Killian se levantó, desayuno algo rápido, se bañó y se vistió con un pantalón negro, una camisa blanca y un saco marrón. El casamiento al que iba era informal, así que le parecía bien no vestir un traje. Se puso su perfume favorito y empezó a preparar un par de cosas que necesitaba llevar a su barco, ya que allí se iba a realizar la ceremonia y el festejo. De repente su laptop sonó anunciando que tenía una video-llamada de Liam.

- Hola hermanito. – Saludó Liam con una sonrisa.

- Hola. – Devolvió Killian el saludo. - ¿Qué haces llamándome tan temprano? – Preguntó con cierta curiosidad.

- Allá será temprano, acá no. – Respondió Liam.

- Sabes muy bien a lo que me estoy refiriendo, si me distraes voy a llegar tarde al casamiento. – Le recordó Killian a su hermano.

- Y no podes llegar, no cuando es en tu barco. – Agregó Liam riendo ante lo molesto que lucía Killian.

- ¿Me vas a decir para qué me llamaste o corto? – Pidió saber Killian sintiéndose frustrado.

- Quería decirte que Elsa y yo te tenemos una sorpresa. – Informó Liam.

- ¿Una sorpresa? – Preguntó Killian y Liam asistió. - ¿Qué es? Sabes que no me gustan las sorpresas. – Dijo irritado.

- No sería una sorpresa si te lo diría. – Explicó Liam convincentemente.

- No puedo creer que me hayas llamado para esto, ahora estaré pensando en la maldita sorpresa hasta recibirla. – Dijo Killian sacudiendo su cabeza de lado a lado.

- Esa era la idea. – Admitió Liam con una gran sonrisa. – Hablamos más tarde, suerte en el casamiento. – Dijo saludando con la mano.

- Chau. – Se despidió Killian.

¿Una sorpresa? ¿Qué podría tener planeado su hermano como para anticipárselo de esa manera? Se sintió muy frustrado de que su hermano tenga una actitud tan inmadura como esa. Lo conocía y sabía que no le gustaban las sorpresas, así que ¿Cuál era la necesidad de molestarlo? Sabía que debía ser algo bueno ya que Liam se veía muy feliz, pero igual el hecho de saber que había una sorpresa, pero no que era esa sorpresa era desesperante. Quito los pensamientos de su hermano de su cabeza y se fue para el puerto.

Por suerte fue el primero en llegar, y pudo recibir al personal que se encargaba del catering del casamiento. Su barco no era grande, ni tampoco era chico, pero para la cantidad de invitados que iba a haber estaba perfecto. August y Mérida, los novios, habían querido hacer algo íntimo y creyeron que el velero de Killian era perfecto para eso. Killian se sorprendió cuando August le pidió ese favor, pero accedió sin ningún problema.

La ceremonia fue simple y tranquila, con el velero anclado en el muelle. Una vez que el juez de paz se fue, porque ya había "casado" a los novios, emprendieron camino al mar. El festejo fue más que nada comer, escuchar música y conversar con amigos. Todos sus compañeros de la comisaría estaban allí, David con Mary Margaret, Robin con Regina y Roland, Will con Alicia, y Emma con Henry. También estaba Marco, el padre de August. Por parte de Mérida, estaban sus hermanos trillizos, y sus amigas Aurora y Mulán.

- Al parecer solo queda que Emma y vos se casen. – Comentó August simpáticamente.

- Eso parece. – Asistió Killian. – ¿Crees que aceptaría casarse conmigo? – Bromeó.

- Definitivamente no, pero sería chistoso verte intentarlo y las reacciones de ella. – Dijo August riendo. - Gracias por haber hecho esto. – Agradeció.

- De nada, espero que puedan disfrutarlo. – Dijo Killian con sinceridad.

- Lo estamos haciendo, a Mérida le encanta el mar. – Dijo August con una sonrisa.

- Creo que deberías sacarla a bailar. – Dijo Killian cuando escuchó que la música cambió a una melodía lenta y romántica.

- Gracias. – Volvió a agradecer August y se fue en búsqueda de su esposa.

