¿Me vas a contar que hacemos acá? – Pidió saber.

- Necesito tu ayuda. – Respondió Jefferson.

- ¿Con qué? – Preguntó ella sorprendida.

- Con Rumpelstiltskin. – Contestó él.

- ¿Qué pasa con él? – Preguntó Emma intentando no mostrarse afectada ante la mención de ese hombre.

- Me tuvo secuestrado y por lo que supe de él vos lo haz estado intentando encontrar desde hace tiempo. – Informó Jefferson. – Estoy dispuesto a decirte todo lo que recuerdo y sé sobre él, a cambio de que me des protección. – Propuso.

- ¿Cómo sé que estás diciendo la verdad? ¿Cómo sé que esto no es un plan que organizaste con él? – Cuestionó Emma seriamente.

- Porque vos y yo somos más parecidos de lo que pensas. – Respondió Jefferson señalando a ella y a él.

- ¿Nosotros somos parecidos? – Preguntó Emma con cierta ironía, esperando que haya una trampa en todo eso.

- Rumpelstiltskin mató a las personas que yo amaba. – Explicó Jefferson el motivo que los relacionaba.

- ¿Eres Jefferson Hatter? – Preguntó Emma después de pensar por un instante y lograr reconocerlo.

- Ese soy yo. – Asistió Jefferson.

Ese hombre era Jefferson Hatter, el esposo de Cora (la víctima "Reina de Corazones") y el padre de Grace (la victima "Alicia en el país de las maravillas"). Emma pasó largo rato hablando con él. Jefferson informó sobre el lugar donde Rumpelstiltskin lo había tenido secuestrado y dio una descripción física al asistente gráfico de identidades. Esa misma tarde fueron a la dirección que habían ubicado como lugar donde había estado secuestrado, pero como era de esperar Rumpelstiltskin ya no estaba y no había ningún rastro capaz de ayudarlos. El gráfico tampoco sirvió de mucho ya que Jefferson siempre lo había visto con una máscara de cocodrilo, la misma con la que Emma lo había visto asesinar a sus padres y le había dado tantas pesadillas.

Al final del día Emma estaba completamente frustrada, y sentía que lo que Jefferson había podido aportar no había servido de nada. Lo único que rescataba de la situación es que podían poner bajo a protección a una posible victima. Cuando salió de su trabajo fue a un restaurante cercano a cenar con Mary Margaret. No se sentía con ánimos de cenar, pero después del día que tuvo creía que iba a ser reconfortante pasar un rato con una amiga.

- ¿Emma? – Preguntó un hombre alto de cabello castaño.

- ¿Te conozco? – Preguntó ella al no reconocer al hombre.

- Soy Walsh. – Se presentó. – Soy tu cita, el conocido de Mary Margaret. – Agregó al notar que su nombre no generó ningún efecto en ella.

- La voy a matar, no puedo creer que me haya hecho esto. – Dijo ella pensando en voz alta al darse cuenta de las intenciones de su amiga. – Perdón, pero yo no estaba al tanto de esto, así que prefiero irme. – Explicó.

- Espera, ya que estamos acá, ¿Por qué no cenamos? – Sugirió Walsh. – Sin compromisos, solo una cena. – Intentó convencerla.

- Bien. – Aceptó ella.

Tenía hambre y ese era uno de sus restaurantes favoritos, así que decidió aceptar cenar con Walsh. Cuando vea a su amiga se iba a encargar de matarla por haber arreglado eso para ella sin avisarle. Sabía que Mary Margaret lo había hecho con buenas intenciones, pero Emma odiaba esas situaciones forzadas y aceptadas por compromiso. Una vez que hicieron el pedido, Emma vio entrar al restaurante a Killian con una mujer rubia. Emma reconoció a la mujer, la había visto un par de veces encontrarse con él fuera de la comisaría. Verlo con esa mujer le hizo sentir furia. ¿Se había dado por vencido con ella tan rápido? ¿Había sido verdad que había querido una cita con ella o había sido solo un chiste? Emma sabía que no tenía lógica que le enoje verlo allí con otra mujer, cuando ella era quien había rechazado su cita y lo había estado evitándolo. ¿Había algo entre ellos para que ella se sienta de esa forma? No, nada, no podía haber nada, ella no quería nada…

La noche se volvió cada vez peor. Walsh no dejaba de hablar un segundo, contando historias de su trabajo y de su numerosa familia con la que tan buena relación tenía. Emma no soportaba escuchar todo eso, su situación de en su trabajo le daba dolor de cabeza y no tenía familia. Aparte ver a Killian estar tan feliz con esa mujer en la otra mesa hacía que todo sea peor. Cuando llegó al punto de no soportar estar más ahí, le dejo la mitad del dinero de la cuenta a Walsh y salió del restaurante a toda velocidad para poder tomar aire. Se apoyó contra la pared y dejo que el frío viento de la noche la reconforte. Todo lo que había pasado con Killian y Jefferson durante ese día se repetía una y otra vez en su cabeza.

- ¿Estás bien? – Preguntó Walsh uniéndose a ella.

- Estoy bien. – Asistió ella. – Solo necesitaba tomar aire. – Sintió la necesidad de justificar su rápida partida.

- Entiendo. – Aceptó Walsh. - ¿Por qué no vamos a un lugar más íntimo como mi casa? – Propuso.

- No, gracias pero no. – Negó ella.

- Entonces déjame acompañarte a tu casa. – Dijo Walsh invadiendo su espacio personal.

- No quiero, ni necesito que me acompañes. – Dijo ella seriamente.

- Dale, no seas así, vayamos a divertirnos. – Insistió Walsh agarrándole los brazos.

- Soltame. – Exigió ella.

- ¿Por qué sino que? – Preguntó el desafiadoramente.

- Ya la escuchaste, soltala. – Dijo Killian interrumpiendo la situación.

Cuando Walsh la siguió hacia fuera supo que algo en la situación no iba a terminar bien. Cuando le agarró los brazos y siguió haciendo comentarios insinuadores, le dieron ganas de partirle la cabeza. Pero aguantó su temperamento e intento liberarse por las buenas, después de todo creía que era mejor evitar los golpes y usar las palabras. ¿Por qué su día tenía que ser tan malo? Y entonces apareció Killian Jones con su actitud protectora, dispuesto a salvarla del momento incomodo que estaba viviendo, y haciendo que todo se vuelva peor. Si Killian seguía haciendo cosas maravillosas, como defenderla, no iba a poder evitar caer rápidamente por él.