Killian se acomodó contra la baranda y se puso a observar a sus amigos bailar. Emma estaba hermosa. Corrección, Emma era hermosa. Pero ese día, cuando la vio subir al velero, quedo absolutamente maravillado con ella. Ella estaba vistiendo una pollera larga color azul, una blusa natural y su cabello estaba recogido hacia un costado en una complicada trenza. Killian no podía dejar de mirarla, porque ella estaba radiante ese día ante sus ojos. La vio reír libremente a lo lejos y bailar con Henry, y no pudo evitar sonreír. Sin poder contenerse, sacó su celular del bolsillo y le sacó una foto sin que nadie se de cuenta. Viéndola reír se dio cuenta que Emma no era de reír mucho. Emma no sería de las personas que reían mucho, pero era de las personas que tenían ese tipo de sonrisa mágica capaz de contagiar a cualquiera. Su risa era natural y sincera, era como música. Killian prometió en ese momento, que iba a intentar de hacerla reír más seguido. Ella se merecía reír, ella se merecía ser feliz.

- No sabía que tenías un velero. – Comentó Emma uniéndose a él.

- Y yo no sabía que August iba a casarse con Mérida hasta la semana pasada. – Dijo él divertido al recordar la sorpresa que se llevo cuando August le pidió su velero.

- Eso es porque eres muy distraído. – Dijo ella riendo. – Entonces… - Comenzó a decir, pero se distrajo mirando el océano.

- ¿Entonces qué? – Preguntó él volviéndose hacia ella.

- ¿Fuiste marinero en otra vida o algo así? – Preguntó ella humorísticamente.

- En esta vida. – Respondió él. – Estuve en la marina de Irlanda hasta que me mudé para acá, mi hermano sigue estando. – Agregó a modo de explicación.

- ¿Tienes un hermano que vive en Irlanda? – Preguntó ella y él asistió con la cabeza. – Debe ser difícil vivir tan lejos, debes extrañarlo… - Dijo ella pensativamente.

- Lo hago, pero hablamos casi todos los días gracias a la tecnología, incluso me llamó esta mañana para intentar hacerme llegar tarde a la boda. – Dijo él poniéndole cierto humor al agregar la anécdota del llamado de esa mañana.

- Me habría gustado tener algún hermano o hermana, debe ser lindo tener alguien que siempre te acompañe. – Dijo ella con melancolía al recordar su niñez solitaria en el sistema de adopciones.

- Lo es. – Asistió él y se fundieron en un largo silencio cómodo. - ¿Bailamos? – Preguntó ofreciéndole su mano.

- Yo no bailo. – Negó ella.

- Siempre hay una primera vez para todo. – Dijo él intentando convencerla.

- Yo no… - Comenzó a protestar ella.

- No te preocupes, lo único necesario para bailar es elegir un compañero que sepa lo que hace, y yo soy el mejor. – La interrumpió él arrastrándola hacia donde estaban bailando los demás.

Bailar con Emma fue un instante mágico, fue como robarle al tiempo un momento ideal. Tenerla cerca, poder sentir su perfume, poder agarrar su mano y su cadera. Por suerte Emma se relajó mientras bailaban, dando lugar a que puedan bailar en una sintonía que los hacía parecer que se conocían de toda la vida. El momento fue interrumpido unos minutos más tarde, y fue la única interacción íntima que tuvieron durante el casamiento. Pero Killian estuvo feliz de haber podido compartir un momento así con ella.

La semana siguiente al casamiento tuvieron más trabajo que de costumbre, ya que August estaba de luna de miel. Así que, cuando Killian estaba decidido a irse a su casa porque estaba cansado de las horas extra de trabajo no se sorprendió al ver que Emma seguía en su escritorio. Lo que si lo sorprendió fue verla tan tensa y preocupada, revolviendo los papeles que estaban desplegados a su alrededor. Parecía estar buscando algo sin resultado. Al verla así, recordó cuando unas semanas atrás ella lo había ayudado con el caso de Millah, cuando ella lo había ayudado a salir de su estado de desesperación. Decidido, se sacó su campera y se dirigió a ella, era hora de devolverle el favor.

- ¿Necesitas ayuda? – Preguntó él sentándose en una silla frente a ella.

- No, no hace falta, podes irte si queres. – Negó ella sin quitar su vista de los papeles.

- No quiero irme, quiero ayudarte. – Dijo él con convicción. – Vos me ayudaste la otra vez con mi caso, ahora déjame que yo te ayude con el tuyo. – Justificó para reforzar su postura.

Emma dejo los papeles que tenía en la mano y lo miró por primera vez desde que él se había acercado a hablarle. Sus ojos estaban llenos de cansancio y tristeza. Killian sintió como si le habrían pegado una patada en el estómago, ver los ojos de Emma era como ver un espejo de él mismo. Conociéndola, sabía que ella no iba a aceptar su ayuda fácilmente, pero estaba decidido a conseguirlo. Él iba a ayudarla le guste o no.


El operativo estaba preparado, David y Emma habían arreglado todo para que Jefferson sea llevado a otra ciudad con una nueva identidad. Todo estaba listo, sin embargo Emma no podía evitar sentirse nerviosa. El programa para protección de testigos solía ser eficaz y eficiente, pero Rumpelstiltskin había demostrado durante todos esos años que siempre lograba lo que quería. Emma había querido ser parte del operativo que llevaría a Jefferson a su nueva ubicación, pero por supuesto no se lo permitieron.

- ¿Todavía enojada por qué no podes acompañarme? – Preguntó Jefferson algo divertido. – No sabía que me había ganado tu cariño. – Bromeó.

- No seas ridículo. – Negó Emma soltando una pequeña risa. – La verdad me sentiría más tranquila acompañándote, pero mis superiores no me dejan. – Admitió frustrada.

- Entiendo. – Asistió Jefferson. – No te preocupes, ya haz hecho todo lo que pudiste por mí. – Dijo agradecido.

- Me gustaría poder hacer más, me gustaría poder a atrapar a ese maldito asesino de una vez. – Confesó Emma.

- A mi también me gustaría que lo hagas. – Coincidió Jefferson su sentimiento.

- ¿Hay algo más que te gustaría decirme antes de irte? ¿Algo que creas que podría ayudarme? – Preguntó Emma.

- No, todo lo que sé ya lo sabes y probablemente sepas más que yo. – Respondió Jefferson con sinceridad.

- Todo el tiempo que estuviste secuestrado… - Empezó a decir Emma.

- Ya sabes todo sobre eso, no me hagas volver a hablar y recordarlo por favor. – Pidió Jefferson interrumpiéndola. – Estoy loco, me volvió loco. Todavía me pregunto porque me dejo vivo, si tiene algún sentido que este vivo y siga sobreviviendo. – Dijo tristemente.

- A veces yo también me preguntó lo mismo respecto a mí. – Admitió ella empáticamente. – Pero la vida sigue, y nosotros tenemos que seguir. – Dijo ella señalando a ambos.

- Suerte con resolver el caso. – Le deseó él.

- Suerte con tu nueva vida. – Le deseó ella.

- Que nos volvamos a ver. – Se despidió él.

Lo acompañó a que lo reciban los oficiales encargados del operativo y se despidieron con un abrazo. Después de eso volvió a la comisaría y se sumergió en el trabajo. Tenía que haber una forma de resolver ese caso, tenía que haber algo que no estaban dando cuenta o estaban olvidando. Era intento tras intento, para siempre fracasar. Tal vez no era todo culpa de ellos, tal vez Rumpelstiltskin era más inteligente que ellos. Estaba tan perdida en sus pensamientos y en el caso, que no se dio cuenta que Killian se había sentado frente a ella hasta que él habló. Killian le ofreció su ayuda y ella la rechazó. Pero él siguió insistiendo. Él quería ayudarla, y ella no sabía como dejarlo. Él quería que ella confíe en él, como él había confiado en ella. Y Emma quería confiar en él, en verdad quería… pero no sabía como confiar, simplemente no sabía como hacerlo.

- Yo no puedo, no sé como… - Dijo ella intentando pensar una manera de expresar lo que le pasaba.

- Emma no hace falta que confíes en mí lo personal que te une al caso, entiendo si necesitas obviar eso. – Aseguró él, no quería presionarla, ella iba a hablar de eso cuando este lista. – Pero déjame ayudarte a pensar y a calmar lo que sea que te está carcomiendo la cabeza. – Pidió de manera suplicante.

- Bien. – Accedió ella después de un largo silencio. – Dos cabezas piensan mejor que una, ¿No? – Agregó a modo de justificación.

- Exacto. – Asistió él con una pequeña sonrisa. - ¿Qué te parece un despeje de mente primero? – Sugirió.

- Me parece muy bien. – Aceptó ella levantándose de su silla. – Pero también pidamos algo para comer, tengo hambre. – Dijo.

- Como desees. – Dijo él guiñándole un ojo.

Pidieron comida china y luego salieron a la terraza a tomar un café. Cuando llegó la comida, volvieron a entrar a la comisaría y se ubicaron nuevamente en el escritorio de ella. Primero se dedicaron nada más a comer, para poder hacerlo tranquilos y relajados. Luego volvieron su atención al caso de Rumpelstiltskin.

- ¿Qué es lo que estabas intentando de buscar revolviendo todo esto? – Preguntó él viendo los historiales de cada una de las victimas.

- Las nuevas victimas, no puedo encontrar un motivo por el cual los haya matado. – Respondió ella.

- ¿Tiene razones para matar? – Preguntó él algo curioso. – Pensé que los asesinos mataban simplemente porque si. – Dijo confundido.

- Algunos lo hacen, pero él no. – Dijo ella. – Hay un motivo para cada víctima. – Aseguró.

- ¿Podrías repasarlos conmigo? – Pidió saber él.

- Cora, la Reina de Corazones, fue su primera mujer y le rompió el corazón. – Dijo ella sobre la primera víctima.

- ¿Blanca Nieves y el Príncipe Azul? – Preguntó él volviendo su atención hacia las segundas víctimas.

- Fueron los que lo denunciaron, ellos eran vecinos de Cora y fueron testigos de su muerte. – Respondió ella intentando no mostrarse afectada ante esa parte del caso. – Alicia en el país de las maravillas, era la hija de Cora y Jeffeson. – Se apuró a quitar la atención de sus padres.

- ¿La Bella y la Bestia? – Preguntó él siguiendo el orden de las víctimas.

- Sus padres, que lo abandonaron cuando era chico. – Contestó ella. – Y después Merlín, el juez que decidió dar la orden de que se lo capture por persona peligrosa. – Informó.

- Y ahora, tenemos al Rey Arturo, y a Hansel y Gretel. – Dijo Killian mirando los expedientes de las víctimas más recientes.

- Correcto, pero no puedo encontrar nada sobre ellos que los relacione con Rumpelstiltskin y eso me suena raro. – Dijo ella pensativamente.

- ¿Qué hay con las otras víctimas? ¿Tienen relación con ellos? – Cuestionó él ofreciendo otra opción.

- Tampoco. – Negó ella. – Igual todavía falta que me entreguen un par de pruebas de adn. – Agregó recordando todo lo que había mandando a analizar.

- Quizás en eso puedas encontrar algo. – Dijo él con cierta esperanza.

- Eso espero. – Dijo ella dando un largo suspiro.

Discutieron varias teorías y posibilidades por las que esas tres personas habían sido víctimas. Por ahora no tenían forma de saber que era en realidad lo que los unía, pero pensar las distintas opciones se sintió bien. Cuando decidieron dar por cerrada la noche de trabajo porque se sentían agotados, se dieron cuenta que habían perdido la noción del tiempo y eran las dos de la mañana. Emma sonrió al ver como Killian se ponía su campera. Killian había estado maravilloso con ella esa noche y Emma se sentía plenamente agradecida. Quizás no se sentía todavía lista para contarle lo que la unía al caso de Rumpelstiltskin, pero se sentía bien que él lo acepte, le de su tiempo, y que elija ayudarla.

- ¿No tienes a Henry hoy? – Preguntó él.

- Henry está con Neal, sino no me habría quedado hasta tan tarde. – Respondió ella. – Gracias por todo esto. – Agradeció. Su compañía, su respeto hacia sus tiempos y espacios, y sus ganas de ayudarla la hicieron sentir en paz.

- De nada. – Dijo él. - ¿Queres que te lleve a tu casa? – Ofreció señalando su auto.

- Eso sería grandioso. – Aceptó ella con una sonrisa.

Emma se acostó con una sonrisa. Haber pasado la noche con Killian, trabajando juntos, había sido una de las mejores noches que tuvo ese último tiempo. Killian había logrado calmarla. Mientras estaban en la terraza y mientras cenaban, la hizo olvidarse de todos sus problemas; y mientras estaban discutiendo el caso, la hizo sentir que no era la única desconcertada con todo eso, que no era la única que se sentía en medio de un gran laberinto sin resolver cuando pensaba en el caso.

Toda la paz y alegría que sintió esa noche, se desvaneció a la mañana siguiente cuando recibió un llamado de Rumpelstiltskin. Un llamado que no pudieron rastrar, y un llamado que dejo un mensaje muy claro, Jefferson estaba nuevamente secuestrado en su poder.